Sugerencia Musical: Echo - Jason Walter
María sigue acariciándole el pelo, ahora parece un poco más tranquilo. ¿Qué le llevaba a actuar así? ¿El día anterior la ignoraba y ahora se echaba a sus brazos llorando como un crío?
Lo aparta con suavidad para mirarle a la cara, tiene los ojos rojos y la mirada aterrada.
-¿Qué pasa? – dice sonriendo. – Seguro que no es para tanto.
-Louis… me dijo que… y yo pensaba que podía, pero…- Al ver el lío que se esta formando, se calla, le coge la mano y la mira. – Tengo miedo de perderte, María.
Ella le mira algo sorprendida y se toma unos segundos para luego soltar una risilla irónica.
-Harry, esto ya lo hemos hablado más de una vez… No me vas a perder, si tú no quieres.
-Entonces, ¿qué fue eso con Zayn? – comienza subiendo el tono y levantándose de la cama. – ¿Por qué me da la sensación de que no hago más que darte, pero no recibo nada a cambio? Es muy frustrante…
María respira hondo y cierra los ojos con fuerza por un momento.
-¿Todavía sigues con eso? ¡Te dije que lo sentía de verdad! No fue intención mía que ocurriera y…
-¿¡Y si pasa otra vez qué!? –le corta él, gritando. María se queda en silencio y aprieta los labios para callarse algo que cree demasiado inoportuno para decir.
-No confías en mí, ¿verdad? – dice bajando el tono. – No. Se te ve en la cara, es como si tuvieras que estar pendiente de mí todo el tiempo para que no me fuera de tu lado.
Se acerca a él sin saber muy bien que pensar. Le dolía que no confiara en ella, pero por un lado lo comprendía. Harry está completamente en tensión, por eso cuando ella coloca su mano sobre su torso, los músculos se le contraen a una velocidad de vértigo.
-Te quiero Harry, te quiero. Métetelo en la cabeza y déjame demostrarte que puedes confiar en mí. Por favor.
Harry la mira, dudoso. En el fondo sabía que haría cualquier cosa que ella le pidiera, no podía evitarlo. Y parecía tan arrepentida, sus ojos rebosaban verdad.
-Ven aquí. – susurra acercándola a su pecho y rodeándola fuerte con sus brazos. Le besa la cabeza y ella se recuesta en su pecho.
Ben me empuja hasta el grupo al verme sentada con la mirada perdida en uno de los pufs. Ante mi negativa, su empeño crece y acabo cediendo a ser arrastrada hasta mitad de mi propia sala de estar.
Trato de entablar conversación, pero la mirada de cierto individuo me acecha y me despista de tal forma que no sé que estaba diciendo.
De pronto un móvil suena. El Sombrerero contesta.
-¿quién es? – dice apartándose un poco del grupo. - ¡Oh! ¿Qué tal? Sí, claro. Luego te veo entonces. Hasta luego.
Mi mirada de curiosidad aumenta por momentos y estoy a punto de lanzar una pregunta al aire cuando oigo un grito procedente del cuarto de Harry.
Me separo sin que nadie pregunte del grupo y me acerco al pasillo con cautela, preocupada. Pongo la mano sobre el pomo, sin hacerme una idea de que me encontraría tras la puerta.
Desde luego todo, menos aquello.
-Eh… -empiezo, mirándoles con un gesto contrariado. – Lo siento, ya me voy.
Cierro de nuevo la puerta y dejo escapar una risa, la cual silencio llevándome la mano a la boca y vuelvo al grupo. Parece que se van todos.
-¿Dónde vais? – digo con un gesto de decepción en el rostro.
-Oh, Louis ha quedado con unos amigos suyos en un bar cerca de aquí y hemos pensado ir un rato. Podéis venir si queréis. – dice Liam poniéndose su abrigo.
Suspiro y miro al suelo.
-Da igual, pasadlo bien. – les digo fingiendo una sonrisa.
-Yo me quedo. – urge a decir Ben. – Tampoco conozco a mucha gente y podemos ver una peli, si te apetece.
Esta vez sonrío de verdad y asiento. Veo que Louis abre la boca para decir algo pero lo reprime y aprieta el puño con rabia.
-Vámonos. – espeta mirándome fijamente. No sé como interpretarlo, pero sus ojos azules parecen chispear con fuerza.
Parpadeo un par de veces y aparto la mirada de él, incapaz de sostenerla. Ben me coge de los hombros y me zarandea amistosamente.
Louis sale por la puerta, casi a la fuerza y se cierra en sus narices. Suspiro de nuevo al ver el poco interés que ponía en establecer contacto alguno conmigo, y que a esas alturas… quizá no volviera a hacerlo.
Me acerco a la ventana para verles cruzar la calle mientras Ben introduce el CD en el DVD. Me fijo en que hay un grupo de chicas esperándoles en el otro lado. Louis se acerca a una de ellas y sonríe, ella le coge el sombrero y se ríe.
Él va detrás de ella, la atrapa de la cintura y pierden el equilibrio, aunque siguen en pie. Los dos se ríen y… ¿se besan? ¿Por qué…?
-¿Quién es esa? – digo casi sin pensar, el desprecio impregna toda la frase.
Ben se acerca a la ventana con curiosidad y se fija en el panorama.
-Oh, debe ser Rachel, su nueva novia. – dice sin apartar la mirada del cristal.
Le miro rápidamente como si sus palabras me quemaran los oídos. ¿Nueva novia? Le acababa de declarar mis sentimientos y él… ¿Se echa una nueva novia?
No debería llorar. No puedo permitirme mostrarme débil, así que suelto una risotada y me levanto del alféizar.
-¿Novia? Si a los tres días estará con otra. – digo tratando de parecer que no me importa.
Ben me mira algo alarmado.
-¿Qué? ¿Acaso no es verdad?
Ben tuerce el gesto y se encoge de hombros. Corre la cortina y se tumba en el sofá haciéndome un gesto para que haga lo mismo. Me quito los zapatos y me acurruco a su lado.
Él me mira sonriente y le devuelvo la sonrisa.
-Me alegro de haberme quedado. – dice. Mi sonrisa se vuelve más amplia y él me coloca su sombrero en la cabeza.
Harry y María salen de pronto del pasillo. Parecen flotar en una nube rosa.
-¡Pero mira quién sale ahora! ¿Dónde vais? – digo mirándolos.
María sonríe tímidamente y sus mejillas se tiñen de un color rosado.
-Vamos… a dar una vuelta. – Contesta Harry, que tiene cogida a María por la mano, y que parece no querer soltarla por nada del mundo.
Ben y yo asentimos y esperamos a que se vayan. Sigo a María con la mirada esperando alguna señal.
Ahí está. Sacude la mano de forma histérica y me indica que me lo contará cuando pueda. Salen al rellano y cierran la puerta. Era algo bueno, así que no había por lo que preocuparse, me alegraba tanto por ellos…
Harry podía llegar a ser un poco idiota, pero en el fondo tenía un gran corazón y María se merecía ser querida así…
De pronto me viene a la mente Laura… ¿Qué habría sido de ella? Suspiro, pensando en llamarla, aunque tengo la certeza de que no me lo cogería. Mañana será a la primera que visite y llevaré los mejores cruasanes que haya probado.
Ben apaga la luz y vuelve a mi lado, todavía sigo dándole vueltas a tantas cosas que casi no me entero de la peli. Y él se da cuenta.
Me coge la barbilla y me roba un pequeño beso de los labios.
-Eh… - murmuro. - ¿A qué ha venido eso?
Aunque no me quejo cuando vuelve a besarme, ni siquiera me atrevo a cuestionárselo. Si tenía que buscar refugio en algunos labios que no fueran los de Louis, serían los suyos.
29/4/12
25/4/12
Capítulo 45
El nudo que tengo en el estómago es descomunal. Nadie ha dicho nada, pero el ambiente es denso e inestable.
-¡Estoy harta! ¡Harta de ti y… de todo! – Laura parece empezar a tener los ojos vidriosos.
Zayn abre la boca para decir algo pero no sabe muy bien por donde salir, así que la vuelve a cerrar. Es su rostro se refleja la preocupación, no quería hacerlo, pero la situación entre los dos pendía de un fino hilo.
Aunque fuera por mera casualidad, el hilo se había roto.
-Laura… escucha, yo no… no ha sido adrede… - comienza a decir él con tono calmado, intentando que Laura volviera en sus cavales. Pero justo cuando la iba a tocar, ella da un respigo hacia atrás y aprieta más los puños; sus nudillos toman un color blanquecino.
-¡Claro! Como lo de María, ¿no? ¡También fue pura casualidad! Vete a engañar a otra. – dice atravesándole con la mirada.
Antes de que nadie pueda decir nada, coge sus cosas y se va dando un sonoro portazo. Durante unos segundos todos permanecemos en silencio, todavía algo desconcertados.
De pronto Zayn reacciona.
-Joder… - dice por lo bajo. Entonces, coge su abrigo y sale detrás de ella como una bala.
Después de eso nadie dice nada más, se vuelven a formar los grupos.
-Vale, me canso. – digo, y me pongo en pie. - ¿Vais a hablar con nosotras en algún momento, o va a ser así toda la noche?
Todos me miran extrañados, algunos sonríen. Liam, alguien con quién no tengo ningún problema se acerca y me da dos besos.
-Buenas noches, pequeña Alicia, ¿Cómo estás?
Le miro con cara de no saber que pasa y me río.
-Eso está mejor, si señor. – digo haciéndole un gesto a María para que se acerque.
Poco a poco, la conversación fluye y el grupo se convierte en uno solo. Hacía tiempo que deseaba esto.
-¿Crees que Laura y Zayn estarán bien? – le pregunto bajito a María.
-Necesitan hablar. Mañana la llamaré para ver que ha pasado.
Asiento y vuelvo a la conversación. El ambiente se ha vuelto más agradable, y la música por primera vez llega a mis oídos.
Consigo sonreír sin obligación y me rio de algunos chistes. Definitivamente lo echaba de menos.
Veo como Harry avanza hacia nosotras y agarra suavemente a María del brazo.
-¿Podemos hablar un minuto? – dice con voz serena.
María me mira confundida y asiente no muy convencida. Los veo alejarse hacia el cuarto de él y observo como se cierra la puerta detrás de ambos. Parpadeo perpleja e intento no preocuparme demasiado.
¿Qué tendrán que hablar? ¿A caso la bronca que acababa de tener lugar entre Zayn y Laura había hecho reaccionar a Harry? ¿Le había hecho tomar cartas en el asunto? Fuera lo que fuese, ojalá que acabara bien, no me gustaría tener más rupturas por hoy.
Suspiro de forma sonora y doy un trago a la bebida que me había traído Ben. Parece que es el único que esta disfrutando de la fiesta.
Zayn baja aprisa las escaleras, sólo puede oír su corazón latirle en los oídos, como si fuera un caballo desbocado. Alcanza la puerta y sale a la calle, está llena de gente a pesar de la hora que es.
Trata de vislumbrar a Laura entre la manda de gente que se interpone entre ellos. Avanza a duras penas, empujando a la gente, echándola a un lado entre improperios y consigue llegar hasta un claro.
La siguiente calle está más despejada, y ahí está. Andando con paso cansado, arrastrando los pies y con los puños todavía apretados.
-Laura… - susurra Zayn antes de echar a correr hacia ella.
Justo cuando está a punto de alcanzarla, estando a varios pasos de ella, empieza a dudar. ¿Cómo iba a reaccionar? Quizás se llevara una bofetada.
Pero que demonios, merecía la pena.
Le coge del brazo, suave, pero desesperadamente. Laura se gira sobresaltada y se queda petrificada ante su presencia.
-¿Qué haces aquí? No quiero hablar contigo. Me voy a casa. – dice sin miramientos intentando deshacerse de la presión que ejercía su mano en su brazo.
-Por favor, déjame que te lo explique. – le pide.
Laura emite un gemido de ofensa.
-¿Qué te deje explicarte? ¡Has tenido todo este tiempo para hacerlo y ni siquiera has tenido la consideración de llamarme! Pensaba que teníamos algo especial, joder. – le espeta aguantándose las ganas de llorar.
Zayn suspira abatido. No sabe como salir de esa. En un acto de desesperación, la agarra por los hombros y la acerca a él como fuerza.
Roza sus labios con los suyos para sentir de nuevo ese calor que, en el fondo, sabía que echaba de menos. Laura se queda desarmada, descansa las manos que tan cerradas tenía y deja caer un poco los hombros, perdida en la profundidad de aquel estúpido ser.
De pronto se da cuenta de quién está besándola. El mismo tipo que la había hecho llorar toda la noche días atrás, ahora tenía el lujo de siquiera tocarla sin pedir, por lo menos, perdón.
Si quería perdón, tendría que ser de rodillas.
Se separa de él bruscamente y le mira con odio, acumulado de tantas lágrimas, de tantas noches sin dormir. ¿Quién se creía que era? Alarga la mano y con fuerza la precipita contra su rostro, dejándolo algo confunso y aturdido.
-¿Pero qué…? – murmura él llevándose su mano a la mejilla, que empieza a ponerse roja.
-No te atrevas a ponerme la mano encima. No después de todo lo que has hecho. – dice Laura sin levantar el tono de voz y señalándole de forma acusadora con el dedo índice. Aunque lleva rato reprimiéndolo, grandes gotas resplandecientes brotan al fin de sus ojos.
Zayn no se atreve a responder. Laura retira la mano y lo mira impotente, al ver que no reacciona asiente, como si confirmara algo que ya sabía.
-¿No dices nada? Bien, yo sólo añadiré una cosa. Se acabó, no quiero volver a verte. – dice intentando parecer fuerte, pero la voz se le quiebra al final.
Da unos pasos hacia atrás y se vuelve para seguir caminando, lentamente pero sin pausa.
Zayn sigue ahí pasmado, como si se le hubieran pegado los pies al suelo. Ya no quería luchar, no quería correr. Y eso que rueda por sus mejillas, aunque no quería admitirlo, eran lágrimas.
Harry cierra la puerta detrás suyo con tal énfasis que María pega un respingo. Lo mira preocupada y espera a que hable primero, pero no es así. No para de dar vueltas como un perro enjaulado.
-Harry, ¿E-estás bien? – pregunta acercándose unos pasos.
De pronto algo se activa dentro de él, se lanza contra ella y la agarra con poca delicadeza por los hombros. Aquello le recuerda a aquel día en la biblioteca… Pero ahora no es el momento de ponerse a recordar cosas.
Harry abre la boca para decir algo pero no consigue unir más de dos palabras que tengan sentido, desbocado de los nervios. ¿Qué le habrá hecho ponerse así?
Desesperado y con la angustia rayando sus verdes ojos hasta la saciedad, se derrumba entre los brazos de María sin motivo aparente. María no consigue entender nada, simplemente se limita a acariciar su rizado pelo y apretarlo fuerte hacia ella.
-Harry… - susurra ella suavemente, temiendo asustarlo. - ¿Qué pasa? Me estás preocupando…
-¡Estoy harta! ¡Harta de ti y… de todo! – Laura parece empezar a tener los ojos vidriosos.
Zayn abre la boca para decir algo pero no sabe muy bien por donde salir, así que la vuelve a cerrar. Es su rostro se refleja la preocupación, no quería hacerlo, pero la situación entre los dos pendía de un fino hilo.
Aunque fuera por mera casualidad, el hilo se había roto.
-Laura… escucha, yo no… no ha sido adrede… - comienza a decir él con tono calmado, intentando que Laura volviera en sus cavales. Pero justo cuando la iba a tocar, ella da un respigo hacia atrás y aprieta más los puños; sus nudillos toman un color blanquecino.
-¡Claro! Como lo de María, ¿no? ¡También fue pura casualidad! Vete a engañar a otra. – dice atravesándole con la mirada.
Antes de que nadie pueda decir nada, coge sus cosas y se va dando un sonoro portazo. Durante unos segundos todos permanecemos en silencio, todavía algo desconcertados.
De pronto Zayn reacciona.
-Joder… - dice por lo bajo. Entonces, coge su abrigo y sale detrás de ella como una bala.
Después de eso nadie dice nada más, se vuelven a formar los grupos.
-Vale, me canso. – digo, y me pongo en pie. - ¿Vais a hablar con nosotras en algún momento, o va a ser así toda la noche?
Todos me miran extrañados, algunos sonríen. Liam, alguien con quién no tengo ningún problema se acerca y me da dos besos.
-Buenas noches, pequeña Alicia, ¿Cómo estás?
Le miro con cara de no saber que pasa y me río.
-Eso está mejor, si señor. – digo haciéndole un gesto a María para que se acerque.
Poco a poco, la conversación fluye y el grupo se convierte en uno solo. Hacía tiempo que deseaba esto.
-¿Crees que Laura y Zayn estarán bien? – le pregunto bajito a María.
-Necesitan hablar. Mañana la llamaré para ver que ha pasado.
Asiento y vuelvo a la conversación. El ambiente se ha vuelto más agradable, y la música por primera vez llega a mis oídos.
Consigo sonreír sin obligación y me rio de algunos chistes. Definitivamente lo echaba de menos.
Veo como Harry avanza hacia nosotras y agarra suavemente a María del brazo.
-¿Podemos hablar un minuto? – dice con voz serena.
María me mira confundida y asiente no muy convencida. Los veo alejarse hacia el cuarto de él y observo como se cierra la puerta detrás de ambos. Parpadeo perpleja e intento no preocuparme demasiado.
¿Qué tendrán que hablar? ¿A caso la bronca que acababa de tener lugar entre Zayn y Laura había hecho reaccionar a Harry? ¿Le había hecho tomar cartas en el asunto? Fuera lo que fuese, ojalá que acabara bien, no me gustaría tener más rupturas por hoy.
Suspiro de forma sonora y doy un trago a la bebida que me había traído Ben. Parece que es el único que esta disfrutando de la fiesta.
Zayn baja aprisa las escaleras, sólo puede oír su corazón latirle en los oídos, como si fuera un caballo desbocado. Alcanza la puerta y sale a la calle, está llena de gente a pesar de la hora que es.
Trata de vislumbrar a Laura entre la manda de gente que se interpone entre ellos. Avanza a duras penas, empujando a la gente, echándola a un lado entre improperios y consigue llegar hasta un claro.
La siguiente calle está más despejada, y ahí está. Andando con paso cansado, arrastrando los pies y con los puños todavía apretados.
-Laura… - susurra Zayn antes de echar a correr hacia ella.
Justo cuando está a punto de alcanzarla, estando a varios pasos de ella, empieza a dudar. ¿Cómo iba a reaccionar? Quizás se llevara una bofetada.
Pero que demonios, merecía la pena.
Le coge del brazo, suave, pero desesperadamente. Laura se gira sobresaltada y se queda petrificada ante su presencia.
-¿Qué haces aquí? No quiero hablar contigo. Me voy a casa. – dice sin miramientos intentando deshacerse de la presión que ejercía su mano en su brazo.
-Por favor, déjame que te lo explique. – le pide.
Laura emite un gemido de ofensa.
-¿Qué te deje explicarte? ¡Has tenido todo este tiempo para hacerlo y ni siquiera has tenido la consideración de llamarme! Pensaba que teníamos algo especial, joder. – le espeta aguantándose las ganas de llorar.
Zayn suspira abatido. No sabe como salir de esa. En un acto de desesperación, la agarra por los hombros y la acerca a él como fuerza.
Roza sus labios con los suyos para sentir de nuevo ese calor que, en el fondo, sabía que echaba de menos. Laura se queda desarmada, descansa las manos que tan cerradas tenía y deja caer un poco los hombros, perdida en la profundidad de aquel estúpido ser.
De pronto se da cuenta de quién está besándola. El mismo tipo que la había hecho llorar toda la noche días atrás, ahora tenía el lujo de siquiera tocarla sin pedir, por lo menos, perdón.
Si quería perdón, tendría que ser de rodillas.
Se separa de él bruscamente y le mira con odio, acumulado de tantas lágrimas, de tantas noches sin dormir. ¿Quién se creía que era? Alarga la mano y con fuerza la precipita contra su rostro, dejándolo algo confunso y aturdido.
-¿Pero qué…? – murmura él llevándose su mano a la mejilla, que empieza a ponerse roja.
-No te atrevas a ponerme la mano encima. No después de todo lo que has hecho. – dice Laura sin levantar el tono de voz y señalándole de forma acusadora con el dedo índice. Aunque lleva rato reprimiéndolo, grandes gotas resplandecientes brotan al fin de sus ojos.
Zayn no se atreve a responder. Laura retira la mano y lo mira impotente, al ver que no reacciona asiente, como si confirmara algo que ya sabía.
-¿No dices nada? Bien, yo sólo añadiré una cosa. Se acabó, no quiero volver a verte. – dice intentando parecer fuerte, pero la voz se le quiebra al final.
Da unos pasos hacia atrás y se vuelve para seguir caminando, lentamente pero sin pausa.
Zayn sigue ahí pasmado, como si se le hubieran pegado los pies al suelo. Ya no quería luchar, no quería correr. Y eso que rueda por sus mejillas, aunque no quería admitirlo, eran lágrimas.
Harry cierra la puerta detrás suyo con tal énfasis que María pega un respingo. Lo mira preocupada y espera a que hable primero, pero no es así. No para de dar vueltas como un perro enjaulado.
-Harry, ¿E-estás bien? – pregunta acercándose unos pasos.
De pronto algo se activa dentro de él, se lanza contra ella y la agarra con poca delicadeza por los hombros. Aquello le recuerda a aquel día en la biblioteca… Pero ahora no es el momento de ponerse a recordar cosas.
Harry abre la boca para decir algo pero no consigue unir más de dos palabras que tengan sentido, desbocado de los nervios. ¿Qué le habrá hecho ponerse así?
Desesperado y con la angustia rayando sus verdes ojos hasta la saciedad, se derrumba entre los brazos de María sin motivo aparente. María no consigue entender nada, simplemente se limita a acariciar su rizado pelo y apretarlo fuerte hacia ella.
-Harry… - susurra ella suavemente, temiendo asustarlo. - ¿Qué pasa? Me estás preocupando…
20/4/12
Capítulo 44
Al tragar saliva puedo oír perfectamente el sonido que emite al bajar por mi garganta. Es incómodo, muy incómodo. Y ¿qué hago en los momentos incómodos?
Reír.
Lo peor que se puede hacer en esos casos, pero cuando me quiero dar cuenta, de mi garganta brota una risita, bastante ridícula, pero no se queda ahí. ¿Qué tiene de gracioso? Puedo sentir las miradas de todos en mí y queman como el fuego.
-L-lo siento. – murmuro mordiéndome el labio.
-¡Tiene gracia! Ha sido una sorpresa bastante grande para todos, ¿no? Pero ya que estáis aquí pasad, pasad, no os quedéis ahí en el rellano. – dice Ben. Muevo los labios en forma de ‘Gracias’ y espero a que entren todos.
Pero hay alguien que no quiere entrar, parece haberse petrificado.
-¿Estás bien? – le digo a María.
Parpadea un par de veces, mirando fijamente la puerta.
-S-sí. – dice recuperando la movilidad, de pronto me mira. – No puedo.
Suspiro y le coloco una mano en la espalda.
-Puedes. Demuéstrale que eres más fuerte que él, es su punto débil. – le contesto guiñándole un ojo para darle ánimo.
Sonríe y toma aire. Entro detrás de ella y el ambiente parece haberse calmado un poco, aunque se han dividido en dos grupos y de vez en cuando, uno de ellos lanza miradas furtivas a algún componente del otro grupo.
No sé dónde ponerme, ¿tendría que partirme en dos? De pronto noto un pequeño empentón el en hombro que me saca de mis pensamientos.
-¿Te pongo algo? – dice la dulce voz de Ben. Desde el principio parece el más dispuesto a colaborar, y eso me tranquiliza. Por primera vez en toda la fiesta me fijo en el vestuario.
Ben lleva un traje que reconozco a primera vista. Es de una película, de la naranja mecánica para ser más exactos. Luce un gracioso bombín negro en la cabeza, una camisa blanca impoluta con varios botones desabrochados y unos pantalones negros y unos zapatos a juego.
Lo que más destaca de su atuendo son los ojos. Las largas pestañas que decoran su ojo derecho hacen que parezcan más profundos de lo que son.
Niego con la cabeza a su propuesta y comienzo por inspeccionar a los presentes, con tanto ajetreo ni siquiera me había fijado.
Observo primero al grupo que se ha formado donde están las chicas, están sentadas en unos pufs colocados casi a la entrada, hablando bajito, como si tramaran un asesinato, aunque por la miradas que lanzaban al otro grupo, parecía que así fuese.
Vuelvo la vista al otro grupo y me encuentro con varias cosas, mi hermanito luce una camisa morada oscura y una corbata negra, con unos pantalones del mismo color.
Al mirar su cara me encuentro con que la ha teñido de un color blanquecino, tal vez con polvos. Lleva dibujada una macabra sonrisa que le llega hasta mitad de la mejilla, completamente emborronada con carmín rojo, y los ojos también emborronados en negro.
El joker, la verdad que estaba muy conseguido.
Los trajes de los demás eran de lo más variopintos, Liam, iba de un personaje completamente reconocible: Woody. Había nombrado varias veces que le gustaba Toy Story, de hecho hasta había propuesto verla en algún momento, pero desistió cuando todo el mundo le miró con tal cara que se calló de inmediato.
Sonrío al recordarlo y sigo con la mirada al grupo. Zayn lucía un uniforme, que no le quedaba para nada mal, un casco rojo y el pecho casi al descubierto, había sacado provecho de su faceta más remarcable, desde luego. No sabía de donde había sacado ese atuendo de bombero, pero juraría que lo había sacado de la misma oficina de bomberos.
A Niall se le podría ver a cuatro calles de distancia. El color verde de su ropa casi se hace empalagoso a la vista. De pronto recuerdo que él y su familia proceden de Irlanda, supongo que vestirse de Leprechaun era una cosa que le representaba (o a su madre le haría ilusión, que podría ser.) De todas formas, le favorecía ese color con la piel tan pálida que él tenía.
Noto algo que me aturde, busco lo que quiera que es y lo veo, con sus inconfundibles ojos clavados en mí, que al instante se pierden en la moqueta intentando disimular el contacto.
Recorro su figura fijándome en todos los detalles de su traje. Parece estar hecho adrede. Sombrero de copa, gabardina con telas de varios colores cosidos, y una camisa, descolocada y una pajarita.
El Sombrerero. El Sombrerero y Alicia… Tomo aire y doy media vuelta.
Me acerco unos pasos y me uno disimuladamente al grupo de las chicas sin quietarle ojo al otro grupo.
-Pensaba que te ibas a lanzar a su yugular en el momento menos esperado. – comenta Laura en tono bajito. – Qué casualidad lo de los trajes ¿no?
Debo haberme puesto algo roja, porque comienzan a reírse. Esbozo una sonrisa e intento ignorarlo.
-Voy a por una copa, ¿os traigo algo? – dice Laura levantándose.
-Una cocacola estaría bien. – contesta María.
Asiento para pedir lo mismo que ella y la vemos alejarse.
-¿Estás mejor? – le pregunto.
María mira hacia atrás y al volver suspira.
-¿Qué crees que pasará entre nosotros? Además, ni siquiera sé si hay algo entre nosotros, y si lo había ¿se ha acabado, o…? No entiendo nada.
Le cojo la mano y la miro, intentando transmitir algo de fuerza, fuerza que no tenía, fuerza que me faltaba a mí para pegarle dos bofetadas al imbécil que se hallaba delante de mis narices, o… simplemente para que al verle fuera capaz de pronunciar más de una frase en condiciones.
De pronto se oye un cristal estrellarse contra el suelo con fuerza y todas las miradas se dirigen hasta él.
-¿¡Pero qué…?! – Laura está en medio de la sala, mirando de arriba abajo a un perplejo Zayn, que trata de disculparse.
La bebida de la copa de Zayn había ido a parar al vestido de Laura, sin aviso previo.
-¡Tenías que hacerlo, ¿no?! – brama ella apretando los puños.
“Oh, no.” – pienso mientras pienso rápidamente en algo.
Esa gota que colmaba el vaso. Esa chispa que desataba el incendio, eso. Me sentía impotente ante algo que llevaba días temiendo, y que por una maldita casualidad estaba ocurriendo.
¿Qué sería lo siguiente?
Continuará…
Reír.
Lo peor que se puede hacer en esos casos, pero cuando me quiero dar cuenta, de mi garganta brota una risita, bastante ridícula, pero no se queda ahí. ¿Qué tiene de gracioso? Puedo sentir las miradas de todos en mí y queman como el fuego.
-L-lo siento. – murmuro mordiéndome el labio.
-¡Tiene gracia! Ha sido una sorpresa bastante grande para todos, ¿no? Pero ya que estáis aquí pasad, pasad, no os quedéis ahí en el rellano. – dice Ben. Muevo los labios en forma de ‘Gracias’ y espero a que entren todos.
Pero hay alguien que no quiere entrar, parece haberse petrificado.
-¿Estás bien? – le digo a María.
Parpadea un par de veces, mirando fijamente la puerta.
-S-sí. – dice recuperando la movilidad, de pronto me mira. – No puedo.
Suspiro y le coloco una mano en la espalda.
-Puedes. Demuéstrale que eres más fuerte que él, es su punto débil. – le contesto guiñándole un ojo para darle ánimo.
Sonríe y toma aire. Entro detrás de ella y el ambiente parece haberse calmado un poco, aunque se han dividido en dos grupos y de vez en cuando, uno de ellos lanza miradas furtivas a algún componente del otro grupo.
No sé dónde ponerme, ¿tendría que partirme en dos? De pronto noto un pequeño empentón el en hombro que me saca de mis pensamientos.
-¿Te pongo algo? – dice la dulce voz de Ben. Desde el principio parece el más dispuesto a colaborar, y eso me tranquiliza. Por primera vez en toda la fiesta me fijo en el vestuario.
Ben lleva un traje que reconozco a primera vista. Es de una película, de la naranja mecánica para ser más exactos. Luce un gracioso bombín negro en la cabeza, una camisa blanca impoluta con varios botones desabrochados y unos pantalones negros y unos zapatos a juego.
Lo que más destaca de su atuendo son los ojos. Las largas pestañas que decoran su ojo derecho hacen que parezcan más profundos de lo que son.
Niego con la cabeza a su propuesta y comienzo por inspeccionar a los presentes, con tanto ajetreo ni siquiera me había fijado.
Observo primero al grupo que se ha formado donde están las chicas, están sentadas en unos pufs colocados casi a la entrada, hablando bajito, como si tramaran un asesinato, aunque por la miradas que lanzaban al otro grupo, parecía que así fuese.
Vuelvo la vista al otro grupo y me encuentro con varias cosas, mi hermanito luce una camisa morada oscura y una corbata negra, con unos pantalones del mismo color.
Al mirar su cara me encuentro con que la ha teñido de un color blanquecino, tal vez con polvos. Lleva dibujada una macabra sonrisa que le llega hasta mitad de la mejilla, completamente emborronada con carmín rojo, y los ojos también emborronados en negro.
El joker, la verdad que estaba muy conseguido.
Los trajes de los demás eran de lo más variopintos, Liam, iba de un personaje completamente reconocible: Woody. Había nombrado varias veces que le gustaba Toy Story, de hecho hasta había propuesto verla en algún momento, pero desistió cuando todo el mundo le miró con tal cara que se calló de inmediato.
Sonrío al recordarlo y sigo con la mirada al grupo. Zayn lucía un uniforme, que no le quedaba para nada mal, un casco rojo y el pecho casi al descubierto, había sacado provecho de su faceta más remarcable, desde luego. No sabía de donde había sacado ese atuendo de bombero, pero juraría que lo había sacado de la misma oficina de bomberos.
A Niall se le podría ver a cuatro calles de distancia. El color verde de su ropa casi se hace empalagoso a la vista. De pronto recuerdo que él y su familia proceden de Irlanda, supongo que vestirse de Leprechaun era una cosa que le representaba (o a su madre le haría ilusión, que podría ser.) De todas formas, le favorecía ese color con la piel tan pálida que él tenía.
Noto algo que me aturde, busco lo que quiera que es y lo veo, con sus inconfundibles ojos clavados en mí, que al instante se pierden en la moqueta intentando disimular el contacto.
Recorro su figura fijándome en todos los detalles de su traje. Parece estar hecho adrede. Sombrero de copa, gabardina con telas de varios colores cosidos, y una camisa, descolocada y una pajarita.
El Sombrerero. El Sombrerero y Alicia… Tomo aire y doy media vuelta.
Me acerco unos pasos y me uno disimuladamente al grupo de las chicas sin quietarle ojo al otro grupo.
-Pensaba que te ibas a lanzar a su yugular en el momento menos esperado. – comenta Laura en tono bajito. – Qué casualidad lo de los trajes ¿no?
Debo haberme puesto algo roja, porque comienzan a reírse. Esbozo una sonrisa e intento ignorarlo.
-Voy a por una copa, ¿os traigo algo? – dice Laura levantándose.
-Una cocacola estaría bien. – contesta María.
Asiento para pedir lo mismo que ella y la vemos alejarse.
-¿Estás mejor? – le pregunto.
María mira hacia atrás y al volver suspira.
-¿Qué crees que pasará entre nosotros? Además, ni siquiera sé si hay algo entre nosotros, y si lo había ¿se ha acabado, o…? No entiendo nada.
Le cojo la mano y la miro, intentando transmitir algo de fuerza, fuerza que no tenía, fuerza que me faltaba a mí para pegarle dos bofetadas al imbécil que se hallaba delante de mis narices, o… simplemente para que al verle fuera capaz de pronunciar más de una frase en condiciones.
De pronto se oye un cristal estrellarse contra el suelo con fuerza y todas las miradas se dirigen hasta él.
-¿¡Pero qué…?! – Laura está en medio de la sala, mirando de arriba abajo a un perplejo Zayn, que trata de disculparse.
La bebida de la copa de Zayn había ido a parar al vestido de Laura, sin aviso previo.
-¡Tenías que hacerlo, ¿no?! – brama ella apretando los puños.
“Oh, no.” – pienso mientras pienso rápidamente en algo.
Esa gota que colmaba el vaso. Esa chispa que desataba el incendio, eso. Me sentía impotente ante algo que llevaba días temiendo, y que por una maldita casualidad estaba ocurriendo.
¿Qué sería lo siguiente?
Continuará…
15/4/12
Capítulo 43 parte II
Me levanto por la mañana llena de fuerzas y ganas de empezar con todos los preparativos. Para mi sorpresa, alguien se ha levantado antes que yo.
-Buenos días. – dice Harry, bajito.
Sonrío y le doy un beso en la mejilla. Saco la leche y lleno un vaso.
-¿A qué ha venido eso?
-¿No te puedo dar un beso de buenos días? Qué borde eres.
Harry masculla algo y se levanta para recoger su desayuno. Me encojo de hombros mientras devoro una magdalena.
-¿Qué tal llevas la fiesta?
-¿Esa de la que tu no sabes nada de nada? Bien, sólo me quedan cuatro cosas. Ben va a venir dentro de un rato para ayudarme a acabarlo todo.
Harry frunce el ceño y me mira fijamente, como si le pareciese mal que Ben me ayudara (o más bien el simple hecho de que tuviera contacto con él) pero no dice nada.
Me encojo de hombros y suena el timbre. Abro la puerta sin decir nada y espero a que suba.
-Hola Ben. – le saludo sonriente.
Me devuelve la sonrisa de tal manera que se me erizan los pelos de la nuca. Noto la mirada de Harry clavada en nosotros. Me giro y le veo en posición desafiante, Ben trata de ignorarle.
-Bueno, ¿Por dónde empezamos? – dice intentando no encontrarse con los ojos de Harry.
-Podemos empezar por ahí si quieres, no queda casi nada… - de pronto vuelvo la mirada a Harry de nuevo. – Oye, ¿Te pasa algo?
Harry se encoge de hombros y se va a la cocina, sin embargo sigue sin quitarnos el ojo de encima.
Cuando por fin acabamos, todo está listo para la fiesta. Me quedo bastante contenta con el resultado, así que despido a Ben recordándole la hora del encuentro y cierro la puerta. De nuevo siento que me duele el cuello.
-¿Se puede saber que quieres? – digo girándome para encontrarme con la presencia de mi hermano.
-No me gusta. – dice sin más. Sujeta un vaso de algo que parece zumo por su color.
Arqueo las cejas, incrédula. No hay que ser muy listo para saber quién le había metido esas cosas en la cabeza.
-¿Sabes qué? Estoy harta. – digo mirándole fijamente. – Estoy harta de ti, y de en quien te has convertido. ¡No eres tú! ¿Ha sido él verdad?
-¿Qué estas diciendo? ¿Ha sido quién?
-¡Louis! ¡Es él quién te está metido todas esas paparruchadas en la cabeza! Como le tiene manía a Ben, ahora te ha convencido a ti también. Qué patético. Como con María, ¿verdad? Muy maduro por tu parte huir de los problemas de esa manera, pero para ti es lo más fácil ¿no? – estoy empezando a cabrearme, así que intento contener mi tono de voz.
Él parece sorprendido, he acertado, por lo menos en lo de Louis. Sé de sobras que no lo va a admitir, pero me sale una media sonrisa.
-No sabes lo que dices, de hecho no sabes lo que él me dice sobre Ben, sé cosas que tú no sabes. Pero ¿Sabes qué? Ya te darás cuenta de ellas tú solita. Y sobre lo de María… deberías dejar que las cosas llevaran su curso, por si no te habías dado cuenta estás siempre en medio de los dos.
Touché. Esa me ha dolido, y bastante. ¿Estoy siempre en medio? ¿Cómo se atreve a decir semejante cosa?
-¡Sólo pretendo ayudar! Y que yo recuerde te he salvado el culo más de una vez. – contesto con un alto nivel de irritación en mi voz. - ¿Cómo puedes ser así de desagradecido?
Comenzamos con los malos rollitos. Soy la primera que odia estas cosas, sino no estaría montando semejante tinglado para conseguir aclarar ciertos temas que nos separan.
Intento controlarme y en vez de seguir con la discusión entono un bufido sonoro me voy a mi cuarto a ahogar cuatro gritos, y empiezo a leer, con lo que consigo relajarme un poco. Esto no empezaba bien.
A las 7 de la tarde empieza todo. Saco mi vestido del armario y lo miro, sigue tan bonito como antes. Me lo pongo y le quito algunas arrugas de la falda. Me miro al espejo, está incompleto.
Voy al cajón y saco unos calcetines blancos que llegan hasta las rodillas, me coloco los zapatos negros y voy directa al baño. Ahí me pongo la diadema negra en el pelo con un voluminoso lazo a un lazo y observo el resultado. Mucho mejor.
Me maquillo lo justo y salgo a la calle. Una vez en el portal me doy cuenta del panorama que hay por fuera. Todo el mundo se ha vestido para la ocasión, los pequeños llevan atuendos de los más coloridos y las caras pintadas.
Casi todo el mundo me conoce en el barrio, así que me da un poco de corte salir, de todas formas tomo aire y salgo para buscar a María. Aunque llego 5 minutos tarde, ella está sobre avisada de que no suelo ser muy puntual.
Llego a su portal tras escuchar varios comentarios tanto de pequeños como de mayores, algunos me hacen sonrojarme.
-¿Está María? – pregunto por el telefonillo tras llamar a su piso.
-Hola Belén. – La madre de María me reconoce la voz. – Baja en un momento.
Espero en el mármol de la entrada observando todos los vestidos de los demás, algunos están de lo más conseguidos, aunque otros se nota que son para hacer el tonto.
-Hola. – me sorprende una voz detrás, casi me había olvidado que estaba esperándola. – Me gusta mucho como vas, aunque… ¿Alicia no era rubia?
Parpadeo un par de veces para asimilar lo que tengo delante. María tiene el pelo recogido con una horquilla atrás, un sombrerito verde con una pluma roja, a juego con su pelo.
El traje se reconoce a simple vista, una camiseta verde con las mangas desiguales que dejan ver uno de sus hombros, en la cintura lleva un cinturón con una daga de juguete. Debajo, unas mallas verdes algo más oscuras y unas botas marrones.
-¡Peter pan! ¿Cómo no lo he sabido antes? ¡Pues claro! – Sabía de sobra que era su película favorita desde hacía siglos, pero había estado demasiado atareada como para pararme a pensar en ello.
María sonríe y observa la calle atónita.
-Cuánta gente, ¿no? – dice. - ¿Vamos a por Laura?
Asiento y vamos dirección a su portal. Repito la operación con el portero automático de su casa y baja en pocos minutos. Esta vez me fijo en su atuendo antes de que salga, está ocupada con el móvil.
-Wow. – digo cuando sale.
Parece que María y yo tenemos una cara peculiar porque Laura se ríe y mueve la mano delante de nuestras caras perplejas para llamar nuestra atención.
-¿Qué pasa? – dice todavía con la sonrisa en la cara.
-¡Estás…fantástica! – dice María dando una vuelta a su alrededor.
Laura se sonroja un poco, pero María tiene toda la razón. Laura luce un modelito elegante y a la vez muy sexy. El look de vampira le favorece mucho. Lleva un vestido negro hasta las rodillas y unas botas hasta casi esa altura. Se ha maquillado con un tono bastante pálido, los labios los lleva cubiertos con un color rojo oscuro y la sombra de los ojos les da un aspecto tenebroso.
De pronto noto algo en el estómago. Me acuerdo del bolsillo que Debbie le había puesto y lo abro para encontrarme el móvil. Es un mensaje de Ben.
-La presa está en la madriguera. – dice. Está claro que está en lenguaje clave, aunque no habíamos establecido ninguno. Sonrío y miro el reloj, van a ser las seis y cuarto.
-¿Vamos yendo? – digo sonriendo. Ambas asientes y recorremos el camino hacia mi casa.
En mitad del recorrido nos paramos en un semáforo. Nos ponemos a hablar como si nada cuando veo el pánico retratado en el rostro de María, se ha puesto algo pálida y tiene los ojos muy abiertos clavados en algo que está detrás de mí. Me giro sobresaltada y encuentro a un hombre vestido informal con gafas de sol y una pistola en la mano.
Un escalofrío me recorre la nuca cuando recuerdo en que estamos en carnaval. El personaje me sonríe y yo me doy la vuelta, sin embargo a María no le ha quedado tan claro. Lentamente me dirige la mirada mientras Laura nos mira confusa.
-¿P-podemos ir por el otro… cruce? – dice tragando saliva.
En el momento que Laura se da cuenta de lo que ocurre trata de oprimir su risa mordiéndose la parte de dentro de la mejilla.
Mi parte retorcida del cerebro me dice que podría inventar que queda poco para que el semáforo cambiase de color, quedarme aquí y esperar su reacción, sin embargo se la ve tan asustada que me entran remordimientos.
-Claro. – digo intentando no reírme.
Cuando ya llegamos a la otra acera, no podemos soportarlo más y ambas estallamos en carcajadas ante la perpleja figura de María.
-¿Qué tiene tanta gracia? ¡Tenía un arma en la mano, creía que se iba a poner a pegar tiros de un momento a otro!
-María, ¿En serio no te has dado cuenta? ¡Era de mentira! ¡Estamos en carnaval! – dice Laura recomponiéndose.
María parece unir cabos sueltos y sus mejillas toman un color rosado. De pronto le entra la risa a ella también.
No de nuevo vibrar el móvil y lo miro.
-¿Dónde estáis? – Es Ben otra vez. Estamos a dos calles de mi casa y no sé como va a resultar esto. Tengo los nervios de acero y se me ha cortado la risa en seco.
-Belén, ¿Estás bien? – dice Laura, que ha dejado de reírse hace un rato.
-¿Eh? Sí, sí. ¿Vamos? – digo no muy convencida.
Una vez en el portal, llamo a la puerta y subimos hasta la puerta. La hora de la verdad, sé que más de uno se iba a tirar a degüello a mi yugular o como mínimo pedirán mi cabeza, pero… merecía la pena.
Respiro hondo y llamo dos veces a la puerta. Ben la abre y de pronto un silencio sepulcral se hace en la escalera. El bullicio que había habido hasta ahora dentro del pequeño apartamento se había acabado de golpe. Noto un escalofrío y espero a que alguien diga algo, para romper el hielo.
-Buenos días. – dice Harry, bajito.
Sonrío y le doy un beso en la mejilla. Saco la leche y lleno un vaso.
-¿A qué ha venido eso?
-¿No te puedo dar un beso de buenos días? Qué borde eres.
Harry masculla algo y se levanta para recoger su desayuno. Me encojo de hombros mientras devoro una magdalena.
-¿Qué tal llevas la fiesta?
-¿Esa de la que tu no sabes nada de nada? Bien, sólo me quedan cuatro cosas. Ben va a venir dentro de un rato para ayudarme a acabarlo todo.
Harry frunce el ceño y me mira fijamente, como si le pareciese mal que Ben me ayudara (o más bien el simple hecho de que tuviera contacto con él) pero no dice nada.
Me encojo de hombros y suena el timbre. Abro la puerta sin decir nada y espero a que suba.
-Hola Ben. – le saludo sonriente.
Me devuelve la sonrisa de tal manera que se me erizan los pelos de la nuca. Noto la mirada de Harry clavada en nosotros. Me giro y le veo en posición desafiante, Ben trata de ignorarle.
-Bueno, ¿Por dónde empezamos? – dice intentando no encontrarse con los ojos de Harry.
-Podemos empezar por ahí si quieres, no queda casi nada… - de pronto vuelvo la mirada a Harry de nuevo. – Oye, ¿Te pasa algo?
Harry se encoge de hombros y se va a la cocina, sin embargo sigue sin quitarnos el ojo de encima.
Cuando por fin acabamos, todo está listo para la fiesta. Me quedo bastante contenta con el resultado, así que despido a Ben recordándole la hora del encuentro y cierro la puerta. De nuevo siento que me duele el cuello.
-¿Se puede saber que quieres? – digo girándome para encontrarme con la presencia de mi hermano.
-No me gusta. – dice sin más. Sujeta un vaso de algo que parece zumo por su color.
Arqueo las cejas, incrédula. No hay que ser muy listo para saber quién le había metido esas cosas en la cabeza.
-¿Sabes qué? Estoy harta. – digo mirándole fijamente. – Estoy harta de ti, y de en quien te has convertido. ¡No eres tú! ¿Ha sido él verdad?
-¿Qué estas diciendo? ¿Ha sido quién?
-¡Louis! ¡Es él quién te está metido todas esas paparruchadas en la cabeza! Como le tiene manía a Ben, ahora te ha convencido a ti también. Qué patético. Como con María, ¿verdad? Muy maduro por tu parte huir de los problemas de esa manera, pero para ti es lo más fácil ¿no? – estoy empezando a cabrearme, así que intento contener mi tono de voz.
Él parece sorprendido, he acertado, por lo menos en lo de Louis. Sé de sobras que no lo va a admitir, pero me sale una media sonrisa.
-No sabes lo que dices, de hecho no sabes lo que él me dice sobre Ben, sé cosas que tú no sabes. Pero ¿Sabes qué? Ya te darás cuenta de ellas tú solita. Y sobre lo de María… deberías dejar que las cosas llevaran su curso, por si no te habías dado cuenta estás siempre en medio de los dos.
Touché. Esa me ha dolido, y bastante. ¿Estoy siempre en medio? ¿Cómo se atreve a decir semejante cosa?
-¡Sólo pretendo ayudar! Y que yo recuerde te he salvado el culo más de una vez. – contesto con un alto nivel de irritación en mi voz. - ¿Cómo puedes ser así de desagradecido?
Comenzamos con los malos rollitos. Soy la primera que odia estas cosas, sino no estaría montando semejante tinglado para conseguir aclarar ciertos temas que nos separan.
Intento controlarme y en vez de seguir con la discusión entono un bufido sonoro me voy a mi cuarto a ahogar cuatro gritos, y empiezo a leer, con lo que consigo relajarme un poco. Esto no empezaba bien.
A las 7 de la tarde empieza todo. Saco mi vestido del armario y lo miro, sigue tan bonito como antes. Me lo pongo y le quito algunas arrugas de la falda. Me miro al espejo, está incompleto.
Voy al cajón y saco unos calcetines blancos que llegan hasta las rodillas, me coloco los zapatos negros y voy directa al baño. Ahí me pongo la diadema negra en el pelo con un voluminoso lazo a un lazo y observo el resultado. Mucho mejor.
Me maquillo lo justo y salgo a la calle. Una vez en el portal me doy cuenta del panorama que hay por fuera. Todo el mundo se ha vestido para la ocasión, los pequeños llevan atuendos de los más coloridos y las caras pintadas.
Casi todo el mundo me conoce en el barrio, así que me da un poco de corte salir, de todas formas tomo aire y salgo para buscar a María. Aunque llego 5 minutos tarde, ella está sobre avisada de que no suelo ser muy puntual.
Llego a su portal tras escuchar varios comentarios tanto de pequeños como de mayores, algunos me hacen sonrojarme.
-¿Está María? – pregunto por el telefonillo tras llamar a su piso.
-Hola Belén. – La madre de María me reconoce la voz. – Baja en un momento.
Espero en el mármol de la entrada observando todos los vestidos de los demás, algunos están de lo más conseguidos, aunque otros se nota que son para hacer el tonto.
-Hola. – me sorprende una voz detrás, casi me había olvidado que estaba esperándola. – Me gusta mucho como vas, aunque… ¿Alicia no era rubia?
Parpadeo un par de veces para asimilar lo que tengo delante. María tiene el pelo recogido con una horquilla atrás, un sombrerito verde con una pluma roja, a juego con su pelo.
El traje se reconoce a simple vista, una camiseta verde con las mangas desiguales que dejan ver uno de sus hombros, en la cintura lleva un cinturón con una daga de juguete. Debajo, unas mallas verdes algo más oscuras y unas botas marrones.
-¡Peter pan! ¿Cómo no lo he sabido antes? ¡Pues claro! – Sabía de sobra que era su película favorita desde hacía siglos, pero había estado demasiado atareada como para pararme a pensar en ello.
María sonríe y observa la calle atónita.
-Cuánta gente, ¿no? – dice. - ¿Vamos a por Laura?
Asiento y vamos dirección a su portal. Repito la operación con el portero automático de su casa y baja en pocos minutos. Esta vez me fijo en su atuendo antes de que salga, está ocupada con el móvil.
-Wow. – digo cuando sale.
Parece que María y yo tenemos una cara peculiar porque Laura se ríe y mueve la mano delante de nuestras caras perplejas para llamar nuestra atención.
-¿Qué pasa? – dice todavía con la sonrisa en la cara.
-¡Estás…fantástica! – dice María dando una vuelta a su alrededor.
Laura se sonroja un poco, pero María tiene toda la razón. Laura luce un modelito elegante y a la vez muy sexy. El look de vampira le favorece mucho. Lleva un vestido negro hasta las rodillas y unas botas hasta casi esa altura. Se ha maquillado con un tono bastante pálido, los labios los lleva cubiertos con un color rojo oscuro y la sombra de los ojos les da un aspecto tenebroso.
De pronto noto algo en el estómago. Me acuerdo del bolsillo que Debbie le había puesto y lo abro para encontrarme el móvil. Es un mensaje de Ben.
-La presa está en la madriguera. – dice. Está claro que está en lenguaje clave, aunque no habíamos establecido ninguno. Sonrío y miro el reloj, van a ser las seis y cuarto.
-¿Vamos yendo? – digo sonriendo. Ambas asientes y recorremos el camino hacia mi casa.
En mitad del recorrido nos paramos en un semáforo. Nos ponemos a hablar como si nada cuando veo el pánico retratado en el rostro de María, se ha puesto algo pálida y tiene los ojos muy abiertos clavados en algo que está detrás de mí. Me giro sobresaltada y encuentro a un hombre vestido informal con gafas de sol y una pistola en la mano.
Un escalofrío me recorre la nuca cuando recuerdo en que estamos en carnaval. El personaje me sonríe y yo me doy la vuelta, sin embargo a María no le ha quedado tan claro. Lentamente me dirige la mirada mientras Laura nos mira confusa.
-¿P-podemos ir por el otro… cruce? – dice tragando saliva.
En el momento que Laura se da cuenta de lo que ocurre trata de oprimir su risa mordiéndose la parte de dentro de la mejilla.
Mi parte retorcida del cerebro me dice que podría inventar que queda poco para que el semáforo cambiase de color, quedarme aquí y esperar su reacción, sin embargo se la ve tan asustada que me entran remordimientos.
-Claro. – digo intentando no reírme.
Cuando ya llegamos a la otra acera, no podemos soportarlo más y ambas estallamos en carcajadas ante la perpleja figura de María.
-¿Qué tiene tanta gracia? ¡Tenía un arma en la mano, creía que se iba a poner a pegar tiros de un momento a otro!
-María, ¿En serio no te has dado cuenta? ¡Era de mentira! ¡Estamos en carnaval! – dice Laura recomponiéndose.
María parece unir cabos sueltos y sus mejillas toman un color rosado. De pronto le entra la risa a ella también.
No de nuevo vibrar el móvil y lo miro.
-¿Dónde estáis? – Es Ben otra vez. Estamos a dos calles de mi casa y no sé como va a resultar esto. Tengo los nervios de acero y se me ha cortado la risa en seco.
-Belén, ¿Estás bien? – dice Laura, que ha dejado de reírse hace un rato.
-¿Eh? Sí, sí. ¿Vamos? – digo no muy convencida.
Una vez en el portal, llamo a la puerta y subimos hasta la puerta. La hora de la verdad, sé que más de uno se iba a tirar a degüello a mi yugular o como mínimo pedirán mi cabeza, pero… merecía la pena.
Respiro hondo y llamo dos veces a la puerta. Ben la abre y de pronto un silencio sepulcral se hace en la escalera. El bullicio que había habido hasta ahora dentro del pequeño apartamento se había acabado de golpe. Noto un escalofrío y espero a que alguien diga algo, para romper el hielo.
8/4/12
Capítulo 43, parte I
Todavía con el plan en la cabeza y dudando seriamente de su eficacia, doy media vuelta en la cama y consigo conciliar el sueño por lo menos durante unas horas.
Queda un día. Tengo ese día para organizarlo todo y nada más levantarme ya tengo los nervios a flor de piel. Ben acordó conmigo en pasarse cuando acabara el turno para echarme una mano, y la verdad que no me vendría nada mal.
-¿Qué haces? – dice mi madre desde el sofá al verme pulular a un ritmo frenético de un lado a otro de la casa transportando toda clase de adornos.
-Es para esta noche, la fiesta.
-Ah, sí. – se lo conté en cuanto llegó a casa y le pareció una idea magnífica, así que nos dejará la casa libre para que hagamos lo que queramos, aunque siempre con el dedito levantado me había advertido que tuviéramos cuidado. - ¿Se lo has dicho a tu hermano?
Me quedo parada un momento y repaso los actos que había hecho la noche anterior después de que Ben se marchara. No, no se lo había dicho.
Justo cuando empiezo a pensar en como convencerlo Harry asoma su malhumorado jeto por la puerta de su habitación.
-¿A qué viene tanto jaleo, si se puede saber? – dice frunciendo el ceño.
Sonrío nerviosa y tartamudeo.
-N-no te lo puedo decir. – miento mordiéndome el labio y mirando a mi madre en busca de algo de ayuda.
Harry arquea una ceja y se acerca con sigilo como si estuviera pensando algo. De pronto se da cuenta de todos los abalorios que cuelgan de la pared.
-¿Qué planeas? – dice mirándome.
-Es una fiesta.
-¿Para qué?
¿Se lo digo? Quizá así sería más fácil. Sólo tendría que decirle que se hiciera el sorprendido y así me aseguraría su asistencia a la fiesta. Vacilo un momento y suspiro como si me decepcionara tener que decirlo. Va a ser el numerito de mi vida.
-Se supone que no te puedo decir nada… - chasque la lengua y miro al suelo. – Es por tu cumple, los chicos pensaron en hacerte una fiesta porque en febrero tuvieron muchos exámenes y no pudieron hacer nada, así que aprovechan carnaval para… hacer esto.
Harry no parece sorprendido aunque después de un rato aguantándome la mirada se ríe y asiente.
-Pero tú no sabes nada, ¿Vale? Se supone que es cosa de ellos y es sorpresa, así que intenta parecer sorprendido cuando entres… o algo. – le digo volviendo a los adornos.
-Y si es cosa de los chicos, ¿Qué haces tú montándolo todo?
Trago saliva y me giro riéndome, tomándome esos segundos para pensar rápidamente en algo.
-Bueno, es nuestra casa, sería raro que estuvieran ellos montándolo, ¿no? – No es muy convincente, pero servirá.
Asiente no muy convencido y va a la cocina a por un vaso de zumo. Suspiro y Ben llega a tiempo para ayudarme con el resto de trajines.
Sigo sin ningún sobresalto hasta el día siguiente. Me pongo en marcha desde primera hora, todo tiene que quedar perfecto.
Lo primero, llamo a María.
-¡Buenos días!
-Que alegrías llevas, ¿no? ¿Qué tienes en mente? – sabe de sobra que tengo algo rondándome en la cabeza.
-Esta tarde, a las 5 y media en mi casa. ¿Te paso a buscar?
-Vale, así vamos a por las bebidas. – dice riéndose.
-Te veo ahí pues. ¡Hasta luego! – cuelgo tan feliz y sigo citando al resto de la gente.
Quedo con los chicos a las 6 en casa, como he quedado con María a las 5 y pico y nos encontraremos con Laura de camino, no creo que se encuentren. He asegurado a cada uno que no irá aquella persona que le incomoda, aunque sea una mentira como un templo.
Si me descubrían, lo que al final iba a resultar inevitable, podían ocurrir dos cosas: O que hubiera un enfado general, lo cual era bastante probable o que acabáramos arreglando las cosas… lo cual me mantenía con esperanzas.
Continuará…
Queda un día. Tengo ese día para organizarlo todo y nada más levantarme ya tengo los nervios a flor de piel. Ben acordó conmigo en pasarse cuando acabara el turno para echarme una mano, y la verdad que no me vendría nada mal.
-¿Qué haces? – dice mi madre desde el sofá al verme pulular a un ritmo frenético de un lado a otro de la casa transportando toda clase de adornos.
-Es para esta noche, la fiesta.
-Ah, sí. – se lo conté en cuanto llegó a casa y le pareció una idea magnífica, así que nos dejará la casa libre para que hagamos lo que queramos, aunque siempre con el dedito levantado me había advertido que tuviéramos cuidado. - ¿Se lo has dicho a tu hermano?
Me quedo parada un momento y repaso los actos que había hecho la noche anterior después de que Ben se marchara. No, no se lo había dicho.
Justo cuando empiezo a pensar en como convencerlo Harry asoma su malhumorado jeto por la puerta de su habitación.
-¿A qué viene tanto jaleo, si se puede saber? – dice frunciendo el ceño.
Sonrío nerviosa y tartamudeo.
-N-no te lo puedo decir. – miento mordiéndome el labio y mirando a mi madre en busca de algo de ayuda.
Harry arquea una ceja y se acerca con sigilo como si estuviera pensando algo. De pronto se da cuenta de todos los abalorios que cuelgan de la pared.
-¿Qué planeas? – dice mirándome.
-Es una fiesta.
-¿Para qué?
¿Se lo digo? Quizá así sería más fácil. Sólo tendría que decirle que se hiciera el sorprendido y así me aseguraría su asistencia a la fiesta. Vacilo un momento y suspiro como si me decepcionara tener que decirlo. Va a ser el numerito de mi vida.
-Se supone que no te puedo decir nada… - chasque la lengua y miro al suelo. – Es por tu cumple, los chicos pensaron en hacerte una fiesta porque en febrero tuvieron muchos exámenes y no pudieron hacer nada, así que aprovechan carnaval para… hacer esto.
Harry no parece sorprendido aunque después de un rato aguantándome la mirada se ríe y asiente.
-Pero tú no sabes nada, ¿Vale? Se supone que es cosa de ellos y es sorpresa, así que intenta parecer sorprendido cuando entres… o algo. – le digo volviendo a los adornos.
-Y si es cosa de los chicos, ¿Qué haces tú montándolo todo?
Trago saliva y me giro riéndome, tomándome esos segundos para pensar rápidamente en algo.
-Bueno, es nuestra casa, sería raro que estuvieran ellos montándolo, ¿no? – No es muy convincente, pero servirá.
Asiente no muy convencido y va a la cocina a por un vaso de zumo. Suspiro y Ben llega a tiempo para ayudarme con el resto de trajines.
Sigo sin ningún sobresalto hasta el día siguiente. Me pongo en marcha desde primera hora, todo tiene que quedar perfecto.
Lo primero, llamo a María.
-¡Buenos días!
-Que alegrías llevas, ¿no? ¿Qué tienes en mente? – sabe de sobra que tengo algo rondándome en la cabeza.
-Esta tarde, a las 5 y media en mi casa. ¿Te paso a buscar?
-Vale, así vamos a por las bebidas. – dice riéndose.
-Te veo ahí pues. ¡Hasta luego! – cuelgo tan feliz y sigo citando al resto de la gente.
Quedo con los chicos a las 6 en casa, como he quedado con María a las 5 y pico y nos encontraremos con Laura de camino, no creo que se encuentren. He asegurado a cada uno que no irá aquella persona que le incomoda, aunque sea una mentira como un templo.
Si me descubrían, lo que al final iba a resultar inevitable, podían ocurrir dos cosas: O que hubiera un enfado general, lo cual era bastante probable o que acabáramos arreglando las cosas… lo cual me mantenía con esperanzas.
Continuará…
4/4/12
Capítulo 42
Sugerencia musical: One of the brightest Stars - James Blunt
Miro a María perpleja y sonrío ante su extrema felicidad preguntándome en silencio cual será el motivo.
-¿Te acuerdas que te dije que mi hermano se iba? ¡Ha decidido quedarse una temporada más! Le he hecho admitir que me echaría de menos más que yo a él y dice que tampoco se está tan mal aquí, y que les está empezando a caer bien a los amigos de un amigo suyo que vive aquí, así que de momento se queda, aunque no sé por cuanto. – dice con un tono melódico.
-¡Cuánto me alegro! – digo sonriente. - ¿Quieres pasar? Hay té recién hecho.
-Me encantaría.
Al entrar el olor a café, a galletas y a té inunda la habitación. A mi madre le encanta desayunar, así que nunca nos falta de nada en la mesa a esas horas. Sobre todo dulces y tostadas con mermeladas de todas las clases.
De pronto Harry aparece con aire desinteresado y se peina el pelo con una mano y coge una rebanada de pan con la otra, sin decir nada. Ni siquiera se ha percatado de la presencia de María, y si se ha dado cuenta, no se ha molestado en saludar.
-B-buenos días. – digo insegura de su reacción.
-Buenos días. – ladra mientras mastica la tostada con ganas. Coge una taza de café y la remueve con ganas.
María me mira confusa. No sabe muy bien de que va el tema, pero no se esperaba la interpretación que Harry nos estaba dando esta mañana. Ni siquiera le había hecho nada, dentro de lo que cabe.
-¿Qué pasa? – pregunta ella con voz débil.
Él se encoge de hombros acabándose el desayuno y se coloca la chaqueta para salir.
-¿Dónde vas? – digo intentando tranquilizar a María con la mirada. Todavía no sabe lo que pasó dos noches atrás. Cada vez que lo recuerdo, más asco me dan los dos.
-A dar una vuelta, he quedado con Louis. – contesta secamente.
Me revuelve el pelo toscamente antes de irse y sin decir una palabra sale por la puerta entonando un leve portazo.
-Eh… ¿Alguien me puede explicar que acaba de pasar exactamente? – dice María algo incrédula por lo que acaba de pasar.
Carraspeo para evitar un silencio incómodo y la miro con cara de circunstancia, no sé por donde empezar, pero tendré que decirlo de todos modos, ya que Harry no iba a decir nada.
-Verás… Es como una especie de venganza, está dolido por lo que hiciste y se está comportando como un crío de seis años.
María entorna las cejas, como si le sonara a chiste.
-Y no sólo eso. El otro día él y Louis acabaron borrachos como cubas y acompañados por algunas señoritas que ni siquiera conocían. – digo algo molesta por mis propias palabras. Todavía no me creía el comportamiento que habían tenido.
María no contesta, no da crédito a mis palabras. Normal, cualquiera hubiese dicho que con lo dulce y cálido que estuvo con ella en cuanto se lo contó, que después se comporte de esta forma no es algo… corriente.
Nunca le había visto comportarse así. De hecho no es propio de él, y me suena que alguien ha metido el hocico en la situación.
-¿Sabes? Pero esto no se queda así. Voy a tener unas palabritas con alguien. – digo acabándome la taza de té y con la mirada fija en ella.
-Me pinchan ahora mismo y no me sale sangre. – dice María por fin. – Pero… ¿Por qué?
Ahoga un gemido de queja y empieza a juguetear con sus manos, sintiéndose culpable por lo ocurrido.
-Hey… - le murmuró. – No, no quiero que te sientas culpable por esto. Ni se te ocurra.
Demasiado tarde, las lágrimas se desbordan por sus ojos. Me siento impotente, así que la rodeo con mis brazos y trato de calmarla.
La mañana transcurre bastante tranquila y cuando miro el reloj me doy cuenta de que tengo que recoger el vestido de la tienda. María regresa a su casa con peor ánimo del que había venido, aunque todavía no sabe nada de la fiesta.
Suspiro aliviada al ver que no llego tarde, la tienda sigue con el cartelito de abierto colgado en el cristal y la amable mujer dobla con cuidado unos vestidos verdes detrás de él.
Entro haciendo tintinear las campanillas de la entrada y la miro sonriente. Al verme, me reconoce enseguida y sin decir nada va a paso ligero hacia el almacén.
-Hola. – me sobresalta una voz. Pego un estúpido saltito y se ríe. Esa peculiar risa aterciopelada.
-Hola, Ben.
-¿Vienes a por el vestido? – me pregunta colocando sus manos alrededor de mis hombros.
Asiento y veo a la mujercilla, que por lo que me ha contado Ben se llama Debbie, salir del almacén con una sonrisilla asomándole por las comisuras.
-¿Qué me traes? – le digo sin poder contener otra sonrisa.
-A ver si te gusta, estoy contenta de cómo ha quedado. – de pronto saca detrás de su espalda un precioso vestido azul cielo, hasta la rodilla con un delantalito de gasa blanca y un lacito negro, no muy pequeño en la cintura. Las mangas son abombadas y el cuello de barco.
Me quedo tan asombrada por el resultado que tengo llevarme la mano a la boca. Es realmente bonito.
-Vamos, pruébatelo. – me anima Ben observando atónito el vestido
Al minuto salgo del probador y veo el asombro dibujado en sus caras.
-¿Qué pasa? – pregunto buscando un espejo como loca.
-Estás de escándalo. – musita Ben
Me sonrojo levemente y encuentro el espejo. No me reconozco frente el espejo. La verdad que es muy bonito. Sonrío alagada y felicito a Debbie por su trabajo, con semejante vestido, la fiesta no podía salir mal.
Le pago lo que cuesta aquella maravilla y salgo más feliz que unas pascuas. Oigo de nuevo las campanillas y me giro.
-¡Eh! ¿Y mi café? – dice Ben con una sonrisa.
-¡Todavía estás trabajando! – le digo metros más adelante.
-¡Debbie me deja salir pronto! – dice haciéndome un gesto con el que me comunica que sale enseguida.
Un minuto después vuelve a salir con la chaqueta puesta y mirando el móvil.
-¿Y eso? Todavía te queda media hora de jornada.
-La haré mañana, tú eres un plan más entretenido.
Me río y paso por casa a dejar el vestido. No me acordaba lo bien que lo pasaba con Ben cuando quedábamos. Es un chico muy gracioso y siempre estoy riéndome cuando estoy con el, es muy agradable tenerlo cerca, pero… ¿De verdad siento algo por él? Desde luego no tenía ni punto de comparación con lo que sentía por Louis.
-¿Esa no es Laura? – pienso para mí misma. Sería la primera en enterarse de la fiesta. De pronto sonrío. Se me ha ocurrido la idea perfecta para juntarlos.
-¡Soy un genio! – digo sin querer en voz alta. Ben me mira raro. – P-perdón. Me tengo que ir, tengo una cosa que hacer. ¿Te llamo otro día? Me lo he pasado muy bien hoy.
Ben se levanta y coge sus cosas.
-Claro, cuando quieras. Yo también me lo he pasado muy bien.
De pronto surge un momento incómodo. Muy incómodo. ¿Le beso? ¿Le doy dos besos o un abrazo? Siento que me pesa la presión cuando el me da un dulce beso en la frente. Suspiro aliviada y me fijo en lo bien que huele, podría ser mi hermano por la forma en la que me rodea con sus brazos, me hace sentir tan segura..
-¿No tenías que irte? – dice al ver que hundo la cabeza en su pecho, no quiero despegarme de él.
-¿Eh? Oh… sí… ¿Me puedes acompañar? – Lo sé, pero no quiero que se vaya todavía, me hace demasiada falta para no sentirme tan sola.
Asiente y me ofrece la mano contoneando los dedos como si me incitara a que se la estrujase. Sonrío y la tomo.
-Bueno, ¿Qué quieres hacer?
-Engañar a unos palurdos para juntarlos en un mismo sitio. – digo sin más.
Asiente aturdido y me acompaña a casa. No hay nadie, con lo cual podemos instalarnos ahí sin problemas.
-¿Por dónde quieres empezar? – dice sentándose en el sofá.
-Cocacolas, y después hablamos.
-Me parece bien. – contesta sonriente. Siempre tiene una sonrisa que dedicarme, es tan dulce.
Después de estar cavilando planes durante algún rato, decidimos pasar a la acción, íbamos a empezar a concretar fechas, lugares y horas, todo tenía que salir milimétrico o acabaríamos, o más bien yo acabaría en un lío.
-¿María? – digo con el teléfono en altavoz. – Mira que tenía pensado quedar para carnaval, las tres. Laura, tú y yo. ¿Qué te parece?
-Ah, bueno. Por mí genial. ¿Viene alguien más? – pregunta algo aturdida.
Ben me hace una señal para que diga que no lo sé todavía, pero que es probable que no.
-Ni idea, pero no creo que venga nadie más, estos tienen planes ya. – digo, mintiendo más bien mal.
-Genial, pues se lo diré a Laura. Nos vemos entonces.
Fantástico, una menos. Repetimos el proceso con los otros, diciéndoles que es una fiesta para Harry, ya que no pudimos hacer nada especial para su cumple.
Ninguno pone demasiadas pegas. A Harry le convencería en cuanto llegara a casa. Choco los cinco con Ben en acto de satisfacción y me río.
-Por fin. – digo recostándome en el sofá.
Parecía imposible, pero lo había conseguido, había logrado reunirlos a todos. Pero todavía no podía cantar victoria, pues quedaba lo más importante: que llegara el día de la verdad.
1/4/12
Capítulo 41
Con todavía el ego por las nubes el pánico empieza a inundarme. Me doy cuenta de que Harry tiene razón, tengo que ser muy buena para conseguir meterlos a todos en un mismo sitio…
¿Cómo iba a hacer eso?
Tenía una semana entera para pensarlo, pero debía darme prisa. Lo primero es lo primero, y siendo carnaval… ¡Disfraces! Pienso un momento y me acuerdo de una pequeña tienda que no está muy lejos.
Al llegar miro el escaparate y abro la puerta. No es una tienda de disfraces, es una tienda de vestidos, pero tenía en la cabeza lo que quería y me lo iba a preparar yo misma.
-Buenos días. – saludo al entrar con una peculiar voz de niña pequeña. La señora que se sienta tras en mostrador levanta la mirada del vestido que sujeta entre las manos y sonríe.
-Hola, ¿En qué puedo ayudarte? – contesta levantándose.
De pronto se escucha un estruendo en la trastienda. La mujer parece desconcertada y frunce el ceño.
-¡Estoy bien! – dice una voz masculina.
La mujer suspira profundamente con indignación y se acerca a mí. Tendrá unos 50 años, pero se conserva bastante bien.
-Dime.
-Eh, verá, estaba pensando… Estaba buscando un vestido para carnaval. Es decir, tenía pensado vestirme de algo, pero pensaba hacerlo yo misma. – parece gustarle mi idea y sin pronunciar una sola palabra entra en la trastienda y sale con varios libros grandes.
Me acerco con cautela y reposo los brazos en el mostrador mientras ella va pasando cuidadosamente las páginas, como si les tuviera bastante cariño.
-¿Qué tienes pensado? – dice parándose en una de las hojas.
Suspiro y dejo de mirar embobada los diseños que hay dibujados en las páginas.
-Pues la verdad… Me gustaría un vestido azul, azul claro.
-¿Cenicienta?
-Alicia, más bien. Alicia en el país de las maravillas. – contesto con una gran sonrisa.
-Ahora vengo. – dice ella devolviéndome la sonrisa y desapareciendo en la trastienda de nuevo. Me quedo en el mostrador, golpeando rítmicamente el cristal con los dedos.
Comienzo a fijarme en todos los abalorios, hilos de todos los colores, telas, y distintos artilugios que hay en la tienda hasta que un escándalo cerca de mi me distrae.
Un muchacho rubio ha tirado todo un repertorio de cuentas blancas por el suelo. No puedo verle la cara, pero aquel pelo me resulta familiar.
-Deja que te ayude. – le digo en voz baja.
-¡Eres un inútil! ¿No sabes tener más cuidado? Oh, querida, déjalo, no importa. – dice la señora atacada.
-No se preocupe, no me importa.
-Da igual, lo recojo en un momen… ¿Belén?
-¿Ben? – digo sonriendo al encontrarme con sus ojos. Noto como se me forma un nudo en la garganta. Hacía siglos que no lo veía.
La relación que mantenemos Ben y yo es algo complicada. Él me… me gusta, sólo un poquito, y creo que a él también, de hecho ha habido algún beso que otro entre nosotros, pero tampoco tenemos una relación amorosa, que se pueda decir.
-No sabía que trabajaras aquí. – digo recogiendo las últimas bolitas del suelo y dejándolas caer en un recipiente que sujeta él. – Q-qué sorpresa…
Me abruma la manera que tiene de mirarme y no puedo evitar sonrojarme.
-Sí, llevo un tiempo aquí, apra pagarme los estudios, pero no están muy contentos conmigo… - dice rescándose la nuca.
La mujer anda con paso decidido hacia él y le arranca la cajita de las manos para ponerla en un lugar lejos de su alcance.
-Desde luego, si sigue así le va a durar poco el trabajo... – comenta mientras vuelve al mostrador. - ¿Has visto algo que te guste?
Miro de reojo algunas páginas hasta que lo veo.
-Ese no estaría nada mal. –digo señalándolo con el dedo.
La dueña sonríe y cierra el libro de golpe, casi llevándose mi dedo con él.
-Creo que podemos apañarlo. – dice sacando un ejemplar del almacén. – podría añadirle unas cosas. Estaría para mañana.
-¡Genial! – digo encantada. – Me pasaré a por él mañana entonces.
Me despido y salgo de la tienda, prometiéndole a Ben que tomaría algo con él después de recogerlo.
Vuelvo a casa con una sonrisa todavía dibujada en la cara, como una idiota.
-Hola. – dice una voz ronca.
El grito que pronuncio resuena en las cuatro paredes. Harry se tapa los oídos como si hubiera habido una explosión y mi mira irritado.
-¿Estás loca? Joder, mi cabeza…
-¡¿Estás loco tú?! ¡Casi me muero del susto! Pensaba que no había nadie en casa. – digo dejando con poco cuidado el bolso en el sillón.
Harry entorna una sonrisa y coge el vaso lleno de una bebida roja, algo espesa. Había olvidado que tenía una resaca que no podía con ella.
-No le encuentro la gracia. - le digo acercándome a la cocina. - ¿Qué tal está Louis?
-Por poco le da un coma etílico, sino fuera porque una de las chicas con las que íbamos anoche le convenció para que dejara de beber. – dice como si fuera la cosa más normal del mundo.
No sé que me escandaliza más, el que hayan bebido hasta perder la consciencia o el que… Un momento, ¿De qué chicas me estaba hablando?
-¿Chicas? ¿Qué chicas? – pregunto.
Harry se ríe y vuelve a dar un trago a su vaso.
-Respóndeme.
-Unas que conocimos anoche, nada más. – dice quitándole importancia.
-Nada más no. No se si recordarás, pero tienes una novia. Y Louis… bueno, Louis me da igual. – intento parecer lo más indiferente que puedo, pero se me nota bastante el cabreo que llevo encima, no sólo por Harry sino también por Louis.
-¿Y qué? Ella se lio con Zayn. ¿No puedo soltarme la melena yo también aunque sea una vez?
Me quedo atónita ante la frase que acaba de soltar. ¿Cómo puede pensar eso? María no lo hizo a conciencia, de hecho fue algo que simplemente surgió, pero Harry lo había hecho a mala idea, por, de alguna forma, despecho.
Me dan ganas de cruzarle la cara, sin embargo me limito a emitir un extraño gruñido y desaparecer por el pasillo hasta mi cuarto.
-¡Tíos! ¡Todos sois iguales! ¡No os soporto! – grito tras la puerta.
Él se limita a levantar los hombros y acabar su bebida, como si no le importara.
Amanezco al día siguiente de lo más cabreada con el mundo, uno de esos días que todo te parece mal.
-Buenos días. – dice mi madre con voz dulce.
Le contesto con un bufido y desayuno lo primero que pillo, ni siquiera tengo el estómago como para que me entre algo de comida. Nadie pregunta nada, no es que sea algo peculiar en mi, de hecho no es la primera vez que pasa.
Antes de que pueda soltar algún improperio más, llaman al timbre.
-Cariño, es María, está esperando abajo. – Mi madre me mira con cautela, como si le fuese a morder en cualquier momento. Aparto la mirada de la taza humeante que hay delante de mí y suspiro.
-Dile que suba. – le digo levantándome de mi sitio. ¿Qué hará aquí a estas horas?
Cuando veo aparecer su melenita pelirroja por la escalera se me escapa una risilla, al subir dando saltitos el flequillo le vota como un muelle. Cuando me ve en la puerta no puede hacer otra cosa que echarse a reír. Parece estar muy contenta, lo que complementa mi pésimo estado de ánimo.
-¡No te vas a creer lo que te tengo que contar! – dice emocionada.
Continuará...
¿Cómo iba a hacer eso?
Tenía una semana entera para pensarlo, pero debía darme prisa. Lo primero es lo primero, y siendo carnaval… ¡Disfraces! Pienso un momento y me acuerdo de una pequeña tienda que no está muy lejos.
Al llegar miro el escaparate y abro la puerta. No es una tienda de disfraces, es una tienda de vestidos, pero tenía en la cabeza lo que quería y me lo iba a preparar yo misma.
-Buenos días. – saludo al entrar con una peculiar voz de niña pequeña. La señora que se sienta tras en mostrador levanta la mirada del vestido que sujeta entre las manos y sonríe.
-Hola, ¿En qué puedo ayudarte? – contesta levantándose.
De pronto se escucha un estruendo en la trastienda. La mujer parece desconcertada y frunce el ceño.
-¡Estoy bien! – dice una voz masculina.
La mujer suspira profundamente con indignación y se acerca a mí. Tendrá unos 50 años, pero se conserva bastante bien.
-Dime.
-Eh, verá, estaba pensando… Estaba buscando un vestido para carnaval. Es decir, tenía pensado vestirme de algo, pero pensaba hacerlo yo misma. – parece gustarle mi idea y sin pronunciar una sola palabra entra en la trastienda y sale con varios libros grandes.
Me acerco con cautela y reposo los brazos en el mostrador mientras ella va pasando cuidadosamente las páginas, como si les tuviera bastante cariño.
-¿Qué tienes pensado? – dice parándose en una de las hojas.
Suspiro y dejo de mirar embobada los diseños que hay dibujados en las páginas.
-Pues la verdad… Me gustaría un vestido azul, azul claro.
-¿Cenicienta?
-Alicia, más bien. Alicia en el país de las maravillas. – contesto con una gran sonrisa.
-Ahora vengo. – dice ella devolviéndome la sonrisa y desapareciendo en la trastienda de nuevo. Me quedo en el mostrador, golpeando rítmicamente el cristal con los dedos.
Comienzo a fijarme en todos los abalorios, hilos de todos los colores, telas, y distintos artilugios que hay en la tienda hasta que un escándalo cerca de mi me distrae.
Un muchacho rubio ha tirado todo un repertorio de cuentas blancas por el suelo. No puedo verle la cara, pero aquel pelo me resulta familiar.
-Deja que te ayude. – le digo en voz baja.
-¡Eres un inútil! ¿No sabes tener más cuidado? Oh, querida, déjalo, no importa. – dice la señora atacada.
-No se preocupe, no me importa.
-Da igual, lo recojo en un momen… ¿Belén?
-¿Ben? – digo sonriendo al encontrarme con sus ojos. Noto como se me forma un nudo en la garganta. Hacía siglos que no lo veía.
La relación que mantenemos Ben y yo es algo complicada. Él me… me gusta, sólo un poquito, y creo que a él también, de hecho ha habido algún beso que otro entre nosotros, pero tampoco tenemos una relación amorosa, que se pueda decir.
-No sabía que trabajaras aquí. – digo recogiendo las últimas bolitas del suelo y dejándolas caer en un recipiente que sujeta él. – Q-qué sorpresa…
Me abruma la manera que tiene de mirarme y no puedo evitar sonrojarme.
-Sí, llevo un tiempo aquí, apra pagarme los estudios, pero no están muy contentos conmigo… - dice rescándose la nuca.
La mujer anda con paso decidido hacia él y le arranca la cajita de las manos para ponerla en un lugar lejos de su alcance.
-Desde luego, si sigue así le va a durar poco el trabajo... – comenta mientras vuelve al mostrador. - ¿Has visto algo que te guste?
Miro de reojo algunas páginas hasta que lo veo.
-Ese no estaría nada mal. –digo señalándolo con el dedo.
La dueña sonríe y cierra el libro de golpe, casi llevándose mi dedo con él.
-Creo que podemos apañarlo. – dice sacando un ejemplar del almacén. – podría añadirle unas cosas. Estaría para mañana.
-¡Genial! – digo encantada. – Me pasaré a por él mañana entonces.
Me despido y salgo de la tienda, prometiéndole a Ben que tomaría algo con él después de recogerlo.
Vuelvo a casa con una sonrisa todavía dibujada en la cara, como una idiota.
-Hola. – dice una voz ronca.
El grito que pronuncio resuena en las cuatro paredes. Harry se tapa los oídos como si hubiera habido una explosión y mi mira irritado.
-¿Estás loca? Joder, mi cabeza…
-¡¿Estás loco tú?! ¡Casi me muero del susto! Pensaba que no había nadie en casa. – digo dejando con poco cuidado el bolso en el sillón.
Harry entorna una sonrisa y coge el vaso lleno de una bebida roja, algo espesa. Había olvidado que tenía una resaca que no podía con ella.
-No le encuentro la gracia. - le digo acercándome a la cocina. - ¿Qué tal está Louis?
-Por poco le da un coma etílico, sino fuera porque una de las chicas con las que íbamos anoche le convenció para que dejara de beber. – dice como si fuera la cosa más normal del mundo.
No sé que me escandaliza más, el que hayan bebido hasta perder la consciencia o el que… Un momento, ¿De qué chicas me estaba hablando?
-¿Chicas? ¿Qué chicas? – pregunto.
Harry se ríe y vuelve a dar un trago a su vaso.
-Respóndeme.
-Unas que conocimos anoche, nada más. – dice quitándole importancia.
-Nada más no. No se si recordarás, pero tienes una novia. Y Louis… bueno, Louis me da igual. – intento parecer lo más indiferente que puedo, pero se me nota bastante el cabreo que llevo encima, no sólo por Harry sino también por Louis.
-¿Y qué? Ella se lio con Zayn. ¿No puedo soltarme la melena yo también aunque sea una vez?
Me quedo atónita ante la frase que acaba de soltar. ¿Cómo puede pensar eso? María no lo hizo a conciencia, de hecho fue algo que simplemente surgió, pero Harry lo había hecho a mala idea, por, de alguna forma, despecho.
Me dan ganas de cruzarle la cara, sin embargo me limito a emitir un extraño gruñido y desaparecer por el pasillo hasta mi cuarto.
-¡Tíos! ¡Todos sois iguales! ¡No os soporto! – grito tras la puerta.
Él se limita a levantar los hombros y acabar su bebida, como si no le importara.
Amanezco al día siguiente de lo más cabreada con el mundo, uno de esos días que todo te parece mal.
-Buenos días. – dice mi madre con voz dulce.
Le contesto con un bufido y desayuno lo primero que pillo, ni siquiera tengo el estómago como para que me entre algo de comida. Nadie pregunta nada, no es que sea algo peculiar en mi, de hecho no es la primera vez que pasa.
Antes de que pueda soltar algún improperio más, llaman al timbre.
-Cariño, es María, está esperando abajo. – Mi madre me mira con cautela, como si le fuese a morder en cualquier momento. Aparto la mirada de la taza humeante que hay delante de mí y suspiro.
-Dile que suba. – le digo levantándome de mi sitio. ¿Qué hará aquí a estas horas?
Cuando veo aparecer su melenita pelirroja por la escalera se me escapa una risilla, al subir dando saltitos el flequillo le vota como un muelle. Cuando me ve en la puerta no puede hacer otra cosa que echarse a reír. Parece estar muy contenta, lo que complementa mi pésimo estado de ánimo.
-¡No te vas a creer lo que te tengo que contar! – dice emocionada.
Continuará...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)