20/4/12

Capítulo 44

Al tragar saliva puedo oír perfectamente el sonido que emite al bajar por mi garganta. Es incómodo, muy incómodo. Y ¿qué hago en los momentos incómodos?

Reír.

Lo peor que se puede hacer en esos casos, pero cuando me quiero dar cuenta, de mi garganta brota una risita, bastante ridícula, pero no se queda ahí. ¿Qué tiene de gracioso? Puedo sentir las miradas de todos en mí y queman como el fuego.

-L-lo siento. – murmuro mordiéndome el labio.

-¡Tiene gracia! Ha sido una sorpresa bastante grande para todos, ¿no? Pero ya que estáis aquí pasad, pasad, no os quedéis ahí en el rellano. – dice Ben. Muevo los labios en forma de ‘Gracias’ y espero a que entren todos.

Pero hay alguien que no quiere entrar, parece haberse petrificado.

-¿Estás bien? – le digo a María.

Parpadea un par de veces, mirando fijamente la puerta.

-S-sí. – dice recuperando la movilidad, de pronto me mira. – No puedo.

Suspiro y le coloco una mano en la espalda.

-Puedes. Demuéstrale que eres más fuerte que él, es su punto débil. – le contesto guiñándole un ojo para darle ánimo.

Sonríe y toma aire. Entro detrás de ella y el ambiente parece haberse calmado un poco, aunque se han dividido en dos grupos y de vez en cuando, uno de ellos lanza miradas furtivas a algún componente del otro grupo.

No sé dónde ponerme, ¿tendría que partirme en dos? De pronto noto un pequeño empentón el en hombro que me saca de mis pensamientos.

-¿Te pongo algo? – dice la dulce voz de Ben. Desde el principio parece el más dispuesto a colaborar, y eso me tranquiliza. Por primera vez en toda la fiesta me fijo en el vestuario.

Ben lleva un traje que reconozco a primera vista. Es de una película, de la naranja mecánica para ser más exactos. Luce un gracioso bombín negro en la cabeza, una camisa blanca impoluta con varios botones desabrochados y unos pantalones negros y unos zapatos a juego.

Lo que más destaca de su atuendo son los ojos. Las largas pestañas que decoran su ojo derecho hacen que parezcan más profundos de lo que son.

Niego con la cabeza a su propuesta y comienzo por inspeccionar a los presentes, con tanto ajetreo ni siquiera me había fijado.
Observo primero al grupo que se ha formado donde están las chicas, están sentadas en unos pufs colocados casi a la entrada, hablando bajito, como si tramaran un asesinato, aunque por la miradas que lanzaban al otro grupo, parecía que así fuese.

Vuelvo la vista al otro grupo y me encuentro con varias cosas, mi hermanito luce una camisa morada oscura y una corbata negra, con unos pantalones del mismo color.

Al mirar su cara me encuentro con que la ha teñido de un color blanquecino, tal vez con polvos. Lleva dibujada una macabra sonrisa que le llega hasta mitad de la mejilla, completamente emborronada con carmín rojo, y los ojos también emborronados en negro.

El joker, la verdad que estaba muy conseguido.

Los trajes de los demás eran de lo más variopintos, Liam, iba de un personaje completamente reconocible: Woody. Había nombrado varias veces que le gustaba Toy Story, de hecho hasta había propuesto verla en algún momento, pero desistió cuando todo el mundo le miró con tal cara que se calló de inmediato.

Sonrío al recordarlo y sigo con la mirada al grupo. Zayn lucía un uniforme, que no le quedaba para nada mal, un casco rojo y el pecho casi al descubierto, había sacado provecho de su faceta más remarcable, desde luego. No sabía de donde había sacado ese atuendo de bombero, pero juraría que lo había sacado de la misma oficina de bomberos.

A Niall se le podría ver a cuatro calles de distancia. El color verde de su ropa casi se hace empalagoso a la vista. De pronto recuerdo que él y su familia proceden de Irlanda, supongo que vestirse de Leprechaun era una cosa que le representaba (o a su madre le haría ilusión, que podría ser.) De todas formas, le favorecía ese color con la piel tan pálida que él tenía.

Noto algo que me aturde, busco lo que quiera que es y lo veo, con sus inconfundibles ojos clavados en mí, que al instante se pierden en la moqueta intentando disimular el contacto.

Recorro su figura fijándome en todos los detalles de su traje. Parece estar hecho adrede. Sombrero de copa, gabardina con telas de varios colores cosidos, y una camisa, descolocada y una pajarita.

El Sombrerero. El Sombrerero y Alicia… Tomo aire y doy media vuelta.

Me acerco unos pasos y me uno disimuladamente al grupo de las chicas sin quietarle ojo al otro grupo.

-Pensaba que te ibas a lanzar a su yugular en el momento menos esperado. – comenta Laura en tono bajito. – Qué casualidad lo de los trajes ¿no?

Debo haberme puesto algo roja, porque comienzan a reírse. Esbozo una sonrisa e intento ignorarlo.

-Voy a por una copa, ¿os traigo algo? – dice Laura levantándose.

-Una cocacola estaría bien. – contesta María.

Asiento para pedir lo mismo que ella y la vemos alejarse.

-¿Estás mejor? – le pregunto.

María mira hacia atrás y al volver suspira.

-¿Qué crees que pasará entre nosotros? Además, ni siquiera sé si hay algo entre nosotros, y si lo había ¿se ha acabado, o…? No entiendo nada.

Le cojo la mano y la miro, intentando transmitir algo de fuerza, fuerza que no tenía, fuerza que me faltaba a mí para pegarle dos bofetadas al imbécil que se hallaba delante de mis narices, o… simplemente para que al verle fuera capaz de pronunciar más de una frase en condiciones.

De pronto se oye un cristal estrellarse contra el suelo con fuerza y todas las miradas se dirigen hasta él.

-¿¡Pero qué…?! – Laura está en medio de la sala, mirando de arriba abajo a un perplejo Zayn, que trata de disculparse.

La bebida de la copa de Zayn había ido a parar al vestido de Laura, sin aviso previo.

-¡Tenías que hacerlo, ¿no?! – brama ella apretando los puños.

“Oh, no.” – pienso mientras pienso rápidamente en algo.

Esa gota que colmaba el vaso. Esa chispa que desataba el incendio, eso. Me sentía impotente ante algo que llevaba días temiendo, y que por una maldita casualidad estaba ocurriendo.

¿Qué sería lo siguiente?

Continuará…

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