Sugerencia musical: I Feel Like That - Jason Walker
Justo cuando me da la sensación de que en cualquier momento me iba a caer al suelo, me levanto de forma repentina.
-Voy a toma el aire. – anuncio arreglándome la camiseta.
-Voy contigo – dice Ben.
-No, no. Prefiero ir sola, de verdad. Estoy bien. – replico.
Tuerzo el gesto y recorro el resto del bar para salir fuera. Me encuentro con el aire fresco que me acaricia la cara, reconfortándome.
-¿Qué le pasará a esta chica? Está muy rara últimamente. – dice Harry frunciendo el ceño.
María se encoge de hombros. Mira a Laura, parece distante todavía, aunque a la vez está en tensión, incómoda, como si estuviera esperando a algo.
-Déjala, ya se le pasará. – dice Liam sonriéndole a la chica. Todavía no sabía mucho de ella, pero no se le veía mala persona, aunque no podía fiarme de las apariencias.
El camarero aparece con una libreta y un boli que golpea contra su muslo una y otra vez. Toma nota de los pedidos y asiente sonriendo.
-Ahora vendrá mi compañera con lo que habéis pedido. – dice sonriente. Se va por donde ha venido y todos se quedan en silencio.
Rachel achucha a Louis mientras sonríe todo lo que puede. Este resopla y se levanta, intentando liberarse de la presión que ella ejerce sobre su brazo, como un cepo.
-Voy a fumar, ahora vengo. – dice abriéndose paso entre la gente. Rachel pone pucheritos y se cruza de brazos cual niña pequeña.
-¿Y ahora dónde va? – dice Niall, de nuevo los demás de encogen de hombros.
La camarera aparece con una bandeja reluciente y un montón de vasos encima. Reparte los vasos por la mesa y al llegar donde se sienta Laura, esta le guiña un ojo de forma descarada. La camarera sonríe y se sonroja débilmente, a lo que Laura sonríe satisfecha.
Conocía esa mirada. María la mira extrañada y de pronto lo comprende. Había algo en marcha, algo gordo. La venganza había dado comienzo, aunque no se hacía muy bien idea de cómo pensaba encarrilarlo.
Louis sale fuera y me encuentra sentada en la acera con la mirada perdida, había perdido la noción del tiempo. Sé que está ahí, pero ni siquiera tengo ganas de mirarle.
-Hey. – dice encendiendo su cigarro despreocupado.
Giro la cabeza débilmente y le miro, sin expresión alguna en la cara. Miro al suelo y vuelvo a mi estado de indiferencia.
-¿Hasta cuándo vas a estar sin hablarme? – dice sin ni siquiera mirarme a la cara. Tal pasotismo me repatea el estómago, pero si quería jugar en esa categoría, no me iba a quedar atrás.
-Hasta que dejes de ser un gilipollas, aunque si fuese por eso a lo mejor me puedo jubilar antes de volver a hablarte. – le respondo, sin mirarle tampoco.
Louis se ríe de forma irónica. No es tonto, ya sabe por dónde voy. Aun así, se para un instante para buscar algo con lo que contestarme.
-No es justo esto que estás haciendo, no te he hecho nada.
-Claro que no es justo. No es justo que a la primera de cambio te vayas con la que más tetas tiene. Aunque no me debería sorprender, ¿verdad? – me giro hacia él y sonrío sarcástica. – Siempre lo has hecho así. Es tu juego, las enamoras, y una vez que te cansas les das la patada en el culo, y he sido tan imbécil que te he creído. Me creía más lista que eso.
-Tú estás con Ben y nunca te he dicho nada, y eso que odio a ese tío. – parece frío, mira al suelo y da una calada a su cigarro, que está ya casi consumido por completo.
Me levanto como si tuviera un resorte y le miro, esta vez sin ningún reparo.
-¿Qué no me has dicho nada? Por Dios, ¿no te acuerdas? Oh claro, sólo te acuerdas cuando te interesa. – digo cogiendo un poco de aire. Me estaba poniendo histérica, como de costumbre. – Bien, no pienso decirte nada. Haz lo que quieras, ya eres mayorcito para que te diga lo que tienes que hacer.
-Y aunque me lo dijeras no pensaba escucharte.
-No esperaba menos. – entorno la mirada y suspiro. – Vete con ella. No me importa en absoluto, como si te quieres ir con 15 más, es muy de tu estilo.
-No digas que no te importa porque sí que te importa. – dice mirándome de pronto. Es la primera vez que me mira desde que había salido. Hay algo en sus ojos que por un momento me paraliza. Si no le conociera diría que es… ¿rabia? Pero no podía ser. Él no sentía cariño por nadie que no fuese él mismo.
Noto como si me propinaran un golpe en el pecho. No sé qué decir, porque por mucho que lo negara… Tenía razón y me dan ganas de gritarle algo, pero un nudo en la garganta me impide decir cualquier cosa, sólo puedo boquear como pez fuera del agua, como la estúpida que he sido, y la estúpida que soy.
De pronto, oigo la puerta abrirse y la dulce voz de Ben me reconforta, de pronto ya no estoy tan sola.
-Hey, como no volvías he salido a ver si estabas… ¿Todo bien? – dice al ver las miradas furtivas que Louis y yo nos dedicamos mutuamente.
Se acerca despacio a mí y me pone la mano sobre el hombro. La miro confundida y le miro a él. Siento que me muero ahí mismo, tenía la cabeza hecha un auténtico lío.
-¿Qué le has hecho? – dice Ben abandonando el dulce tono para empeñar uno bastante más tosco. - ¿Qué has hecho ahora?
-Ben, déjalo no…
-¿Ahora vienes tú? – dice Louis arrojando la colilla al suelo y sonriendo. – El príncipe encantador al rescate, ¿no?
Se vaticina algo que no me gusta, intento frenar a Ben, pero se deshace de mi mano y me aparta a un lado.
-No me gusta dejar a las señoritas solas con capullos de tu talla.
Me llevo la mano a la boca con disimulo, aunque sonrío para mis adentros. Si Louis tenía un punto débil, ese era su ego. Él chista y mira al suelo, acercándose a él de forma peligrosa.
-¿A cuántas señoritas, Ben? – dice bajando el tono. – Nunca has querido a una mujer, nunca.
-¿Ah no? ¡Y qué pasa con ella! Te la llevaste como si fuera otro de tus juguetes, pero tú lo sabías. Sabías que estaba enamorado de ella y te dio exactamente lo mismo. Te encaprichaste y no había quien te parase.
De pronto estoy confusa, ¿De qué puñetas estaba hablando?
-¿Y esta es tu venganza? –dice Louis. Para un momento y se lleva la mano al pelo. – Ahora lo entiendo, esta es tu venganza, ¿no es así?
Ben sonríe y se acerca.
-Vaya, eres más listo de lo que pensaba. La venganza e sirve un plato frío, Louis. – dice sin perder la sonrisa del rostro.
Cada vez estoy más confundida. Creía hacerme una idea pero no quería hacerle caso.
Louis se enciende como una llama y está a punto de tirarse encima de Ben cuando me interpongo entre los dos, hecha una furia.
-¡Ya basta! Creo que ya habéis hecho alarde de la madurez que tenéis, ahora, ¿podéis explicarme de qué puñetas va esto? Porque no entiendo una mierda. – digo mirándoles a los dos.
Ben parece alarmado, como si se hubiera olvidado de que estaba ahí presente, sin embargo Louis sonríe débilmente.
-No es nada, son… temas del pasado. Vamos dentro, anda… - dice Ben tranquilizándose, pero tiene las manos húmedas.
-¿No se lo vas a contar, Ben? – dice Louis con un tono seco, clava su mirada en el rostro casi lívido de Ben y entorna una mueca.
Le miro esperando una respuesta, no me iba a ir sin saber qué era todo eso. Ben suspira abatido y me mira con la culpa escrita en sus ojos. De pronto, noto un pinchazo de ansiedad en el pecho.
-Verás… hace mucho tiempo, yo estaba enamorado de una chica que conocí. Antes Louis y yo éramos muy amigos y él sabía que a mí me gustaba esa chica, sin embargo, él se la llevó primero, como si nada. Después de eso, ella… se marchó de aquí y nunca volví a saber de ella. Me dolió muchísimo y necesitaba venganza, él me traicionó. – dice dedicándole una profunda miraba asesina a Louis.
El nudo de mi garganta comienza a tomar forma. Me sentía más estúpida que nunca. Me habían engañado por partida doble, ¿En serio era tan inocente para no haberme dado cuenta antes?
-Entonces… bueno, sabía que a él le hacías gracia y sabía cómo acababa la historia, así que entré en tu vida y poco a poco, me fui haciendo hueco. – dice bajando el tono y frunciendo el ceño.
No puedo hacer otra cosa que taparme la boca con la mano. Me había utilizado como venganza contra Louis. Y yo pensaba que me quería. Había roto todos mis esquemas y en ese momento notaba como todo a mi alrededor se venía abajo. Ben era mi punto de apoyo, de algún modo, y darme cuenta de que todo había sido una encerrona me dejaba echa polvo.
-Pero… pero al final me enamoré de ti, Belén, eso es de verdad. Lo siento muchísimo, Dios… no sabes cuanto. Ojalá me puedas perdonar algún día. – Se pasa la mano por el pelo, no lo había visto nunca tan nervioso.
Ben da un paso para acercarse a mí, reacciono dando un paso hacia atrás, y llevándome las manos a la boca. Empiezo a ver borroso por las lágrimas.
Abro la boca para decir algo, pero lo único que consigo entonar es un gemido casi próximo al dolor. Me paso la mano por el pelo tratando de asimilar así toda la información que acaba de estrellarse contra me cabeza.
No podía estar pasando.
-Eh… - dice Louis en un tono dulce.
-¡NO! – le espeto, violentamente. - ¡NO ME TOQUES, NO QUIERO VEROS, A NINGUNO DE LOS DOS!
Empujo a su persona y abro bruscamente la puerta del bar, recorro a paso ligero el tramo que separa la entrada de la mesa retirada de los pufs. Ante la atónita mirada del resto del grupo, cojo mis cosas con fuerza del perchero.
María me coge suavemente de la muñeca, lo cual me hace reaccionar retirándola con fuerza. La miro, todavía con los ojos vidriosos y dedico una mirada al grupo.
-M-me voy. Estoy muy cansada. – digo sin más.
-¿Belén? ¿Qué ha pasado? – dice Laura en un tono bajito.
Me rasco la frente y sonrío por una milésima de segundo.
-Nada, no os preocupéis, he tenido un día muy duro. Nos vemos, ¿vale? Pasadlo bien.
Vuelvo por dónde he venido y a mitad del trayecto noto como de nuevo me cogen la muñeca.
-Y una mierda que no ha pasado nada. –dice la voz de Harry. Era mi hermano, conocía de sobra el tono que empleaba para mentir.
-Déjalo estar, Harry, no quiero hablar de ello.- digo finalmente, saliendo por la puerta. Louis y Ben siguen ahí, manteniendo un acalorado debate. Al verme salir, se callan de pronto.
-Buenas noches. –digo intentando conservar la poca dignidad que me queda.
-Pero… ¡Belén! – dice Louis. Sin embargo, cuando quiere alcanzarme, ya he recorrido media calle, y la voz autoritaria de Harry le frena.
-¡Ni se te ocurra! Me vas a explicar lo que ha pasado, ahora. – le dice.
Louis le mira, vacilante. Esta apunto de obedecer cuando sale corriendo calle arriba.
-¡Louis! – grita Harry. Justo en ese momento, salen algunos de los demás.
-Pero… ¿Alguien puede explicarme que ha pasado? – dice María, empezando a irritarse.
Continuará…
21/5/12
18/5/12
Capítulo 48
El tiempo pasaba y apenas quedaban 3 semanas para que acabara el curso. Desde el incidente de la fiesta, ninguno había dicho palabra.
Entre exámenes y escusas tontas para no cruzarse, el panorama estaba peor que al principio, aun así no caía sobre mi conciencia, al revés, estaban bastante limpia.
Gracias a la fiesta, se habían aclarado muchas cosas, y desde luego que nos hacía falta. Lo que pasaría a continuación… Ni yo lo sabía.
Me recojo el pelo en un simple moño, y después de abrocharme la chaqueta, cojo la mochila y cierro sin hacer ruido.
A pesar de que me había convencido a mí misma para no darle más vueltas al tema, todavía tenía en la cabeza la imagen de aquellos dos, estúpidos. Estúpidos todos. ¿Por qué le daba tanta importancia?
Quizá era porque… Sacudo la cabeza y me pongo los cascos, si no me daba prisa, llegaría tarde. Cuando me quiero dar cuenta, ya estoy en la puerta de aquel viejo edificio casi en ruinas que suelo llamar instituto.
Tengo que lidiar con todas esas personas que buenamente soporto como puedo y que en la vida me gustaría volverme a encontrar, así que paso lo más rápidamente por el pasillo hasta llegar a mi clase donde me derrumbo en el pupitre y deposito sin mucho cuidado mi cabeza contra la mesa.
Me hayo medio muerta y abatida contra una tabla de madera, siendo contemplada por varios de mis compañeros que andan algo atónitos con mi entrada, ni siquiera me molesto en saludar.
-Buenos días, gentuza. – dice una voz familiar. – Y Belén.
-Serán buenos para ti. – farfullo entre mi pelo.
Oigo una risa y asomo mi rostro para reconocerla. Es María. Se sienta a mi lado y deja su cartera en el suelo con cuidado, después saca los libros.
-¿Un mal día? – dice con voz tranquila.
Asiento débilmente. De pronto un estrépito se oye en mitad del pasillo. Alzo la cabeza un momento, para conseguir ver algo y entonces la veo entrar. Laura, que tiene el pelo alborotado y los papeles de la carpeta completamente desordenados. Todavía se oye alguna risa a fuera.
-¿Qué ha pasado? – digo mirándola.
Suspira sonoramente y emite un gruñido. Deja caer la carpeta en la mesa y se coloca el pelo.
-Me he caído. - dice con voz de ultratumba haciendo una dramática pausa. - Iba corriendo porque pensaba que iba tarde y me he tropezado.
Trato de aguantarme la risa lo mejor que puedo, pero María no me ayuda. Al final las dos rompemos a reír con ganas mientras Laura sonríe irónicamente.
Después de unas cuantas horas viendo el tiempo pasar y prestando atención muy pocas veces el timbre suena y la gente sale como si le quemara el culo en la silla.
-Han quedado todos para ir a tomar algo esta tarde, ¿venis? – dice María ajustándose la mochila al hombro.
A Laura se le dibuja una sonrisa en el rostro, una sonrisa satisfactoria.
-Claro. – dice con tono misterioso. – No faltaré.
Ambas nos quedamos mirándola.
-¿Tú, Belén?
-Eh… - vacilo un momento y suspiro. – Bueno, sí. Supongo que me vendrá bien tomar el aire.
María aplaude como una cría y sonríe. Nos coge a ambas de los brazos y nos arrastra fuera. El sol brilla con fuerza y obliga a más de uno a quitarse la chaqueta. Apetece salir, tomar el poquito sol que hacía. No es muy común ver el la luz del sol por aquí, así que cuando sale, la gente se asoma para aprovecharlo al máximo, y ni Louis ni nadie iba a impedirme disfrutarlo.
Llego a casa después de recorrer unas cuantas calles de vuelta a casa y cierro la puerta de un portazo acompañado de un sonoro bufido. Nada más dejar las llaves comienzo a oír un tarareo desde la cocina.
-¿Hola? – digo adentrándome en la casa.
-¡Buenas! Mamá y papá se han ido a hacer unos recados, así que estamos solos. He hecho algo de comer, sírvete tú misma. – Me dice, y sonríe ampliamente.
Le miro, arqueo las cejas y me encojo de hombros, mientras él sigue canturreando hasta el salón no sin antes despeinarme como de costumbre. Como algo y salgo de nuevo al salón.
-¿Cómo habéis quedado? – pregunto, acabando el último bocado.
-A las 6 en el café de la esquina, sólo vamos a estar ahí un rato. ¿Vas a venir?
-Supongo. – digo. No me doy cuenta pero me quedo pensativa, con la mirada perdida. - ¿Quiénes van?
Harry levanta la ceja y sonríe con malicia. Estoy apunto de estrellar el plato con su cabeza, pero sonrío lo más falsamente que puedo y le miro, insistente.
-¿Por qué lo quieres saber? – dice aún con la ceja levantada.
Me encojo de hombros y me levanto dirección a la cocina para dejar el plato. Una vez en la cocina, me asomo y entorno la mirada.
-Para que te enteres no es por él. Me la suda su nueva novia y sus planes, si te soy sincera. Si no sabe tener el culo quieto no es mi problema, ya es mayorcito para saber lo que hace. – suelto de carrerilla. Creo que no me había quedado tan ancha desde hacía tiempo.
Harry me mira, sorprendido por el cúmulo de palabras que acabo de soltar.
-Tranquila, no iba a decirte nada. – se defiende.
Bufo y me adentro en mi habitación. Después de remolonear de lo lindo un par de horas, empiezo a prepararme, no quedaba mucho para irnos.
Las chicas se arremolinan en el respaldo del sofá ante en constante canturreo de Laura.
-Eh, ¿Por qué estás tan contenta? – dice una de ellas. Las demás asienten.
-¿Qué pasa, no puedo estar de buen humor? – dice cogiendo su zumo y sonriendo de medio lado.
-Sí… pero, ¿Qué ha pasado?… ¿Qué tramas, Laurita? – Algunas de ellas se ríen como tontas por lo bajo.
Laura se ríe, como si esperara al momento cumbre para desvelarlo todo. No iba a destripar el final con tan poco juego.
-Ya lo veréis.
De pronto una de ellas ahoga un gritillo y la mira con los ojos como platos.
-Es… ¿Tu venganza? La de… ¡Hala! ¡Dínoslo! Por favoooooooooor.
De nuevo un coro de súplicas acompaña al comentario de la chica. No las podía dejar así, pero un brillo de malicia en los ojos de Laura, parecía prometer que así sería. Ni una palabra más.
-Se siente, tendréis que esperar. – dice antes de romper a reír cual malvado.
-¡Ya voy, ya voy! – repito por cuarta vez ante las constantes percusiones de Harry en la puerta del baño. Me estaba poniendo nerviosa.
-Llevas ahí dentro media hora, date prisa o llegaremos tarde.
-¡Qué sí, pesado!
Abro la puerta cinco minutos después y mi hermanito, vestido de forma muy casual me espera con cara de no muy buenas pulgas.
-Ya. Tienes 3 minutos. Ni uno más ni uno menos.
Le bufo y entro en mi habitación a por mis cosas. Después de revisar que lo llevo todo, me aseguro de estar bien arreglada y salgo por el pasillo como alma que lleva el diablo.
Cuando me quiero dar cuenta, casi he llegado al portal, donde está María, haciendo sombra con las manos en el cristal para poder ver mejor, al verme bajar, sonríe.
La saludo con la mano y abro.
-Qué pronto llegas. – le digo.
-Me aburría y he venido, todavía queda un cuarto de hora.
-¿¡Lo ves!? Te dije que nos sobraba tiempo. – le replico a Harry con cara asesina.
Él chista y me mira de reojo. Al ver a María sonríe de oreja a oreja y le besa la cabeza. Ella arruga la nariz y se pega a él. Ante la escenita, ruedo la vista y abro la puerta para salir a la calle. El aire es muy agradable, después de tantos días de frío, se agradecía algo de calor.
No sé muy bien donde voy, pero de vez en cuando Harry me indica hacia donde girar. Al llegar, me sorprendo, no me lo imaginaba así.
Suspiro y entorno una media sonrisa antes de mirar hacia atrás. Siguen tan acaramelados como antes, me limito a carraspear de forma exagerada para indicar que hemos llegado.
-Es este, ¿no? – digo mirando a Harry
Él asiente mientras rodea a María por los hombros. Miro dentro pero no veo a nadie conocido.
-Mira, ahí vienen los demás. – apunta maría señalando un grupito de gente que se acerca.
Echo un vistazo a los que vienen. ¿Dónde estaba Laura? Quizás llegaba un poco tarde, aunque no era una cosa muy corriente en ella.
De pronto me fijo en algo de lo que no había percatado. Rubia de bote, vestido ajustado, tacones, pote. Creo que me sonaba esa chica que se colgaba de forma repelente del cuello de Louis, que parecía muy satisfecho.
Intento no vomitar ahí mismo y saludo con una gesto falso e hipócrita. También me fijo en otra cosa. Una chica morena, con el pelo rizado, bajita y sonriente coge de la mano a Liam, eso si que no me lo esperaba, ¿A caso sería de la calaña de esa tal Rachel?
Fuera lo que fuese, me dejo llevar dentro del bar por la fuerza bruta de Niall que me empuja por la espalda hasta la puerta.
No quería entrar, me entraba repulsión de simplemente pensar en tener que compartir el oxígeno con tal personaje, pero aun así… entro.
Nos sentamos en una mesa, apartada del barullo de la entrada y rodeada de sillones de color granate. Sigo echando un vistazo al panorama. Zayn está muy callado desde que llegó, sólo ha hablado lo mínimo para saludar y poco más, supongo que sería por…Laura.
Todavía no había llegado.
Casi no había acabado de pensar donde se había metido cuando una despampanante Laura aparece delante del grupo y sonríe.
-Hola, siento llegar tan tarde, me he entretenido un momento en la entrada, resulta que el chico que está en la barra es un viejo amigo, que coincidencia, ¿no? – dice riéndose. Toma asiento y nos mira.
La noche pasa sin mucho jaleo, o por lo menos no consigo enterarme de mucho, simplemente no puedo quitar la vista de encima de aquellos dos. De pronto alguien llama mi atención.
-Los vas a atravesar a este paso. – dice una voz en tono muy bajito, noto dos manos hundirse en mis hombros y me sobresalto. Ojos color gris, pelo rubio. Me han faltado décimas de segundo para saltarle al cuello ahí mismo.
Por algún extraño motivo, no digo nada, sólo lo miro fijamente y sin pensarlo dos veces, lo agarro de la camisa y lo acerco a mí, besándole.
El resto de grupo calla por un momento y se oyen algunas risas. No me importa, tenía que hacerlo y punto. Ben sonríe con ganas y se sienta a mi lado algo sorprendido.
Siento como la cabeza me daba vueltas. ¿Qué me estaba pasando ahora?
Entre exámenes y escusas tontas para no cruzarse, el panorama estaba peor que al principio, aun así no caía sobre mi conciencia, al revés, estaban bastante limpia.
Gracias a la fiesta, se habían aclarado muchas cosas, y desde luego que nos hacía falta. Lo que pasaría a continuación… Ni yo lo sabía.
Me recojo el pelo en un simple moño, y después de abrocharme la chaqueta, cojo la mochila y cierro sin hacer ruido.
A pesar de que me había convencido a mí misma para no darle más vueltas al tema, todavía tenía en la cabeza la imagen de aquellos dos, estúpidos. Estúpidos todos. ¿Por qué le daba tanta importancia?
Quizá era porque… Sacudo la cabeza y me pongo los cascos, si no me daba prisa, llegaría tarde. Cuando me quiero dar cuenta, ya estoy en la puerta de aquel viejo edificio casi en ruinas que suelo llamar instituto.
Tengo que lidiar con todas esas personas que buenamente soporto como puedo y que en la vida me gustaría volverme a encontrar, así que paso lo más rápidamente por el pasillo hasta llegar a mi clase donde me derrumbo en el pupitre y deposito sin mucho cuidado mi cabeza contra la mesa.
Me hayo medio muerta y abatida contra una tabla de madera, siendo contemplada por varios de mis compañeros que andan algo atónitos con mi entrada, ni siquiera me molesto en saludar.
-Buenos días, gentuza. – dice una voz familiar. – Y Belén.
-Serán buenos para ti. – farfullo entre mi pelo.
Oigo una risa y asomo mi rostro para reconocerla. Es María. Se sienta a mi lado y deja su cartera en el suelo con cuidado, después saca los libros.
-¿Un mal día? – dice con voz tranquila.
Asiento débilmente. De pronto un estrépito se oye en mitad del pasillo. Alzo la cabeza un momento, para conseguir ver algo y entonces la veo entrar. Laura, que tiene el pelo alborotado y los papeles de la carpeta completamente desordenados. Todavía se oye alguna risa a fuera.
-¿Qué ha pasado? – digo mirándola.
Suspira sonoramente y emite un gruñido. Deja caer la carpeta en la mesa y se coloca el pelo.
-Me he caído. - dice con voz de ultratumba haciendo una dramática pausa. - Iba corriendo porque pensaba que iba tarde y me he tropezado.
Trato de aguantarme la risa lo mejor que puedo, pero María no me ayuda. Al final las dos rompemos a reír con ganas mientras Laura sonríe irónicamente.
Después de unas cuantas horas viendo el tiempo pasar y prestando atención muy pocas veces el timbre suena y la gente sale como si le quemara el culo en la silla.
-Han quedado todos para ir a tomar algo esta tarde, ¿venis? – dice María ajustándose la mochila al hombro.
A Laura se le dibuja una sonrisa en el rostro, una sonrisa satisfactoria.
-Claro. – dice con tono misterioso. – No faltaré.
Ambas nos quedamos mirándola.
-¿Tú, Belén?
-Eh… - vacilo un momento y suspiro. – Bueno, sí. Supongo que me vendrá bien tomar el aire.
María aplaude como una cría y sonríe. Nos coge a ambas de los brazos y nos arrastra fuera. El sol brilla con fuerza y obliga a más de uno a quitarse la chaqueta. Apetece salir, tomar el poquito sol que hacía. No es muy común ver el la luz del sol por aquí, así que cuando sale, la gente se asoma para aprovecharlo al máximo, y ni Louis ni nadie iba a impedirme disfrutarlo.
Llego a casa después de recorrer unas cuantas calles de vuelta a casa y cierro la puerta de un portazo acompañado de un sonoro bufido. Nada más dejar las llaves comienzo a oír un tarareo desde la cocina.
-¿Hola? – digo adentrándome en la casa.
-¡Buenas! Mamá y papá se han ido a hacer unos recados, así que estamos solos. He hecho algo de comer, sírvete tú misma. – Me dice, y sonríe ampliamente.
Le miro, arqueo las cejas y me encojo de hombros, mientras él sigue canturreando hasta el salón no sin antes despeinarme como de costumbre. Como algo y salgo de nuevo al salón.
-¿Cómo habéis quedado? – pregunto, acabando el último bocado.
-A las 6 en el café de la esquina, sólo vamos a estar ahí un rato. ¿Vas a venir?
-Supongo. – digo. No me doy cuenta pero me quedo pensativa, con la mirada perdida. - ¿Quiénes van?
Harry levanta la ceja y sonríe con malicia. Estoy apunto de estrellar el plato con su cabeza, pero sonrío lo más falsamente que puedo y le miro, insistente.
-¿Por qué lo quieres saber? – dice aún con la ceja levantada.
Me encojo de hombros y me levanto dirección a la cocina para dejar el plato. Una vez en la cocina, me asomo y entorno la mirada.
-Para que te enteres no es por él. Me la suda su nueva novia y sus planes, si te soy sincera. Si no sabe tener el culo quieto no es mi problema, ya es mayorcito para saber lo que hace. – suelto de carrerilla. Creo que no me había quedado tan ancha desde hacía tiempo.
Harry me mira, sorprendido por el cúmulo de palabras que acabo de soltar.
-Tranquila, no iba a decirte nada. – se defiende.
Bufo y me adentro en mi habitación. Después de remolonear de lo lindo un par de horas, empiezo a prepararme, no quedaba mucho para irnos.
Las chicas se arremolinan en el respaldo del sofá ante en constante canturreo de Laura.
-Eh, ¿Por qué estás tan contenta? – dice una de ellas. Las demás asienten.
-¿Qué pasa, no puedo estar de buen humor? – dice cogiendo su zumo y sonriendo de medio lado.
-Sí… pero, ¿Qué ha pasado?… ¿Qué tramas, Laurita? – Algunas de ellas se ríen como tontas por lo bajo.
Laura se ríe, como si esperara al momento cumbre para desvelarlo todo. No iba a destripar el final con tan poco juego.
-Ya lo veréis.
De pronto una de ellas ahoga un gritillo y la mira con los ojos como platos.
-Es… ¿Tu venganza? La de… ¡Hala! ¡Dínoslo! Por favoooooooooor.
De nuevo un coro de súplicas acompaña al comentario de la chica. No las podía dejar así, pero un brillo de malicia en los ojos de Laura, parecía prometer que así sería. Ni una palabra más.
-Se siente, tendréis que esperar. – dice antes de romper a reír cual malvado.
-¡Ya voy, ya voy! – repito por cuarta vez ante las constantes percusiones de Harry en la puerta del baño. Me estaba poniendo nerviosa.
-Llevas ahí dentro media hora, date prisa o llegaremos tarde.
-¡Qué sí, pesado!
Abro la puerta cinco minutos después y mi hermanito, vestido de forma muy casual me espera con cara de no muy buenas pulgas.
-Ya. Tienes 3 minutos. Ni uno más ni uno menos.
Le bufo y entro en mi habitación a por mis cosas. Después de revisar que lo llevo todo, me aseguro de estar bien arreglada y salgo por el pasillo como alma que lleva el diablo.
Cuando me quiero dar cuenta, casi he llegado al portal, donde está María, haciendo sombra con las manos en el cristal para poder ver mejor, al verme bajar, sonríe.
La saludo con la mano y abro.
-Qué pronto llegas. – le digo.
-Me aburría y he venido, todavía queda un cuarto de hora.
-¿¡Lo ves!? Te dije que nos sobraba tiempo. – le replico a Harry con cara asesina.
Él chista y me mira de reojo. Al ver a María sonríe de oreja a oreja y le besa la cabeza. Ella arruga la nariz y se pega a él. Ante la escenita, ruedo la vista y abro la puerta para salir a la calle. El aire es muy agradable, después de tantos días de frío, se agradecía algo de calor.
No sé muy bien donde voy, pero de vez en cuando Harry me indica hacia donde girar. Al llegar, me sorprendo, no me lo imaginaba así.
Suspiro y entorno una media sonrisa antes de mirar hacia atrás. Siguen tan acaramelados como antes, me limito a carraspear de forma exagerada para indicar que hemos llegado.
-Es este, ¿no? – digo mirando a Harry
Él asiente mientras rodea a María por los hombros. Miro dentro pero no veo a nadie conocido.
-Mira, ahí vienen los demás. – apunta maría señalando un grupito de gente que se acerca.
Echo un vistazo a los que vienen. ¿Dónde estaba Laura? Quizás llegaba un poco tarde, aunque no era una cosa muy corriente en ella.
De pronto me fijo en algo de lo que no había percatado. Rubia de bote, vestido ajustado, tacones, pote. Creo que me sonaba esa chica que se colgaba de forma repelente del cuello de Louis, que parecía muy satisfecho.
Intento no vomitar ahí mismo y saludo con una gesto falso e hipócrita. También me fijo en otra cosa. Una chica morena, con el pelo rizado, bajita y sonriente coge de la mano a Liam, eso si que no me lo esperaba, ¿A caso sería de la calaña de esa tal Rachel?
Fuera lo que fuese, me dejo llevar dentro del bar por la fuerza bruta de Niall que me empuja por la espalda hasta la puerta.
No quería entrar, me entraba repulsión de simplemente pensar en tener que compartir el oxígeno con tal personaje, pero aun así… entro.
Nos sentamos en una mesa, apartada del barullo de la entrada y rodeada de sillones de color granate. Sigo echando un vistazo al panorama. Zayn está muy callado desde que llegó, sólo ha hablado lo mínimo para saludar y poco más, supongo que sería por…Laura.
Todavía no había llegado.
Casi no había acabado de pensar donde se había metido cuando una despampanante Laura aparece delante del grupo y sonríe.
-Hola, siento llegar tan tarde, me he entretenido un momento en la entrada, resulta que el chico que está en la barra es un viejo amigo, que coincidencia, ¿no? – dice riéndose. Toma asiento y nos mira.
La noche pasa sin mucho jaleo, o por lo menos no consigo enterarme de mucho, simplemente no puedo quitar la vista de encima de aquellos dos. De pronto alguien llama mi atención.
-Los vas a atravesar a este paso. – dice una voz en tono muy bajito, noto dos manos hundirse en mis hombros y me sobresalto. Ojos color gris, pelo rubio. Me han faltado décimas de segundo para saltarle al cuello ahí mismo.
Por algún extraño motivo, no digo nada, sólo lo miro fijamente y sin pensarlo dos veces, lo agarro de la camisa y lo acerco a mí, besándole.
El resto de grupo calla por un momento y se oyen algunas risas. No me importa, tenía que hacerlo y punto. Ben sonríe con ganas y se sienta a mi lado algo sorprendido.
Siento como la cabeza me daba vueltas. ¿Qué me estaba pasando ahora?
3/5/12
Capítulo 47
La débil luz que entra por la ventana me despierta. ¿Cuánto tiempo llevo dormida? Ni siquiera me acuerdo, sólo sé que nos quedamos a mitad de peli y…
Miro a mi derecha y encuentro a Ben, perfectamente dormido con la mano rodeando mis hombros, y con el codo apoyado en el sofá. Parece un crío cuando duerme.
Me muevo lentamente para no despertarle. Le quito la mano y la dejo en su regazo, parece no inmutarse.
Recorro el pasillo hasta mi habitación para cambiarme, todavía llevo puesta la ropa de ayer, aunque está lleno de arrugas y pliegues por todas partes. Antes de llegar, echo un vistazo en la habitación de Harry y confirmo lo que ya sabía: No ha vuelto a casa todavía.
Cojo el primer conjunto que veo en el armario y me cambio, dejando el vestido encima de la cama. Me calzo unas converse y miro la hora, son casi las diez.
Cuando vuelvo de nuevo, me encuentro con que Ben se ha hecho un ovillo en el sofá y sigue igual de dormido que antes, o quizá más. Lo miro durante un momento y sonrío.
Al entrar en la cocina, saco un poco de zumo de la nevera y me sirvo, no tengo hambre y había pensado en pasarme a desayunar a casa de Laura, así que acabo el vaso y guardo de nuevo la botella.
Saco el móvil y busco por la L en mi agenda y mando un mensaje, por si no está en casa. Todavía no sabía nada de ella desde el día anterior. El aparato vibra y leo la contestación, lo que me deja más tranquila.
-Ven cuando quieras.
Zarandeo un poco a Ben, que no tarda en despertarse. Pega un respingo al verme y gruñe mientras se frota los ojos.
-Buenos días. – digo dulcemente.
-Buenos… días… - No se ha dado cuenta, pero se ha manchado toda la cara de negro al frotarse los ojos. - ¿Qué hora es?
-Las diez y cuarto. Puedes quedarte si quieres, aunque no mucho, mis padres están al caer. Yo me voy ya que he quedado con Laura.
Ben me mira con interés y se levanta para desperezarse.
-No importa, yo también me voy ya. Mis compañeros deben estar preguntándose donde me he metido. – No me acordaba que Ben no vivía con sus padres, sino que compartía piso. Sonrío y asiento. - ¿Vamos?
-Primero límpiate un poco la cara, anda. – le digo riéndome. Le doy un beso en la mejilla y él obedece.
María llevaba bastante levantada y había aprovechado para preparar algo de desayuno. Sus padres habían ido a pasar el fin de semana a un pueblecillo cercano donde vivían sus tíos, así que tenían la casa vacía.
Harry está en la ducha, necesitaba quitarse todo lo de la cara. Ella tararea mientras prepara unas tostadas, cuando quiere darse cuenta el sonido de la ducha se ha parado.
Sale al pasillo para avisar a Harry.
-Las toallas están en… - María ahoga un grito y se tapa la boca y se gira de golpe.
-Eso mismo venía a preguntarte. – dice un Harry completamente desnudo.
-¿¡Estás loco!? ¡Tápate ahora mismo! – dice María, escandalizada, haciendo un gran trabajo por aguantar la risa.
-Pero es que no sé donde están las toallas… - dice Harry sonriendo de forma pícara.
-¡En el armario del baño, en el armario! – dice María riéndose.
Cuando vuelve a salir del baño, lleva una toalla enroscada a la cintura y con otra se seca el pelo concienzudamente.
María se gira con cautela, y lo encuentra en mitad del pasillo, todavía sonriendo. Ella lo imita y se acerca para entrar en la cocina, no sin antes pegarle.
-Te odio. – dice poco convencida mientras le enseña la lengua.
-Ayer no decías lo mismo. – dice guiñándole un ojo. Entra en la cocina, le besa en la cabeza y coge una de las tostadas.
María suspira y sonríe. Aquel chico no tenía remedio.
-¿Qué pasó ayer con estos? – pregunta él dejándose caer en el sofá. El mueble cruje bajo su peso, pero no se inmuta.
-Pues no lo sé. No me ha llamado nadie desde entonces, estoy un poco preocupada…
-Déjalos, ya darán señales de vida. – concluye Harry.
Llego a casa de Laura poco después de subir la calle. Llamo al portal y en seguida me abren. Oigo los quejidos de sus compañeras, mascullan lo pronto que es para que vengan visitas, pero Laura está en la puerta con la cabeza apoyada en el marco y sonriendo débilmente.
-Buenas… ¿Molesto? – digo agarrando la bolsa en la que llevo algo de comer. Oigo un 'sí' que proviene del interior y muevo la cabeza para ver quién es.
Laura hace un gesto para quitarle importancia y me indica que entre.
-¿Traes algo de comer? – dice una de las compañeras mirándome fijamente.
-S-sí. – contesto quedándome inmóvil en medio del salón.
La cara de más de una (que en total suman 6, contando a Laura) cambia drásticamente. Parece que se alegran de verme, en vez de los rostros que me había encontrado al entrar, que parecían querer morderme.
-Son… croissants. – digo abriendo un poco la bolsa. Están recién hechos y el olor se expande enseguida por la habitación.
-Bueno, ¿qué te trae por aquí? – dice Laura.
-Tenemos que hablar. – digo dando un pellizquito a uno de ellos. Las demás chicas me imitan y se van contentas de vuelta al sofá. – …A solas.
Se dan por aludidas y se van escaleras arriba, aunque parece que no se esfuerzan mucho por disimular que siguen escuchando.
-Quiero que me cuentes que pasó anoche cuando te fuiste. – digo seria. – Todo.
Laura suspira sonoramente y apoya el codo en la encimera para sujetarse la cabeza.
-No pasó mucho, sólo que… - comienza.
-¿¡Qué no pasó mucho!? ¡Como coja a ese tarambana lo crujo! – dice una de las chicas. Las demás le chistean casi al unísono y la otra guarda silencio.
Laura sonríe, aunque se le ve apagada. ¿Qué fue lo que pasó? Sé que en realidad no tiene ganas de hablar, pero necesito saberlo.
-Bueno, yo me iba ya a casa, cuando el me pilló en mitad de la calle y me vino con la historia de que ‘fue una casualidad’. Le dije que no me viniera con cuentos, él me dijo que le escuchara, no sé que pasó a continuación y… – Laura coge aire y empieza a enredar con las manos. – Y bueno… él… me besó… yo le pegué… y me entonces me fui.
Mi cara debe ser un poema, porque hasta ella sonríe un poco al verla.
-¿Y qué le dijiste?
-Que no quería verle más, que lo nuestro se había acabado. Pero…
-¿Pero qué? Es lo que se merece, ha sido un auténtico capullo. – afirmo.
-¡Muy bien dicho! – dice una de las chicas, de nuevo le llueven exclamaciones de silencio y ella se vuelve a apoyar en la barandilla.
-Ya lo sé… pero… Creo que le sigo queriendo. – dice mirándome con la mirada teñida de lágrimas. – Pero, ¿Sabes qué? Esto no va a quedar así.
Levanto una ceja y sigo escuchando con atención.
-Se va a enterar de quién soy. Pero no os lo voy a contar. Ya lo veréis. – dice convencida.
Las chicas se quejan sonoramente, les ha dejado a medias, igual que a mí. ¿Qué tendría en mente? Cierto es que me lo esperaba todo de Laura, y cuando una chica así sale lastimada, la venganza puede ser… muy dulce.
Miro a mi derecha y encuentro a Ben, perfectamente dormido con la mano rodeando mis hombros, y con el codo apoyado en el sofá. Parece un crío cuando duerme.
Me muevo lentamente para no despertarle. Le quito la mano y la dejo en su regazo, parece no inmutarse.
Recorro el pasillo hasta mi habitación para cambiarme, todavía llevo puesta la ropa de ayer, aunque está lleno de arrugas y pliegues por todas partes. Antes de llegar, echo un vistazo en la habitación de Harry y confirmo lo que ya sabía: No ha vuelto a casa todavía.
Cojo el primer conjunto que veo en el armario y me cambio, dejando el vestido encima de la cama. Me calzo unas converse y miro la hora, son casi las diez.
Cuando vuelvo de nuevo, me encuentro con que Ben se ha hecho un ovillo en el sofá y sigue igual de dormido que antes, o quizá más. Lo miro durante un momento y sonrío.
Al entrar en la cocina, saco un poco de zumo de la nevera y me sirvo, no tengo hambre y había pensado en pasarme a desayunar a casa de Laura, así que acabo el vaso y guardo de nuevo la botella.
Saco el móvil y busco por la L en mi agenda y mando un mensaje, por si no está en casa. Todavía no sabía nada de ella desde el día anterior. El aparato vibra y leo la contestación, lo que me deja más tranquila.
-Ven cuando quieras.
Zarandeo un poco a Ben, que no tarda en despertarse. Pega un respingo al verme y gruñe mientras se frota los ojos.
-Buenos días. – digo dulcemente.
-Buenos… días… - No se ha dado cuenta, pero se ha manchado toda la cara de negro al frotarse los ojos. - ¿Qué hora es?
-Las diez y cuarto. Puedes quedarte si quieres, aunque no mucho, mis padres están al caer. Yo me voy ya que he quedado con Laura.
Ben me mira con interés y se levanta para desperezarse.
-No importa, yo también me voy ya. Mis compañeros deben estar preguntándose donde me he metido. – No me acordaba que Ben no vivía con sus padres, sino que compartía piso. Sonrío y asiento. - ¿Vamos?
-Primero límpiate un poco la cara, anda. – le digo riéndome. Le doy un beso en la mejilla y él obedece.
María llevaba bastante levantada y había aprovechado para preparar algo de desayuno. Sus padres habían ido a pasar el fin de semana a un pueblecillo cercano donde vivían sus tíos, así que tenían la casa vacía.
Harry está en la ducha, necesitaba quitarse todo lo de la cara. Ella tararea mientras prepara unas tostadas, cuando quiere darse cuenta el sonido de la ducha se ha parado.
Sale al pasillo para avisar a Harry.
-Las toallas están en… - María ahoga un grito y se tapa la boca y se gira de golpe.
-Eso mismo venía a preguntarte. – dice un Harry completamente desnudo.
-¿¡Estás loco!? ¡Tápate ahora mismo! – dice María, escandalizada, haciendo un gran trabajo por aguantar la risa.
-Pero es que no sé donde están las toallas… - dice Harry sonriendo de forma pícara.
-¡En el armario del baño, en el armario! – dice María riéndose.
Cuando vuelve a salir del baño, lleva una toalla enroscada a la cintura y con otra se seca el pelo concienzudamente.
María se gira con cautela, y lo encuentra en mitad del pasillo, todavía sonriendo. Ella lo imita y se acerca para entrar en la cocina, no sin antes pegarle.
-Te odio. – dice poco convencida mientras le enseña la lengua.
-Ayer no decías lo mismo. – dice guiñándole un ojo. Entra en la cocina, le besa en la cabeza y coge una de las tostadas.
María suspira y sonríe. Aquel chico no tenía remedio.
-¿Qué pasó ayer con estos? – pregunta él dejándose caer en el sofá. El mueble cruje bajo su peso, pero no se inmuta.
-Pues no lo sé. No me ha llamado nadie desde entonces, estoy un poco preocupada…
-Déjalos, ya darán señales de vida. – concluye Harry.
Llego a casa de Laura poco después de subir la calle. Llamo al portal y en seguida me abren. Oigo los quejidos de sus compañeras, mascullan lo pronto que es para que vengan visitas, pero Laura está en la puerta con la cabeza apoyada en el marco y sonriendo débilmente.
-Buenas… ¿Molesto? – digo agarrando la bolsa en la que llevo algo de comer. Oigo un 'sí' que proviene del interior y muevo la cabeza para ver quién es.
Laura hace un gesto para quitarle importancia y me indica que entre.
-¿Traes algo de comer? – dice una de las compañeras mirándome fijamente.
-S-sí. – contesto quedándome inmóvil en medio del salón.
La cara de más de una (que en total suman 6, contando a Laura) cambia drásticamente. Parece que se alegran de verme, en vez de los rostros que me había encontrado al entrar, que parecían querer morderme.
-Son… croissants. – digo abriendo un poco la bolsa. Están recién hechos y el olor se expande enseguida por la habitación.
-Bueno, ¿qué te trae por aquí? – dice Laura.
-Tenemos que hablar. – digo dando un pellizquito a uno de ellos. Las demás chicas me imitan y se van contentas de vuelta al sofá. – …A solas.
Se dan por aludidas y se van escaleras arriba, aunque parece que no se esfuerzan mucho por disimular que siguen escuchando.
-Quiero que me cuentes que pasó anoche cuando te fuiste. – digo seria. – Todo.
Laura suspira sonoramente y apoya el codo en la encimera para sujetarse la cabeza.
-No pasó mucho, sólo que… - comienza.
-¿¡Qué no pasó mucho!? ¡Como coja a ese tarambana lo crujo! – dice una de las chicas. Las demás le chistean casi al unísono y la otra guarda silencio.
Laura sonríe, aunque se le ve apagada. ¿Qué fue lo que pasó? Sé que en realidad no tiene ganas de hablar, pero necesito saberlo.
-Bueno, yo me iba ya a casa, cuando el me pilló en mitad de la calle y me vino con la historia de que ‘fue una casualidad’. Le dije que no me viniera con cuentos, él me dijo que le escuchara, no sé que pasó a continuación y… – Laura coge aire y empieza a enredar con las manos. – Y bueno… él… me besó… yo le pegué… y me entonces me fui.
Mi cara debe ser un poema, porque hasta ella sonríe un poco al verla.
-¿Y qué le dijiste?
-Que no quería verle más, que lo nuestro se había acabado. Pero…
-¿Pero qué? Es lo que se merece, ha sido un auténtico capullo. – afirmo.
-¡Muy bien dicho! – dice una de las chicas, de nuevo le llueven exclamaciones de silencio y ella se vuelve a apoyar en la barandilla.
-Ya lo sé… pero… Creo que le sigo queriendo. – dice mirándome con la mirada teñida de lágrimas. – Pero, ¿Sabes qué? Esto no va a quedar así.
Levanto una ceja y sigo escuchando con atención.
-Se va a enterar de quién soy. Pero no os lo voy a contar. Ya lo veréis. – dice convencida.
Las chicas se quejan sonoramente, les ha dejado a medias, igual que a mí. ¿Qué tendría en mente? Cierto es que me lo esperaba todo de Laura, y cuando una chica así sale lastimada, la venganza puede ser… muy dulce.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)