Ni siquiera sabía cuanto tiempo llevaba acurrucada en su pecho, había perdido completamente la noción del tiempo. De pronto la rigidez poco normal de Harry le hace volver al mundo real. No quiere despegarse de él, por un momento le entra el pánico de poder perderle simplemente por soltarlo.
Se sujeta a la manga de su chaqueta y le mira, con los ojos todavía vidriosos, pero los de él parecen vacíos, incluso el verde aguamarina que normalmente reluce en sus iris parece haberse esfumado dejando un gris oscuro algo verdoso que no expresaba ninguna emoción, ni siquiera tristeza. No sabe como reaccionar, Harry permanece impasible; contiene un momento la respiración cuando de pronto él respira profundamente y mira al suelo.
-Te acompaño a casa. – dice sonriendo de medio lado.
-¿Estás bien? – le pregunta María preocupada. Qué pregunta más tonta, sabe perfectamente que no está bien, aunque quiera aparentarlo. Se le da de pena fingir.
-Sí, estoy… algo confuso. Pero tranquila, se me pasará.
María suelta el aire que había contenido, pero todavía siente la angustia removerse en su pecho a sus anchas. Casi hubiera preferido que le hubiese gritado y que se hubiese enfadado.
No soportaba que la tratara con indiferencia y menos que hiciese que estuviera bien, cuando era perfectamente obvio que no lo estaba.
Todavía con la mirada fija en él, Harry sonríe para quitarle hierro al asunto. Nota como si le hubiesen golpeado en el costado, la noticia le ha pillado algo de improvisto. Él se lo podía esperar de Zayn, pero desde luego no de ella.
Sabía que en cierta medida no había sido culpa suya; Zayn tenía una gran capacidad para seducir a cualquier chica que se le antojara, pero ¿Por qué tenía que ser ella? Desde luego iba a dedicarle unas palabras.
Un sábado cualquiera arranco la hoja del calendario y curioseo lo que me espera. Sin duda un mes tranquilo. De pronto me llama la atención un numerito en rojo que no está muy lejos del día de hoy.
Carnaval.
No puedo contener una sonrisa al reconocer la fecha. Este año sería inolvidable. Sin embargo las circunstancias que envolvían el ambiente estos últimos días no hacía fácil el poder juntarnos de vez en cuando y pasar un rato agradable. Nada había cambiado desde hacía una semana, y parecía que nadie tenía la intención de arreglar nada.
Suspiro algo desilusionada y me siento junto la ventana para observar la calle. Hace un día bastante soleado y me molesta tener que desperdiciarlo dentro de casa. Decidida a cambiar eso, me visto rápidamente y salgo a la calle para hacer algunas compras.
Iba a juntarlos a todos, costara lo que costara.
Llamo a María al móvil pero parece haberlo arrojado en mitad del océano; después de intentarlo unas cuantas veces más desisto y llamo a Harry. No ha pasado la noche en casa, así que supongo que estará en casa de Louis o de alguno de sus amigos.
O a lo mejor está tirado en alguna cuneta, quién sabe.
Descarto la idea al oír la voz ronca de mi hermano al otro lado del teléfono. Parece que hablo con un orco.
-¿Sí? – contesta con desgana.
-Vaya, alguien que ha dormido poco. ¿Me equivoco? – me río y guardo las llaves en el bolsillo. - ¿Dónde estás?
Harry gruñe para dejarme claro que no le ha gustado mi bromita y se aclara la voz sonoramente.
-En casa de Louis. Él está peor que yo.
-No quiero saber lo que haríais anoche. Me da mucho miedo.
-Ni que te importara. – me bufa con su característico mal humor de resaca. – En fin, ¿Para qué me molestas a estas horas?
-Pues me interesa porque soy tu hermana y tengo más cabeza que tú. Oh, disculpe que le moleste a las doce y media del mediodía; te llamo porque quería saber que hacéis este viernes.
-¿Por qué lo quieres saber?
-Pues porque es carnaval y no quiero pasarme el día en casa jugando al parchís. – contesto, empezándome a irritar.
Harry respira hondo y por lo que escucho, se deja caer en un sillón o algo parecido. Emite un gemido y suspira. Parece estar pensándoselo mucho.
-¿Quiénes van?
Lo suponía. Suponía que me lo iba a preguntar. Últimamente nos hemos pasado la mayoría del tiempo sin hablar. Harry y María no han intercambiado palabra desde que ella le confesó todo.
Sí, María me lo contó. Aunque sabía que de un momento a otro tenía que pasar, y después de gritarme unos 10 minutos, accedió a contármelo. Laura y María seguían algo distantes, aunque habían atado cabos sueltos en aquella tarde que quedaron, seguían sin mostrarse mucha confianza.
De Zayn ni hablamos, parecía no importarle mucho lo que el grupo pensara de él y se fue de rositas, ni siquiera se había disculpado con Laura, y mucho menos con Harry, lo cual me tenía algo mosqueada, ni siquiera había llamado a nadie y los chicos no sabían nada de él.
Louis y yo… Ni siquiera podemos aguantarnos la mirada cuando nos cruzamos por la calle, aunque siento sus ojos clavados en mi sien cada vez que me alejo. Esta última semana había usado como método de defensa el ser frío e indiferente conmigo, como si nada de lo que había dicho hubiese causa efecto alguno en él.
Estando así el panorama sabía que me iba a costar horrores organizar una fiestecilla, así que debía ponerme manos a la obra.
-Pues todos. – contesto secamente.
-¿Todos? ¿Después de cómo estamos? No creo que seas tan buena. – dice completamente convencido.
¿Qué no soy tan buena? Un reto. Los engranajes de mi cabeza se mueven echando chispas. Nadie me iba a subestimar, y menos mi hermano, siempre le había demostrado que estaba equivocado y esa vez no iba a ser menos. La alerta de mi orgullo dañado acababa de saltar como si tuviera un resorte.
-¿Eso piensas? Espera y verás. – le cuelgo y sonrío con malicia. Se iba a arrepentir de haber dicho semejante cosa.
To Be Continued! :)
27/3/12
17/3/12
Capítulo 39
-H-hola. – Dice Harry al ver la cara de frustración de María.
No le hacía mucha gracia que se presentara en su casa en lugar de mi persona sin previo aviso. De hecho no lo había planeado así, pero ahí estaba mi hermanito.
-¿Q-qué…? Pero Belén me dijo… ¡Ahora salgo! – María cierra la puerta del baño y se mira al espejo y se da cuenta de que está roja perdida.
¿Harry aparece sin más en su casa? No sabía como reaccionar. Demasiadas cosas. Empezaba a estar nerviosa, muy nerviosa.
De pronto unos toquecitos suaves en la puerta la sacan de sus pensamientos. Tenía que salir en algún momento. Abre la puerta y Harry se asusta al ver la cara que pone.
-¿Qué pasa? – dice Harry empezándose a preocupar.
-Nada, sólo estoy… un poco nerviosa.
Harry se ríe con algo de ironía.
-Te apetece… ¿dar una vuelta? – pregunta él tratando de calmarla, no paraba de dar vueltas por el pasillo como si eso fuera a solucionarle el cacao que tenía ahora mismo en la cabeza.
-Sí, sí, vamos… a tomar algo, o lo que sea. – María coge a Harry del brazo y lo arrastra hasta la puerta. Su madre, algo atónita les despide zarandeando la mano débilmente sin apartar la mirada de ellos dos.
Me siento en la cama con la mirada perdida e intento asimilar todo lo que acaba de pasar. Mis ataques de rabia contenida casi nunca acababan bien, pero esto superaba mis expectativas. Había dejado a Louis plantado en mitad de la tormenta con la palabra en la boca. Y por si fuera poco, le había confesado que todavía le quería.
Estúpida de mí. Había sido débil, y eso le daba ventaja sobre mí. Estaba a su merced, y eso no me gustaba nada.
-¿Belén? – oigo una voz detrás de la puerta, creo que es mi madre.
-Estoy aquí. – digo cerrando los ojos intentando que mi voz no tiemble, a diferencia de todo mi cuerpo.
-¿Estás bien? No te he oído llegar.
-Sí, estoy cansada, me voy a dar un baño y me voy a la cama. – digo mirando el reloj.
Casi son las nueve ya, no me había dado cuenta de lo rápido que había pasado el tiempo. Al lado del despertador, hay una foto, dos sonrientes muchachas posan para la cámara. Tendríamos 12 o 13 años entonces.
Al ver la foto me acuerdo de que había quedado con María aquella misma tarde, pero Harry había salido a…Oh Dios.
¿Y si Harry había ido a casa de María? Me iba a descuartizar en cachitos.
-Mamá, ¿Sabes dónde ha ido Harry? – pregunto asomándome por el salón.
-Salió hace hará una media hora, tenía bastante prisa, iba… creo que a casa de María.
Me llevo la mano a la frente y asiento. Vuelvo a mi cuarto y cojo el móvil con prisa.
-Esto no ha salido exactamente como lo pensaba. Harry ha ido por su cuenta, lo juro :S – le escribo en un mensaje que inmediatamente le mando a María.
María nota un movimiento en su bolsillo y saca su contenido. Al leer el mensaje siente que el corazón le da un vuelco. No sabía que hacer con Harry. Le seguía algunos pasos por detrás, ya que ella llevaba un ritmo bastante acelerado.
-María, ¿Seguro que estás bien? – pregunta Harry algo jadeante.
De pronto la pelirroja se para en seco, haciendo que Harry diera un traspié y cierra los ojos. No podía esperar más para contárselo o acabaría con ella.
-Harry, hay algo que no te he dicho y ojalá hubiese podido contártelo antes, pero… no tenía fuerzas. Y créeme que ahora tampoco, pero no puedo esperar más. – sus ojos comenzaban a humedecerse y la presión que sentía en el pecho comenzaba a hacerse más fuerte.
-María… Me estás preocupando, ¿Qué ocurre? – dice acercándose, pero ella da un paso atrás.
-Yo… Bueno… Dios. – Respira hondo y le mira a los ojos. Verdes, la angustia que sufría ese momento se podía leer como una partitura en sus pupilas, rodeadas de aquel intenso color aguamarina. – Harry, el otro día, no sé como ocurrió, pero besé a Zayn.
María espera su reacción y el ambiente se tiñe de tensión. Cada segundo que pasa parece una eternidad.
-Sólo fue eso, un beso, no sé como ocurrió, lo siento de verdad… - susurra ella.
-¿Le quieres? – pregunta Harry con un gesto doloroso. No quería perderla de nuevo.
María le mira confusa y niega con la cabeza rápidamente. Harry aparta la mirada y suspira profundamente. De nuevo ese silencio, volviéndose denso y vacío.
-Lo siento… - solloza de nuevo. Se hace hueco entre sus inexpresivos brazos y nota su corazón latir deprisa, nunca lo había oído latir tan fuerte, y aun así lucía un rostro completamente indiferente.
Harry aprieta el puño, hasta tal punto que sus nudillos toman un color blanquecino. Le duele el pecho, como si le hubieran atravesado con una lanza. Aun así, no puede evitar romperse en cachito al notar las cálidas lágrimas de María mojarle lentamente la camiseta.
-Eh… - le susurra él. –Ven aquí…
La estrecha entre sus brazos y le besa dulcemente la cabeza. De todas formas era un simple beso, no podía significar demasiado. O eso quería creer…
No le hacía mucha gracia que se presentara en su casa en lugar de mi persona sin previo aviso. De hecho no lo había planeado así, pero ahí estaba mi hermanito.
-¿Q-qué…? Pero Belén me dijo… ¡Ahora salgo! – María cierra la puerta del baño y se mira al espejo y se da cuenta de que está roja perdida.
¿Harry aparece sin más en su casa? No sabía como reaccionar. Demasiadas cosas. Empezaba a estar nerviosa, muy nerviosa.
De pronto unos toquecitos suaves en la puerta la sacan de sus pensamientos. Tenía que salir en algún momento. Abre la puerta y Harry se asusta al ver la cara que pone.
-¿Qué pasa? – dice Harry empezándose a preocupar.
-Nada, sólo estoy… un poco nerviosa.
Harry se ríe con algo de ironía.
-Te apetece… ¿dar una vuelta? – pregunta él tratando de calmarla, no paraba de dar vueltas por el pasillo como si eso fuera a solucionarle el cacao que tenía ahora mismo en la cabeza.
-Sí, sí, vamos… a tomar algo, o lo que sea. – María coge a Harry del brazo y lo arrastra hasta la puerta. Su madre, algo atónita les despide zarandeando la mano débilmente sin apartar la mirada de ellos dos.
Me siento en la cama con la mirada perdida e intento asimilar todo lo que acaba de pasar. Mis ataques de rabia contenida casi nunca acababan bien, pero esto superaba mis expectativas. Había dejado a Louis plantado en mitad de la tormenta con la palabra en la boca. Y por si fuera poco, le había confesado que todavía le quería.
Estúpida de mí. Había sido débil, y eso le daba ventaja sobre mí. Estaba a su merced, y eso no me gustaba nada.
-¿Belén? – oigo una voz detrás de la puerta, creo que es mi madre.
-Estoy aquí. – digo cerrando los ojos intentando que mi voz no tiemble, a diferencia de todo mi cuerpo.
-¿Estás bien? No te he oído llegar.
-Sí, estoy cansada, me voy a dar un baño y me voy a la cama. – digo mirando el reloj.
Casi son las nueve ya, no me había dado cuenta de lo rápido que había pasado el tiempo. Al lado del despertador, hay una foto, dos sonrientes muchachas posan para la cámara. Tendríamos 12 o 13 años entonces.
Al ver la foto me acuerdo de que había quedado con María aquella misma tarde, pero Harry había salido a…Oh Dios.
¿Y si Harry había ido a casa de María? Me iba a descuartizar en cachitos.
-Mamá, ¿Sabes dónde ha ido Harry? – pregunto asomándome por el salón.
-Salió hace hará una media hora, tenía bastante prisa, iba… creo que a casa de María.
Me llevo la mano a la frente y asiento. Vuelvo a mi cuarto y cojo el móvil con prisa.
-Esto no ha salido exactamente como lo pensaba. Harry ha ido por su cuenta, lo juro :S – le escribo en un mensaje que inmediatamente le mando a María.
María nota un movimiento en su bolsillo y saca su contenido. Al leer el mensaje siente que el corazón le da un vuelco. No sabía que hacer con Harry. Le seguía algunos pasos por detrás, ya que ella llevaba un ritmo bastante acelerado.
-María, ¿Seguro que estás bien? – pregunta Harry algo jadeante.
De pronto la pelirroja se para en seco, haciendo que Harry diera un traspié y cierra los ojos. No podía esperar más para contárselo o acabaría con ella.
-Harry, hay algo que no te he dicho y ojalá hubiese podido contártelo antes, pero… no tenía fuerzas. Y créeme que ahora tampoco, pero no puedo esperar más. – sus ojos comenzaban a humedecerse y la presión que sentía en el pecho comenzaba a hacerse más fuerte.
-María… Me estás preocupando, ¿Qué ocurre? – dice acercándose, pero ella da un paso atrás.
-Yo… Bueno… Dios. – Respira hondo y le mira a los ojos. Verdes, la angustia que sufría ese momento se podía leer como una partitura en sus pupilas, rodeadas de aquel intenso color aguamarina. – Harry, el otro día, no sé como ocurrió, pero besé a Zayn.
María espera su reacción y el ambiente se tiñe de tensión. Cada segundo que pasa parece una eternidad.
-Sólo fue eso, un beso, no sé como ocurrió, lo siento de verdad… - susurra ella.
-¿Le quieres? – pregunta Harry con un gesto doloroso. No quería perderla de nuevo.
María le mira confusa y niega con la cabeza rápidamente. Harry aparta la mirada y suspira profundamente. De nuevo ese silencio, volviéndose denso y vacío.
-Lo siento… - solloza de nuevo. Se hace hueco entre sus inexpresivos brazos y nota su corazón latir deprisa, nunca lo había oído latir tan fuerte, y aun así lucía un rostro completamente indiferente.
Harry aprieta el puño, hasta tal punto que sus nudillos toman un color blanquecino. Le duele el pecho, como si le hubieran atravesado con una lanza. Aun así, no puede evitar romperse en cachito al notar las cálidas lágrimas de María mojarle lentamente la camiseta.
-Eh… - le susurra él. –Ven aquí…
La estrecha entre sus brazos y le besa dulcemente la cabeza. De todas formas era un simple beso, no podía significar demasiado. O eso quería creer…
13/3/12
Capítulo 38
Un Louis empapado en agua y rabia arremetía contra mi hombro con fuerza y pasaba de largo. No iba a ser la segunda vez que lo hacía.
-¡Tú! ¡Pedazo de inútil! – le digo girándome con un gesto de pocos amigos.
Harry esperaba en la puerta con un gesto cansado y aturdido, algo me decía que había ido detrás de él. Pobre idiota.
Louis se para en seco. Ni siquiera se da la vuelta para mirarme y en cierto modo me duele que no sepa ni aguantarme la mirada.
-¿Se puede saber que coño te pasa conmigo?
Entonces se gira de golpe y se acerca a mí con un odio en la mirada que casi chirriaba en mis oídos.
-¿Se puede saber que pasa contigo? – susurra a escasos centímetros de mí agarrándome el hombro con fuerza. Siento que mis ojos empiezan a humedecerse.
-Me engañaste, Louis. ¿Cómo quieres que perdone eso? – le digo mirándole a los ojos. El azul de sus ojos brillaba con una extraña luz que conseguía ponerme los pelos de punta. – Simplemente conocí a alguien, lo siento que ese alguien fuera tu amigo, yo no lo sabía…
-Pero… ¡¿Por qué tenía que ser él?! ¡Te lo avisé! No es buena gente y te hará daño, quieras o no. Estoy harto de esto.
-¿Harto? ¡Todo esto lo empezaste tú! Si no hubiese pasado ahora mismo… - de pronto me doy cuenta de lo que iba a decir y me callo. ¿Estaríamos juntos? ¿De verdad? Sólo el imaginármelo me da escalofríos. – Estaba enamorada de ti, Louis, y todos lo sabían. Siempre me pasa lo mismo. Y todo porque soy una estúpida.
Al acabar la frase no puedo evitar que una de las lágrimas que contenía en mis ojos se escapara rodando por mi mejilla. Con los labios apretados de rabia irrumpo en la sala ante la atenta mirada de un atónito Louis y cojo mis cosas con poca delicadeza.
-Belén, espera… - murmura Harry al verme salir a toda prisa. No tenía ganas de mirar a ninguno a la cara.
-No te sale ni una bien, ¿eh? – le dice a Louis. – Me voy a casa.
-Harry, lo siento, no sabía que decir… - contesta él entrando detrás de él a la sala. Jade seguía ahí, y después del estruendo que había habido desde luego se había dado cuenta de su presencia.
-No es a mí a quien tienes que pedirle disculpas.
Como había hecho yo minutos atrás, Harry coge sus cosas y se marcha bajo la lluvia tapándose como puede con el abrigo.
Louis se queda en la sala, todo el mundo le mira, y él les lanza una mirada asesina y ninguno se atrevió a volver a levantar la vista.
Se deja caer en una silla y se da cuenta que alguien le mira, alguien que había hecho caso omiso de su advertencia.
Este levanta la mirada y ve a una sonriente Jade. Siempre le había parecido atractiva, de hecho la chica era muy guapa.
Louis intenta esquivar su insistente contacto visual, pero antes de que pudiera hacer nada, ella se había acercado a él para… saludar.
-Hola, Louis. – comienza ella con tono felino.
-Jade. – contesta él secamente.
-¿Haces algo esta tarde? Porque quizás podríamos… ya sabes. – dice con una sonrisa picarona.
-¿Sabes? En realidad, sí, tengo algo bastante importante que hacer. – contesta de nuevo, levantándose y haciendo a Jade a un lado. – Y no puede esperar.
Coge sus cosas y echa a correr por la puerta. Un impulso inesperado le lleva a correr por la calle sin importarle al agua que le calaba la ropa.
De pronto divisa una figura al final de la calle. Casi sin aliento me alcanza e intenta gritar mi nombre.
-¡Belén! – grita al fin.
Me giro y me aparto el pelo completamente mojado de la cara. Intentando distinguir quién era, aunque por la voz sabía perfectamente quién era.
-¿Qué haces aquí? – le digo avanzando en dirección contraria a él. – No tengo tiempo para más gilipolleces, me marcho a casa o cogeré una pulmonía, y tú deberías hacer lo mismo.
-No me voy a mover de aquí hasta que me digas algo.
Me quedo quieta y le miro. ¿Qué quería saber ahora?
-Lo que dijiste antes en la biblioteca… ¿Es cierto? ¿Estabas enamorada de mí? – dice mirándome con algo parecido a dulzura.
Suspiro e intento esquivar su mirada mirando a cada lado de la calle. No quería responderle, pero sabía que hasta que no se lo dijera no iba a mover un pie de ahí.
Asiento débilmente y alzo la cabeza para mirarle a los ojos.
-Sí. Es cierto. Y me odio a mí misma porque aún con todo lo sigo haciendo. Te sigo queriendo como entonces. Joder… ¿Por qué tiene que pasarme siempre esto a mí? – dolida al recordar lo último doy media vuelta y comienzo a caminar deprisa hacia casa.
La lluvia comienza a arreciar y la calle estaba desierta. Se acercaba primavera y un tiempo así era bastante normal.
No quería mirarle, no quería ni si quiera saber su reacción, simplemente quería llegar a casa, darme una ducha caliente y acurrucarme en la cama como si no fuera a salir de allí nunca jamás.
María estaba peinándose cuando de pronto llaman a la puerta.
-¡Mamá, abre tú, será Belén! – grita desde el cuarto de baño.
Oye la puerta cerrarse y la débil risa de su madre.
-¡Pasa! Estoy en el baño, salgo en un minuto. – sale al pasillo colocándose el flequillo. Abre los ojos como platos y se queda algo inmóvil. - ¿Qué cojones…?
-¡Tú! ¡Pedazo de inútil! – le digo girándome con un gesto de pocos amigos.
Harry esperaba en la puerta con un gesto cansado y aturdido, algo me decía que había ido detrás de él. Pobre idiota.
Louis se para en seco. Ni siquiera se da la vuelta para mirarme y en cierto modo me duele que no sepa ni aguantarme la mirada.
-¿Se puede saber que coño te pasa conmigo?
Entonces se gira de golpe y se acerca a mí con un odio en la mirada que casi chirriaba en mis oídos.
-¿Se puede saber que pasa contigo? – susurra a escasos centímetros de mí agarrándome el hombro con fuerza. Siento que mis ojos empiezan a humedecerse.
-Me engañaste, Louis. ¿Cómo quieres que perdone eso? – le digo mirándole a los ojos. El azul de sus ojos brillaba con una extraña luz que conseguía ponerme los pelos de punta. – Simplemente conocí a alguien, lo siento que ese alguien fuera tu amigo, yo no lo sabía…
-Pero… ¡¿Por qué tenía que ser él?! ¡Te lo avisé! No es buena gente y te hará daño, quieras o no. Estoy harto de esto.
-¿Harto? ¡Todo esto lo empezaste tú! Si no hubiese pasado ahora mismo… - de pronto me doy cuenta de lo que iba a decir y me callo. ¿Estaríamos juntos? ¿De verdad? Sólo el imaginármelo me da escalofríos. – Estaba enamorada de ti, Louis, y todos lo sabían. Siempre me pasa lo mismo. Y todo porque soy una estúpida.
Al acabar la frase no puedo evitar que una de las lágrimas que contenía en mis ojos se escapara rodando por mi mejilla. Con los labios apretados de rabia irrumpo en la sala ante la atenta mirada de un atónito Louis y cojo mis cosas con poca delicadeza.
-Belén, espera… - murmura Harry al verme salir a toda prisa. No tenía ganas de mirar a ninguno a la cara.
-No te sale ni una bien, ¿eh? – le dice a Louis. – Me voy a casa.
-Harry, lo siento, no sabía que decir… - contesta él entrando detrás de él a la sala. Jade seguía ahí, y después del estruendo que había habido desde luego se había dado cuenta de su presencia.
-No es a mí a quien tienes que pedirle disculpas.
Como había hecho yo minutos atrás, Harry coge sus cosas y se marcha bajo la lluvia tapándose como puede con el abrigo.
Louis se queda en la sala, todo el mundo le mira, y él les lanza una mirada asesina y ninguno se atrevió a volver a levantar la vista.
Se deja caer en una silla y se da cuenta que alguien le mira, alguien que había hecho caso omiso de su advertencia.
Este levanta la mirada y ve a una sonriente Jade. Siempre le había parecido atractiva, de hecho la chica era muy guapa.
Louis intenta esquivar su insistente contacto visual, pero antes de que pudiera hacer nada, ella se había acercado a él para… saludar.
-Hola, Louis. – comienza ella con tono felino.
-Jade. – contesta él secamente.
-¿Haces algo esta tarde? Porque quizás podríamos… ya sabes. – dice con una sonrisa picarona.
-¿Sabes? En realidad, sí, tengo algo bastante importante que hacer. – contesta de nuevo, levantándose y haciendo a Jade a un lado. – Y no puede esperar.
Coge sus cosas y echa a correr por la puerta. Un impulso inesperado le lleva a correr por la calle sin importarle al agua que le calaba la ropa.
De pronto divisa una figura al final de la calle. Casi sin aliento me alcanza e intenta gritar mi nombre.
-¡Belén! – grita al fin.
Me giro y me aparto el pelo completamente mojado de la cara. Intentando distinguir quién era, aunque por la voz sabía perfectamente quién era.
-¿Qué haces aquí? – le digo avanzando en dirección contraria a él. – No tengo tiempo para más gilipolleces, me marcho a casa o cogeré una pulmonía, y tú deberías hacer lo mismo.
-No me voy a mover de aquí hasta que me digas algo.
Me quedo quieta y le miro. ¿Qué quería saber ahora?
-Lo que dijiste antes en la biblioteca… ¿Es cierto? ¿Estabas enamorada de mí? – dice mirándome con algo parecido a dulzura.
Suspiro e intento esquivar su mirada mirando a cada lado de la calle. No quería responderle, pero sabía que hasta que no se lo dijera no iba a mover un pie de ahí.
Asiento débilmente y alzo la cabeza para mirarle a los ojos.
-Sí. Es cierto. Y me odio a mí misma porque aún con todo lo sigo haciendo. Te sigo queriendo como entonces. Joder… ¿Por qué tiene que pasarme siempre esto a mí? – dolida al recordar lo último doy media vuelta y comienzo a caminar deprisa hacia casa.
La lluvia comienza a arreciar y la calle estaba desierta. Se acercaba primavera y un tiempo así era bastante normal.
No quería mirarle, no quería ni si quiera saber su reacción, simplemente quería llegar a casa, darme una ducha caliente y acurrucarme en la cama como si no fuera a salir de allí nunca jamás.
María estaba peinándose cuando de pronto llaman a la puerta.
-¡Mamá, abre tú, será Belén! – grita desde el cuarto de baño.
Oye la puerta cerrarse y la débil risa de su madre.
-¡Pasa! Estoy en el baño, salgo en un minuto. – sale al pasillo colocándose el flequillo. Abre los ojos como platos y se queda algo inmóvil. - ¿Qué cojones…?
11/3/12
Capítulo 37
Le miro intentando ocultar la inoportuna sonrisilla que se asomaba ya por mis comisuras. Él me mira confuso y sorprendido de verme por ahí. No sé muy bien si se alegraba o no. El corazón se me acelera y… Esos ojos… otra vez.
-Hola. – susurro tartamudeando.
-¿Qué estás haciendo aquí? – contesta con un tono frío.
Vacilo un instante y me río sarcásticamente.
-Bueno, ya sabes, lo que se suele hacer en las bibliotecas. Coger libros… y esas cosas. – contesto torciendo el gesto, intentando aguantarle la mirada. No tenía motivos para comportarse así conmigo… ¿O sí?
Mira hacia la mesa que ocupaba Jade y ve que sigue la mar de entretenida buscando datos entre sus apuntes.
Vuelve la mirada hacia a mí con poco interés y pasa de largo sin ni siquiera despedirse. Le miro hasta que desaparece por el cristal y bajo los hombros con decepción. ¿Qué coño le pasa?
Cierro los ojos intentando contener las ganas de salir corriendo detrás de él. Por una parte me ardía la sangre al verle reaccionar así, como si tuviera derecho a comportarse de ese modo, ni que fuera un crío. Como si él nunca hubiese hecho nada contra mí…
Abro los ojos de repente al descubrirme pensando de aquel modo, dejándome llevar por el dolor que me producía, el rencor que sentía hacia su persona. Me estaba comportando como él, y eso no era propio de mí, no era tan orgulloso como él lo era.
Crispo los dedos contra la dura tapa de uno de los libros que sostengo y busco una mesa libre, intentando apartar mi mente de aquellos recuerdos.
Una manada de rizos me sorprende al girar la estantería. Sujeto los libros con fuerza para evitar que de nuevo se caigan al suelo.
-¡Ah! – exclamo abriendo los ojos como platos.
-Shhhhhhh. – entonan de nuevo algunos de los que ocupaban la sala.
Trago saliva y le miro confusa.
-¡Menudo susto me has dado!
-¿Qué haces aquí?
Resoplo al escuchar esa frase por segunda vez en todo el día y le miro un poco irritada.
-Cazando gamusinos. ¿A ti que te parece?
-Tendrías que estar en clase… ¿Y María? – dice con tono inquisitivo mirando por el pasillo esperando encontrar a la pelirroja.
-Se ha quedado en clase, dice que me pasará los apuntes cuando salga, además necesitaba unos libros para acabar un trabajo.
Suspira y mira al suelo.
-Todavía no he hablado con ella… Está muy rara últimamente. – me comenta bajando la mirada. - ¿Sabes si le pasa algo?
Respiro hondo y le miro intentando buscar una respuesta adecuada. Todavía no se había enterado de lo que había ocurrido en aquel ascensor, no tenía la menor idea, y el sólo pensar en como reaccionaría me ponía la carne de gallina. Tenía que contárselo ella.
-Eh… De hecho me ha dicho que pensaba quedar contigo esta tarde. Ya le diré que te llame o algo. – improviso sobre la marcha.
Sonríe de medio lado y saca su móvil.
-Bueno, tengo que marcharme ya, Louis ha salido disparado por la puerta y no sé donde habrá ido. - dice peinándose sus rebeldes rizos.
Miro sus cosas y me siento en una de las sillas vacías algo pensativa. ¿Dónde podría haber ido?
-¿Puedes guardarlo? – dice señalando una enorme pila de libros y bolígrafos.
-Claro, estaré aquí cuando volváis. – digo sonriendo débilmente.
Harry asiente y se da media vuelta dirección a la puerta. Dejo mis cosas al lado de las suyas y me acomodo entre mis brazos esperando encontrar algo de consuelo en ellos.
María se pasa los dedos por el pelo mirando desesperadamente el reloj. En menos de dos minutos el timbre inunda el pasillo y las puertas comienzan a abrirse como resortes.
Coge sus cosas y sale después de que casi toda la clase se hubiese marchado. De pronto escucha una voz a lo lejos gritar su nombre. Se gira algo sobresaltada y se encuentra a Laura con un gesto algo preocupado.
La mira durante un momento y sonríe casi sin darse cuenta.
-Esto… Había pensado que podíamos quedar mañana, para tomar algo o… - dice Laura mirando hacia otro lado, pasándose la mano por el pelo.
-Genial. – responde María sonriente.
Ambas se quedan inmóviles en mitad del pasillo sin sabes muy bien que decir.
-Vale, te veo mañana entonces. – dice María siguiendo su camino a la puerta. ¿Significaba eso que quería perdonarla? Desde luego no le había perdonado, pero era una buena señal.
De pronto nota algo que se remueve en su bolsillo y hunde la mano para averiguar que es. Alguien le ha mandado un mensaje.
-Te paso a buscar a las 6, estate lista para entonces. Bee.
Levanta una ceja y vuelve a meter el móvil en su sitio. Tarda poco más de diez minutos en llegar a casa y el ambiente es bastante tranquilo. Doug le revuelve el pelo a la vez que se pone la cazadora.
-Unos que vienen y otros que se van. – dice su madre desde la cocina.
-¿A dónde te vas?
-Al aeropuerto. Me voy por la mañana.
María se lleva la mano a la boca y niega con la cabeza.
-Pero… Pero, ¡No puedes irte ahora! Estábamos bien y… - dice poniéndose nerviosa.
-Hey, mocosa, escúchame. Sabes que sólo venía a visitaros, tengo mi vida en otro sitio y tengo que volver, pero te prometo que nos veremos pronto. No te pongas como cuando eras pequeña y me iba de campamentos. ¿Te acuerdas?
María sonríe y asiente algo vergonzosa.
-Me ponía a llorar como una magdalena y te escondía la bolsa para que no te pudieras marchar…
Ambos sonríen y se abrazan.
-Tranquila, ya verás que nos veremos pronto. Además, ¡Todavía no me marcho! Todavía nos queda esta noche.
-Lárgate ya o me dará por llorar, imbécil. – le dice empujándole hacia la puerta.
Entra en su cuarto y se deja caer en la cama. Recoge las rodillas en su pecho y recuesta la cabeza en el colchón.
Levanto la mirada de aquel libro de Aristóteles y me paso la mano por la cara. Casi sin darme cuenta había pasado una hora y poco más. No había escrito apenas dos líneas y el libro seguía en la misma página en la que había empezado.
No podía parar de darle vueltas al asunto. Y por si faltaba poco tenía que pensar en como juntar María y a Harry, aunque eso lo tenía bastante resuelto por el momento.
Me levanto y salgo de ahí a buscar algo de beber o moriría deshidratada. Deslizo algunas monedas por la ranura cuando un estruendo desvía mi atención…
Continuará!
-Hola. – susurro tartamudeando.
-¿Qué estás haciendo aquí? – contesta con un tono frío.
Vacilo un instante y me río sarcásticamente.
-Bueno, ya sabes, lo que se suele hacer en las bibliotecas. Coger libros… y esas cosas. – contesto torciendo el gesto, intentando aguantarle la mirada. No tenía motivos para comportarse así conmigo… ¿O sí?
Mira hacia la mesa que ocupaba Jade y ve que sigue la mar de entretenida buscando datos entre sus apuntes.
Vuelve la mirada hacia a mí con poco interés y pasa de largo sin ni siquiera despedirse. Le miro hasta que desaparece por el cristal y bajo los hombros con decepción. ¿Qué coño le pasa?
Cierro los ojos intentando contener las ganas de salir corriendo detrás de él. Por una parte me ardía la sangre al verle reaccionar así, como si tuviera derecho a comportarse de ese modo, ni que fuera un crío. Como si él nunca hubiese hecho nada contra mí…
Abro los ojos de repente al descubrirme pensando de aquel modo, dejándome llevar por el dolor que me producía, el rencor que sentía hacia su persona. Me estaba comportando como él, y eso no era propio de mí, no era tan orgulloso como él lo era.
Crispo los dedos contra la dura tapa de uno de los libros que sostengo y busco una mesa libre, intentando apartar mi mente de aquellos recuerdos.
Una manada de rizos me sorprende al girar la estantería. Sujeto los libros con fuerza para evitar que de nuevo se caigan al suelo.
-¡Ah! – exclamo abriendo los ojos como platos.
-Shhhhhhh. – entonan de nuevo algunos de los que ocupaban la sala.
Trago saliva y le miro confusa.
-¡Menudo susto me has dado!
-¿Qué haces aquí?
Resoplo al escuchar esa frase por segunda vez en todo el día y le miro un poco irritada.
-Cazando gamusinos. ¿A ti que te parece?
-Tendrías que estar en clase… ¿Y María? – dice con tono inquisitivo mirando por el pasillo esperando encontrar a la pelirroja.
-Se ha quedado en clase, dice que me pasará los apuntes cuando salga, además necesitaba unos libros para acabar un trabajo.
Suspira y mira al suelo.
-Todavía no he hablado con ella… Está muy rara últimamente. – me comenta bajando la mirada. - ¿Sabes si le pasa algo?
Respiro hondo y le miro intentando buscar una respuesta adecuada. Todavía no se había enterado de lo que había ocurrido en aquel ascensor, no tenía la menor idea, y el sólo pensar en como reaccionaría me ponía la carne de gallina. Tenía que contárselo ella.
-Eh… De hecho me ha dicho que pensaba quedar contigo esta tarde. Ya le diré que te llame o algo. – improviso sobre la marcha.
Sonríe de medio lado y saca su móvil.
-Bueno, tengo que marcharme ya, Louis ha salido disparado por la puerta y no sé donde habrá ido. - dice peinándose sus rebeldes rizos.
Miro sus cosas y me siento en una de las sillas vacías algo pensativa. ¿Dónde podría haber ido?
-¿Puedes guardarlo? – dice señalando una enorme pila de libros y bolígrafos.
-Claro, estaré aquí cuando volváis. – digo sonriendo débilmente.
Harry asiente y se da media vuelta dirección a la puerta. Dejo mis cosas al lado de las suyas y me acomodo entre mis brazos esperando encontrar algo de consuelo en ellos.
María se pasa los dedos por el pelo mirando desesperadamente el reloj. En menos de dos minutos el timbre inunda el pasillo y las puertas comienzan a abrirse como resortes.
Coge sus cosas y sale después de que casi toda la clase se hubiese marchado. De pronto escucha una voz a lo lejos gritar su nombre. Se gira algo sobresaltada y se encuentra a Laura con un gesto algo preocupado.
La mira durante un momento y sonríe casi sin darse cuenta.
-Esto… Había pensado que podíamos quedar mañana, para tomar algo o… - dice Laura mirando hacia otro lado, pasándose la mano por el pelo.
-Genial. – responde María sonriente.
Ambas se quedan inmóviles en mitad del pasillo sin sabes muy bien que decir.
-Vale, te veo mañana entonces. – dice María siguiendo su camino a la puerta. ¿Significaba eso que quería perdonarla? Desde luego no le había perdonado, pero era una buena señal.
De pronto nota algo que se remueve en su bolsillo y hunde la mano para averiguar que es. Alguien le ha mandado un mensaje.
-Te paso a buscar a las 6, estate lista para entonces. Bee.
Levanta una ceja y vuelve a meter el móvil en su sitio. Tarda poco más de diez minutos en llegar a casa y el ambiente es bastante tranquilo. Doug le revuelve el pelo a la vez que se pone la cazadora.
-Unos que vienen y otros que se van. – dice su madre desde la cocina.
-¿A dónde te vas?
-Al aeropuerto. Me voy por la mañana.
María se lleva la mano a la boca y niega con la cabeza.
-Pero… Pero, ¡No puedes irte ahora! Estábamos bien y… - dice poniéndose nerviosa.
-Hey, mocosa, escúchame. Sabes que sólo venía a visitaros, tengo mi vida en otro sitio y tengo que volver, pero te prometo que nos veremos pronto. No te pongas como cuando eras pequeña y me iba de campamentos. ¿Te acuerdas?
María sonríe y asiente algo vergonzosa.
-Me ponía a llorar como una magdalena y te escondía la bolsa para que no te pudieras marchar…
Ambos sonríen y se abrazan.
-Tranquila, ya verás que nos veremos pronto. Además, ¡Todavía no me marcho! Todavía nos queda esta noche.
-Lárgate ya o me dará por llorar, imbécil. – le dice empujándole hacia la puerta.
Entra en su cuarto y se deja caer en la cama. Recoge las rodillas en su pecho y recuesta la cabeza en el colchón.
Levanto la mirada de aquel libro de Aristóteles y me paso la mano por la cara. Casi sin darme cuenta había pasado una hora y poco más. No había escrito apenas dos líneas y el libro seguía en la misma página en la que había empezado.
No podía parar de darle vueltas al asunto. Y por si faltaba poco tenía que pensar en como juntar María y a Harry, aunque eso lo tenía bastante resuelto por el momento.
Me levanto y salgo de ahí a buscar algo de beber o moriría deshidratada. Deslizo algunas monedas por la ranura cuando un estruendo desvía mi atención…
Continuará!
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