29/12/12

Capítulo 68

Qué propio de mí, eso de pensar las cosas demasiado hasta que me duele la cabeza. No es que me sorprenda, me pasa todo el tiempo, pero aquella vez estaba explorando nuevos límites. Al llegar a casa, mi cerebro palpita como tratando de salir de mi cabeza desesperadamente, estoy tan cansada que me emociono sólo con ver el sofá.

-¡Cariño! ¿Cómo ha ido? – pregunta mi madre con dulzura.

Ladeo la cabeza y sonrío con pocas ganas. Es obvio que ha pasado algo, pero no tengo los ánimos como para hablar de ello. Suspiro y dejo el abrigo y la bufanda en su sitio, huyendo en el mínimo tiempo posible hasta mi habitación.

-¿Qué ha pasado? Tienes cara de ‘ha pasado algo pero no me apetece hablarlo’ – dice Harry en tono cálido desde la puerta. Ni siquiera me había dado cuenta de que había llegado hasta ahí.

-No empieces. – le digo mientras me deshago de los zapatos. – Por favor.

Harry suspira y entra dentro, maldito terco. Me mira fijamente mientras se apoya en la pared, con toda la tranquilidad del mundo. Por alguna razón, eso me hace gracia.

-¿De qué te ríes?

-¿Sinceramente? No lo sé, eres tú y tu estúpida actitud cuando estoy así. No sé por qué, pero me hace sentir mejor. Aunque no digas nada, ni yo diga nada. ¿Cómo lo haces?

-Magia de hermano mayor, ya sabes. – contesta guiñándome un ojo. - ¿Sabes? Sea lo que sea lo que hayas escrito en ese sobre, sea cual sea la respuesta estoy orgulloso de ti.

Aquello me pilla tan de sorpresa que no sé cómo reaccionar. Lo miro confusa y él se acerca para sentarse a mi lado.

-¿D-de veras? – contesto con gesto sorprendido. Harry asiente y sonríe dulcemente. Parece haberse dado cuenta de lo que realmente significa para mí su apoyo incondicional, como si se hubiese quitado la venda.

Sin pensármelo dos veces le doy un abrazo enorme y lo agarro fuerte. De repente mis ánimos suben como la espuma, aquel día había mejorado en más del cincuenta por ciento, y ya sabía cómo acabarlo. Me levanto de pronto y junto las manos, algo emocionada.

-Creo que ya sé que voy a hacer esta tarde. Y voy a necesitar tu ayuda, aunque no hace falta que vengas, pero sí que tengas el teléfono disponible.

-¿De qué estás hablando? – pregunta él levantando una ceja.

-¡Ya lo verás! – digo sonriéndole. – Me voy ahora mismo.

Harry me mira, pero no parece estar entusiasmado por mi idea, ¿qué le ha hecho que cambiara tan radicalmente de expresión? Es como si algo le rondara la cabeza. Me siento en el suelo para volver a ponerme los zapatos y le miro pensativa.

-¿Qué pasa? – le pregunto intrigada. Harry sonríe fugazmente y ladea la cabeza.
-No quería decírtelo ahora, viéndote tan contenta – su tono me preocupa. – Estuve… Bueno, traté de hablar con Louis, para hacerle entrar en razón, ya sabes.

Suelto el aire que contenía en mis pulmones y siento el peso de sus palabras en mi pecho, como un golpe seco. Hacía algunos días que no pensaba en aquello, pero justo en ese momento me vuelve a la cabeza la discusión que mantuvimos por teléfono, la manera en la que se enfadó, todo lo que dijo… Ni siquiera me acordaba.

-Dijo que necesitaba algo de tiempo para pensarlo todo, que estaba dolido y no sabía si podía confiar en ti después de eso.

-¿¡Después de qué?! ¿Después de tratar de decidir mi futuro por mí misma? ¡Tampoco es que él se preocupara mucho por preguntarme nada! –le espeto mosqueada. Harry suspira, sabía que era así cómo reaccionaría, pero ¿qué quería que le hiciera? No era justo, nada justo.

-Lo sé, se lo dije… Pero dale tiempo. Sabes cómo es, sabes que le cuesta abrirse y… - Harry parece empezar a arrepentirse de haber comenzado aquella conversación.

De pronto ambos nos hemos quedado callados. Suspiro y sigo atándome los cordones, como si aquello no hubiese pasado. No quería saber nada más, sobre todo si Louis iba a seguir comportándose como un crío.

-Déjalo, Harry. – comienzo poniéndome de pie. – Ya hablaremos de esto en otro momento…


Salgo a la calle y el aire se condensa en cuando respiro. Esperando que funcione, alargo la mano y llamo al piso de María.

-¿Sí? – contesta alguien.

-¿María?

-Sí, soy yo. ¿Quién es?

-Soy Belén, ¿puedes bajar?

-¿Qué haces aquí? Si me has mandado un mensaje o algo no me ha llegado nada.

-No te he mandado nada, era una sorpresa. – contesto. Oigo su risa y sonrío levemente.

-Está bien, dame cinco minutos.

El aparato hace un ruido seco y después silencio. De nuevo el tiempo avecina algo de lluvia, aunque lo raro no era que lloviera, lo raro allí era que no lo hiciera. Después de unos minutos, veo aparecer a María por la escalera, con ese peculiar paso que usa para bajar los escalones.

Sonrío y la saludo a través del cristal.

-Menudo susto me has dado, ¿qué sorpresa es esa? – pregunta, poniéndose bien la bufanda.

Sonrío con aire misterioso y la cojo del brazo. Tras un rato andando nos encontramos enfrente de donde quería llegar.

-¿Qué es esto? – pregunta con una ceja levantada.

-Vas a comprarte un vestido. – digo como si nada mientras abro la puerta. – Y no hay más preguntas. – Completo la frase antes de que pueda decir nada más. Ella resopla y pone los ojos en blanco.

Las campanitas nos dan la bienvenida una vez más, es como si no hubiera otra tienda en toda la ciudad, pero ¿qué le voy a hacer? Adoro esa tienda.

-¡Debbie! – saludo a la amable señora que una vez más sonríe al verme. - ¿Cómo va todo?

-Pues tirando, como todos. – dice saliendo de detrás del mostrador mientra se quita las gafas. - ¿Qué quieres de mí esta vez, pequeña?

-Necesita un vestido. – digo guiñándole un ojo. – Para… un momento especial. – Debbie ha parecido pillar la indirecta, y pone gesto sorprendido seguido de una sonrisa.

-Está bien, veré que tengo por ahí. – dice mientras se marcha al almacén.

-¿De qué va todo esto? – dice María una vez estamos solas. - ¿Un vestido? ¿Para qué iba a querer yo un vestido ahora? No tengo ninguna fiesta.

-Eso ya lo veremos. – le contesto arqueando una ceja.

Poco rato después aparece Debbie con un montón de vestidos apilados en su brazo.

-Podemos empezar por estos, ¿te parece? –dice sonriente.

Miro a María sonriente y ella se encoje de brazos.

-Está bien.

14/12/12

Capítulo 67

El despertador suena y me despierta bruscamente. Me había quedado dormida tan profundamente que no me lo esperaba. Pero era jueves, no uno cualquiera. Era ese jueves.

Me levanto y como alma que lleva el diablo me visto a toda prisa, cojo mi bolso y le robo una tostada a mi hermano que inmediatamente atrapo entre los dientes para dejar las manos libres.

-¡Eh! – exclama Harry mirándome con el ceño fruncido mientras voy de un lado para otro. - ¿A qué viene semejante alboroto?

Mi madre sonríe desde detrás del periódico.

-Déjala, cariño. Tiene cosas que hacer. – dice ella con voz amable

-¡Adiós! – farfullo intentando que la tostara se quedara en su sitio y salgo dando un sonoro portazo.

Harry mira la puerta algo desconcertado mientras mi madre sonríe.

-Esta cría, cada día es más rara… - dice por lo bajinis mientras acerca su plato a la mesa.


Había salido tan deprisa que no me había dado cuenta de que casi llegaba a mitad de camino en unos pocos minutos. Tenía que ir a correos. En mi mano, sostengo un papel, metido en un sobre, donde está escrita la respuesta a la carta que me enviaron expresamente desde Edimburgo.

Ahora la miro y no estoy tan convencida como cuando la escribí. En ese momento no me temblaba el pulso, ni notaba el corazón acelerarse estrepitosamente en mi pecho.

Tampoco me había dado cuenta de que me había quedado para en mitad de la calle mirando fijamente el sobre que sostenía, y la gente me empezaba a mirar algo raro. Volviendo a la realidad y sin fuerzas para continuar hasta mi destino, me siento en el banco a meditar un poco más profundamente.

-¿Es esto de verdad lo que quiero o estoy pensando con el corazón en vez de con la cabeza? A lo mejor debería…

-¿Estás bien? – comenta una voz cerca de mí, aunque parece lejana. Se rompe mi burbuja y levanto la cabeza buscando la fuente de aquella dulce y familiar… Dios mío.

No sé muy bien que decir. Nunca había sabido muy bien que decir cuando veía su melena rubia moverse con el viento, y esos ojos azules apuntándome, como si me desarmaran. Y pensaba que me había olvidado de todo aquello, parecía haber pasado tanto tiempo…

-Ben… - alcanzo a susurrar pasados unos segundos de silencio.

Recupero mi estado arisco a recordar aquella maldita noche donde todo se me fue al garete. Se supone que le odiaba, que no quería verle, pero… había pasado tanto tiempo que ni siquiera podía recordar el profundo sentimiento de odio que sentí en aquel momento. Ahora sólo veo a un chico a quien solía conocer, y nada más.

-Vaya, hola a ti también. – dice sonriente.

-No esperes que te salude a estas alturas. – digo seria, mientras me acurruco en la bufanda. Ben torna su sonrisa en un gesto de comprensión.

-Perdona, pensé que te alegraría verme. – dice. Sonrío con sorna y vuelvo la vista a la carta de nuevo. - ¿Qué te trae por aquí?

-Cosas. – digo mirándole sin más. No tenía por qué saber nada de lo que yo hacía. - ¿y tú que haces aquí?

-Trabajo aquí, en la zona. Debbie me despidió porque no tenía suficiente dinero para pagar a un empleado y me mudé con mi hermana por aquí, tampoco está muy lejos de ahí. Alguna vez te veo por ahí… pero no me atrevía a acercarme.

-Hasta ahora. – señalo. - ¿por qué has venido a hablarme?

-No lo sé, –dice encogiéndose de hombros. – un impulso tal vez. Te he visto algo preocupada y sola, así que he pensado que igual te vendría bien hablar… ¿Un café?

Mi cabeza estaba hecha un completo alboroto. De pronto aparece él y su estúpida sonrisa a preguntarme que tal estoy. ¿A caso no se me veía en la cara? De todas maneras, estoy algo mareada de pensar tanto, así que acepto. Un café es un café.


Harry se sienta despreocupadamente en el sofá tras hacer –a desgana– todas las tareas que le habían encargado. Ahora tocaba hacer otras un poco más importantes.

Coge su teléfono, busca un nombre en la agenda y marca. Los tonos le empiezan a desesperar. Llevaba varios días de retraso y el aviso que le había dado días atrás realmente le había hecho ponerse las pilas.

-¿Sí?- contesta una voz algo cursi al otro lado del teléfono.

-¿Joe? – dice Harry incorporándose de repente. – Joe necesito que me hagas un favor.

-Hola a ti también, Harry. – responde el muchacho con sorna. Harry no tiene la cualidad de ser educado, precisamente.

-Perdón, perdón. ¿Qué tal?

-Bien, bien. – dice Joe dejando el tema a un lado. - ¿Qué es eso que me tienes que pedir?

-Necesito que prepares un baile de fin de curso. – responde Harry como si fuera lo más normal del mundo.

-¿A principios de septiembre? ¿A ti se te ha ido la pinza?

-No. No me has entendido – dice Harry poniendo los ojos en blanco. – No ese tipo de baile, es un pequeño baile, lo necesito. Es como un evento privado.

-Oh… -murmura Joe. – Creo que lo entiendo… ¿Quieres impresionar a una chica?

-Algo así. – responde Harry. – Y necesito que tú y Sally me ayudéis con ello o no saldrá nada bien.

-¡Qué emocionante! – exclama eufórico. – Aunque con los exámenes de principio de curso… Tengo que estudiar…

-Por favor. – suplica Harry poniendo su mejor voz de niño pequeño. Joe suspira al otro lado del teléfono y chasquea la lengua.

-Está bien, está bien. –cede sin mucha insistencia, por una parte él también tenía ganas de hacer algo así. – Haremos lo que podamos, cuenta con nosotros.

Harry entona un gesto de victoria en silencio y carraspea.

-Gracias Joe, te debo una.

-¡Una de muchas, cielo! No me hagas recordártelas. Te veo este viernes en el instituto, acuérdate.

-Claro, hasta entonces. – responde mientras escucha el constante pitido que empieza a sonar. Harry parece satisfecho, una enorme sonrisa estúpida en su cara lo corrobora. ¡Viento en popa a toda vela!


Suspiro y dejo mis cosas al lado de la silla en donde me siento. Ben ha estado todo el camino callado y sonriente, casi da un poco de miedo.

-Y bien, ¿qué ronda por tu cabecita esta vez? – dice mientras se sienta en frente. Alzo una ceja algo molesta por la confianza con la que osa tratarme después de todo. Como si fuéramos amigos de toda la vida.

-Algo bastante serio, digamos que me juego el futuro entero. – digo ladeando la cabeza. - ¿por qué quieres saberlo?

-Oh venga, Belén, no te me pongas así. Se te ve en la cara que necesitas desahogarte.

-No me digas lo que necesito o dejo de necesitar, rubito. – le interrumpo antes de que siga por ahí. Si hay una cosa que no soporto es que hablen por mí. Nunca. – Pero esta vez tienes razón… Aunque no sé por qué debería hacerlo contigo.

Ben esboza una sonrisa, quizás por la última frase. Mente perversa.

-Simplemente me preocupo por ti – dice mirándome a los ojos. Con esos ojos azules y preciosos y… No. No, no y no. No me voy a dejar llevar por ellos, ya lo hice una vez y no llevó a nada bueno.

-No parecías preocuparte mucho por mí hace relativamente poco. – digo dejándome caer en el respaldo y cruzándome de brazos.

-Vaya, veo que estás a la defensiva. – dice imitándome. – Tienes derecho a estarlo, lo sé, me porté como un auténtico gilipollas… Pero, ¿no podemos hablar esto como adultos? Vengo en son de paz, lo prometo.

Le miro y relajo los brazos lentamente hasta apoyar las manos en las rodillas. Parece que dice la verdad, pero tampoco quiero confiarme. Está bien, se lo contaré...

-¡¿Qué tú qué?! – exclama después de mi relato. Juraría que si abriera un poco más los ojos, se le caerían de las cuencas. - ¿Te estás quedando conmigo?

-¿Por qué no iba yo a poder ser seleccionada por la universidad de Edimburgo? – pregunto algo ofendida. Ben se toma su tiempo en contestar.

-Pues… no lo sé, pero me extraña mucho. Mucho, mucho. ¿Estás segura que era la universidad de Edimburgo? – pregunta todavía algo incrédulo.

Asiento ya casi rozando el enfado y saco la carta.

-Si no te lo crees después de esto, no sé qué más hacer. – Digo mientras la observa. Todavía después de eso, parece sorprendido.

-Vaya… Parece mentira, de verdad. Había oído que son muy, muy estrictos con los que seleccionan y el nivel está muy alto…

Doy un golpe en la mesa y le miro fijamente.

-Deja de subestimarme, ¿quieres? – le dijo sin elevar la voz. – Soy perfectamente capaz de llegar a su nivel, y mucho más. Si no te lo crees es cosa tuya. – digo cogiendo mis cosas. – Y ahora si me permites, tengo cosas que hacer.

Me levanto con todo mi orgullo y le dedico una última mirada.

-Te mandaré una carta desde Edimburgo, no te preocupes, cielo. – digo cargada de ironía antes de salir por la puerta y dejarle con la palabra en la boca.

¿Que no estaba al nivel de Edimburgo? Se lo iba a demostrar. De pronto lo tenía más claro que nunca. Hay algo con lo que debes jugar si no quieres salir perdiendo: un orgullo como el mío.

27/11/12

Capítulo 66

Dejo caer mi peso muerto sobre el sofá y pierdo la vista en la inmensidad del salón. Mientras, Harry parece maravillado con las flores que habíamos escogido.

-¿No te parece que este color queda genial con la corbata? Me encantan. Ahora tengo que llamar a Joe para que me ayude con lo del equipo de música, y a Sally para lo de las luces. Fueron ellos el último baile, ¿no? –dice atropelladamente.

Asiento en silencio pensando en segundo plano lo amanerado que acaba de sonar mi hermano. Pero sólo le escucho hablar de fondo, como una banda sonora.

Harry suspira exasperado y deja las cosas en la mesa. Se acerca en silencio y finalmente se deja caer a mi lado.

-No me lo vas a contar, ¿eh? – murmura sin apartarme la mirada.

Sonrío un poco y le miro de reojo.

-No vas a parar, ¿eh? – le respondo usando el mismo tono.

Harry niega enérgicamente con la cabeza y sigue mirándome. Sabe que es mi punto débil, sabe que no me gusta que me miren, lo sabe y está dispuesto a torturarme hasta que se lo cuente, pero realmente no tengo ganas de volver a relatar todo lo ocurrido.

-Tranquilo, te enterarás. – digo levantándome de un respingo. Ando lentamente por el pasillo hasta alcanzar la puerta de mi cuarto.

-¿Es por…? – pregunta. Me giro y lo encuentro al principio del pasillo. Apoyo la cabeza en el marco de la puerta y suspiro.

-¿Tú que crees? ¿A caso no hablaste tú con él?

Harry entona un gesto de horror y culpabilidad y chasquea la lengua para evitar dejar caer un lo siento. No es aficionado a pedir perdón, lo sé. Tampoco le culpaba por lo ocurrido, en algún momento tendría que enterarse, ¿no?

Sonrío débilmente y ladeo la cabeza.

-No importa. Demasiado tarde ahora. – dejo salir el aire y me aparto de la puerta. – Si no te importa, creo que voy a descansar un poco.

Todavía no era casi la hora de comer, aun así la cama parecía estar dispuesta a recibirme con las sábanas abiertas en cualquier momento.


Tras un largo, largo rato debajo de las sábanas parece que he vuelto a nacer. Sin embargo el trotar de mi hermano por el pasillo no es una manera agradable de volver a empezar el día.

-Es ella –murmura desde la puerta abierta de mi habitación mirándome con un gesto apurado.

Abro los ojos como platos y me levanto de la cama a toda prisa. Con todo eso por encima de la mesa es demasiado evidente lo que pretendemos. Corro hacia el sofá y comienzo a recoger todo en la bolsa, lo hecho dentro de mi habitación y cierro la puerta.

-¡Para ya! Si te pones nervioso se va a notar muchísimo que escondemos algo. Sé natural, joder. – digo algo mosqueada al ver el continuo movimiento de Harry.

Abro y sonrío, aunque soy yo esta vez la que se debería aplicar lo del ser natural.

-¡Hola! – digo dejándola pasar. María arquea una ceja y pasa algo insegura.

-¿Pasa algo? Se oía un montón de ruido desde la puerta. – pregunta tras un largo silencio. Harry sonríe desde el fondo de la habitación. – Hola Harry…

-¿Por qué iba a pasar algo? ¡No digas tonterías! – digo empaquetándolo con una risa nerviosa. – Pasa, pasa. Dime, ¿qué te trae por aquí?

María me mira algo sonriente, pero no parece contenta.

-Necesito hablar. – dice arrastrando las palabras. - ¿Te apetece tomar algo?

Suspiro y sonrío un poco. Asiento en silencio y miro como Harry sigue ahí parado. Parece que le ha dado un ictus, porque ni siquiera parpadea.

-Voy a ponerme algo de abrigo, vuelvo enseguida. – digo caminando hasta mi habitación, pero ni sin antes propinarle un “suave” codazo a mi querido hermano en costado. Este gime de dolor y carraspea para disimular. Sonrío para mis adentros y cojo mi chaqueta al llegar a mi habitación.

Sin embargo la situación no ha cambiado mucho mientras yo estaba ausente. Ambos se miran en silencio, como si entablaran una interesante conversación dentro de sus cabezas.

-Eh… - digo abriendo paso al sonido después de un largo rato. – Ya estoy.

María parpadea unas cuantas veces antes de abrir la boca y asentir.

-Ves yendo tú, ahora te alcanzo. – digo sonriente. María se extraña pero me hace caso y sale al descansillo quedándose a mitad de escalera. – Te convendría comenzar con el proceso hermanito. Haz llamadas, paga cosas, organiza, lo que sea pero ponte en marcha, ¡maldita sea!

Harry asiente enérgicamente y alcanza su móvil de inmediato.

-Estaré de vuelta a la noche, no te estreses mucho. – digo sonriendo con malicia.

Cierro la puerta y la mirada de María me sorprende.

-Hey, ¿vamos?


Niall se pasea tranquilamente sin camiseta por su apartamento cuando observa su móvil vibrar encima de la encimera. Mira la pantalla y ve el nombre de Liam.

-Hey – dice contestando sin pensárselo dos veces - ¿Qué tal?

Liam tarda en contestar, sólo se oye un leve suspiro de vez en cuando. De pronto, justo cuando él iba a volver a hablar, alguien responde.

-¿Estás en casa?

-S-sí… ¿Liam?

-Soy yo. Abre la puerta, por favor…- Sí, es la voz de Liam, pero ahora Niall está bastante asustado, no es propio de él hablar así.

Coge la camiseta del sofá y se la pone rápidamente sin soltar el teléfono. Abre la puerta, pero no hay nadie. Aunque juraría que…

-¿Liam? – dice Niall asomándose y mirando a ambos lados. Al girar la cabeza lo ve ahí, sentado en el suelo con el teléfono todavía en la mano. Niall se acerca a él apresuradamente y le mira. – Liam, ¿qué ha pasado?

Liam respira hondo y se ríe un poco para quitarle hierro a la situación. Era un hombre, tampoco se iba a poner así por semejante cosa, ¿o sí?

-Ven, vamos, entra dentro. – le urge Niall levantándose y extendiéndole la mano. Liam alza la cabeza, sus ojos aún están un poco rojos. No hacía mucho que había llorado y el rubio se hacía una idea de lo que había pasado.

Una vez dentro, Niall le ofrece algo de té, pero Liam lo rechaza, pero aun así Niall acaba haciéndole una taza igualmente.

-Menudo susto me has dado, imbécil. – dice Niall sin anestesia. Ambos sonríen y se sientan en el sofá. De pronto todo queda algo callado.

Niall lo sabe y Liam sabe que lo sabe. Las palabras sobran.

-Te lo dije. – dice Niall de pronto. Y es como el detonante de una bomba. - ¿Por qué no me quisiste hacer caso? Pensaste que era un egoísta, pero sólo pensaba en tu bien. Te conozco lo suficiente para saber que eres demasiado inocente como para darte cuenta de estas cosas, pero ¿es que no confías en mí?

Liam aprieta el puño y trata de empezar por alguna parte y poder explicarse, pero algo en su garganta no le deja comenzar a hablar. Niall suspira y de nuevo el silencio lo cubre todo.

-Lo sé, y parte de mí te creía pero… - Liam toma aire para seguir hablando y mira a Niall. – La quería tanto, tanto que no quería creerlo, sólo quería estar con ella y ella simplemente se cansó de mí, supongo.

-Entonces no sabe lo que se pierde. – dice Niall sorbiendo algo de té. Liam sonríe y vuelve a suspirar.

-No es justo. – dice Liam, y se deja caer en el sofá.


Al llegar a la cafetería, el aroma a café me impregna las fosas nasales, y de pronto me apetece más que nunca un café. Tras pedir en la barra, ambas nos sentamos en una de las mesas vacías.

-Bueno, tú dirás. – digo mirándola con aire intrigado. María suspira y me mira sin saber por donde empezar.

-No hace falta que me preguntes, sabes perfectamente de que voy a hablar. – dice cogiendo su taza. Suelto una leve carcajada y la imito.

-Era por empezar la conversación de alguna manera, mujer. – digo, y doy un largo trago a mi taza. Hacía tiempo que no tomaba un café a gusto. –Aunque últimamente no tenemos otro tema de conversación…

María sonríe y ladea la cabeza dándome la razón.

-No sé que hacer. – dice de pronto. – Llevamos semanas sin hablarnos y creo que no tiene mucha pinta de mejorar. Es como si… como si ya no le importara. ¿Tú crees que debería decirle algo? Igual es culpa mía.

Me atraganto al oír la última frase y la miro fijamente.

-¿Perdón? ¿Culpa tuya? Cariño, mi hermano, desgraciadamente, nació así. No tienes la culpa de sus taras. Es un incompetente a la hora de tener una relación con alguien. ¿Sabes el mal que me dio con Kristen? Madre mía…- Ambas nos reímos y damos un sorbo al café. – Además, me pica en la naríz que no ha perdido el interés en ti
Arqueo una ceja y miro el gesto de María, que de pronto se ilumina con lago de esperanza.

-¿Tú crees? ¿Por qué lo dices? – dice sonriendo. Me encojo de hombros haciéndome de rogar y esbozo una media sonrisa.

-Ya veremos. – digo acabando de una vez con el café que queda en la taza. María sonríe de nuevo, algo más feliz que antes. Después de verla tan contenta me entran muchas más ganas de contárselo, pero todavía es demasiado pronto y además, es un secreto.

Una vez en casa, abro la puerta y el salón parece vacío completamente.

-¿Hola? – digo. Mi voz resuena por el pasillo y alguien lo oye.

-Aquí. – responde ese alguien. Alguien llamado Harry y que aparece holgazaneando para variar, tumbado en la cama.

Le miro con gesto molesto y él me observa en silencio sin idea de lo que ha hecho.

-¿Qué?

-¿Cómo que qué? ¿Has hecho lo que te dije? – le pregunto esperando un sí por respuesta, o alguien morirá esa misma noche.

-Eh… - comienza Harry incorporándose. – Pues… ahora que hablas de eso…

-¡Harry! – le grito- ¿Es que acaso te piensas que lo voy a organizar yo todo? ¡Joder! ¡Que se supone que es tu novia, no la mía! – digo poniendo los ojos en blanco. – Una semana, te doy una semana para prepararlo todo. Yo me encargo de María, lo demás esta todo en tu mano.

Harry asiente en silencio mientras me aparto de la puerta.

-Belén. – me llama antes de que entre en mi cuarto. Me asomo de nuevo por la puerta y le miro esperando a que hable. – Gracias. Por todo.

Sonrío, un poco menos enfadada que antes.

-Oh, cállate.

3/11/12

Capítulo 65

Sonrío y me levanto del todo con las pilas repentinamente recargadas.

-Te lo cuento por el camino. Vístete, no tenemos tiempo que perder.

-¿Por el camino, a dónde?

-¡Deja de preguntar y hazme caso por una vez! – digo cogiéndole del brazo y haciéndole levantar de malas maneras.

-Vale, vale. No te pongas así, pequeña gruñona.

Sonrío todavía con el ceño algo fruncido y le hago aspavientos para que salga de la habitación. Me visto con lo primero que pillo y salgo al pasillo para encontrármelo en el pasillo esperando

-Qué velocidad. ¡Vámonos pues! – digo cogiéndole de la mano y dándole un tirón hasta la puerta. Harry se tropieza pero mantiene el ritmo.

Ah, la calle. Realmente el día era extraño, pero adoraba aquel tiempo. A Harry no parece gustarle demasiado, por la cara que pone. Lo ignoro y me pongo en marcha hacia donde sólo yo sé.

-¿Cuándo vas a contarme dónde vamos? Y lo más importante, ¿para qué?

Me río con un ápice de malicia y le cojo del brazo.

-Querido hermanito mío, estás a punto de descubrirlo. –digo señalando un edificio blanco, no muy alto, que parece haber pasado muchos años a la intemperie. Bajo las ventanas, un letrero verde, mal pintado y algo viejo al igual que la puerta y el letrero de abierto.

-Es… Es una…tienda de ropa. De ropa a medida.

-Jo, tú solito, que bien. – digo haciendo un homenaje a la más grande de las ironías

–Vamos, no te quedes ahí.

Al llegar, abro la puerta de inmediato y las campanillas me recuerdan a aquel día…

Sacudo la cabeza y me inmiscuyo dentro de la pequeña salita que emana un aroma a canela y a máquina de coser. Sonrío al instante al reconocer a la señora mayor que al escuchar la campanilla echa la mirada por encima de las gafas.

-Buenos días. – digo con tono melodioso. No estaba muy segura si se acordaba de mí.

-¡Querida! – exclama de pronto. – Cuanto tiempo, pasa, pasa. ¿Quién es este apuesto caballero.

-Oh… ¿se acuerda de mí? – pregunto algo sorprendida. Hacía bastante que había pasado por ahí. – Es… es mi hermano, Harry.

-¡Claro que me acuerdo de ti! La pequeña Alicia. – dice sonriente. – No hay mucha gente que se pase por aquí, y de los pocos que entran me acuerdo de la mayoría, ¡tampoco estoy tan mayor! – ríe colocándose las gafas mientras se acerca. - ¿Qué os trae por aquí?

-Necesitamos un traje. –digo de sopetón, lo cual hace que Harry emita un gruñido de sorpresa. – Bueno, necesita.

Ambos me miran en silencio con la sorpresa pintada en la cara.

-Bien, vamos a ver que tengo por ahí… - dice mientras se adentra en el almacén tras una cortina de piedrecitas.

Al darme la vuelta, la mirada asesina de Harry me sorprende.

-¿Un traje? – dice Harry arqueando una ceja

Asiento sonriente y saco un papel del bolsillo de mi chaqueta, ya dicen que vale más una imagen que mil palabras. Harry toma con cuidado la foto y la mira como si volviera de pronto al pasado.

-Es del baile… - dice sin apartar la vista de la foto. De pronto parece atar cabos sueltos. - ¿Quieres qué…?

Asiento enérgicamente y sonrío todavía más ampliamente, parece que lo ha cogido a la primera. De pronto Harry sonríe también y se me acerca de forma repentina rodeándome con sus brazos y apretándome contra su pecho con la fuerza de un oso.

-Eres un maldito genio, enana. – dice dándome un beso en la cabeza. Trato de separarme, me falta el oxigeno.

-Vale, vale, ya lo sé. – digo riéndome, volviendo a respirar. – No hace falta que me deis las gracias. Menos mal que os aprecio… ¿eh?

En ese preciso momento aparece Debbie, la dependienta, con lo que parecen unos cuantos trajes. Muy bonitos.

-¡Vaya! Que maravilla – digo fascinada. –Vamos, métete ahí dentro.

Harry se lleva la mano a la frente como si fuera un soldadito y a ambos nos entra la risa tonta.

Uno tras otro los trajes van pasando por el probador y posteriormente por el criterio de las dos damas que estábamos en la sala, cuando de pronto…

-Vaya… - dejo escapar casi sin darme cuenta en cuanto Harry sale del probador. – Mírate…

Debbie sonríe complacida y se lleva las manos entrelazadas al pecho.

-¿Qué pasa? ¿os gusta? – dice Harry dando una vuelta.

Quién iba a decir que aquel color azul marino, con aquella camisa blanca tan simple y es corbata granate le iba a quedar tan bien. Mi hermano parecía un completo caballero.

Asiento en silencio y vuelvo la mirada hacia Debbie, que sigue igual de sonriente.

-Nos lo quedamos. – digo de pronto ajustándole la corbata. – cámbiate, tenemos más cosas que hacer.

Harry vuelve a asentir firmemente imitando a militar y vuelvo a reírme. De pronto mi móvil comienza a sonar, lo saco del bolsillo con calma, pero al ver quién es el que llama, las manos me empiezan a temblar.

Le hago un gesto a Debbie, y salgo de la tienda, intentando mantener la calma.

-¿Sí? – digo alegremente. Pero sólo se oye una respiración agitada.

-¿Belén? ¿Puedo hablar contigo? –dice la firme voz de Louis

-C-claro… ¿Qué pasa?

-¿Qué que pasa? ¡Sabes muy bien lo que pasa! – exclama algo agitado. Empiezo a preocuparme, de veras no tengo ni idea de lo que está hablando. Se le escucha respirar hondo y segundos después continua hablando, un poco más calmado, espero… - Belén, ¿por qué no me lo dijiste?

De pronto noto como mi corazón se para en seco y vuelve a latir con fuerza al momento provocándome un profundo pinchazo en el pecho. No podía ser. No se lo había dicho, a no ser qué…

Entonces lo recuerdo. Cuando me fui, Louis estaba ahí, y Harry y María también. Mierda, mierda, mierda.

-Louis, yo… - tomo aire y reorganizo mis pensamientos lo más rápido que puedo. – Todavía no tenía nada pensado, no quería que nadie lo supiera y…

-Joder, pensaba que confiabas en mí. Podría haberte ayudado, pero preferiste ocultármelo ¿no? Genial… - dice. Por su tono parece muy decepcionado, y eso me parte en dos.

-Y confío en ti, pero… Louis, por favor, entiéndelo. Necesitaba tiempo para pensarlo yo sola. No podía ir anunciándolo por ahí porque sabía perfectamente que todos os pondríais a gritarme lo estupenda que es esa oportunidad para mí… Pero es una decisión mía

-Estupendo entonces. Que te vaya bien en Edimburgo, a ti a tus queridas decisiones. – dice como última frase, después, sólo unos cortos pitidos rompen el silencio que rebota en mis oídos.

No sé como reaccionar, no sé ni siquiera muy bien lo que ha pasado. ¿Qué había hecho mal? ¿Por qué se ponía así conmigo por semejante cosa?

Veo a Harry que me saluda por la puerta con una bolsa en la mano y mi chaqueta en otra. Me acerco, tomando aire y abro la puerta con sosiego.

-¿Qué hacías? – dice poniéndose su chaqueta.

-Hablar por teléfono. ¿Nos vamos?

Le miro algo distante. El ánimo se ha ido de mi cuerpo de cuajo y eso que hacía a penas unos minutos estaba como si nada…

-¿Te encuentras bien? – pregunta Harry colocándose bien la camiseta.

-¿Eh? S-sí… Estoy bien.

-Venga ya, es imposible que en un minuto hayas pasado de estar contenta a no decir ni una palabra. No te pega. ¿Quién era?

-Nadie. – digo en tono cortante. – Ya está, Harry, no me agobies. No quiero hablar de ello.

Harry suspira exasperado y se da la vuelta para coger la chaqueta.

-Sabes que te seguiré preguntando todo el camino hasta que me lo digas. – dice revolviéndome el pelo por tercera vez en el día. – Y además vivo en la misma casa que tú, así que prepárate.

Suspiro y vuelvo a dejar el teléfono en el bolsillo. Una vez fuera, el sol se asoma entre las nubes como si tuviera vergüenza de dejarse ver. Pero ya no tengo ganas de ver al sol, ni al sol ni a nadie.

-Vamos, dime que ha pasado.

-Déjalo ya, ¿quieres?

Y la conversación termina ahí, ni siquiera me digno a mirarle a la cara antes de seguir andando.

24/10/12

Capítulo 64 parte II

Días después, como la calma que precede a la tempestad todo sigue tal cual había quedado desde entonces. Una telilla de nostalgia y tristeza cubría todo Norwich, como queriendo decir adiós al verano definitivamente.

Septiembre entraba con ganas, quedaban a penas tres semanas para empezar el curso y yo seguía, tumbada en la cama, el hilo de la sábana como si el tiempo no pasara. Y el reloj lo desmentía, eran las diez y cuarto de un sábado raro, nublado y muy raro.

-¿Estás despierta? – murmura una voz detrás de la puerta, antes de abrirse unos centímetros. Harry enfoca sus grandes ojos verdes para encontrarme con los brazos en alto y un ojo medio cerrado. Sonríe con un ápice de tristeza y abre un poco más la puerta. - ¿Se puede?

-Pasa. – murmuro incorporándome. – Nunca entras en mi cuarto, sólo para gritarme cosas… ¿Qué te pasa?

Harry se sienta en la cama con los hombros caídos y me despeina de repente.

-¿Es que no puede uno entrar a ver a su hermanita?

La sonrisa rota de mi hermano me da que pensar. De pronto me viene a la cabeza la situación que dejé a medias, aquellos dos se habían quedado solos cuando yo me fui en un arranque de ira. Ellos… y Louis.

Suspiro y me acerco a él aferrándome a las mantas. Harry no para de mirar al suelo.

-¿Qué pasa? Quiero decir… ¿qué pasó? – pregunto en voz baja

Harry sonríe sin mirarme, como buscando en sus memorias un momento que poder contar, algo que ocurrió de veras y no en su cabeza.

-Nada. – dice finalmente. – Está bien, tranquila, sólo estoy cansado.

-Sabes que a mí no me engañas. Sabrás mentir todo lo bien que quieras, pero a mí no me la das. – digo pegándole un suave puñetazo en el hombro.

-Estoy cansado, creo. – dice su voz parece temblar al final de la frase. – Cansado de todo.

Sonrío de forma compasiva y le abrazo.

-¿Te acuerdas cuando todavía estábamos en el instituto? Quiero decir, cuando tú, Liam y Louis todavía estabais en el instituto, cuando nosotras casi acabábamos de entrar ahí – digo mirándole. – Me acuerdo que estaba aterrorizada

Ambos nos reímos, y de pronto hay un breve silencio.

-También recuerdo que Louis y tú no hacíais más que meteros en líos, y Liam siempre tenía que sacaros de todas.

Harry ríe más alto esta vez y señala que alguna vez también había sido al revés.

-Pero, de lo que más me acuerdo es del brillo que tenía en la mirada cada vez que te veía aparecer por la puerta. – digo perdiendo la mirada en el cristal. Sonrío y miro la reacción de mi hermano.

-¿Q-quién? – dice en un hilo de voz. Sonrío y ladeo la cabeza.

-¿Quién va a ser, idiota? – me destapo un poco y me levanto de un respingo para llegar de un bote a la cómoda blanca que descansa en una esquina de mi habitación. Abro uno de los cajones y busco algo que quiero enseñarle, no tardo mucho en encontrarlo. Vuelvo a la cama con un libro entre las manos. Busco una de las páginas, y ahí estaba. – Míralos, parecemos tontos.

En la página aparecía una foto de los seis, Louis, Liam Harry, María, Laura y yo. Parecía una foto antigua, y lo era. Recuerdo que fueron unas vacaciones, en el jardín de Liam. En ella se apreciaba como todos nos agrupábamos torpemente para hacer la foto, mientras todos salíamos poniendo caras, sonriendo o mirando para otro lado, María parecía abstraída, como encandilada.

-Te estaba mirando. – digo de pronto señalándola. – Si después de todo lo que me ha contado sobre ti, después de esto -digo golpeando el dedo en la foto. – sigues diciendo que no te quiere, te apalearé hasta que ruegues por tu vida, ¿me oyes?

Harry no reaccionaba, estaba como ido, como si se le hubiera esfumado la capacidad de hablar. Sólo miraba la foto, como si acabara de descubrir un valioso tesoro, como si atara cabos mentalmente.

-¿Sabes de qué otra cosa me acuerdo muy bien? – Digo sonriendo de lado – Del baile de fin de curso.

De pronto levanta la cabeza del libro como un resorte y me mira con los ojos bien abiertos, casi da miedo.

-El baile… - repite en voz baja.

Asiento, él también lo recuerda.

-Cuando después de armarse de valor para pedirte un baile, tú te fuiste porque Kristen no hacía más que llamarte y no se te ocurrió otra cosa que decirle que al final de la fiesta bailarías con ella. – suspiro y bajo la mirada. – me rompió el corazón verla sentada en aquel banco, aun cuando ya se había ido todo el mundo. Creo que es algo que nunca ha olvidado, puede que te haya perdonado pero…

La cara de Harry parece una esquela. Está pálido y me mira horrorizado.

-¿Entonces…? ¿Crees que es por eso?

Niego con la cabeza y le miro.

-No creo que siga pensando en ello, pero inconscientemente, quizá crea que… bueno, que le vuelvas a dejar plantada en mitad de la fiesta, ¿sabes? Quizá no quiera confiar en ti al cien por cien, porque cree que le volverá a pasar lo mismo que aquella vez.

Harry respira hondo, como si le faltara el aire. No era la primera vez que lo pensaba, pero nunca había tenido el momento oportuno para decirle todo aquello, por una parte porque siempre había pensado que eran cosas mías.

-Por eso tú desconfiabas también de ella, porque estaba distante. Creías que era porque no te quería. Yo creo que tiene miedo. – le paso la mano por la espalda para reconfortarle. – Pero tranquilo.

-¿Cómo quieres que esté tranquilo? ¡Ni siquiera se me había pasado eso por la cabeza!

-¡Eh! Es sólo una suposición. – digo frunciendo el ceño. – Pero tengo una idea brillante.

Sonrío de oreja a oreja y Harry alza una ceja ante mi comentario.

-¿Qué idea?

19/10/12

Capítulo 64 parte I

-No me esperaba esto, la verdad. – comenta Zayn removiendo tranquilamente un café. Laura hace lo mismo con el suyo.

-Yo no me esperaba lo del otro día. Ya me contaron. – dice sin dejar su expresión sonriente y despreocupada que ocupa su rostro desde que entró en la cafetería. - ¿Pensabas contármelo o simplemente dejarlo pasar, como si nada?

Zayn suspira y se pasa la mano por el pelo tratando de buscar alguna respuesta a su pregunta. Sonríe tímidamente temiendo una contundente bofetada o algo por es estilo y clava el codo en la mesa.

-La verdad… que no contaba con que ocurriera. Fue espontáneo, no sé muy bien por qué lo hice. – murmura.

Laura sonríe y asiente con ápice sarcástico.

-Qué gracia, ¿pero sabes lo peor? Que lo sabía hacía mucho tiempo, pero por algún extraño motivo no quise creerlo, pero esto me demuestra que tendría que haber confiado en lo que me pareció ver. ¿Por qué has sido tan cobarde?

El gesto amable de Laura queda desterrado por uno que roza entre el desprecio y la decepción. Zayn se limita a mirar su café como si ahí fuese a encontrar algo que le ayudase a salir de aquella situación, pero Laura no parecía por la labor de dejar aquel tema sin zanjar.

-Laura, yo…

-No. Tú nada, estoy muy cansada de oír lo mismo. – un suspiro inaugura de nuevo el silencio, cortante y frío. - ¿desde… desde cuando?

Su tono cambia de inmediato, ahora suena más como una niña pequeña decepcionada.

-Supongo que desde aquello en el ascensor. Al principio no quería reconocerlo, fue algo que pasó sin más, pero… - vacila un segundo y observa el sobrecogedor gesto de Laura, que parece romperse un poquito más a cada palabra que él dice, pero es algo que tiene que hacer, por el bien de los dos. Cerrar y pasar página. – Bueno, creo que sentía algo más que un beso por ella. Pero está con Harry y le quiere muchísimo, está claro, eso no puedo cambiarlo. Con lo cual me intenté alejar de ella.

-¿Y todo este tiempo me utilizaste para olvidarla? – murmura Laura.

-No, no, en absoluto. Al revés, traté de alejarte de mí, de dejarte ver que no era la persona con la que te mereces estar. Laura, de todos los que se reparten esta situación, puedo decirte que el que peor se siente soy yo.

Esta vez las palabras de Zayn sonaban distinto. No era el de siempre, no era el Zayn que siempre gastaba bromas y nunca hablaba en serio. Este era el Zayn sincero, el Zayn que hablaba con el corazón en la mano. Y sus ojos empañados por las lágrimas lo corroboraban.

Una vez más, el silencio. Pesado sobre los hombros de los presentes en aquella mesa, abrumados por las cartas que acababan de ponerse sobre la mesa. Realmente era algo que ya Laura sabía, pero necesitaba escucharlo de su propia boca. Sólo por si acaso.

-En ese caso, creo que ya está. Así acaba. – dice Laura sonriendo, aunque su tono suena más bien triste y afligido.

Zayn sonríe sin elevar la mirada y tuerce la cabeza dándole la razón a la castaña. Aquello sí que era un momento incómodo donde los haya.

-De todas maneras… Seguimos siendo amigos, ¿no? – murmura Zayn con un ápice de esperanza en sus palabras.

Laura asiente y recoge sus cosas aprisa.

-¿Dónde vas?

-A casa, necesito estar sola un rato. Un buen rato. – dice mientras su voz queda eclipsada por el ruido de la silla al moverse. – Adiós , Zayn.

-Ya nos veremos. – pronuncia él mirándola con afecto. Laura asiente de nuevo y la campanita de la puerta anuncia su marcha del local, donde no parece haber ocurrido nada, donde no parece haber acontecido una ruptura, silenciosa pero dolorosa, todos han sido testigos de aquello, pero a nadie parece importarle lo más mínimo.

Continuará

13/10/12

Capítulo 63

Era raro, pasar tanto tiempo con Niall. Además, me había presentado de improvisto y sin más él me había invitado a su casa. Sinceramente, le debía una.

Subo por las escaleras, todavía con la incomodidad en el cuerpo. Le miro y él me sigue sonriente por las escaleras. Al ser un primero, no hace falta coger el ascensor. Llegamos, y al abrir la puerta se respira un extraño y agradable olor a canela.

-¿Qué es eso que huele tan bien? – pregunto tomando aire profundamente.
Niall sonríe dulcemente y deja la leche en la encimera mientras se dirige a uno de los armarios de la cocina.

-Es una receta especial que preparaba mi madre, espera un poco. – dice sacando dos tazones enormes. Alzo una ceja y sonrío. ¿Me iba a preparar un tazón de leche? Ni que tuviera siete años… Aunque sinceramente no me parecía mal.

Habían pasado unos quince minutos, y había optado por sentarme en el sofá, aunque seguía mirando la estancia, nunca había estado ahí. Alzo la vista sorprendida por la proximidad de Niall, que lleva los dos tazones de antes, aunque esta vez humean.

-Vaya, esto si que es una sorpresa. – digo tomando uno de ellos. Echo un vistazo a su contenido con curiosidad, no sabía decir… - ¡Avena! ¡Avena con canela! Que rico…
Niall se ríe y me extiende una cuchara.

-Nada mejor para hablar que un tazón de avena calentita, ¿eh? –dice sentándose a mi lado y dando una profunda cucharada. Asiento y le imito. Está delicioso. - ¿Y bien? ¿De qué querías hablar?

De pronto se me evapora la sonrisa y la magia del momento se hace añicos. Ugh, por qué. Sabía que en algún momento tendría que sacar el tema, pero no quería hacerlo. Suspiro y me quedo mirando al suelo como si reluciera.

-¿Belén?

-Sí… el caso es que…

-Hmm, situación incómoda ¿eh? – dice recostándose. – Tranquila, no te juzgaré. – Le miro casi agradecida y esbozo una pequeña sonrisa. Después de meditar el principio unos minutos, me recuesto también en el amplio sillón y me paso la mano por el pelo. Niall no aparta la vista de mí.

-El caso es que tengo un dilema en la cabeza que no me deja vivir tranquila. Es como si… Como si todos quisieran decidir por mí, como si supieran lo que es mejor para mí. Pero, ¿qué saben ellos? – Digo al fin cerrando los ojos con fuerza.

-¿Cuál es ese dilema? – dice Niall. No había caído que él no sabía nada del tema de la carta.

-A ver, el otro día llegó una carta a casa, de la universidad de Edimburgo. – Niall se atraganta sonoramente y me mira sin parpadear.

-¿¡La universidad de Edimburgo!?

-N-no hagas eso, por favor. – digo arrugando la nariz con disgusto. Todos hacían lo mismo. – Como te decía, resultó que mi madre había mandado mi expediente ahí, para que al acabar el instituto, pues…

Niall hace un amago de hablar pero le corto con una sola mirada. Sabía lo que iba a decir, y no quería oírlo.

-La cosa es que todo el mundo dice “¡Dios mío, Belén! ¡Es una oportunidad que no puedes dejar escapar!” Pero… - suspiro de nuevo y miro a Niall. – No quiero. Porque escoger eso significa dejarlo todo aquí. A todos vosotros, mi vida… Todo. Y no podría hacerlo.

Niall parece preocupado. Suspira también y se vuelve a incorporar, me mira serio y un nudo se me forma en la garganta, conozco esa mirada. Era la misma que había empleado Harry para gritarme que tenía que largarme a esa universidad o que me llevaría a rastras hasta la estación.

-Bueno, la verdad que sí es un dilema bastante gordo. La verdad que sí… - dice Mirándome. Levanta la comisura de su boca, haciéndome sentir un poquito mejor. Era un comienzo bastante alentador. – Es cierto que sólo tú puedes decidir si vas o no, y lo que te digamos los demás en realidad no importa mucho, pero… Tienes que comprender a los demás, sobre todo a Harry. Eres su hermana pequeña, ¿Qué no haría por ti?

Sonrío con aire melancólico recordando hazañas de cuando éramos críos. Me hacía la vida imposible, pero cuando lloraba era él quien venía corriendo para ver qué me pasaba… Le miro y él continúa hablando, esta vez un poco menos serio.

-Además, es la universidad de Edimburgo, ahí no entra cualquiera. Es verdad también que es una oportunidad que no se presenta todos los días, y deberías pensar en tu futuro. – dice con tono burlón de padre y el dedo índice señalándome. Me río y el hace una pausa. – Pero claro… para ello tienes que hacer borrón y cuenta nueva. Nueva vida, nueva ciudad… pero, eh. Somos tus amigos, ¿Cómo nos íbamos a olvidar de ti?

-El tiempo. Eso lo dices ahora, pero ¿y cuando no podamos vernos en… meses? Aunque queramos, nunca volverá a ser lo mismo. Además, ¿cómo se lo digo a los demás? –le interrumpo preocupada.

-Si con los demás te refieres a Louis… - su deducción me pilla por sorpresa. Niall, sal de mi cabeza. – No le hagas caso. Si de verdad te quiere te apoyará sea cual sea tu decisión. Y por lo menos yo, prometo llamarte al menos una vez por semana, por si te mueres o algo. Y además, así podemos mover a esa panda de imbéciles que viven con el culo grapado a este pueblecillo. Los harás moverse un poco, y viajar de vez en cuando no está nada mal.

Sonrío y de pronto se hace el silencio. La mayoría de lo que acababa de decir era lo que necesitaba escuchar. Un empujoncito en la dirección correcta, no en mi decisión, si no en la de aclarar mi mente.

-¿De verdad lo crees? –digo en un hilo de voz. Niall asiente.

-Si no lo creyera no te lo diría. No tengo ninguna necesidad de mentirte. Todo saldrá bien, sea lo que sea lo que elijas.

Me incorporo de repente y dejando el tazón en la mesa, me lanzo al cuello de Niall rodeándolo fuerte con mis brazos.

-Gracias Niall.

Él se ríe y me frota la espalda.

-No tienes por qué darlas.

Definitivamente, le debía una.


Las casualidades estaban a la orden del día aquella tarde, y es que Zayn había salido a dar una vuelta por la ciudad cuando Laura, salía a buscar a Sam. Casualidades que ocurren cada equis tiempo, ambos encontraron sus miradas en uno de los miles de pasos de cebra que cruzaban sus caminos.

Laura mantiene la mirada firme a la par que Zayn la aparta como si no huebiera visto nada.

“Cobarde.” Piensa Laura mientras espera a que pase por su lado para llamar su atención.

-Hey. – dice sonriente. La reacción de la muchacha deja algo confuso a Zayn. Se esperaba un puñetazo, o una mirada de asco profundo, pero aquello le había pillado por sorpresa.

-H-hola. – le saluda con un hilo de voz. Para cuando quiere darse cuenta, se encuentra andando en el mismo sentido que la morena. Suponiendo que le vendría bien resolver unos cuantos temas abiertos, propone algo que descoloca esta vez a Laura. - ¿Te apetece un café, o algo?

Ella alza la ceja y asiente intrigada ante la propuesta.


María suspira por tercera vez mientras mira de reojo a Harry, que sigue de pie en mitad del salón.

Louis espera a escuchar la historia, algo intrigado y preocupado por el gesto que ambos muestran, ¿qué pasaba?

-Verás… El caso es que Belén tiene una decisión entre manos que le está causando un gran dilema… - comienza Harry. – la verdad es que…

-Han enviando una carta de la universidad de Edimburgo aceptándola en el próximo curso. – completa María mirándole con poca expresión.

El rostro de Louis se volvió inexpresivo al instante. A María le recordó a lo que ella había sentido hacía un momento. Las palabras intentaban salir, decir algo coherente, o algo simplemente, pero sentía como si le hubiesen cortado el oxígeno de golpe.

-Desde… ¿cuando? Por qué… No, no puede ser. – dice en voz baja.

Harry se acerca a él con gesto compasivo y le pone una mano en el hombro para intentar consolarlo. Pero eso no bastaba para él. No estaba triste, no era eso lo que sentía, sino una rabia que crecía a medida que pasaba el tiempo.

-¿Por qué no me había dicho nada? ¡Se supone que estábamos bien! – Louis aprieta el puño y mira a Harry sin saber como reaccionar.

-Relájate, Louis. Todavía no sabe que decidir, necesitaba tiempo… - dice María en mi defensa.

-¡Y yo que confiara en mí! -El silencio se apodera del resto de la conversación, que pronto se da por finalizada.

El amargo sabor a decepción fue lo único que quedó en la sala, a parte de la presencia de Harry y María.

-Creo que… me voy. No pinto nada aquí. – pronuncia en voz baja María mirando a Harry. Sin esperar respuesta alguna cruza la puerta, dejando a Harry sólo y algo abatido después de todo aquello.

28/9/12

Capítulo 62

María me mira algo cabizbaja y me entrega en silencio el papel que sostiene en la mano. Lo cojo suavemente y lo comienzo a leer para mí, con las dos primeras palabras ya sé de que se trata…

-Oh, por favor, otra vez con esto no… - digo llevándome la mano a la frente

Me siento en una de las sillas próximas a mí y dejo el papel en la mesa, mirándolo en absoluto silencio. María se acerca un paso y me contempla como si no supiera que hacer. Harry le pone la mano en el hombro y ambos se miran. Harry asiente y se acerca hasta mí, sentándose en la silla de en frente.

-No voy a insistir, sabes lo que pienso sobre esto. Pero sólo contéstame una cosa, ¿Por qué? Si fuera tú ya estaría haciendo las maletas.

Chasqueo la lengua y le miro, con rabia en los ojos.

-No lo entiendes ¿verdad? – digo en un hilo de voz. – Claro que no. Si me voy, lo pierdo todo. Lo que he vivido, mis amigos, los he de dejar atrás, ¿para qué, para llegar a un lugar donde no conozco a nadie en absoluto? Tienes que estar de broma.

María se acerca en silencio y apoya las manos suavemente en la mesa.

-Bueno, lo que yo creo… - dice casi en un murmuro. Harry y yo le miramos. – Creo que deberías ir.

-Venga ya, ¿Tú también? ¿Por qué me hacéis esto? ¡Dejadme decidir a mí, es mi vida! – me levanto

-¡Lo hacemos porque te queremos, Belén! ¡Porque pensamos que es lo mejor para ti! – dice María

Me quedo en silencio y arrugo la nariz con algo de impotencia. Desde luego que era una oportunidad de oro, pero… ¿No podía esperar un poco más? No quería… No podría dejarlo todo ahí, mi vida, empezar de cero… Sería demasiado para mí.

-¿Sabéis? No quiero hablar de ello.

-¡Nunca quieres hablar de ello! ¿Qué vas a hacer, rehuirlo para siempre? – dice Harry enfadado.

-¡Por lo menos hasta que pueda! – en ese momento cojo mi chaqueta y me dirijo a la puerta con la vena del cuello hinchada.

Al abrir la puerta, me encuentro de forma repentina con Louis, que casi se choca conmigo al ir a llamar. Le miro sin mucha expresión facial y paso de largo. Mientras, el muchacho me observa entre preocupado e intrigado. Hace un par de gestos y dirige la mirada a Harry y María que permanecen de pie en mitad del salón sin saber que hacer.

-¿Q-qué ha pasado? – pregunta con una ceja arqueada.

Harry suspira y María niega suavemente con la cabeza.

-Larga historia. – comenta Harry en un hilo de voz.

-Tengo tiempo de sobra.


Había pasado un rato bastante largo desde que había empezado a caminar y empezaba a tener algo de frío y sentir la soledad. Mi cabeza es un enjambre de abejas, no quiero pensar, no quiero decidir.

Quizás todo fuera más fácil si alguien lo hiciera por mí. No quería tener que decir sí o no. Quería quedarme y estar con los que quiera, donde quiero. Pero por otro lado estaba esa universidad, aquel prestigioso lugar dónde sólo te aceptan si vales la pena, y me habían dado la oportunidad, ¿cómo iba a dejarlo pasar? Tendría que estar loca.

No sé muy bien donde estoy, pero creo que me suena bastante esta calle. Definitivamente he estado antes. Y de pronto reconozco aquel lugar por el rubito despreocupado que sale por la puerta de uno de los edificios.

-Niall… - digo en un murmuro. Oh, querido subconsciente, a veces me sirves para algo. Sabía que Liam, Zayn y Laura iban a insistir en que me marchara. No tenía ni idea de cómo reaccionaría Louis, ni siquiera había pensado en mencionarle nada del asunto. Pero aquel chico… él a lo mejor tenía la solución.

Me acerco a él sin mucha idea de cómo abordarle en mitad de la calle.

-N-Niall… - le digo poniendo la mano en su hombro. El muchacho da un respingo y se gira sobresaltado.

-¡Belén! Menudo susto me has dado. – Dice él sonriendo. Me sonrojo un poco y sonrío también. - ¿Qué haces aquí?

-He pensado en llamarte, pero he caído en que no tengo tu teléfono. – digo suspirando. – Necesito tu ayuda… ¿Te pillo en un mal momento?

Niall frunce el ceño.

-¿Mi ayuda? ¿Para qué? – pregunta intrigado. – Sólo iba a por leche, para mi hermano. Puedes acompañarme si quieres.

Asiento en silencio y le sigo el paso. Tardamos unos minutos en romper el silencio, los dos hablamos a la vez y reímos torpemente.

-Tú primero. – dice él.

-No, no, tú primero.

-Ahora en serio, ¿Qué es eso en lo que te tengo que ayudar?

Respiro hondo y expiro con fuerza y me río de forma breve antes de mirarle sin saber por donde empezar. Cómo si fuera tan fácil explicar la mar de dudas que hervía en mi cabeza.

-Estoy hecha un auténtico lío. No es una decisión fácil, y puede que cambien las cosas, mucho. Por eso me asusta. – Digo mirando al suelo y hundiéndome en mi bufanda un poco más.

Niall ríe con ironía y me mira sonriente. Es curioso la tranquilidad que transmite este chico.

-Eso mismo pensaba yo antes de mudarme aquí. – dice mirando al frente. – Hace bastante frío, ¿no?

Sonrío y asiento. De pronto reparo en sus palabras, no sabía que Niall se había mudado aquí.

-Vine desde Irlanda, y me asustaba muchísimo marcharme de ahí, aunque claro yo era mucho más pequeño que tú ahora mismo. – dice contando los edificios. – Si no me equivoco hay una tiendecilla ahí, al torcer la esquina.

Asiento de nuevo, y estaba en lo cierto.

-Vuelvo en un santiamén. –dice entrando, las campanitas anuncian su llegada y la mujer que rige la tienda alza la cabeza y sonríe.

Miro a mi alrededor, estoy nerviosa. Llevo todo el día nerviosa. No queda mucho tiempo para que acabe el verano y tendré que tener algo pensado para entonces, pero… Oh, joder. ¿Por qué tenía que ser tan difícil decir si o no?

Niall me sorprende hablándome de que la leche entera tiene muchas más propiedades que la desnatada. ¿Cuánto tiempo llevaba hablando?

-Y… eso. Aunque es menos digestiva, está más rica. – dice con el brick en la mano, pero mi vista parece perdida allá por Narnia. - ¿Estás bien?

-S-sí, perdona. – digo cerrando un momento los ojos para recuperarme de mi ensimismamiento.

Volvemos hasta su casa, pero la conversación no avanza en el trayecto. Al llegar a su portal saca la las llaves y me mira.

-N-no quiero molestar. Seguro que tu hermano quiere tomarse la leche tranquilo.

-No está, llegará esta noche. Vamos, no seas tímida.

-¿De verdad? – digo frunciendo la nariz.

Niall abre la puerta y hace un gesto con la mano invitándome a entrar. Río y entro. Sé que estaba dispuesto a ayudarme, y era lo que realmente necesitaba.

13/9/12

Capítulo 61

Cruzo la esquina tras un rato andando y llamo como siempre 3 veces al telefonillo de la casa de María. Su madre me deja pasar y en lo que tardo en subir los dos pisos de escaleras, María me está esperando ya apoyada en el marco de la puerta.

-Dime que no vienes a hablarme de tu hermano.

Tuerzo el gesto y río disimulando mis intenciones.

-No, que va…

María frunce el ceño y me deja pasar mostrando una pequeña sonrisa.

Cierra la puerta y tras saludar a sus padres me voy directa a su habitación. Me siento en su cama y espero a que vuelva. Cuando lo hace, trae consigo unos vasos de cocacola.

-¿Y bien? – dice María arqueando la ceja.

-Estoy harta de estar de un lado para otro por vuestras movidas, eso lo primero. – le digo sin reparos seguido de un pequeño sorbo al vaso. María abre los ojos y sigue escuchando. – Segundo, ¿por qué lo hiciste?

María deja el vaso en la mesilla y me mira con cara de pocos amigos mientras se sienta a mi lado.

-¿Por qué soy yo siempre? ¡Yo no hice nada! ¡Zayn se me tiró encima! – La sinceridad se refleja en sus palabras. Dejo de beber y presto atención. – Comenzó a decirme que se había enamorado de mí, que desde que le besé no podía pensar en otra cosa… No lo entiendo.

Mi mandíbula se descuelga del susto. ¿¡Qué Zayn le había dicho qué!? Me esperaba algo más suave, algo como “Fue algo inesperado” pero que Zayn le declarara sus sentimientos así de sopetón no entraba entre mis posibilidades.

-Me caigo muerta. – digo en un hilillo de voz. - ¿Y se te echó encima, sin más?
María asiente y se lleva una meno a la cabeza. Aprieta los ojos con fuerza y pierde la mirada en el estampado del edredón.

-Y Harry lo vio todo. Pero es como siempre, como un crío pequeño. Se cabrea y no me deja que le explique nada, siempre es lo mismo y estoy muy cansada, Belén…

Suspiro y la miro preocupada. El gesto de ambos está desgastado por la preocupación. Es evidente que se quieren, tanto que les hace sufrir. Llamadme metomentodo, pero era hora de tomar cartas en el asunto.

Sonrío de forma inesperada y me levanto con brío de la cama haciendo sobresaltar a María.

-¿Te vas ya?

-Tengo unas cuantas cosillas que hacer. Tendrás noticias mías pronto. – le doy un beso en la mejilla y le revuelvo el pelo. - ¡Pórtate bien!

Después de despedirme salgo de su casa, luciendo una flamante sonrisa. Bajo las escaleras casi marcando un ritmo y salgo a la calle. Me sorprende que la temperatura sea tan fresca. Se acercaba el otoño y las hojas de los árboles comenzaban a teñirse de ocre.


Pasan los días, como minutos muertos de reloj. La cosa sigue igual, mismos problemas, mismas caras, mismos gestos…

Liam bosteza frente al cristal esperando la llegada de Allie. Quién le iba a decir que un día durmiendo hasta tan tarde le iba a sentar tan bien. Al levantar se había encontrado con una nota manuscrita en la nevera en la que Allie le decía que llegaría tarde a comer.

Decidido a preparar algo para comer, se aparta un poco de la ventana, pero de pronto la ve aparecer, y no sola. Un chico, alto y rubio la acompaña. Liam agudiza la vista, parecen estar muy juntos. Parpadea un momento tratando de asimilar, seguramente sería un amigo…

Al subir, Allie le saluda como si nada, pero Liam la mira como si acabara de asesinar a alguien a sangre fría.

-¿Te pasa algo, cielo? – dice ella frunciendo el ceño.

-¿Quién era él? – pronuncia Liam sin expresión alguna.


María llega hasta la puerta de mi casa, por algún motivo, algo la trae ahí. Quizás la intriga con la que me despedí hacía unos días. Llama suavemente con los nudillos y Harry abre la puerta sin muchas ganas.

Ambos mantienen una silenciosa conversación con la mirada mientras me acerco aguantándome la risa por detrás.

-¿Algo más que decir? – digo conteniendo la sonrisa. Harry se aparta de la puerta mirándome con una mezcla de odio y desprecio.

-Perdón… - murmuro. - ¿Cómo tú por aquí?

María aparta la mirada de mi hermano y parpadea para entender algo que acabo de decir y que no ha oído del todo bien.

-Eh… He venido para dar una vueltecilla. Si quieres, claro. – dice sonriente.

Sonrío y la dejo pasar.

-Voy a ponerme algo decente, espérame aquí. – digo desapareciendo a lo largo del pasillo.

La tensión se forma repentinamente en el ambiente cuando Harry y María se percatan de que se han quedado a solas. Pero Harry tiene cosas que decir.

-María…

-Harry, no voy a hablar contigo.- dice María de pronto. – Ya no. Te he dado demasiadas oportunidades. Me he cansado ya.

-No venía a hablarte de eso. Es algo que tienes que saber, no es sobre mí ni sobre nosotros. – dice poniéndose serio.

María relaja los hombros y frunce el ceño.

-¿A qué te refieres?

-Es sobre Belén… Deberías ver esto. – Se acerca a la cómoda y coge uno de los papeles que se encuentran encima, se lo extiende casi sin mantener contacto visual con ella.

María comienza a leer y su rostro parece ensombrecer con cada línea.

-¿Q-qué es esto? Quiere decir qué… - Murmura María. Su voz parece triste.

-Tenemos que apoyarla, hacer que vaya. Es una oportunidad única y si no la acepta luego será demasiado tarde para volver a atrás.

-Pero… Esto es de hace tiempo… ¿Por qué no me dijo nada?

-No se lo ha dicho a nadie. No quiere hablar de ello.

Salgo de la habitación poniéndome bien la chaqueta para encontrarme con que me asaltan dos miradas, ambas con destellos de preocupación.

-¿Q-qué pasa? – digo en voz baja.

10/9/12

Capítulo 60

A pesar de mi mirada asesina, ninguno deja de reírse. Resoplo y continúo andando. Niall me alcanza y seguimos caminando por la calle casi desierta. Los pasos absorben poco a poco la falta de conversación.

-Esta es. – dice Zayn sonriente señalando uno de los edificios blancos impolutos.

Los que quedamos nos giramos esperando a que se despida, y así lo hace con todos menos con una de nosotros. María se queda quita ante la mirada del muchacho, que parece indeciso.

-¿Puedo hablar contigo un segundo? – dice de pronto, en voz no muy alta.

María se gira hacia nosotros. Los músculos de Harry se ha puesto tensos y aparta la mirada. La miro con cara de circunstancia y suspiro. Ella se vuelve a hacía Zayn y sonríe no muy convencida.

-No veo por qué no.

Miro a Harry, que parece no gustarle mucho el plan. Saco la mano del bolsillo de mi chaqueta y le golpeo en el brazo, sacándole del ensañamiento que lleva en la cabeza.

-Para ya, ¿quieres? – le digo. Niall nos mira sin saber muy bien de lo que hablamos. Harry gruñe y mira al suelo, aparentando que no le importa en absoluto.
María parece un poco incómoda ante sus palabras, pero no consigo escuchar nada. De pronto algo ocurre, un movimiento brusco, Zayn sujeta el rostro de ella y ocurre lo que me temía.

Todos nos quedamos sorprendidos ante la intrépida acción del muchacho, y nada más pensar en ello, se me ocurre volver la mirada hacia Harry. Su cara se ha vuelto pálida, está paralizado. Cierra el puño con fuerza y aprieta los párpados intentando negar algo que acaba de ver.

María se separa de golpe de los brazos de Zayn, alejándose de sus labios con brusquedad. Aquello también la había dejado algo desconcertada, todo había pasado demasiado rápido para evitarlo, y el daño ya estaba hecho.

-¿Qué haces? – dice María apartándose de Zayn. Él parece algo decepcionado con la reacción.

-L-lo siento, pensé que…

-¡Pues pensaste mal! – protesta irritada. Fija su mirada directamente en Harry, quién todavía sigue inmóvil, como una estatua.

Da un paso, y negando con la cabeza débilmente y las manos encerradas en los bolsillos echa a andar en dirección contraria.

-Harry… - susurro sin conseguir su atención.

María chasquea la lengua y le observa alejarse. Por mi cara deduce que es ridículo seguirle, ahora que estaba cabreado no se dignaría a pronuncia ni una sola palabra ni aunque le pagaran, pero… ¿Por qué tenía que ir ella detrás de él a pedirle perdón? ¿Perdón por qué?

El ambiente se vuelve denso y difícil de asimilar.

-Déjale… - digo rompiendo el profundo silencio. – Mañana estará mejor y se podrá hablar con él. No te preocupes…

María tiene la mirada clavada en el suelo. Zayn trata de decir algo para suavizar la situación, pero cierra la boca al segundo.

-Creo que me voy a ir ya. Ya he metido la pata bastante por hoy. – murmura mientras se adentra en el portal. María le dedica una mirada nostálgica y echa a andar. Al pasar por nuestro lado ni siquiera dice nada.

Niall y yo nos miramos, confundidos.

-¿Me he perdido algo? – dice él acercándose a mí.

-Una historia muy larga, creo que será mejor que nos vayamos a casa… esto está muy caldeado. – digo enganchándole del brazo.

Niall se encoge de hombros y me sigue el paso. Pronto la calle queda de nuevo en calma… hasta la mañana siguiente.

Nada más despertarme puedo notar el mal humor de Harry impregnar todo el salón.

-B-buenos días. – digo asomándome a la cocina. Me asusto sólo con ver la cara de perro de mi hermano. Alerta: mejor no acercarse mucho.

Me preparo algo para desayunar y me siento en la mesa en la que ya se había aposentado él, con los codos clavados en la madera como vigas.

-¿Q-qué tal? ¿Todavía…? – me mira como si con cada palabra estuviera firmando mi sentencia de muerte y aquello me hace parar. – V-vale…

Suspiro y doy un sorbo a mi taza.

-¿Sabes? No. No me voy a callar. Me da igual que estés de morros. ¿Se puede saber que te pasa? ¡María no tuvo la culpa de lo de anoche!

-¡Déjame tranquilo! – grita alzando la cabeza por primera vez en el día. - ¿TE crees que no lo sé? ¡Pero eso no cambia nada de lo que siento! ¡Me siento traicionado, decepcionado, hundido…! Y sobre todo me siento impotente. No sé que cojones hacer para solucionar nada. Soy un inútil. Por eso María no me quiere, porque no sé hacer nada. – dice frunciendo el ceño.

No sé que responder. Me ha dejado callada, no sabía nada de aquello. Creía que eran sólo celos… pero mi pobre hermanito lo estaba pasando mal de verdad. Sus ojeras desvelaban su noche en vela. De pronto me siento fatal, lo había juzgado mal.

-Eh, eh… - susurro cogiéndole la mano. Él la aparta, al igual que la mirada.

Tengo que hablar con María, tenía que explicarle aquello o no volvería a dormir bien en la vida.

8/9/12

Capítulo 59

Y la noche empezaba, la cosa se empezaba a animar. Me empiezo a soltar, a reír más. Hacía tiempo que no pasaba tiempo con las chicas, y era reconfortante sentir un ambiente tan agradable.

-¿A caso nos vamos a quedar aquí? – Suelta de pronto Yvonne con las manos en la cadera y la mirada viva. – Deberíamos expandirnos.

-¿Qué quieres decir con eso? – dice Julie apartando la mirada de la ventana.

-¡Salir a la calle, joder! - repite en voz alta.

-¡Claro, salgamos por ahí! Seguro que encontramos algo divertido que hacer – respalda Roxy.

Las demás se encogen de hombros. No es mala idea que nos de un poco el aire. Aquella noche tenía demasiada buena pinta poco para pasarla entera metidas en aquel pisito.

-Por mí bien. – digo con una sonrisa maliciosa en la cara.

-Vamos a portarnos mal. – concluye Laura colocándose la chaqueta con un gesto de muñeca mientras alza una ceja.

Todas lucimos enormes sonrisas y en seguida le imitamos con nuestras prendas de abrigo. A pesar de que corre una fría brisa en la calle, la energía que desprendemos nos hacía olvidarnos completamente.


-Me aburro. – balbucea Liam dándole vueltas a la botella en la mano, despanzurrado en el sofá. Ninguno tiene cara de estar pasándoselo muy bien.

-Tu plan no está dando mucho resultado. – interviene Louis mirando a Harry con los ojos entrecerrados. Este pone los ojos en blanco y suspira. – Aunque el mío tampoco…
Los cinco chicos se miran entre sí, esperando que alguno de ellos tenga la brillante idea que les salve la noche. Pero no hay ninguna reacción, ninguna bombillita encendiéndose, simplemente se ven, sentados con la mirada perdida en la descolorida alfombra del salón. Era deprimente.

-No soporto esto. – dice Niall levantándose de su asiento con brusquedad.

Todos se giran para observarle con atención. Está guardando sus cosas y colocándose la cazadora.

-¿Os vais a quedar ahí? Me voy a la calle a ver si hay más movimiento que aquí. Si queréis seguir aquí apolillándoos, vosotros mismos.

De pronto un movimiento masivo de todos los presentes hace un estrepitoso ruido cubra toda la estancia. En menos de cinco segundos, como si de una maniobra militar se tratase, todos parecen formar una fila de uno junto a la puerta, esperando que Niall de la salida.

Niall se echa a reír y abre la puerta haciendo un gesto para que pasen los demás.
Ambos lados de aquella pequeña guerrilla entre sexos habíamos optado por abandonar el guateque y salir a conquistar las diminutas calles de Norwich.

A pesar del frío que toma consistencia, la gente abarrota las calles, llenándolas de la vida y la alegría necesarias para dar pie a una noche de fiesta. Las chicas y yo hacía un buen rato que andábamos, pasando por bares, pubs y demás, pero como más de una temíamos hacía tiempo, acabamos en el mismo sitio de siempre.

Aquel bar lucía con una luz cálida, y el verde de la fachada resaltaba el dorado de las letras, adornadas por algunos detalles con pintura del mismo color. A su lado, unas pequeñas lámparas, similares a las farolas, alumbraban el pequeño trocito de acera, en las que dos barriles te invitaban entrar a tomar algo.

-Así que aquí estamos. – murmuro mirando el título con una sonrisa irónica. – Parece que nos llame y todo, ¿eh?

Algunas risas acompañan mi comentario, y nos agrupamos delante del local.
-No me importa quedarme aquí, la verdad. – dice María, y un coro de “A mí tampoco” le respaldan de pronto. Nos reímos casi al instante y damos un paso al frente, dispuestas a entrar en el recinto.

La campanita de la puerta suena con gracia desde lo alto, dándonos la bienvenida. El camarero sonríe y nos saluda. Tomamos asiento en una de las mesas vacías y pronto nos atienden. Pocos minutos después, ya estamos riéndonos frente a nuestros vasos llenos. Era agradable estar ahí, es cierto.

-¿Alguna sabe algo de los chicos? – dice Laura llamando la atención de la mesa. Todas nos encojemos de hombros y nos quedamos en silencio. – No importa, seguro que lo estamos pasando mejor que ellos.

Una agradable música de fondo, no muy alta, acompaña nuestra conversación, hasta que algo nos llama la atención. No hace falta estar muy atento para darse cuenta de ello.
-¿Coincidencia? No lo creo. – dice Sam riéndose.

-¿Qué hacen aquí? – dice María frunciendo el ceño con intriga.

-Vaya, vaya… - digo cruzándome de brazos y sonriendo. – Parece que el guateque no les ha ido tan bien como creían. No sé por qué, pero me lo imaginaba.

El bar no es excesivamente grande, así que rápidamente cruzamos miradas.
Sorprendidos, algunos enmarcan una tímida sonrisa, retirando los vasos de la barra y acercándose como panteras hasta la mesa. Otros, como Harry, se quedan confusos ante su soledad en la barra, y se sobresaltan al ver el pelotón que se ha formado en la mesa del fondo.

-Señoritas… - susurra con tono aterciopelado Zayn.

Todas le miramos, mientras los demás se unen. Ninguno dice nada, pero mi regocijo es tal que no puedo contenerme.

-Sabía que no aguantaríais tanto tiempo sin nosotras, somos irresistibles. – digo echándonos flores gratuitamente. Las chicas ríen mientras yo sigo en mis trece sin apartar la mirada de ellos.

-No te quieras tanto, hermanita. – dice Harry de pronto adhiriéndose al grupo. – Tampoco os echábamos tanto de menos… Aunque sí un poco.

-¡Ajá! Lo admites. Belén 1, Harry 0. He ahí, tengo testigos por si en un futuro cercano lo niegas, hermano. ¿Por qué no os sentáis? – digo de pronto, sonriente.
Los chicos se las apañan para sentarse en la mesa, que a pesar de ser bastante grande, apenas puede dejarnos sitio a todos.

-De todas maneras, ¿Qué ha sido de tu contrataque? – apunta Harry dando un trago de su vaso. Abro los ojos y bebo de mi vaso para darme tiempo a pensar.

-Pueees, pensamos que los guateques no son lo nuestro y que este sitio es de lo mejor de la zona.

Nos reímos y seguimos bebiendo. La noche avanza y la luna parece brillar más que nunca. Parece que el tiempo vuela cuando lo pasas bien, porque cuando miro la hora, casi son las dos de la mañana.

-Chicos, son casi las dos. Deberíamos ir desalojando. – digo intentando no parecer una aguafiestas.

-La verdad que estoy algo cansada. – dice Sam.

-Y yo tengo que madrugar mañana. – dice Niall pasándose la mano por el pelo.

Todos deciden que ya basta por hoy. Había sido una velada de lo más agradable, pero nos habíamos agotado más de lo que pensábamos. Aunque teníamos los listones muy altos, había cavado siendo una noche sin fiesta y sin desfases… ni resacas.

Al salir, se forman varios grupos, trazamos una ruta para acompañar a la gente a casa. Aquello no era precisamente muy grande, así que no tardamos en dejar a la mitad.

De pronto sólo quedamos Louis, Harry, Niall, Zayn, María y yo. Y la casa de Louis está a la vuelta de la esquina. Estaba nerviosa, no sabía que decir, ni que hacer. ¿Debería darle un beso y decirle buenas noches? ¿O sólo saludarle? Dios, la verdad que aquello me traía más de un quebradero de cabeza, el no saber lo que había entre nosotros me desconcertaba mucho.

-Bueno, hemos llegado. – dice Louis.

Me quedo inmóvil y sonrío como una idiota, esperando a que acaben de despedirse.
-Buenas noches. – murmuro torpemente. Él me sonríe de vuelta y me da un pequeño beso en la mejilla.

-Buenas noches. – me dice mirándome a los ojos. Y luego se va y me siento imbécil.

Las risillas de María y Harry son evidentes, y es algo que me irrita. La puerta cierra la situación con un portazo y les miro acurrucándome entre mi bufanda.

-Oh, callaros ya.

3/9/12

Capítulo 58 parte II

El ruido de las latas abriéndose predomina en el salón del humilde piso de Louis. Conforme avanza la noche, la fiesta se empieza a animar, aunque los vecinos no estén muy por la labor.

Mientras, Laura recibe una llamada de teléfono.

-¿Sí? – dice mientras sujeta dulcemente la mano de Sam.

-¡Laura! Soy María. –dice su voz al otro lado del aparato. – Mira, estamos aquí en casa de Belén. Te hago un resumen rápido: Harry ha ido a casa de Louis y resulta que están haciendo una fiesta, y nosotras queríamos hacer otra mejor que la suya, pero… Sólo somos dos y hemos acabado comiendo palomitas y viendo pelis en pijama.

La risa de Laura resuena de forma brusca en el oído de María que se aparta del teléfono con el ceño fruncido.

-¿Me lo estás diciendo en serio? –dice Laura incrédula.

-Sí… - murmura María con voz inocente.

-Esperadme ahí. Llegaré con refuerzos. Arreglaros, aunque sea… quitaros el pijama y poneros algo decente. – dice entre risas.

María sonríe ampliamente y cuelga el teléfono.

-Que empiece la fiesta. – dice María agarrándome fuertemente del brazo y obligándome a levantar. No entiendo nada, pero me dejo llevar por el pasillo hasta mi habitación.


Zayn baja un poco la música y se deja caer sutilmente en el sofá.

-Tíos. – dice de pronto. Louis abre otra cerveza y le mira. Liam y Harry están sentados a su lado. Mientras, Niall se gira desde su taburete para escucharle. – Estoy rayado.

Louis se echa a reír, pero de pronto calla. El silencio, más la dulce música que lo acaricia, fundiéndose con él, abarrota la estancia. Todos se miran pensativos.

-Seguro que es por tías. – dice Niall dando un trago a su botella. – Siempre es lo mismo.

Asienten en silencio y dan un trago a sus bebidas.

-A mí me pasa un poco lo mismo. – dice Louis de pronto, con la mirada fija en el suelo.

-Eh, eh. Vamos, chicos. – dice de pronto Harry. - ¿A que vienen esas caras tan largas? ¿A caso es ahora momento de ponerse así por eso?

Todos le miran con el mismo entusiasmo con el que una vaca mira un tren.

-Vamos a hacer una cosa. –propone él levantándose del sofá acaparando las miradas de todos. Sonríe con malicia y se acerca para subir la música. – Noche sin chicas.

Todos se miran entre sí y sonríen triunfales. Estaría bien, por una noche tampoco estaba mal liarla un poco ¿no?


Después de enfundarnos en ropa de calle, sencilla y cómoda la puerta empieza a temblar debido al continuo zarandeo de la persona detrás de ella.

-¡Ya va, ya va! – grito colocándome el jersey negro fino por encima de la camiseta de los Beatles. Abro la puerta todavía un poco conmocionada y me encuentro con 6 personas completamente sonrientes en el rellano, cargadas con bolsas. – Pero qué…

Laura sonríe, y su tropa hace lo mismo. Está acompañada por la chica morena del bar y sus espléndidas compañeras de piso, que por lo visto se llaman Roxy, una adorable rubita de pelo corto, que es un terremoto; Yvonne, morena, pálida y con muchísimo carácter; Julia, soñadora, risueña y empollona y Kim, una chica sencilla, de pelo castaño y con aspecto inocente.

Todavía sigo sin entender como semejantes chicas, tan opuestas entre sí, pueden llegar a convivir en 80 metros cuadrados sin volverse locas.

-¿Qué… hacéis? – digo con un hilo de voz ante tantas miradas de entusiasmo.

-Solucionaros la noche. – afirma Laura convencida. - ¿Es que María no te ha contado nada?

Miro a María por encima del hombro con los ojos entrecerrados. Ella se ríe como puede y se acerca.

-¿Qué es esto chicas? – dice ella todavía sonriendo. – Laura… Dijiste que traías refuerzos. Pensé que eran… más palomitas o alguna peli del videoclub… No más gente.

-¿Crees que vamos a dejar que la chupipandi de tu novio monte una fiesta mejor que la nuestra? – dice arqueando una ceja. – Con nosotras aquí eso no va a pasar, ni en sueños.

María y yo nos quedamos perplejas mientras las demás sonríen triunfales. Se hacen paso para entrar y empiezan a revolverlo todo.

-¡Eh, eh! – grito yo al ver como apartan la mesa del salón. – Más cuidado, que es de cristal…

Pero el cuidado brilla por su ausencia. Un rato más tarde, la cosa está lista.

-Bueno. – dice Laura con las manos en las caderas. – Empecemos.

Nos sentamos en la moqueta en círculo y comenzamos a charlar, pero de pronto el tema se tuerce y toma una dirección que pocos queremos tomar…

-¿Qué tal con Zayn? – pregunta María en un tono bajito. Sam se muestra alerta.
Laura esboza una sonrisa triste y se encoge de hombros.

-No. – dice de repente Sam. – No, esto si que no. Basta de tíos, basta de movidas. Es nuestra noche y nuestra fiesta. ¿Vamos a permitir que una panda de garulos nos fastidien la diversión?

Todas parecen con las ganas renovadas. Sam sonríe firme y confiada.

-Todas a una. – dice manteniendo su palma boca a bajo en mitad del círculo. Las demás la imitamos y nos miramos esperando escuchar el grito de guerra. - ¡Chicas al poder!

-¡Chicas al poder! – gritamos todas levantando los brazos al mismo tiempo entre risas. Aquello tenía realmente muy buena pinta…

30/8/12

Capítulo 58 parte I

Después de un largo monólogo por parte de Liam, Louis no puede hacer otra cosa que suspirar hondamente.

-¿Sabes? Esto no se va a solucionar dentro de un vaso. Espera aquí un momento. – dice de pronto sacando su teléfono.

Liam traga atropelladamente mientras se levanta de la silla.

-Eh, eh, ¿qué estás haciendo?

-Estoy llamando a los demás, ¿para qué si no están los amigos? – contesta Louis llevándose el móvil a la oreja con una sonrisa triunfal. Liam sabía que no podía hacer nada cuando se ponía en ese plan: era imperturbable.

Chista la lengua y reza porque todo aquello tuviera un bonito final, o por lo menos que acabaran todos enteros.


La melena de la morena cae despreocupada por su hombro mientras sirve uno de los cafés que tiene sobre la bandeja. Sonríe y se aparta de la mesa para seguir repartiendo los pedidos de la gente que tiene que atender, pero justo antes de volver al local, algo le llama la atención al otro lado de la calle.

Una espectacular Laura aparece con uno de sus mejores modelitos y una enorme sonrisa que le queda como un guante. Se acerca con paso firme y llega hasta donde se encuentra la morena.

-Hola Sam. – saluda mirándola. - ¿Te pillo en mal momento?

La muchacha abre la boca para hablar pero nada sale de ella, sólo una estúpida risilla que resaltaba sus enrojecidas mejillas.

-Bueno… Tengo un rato todavía por delante, pero… - hace una pausa y mira su reloj. – Dentro de unos veinte minutos tengo un descanso.

Laura asiente y sonríe de nuevo.

-Te veo entonces. – dice con tono aterciopelado. Las dos se quedan algo atontadas mirándose mutuamente, pero Sam pronto se da cuenta de que tiene la mirada de su supervisora perforándole la nuca como una broca y vuelve entre risillas hacia dentro.


Me aparto de la ventana sobresaltada por el irritante sonido del teléfono de Harry, quién corre galopante, haciendo el ruido de una manada de orcos sedientos de sangre hasta cogerlo.

Cierro los ojos pensando en el cenutrio que tengo por hermano y trato de escuchar algo de la conversación, para averiguar de qué y quién se trata.

-Claro, no tengo nada que hacer ahora. – dice entre risas. – Estoy ahí en… veinte minutos. ¿Quiénes estáis?
Mi expresión cambia mientras la conversación avanza. Han quedado, seguramente todos los chicos. Me sabía aquello… pero ¿dónde?

-Tranquilo, de camino a tu casa puedo pasarme a por algo de picar. – dice de pronto. Oh, una casa… - Ya lo sé, ya lo sé que no te gusta el picante.

No le gusta el picante… ¡Louis! ¡A Louis no le gusta el picante! Esbozo una malvada sonrisa y le miro de reojo. El papel de hermana cotilla me salía perfecto.

-Con que a casa de Louis con tus amigotes, ¿eh? – digo cuando él cuelga.

Los ojos de Harry se abren como platos y se clavan en mí. Guarda el teléfono en el bolsillo y frunce el ceño, confuso.

-¿Qué? – dice riéndose algo nervioso. - ¿Cómo que a casa de Louis? ¿Quién te ha dicho eso?

-Cielo, te delatas tu sólo, eso y que yo soy muy lista. – digo apartándome cuidadosamente el pelo de la cara con una aire fabuloso.

Harry se ría y al pasar por mi lado me vuelve a colocar el pelo que me había quitado hacía escasos segundos.

-¡Te he dicho que no hagas eso! – chillo cerrando los puños con fuerza. - ¿Pues sabes qué? ¡Que yo también voy a montar un guateque! ¡Y va a ser mejor que el vuestro! ¡Seguro!

Oigo la risa perversa de Harry desde su cuarto. Resoplo exasperada y cojo el teléfono para avisar a las chicas. Se iban a enterar de lo que vale un peine


Aquellos veinte minutos parecían eternos, pero al fin Sam observa como el reloj marca las 7. Se apaña una improvisada coleta y sale por la puerta dejado el delantal en el mostrador.

-Ni un minuto tarde. – dice Laura Sentada en una de las mesas. Sam pega un bote y se gira de pronto.

Ambas se ríen.

-¿Damos un paseo?

Sam asiente sonriente y le sigue el paso. El ambiente es extraño, pero agradable al mismo tiempo, ninguna sabe muy bien que decir, pero el silencio no es incómodo.


A esa misma hora, Harry llegaba a casa de Louis, arreglándose la chaqueta. Llama un par de veces y la puerta se abre. Le estaban esperando.

Arriba se puede oír ya el rumor característico de una puerta abierta. Sube lleno de energía y se encuentra con lo que podría ser perfectamente la barra de un bar.

-¡Hey! – exclama al entrar. Todos le responden lo mismo en forma de saludo. Aunque lo mejor estaba por llegar, ahora que ya estaba él ahí, estaban completos.


Después de hacer con las mías con el teléfono en mano, y tras probar a llamar a Laura unas 3 veces sin éxito alguno me siento en el sofá esperando a María. Mis planes de superar el guateque paralelo que Louis había organizado en su casa habían fracasado, pero teníamos pelis y palomitas, y nada podía superar aquello.

Aunque el día no estaba todavía terminado, y tanto la noche como la fiesta no había hecho más que comenzar…

26/8/12

Capítulo 57

Después de pasar una de las semanas más ajetreadas que nunca había vivido, tenía toda la semana siguiente para pensar en otras cosas: como en dormir o comer o tomar té o leer algún libro. Necesitaba descansar.

Es pronto, más de lo normal. Para ser un sábado me resulta extraño estar levantada siendo cerca de las ocho. No podía dormir, de hecho esa semana era una de las cosas que me faltaban por hacer. Nadie había puesto un pie en el suelo aquella mañana, todos duermen plácidamente.

Las ganas de hacer algo productivo aquel día brillaban por su ausencia. Me voy a por un té y vuelvo a la cocina, y para entonces, Harry ya ha aparecido.

-Buenos días. – dice algo dormido, pero con su sonrisa bien puesta en la cara.

-Buenos días. – le respondo. – Tengo temas pendientes contigo.

De pronto la sonrisa de Harry se vuelve en una burda imitación de una sonrisa piadosa.

-Esto… es… ¿Es por la sorpresa? Vamos hermanita… tampoco fue para tanto. –dice titubeando

Me acerco a él de forma violeta y me paro en seco.

-¡En la cara no! – dice tapándose con los brazos. Le pego una bofetada en uno de ellos y le miro enfadada.

-¡No seas mariquita! – le contesto. – Eres… eres… ¡ugh! Te mataba.

Después de soltar un disimulado suspiro, Harry se ríe.

-¿Qué tal, a todo esto? – pregunta arqueando una ceja. – Seguro que no estuvo tan mal. – Hace una corta pausa y vuelve a reírse. – Y por el color de tu cara me parece que no me equivoco.

-¡Cállate! – digo tapándome las mejillas. Estoy colorada como un tomate. – E-estuvo bien. Estuvimos dando una vuelta… Nada más.

Él me revuelve el pelo en vez de hacerme rabiar más, lo cual podría haber hecho hasta que se cansase, pero supongo que está demasiado feliz como para pensar en otras cosas…

Demasiado feliz. De pronto un cuestionario entero aparece en mi cabeza.

-Hablando de sorpresas. – digo arqueando una ceja. – Detalles. Quiero Detalles.
Se sienta en la mesa y me siento en frente de él. No puede evitar esbozar una sonrisa al hacer memoria.

-¡Vamos!

Me da con la servilleta en la cara y protesto, pero no dice nada más.


-He quedado con Sam. – dice Laura preparándose las cosas.

De prono una manada de chicas con los ojos como platos se apelotona en la puerta de su habitación.

-¿Qué has quedado con quién? – dice una de ellas

-Sois unas cotillas. Todas. – ríe Laura echándose el bolso al hombro.

-¡No nos vas a dejar así! ¡Dinos por lo menos quién es!

-Ohhh ya os digo yo que sí. ¡Hasta luego! – dice haciéndose paso hasta la puerta mientras las demás la miran con la boca abierta.


Niall seguía moviéndose esperando encontrar una postura cómoda en el sofá para ver la tele, pero no estaba bien de ninguna manera. Era su programa favorito, y solía verlo con Liam, pero ahora ya no le importaban esas cosas.

Mientras, Liam se tomaba su té mañanero y Allie pululaba por el piso en busca de algo que hacer esa mañana.

-¿Qué te parece si vamos al centro comercial? – dice ella sonriente.

Liam se gira con desgana.

-No, no tengo ganas…

Allie suspira y se acerca a él algo inquieta.

-¿Te pasa algo? Llevas unos días… apagado, distante. Y no quieres hacer nada. Me tienes preocupada.

Liam suspira y sonríe de forma forzada, dejando su taza en la mesa.

-No me pasa nada, de verdad. –dice. – Sólo estoy un poco cansado.

Allie suspira de nuevo y mira al suelo. Lleva varios días diciendo lo mismo y ya no funciona esa excusa, ella sabía que le pasaba algo, pero prefería que lo dijera él mismo.

-Tengo que ir a ver a Louis. Tiene que devolverme unos cds. – dice casi en un susurro.

Ella asiente en silencio mientras lo observa marcharse. El ruido de la puerta cerrándose finaliza la conversación tan extraña que habían mantenido.

No es que la casa de Louis esté tan lejos, pero ese trayecto fue el más largo. Sus pensamientos le acechaban como buitres sobrevolando un pequeño cordero malherido. Aquello le estaba volviendo loco por completo.

Al llegar, sube al segundo piso y llama discretamente.

-¡Liam! ¿Qué haces tú aquí? No te esperaba. – dice Louis. – Pasa, pasa…

-Lo sé, lo siento. Tenía que poner alguna escusa para salir de ese piso. – dice soltando el peso de sus hombros. - ¿Tienes algo de beber? Con alcohol a poder ser.
Louis suelta una carcajada y saca unos botellines de cerveza.

-Vamos, cuéntaselo al tío Louis. Aunque, ya que estamos… ¿Por qué no llamo a los demás? – sugiere alegremente.

Los ojos de Liam se abren como platos.

-Eh… Casi preferiría que no, de eso va el tema… más o menos. – dice dando un trago de su botella. – Va para largo, así que ponte cómodo…