27/11/12

Capítulo 66

Dejo caer mi peso muerto sobre el sofá y pierdo la vista en la inmensidad del salón. Mientras, Harry parece maravillado con las flores que habíamos escogido.

-¿No te parece que este color queda genial con la corbata? Me encantan. Ahora tengo que llamar a Joe para que me ayude con lo del equipo de música, y a Sally para lo de las luces. Fueron ellos el último baile, ¿no? –dice atropelladamente.

Asiento en silencio pensando en segundo plano lo amanerado que acaba de sonar mi hermano. Pero sólo le escucho hablar de fondo, como una banda sonora.

Harry suspira exasperado y deja las cosas en la mesa. Se acerca en silencio y finalmente se deja caer a mi lado.

-No me lo vas a contar, ¿eh? – murmura sin apartarme la mirada.

Sonrío un poco y le miro de reojo.

-No vas a parar, ¿eh? – le respondo usando el mismo tono.

Harry niega enérgicamente con la cabeza y sigue mirándome. Sabe que es mi punto débil, sabe que no me gusta que me miren, lo sabe y está dispuesto a torturarme hasta que se lo cuente, pero realmente no tengo ganas de volver a relatar todo lo ocurrido.

-Tranquilo, te enterarás. – digo levantándome de un respingo. Ando lentamente por el pasillo hasta alcanzar la puerta de mi cuarto.

-¿Es por…? – pregunta. Me giro y lo encuentro al principio del pasillo. Apoyo la cabeza en el marco de la puerta y suspiro.

-¿Tú que crees? ¿A caso no hablaste tú con él?

Harry entona un gesto de horror y culpabilidad y chasquea la lengua para evitar dejar caer un lo siento. No es aficionado a pedir perdón, lo sé. Tampoco le culpaba por lo ocurrido, en algún momento tendría que enterarse, ¿no?

Sonrío débilmente y ladeo la cabeza.

-No importa. Demasiado tarde ahora. – dejo salir el aire y me aparto de la puerta. – Si no te importa, creo que voy a descansar un poco.

Todavía no era casi la hora de comer, aun así la cama parecía estar dispuesta a recibirme con las sábanas abiertas en cualquier momento.


Tras un largo, largo rato debajo de las sábanas parece que he vuelto a nacer. Sin embargo el trotar de mi hermano por el pasillo no es una manera agradable de volver a empezar el día.

-Es ella –murmura desde la puerta abierta de mi habitación mirándome con un gesto apurado.

Abro los ojos como platos y me levanto de la cama a toda prisa. Con todo eso por encima de la mesa es demasiado evidente lo que pretendemos. Corro hacia el sofá y comienzo a recoger todo en la bolsa, lo hecho dentro de mi habitación y cierro la puerta.

-¡Para ya! Si te pones nervioso se va a notar muchísimo que escondemos algo. Sé natural, joder. – digo algo mosqueada al ver el continuo movimiento de Harry.

Abro y sonrío, aunque soy yo esta vez la que se debería aplicar lo del ser natural.

-¡Hola! – digo dejándola pasar. María arquea una ceja y pasa algo insegura.

-¿Pasa algo? Se oía un montón de ruido desde la puerta. – pregunta tras un largo silencio. Harry sonríe desde el fondo de la habitación. – Hola Harry…

-¿Por qué iba a pasar algo? ¡No digas tonterías! – digo empaquetándolo con una risa nerviosa. – Pasa, pasa. Dime, ¿qué te trae por aquí?

María me mira algo sonriente, pero no parece contenta.

-Necesito hablar. – dice arrastrando las palabras. - ¿Te apetece tomar algo?

Suspiro y sonrío un poco. Asiento en silencio y miro como Harry sigue ahí parado. Parece que le ha dado un ictus, porque ni siquiera parpadea.

-Voy a ponerme algo de abrigo, vuelvo enseguida. – digo caminando hasta mi habitación, pero ni sin antes propinarle un “suave” codazo a mi querido hermano en costado. Este gime de dolor y carraspea para disimular. Sonrío para mis adentros y cojo mi chaqueta al llegar a mi habitación.

Sin embargo la situación no ha cambiado mucho mientras yo estaba ausente. Ambos se miran en silencio, como si entablaran una interesante conversación dentro de sus cabezas.

-Eh… - digo abriendo paso al sonido después de un largo rato. – Ya estoy.

María parpadea unas cuantas veces antes de abrir la boca y asentir.

-Ves yendo tú, ahora te alcanzo. – digo sonriente. María se extraña pero me hace caso y sale al descansillo quedándose a mitad de escalera. – Te convendría comenzar con el proceso hermanito. Haz llamadas, paga cosas, organiza, lo que sea pero ponte en marcha, ¡maldita sea!

Harry asiente enérgicamente y alcanza su móvil de inmediato.

-Estaré de vuelta a la noche, no te estreses mucho. – digo sonriendo con malicia.

Cierro la puerta y la mirada de María me sorprende.

-Hey, ¿vamos?


Niall se pasea tranquilamente sin camiseta por su apartamento cuando observa su móvil vibrar encima de la encimera. Mira la pantalla y ve el nombre de Liam.

-Hey – dice contestando sin pensárselo dos veces - ¿Qué tal?

Liam tarda en contestar, sólo se oye un leve suspiro de vez en cuando. De pronto, justo cuando él iba a volver a hablar, alguien responde.

-¿Estás en casa?

-S-sí… ¿Liam?

-Soy yo. Abre la puerta, por favor…- Sí, es la voz de Liam, pero ahora Niall está bastante asustado, no es propio de él hablar así.

Coge la camiseta del sofá y se la pone rápidamente sin soltar el teléfono. Abre la puerta, pero no hay nadie. Aunque juraría que…

-¿Liam? – dice Niall asomándose y mirando a ambos lados. Al girar la cabeza lo ve ahí, sentado en el suelo con el teléfono todavía en la mano. Niall se acerca a él apresuradamente y le mira. – Liam, ¿qué ha pasado?

Liam respira hondo y se ríe un poco para quitarle hierro a la situación. Era un hombre, tampoco se iba a poner así por semejante cosa, ¿o sí?

-Ven, vamos, entra dentro. – le urge Niall levantándose y extendiéndole la mano. Liam alza la cabeza, sus ojos aún están un poco rojos. No hacía mucho que había llorado y el rubio se hacía una idea de lo que había pasado.

Una vez dentro, Niall le ofrece algo de té, pero Liam lo rechaza, pero aun así Niall acaba haciéndole una taza igualmente.

-Menudo susto me has dado, imbécil. – dice Niall sin anestesia. Ambos sonríen y se sientan en el sofá. De pronto todo queda algo callado.

Niall lo sabe y Liam sabe que lo sabe. Las palabras sobran.

-Te lo dije. – dice Niall de pronto. Y es como el detonante de una bomba. - ¿Por qué no me quisiste hacer caso? Pensaste que era un egoísta, pero sólo pensaba en tu bien. Te conozco lo suficiente para saber que eres demasiado inocente como para darte cuenta de estas cosas, pero ¿es que no confías en mí?

Liam aprieta el puño y trata de empezar por alguna parte y poder explicarse, pero algo en su garganta no le deja comenzar a hablar. Niall suspira y de nuevo el silencio lo cubre todo.

-Lo sé, y parte de mí te creía pero… - Liam toma aire para seguir hablando y mira a Niall. – La quería tanto, tanto que no quería creerlo, sólo quería estar con ella y ella simplemente se cansó de mí, supongo.

-Entonces no sabe lo que se pierde. – dice Niall sorbiendo algo de té. Liam sonríe y vuelve a suspirar.

-No es justo. – dice Liam, y se deja caer en el sofá.


Al llegar a la cafetería, el aroma a café me impregna las fosas nasales, y de pronto me apetece más que nunca un café. Tras pedir en la barra, ambas nos sentamos en una de las mesas vacías.

-Bueno, tú dirás. – digo mirándola con aire intrigado. María suspira y me mira sin saber por donde empezar.

-No hace falta que me preguntes, sabes perfectamente de que voy a hablar. – dice cogiendo su taza. Suelto una leve carcajada y la imito.

-Era por empezar la conversación de alguna manera, mujer. – digo, y doy un largo trago a mi taza. Hacía tiempo que no tomaba un café a gusto. –Aunque últimamente no tenemos otro tema de conversación…

María sonríe y ladea la cabeza dándome la razón.

-No sé que hacer. – dice de pronto. – Llevamos semanas sin hablarnos y creo que no tiene mucha pinta de mejorar. Es como si… como si ya no le importara. ¿Tú crees que debería decirle algo? Igual es culpa mía.

Me atraganto al oír la última frase y la miro fijamente.

-¿Perdón? ¿Culpa tuya? Cariño, mi hermano, desgraciadamente, nació así. No tienes la culpa de sus taras. Es un incompetente a la hora de tener una relación con alguien. ¿Sabes el mal que me dio con Kristen? Madre mía…- Ambas nos reímos y damos un sorbo al café. – Además, me pica en la naríz que no ha perdido el interés en ti
Arqueo una ceja y miro el gesto de María, que de pronto se ilumina con lago de esperanza.

-¿Tú crees? ¿Por qué lo dices? – dice sonriendo. Me encojo de hombros haciéndome de rogar y esbozo una media sonrisa.

-Ya veremos. – digo acabando de una vez con el café que queda en la taza. María sonríe de nuevo, algo más feliz que antes. Después de verla tan contenta me entran muchas más ganas de contárselo, pero todavía es demasiado pronto y además, es un secreto.

Una vez en casa, abro la puerta y el salón parece vacío completamente.

-¿Hola? – digo. Mi voz resuena por el pasillo y alguien lo oye.

-Aquí. – responde ese alguien. Alguien llamado Harry y que aparece holgazaneando para variar, tumbado en la cama.

Le miro con gesto molesto y él me observa en silencio sin idea de lo que ha hecho.

-¿Qué?

-¿Cómo que qué? ¿Has hecho lo que te dije? – le pregunto esperando un sí por respuesta, o alguien morirá esa misma noche.

-Eh… - comienza Harry incorporándose. – Pues… ahora que hablas de eso…

-¡Harry! – le grito- ¿Es que acaso te piensas que lo voy a organizar yo todo? ¡Joder! ¡Que se supone que es tu novia, no la mía! – digo poniendo los ojos en blanco. – Una semana, te doy una semana para prepararlo todo. Yo me encargo de María, lo demás esta todo en tu mano.

Harry asiente en silencio mientras me aparto de la puerta.

-Belén. – me llama antes de que entre en mi cuarto. Me asomo de nuevo por la puerta y le miro esperando a que hable. – Gracias. Por todo.

Sonrío, un poco menos enfadada que antes.

-Oh, cállate.

3/11/12

Capítulo 65

Sonrío y me levanto del todo con las pilas repentinamente recargadas.

-Te lo cuento por el camino. Vístete, no tenemos tiempo que perder.

-¿Por el camino, a dónde?

-¡Deja de preguntar y hazme caso por una vez! – digo cogiéndole del brazo y haciéndole levantar de malas maneras.

-Vale, vale. No te pongas así, pequeña gruñona.

Sonrío todavía con el ceño algo fruncido y le hago aspavientos para que salga de la habitación. Me visto con lo primero que pillo y salgo al pasillo para encontrármelo en el pasillo esperando

-Qué velocidad. ¡Vámonos pues! – digo cogiéndole de la mano y dándole un tirón hasta la puerta. Harry se tropieza pero mantiene el ritmo.

Ah, la calle. Realmente el día era extraño, pero adoraba aquel tiempo. A Harry no parece gustarle demasiado, por la cara que pone. Lo ignoro y me pongo en marcha hacia donde sólo yo sé.

-¿Cuándo vas a contarme dónde vamos? Y lo más importante, ¿para qué?

Me río con un ápice de malicia y le cojo del brazo.

-Querido hermanito mío, estás a punto de descubrirlo. –digo señalando un edificio blanco, no muy alto, que parece haber pasado muchos años a la intemperie. Bajo las ventanas, un letrero verde, mal pintado y algo viejo al igual que la puerta y el letrero de abierto.

-Es… Es una…tienda de ropa. De ropa a medida.

-Jo, tú solito, que bien. – digo haciendo un homenaje a la más grande de las ironías

–Vamos, no te quedes ahí.

Al llegar, abro la puerta de inmediato y las campanillas me recuerdan a aquel día…

Sacudo la cabeza y me inmiscuyo dentro de la pequeña salita que emana un aroma a canela y a máquina de coser. Sonrío al instante al reconocer a la señora mayor que al escuchar la campanilla echa la mirada por encima de las gafas.

-Buenos días. – digo con tono melodioso. No estaba muy segura si se acordaba de mí.

-¡Querida! – exclama de pronto. – Cuanto tiempo, pasa, pasa. ¿Quién es este apuesto caballero.

-Oh… ¿se acuerda de mí? – pregunto algo sorprendida. Hacía bastante que había pasado por ahí. – Es… es mi hermano, Harry.

-¡Claro que me acuerdo de ti! La pequeña Alicia. – dice sonriente. – No hay mucha gente que se pase por aquí, y de los pocos que entran me acuerdo de la mayoría, ¡tampoco estoy tan mayor! – ríe colocándose las gafas mientras se acerca. - ¿Qué os trae por aquí?

-Necesitamos un traje. –digo de sopetón, lo cual hace que Harry emita un gruñido de sorpresa. – Bueno, necesita.

Ambos me miran en silencio con la sorpresa pintada en la cara.

-Bien, vamos a ver que tengo por ahí… - dice mientras se adentra en el almacén tras una cortina de piedrecitas.

Al darme la vuelta, la mirada asesina de Harry me sorprende.

-¿Un traje? – dice Harry arqueando una ceja

Asiento sonriente y saco un papel del bolsillo de mi chaqueta, ya dicen que vale más una imagen que mil palabras. Harry toma con cuidado la foto y la mira como si volviera de pronto al pasado.

-Es del baile… - dice sin apartar la vista de la foto. De pronto parece atar cabos sueltos. - ¿Quieres qué…?

Asiento enérgicamente y sonrío todavía más ampliamente, parece que lo ha cogido a la primera. De pronto Harry sonríe también y se me acerca de forma repentina rodeándome con sus brazos y apretándome contra su pecho con la fuerza de un oso.

-Eres un maldito genio, enana. – dice dándome un beso en la cabeza. Trato de separarme, me falta el oxigeno.

-Vale, vale, ya lo sé. – digo riéndome, volviendo a respirar. – No hace falta que me deis las gracias. Menos mal que os aprecio… ¿eh?

En ese preciso momento aparece Debbie, la dependienta, con lo que parecen unos cuantos trajes. Muy bonitos.

-¡Vaya! Que maravilla – digo fascinada. –Vamos, métete ahí dentro.

Harry se lleva la mano a la frente como si fuera un soldadito y a ambos nos entra la risa tonta.

Uno tras otro los trajes van pasando por el probador y posteriormente por el criterio de las dos damas que estábamos en la sala, cuando de pronto…

-Vaya… - dejo escapar casi sin darme cuenta en cuanto Harry sale del probador. – Mírate…

Debbie sonríe complacida y se lleva las manos entrelazadas al pecho.

-¿Qué pasa? ¿os gusta? – dice Harry dando una vuelta.

Quién iba a decir que aquel color azul marino, con aquella camisa blanca tan simple y es corbata granate le iba a quedar tan bien. Mi hermano parecía un completo caballero.

Asiento en silencio y vuelvo la mirada hacia Debbie, que sigue igual de sonriente.

-Nos lo quedamos. – digo de pronto ajustándole la corbata. – cámbiate, tenemos más cosas que hacer.

Harry vuelve a asentir firmemente imitando a militar y vuelvo a reírme. De pronto mi móvil comienza a sonar, lo saco del bolsillo con calma, pero al ver quién es el que llama, las manos me empiezan a temblar.

Le hago un gesto a Debbie, y salgo de la tienda, intentando mantener la calma.

-¿Sí? – digo alegremente. Pero sólo se oye una respiración agitada.

-¿Belén? ¿Puedo hablar contigo? –dice la firme voz de Louis

-C-claro… ¿Qué pasa?

-¿Qué que pasa? ¡Sabes muy bien lo que pasa! – exclama algo agitado. Empiezo a preocuparme, de veras no tengo ni idea de lo que está hablando. Se le escucha respirar hondo y segundos después continua hablando, un poco más calmado, espero… - Belén, ¿por qué no me lo dijiste?

De pronto noto como mi corazón se para en seco y vuelve a latir con fuerza al momento provocándome un profundo pinchazo en el pecho. No podía ser. No se lo había dicho, a no ser qué…

Entonces lo recuerdo. Cuando me fui, Louis estaba ahí, y Harry y María también. Mierda, mierda, mierda.

-Louis, yo… - tomo aire y reorganizo mis pensamientos lo más rápido que puedo. – Todavía no tenía nada pensado, no quería que nadie lo supiera y…

-Joder, pensaba que confiabas en mí. Podría haberte ayudado, pero preferiste ocultármelo ¿no? Genial… - dice. Por su tono parece muy decepcionado, y eso me parte en dos.

-Y confío en ti, pero… Louis, por favor, entiéndelo. Necesitaba tiempo para pensarlo yo sola. No podía ir anunciándolo por ahí porque sabía perfectamente que todos os pondríais a gritarme lo estupenda que es esa oportunidad para mí… Pero es una decisión mía

-Estupendo entonces. Que te vaya bien en Edimburgo, a ti a tus queridas decisiones. – dice como última frase, después, sólo unos cortos pitidos rompen el silencio que rebota en mis oídos.

No sé como reaccionar, no sé ni siquiera muy bien lo que ha pasado. ¿Qué había hecho mal? ¿Por qué se ponía así conmigo por semejante cosa?

Veo a Harry que me saluda por la puerta con una bolsa en la mano y mi chaqueta en otra. Me acerco, tomando aire y abro la puerta con sosiego.

-¿Qué hacías? – dice poniéndose su chaqueta.

-Hablar por teléfono. ¿Nos vamos?

Le miro algo distante. El ánimo se ha ido de mi cuerpo de cuajo y eso que hacía a penas unos minutos estaba como si nada…

-¿Te encuentras bien? – pregunta Harry colocándose bien la camiseta.

-¿Eh? S-sí… Estoy bien.

-Venga ya, es imposible que en un minuto hayas pasado de estar contenta a no decir ni una palabra. No te pega. ¿Quién era?

-Nadie. – digo en tono cortante. – Ya está, Harry, no me agobies. No quiero hablar de ello.

Harry suspira exasperado y se da la vuelta para coger la chaqueta.

-Sabes que te seguiré preguntando todo el camino hasta que me lo digas. – dice revolviéndome el pelo por tercera vez en el día. – Y además vivo en la misma casa que tú, así que prepárate.

Suspiro y vuelvo a dejar el teléfono en el bolsillo. Una vez fuera, el sol se asoma entre las nubes como si tuviera vergüenza de dejarse ver. Pero ya no tengo ganas de ver al sol, ni al sol ni a nadie.

-Vamos, dime que ha pasado.

-Déjalo ya, ¿quieres?

Y la conversación termina ahí, ni siquiera me digno a mirarle a la cara antes de seguir andando.