30/8/12

Capítulo 58 parte I

Después de un largo monólogo por parte de Liam, Louis no puede hacer otra cosa que suspirar hondamente.

-¿Sabes? Esto no se va a solucionar dentro de un vaso. Espera aquí un momento. – dice de pronto sacando su teléfono.

Liam traga atropelladamente mientras se levanta de la silla.

-Eh, eh, ¿qué estás haciendo?

-Estoy llamando a los demás, ¿para qué si no están los amigos? – contesta Louis llevándose el móvil a la oreja con una sonrisa triunfal. Liam sabía que no podía hacer nada cuando se ponía en ese plan: era imperturbable.

Chista la lengua y reza porque todo aquello tuviera un bonito final, o por lo menos que acabaran todos enteros.


La melena de la morena cae despreocupada por su hombro mientras sirve uno de los cafés que tiene sobre la bandeja. Sonríe y se aparta de la mesa para seguir repartiendo los pedidos de la gente que tiene que atender, pero justo antes de volver al local, algo le llama la atención al otro lado de la calle.

Una espectacular Laura aparece con uno de sus mejores modelitos y una enorme sonrisa que le queda como un guante. Se acerca con paso firme y llega hasta donde se encuentra la morena.

-Hola Sam. – saluda mirándola. - ¿Te pillo en mal momento?

La muchacha abre la boca para hablar pero nada sale de ella, sólo una estúpida risilla que resaltaba sus enrojecidas mejillas.

-Bueno… Tengo un rato todavía por delante, pero… - hace una pausa y mira su reloj. – Dentro de unos veinte minutos tengo un descanso.

Laura asiente y sonríe de nuevo.

-Te veo entonces. – dice con tono aterciopelado. Las dos se quedan algo atontadas mirándose mutuamente, pero Sam pronto se da cuenta de que tiene la mirada de su supervisora perforándole la nuca como una broca y vuelve entre risillas hacia dentro.


Me aparto de la ventana sobresaltada por el irritante sonido del teléfono de Harry, quién corre galopante, haciendo el ruido de una manada de orcos sedientos de sangre hasta cogerlo.

Cierro los ojos pensando en el cenutrio que tengo por hermano y trato de escuchar algo de la conversación, para averiguar de qué y quién se trata.

-Claro, no tengo nada que hacer ahora. – dice entre risas. – Estoy ahí en… veinte minutos. ¿Quiénes estáis?
Mi expresión cambia mientras la conversación avanza. Han quedado, seguramente todos los chicos. Me sabía aquello… pero ¿dónde?

-Tranquilo, de camino a tu casa puedo pasarme a por algo de picar. – dice de pronto. Oh, una casa… - Ya lo sé, ya lo sé que no te gusta el picante.

No le gusta el picante… ¡Louis! ¡A Louis no le gusta el picante! Esbozo una malvada sonrisa y le miro de reojo. El papel de hermana cotilla me salía perfecto.

-Con que a casa de Louis con tus amigotes, ¿eh? – digo cuando él cuelga.

Los ojos de Harry se abren como platos y se clavan en mí. Guarda el teléfono en el bolsillo y frunce el ceño, confuso.

-¿Qué? – dice riéndose algo nervioso. - ¿Cómo que a casa de Louis? ¿Quién te ha dicho eso?

-Cielo, te delatas tu sólo, eso y que yo soy muy lista. – digo apartándome cuidadosamente el pelo de la cara con una aire fabuloso.

Harry se ría y al pasar por mi lado me vuelve a colocar el pelo que me había quitado hacía escasos segundos.

-¡Te he dicho que no hagas eso! – chillo cerrando los puños con fuerza. - ¿Pues sabes qué? ¡Que yo también voy a montar un guateque! ¡Y va a ser mejor que el vuestro! ¡Seguro!

Oigo la risa perversa de Harry desde su cuarto. Resoplo exasperada y cojo el teléfono para avisar a las chicas. Se iban a enterar de lo que vale un peine


Aquellos veinte minutos parecían eternos, pero al fin Sam observa como el reloj marca las 7. Se apaña una improvisada coleta y sale por la puerta dejado el delantal en el mostrador.

-Ni un minuto tarde. – dice Laura Sentada en una de las mesas. Sam pega un bote y se gira de pronto.

Ambas se ríen.

-¿Damos un paseo?

Sam asiente sonriente y le sigue el paso. El ambiente es extraño, pero agradable al mismo tiempo, ninguna sabe muy bien que decir, pero el silencio no es incómodo.


A esa misma hora, Harry llegaba a casa de Louis, arreglándose la chaqueta. Llama un par de veces y la puerta se abre. Le estaban esperando.

Arriba se puede oír ya el rumor característico de una puerta abierta. Sube lleno de energía y se encuentra con lo que podría ser perfectamente la barra de un bar.

-¡Hey! – exclama al entrar. Todos le responden lo mismo en forma de saludo. Aunque lo mejor estaba por llegar, ahora que ya estaba él ahí, estaban completos.


Después de hacer con las mías con el teléfono en mano, y tras probar a llamar a Laura unas 3 veces sin éxito alguno me siento en el sofá esperando a María. Mis planes de superar el guateque paralelo que Louis había organizado en su casa habían fracasado, pero teníamos pelis y palomitas, y nada podía superar aquello.

Aunque el día no estaba todavía terminado, y tanto la noche como la fiesta no había hecho más que comenzar…

26/8/12

Capítulo 57

Después de pasar una de las semanas más ajetreadas que nunca había vivido, tenía toda la semana siguiente para pensar en otras cosas: como en dormir o comer o tomar té o leer algún libro. Necesitaba descansar.

Es pronto, más de lo normal. Para ser un sábado me resulta extraño estar levantada siendo cerca de las ocho. No podía dormir, de hecho esa semana era una de las cosas que me faltaban por hacer. Nadie había puesto un pie en el suelo aquella mañana, todos duermen plácidamente.

Las ganas de hacer algo productivo aquel día brillaban por su ausencia. Me voy a por un té y vuelvo a la cocina, y para entonces, Harry ya ha aparecido.

-Buenos días. – dice algo dormido, pero con su sonrisa bien puesta en la cara.

-Buenos días. – le respondo. – Tengo temas pendientes contigo.

De pronto la sonrisa de Harry se vuelve en una burda imitación de una sonrisa piadosa.

-Esto… es… ¿Es por la sorpresa? Vamos hermanita… tampoco fue para tanto. –dice titubeando

Me acerco a él de forma violeta y me paro en seco.

-¡En la cara no! – dice tapándose con los brazos. Le pego una bofetada en uno de ellos y le miro enfadada.

-¡No seas mariquita! – le contesto. – Eres… eres… ¡ugh! Te mataba.

Después de soltar un disimulado suspiro, Harry se ríe.

-¿Qué tal, a todo esto? – pregunta arqueando una ceja. – Seguro que no estuvo tan mal. – Hace una corta pausa y vuelve a reírse. – Y por el color de tu cara me parece que no me equivoco.

-¡Cállate! – digo tapándome las mejillas. Estoy colorada como un tomate. – E-estuvo bien. Estuvimos dando una vuelta… Nada más.

Él me revuelve el pelo en vez de hacerme rabiar más, lo cual podría haber hecho hasta que se cansase, pero supongo que está demasiado feliz como para pensar en otras cosas…

Demasiado feliz. De pronto un cuestionario entero aparece en mi cabeza.

-Hablando de sorpresas. – digo arqueando una ceja. – Detalles. Quiero Detalles.
Se sienta en la mesa y me siento en frente de él. No puede evitar esbozar una sonrisa al hacer memoria.

-¡Vamos!

Me da con la servilleta en la cara y protesto, pero no dice nada más.


-He quedado con Sam. – dice Laura preparándose las cosas.

De prono una manada de chicas con los ojos como platos se apelotona en la puerta de su habitación.

-¿Qué has quedado con quién? – dice una de ellas

-Sois unas cotillas. Todas. – ríe Laura echándose el bolso al hombro.

-¡No nos vas a dejar así! ¡Dinos por lo menos quién es!

-Ohhh ya os digo yo que sí. ¡Hasta luego! – dice haciéndose paso hasta la puerta mientras las demás la miran con la boca abierta.


Niall seguía moviéndose esperando encontrar una postura cómoda en el sofá para ver la tele, pero no estaba bien de ninguna manera. Era su programa favorito, y solía verlo con Liam, pero ahora ya no le importaban esas cosas.

Mientras, Liam se tomaba su té mañanero y Allie pululaba por el piso en busca de algo que hacer esa mañana.

-¿Qué te parece si vamos al centro comercial? – dice ella sonriente.

Liam se gira con desgana.

-No, no tengo ganas…

Allie suspira y se acerca a él algo inquieta.

-¿Te pasa algo? Llevas unos días… apagado, distante. Y no quieres hacer nada. Me tienes preocupada.

Liam suspira y sonríe de forma forzada, dejando su taza en la mesa.

-No me pasa nada, de verdad. –dice. – Sólo estoy un poco cansado.

Allie suspira de nuevo y mira al suelo. Lleva varios días diciendo lo mismo y ya no funciona esa excusa, ella sabía que le pasaba algo, pero prefería que lo dijera él mismo.

-Tengo que ir a ver a Louis. Tiene que devolverme unos cds. – dice casi en un susurro.

Ella asiente en silencio mientras lo observa marcharse. El ruido de la puerta cerrándose finaliza la conversación tan extraña que habían mantenido.

No es que la casa de Louis esté tan lejos, pero ese trayecto fue el más largo. Sus pensamientos le acechaban como buitres sobrevolando un pequeño cordero malherido. Aquello le estaba volviendo loco por completo.

Al llegar, sube al segundo piso y llama discretamente.

-¡Liam! ¿Qué haces tú aquí? No te esperaba. – dice Louis. – Pasa, pasa…

-Lo sé, lo siento. Tenía que poner alguna escusa para salir de ese piso. – dice soltando el peso de sus hombros. - ¿Tienes algo de beber? Con alcohol a poder ser.
Louis suelta una carcajada y saca unos botellines de cerveza.

-Vamos, cuéntaselo al tío Louis. Aunque, ya que estamos… ¿Por qué no llamo a los demás? – sugiere alegremente.

Los ojos de Liam se abren como platos.

-Eh… Casi preferiría que no, de eso va el tema… más o menos. – dice dando un trago de su botella. – Va para largo, así que ponte cómodo…

20/8/12

Capítulo 56

Me hago un té y poco a poco paso a pensar que todo ha sido una broma pesada de Harry para tenerme en vilo durante un rato, así que me pongo cómoda y me pongo a leer.
Perdida entre las páginas, me olvido por completo de todo hasta que el sonido del timbre me sobresalta. Siento como el estomago me da un vuelco y me acerco a la puerta como si hubieran puesto una bomba justo delante.

Abro algo insegura y me encuentro con su flamante presencia. Noto como el alma se me cae a los pies mientras me vuelvo blanca como el yeso. ¿Esto es una sorpresa?

-Hey. – pronuncia Louis algo tímido. Parece mentira, a estas alturas. No sé que decir, así que simplemente lo observo desde detrás de la puerta, con los ojos como platos. - ¿Q-qué tal?

-¿Qué haces tú aquí? – le pregunto con poco entusiasmo. El corazón me palpita en los oídos, así que puedo escuchar a duras penas lo que dice.

-Pues… pensé que te apetecería dar una vuelta. Hace un día estupendo. – Mentira. Está nublado. Como todos los días. - ¿Te hace… un paseo?

Parpadeo varias veces y le miro. La sangre pasa de forma tan espesa por mis venas del susto que apenas tengo reflejos en ese momento. No tengo ni pajolera idea de cómo reaccionar.

-Eh… Pues… - empiezo a tartamudear, no es muy buena señal. ¡Por qué me pondrá tan nerviosa este chico!

Louis sonríe ampliamente y me mira a los ojos. No. Otra vez tú no, no me puedes hacer esto. Otra vez esa mirada, que me hipnotiza y…

-Vamos, ven. Será divertido. – dice con un tono aterciopelado.

-V-vale. Voy a por mis cosas… - contesto en un hilo de voz. Maldita sea, ya he caído otra vez.


Los minutos pasan con cuentagotas mientras, sentadita en la acera, María mira de un lado a otro esperando la llegada de Harry. Era la quincuagésima vez que se cuestionaba la decisión que había tomado. ¿Qué pintaba ahí? ¿Qué le iba a decir? Y ella que sabía. Decisiones que tomas mientras tomas un té.

Mientras juega con una de las piedrecillas del asfalto, alguien se ríe dulcemente detrás de su hombro. Se gira de un bote y sus ojos verdes le erizan la piel de la nuca. Ni siquiera le había oído llegar.

-¿Qué haces ahí como una cría de seis años? – dice alegremente.

María le saca la lengua y le hace un gesto para que comience a andar mientras se levanta. El silencio se empieza a formar mientras Harry espera a que ella saque algún tema de conversación, porque le había llamado por algo, ¿no?

-Bueno. – suspira él. – Y… ¿Qué me querías decir?

-¿Qué que te quería decir? – salta María, desprevenida.

-Sí… ¿No me habías llamado para hablar? – Harry frunce el ceño y la mira. El ambiente lleva escrito “raro” en mayúsculas y negrita subrayada.

-Eh… -Sí. Era para eso, pero no tenía ni la menor idea de qué decir. Y lo había pensado, pero… Se había quedado completamente en blanco. – La verdad que tenemos que hablar muchas cosas, Harry.

Harry comienza a tocarse la boca. Los nervios empiezan a hacer efecto en él.

-¿Cómo qué?

-¿Cómo qué? Pues como lo que pasó el otro día en la bolera, como que odio que estemos genial y dos días después ya no hablemos. ¿Qué está pasando Harry? No entiendo nada, estoy hecha un lío y me gustaría aclararlo de una vez por todas…

Oh, eso. María suspira, cansada y decepcionada. Triste.

-Lo siento. – murmura él metiéndose las manos en los bolsillos. Es obvio que no se le dan muy bien estas cosas, como a la mayoría de los tíos. – De verdad, yo…

-¿Lo sientes? – ríe irónicamente María. – A estas alturas no me sirve, Harry. Necesito pruebas. Pruebas de que en algún rincón ahí dentro, - dice señalando su pecho. – sigue el otro Harry.

-Sabes que no puedo evitar lo de los celos. ¿No te das cuenta como te mira Zayn? Es algo que me está volviendo paranoico. Y pensar que una vez estuvisteis juntos, me…

-Joder – dice chasqueando la lengua. Le miró de una forma que mezclaba desesperación y cansancio a partes iguales. - ¿Por qué no puedes parar? Aunque sólo sea un momento. Deja de ser así, y vuelve a ser él.

-¿Ser quién?

-El Harry del que me enamoré. – de pronto la mirada de María se inunda, como aquel que se impregna de un recuerdo, saboreándolo y echándolo de menos. - Ese que remarcaba sus hoyuelos al sonreír, que empañaba el cristal de las ventanas para hacer dibujos estúpidos. Ese que hacía bromas que no tenían gracia sólo para hacerme reír. ¿Sabes? Le hecho algo en falta.

Harry la mira dejando escapar un suspiro, aunque hubiese entonado un grito si hubiera podido, pero el nudo de la garganta le impedía si quiera unir dos sílabas. Pero, ¿qué podía hacer?

-Sigo preguntándome por qué no confías en mí. – entona la chica, casi en un susurro.

– No lo entiendo. Te di mi palabra de que te iba a ser fiel, y aún así…

-Pero… ¡No es por ti! Es por él. Desde siempre ha sido el guapo del grupo, al igual que Louis siempre ha conseguido a todas las chicas que ha querido. ¿Por qué no iba a poder pasar lo mismo contigo? Ya lo hizo una vez.

-¿Crees que soy una más, Harry? – pregunta María, algo dolida. – Dios… ¿Sabes? Estarías mejor si no abrieras la boca. Cada vez que la abres lo jodes todo.

Harry se queda plasmado. María ya ha dado un paso de vuelta a casa, pero él reacciona y le agarra de la muñeca.

-No, por favor. – le ruega. – No te vayas. Siempre te marchas cuando pasa esto. Lo sé, no soy para nada perfecto, pero… ¡Sé que hay un modo! ¡Un modo de arreglarlo! Y me volveré loco hasta que lo encuentre, aunque sea lo último que haga.

-¿Y por qué ibas a hacer eso? – pregunta ella, que hace tiempo ha dejado de hacer fuerza contra la retención de Harry. Tiene los ojos empapados en sentimientos y algo le dice que las palabras del chico son sinceras. Como las diría él.

-Porque te quiero. Te quiero con locura, por encima de todo y no quiero perderte. No soy más que un idiota sin ti.

María se ríe dulcemente y adelanta algunos pasos que había dado hacia atrás.

-No digas tonterías. – dice revolviéndole el pelo. – Vas a acabar conmigo, Harold.

En ese instante vuelve, de pronto, la esencia del día en el que ambos, al cruzar una mirada supieron que algo había surgido entre ellos dos. Algo parecido a la magia, algo que ninguna palabra podía expresar. Llenando silencios con miradas y nada más.

-Yo también te quiero. – susurra María, mientras una gota surca su mejilla lentamente. Una gota, por primera vez en mucho tiempo, de felicidad. – Prométeme que por lo menos lo intentarás, por mí.

Harry la acerca por la cintura y le besa la frente. La acoge entre sus brazos y le acaricia el pelo.

-Lo haré, por ti.


Es curioso lo mucho que puedes llegar a echar de menos a una persona sin darte cuenta. Sobre todo cuando, en uno de estos espacios, en los que ambos os miráis, sonreís y os quedáis absortos con su mera presencia.

En ese momento dices: “Joder, te he echado de menos” y sí, me jode. Yo que era una chiquilla a la que no le iban para nada las ataduras, era un alma libre. Sin nadie que la controlara, ni que le dijese lo que hacer.

Y ahí estaba. Siendo controlada con su simple mirada. Puede resultar irónico, o incluso algo ridículo. Lo único que se es que hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien, había pasado toda la tarde riéndome, había estado en la feria, como si hubiese regresado fugazmente a mi infancia. Y me resultaba duro volver al mundo real.

Pero mientras achuchaba el enorme oso de peluche que aquel chico de ojos azules había conseguido para mí, mientras le miraba sentada en un bordillo cerca de mi casa, y mientras él me miraba a mí, podía sentir que el tiempo se paraba. Y era fantástico.

-Ni siquiera sé que hora es. – digo como continuación a mis empalagosos pensamientos. Casi me daba pena romper aquel adorable silencio.

-Un poco tarde, pero a quién le importa. – Louis me mira como un niño recién despertado, está algo adormilado.

Apoyo la mano en el bordillo y miro al cielo.

-¿Por qué has venido a buscarme? Hacía siglos que ni siquiera hablábamos y míranos, en una acera, de noche y con un oso gigante de peluche. – río y le miro.

-¿Quieres que te sea sincero? No lo sé. De repente, algo dentro de mí dijo: “Eh, vamos a dar una vuelta con la chica más guapa del barrio” – dice mirándome sonriente.

-Claro, y como Rachel no estaba en casa, pasaste por la mía a ver si a mí me apetecía, ¿No es eso? – digo arqueando una ceja.

Louis abre mucho los ojos y frunce el ceño. Me da un suave golpe con el hombro en el brazo y los dos empezamos a reír. Como si el magnetismo de la tierra pusiera algo de su parte, nuestras manos se encuentran en el frío cemento. Y, joder, es fantástico.

17/8/12

Capítulo 55 parte II

Liam baja la mirada y piensa. No puede elegir entre esas dos personas, así que no lo haría. Las cosas se arreglan hablando ¿no? Pues eso es lo que haría.

Después de una de las noches más largas, Liam se encuentra de camino a casa de Niall. Tampoco sabía muy bien por donde empezar a hablar. ¿Iba a plantarse en su puerta y decirle que tenían que hablar, como si se tratase de una pelea de pareja? Venga ya. Lo haría a la vieja usanza, con cerveza.

Poco rato después se encuentra frente su apartamento con una caja de cerveza en una mano y mucha angustia en la otra. Pero ya no podía echarse atrás, además, tampoco era tan grave… ¿o sí?

Llama dos veces al timbre y la puerta se abre de inmediato. No tiene que llamar al ascensor, ya que vive en un primer piso. Vive solo, aunque a veces su hermano mayor se queda algún tiempo con él cuando para de viajar, a veces unos días, a veces incluso semanas.

-Hola. – dice alegremente Liam enseñándole las cervezas. - ¿Te apetece?

Niall asiente y sonríe mientras se hace a un lado para dejarle pasar. No era muy propio de Liam traer cervezas sin motivo alguno, y Niall lo sabía muy bien. Ya empezaba a sospechar algo, pero de todas maneras prefiere no comentar nada al respecto.

-¿Cómo lo llevas? Hace bastante que no quedamos para echar unas cervezas, como hacíamos antes, tú y yo ¿eh? – dice Liam abriendo una de ellas y alcanzándole otra.
Niall sonríe con ironía y asiente.

-Sí, desde que empezaste a salir con Allie, más o menos. – dice con sorna. – Pero dime, ¿A que se debe tu visita? Porque tiene un motivo, nunca vienes porque sí.

Liam sufre un ataque de pánico interno. Había olvidado que tenía en frente a quién podía ser la persona que más le conocía de todas. Su mejor amigo. De nuevo una sensación rara le recorre el cuerpo: ¿Culpa? Joder, se había distanciado mucho de él y ni siquiera se había dado cuenta.

Cuando reacciona, tartamudea un poco y mira al suelo intentando parecer más tranquilo de lo que en realidad está. ¿Por qué le cuesta tanto decir esas cosas?

-P-pues verás, la verdad que sí. Tengo algo que decirte, pero no te lo tomes a mal.

Niall arquea una ceja y le mira atento esperando a que diga lo que tiene que decir. Después de un largo suspiro, Liam comienza a hablar:

-Bueno, la verdad que estuve ayer en casa de Allie y me dijo… - Niall aparta la mirada y sonríe con sarcasmo. Claro, Allie me dijo. Lo de siempre. – Bueno, me comentó que no le gusta la actitud que tienes con ella. Y quería comentártelo, sólo… porque no quiero que haya malos rollos…

Se calla esperando una respuesta, pero sólo se da de morros con el silencio del que se llena todo el piso. La expresión, o mejor dicho, la no-expresión de Niall todavía le pone más nervioso.

-¿Y que se supone que tengo que hacer? – dice con voz pausada y grave.

-N-no lo sé… Quizá solucionar las cosas con ella, poner algo de tu parte… - A mitad de frase, la risa de Niall le interrumpe. Esa risa era un nítido reflejo de sus sentimientos hacía Allie: Tirria pura y dura.

-¿Poner algo de mi parte? – dice arqueando la ceja. – Si no pusiera de mi parte estaríamos mucho peor de lo que estamos ahora. ¿Y por qué tengo que ser yo? Esa chica te está absorbiendo el cerebro. Desde el momento que la vi supe que no era una buena persona.

-¿Estás… celoso? – ríe Liam. – Vamos, Niall ¿No crees que eso es actuar como un crío?

-¡El único crío aquí eres tú! No te das cuenta de lo que pasa porque estás cegado por ella. Ya no eres el Liam que conocí, el que era mi mejor amigo. Y todos opinan lo mismo, pero claro, tú no te das cuenta. He intentado pasar más tiempo contigo, he intentado que no pasara, que no nos distanciáramos. Pero ella ha ganado, y con esto que me dices me doy cuenta. – sus palabras están empapadas en decepción. Liam sólo escucha, pero aquello le abierto un poco los ojos. ¿De verdad había pasado todo eso?

Niall se pasa las manos por el pelo y las junta en la nuca mientras da vueltas por la habitación. La situación ha desembocado en algo extraño y bastante incómodo.

-¿Sabes? – dice al fin. – Quédate con ella. Ya da igual. Pero cuando te haga daño, cuando se vaya con el primero que le de algo mejor de lo que tú le ofreces, entonces… No me vengas con lamentos.

Liam trata de mantener la calma y decir algo para tranquilizar el ambiente, pero su mente está en blanco, sólo puede pensar en todo lo que ha estado pasando a su alrededor y en lo poco que se ha dado cuenta de ello.

-Vete. Me apetece estar sólo. – dice Niall sin ni siquiera mirarle a la cara. Estaba dolido, dolido por aquello que le había dicho, pero por lo menos había encontrado la oportunidad de poder decirle todo lo que pensaba sin que aquella pequeña endemoniada estuviera delante. Y sí, echaba de menos al antiguo Liam.

Sin pronunciar ni una palabra más, Liam da media vuelta y cruza la puerta dejando un sabor a melancolía. Un sabor amargo y algo doloroso.


Harry comienza a prepararse a toda prisa. Ni siquiera sé que se lleva entre manos. Lo observo desde el pasillo intentando descubrir algún indicio.

-¿Qué haces? – digo al fin sin saber a donde se dirige.

-Prepararme. He quedado. – dice sin más. Odio cuando es tan poco preciso.

Con sed de información, lo sigo por el pasillo hasta el baño, donde lo observo mientras se echa desodorante.

-¿Puedes dejar de mirarme? Me estás poniendo de los nervios. – dice dejando el bote en su sitio.

Sonrío con malicia y me apoyo en el marco de la puerta.

-¿Con quién has quedado? – digo interesada.

-¿A ti que te importa? Déjame en paz. – contesta apartándome de la puerta con la mano, como si no le costara ningún esfuerzo quitarme del medio. Me peino un poco y sigo con mi tarea de averiguar lo que quiero saber, pero entonces lo sé. No puede ser otra cosa.

-¡Has quedado con María! – grito mientras me asomo entusiasmada a la puerta de su habitación.

-¡Cállate! – dice encrespado, como un gato que bufa. – No te interesa ni a donde vaya ni con quién quede, enana.

Se pone su camiseta de los Ramones y empieza a atarse sus converse blancas. Mi gesto de ofendida crece a medida avanza el tiempo.

-¡Eh! – digo de pronto. – Es mi mejor amiga, para que lo sepas. Y sí que me interesa. Mi mejor amiga y mi hermano. Creo que tengo algo que ver con eso.

Harry suspira irritado y una vez listo me vuelve a apartar de la puerta como si nada.

-No creo que quiera hablar contigo. – digo con resentimiento.

-¿Ah no? Porque ha sido ella quien me ha propuesto salir. – contesta con aire triunfal. Mi cara se vuelve un poema. ¿Cómo que le había propuesto salir ella? ¿Y lo que habíamos hablado? Algo no me cuadraba.

-No pongas esa cara, hermanita. Nadie se va a comer a nadie hoy. Sólo vamos a hablar. – dice revolviéndome el pelo.

-¡Deja de hacer eso! – chillo como una cría. Harry se ríe y se guarda las llaves en el bolsillo de sus vaqueros.

-Me marcho. Oh, y puede que te lleves una sorpresa dentro de un rato. ¡Adiós! – dice esfumándose por la puerta.

Doy un respingo y me asomo por la puerta.

-¿¡Cómo que una sorpresa!? – le grito. - ¡Eh! ¡Contéstame!

Resoplo y me quejo. Vuelvo dentro y me descubro a mí misma de pie en mitad del salón con un gesto de preocupación. ¿Sorpresas? No me gustan las sorpresas. Me ponen nerviosa y no me gustan, no. No me gustan las sorpresas.


Fuera lo que fuese mejor recibirlo algo decente. Me ducho rápidamente y me pongo los vaqueros oscuros, las converse rojas y una camiseta negra. Me seco y trenzo el pelo y me siento a esperar como una idiota en el sofá.

Maldito seas, Harry el ornitorrinco.

11/8/12

Capítulo 55 parte I

-¿Qué es esto? – dice Harry alzando la mano en la que sujeta la carta firmemente.
Miro como se zarandea el papel intentando decir algo coherente. Pero sólo puedo mover la boca como un pececillo fuera del agua.

-Harry… No seas así con tu hermana. – Dice mi madre detrás de él. Le quita el papel de las manos con suavidad y me tranquiliza acariciándole el hombro. – Me ha dicho que lo pensará.

-¡A mí eso no me basta, mamá! – dice algo alterado. De pronto no me entero de nada. ¿Por qué estaba cabreado conmigo? ¡Me había enterado el mismo día que él! – Seguro que ha pensado que no irá porque tiene aquí sus amigos y su vida. No se da cuenta de la oportunidad que va a perder si no va ahí.

-¿Te importaría dejar de hablar de mí como si no estuviera delante? Además, ya soy bastante mayorcita como para tomar mis propias decisiones. Si me quiero quedar lo haré y punto. – digo algo ofendida.

-¡Eres sólo una cría, joder! Cómo vas a saber lo que es bueno para ti y lo que no. – respira hondo y se gira hacia mí. – Belén, piensa con la cabeza.

De repente me viene algo a la cabeza. Oh, sí. Sonrío de pura ironía y sonrío de medio lado.

-Oh, así que es eso, ¿no? Como el señor se volvió un rebelde y no quiso ir a la universidad y ahora se tiene que buscar la vida me tienes que obligar a mí a ir para que no me pase lo mismo que a ti. ¡Pues perdóname! ¡No sé como he sido tan tonta de querer disfrutar de mi juventud sólo un par de años más! – digo empezando a enfadarme. – Dejadme en paz.

-No te atrevas a hablarme así. – dice cogiéndome del brazo. Sus ojos reflejan una rabia que pone los pelos de punta. Me acabo de dar cuenta de las cosas que le he dicho, todo aquello era lo más cruel que había pronunciado en siglos, y lo veo reflejado en su mirada, le he hecho daño.

Me quedo quieta y parpadeo un par de veces tratando de estabilizarme. De pronto la culpa me invade. Harry me suelta el brazo con un gesto de desprecio y me cruzo de brazos como ademán protector.

No me gustan los silencios incómodos.

-L-lo siento. No quería decir eso. –digo en un hilo de voz. – Harry…

-Sabes que lo hago por ti. Porque soy tu hermano mayor y me preocupo por ti. No te lo diré más veces, ahora haz lo que te plazca. – dice sin ni siquiera mirarme. Muy bien, Belén, la has liado.

Suspiro exasperada y pienso en cómo contestarle, pero cuando me quiero dar cuenta, él ya se ha marchado, dejando nada más que el sordo sonido de un portazo. Mi madre me mira compasiva y hace un gesto para que me siente con ella a la mesa.
-Te has pasado un poco, ¿no crees? – dice apaciblemente.

Asiento y descanso la cabeza en la madera, que hace un sonido hueco al contacto con ella. La situación iba de mal en peor: no sólo tenía que tomar una de las decisiones más importantes que había tenido que tomar nunca, sino que tenía que lidiar con las reacciones de todas las personas que me rodeaban.


Liam abre la puerta del armarito de la cocina y coge el paquete de galletas más próximo. Todavía puede oírla canturrear desde el salón si hace oído. Sonríe y cierra de nuevo la puerta para volver con ella al salón.

Allie tararea una canción mientras escoge una de las miles de películas que tiene Liam en el cajón.

-Podemos ver esta. – dice ella enseñándole una de las que ha cogido. Liam asiente y sonríen a la par. Él se sienta en el sofá y Allie coloca el cd en el reproductor.

Después de un rato sin prestarle demasiada atención a lo que ocurría en la pantalla, Allie, que rodea a Liam con los brazos por la cintura, lo mira pensativa.

-Liam. – murmura. - ¿Puedo decirte algo?

-Claro.

-No me gusta tu amigo, ese tal Niall. – dice arrugando la nariz. Liam la mira alarmado y trata de asimilar el comentario lo mejor posible. – No me gusta la forma en la que me mira… ¿Le pasa algo conmigo?

-¡No! Para nada. Está bien. Quiero decir… No le pasa nada contigo, al revés, le gustas… P-para mí claro. O sea, que… - El cerebro de Liam comienza a colapsarse. A su novia no le gustaba su mejor amigo. Aquello iba a dar lugar a un conflicto comparable a la primera Guerra Mundial…

Continuará…

7/8/12

Capítulo 54

Me siento en el sofá algo alicaída. Para mi sorpresa, hacía tiempo que no había vuelto a pensar en él. Pero de nuevo, ahí estaba, sonriendo en mi cabeza, entornando esa mirada que me ponía los pelos de punta.

Maldita sea.

Golpeo el cojín con fuerza y me llevo una mano a la cabeza. Cierro los ojos y trato de pensar en otra cosa. Me levanto algo mosqueada y me pongo algo de música para despistarme.

Mucho más rato del que pensaba después, mi madre llega de trabajar con una expresión algo extraña pintada en el rostro y algo en la mano.

-Hola. ¿Qué pasa? ¿A que viene esa cara? – digo quitándome los cascos.

Ella suspira y se sienta en la mesa deslizando algo que parece un rectángulo de papel sobre ella.

-Deberías echarle un vistazo. – me propone.

Con mi curiosidad aumentando por segundos, me siento algo alarmada y cojo lo que parece ser un sobre. Una carta. Una carta de… ¿Pero como puede ser?

-¿Universidad de Edimburgo? Pero… ¡Eso es imposible! Ni siquiera me conocen, además está muy lejos de aquí. ¿Por qué me mandan esto a mí? Tiene que estar algo mal…

-En realidad… No se han equivocado. – dice ella cruzando las manos sin apartar la vista de la mesa. Frunzo el ceño sin entender nada. ¿Qué era todo aquello? Todavía escuchaba la sangre latiendo en mis oídos.

-¿Ah no? ¿Y entonces que pasa, mamá? Porque sabes tan bien como yo que es imposible que me hayan estado poniendo el ojo encima. ¡Es una de las mejores universidades de toda Europa!

-Lo sé. Por esa razón tu padre y yo mandamos tu expediente ahí, para el año que viene. Es de las mejores, y pensamos que sería lo mejor para ti.

De pronto me viene todo a la cabeza. De golpe, como una oleada. Todos mis amigos, los sitios en los que he crecido, toda mi vida se esfumaría. Tendría que empezar de nuevo, como una desconocida. Hacer amigos, estudiar para estar a la altura… Dios, de pronto estaba más nerviosa que nunca.

-¡¿Por qué elegís por mí siempre?! ¿Es que no tengo voz ni voto nunca? ¡Joder! – digo sin apartar la vista de la carta. - ¿Qué voy a hacer? ¿Dejarlo todo aquí? No podría…

Mi madre me coge de la mano y me sonríe. La miro y dejo caer los hombros. Desde luego no era una mala oferta, ellos estaban dispuestos a aceptarme, ya que mis notas son bastante altas, pero cambiarlo todo por una universidad… Tenía la cabeza echa un auténtico lío.

-Por lo menos dime que te lo pensarás.

Asiento y dejo la carta en la mesa. ¿Hasta que punto podría cambiar aquello mi vida? No estaba dispuesta a perder lo que tenía.

Unos minutos después, cuando todo parecía un poco más en calma, alguien llama a la puerta con musicalidad. No eran a penas las dos de la tarde, ¿quién sería?
Al echar una mirada por la mirilla me sorprende encontrarme con su imagen mucho más cambiada de lo normal.

-¿María? – digo abriendo la puerta de golpe con los ojos como platos. Ella sonríe y se echa a reír dulcemente.

-Lo sé, es extraño pero, ¿A que es bonito? – dice pasándose la mano por el pelo. Que ahora tiene otro color y otra forma.

-Mola, mola mucho. – digo sonriendo. – Pasa, no te quedes ahí.

Ambas entramos y al ver la carta en la mesa me tiro ferozmente a por ella para tratar de esconderla. Cuando ya la he guardado en mi bolsillo de atrás sonrío de forma culpable y trato de disimular.

-¿Q-qué era eso? ¿Estás bien? – dice frunciendo el ceño.

-¡Nada! Estoy estupendamente. – digo riéndome. – Bien, venías a hablar conmigo, ¿no?

Me siento en el sofá y guardo la carta en el cajón de la mesilla aprovechando que María se ha dado la vuelta para dejar sus cosas en la percha de la entrada. Suspiro aliviada y adopto una posición casual.

-Pues, la verdad es que sí… - de pronto cambia el todo de voz. - ¿Está…?

Asiento con la cabeza y al quedarnos en silencio se oye la música que emerge de su habitación. María suspira y me mira. De pronto sonríe y se da una palmada en las piernas.

-Ya está. ¿Qué te parece si vamos a comer por ahí? – dice alegremente.

Asiento enérgicamente y me levanto de un brinco y le pido que espere a que me cambie de ropa. Mi madre la saluda al salir de la cocina. Por favor que no le cuente nada de lo de la carta, porfaporfaporfaporfa…

Me cambio lo más rápido que puedo. Vaqueros, camiseta lisa y converse negras. Simple y cómodo. Salgo abrochándome la cremallera casi corriendo, me tropiezo un par de veces y acabo en el salón lo más dignamente que puedo.

María entorna una sonrisa y asiento. No tardamos mucho en coger las cosas, pero justo la puerta de la habitación de Harry se abre dejando escapar el sonido que se oía amplificado por dos. Parpadeo un par de veces y le miro levantando una ceja.

-Enana, si vas a salir tráeme helado. Ya sabes cual. – dice rascándose la nuca. Va sin camiseta y pantalones negros. Parece no haberse dado cuenta de la presencia de María, ya que tiene la mirada pegada al CD de T. Rex que sostiene en la mano.

Carraspeo de forma exagerada y este levanta la mirada. De pronto trata de no parecer alterado pero se ha puesto claramente rojo y no sabe que hacer. Algo le ha hecho quedarse observando a la figura de María. La miro y ella también está roja, callada y mirando al suelo. Menudos pimpollos.

Me río y le hago una seña positiva a su encargo del helado mientras me dirijo hacia la puerta, pero María parece haber sufrido una embolia cerebral y no responde. La cojo de la muñeca y la intento mover, ella respondo con un leve gruñido y me mira, todavía roja.

-¡Eh! – dice Harry justo cuando estamos a punto de desaparecer por la puerta. – Qué bien te queda el pelo, María.

Me echo a reír de tal manera que casi me parece cruel, pero tendríais que verle la cara. Aunque la de María no es muy diferente…

-Anda vámonos… - digo arrastrando a la ya no pelirroja detrás de mí, aunque parece resistirse.


Al llegar a un pequeño bar algo apartado nos sentamos en una mesa libre y pedimos unos platos de pasta, de la mejor que he probado.

-Esto está buenísimo. – digo sin parar de llevarme el tenedor cargado a la boca. Mientras, María no para de darle vueltas al plato. – Lo… lo vas a marear.

Suelta el tenedor de golpe haciendo un ruido desagradable y me mira.

-Esto es una mierda. – dice de pronto, murmurando. Aunque algo me dice que tiene ganas de gritar. – Me prometí a mí misma que no haría esto, y es exactamente lo que estoy haciendo. Joder…

-Eh, eh. – la paro dejando a un lado el tenedor. – Va, suéltalo. Desahógate, te sentirás mucho mejor, ya lo verás.

Respira hondo y me mira, aunque desvía la mirada a la mesa de nuevo.

-Es extraño. Lo de tu hermano y yo. Es… como si me hiciera ser así, sin remedio. Quiero enfadarme con él, que escarmiente, pero… No puedo. No puedo enfadarme con él. ¡Y me jode! Me jode muchísimo. – dice apoyando la frente en la palma de la mano.

No sé muy bien que decir pero trato de aconsejarla lo mejor que pueda.

-Verás, no soy una experta, pero creo que se como te sientes. – de pronto una sonrisilla asoma en mi boca, recordando alguna que otra cosa. – Es algo que no puedes controlar, y notas que se te va de las manos… Pero ahora tienes que pensar en ti, en ti y en tu bien. Mi hermano es buena persona, pero es tan idiota que hace daño a la gente sin darse cuenta. Le pierden los celos. Por eso tienes que enseñarle lo que provocan esos celos. – le cojo la mano y sonrío. – Sé que es duro, pero es lo mejor. Para los dos.

María me mira algo atontada y asiente. Coge el tenedor y da otra vuelta.

-No tengo hambre. – gruñe poniendo morritos. Me río y ella ríe también.

Después de un largo rato hablando de otras cosas para dejar atrás aquello, vuelvo a casa, pero antes paso por el súper y compro el helado que me pidió Harry.

-¡Ya estoy aquí! –digo alegremente mientras el sonido de la puerta cerrándose acompaña al tintineo de las llaves.

De pronto me encuentro a Harry con una cara no muy agradable. Conozco esa cara, y no me gusta. Es cara de hermano mayor. Cara de algo importante, y el ver a mi madre sentada detrás con cara de preocupación no ayuda nada a mis recién adquiridos nervios.

-T-traigo el helado que me pediste… - murmuro con voz de niña buena mientras él me acecha con la mirada.

Continuará...