La débil luz que entra por la ventana me despierta. ¿Cuánto tiempo llevo dormida? Ni siquiera me acuerdo, sólo sé que nos quedamos a mitad de peli y…
Miro a mi derecha y encuentro a Ben, perfectamente dormido con la mano rodeando mis hombros, y con el codo apoyado en el sofá. Parece un crío cuando duerme.
Me muevo lentamente para no despertarle. Le quito la mano y la dejo en su regazo, parece no inmutarse.
Recorro el pasillo hasta mi habitación para cambiarme, todavía llevo puesta la ropa de ayer, aunque está lleno de arrugas y pliegues por todas partes. Antes de llegar, echo un vistazo en la habitación de Harry y confirmo lo que ya sabía: No ha vuelto a casa todavía.
Cojo el primer conjunto que veo en el armario y me cambio, dejando el vestido encima de la cama. Me calzo unas converse y miro la hora, son casi las diez.
Cuando vuelvo de nuevo, me encuentro con que Ben se ha hecho un ovillo en el sofá y sigue igual de dormido que antes, o quizá más. Lo miro durante un momento y sonrío.
Al entrar en la cocina, saco un poco de zumo de la nevera y me sirvo, no tengo hambre y había pensado en pasarme a desayunar a casa de Laura, así que acabo el vaso y guardo de nuevo la botella.
Saco el móvil y busco por la L en mi agenda y mando un mensaje, por si no está en casa. Todavía no sabía nada de ella desde el día anterior. El aparato vibra y leo la contestación, lo que me deja más tranquila.
-Ven cuando quieras.
Zarandeo un poco a Ben, que no tarda en despertarse. Pega un respingo al verme y gruñe mientras se frota los ojos.
-Buenos días. – digo dulcemente.
-Buenos… días… - No se ha dado cuenta, pero se ha manchado toda la cara de negro al frotarse los ojos. - ¿Qué hora es?
-Las diez y cuarto. Puedes quedarte si quieres, aunque no mucho, mis padres están al caer. Yo me voy ya que he quedado con Laura.
Ben me mira con interés y se levanta para desperezarse.
-No importa, yo también me voy ya. Mis compañeros deben estar preguntándose donde me he metido. – No me acordaba que Ben no vivía con sus padres, sino que compartía piso. Sonrío y asiento. - ¿Vamos?
-Primero límpiate un poco la cara, anda. – le digo riéndome. Le doy un beso en la mejilla y él obedece.
María llevaba bastante levantada y había aprovechado para preparar algo de desayuno. Sus padres habían ido a pasar el fin de semana a un pueblecillo cercano donde vivían sus tíos, así que tenían la casa vacía.
Harry está en la ducha, necesitaba quitarse todo lo de la cara. Ella tararea mientras prepara unas tostadas, cuando quiere darse cuenta el sonido de la ducha se ha parado.
Sale al pasillo para avisar a Harry.
-Las toallas están en… - María ahoga un grito y se tapa la boca y se gira de golpe.
-Eso mismo venía a preguntarte. – dice un Harry completamente desnudo.
-¿¡Estás loco!? ¡Tápate ahora mismo! – dice María, escandalizada, haciendo un gran trabajo por aguantar la risa.
-Pero es que no sé donde están las toallas… - dice Harry sonriendo de forma pícara.
-¡En el armario del baño, en el armario! – dice María riéndose.
Cuando vuelve a salir del baño, lleva una toalla enroscada a la cintura y con otra se seca el pelo concienzudamente.
María se gira con cautela, y lo encuentra en mitad del pasillo, todavía sonriendo. Ella lo imita y se acerca para entrar en la cocina, no sin antes pegarle.
-Te odio. – dice poco convencida mientras le enseña la lengua.
-Ayer no decías lo mismo. – dice guiñándole un ojo. Entra en la cocina, le besa en la cabeza y coge una de las tostadas.
María suspira y sonríe. Aquel chico no tenía remedio.
-¿Qué pasó ayer con estos? – pregunta él dejándose caer en el sofá. El mueble cruje bajo su peso, pero no se inmuta.
-Pues no lo sé. No me ha llamado nadie desde entonces, estoy un poco preocupada…
-Déjalos, ya darán señales de vida. – concluye Harry.
Llego a casa de Laura poco después de subir la calle. Llamo al portal y en seguida me abren. Oigo los quejidos de sus compañeras, mascullan lo pronto que es para que vengan visitas, pero Laura está en la puerta con la cabeza apoyada en el marco y sonriendo débilmente.
-Buenas… ¿Molesto? – digo agarrando la bolsa en la que llevo algo de comer. Oigo un 'sí' que proviene del interior y muevo la cabeza para ver quién es.
Laura hace un gesto para quitarle importancia y me indica que entre.
-¿Traes algo de comer? – dice una de las compañeras mirándome fijamente.
-S-sí. – contesto quedándome inmóvil en medio del salón.
La cara de más de una (que en total suman 6, contando a Laura) cambia drásticamente. Parece que se alegran de verme, en vez de los rostros que me había encontrado al entrar, que parecían querer morderme.
-Son… croissants. – digo abriendo un poco la bolsa. Están recién hechos y el olor se expande enseguida por la habitación.
-Bueno, ¿qué te trae por aquí? – dice Laura.
-Tenemos que hablar. – digo dando un pellizquito a uno de ellos. Las demás chicas me imitan y se van contentas de vuelta al sofá. – …A solas.
Se dan por aludidas y se van escaleras arriba, aunque parece que no se esfuerzan mucho por disimular que siguen escuchando.
-Quiero que me cuentes que pasó anoche cuando te fuiste. – digo seria. – Todo.
Laura suspira sonoramente y apoya el codo en la encimera para sujetarse la cabeza.
-No pasó mucho, sólo que… - comienza.
-¿¡Qué no pasó mucho!? ¡Como coja a ese tarambana lo crujo! – dice una de las chicas. Las demás le chistean casi al unísono y la otra guarda silencio.
Laura sonríe, aunque se le ve apagada. ¿Qué fue lo que pasó? Sé que en realidad no tiene ganas de hablar, pero necesito saberlo.
-Bueno, yo me iba ya a casa, cuando el me pilló en mitad de la calle y me vino con la historia de que ‘fue una casualidad’. Le dije que no me viniera con cuentos, él me dijo que le escuchara, no sé que pasó a continuación y… – Laura coge aire y empieza a enredar con las manos. – Y bueno… él… me besó… yo le pegué… y me entonces me fui.
Mi cara debe ser un poema, porque hasta ella sonríe un poco al verla.
-¿Y qué le dijiste?
-Que no quería verle más, que lo nuestro se había acabado. Pero…
-¿Pero qué? Es lo que se merece, ha sido un auténtico capullo. – afirmo.
-¡Muy bien dicho! – dice una de las chicas, de nuevo le llueven exclamaciones de silencio y ella se vuelve a apoyar en la barandilla.
-Ya lo sé… pero… Creo que le sigo queriendo. – dice mirándome con la mirada teñida de lágrimas. – Pero, ¿Sabes qué? Esto no va a quedar así.
Levanto una ceja y sigo escuchando con atención.
-Se va a enterar de quién soy. Pero no os lo voy a contar. Ya lo veréis. – dice convencida.
Las chicas se quejan sonoramente, les ha dejado a medias, igual que a mí. ¿Qué tendría en mente? Cierto es que me lo esperaba todo de Laura, y cuando una chica así sale lastimada, la venganza puede ser… muy dulce.
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