8/5/13

Capítulo 69 parte II

Sugerencia musical: Amazed by Lonestar

A la vez que la cara de susto de María aumenta, mi sonrisa se vuelve más amplia. Tampoco sabía muy bien lo que estaba a punto de pasar, pero tenía ese cosquilleo, que por una parte se debía a la pequeña voz en mi cabeza que rezaba porque aquel torpe hermano mío no metiera la pata.

Entonces lo oigo, aquel suave platillo que resuena de fondo junto a una suave melodía de piano. He de admitir que estoy gratamente sorprendida. Cojo a María de la muñeca y la obligo suavemente a avanzar unos pasos, ella avanza no muy segura y se queda paralizada delante de mí. Una silueta se desdibuja en mitad de la pista, cuya forma se vuelve de un tono rosáceo al contacto con la luz.

Con aire preocupado, puedo ver ahora claramente a mi hermano en mitad de la pista. Sujeta una rosa blanca entre los dedos y la roza con nerviosismo con sus labios. Sus ojos verdes titilan, ante la presencia de la pelirroja.

Suspiro de forma estúpida y junto las manos en el regazo. Nunca he sido romántica, pero… No puedo evitar ponerme tierna en un momento así. Casi como un imán, María da unos pasos hasta él como si flotara. Ahora la luz magenta los empapa a los dos y ambos sonríen. Argh, mi hermano es un cursi.

-Es esta canción. Ahora entiendo de qué va esto. – dice María echando la vista atrás para darme una mirada cómplice. – Pensaba que ni siquiera recordarías un día así. – Harry sonríe y le coge dulcemente la mano mientras le coloca la flor en la muñeca.

-Aquel día… - comienza él sujetándole las dos manos y mirándola a los ojos. – Bueno, digamos que quizás no salió como debería. – sonríe y ladea la cabeza recordando partes al azar. Ahora que la tenía delante, tan deslumbrante, le hubiese gustado invitar a bailar a aquella chica sentada en las gradas del gimnasio con la vista perdida. - ¿Me concedes el honor de… volver a escribirlo?

María sonríe casi al instante y le mira fijamente en silencio durante unos segundos. Casi no podía creer lo que estaba pasando. Tenía la certeza de que aquello no se le había ocurrido a él sólo, pero aquel brillo en sus ojos, parecía tan ilusionado… Ya casi no recordaba todo lo malo que habían pasado, tampoco quería recordarlo. Sólo eran ella y él, y una pista de baile. Empezando de cero.

Asiente débilmente y se acerca un par de pasos más, invadiendo por completo su espacio y rodeando su cuello con los brazos.

-Vamos a hacerlo bien esta vez. – dijo en voz baja. Harry no le discutió aquello y concluyó la conversación con un beso.

Aquella balada de Lonestar me traía demasiados recuerdos. Aquel día no pareció ser bueno para ninguna de las dos. No puedo evitar rozar el teléfono con los dedos dentro de mi bolsillo con la esperanza de que suene, y que su voz vuelva a ser suave, que vuelva a necesitarme.

Pero no era el momento de dar el brazo a torcer. Tenía que mantenerme en mi sitio, aunque todo pareciera del negro más oscuro si no estaba él. Cierro los ojos y me dejo caer lentamente sobre la pared. Casi podía oírlos ronronearse al oído desde ahí.

-¿Por qué? – dice María. Harry parpadea un par de veces.

-¿Por qué, que? – pregunta él sin soltarle la cintura. María mira al suelo y se ríe.

-Todo esto.

-Todo esto porque quería hacerlo bien desde el principio. – traga saliva y la mira con dulzura. – No sabía cómo hacerte ver lo mucho que te quiero, así que se me ocurrió volver atrás y remendar la primera cosa que hice mal.

-¿Cuál?

-No darme cuenta de lo maravillosa que eres. – le susurra al oído. María nota como su voz se le cuela dentro y hace que un impulso le suba por toda la columna. Ni siquiera sabe que palabras juntar para decir algo así que se limita a besarle con todas las fuerzas que encuentra.

Quizás algo demasiado romántico para mí. ¿Qué sentido tenía quedarme ahí, de todas maneras? Había cumplido con mi parte, ahora sólo tenía que dejar que aquello siguiera el camino que se supone debía tomar. Ahora le había pasado el testigo a Harry y no había vuelta atrás, si metía la pata era cosa suya.

Sonrío en mitad de la oscuridad y salgo del gimnasio dejando que la música suene como un mero eco detrás de mí. No es que no me alegrara por ella pero… No era un buen momento, eso era todo.


Abro los ojos y la luz me atraviesa la retina como dos cuchillos. Frunzo el ceño y vuelvo a dejar caer el peso de mi cabeza en la almohada. Ha sido una noche larga, no la primera que me pasaba en vela en las últimas semanas… Ni la última.

Me levanto, es algo pronto, pero tampoco me apetece quedarme para continuar con aquel vaivén de pensamientos. Un poco de café me irá bien. Atravieso el pasillo con tranquilidad, frotándome los ojos. Entonces vuelvo un par de pasos atrás y entrecierro los ojos para ver mejor…

Empujo la puerta con los dedos y me apoyo en el marco con una sonrisa socarrona de oreja a oreja. Mi plan ha salido a la perfección.

-¡Buenos días, tortolitos! – digo en voz lo suficiente alta como para que los dos que ocupan la cama peguen un bote. Me río y los miro sin abandonar el gesto triunfal. - Una noche larga, por lo que veo.

No podían negar nada. La ropa tirada por el suelo lo decía completamente todo. La cara de odio profundo de mi hermano y el gesto desconcertado de María era la mejor recompensa. Ah, qué bonito es el amor.

-¿Un poco de café para despejaros? – digo con la mano en la cadera.

-Muérete. – murmura mi hermano con voz gruñona.

-Tenéis suerte de que mis padres no vuelven hasta pasado mañana, sino alguien no habría podido dormir. – digo ocultándome tras la pared riéndome mientras veo un cojín dirigirse hacia mí a toda velocidad.

Escucho a ambos farfullar algo desde la habitación, pero el sonido del microondas me impide entenderlo. Sigo todavía algo inmersa en mis pensamientos, no puedo dejar de darle vueltas. Para cuando me quiero dar cuenta, el ding ha sonado hace un par de minutos.

Vuelvo a deslizar las manos por mis mejillas esperando que aquella taza de café humeante me saque de aquel bucle de soledad y angustia, no era algo que realmente me apasionara. Maldita sea, ¿desde cuándo dejaba que me afectaran tanto las cosas?

En mi camino hacia el salón, el calendario me llama la atención. Hay algo marcado en rojo, con varias flechitas. Mi gesto cambia completamente, casi no me había dado cuenta de lo rápido que podía pasar el tiempo.

-¿Dos semanas? – murmuro desde la puerta. – Dos semanas…

-¿Dos semanas para… Oh. – oigo la voz de María cerca de la puerta. Se acerca a mí con una de las camisetas de Harry y me sonríe de medio lado. – Tranquila, saldrá bien. – me da un pequeño beso y no puedo evitar devolverle la sonrisa.

-¿Ves? Esto me gusta más que los cojines.

-Tienes suerte de que fuera un cojín y no el despertador. – gruñe Harry apareciendo por el pasillo. Le saco la lengua y salgo de la habitación. No me había dado cuenta lo mucho que me agobian las parejas. Respiro hondo y me dejo caer en el sofá, todavía con la mente en aquel calendario.

¿Dos semanas? Se me ocurrían tantísimas cosas que hacer antes de irme y no tenía ni idea de por cuál de todas empezar. Noto como el tiempo se me echa encima… Tenía que empezar cuanto antes.

27/4/13

Capítulo 69 parte I

-¿De veras tengo que probarme uno más? – protesta María haciendo flotar el vuelo de la falda con los dedos.

-Sólo uno más, sé que está por alguna parte. – le contesto convencida.

-¿Uno más y vale? Eso lo dijiste hace media hora. – Entrecierra los ojos y frunce la nariz con desagrado. Como si a mí me hiciera mucha gracia estar ahí encerrada. Lo que hay que hacer por amor…

-Sí, uno más. Lo prometo. – digo mientras me sumerjo en un mar de perchas que tintinean conforme me abro paso. No sé muy bien qué tipo de vestido estoy buscando, a estas alturas probablemente le podría poner uno de Prada delante y me lo tiraría a la cara. Pero entonces ahí está y es perfecto, casi puedo oír las trompetas celestiales. - ¡Te encontré!

Debbie alza la vista con algo de miedo en la mirada. Cuando he atravesado aquella selva de vestidos, aparezco con la percha al hombro y una sonrisa radiante. María alza una ceja con curiosidad y la ironía cargada a punto para disparar.

-No me puedes decir que no a esto. – digo sin abandonar la sonrisa y muestro aquel estupendo vestido. María parece algo sorprendida. – Qué me dices, ¿uno más?

Ella sonríe con sorna y se avalancha sobre la percha como un puma. Oigo las anillas correr por la barra del probador y lo siguiente que veo…

-Vaya. – digo sonriendo de oreja a oreja. – Vaya.

María sonríe también y da un par de pasos lentos para salir del cubículo e incluso Debbie se sorprende. Aquel ‘trapito’ le quedaba de miedo. Aquel vestido negro, muy simple con un cinturón dorado cubriéndole la cintura era un acierto se mirase por donde se mirase. Asiento en silencio sin dejar de mostrar la sonrisa.

-Si no te lo quedas tú, me lo llevo yo. – digo rompiendo el silencio. Las dos se ríen y María niega enérgicamente mientras me mira.

-¡Ni loca! Me lo quedo, definitivamente. – dice dando una vuelta sobre sí misma. Está radiante. – Aunque… Todavía no me has dicho para qué es el vestido…

Trago saliva mientras mis ojos se vuelven platos. Me río débilmente y sonrío acercándome a la caja para escurrir el bulto, si lo dejo pasar, igual no vuelve e preguntar…

-¿Belén? – dice mirándome con una ceja levantada. – No me has contestado.

-No tardarás en saberlo, prometido. – digo entonando una sonrisa ladina. – Cámbiate y vámonos, nos quedan cosas que hacer.

Mientras Debbie pliega bien el vestido, salgo fuera son sigilo, aunque las campanillas de la puerta me delatan. Las miro con odio y cierro la puerta detrás de mí. Saco el teléfono y por un momento lo miro pensativa… Todavía notaba aquella presión en mi pecho.
“Quizás debería…” Empiezo a pensar. “No. Basta. Siempre soy yo la que acaba soltando la soga. Es como un niño malcriado, que madure y se dé cuenta él solito” Concluyo la reflexión antes de marcar el número de mi hermano.

-¿Harry? – digo sin perder de vista la puerta, parece que María se ha interesado por algunos colgantes del mostrador, genial, eso me dará algo de tiempo. Harry saluda al otro lado del teléfono, de pronto suena como si algo de metal cayera al suelo. - ¿Harry?

-¡Mierda! – gruñe él. Me pregunto que estará haciendo. – Perdón, ¿qué pasa?

-¿Se puede saber qué haces?

-¡Cazar gamusinos! ¿A ti que te parece? Me estoy volviendo loco con tanto tornillo, ¡Joe, ¿Dónde mierda va este cable?! – trato de oprimir una carcajada y me muerdo el labio, nunca ha sido demasiado mañoso para esas cosas.

-Vaya, que aplicado te veo. – digo con sorna. – Así me gusta, ¿tenéis para mucho? No sé cuánto más puedo distraerla.

-No sé, llévala a casa, prepararos como si fuese una cita normal, haz como si tú también fueras, eso despejará sospechas. – dice Harry.

-Buena idea. – digo sorprendida, ¿desde cuándo es él el cerebro del equipo? – Te doy un toque cuando estemos al caer. ¿Estás seguro que lo tienes todo bajo control? – digo cuando de pronto escucho las campanitas detrás de mí.

-Que sí, pesada. Tú sólo cumple con tu parte.

-¡Claro mamá, estaremos ahí para merendar! – grito al teléfono mientras miro a María bajar las escaleras.

-¿Qué? – dice Harry.

-Adiós mamá, ahora te vemos. – me despido y cuelgo. María me mira algo extrañada mientras columpia la bolsa en su mano. - ¿Te apetece té?


Dejo el maquillaje en la mesa con un golpe seco y me giro para ver cómo va María, todavía sigue en el baño. Me acerco rápidamente notando el frío de las baldosas en mis pies desnudos.

-¿Qué tal vas? – digo tocando un par de veces en la puerta.

-Voy, voy, tengo problemas con la cremallera. – contesta. De pronto la puerta se abre y doy un traspiés. - ¿Me echas una mano?
Asiento y subo hacia arriba la tira de metal que cuelga del lateral del vestido. Sonrío y la miro, y ella me mira a mí.
-Nunca había visto ese vestido. – dice ladeando la cabeza.

-¿Este azul? – digo señalando mi atuendo. – Lo tengo hace tiempo, nunca me lo había puesto. – digo mirándolo. Es un vestido bonito, simple y liso en un color azul oscuro pálido, de media manga con el escote bastante amplio y un lazo negro en la cintura.

-Te queda genial. – murmura mirándome. Se queda en silencio un momento y me mira a los ojos. – Antes… Estabas triste. Por un momento me ha parecido verlo. ¿Hay algo que quieras contarme?

Me sorprende tanto que doy un paso hacia atrás torpemente. Sonrío fugazmente y la miro perpleja. No sé qué decir exactamente, nunca hubiese pensado que se daría cuenta de algo tan pequeño.

-La verdad… - suspiro y me siento en la cama juntando las manos en mi regazo. – La verdad es que hay algo que me preocupa. – María se sienta a mi lado y se apoya con las manos en la colcha. – No creo que lo sepas pero, Louis y yo… Bueno, discutimos. Se enteró de lo de la carta, bueno, creo que estabas presente.

El gesto de María se vuelve serio y algo preocupado.

-¿Discutisteis? Vaya…

-Bueno, en realidad fue algo más como… Una bronca. Me echó la bronca porque no se lo había contado antes, dice que necesita tiempo y no sabe si podrá volver a confiar en mí. Incluso Harry ha intentado hablar con él, pero…

Me río y me paso las manos por las mejillas dejando pasar la angustia que me invade de pronto. Respiro hondo y me dejo caer en el hombro de la pelirroja.

-No sé qué hacer. Estoy cansada de andar detrás de él, de hacer lo que él quiere que haga. No soy así, nunca lo he sido.

-No le hagas caso, es una rabieta. Si te quiere lo suficiente se dará cuenta de que es lo mejor para ti. Ahora creo que tenemos que ir a una cita, fiesta o lo que quiera que sea eso… - dice con tono divertido.

Asiento y sonrío. Tengo ganas de ver cómo reacciona a la sorpresa. Cojo mis cosas y las llaves del coche de Harry y espero a que María se deje de mirar en el espejo de la entrada.

El trayecto es tranquilo, hasta que por fin María se da cuenta de donde estamos. Aparco en la entrada y me quedo callada mientras la miro esperando a que diga algo.

-Pero… ¿Esto es el instituto? – dice mirando por la ventana algo desconcertada. Asiento y apago el motor con tranquilidad.

-¿Sabes qué día es hoy? – digo sonriente.

-Sábado. ¿Por qué?

-A partir de ahora conocida también como la mejor noche de tu vida. Ven conmigo. – digo mientras abro la puerta del conductor y salgo del coche. María me mira desde el cristal mientras doy la vuelta al coche.

-No entiendo nada. – dice imitándome. Le doy al botón y el coche emite un par de pitidos. – Belén, me estás asustando.

-Estás a punto de entenderlo, vaaaaamos. – digo tirándole de la mano obligándola a subir los escalones detrás de mí.

La puerta chirría cuando la empujo, y un murmullo a lo lejos resuena a lo largo del oscuro pasillo. Los pelos se me ponen de punta, nunca me han dado muy buen rollo los institutos de noche.

-Qué mal rollo. – anuncia María en mitad de la oscuridad. El sonido se va haciendo más notable. La luz de mi móvil nos ilumina el camino, más o menos. Es la hora de llamar a Harry.

Con un sutil gesto presiono la tecla de llamar y dejo pasar un par de tonos, entonces cuelgo. En ese mismo momento el murmullo cesa de golpe y sonrío, estoy empezando a emocionarme.

-¿Falta mucho? – pregunta.

-No, creo que ya estamos cer… - mi muñeca choca con algo de metal y ahogo un grito. Maldita puerta, no me la esperaba tan cerca. Oigo a María reírse débilmente detrás de mí, y a pesar de que no me puede ver me giro con cara de pocos amigos.

Abro la puerta y la oscuridad sigue siendo casi absoluta. Me quedo quieta tras ordenar a María que cierre la puerta y carraspeo de manera que se me oiga. Casi puedo notar el ajetreado ir y venir de la respiración de la pelirroja.

De pronto, en mitad de la nada, una bola de discoteca empieza a ser visible gracias a la tenue luz magenta que la ilumina, y que cada vez se vuelve más fuerte. Un suave ritmo empieza a tocar de fondo, y sonrío con ganas. Me giro para mirar a María esperando que su reacción sea buena.

-Belén, ¿Qué es esto? – dice con el terror en el gesto.