Aquel lunes por la mañana llovía a mares. Y por si eso fuera poco, teníamos que volver a clase.
Me levanto al oír al despertador emitir estridentes sonidos una y otra vez y me voy al salón. Parezco una maquina en control remoto, todavía no se muy bien lo que hago cuando me encuentro saliendo por la puerta.
Abro el paraguas y me lanzo a la calle con el paso más ligero que puedo. Casi no había empezado el día y ya notaba aquella pesadez sobre los hombros. Quizás era por la lluvia.
Louis amanece temprano, con un café calentito en las manos se para un momento en la ventana para observar las gotas recorrer los marcos de los cristales. Suspira sonoramente y se poner en marcha.
Hace frío, y la biblioteca le pilla un poco lejos de casa. Tenía toda la mañana ocupada, tenía que recorrer varios sitios antes de volver a casa y uno era…
Al llegar al instituto, no hay nadie. Los días de lluvia no suele quedarse nadie en el patio, a excepción de alguno que otro que espera a un amigo.
-Buenos días. – saludo a una chica que lleva su capucha bien puesta.
Me responde con una sonrisa y entro dentro del edificio y me lo encuentro abarrotado de gente hasta arriba. Suspiro al ver que vuelvo a la rutina y miro de reojo a los fluorescentes que centellean con esa característica luz azul de siempre.
Algo resignada me dirijo a mi clase. Al entrar me encuentro a María hecha una bola en la silla, muy cerca del radiador, parece que nadie se ha levantado muy feliz hoy.
-Buenos días. – digo con voz queda. La lluvia golpea los cristales.
-Hola. – contesta secamente, mirándome con la vista perdida.
Sonrío a medias y me siento en mi silla, hacía mucho que no volvíamos por ahí, y sólo quedaban algunos meses pasa acabar el curso. Le prometí a María que sería el verano de nuestra vida.
La gente comienza a entrar en clase, pero Laura no aparece. De pronto toca el timbre y se oyes puertas lejanas cerrándose. La profesora de literatura acaba de entrar por la puerta y está apunto de cerrarla cuando Laura la intercepta con unos reflejos casi sobrenaturales.
-Lo siento, me he dormido. – dice con media sonrisa.
La profesora chasquea la legua y la deja pasar. Dedica una mirada a toda la clase y justo al llegar a María, baja la vista y se sienta con gesto abatido.
Era un día raro, muy raro.
-¡Louis! – grita Harry desde la puerta.
Acude al foco de la voz sin levantar la cabeza del suelo y al llegar debajo del porche de la biblioteca se sacude el pelo, que llevaba completamente mojado.
-Estás empapado, ¿No se te ha ocurrido coger un paraguas? – dice Harry al ver el estado de su amigo.
Louis se encoge de hombros y entra dentro como si le importara un comino el mojar toda la entrada. La señora de la limpieza se queda horrorizada al verles entrar mientras Harry la mira con gesto de disculpa.
Empuja la puerta de la sala con ímpetu y fusila con la mirada a todo aquel que se atreve a mirarle debido al estruendo que ha causado. Todos ellos bajan la mirada de vuelta a sus apuntes como si nada hubiera pasado.
-Cálmate un poco, ¿quieres? – le susurra Harry.
-No me digas lo que tengo que hacer.
Harry aparta la mano de su hombro y retrocede. Anda unos pasos detrás de él, parece, y es bastante obvio, que está de muy mal humor. ¿Qué habría pasado para que estuviera así?
Se sientan en una de las mesas que ha quedado medio vacía después de que un grupito de universitarias se fuera a por su almuerzo de media mañana y sacan los libros, Louis con una característica fuerza que levanta un estruendo por toda la sala.
-Como sigas así nos echarán. – comenta Harry empezándose a mosquear.
Louis resopla y comienza a escribir. Tenía pinta de ser una de las mañanas más largas de todo enero.
Cerca de las doce del mediodía me asomo por la ventana al divisar un resquicio de sol por la ventana, casi sin avisar, una sonrisa se dibuja en mi rostro.
-Eh, parece que ha parado de llover, y además está saliendo el sol.
-Como si eso cambiase muchas cosas. – dice María con tono cansado.
Bajo de la silla en la que me había subido y la miro. Parece no haber dormido en toda la noche por su aspecto, tiene las ojeras marcadas y no muy buen color.
-Deberías hablar con ella.
María suspira y mira a la puerta con anhelo.
-Como si me fuera a escuchar.
Suena el timbre y la clase acaba. Tengo que salir a hacer unas cuantas cosas, así que le pido los apuntes a María para el final del día y que se invente algo por mí para encubrir mi ausencia. Me faltan varios libros y además… Tenía que pensar.
-Francés y biología. – dice María mirando el horario. – No te preocupes, yo te cubro.
Fuerza una sonrisa y vuelve a guardar su cuaderno en la mochila, que se echa a la espalda.
-Gracias, te debo una. –antes de irme, debía decir algo más. – Ah, y sigo pensando que deberías hablar con ella.
La miro durante unos instantes y justo al salir por la puerta, Laura entra en busca de algunos cuadernos que había dejado olvidados.
Sonrío de medio lado al ver la cara de María, entre esperanzada y asustada. Levanto los pulgares en señal de ánimo y me marcho por el pasillo.
Pasan unos segundos hasta que una de las dos hace un movimiento. Laura le aparta la mirada triste que le había dedicado hace apenas un momento y coge aprisa sus apuntes.
-Laura. – dice María no muy convencida al ver que ella se marchaba. - ¿Puedo hablar contigo?
-Tenemos clase.
-Quedan todavía 15 minutos de descanso, sólo quería dejar algo claro.
Parece que Laura tenga ganas de contribuir así que suspira hondo y asiente. María, poco preparada para la respuesta intenta buscar un principio que suene lo más coherente posible.
Se pasa la mano por la frente con algo de resignación mientras Laura espera impaciente alguna que otra respuesta.
-Mira, sé lo que hice y tú también, de eso no hay ninguna duda, pero no fue como tú crees. Surgió, así sin más. Zayn te quiere y eso no lo voy a cambiar yo, de hecho está fatal y no quiere perderte,… y yo tampoco. – María observa el gesto indiferente de Laura y siente un pinchazo en el pecho, ¿A caso no había hecho efecto? Había sacado su mejor baza.
Laura suspira y cierra los ojos.
-¿Algo más? – dice lo más alto que puede entonar.
María no sabe que contestar. ¿Qué más podía añadir?
-Yo… Lo siento mucho, Laura, de verdad. Por favor, perdóname.
-Está bien. – dice dándose la vuelta. – pensaré en ello, pero no des por seguro que te perdone.
Coge sus cosas y se marcha. María está algo confundida, no muy segura de si ha conseguido algo, o ha hecho algún progreso. Por lo menos había hablado con ella y le había dado una oportunidad para expresarse.
Después de caminar durante al menos 10 minutos llego a la biblioteca. Necesito unos cuantos libros para terminar algunos trabajos que habían mandado para fin de trimestre. Entro y saludo a la secretaria y como de costumbre me devuelve una sonrisa.
Entro en la sala y me deslizo hasta el pasillo de filosofía con un papelito en la mano con todos los títulos escritos deprisa y corriendo.
Louis respira hondo y descansa el boli en la mesa por unos minutos, comienza a ver borroso entre tanto apunte. De pronto comienza a investigar la sala como si intentara encontrar algo más interesante que Física.
Concentra su atención en una muchacha que juega con el lápiz y su moño. Le suena, y mucho.
De repente cae en la cuenta de quién es. Jade. Aquella chica con la que…
-Voy a tomar un poco el aire. – dice empujando la silla.
Harry lo mira algo confundido y se encoge de hombros. Sale por el pasillo para evitar que esta le vea y sin darse cuenta se choca con alguien y un montón de libros cae al suelo formulando de nuevo otro estruendo que hace que algunos de los presentes se giren y chisten para hacerles callar.
La cosa no va a mejor cuando se da cuenta de quién es esa persona…
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