Le miro intentando ocultar la inoportuna sonrisilla que se asomaba ya por mis comisuras. Él me mira confuso y sorprendido de verme por ahí. No sé muy bien si se alegraba o no. El corazón se me acelera y… Esos ojos… otra vez.
-Hola. – susurro tartamudeando.
-¿Qué estás haciendo aquí? – contesta con un tono frío.
Vacilo un instante y me río sarcásticamente.
-Bueno, ya sabes, lo que se suele hacer en las bibliotecas. Coger libros… y esas cosas. – contesto torciendo el gesto, intentando aguantarle la mirada. No tenía motivos para comportarse así conmigo… ¿O sí?
Mira hacia la mesa que ocupaba Jade y ve que sigue la mar de entretenida buscando datos entre sus apuntes.
Vuelve la mirada hacia a mí con poco interés y pasa de largo sin ni siquiera despedirse. Le miro hasta que desaparece por el cristal y bajo los hombros con decepción. ¿Qué coño le pasa?
Cierro los ojos intentando contener las ganas de salir corriendo detrás de él. Por una parte me ardía la sangre al verle reaccionar así, como si tuviera derecho a comportarse de ese modo, ni que fuera un crío. Como si él nunca hubiese hecho nada contra mí…
Abro los ojos de repente al descubrirme pensando de aquel modo, dejándome llevar por el dolor que me producía, el rencor que sentía hacia su persona. Me estaba comportando como él, y eso no era propio de mí, no era tan orgulloso como él lo era.
Crispo los dedos contra la dura tapa de uno de los libros que sostengo y busco una mesa libre, intentando apartar mi mente de aquellos recuerdos.
Una manada de rizos me sorprende al girar la estantería. Sujeto los libros con fuerza para evitar que de nuevo se caigan al suelo.
-¡Ah! – exclamo abriendo los ojos como platos.
-Shhhhhhh. – entonan de nuevo algunos de los que ocupaban la sala.
Trago saliva y le miro confusa.
-¡Menudo susto me has dado!
-¿Qué haces aquí?
Resoplo al escuchar esa frase por segunda vez en todo el día y le miro un poco irritada.
-Cazando gamusinos. ¿A ti que te parece?
-Tendrías que estar en clase… ¿Y María? – dice con tono inquisitivo mirando por el pasillo esperando encontrar a la pelirroja.
-Se ha quedado en clase, dice que me pasará los apuntes cuando salga, además necesitaba unos libros para acabar un trabajo.
Suspira y mira al suelo.
-Todavía no he hablado con ella… Está muy rara últimamente. – me comenta bajando la mirada. - ¿Sabes si le pasa algo?
Respiro hondo y le miro intentando buscar una respuesta adecuada. Todavía no se había enterado de lo que había ocurrido en aquel ascensor, no tenía la menor idea, y el sólo pensar en como reaccionaría me ponía la carne de gallina. Tenía que contárselo ella.
-Eh… De hecho me ha dicho que pensaba quedar contigo esta tarde. Ya le diré que te llame o algo. – improviso sobre la marcha.
Sonríe de medio lado y saca su móvil.
-Bueno, tengo que marcharme ya, Louis ha salido disparado por la puerta y no sé donde habrá ido. - dice peinándose sus rebeldes rizos.
Miro sus cosas y me siento en una de las sillas vacías algo pensativa. ¿Dónde podría haber ido?
-¿Puedes guardarlo? – dice señalando una enorme pila de libros y bolígrafos.
-Claro, estaré aquí cuando volváis. – digo sonriendo débilmente.
Harry asiente y se da media vuelta dirección a la puerta. Dejo mis cosas al lado de las suyas y me acomodo entre mis brazos esperando encontrar algo de consuelo en ellos.
María se pasa los dedos por el pelo mirando desesperadamente el reloj. En menos de dos minutos el timbre inunda el pasillo y las puertas comienzan a abrirse como resortes.
Coge sus cosas y sale después de que casi toda la clase se hubiese marchado. De pronto escucha una voz a lo lejos gritar su nombre. Se gira algo sobresaltada y se encuentra a Laura con un gesto algo preocupado.
La mira durante un momento y sonríe casi sin darse cuenta.
-Esto… Había pensado que podíamos quedar mañana, para tomar algo o… - dice Laura mirando hacia otro lado, pasándose la mano por el pelo.
-Genial. – responde María sonriente.
Ambas se quedan inmóviles en mitad del pasillo sin sabes muy bien que decir.
-Vale, te veo mañana entonces. – dice María siguiendo su camino a la puerta. ¿Significaba eso que quería perdonarla? Desde luego no le había perdonado, pero era una buena señal.
De pronto nota algo que se remueve en su bolsillo y hunde la mano para averiguar que es. Alguien le ha mandado un mensaje.
-Te paso a buscar a las 6, estate lista para entonces. Bee.
Levanta una ceja y vuelve a meter el móvil en su sitio. Tarda poco más de diez minutos en llegar a casa y el ambiente es bastante tranquilo. Doug le revuelve el pelo a la vez que se pone la cazadora.
-Unos que vienen y otros que se van. – dice su madre desde la cocina.
-¿A dónde te vas?
-Al aeropuerto. Me voy por la mañana.
María se lleva la mano a la boca y niega con la cabeza.
-Pero… Pero, ¡No puedes irte ahora! Estábamos bien y… - dice poniéndose nerviosa.
-Hey, mocosa, escúchame. Sabes que sólo venía a visitaros, tengo mi vida en otro sitio y tengo que volver, pero te prometo que nos veremos pronto. No te pongas como cuando eras pequeña y me iba de campamentos. ¿Te acuerdas?
María sonríe y asiente algo vergonzosa.
-Me ponía a llorar como una magdalena y te escondía la bolsa para que no te pudieras marchar…
Ambos sonríen y se abrazan.
-Tranquila, ya verás que nos veremos pronto. Además, ¡Todavía no me marcho! Todavía nos queda esta noche.
-Lárgate ya o me dará por llorar, imbécil. – le dice empujándole hacia la puerta.
Entra en su cuarto y se deja caer en la cama. Recoge las rodillas en su pecho y recuesta la cabeza en el colchón.
Levanto la mirada de aquel libro de Aristóteles y me paso la mano por la cara. Casi sin darme cuenta había pasado una hora y poco más. No había escrito apenas dos líneas y el libro seguía en la misma página en la que había empezado.
No podía parar de darle vueltas al asunto. Y por si faltaba poco tenía que pensar en como juntar María y a Harry, aunque eso lo tenía bastante resuelto por el momento.
Me levanto y salgo de ahí a buscar algo de beber o moriría deshidratada. Deslizo algunas monedas por la ranura cuando un estruendo desvía mi atención…
Continuará!
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