29/1/12

Capítulo 32

Sugerencia musical: A Thousand Years - Christina Perri

Me hundo algo más si es posible entre los almohadones del sofá y suspiro. Un trueno hace que me sobresalte. Miro el reloj, todavía es algo pronto, Harry había salido por la mañana y todavía no había vuelto.

Rondan casi las diez. Mis padres han salido y estoy sola en casa. Aburrido. Me levanto y me preparo algo de comer, el aburrimiento me da hambre.

De pronto oigo un ruido proveniente de mi habitación.

Un nuevo mensaje.

-“Hey, acuérdate que hemos quedado a las once.”

No pone de quien es, ni si quiera se de quién es el número. Pero no hace falta que el que había escrito aquello diera su nombre para que se me dibujara una estúpida sonrisa en la cara.

Miro de nuevo el reloj calculando el tiempo que tengo. De pronto la puerta se cierra de un golpe y una melodía tatareada se acerca por el pasillo.

-¡Buenas noches, enana! – dice melodiosamente

Levanto una ceja y sonrío. Parece muy contento.

-Buenas noches, Don Juan. – le digo con aire enigmático. - ¿Cómo ha ido la tarde?

Se sienta arrojando las cosas encima de la cama y me mira con una sonrisa de medio lado.

-No me puedo quejar, ha ido bien. – dice con tono prepotente.

Le miro fijamente y comienza a reír

-Vale, sí, ha ido fantástico. Lo admito, me lo he pasado genial.

Me río también y le revuelvo el pelo.

-Me alegro hermanito. La verdad que te lo mereces. – le digo sonriendo.

De pronto mi teléfono vuelve a avisar de un mensaje. Antes de que pueda alcanzarlo, Harry lo ha interceptado para leerlo. Odio cuando hace eso. Resoplo e intento quitárselo de las manos.

-¡Ohh…! ¿Así que estás ocupada? Habérmelo dicho… - dice levantando una ceja. – No sabía que tenías una cita.

-No es una cita. – digo sonrojándome un poco. Sé perfectamente que no tiene ni pies ni cabeza, pero todavía no tenía muy claro lo que sentía por Ben. – Es… bueno, sólo hemos quedado para, no sé, dar una vuelta…

Le quito el teléfono y se ríe. Se acerca a la ventana y suspira.

-Pues no sé que vuelta vais a dar, con la que va a caer…

-¿Ahora eres predictor del tiempo o qué? – le contesto sacándole la lengua.

Me voy a mi cuarto, tengo poco tiempo para prepararme. Puedo sentir como el estómago me da vueltas como una lavadora centrifugando. Respiro hondo y abro el armario con ciertas dudas. Al final pillo lo primero que pillo.

Una vez vestida y arreglada, aunque con algunas dudas, cojo mis cosas e ignorando los continuos comentarios de Harry como ‘La enana tiene una cita’ y ‘Mírala, si parecía tonta cuando la adoptamos’, salgo de casa y bajo rápidamente las escaleras.

Salgo y avanzo lo más rápido que puedo. Me acurruco dentro de la bufanda y miro al suelo. Al llegar, ahí no hay nadie. La pista está cerrada y la calle desierta. De nuevo me acurruco en busca de calor y miro de un lado a otro. Miro el reloj, todavía es algo pronto.

Me siento en un banco cerca de ahí y espero con algo de inquietud. ¿Y si se había echado atrás? No quería empezar con aquello del “Y si…”

Con los codos apoyados en las rodillas dejo caer la barbilla entre mis manos y comienzo a preocuparme. Han pasado casi 10 minutos desde la hora en la que habíamos quedado. Y para colmo ha empezado a chispear.

Resoplo en un intento de calmarme y me levanto para echar un vistazo a la calle, solamente hay algunas personas que caminan rápidamente al refugio de algún portal.

De pronto fijo la mirada en uno de ellos. ¿Por qué me suena tanto? Siento que el pelo de la nuca se me eriza bajo la bufanda y me estremezco. Trato de evitar su mirada pero ya me ha visto.

-¡Joder! – murmuro para mis adentros.

Sus ojos azules me recorren de arriba abajo como si quisiera borrarme del mapa con el simple hecho de mirarme. Puedo notar su desprecio sin mirarle a los ojos.

-Tú por aquí. – dice dejando caer las palabras.

Me giro algo incómoda y le miro con un gesto preocupado. Él sonríe irónicamente y se para enfrente de mí.
Todavía no sé que decir, y aunque quisiera no podría. Siento como la lluvia arrecia y me va calando rápidamente, pero no es lo más importante ahora.

-¿Qué…? ¿Qué haces aquí? – consigo decir al fin.

Louis aparta la mirada.

-Dar una vuelta, nada más. Supongo que tú habrás quedado con… Ben. – Noto el resentimiento en su voz y el corazón se me encoge.

Asiento tímidamente y vuelvo a mirar a ambos lados de la calle, pero no hay señales de él.

-No te esfuerces, no va a venir. – dice como si fuera lo más obvio del mundo. – Nunca aparece. Es así, debería habértelo dicho antes.

Tuerzo el gesto y le miro extrañada. ¿Cómo que no iba a venir? ¿Por qué me estaba diciendo eso? De pronto él me devuelve la mirada.

Se acerca unos pasos y trago saliva, estoy empezando a impacientarme, necesito una respuesta.

-¿Por qué dices eso? Sólo llega tarde, le puede…pasar a cualquiera. – digo intentando autoconvencerme.

Louis se ríe levemente. El silencio se vuelve raro, muy raro. Ninguno de los dos se atreve a decir una palabra, aunque apenas puedo escucharle. Los latidos de mi corazón acelerándose taponan mis oídos, además la lluvia comienza a precipitarse con fuerza.

-¿Sabes? Me voy, paso de estar perdiendo el tiempo. – dice con voz tenue.

-Espera. – digo casi implorando.

¿Por qué le había dicho eso? Ni siquiera pensaba en decirle nada, había salido como si fuera un reflejo. Me muerdo el labio algo arrepentida de haberle dicho nada y él me mira confundido.

De pronto distingo a alguien entre la espesa lluvia. Creí que no iba a aparecer. Sonrío de pura inercia y Louis se gira para ver el motivo de mi sonrisa.

Ben corre hacia nosotros sujetando un enorme paraguas negro y con la chaqueta hasta arriba.

-H-hola. – dice disminuyendo el ritmo.

-Llegas tarde. – le espeto. Estoy molesta, pero en el fondo sé que no estoy enfadada, por lo menos ha aparecido. Louis parece estar atónito.

-Lo sé, lo siento mucho. – mira su reloj y abre los ojos sorprendido. - ¡Dios! ¿Cuánto llevas esperando?

-Algo más de media hora. – digo sonriendo de medio lado.

Louis parece incómodo. De pronto Ben se da cuenta de que está delante de nosotros y le mira sin expresión alguna, con cierta indiferencia.

Louis parece intentar aparentar lo mismo. Indiferencia, como si aquello no le importara en absoluto, sin embargo refleja cierta nostalgia en la mirada, algo que me rompe por dentro.

-Hola, Ben. – dice de pronto.

Ben asiente a modo de saludo y de nuevo lo único que se oye es la lluvia golpear violentamente el suelo. Puedo sentir la tensión en el ambiente.

-Belén, nos… ¿vamos? – dice Ben intentando escabullirse de la situación.

Asiento débilmente y doy un paso adelante. Dejando atrás a un Louis, empapado, sólo y algo triste. Puedo oír su respiración acelerada al pasar a su lado. Antes de desaparecer de nuevo entre las calles vuelvo a oír su voz.

-Belén. – dice como si se le llenara la boca al pronunciar mi nombre. – Si te hace daño, recuerda que ya te lo avisé.

Tengo un pequeño y a la vez intenso impulso de darle un abrazo, pero en vez de eso le miro con cierta melancolía, como si me doliera su estado. Pero más de dolían sus mentiras. Aparto la vista y sigo andando.

Todavía con el corazón en un puño, miro atrás, pero Louis ya parece haberse desvanecido. Ben me coge la mano en un intento de subirme el ánimo, pero aquella noche nada podía hacerme sentir buena persona.



18/1/12

Capítulo 31

Sus peores augurios se habían hecho realidad. Trata de negarlo varias veces, pero la evidencia de la presencia de aquella chica era demasiado fuerte.

Kristen contonea su despampanante figura por el salón. Esquiva algunas mesas con torpeza y se fija en Harry, parece que su juerga nocturna no había acabado todavía, de hecho tenía los ojos rojos y el rímel bastante deteriorado.

-¡Pero mira quién tenemos aquí! – comienza echándose a reír como si le resultara lo más gracioso del mundo.

Harry nota como su estómago se cierra en banda de golpe, como si fuera un método de defensa. Intenta hacer como que no la ha visto, como que está simplemente teniendo una bonita y agradable cita con la chica que quiere.

Pero es demasiado tarde, ella ya se había percatado de que él estaba ahí. María les mira con cara de no entender lo más mínimo, aunque se hacía una idea de quién era.

-¿Pero qué…? – masculla María en voz baja.

Harry carraspea violentamente intentando evitar la situación y mira el plato como si de él fuera a salir algo que le ayudara a decir o hacer algo.

-¿No me vas a saludar, cariño? – pregunta Kristen con voz aterciopelada acercándose peligrosamente a la mesa.

La gente que también había en el restaurante incluido el personal comienza a escuchar la conversación con cierta expectación.
Algunos, faltos de discreción se giran para verlo todo más claramente. Kristen había conseguido que empezaran a murmurar cosas.

-Kristen, ¿Qué haces aquí? – pregunta Harry incómodo intentando no elevar mucho el tono de voz. – No tengo nada que decirte.

La muchacha parece sorprendida.

-¿Ah, no? Claro que sí. Tienes que decirme que estás colado por mí todavía. – afirma con una amplia sonrisa cubierta de malicia.

María les escucha y observa en silencio desde la silla entornando una mirada de desprecio hacía la recién llegada. Podría decirle cualquier cosa, pero en vez de eso, espera paciente el momento justo para atacar.

-No seas ridícula. Estamos en un restaurante, hay más gente aquí, no montes uno de tus numeritos, por favor. – dice él lo más educadamente que puede.

En vez de escucharle, levanta la mirada y la fija en María. Parece acabar de darse cuenta de que estaba ahí. No había dicho nada en todo el tiempo.

Sonríe como si le divirtiera. Había encontrado una nueva presa con la que jugar, pero lo que ella no sabía es que esta vez el ratón iba a cazar al gato.

-Lo siento querida, pero sólo te está utilizando para olvidarme o para darme celos, - dice haciendo una mueca de obviedad. – Una pena, pareces buena chica, la verdad.

María la mira pensativa y torna la cabeza. Suspira como cogiendo carrerilla y sonríe enigmática.

-Kristen, por favor… - comienza Harry

-Da igual Harry, todos sabemos que me quieres a mí y no ha ella. – dice soltando una leve risita. - ¿Cómo la engañaste para qué…

De pronto María se levanta de su sitio como si tuviera un resorte y la desafía con la mirada. Había estado esperando.

-Mira, “querida” – comienza con un tono peligrosamente dulce. – Si te importa callarte un momento y escucharme, me estás poniendo enferma con toda esa palabrería que estás soltando.

Se coloca frente a ella y sonríe. Kristen se estremece.

-Lo primero de todo, esto es una cita para dos. Si no sabes contar, no es mi problema, el caso es que no estabas invitada. Lo segundo, creo que Harry te lo dejó bien clarito la última vez, y por si no lo sabías, él y yo estamos juntos. – dice mirándola directamente a los ojos. No llevaba intención de callarse hasta dejarle todo bien claro. – Así que si no te importa, me gustaría que te quedara claro que él ya no te pertenece. Me parece genial que engatuses a todos los hombres que quieras, si vives feliz así, pero a él no. ¿Te ha quedado claro? Si quieres te lo repito, no tengo prisa.

Kristen parpadea unas cuantas veces, tratando de procesar todo lo que María le había dicho. Nunca le habían hablado así. En cambio, María seguía ahí de pie, con los brazos cruzados y una sonrisa de satisfacción dibujada en el rostro.

-Tendrías que verte la cara ahora mismo. – dice riéndose levemente. - Como iba diciendo, me gustaría que sacaras tu culo de aquí y nos dejaras tranquilos. O mejor, ¿Sabes qué? Nos vamos nosotros.

María coge sus cosas con una mano y con la otra agarra a Harry del brazo y sin apartar la vista de aquel personajillo se acerca a la puerta y la abre mosqueada. Harry, sin articular palabra la sigue a ciegas.

De pronto se vio pasmada en mitad de aquel restaurante completamente sola y con varias mesas repletas de gente mirándola atónitos. Parecía que le hubieran echado un cubo de agua helada por encima. Nadie le había hablado así jamás, sabía hacerse respetar. Pero ahora que había ocurrido no sabía muy bien que hacer, pero simplemente por el hecho de quedarse ahí como si fuera un perchero, y por primera vez, se sentía la persona más idiota del mundo, y no le gustaba ese sentimiento.

María se coloca la chaqueta con la cabeza todavía dándole vueltas. Sentía algo entre confusión por todo lo que había pasado, satisfacción y mareo.

Harry todavía no se lo podía creer. Quería echarse a reír, no sabía muy bien si por no llorar, porque le había encantado lo que había visto o simplemente de puros nervios.

-¡Oh, cállate! – le espeta María sin venir a cuento.

-Pero… si no he dicho nada. – se defiende él mirándola con cierto respeto después de la disputa que había tenido lugar.

-Estabas pensando, y molesta. – dice María peinándose con una mano.

Le mira con el ceño fruncido y acto seguido se echa reír sin poderse contener. Harry la imita. Pasan varios minutos hasta que ambos se calman.

-Has estado muy bien. – dice Harry

-Oh sí, muy muy bien. – dice María con aire de superioridad.

-Por cierto… ¿Todavía tienes hambre?

-Oh Dios, sí. – dice María casi rogando.

Ninguno de los dos hubiera dicho que la cita iba a acabar así. Ambos sentados en el banco de un parque con unas hamburguesas recién compradas y riéndose a carcajadas. La verdad que María lo prefería a un serio restaurante.
Harry no parada de contarle historias y demás cosas con tal de hacerla reír, le encantaba su forma de reír, disfrutaba viéndola feliz.

De pronto los dos se quedaron en silencio, esta vez no era un silencio incómodo, de hecho podrían haberse quedado así durante horas. María sonríe como una tonta y le mira. Harry se le había anticipado, pues este ya le miraba.

Se encontró con sus enormes ojos verdes que parecían tener un verde especial esa tarde, quizás era que a pesar de ser cerca de las cinco de la tarde, comenzaba ya a atardecer y era la luz la que influía. En cualquier caso María suspira dispuesta a seguir en silencio durante el tiempo que fuera necesario.

Harry parecía también disfrutar de aquel largo y profundo silencio a excepción de algunos columpios que chirriaban de fondo y las tenues voces de varios paseantes.

-Te quiero. –dice él de pronto.

-¿Cómo has dicho?

-Qué te quiero.

Ambos sonríen sin saber lo que iba a pasar después y, sinceramente, tampoco es que les importara demasiado.

10/1/12

Capítulo 30

María sube las escaleras con una mueca entre satisfacción y felicidad. Más que andar parece que flote. Antes de abrir la puerta suelta un agudo suspiro y vuelve a entornar esa sonrisilla de tonta.

La abre con mucho cuidado y se encuentra a su Hermano viendo la tele completamente a oscuras con un voluminoso bol de palomitas con mantequilla.

-H-hola. – saluda ella tragando saliva. Llega tarde, muy tarde.

-Creía que habías dicho a las 2. – dice su hermano levantando una ceja.

-Lo séee y lo siento… - dice María. – pero…

Entra y deja las llaves que producen un suave tintineo al rozar con la mesita de mármol. Se ríe levemente y se quita el abrigo. De pronto todo le parece tan bonito…

-María, ¿Estás bien? – Doug le hablaba con un tono bastante lento, como si pensara que había fumado porros y por eso se encontraba en ese estado.

Ella asiente sonriente y se desploma en el sofá haciendo temblar las palomitas. Su hermano la mira con aire enigmático y levanta de nuevo una de sus cejas.

-¿Es…?

-Sí. Estuvimos hablando y… - de pronto le entra la risa floja.

Doug se ríe también.

-Desde luego, como eres. – dice revolviéndole el pelo. – Me alegro.

Vacila un instante y la vuelve a mirar esta vez con el gesto más serio. Se lleva un puñado de palomitas a la boca y levanta el dedo, amenazador.

-Por cierto, dile, que como vuelvas a casa otra vez como el otro día hablaré yo con él personalmente, ¿de acuerdo?
María sonríe levemente y le roba unas cuantas palomitas del bol.


A la mañana siguiente todo el mundo sufre un terrible dolor de cabeza. El champán causa estragos.

-Buenos días… - musito mientras entro en la cocina y me sirvo un poco de leche fría. Aunque la verdad, no me entra nada en el estómago.

Harry parece estar más fresco que una rosa. Me ve y sonríe.

-Buenos días hija. – saluda mi madre sonriente.

Me desplomo sobre una de las sillas del comedor y miro por la ventana. Están comenzando a quitar las luces en las calles, los niños las miran con tristeza, pero con esperanza de que vuelvan al año que viene. Ha nevado toda la noche y eso les compensa.

Salgo un momento al balcón a tomar un poco el aire, me vendrá bien para el dolor de cabeza. Son cerca de las dos.

Harry no para de dar vueltas por la casa cogiendo cosas de todas partes.

-¿Qué haces? – le pregunto cerrando la ventana.

Sonríe enigmático y se abrocha los botones que le quedan. Da una vuelta con los brazos abiertos y vuelve a la posición inicial esperando que diga algo. Pero a mi me sale cara de interrogación.

-He invitado a comer a María. – dice con aire triunfal.

Abro los ojos sorprendida y sonrío.

-¿En serio? Y luego la invito yo y no quiere… - digo poniendo morritos. Me río y le doy en el brazo de camino a la puerta. – No la cagues.

Harry sonríe de medio lado. De verdad le preocupa fastidiarlo todo, le ha costado mucho llegar hasta ahí y ahora lo podía joder todo con cualquier cosa. Sabía que tenía razón.

-Lo intentaré. – contesta con los ojos brillantes.

Me vuelvo a lo mío y me meto en mi cuarto. No sé que hacer ahora mismo así que me meto en la cama y cojo el portátil para mirar algunas cosas.

-Adiós. – dice Harry sonriendo desde la puerta. Está muy guapo.

-Adiós caballero. Que se lo pase usted bien. – bromeo.

Harry suspira nervioso y se va. Le tiemblan las manos y tiene un nudo en la garganta, parece un niño de 13 años a punto de declararse a la chica más guapa de su clase.

María está en el portal, Blackberry en mano y enredándose el pelo con el dedo y tarareando una canción de All Time Low. Ella no parecía tan nerviosa, de hecho ni siquiera se había vestido formal para su cita con Harry.

Harry llega al portal y toca el cristal con los nudillos, al ver que ella está sentada dentro en las escaleras. Sonríe y se levanta de un respingo, se arregla un poco y abre la puerta, de pronto está un poco nerviosa.

-H-hola. – saluda intentando disimular lo nervioso que está. - ¿cómo has pasado la noche?

De pronto el ambiente se hace incómodo, ninguno sabe como saludar, si dando dos besos o… bueno, como si fueran lo que se supone que eran. Aunque no habían dicho nada todavía. En realidad… ¿Qué eran?

María se ríe levemente y al ver que el chico no reacciona le da un pequeño beso en la mejilla y le mira.

-¿A dónde me llevas?

-Es por aquí.

Cuando parecía que la iba a llevar a Escocia a comer, Harry se para en seco delante de la puerta de un restaurante, parece nuevo. Abre la puerta y la deja pasar. Hay música de ambiente y parece como salido de los años 20.

María parpadea de incredulidad. Parecía otra cosa por fuera.

Cogen una mesa y empiezan a comer, de momento todo va bien. Harry se relaja un poco para variar. Pero de pronto ve algo. Más bien a alguien. Alguien que era la única persona que no quería ver en ese preciso momento, pero ahí estaba.

¿Qué iba a hacer ahora?

6/1/12

Capítulo 29

Respiro un poco de aire de año nuevo y abro de nuevo los ojos. Ben está delante de mí sonriente y esperando a que haga algún movimiento.

Le devuelvo la sonrisa y comienzo a andar.

Andamos varios minutos sin decir nada, sólo que oían el golpeteo de varias ventanas mal cerradas por el viento y las hojas que correteaban por las aceras.

-Ha estado bien. – interviene Ben.

-¿El qué? – pregunto.

De pronto me acuerdo de lo que está hablando. Oh, sí. Había estado más que bien. Sonrío como una imbécil y ladeo la cabeza sin apartar la mirada del suelo.

-S-sí. No me lo esperaba.

-Y por lo visto Louis tampoco. – contesta.

Le miro un poco tensa con los ojos muy abiertos.

-¿C-como dices?

Ben se ríe levemente y alza la vista al cielo. Parece estar escogiendo minuciosamente las palabras que va a decir.

-Bueno, la verdad que sabía que os conocíais. En cierto modo, le debía una.

Frunzo el ceño. No entiendo de qué habla, así que simplemente me encojo de hombros y sigo caminando como si nada.

Llegamos al portal y respiro hondo. ¿Me volvería a besar? Le miro y saco las llaves del bolsillo, casi no puedo acertar con la llave en la cerradura. Resoplo y le doy un empentón a la puerta que se abre de golpe.

Ben se ríe y me mira. Ninguno de los dos sabe muy bien como actuar. Era bastante… extraño.

-Bueno… pues… ¿nos vemos? – le digo seguido de una risa tonta.

-Sí, ya quedaremos.

-Pero… No tengo tu número o… algo.

-Me encontrarás por la pista. ¿Te apetece venirte mañana? A las 11, te prepararé algo que te guste. – dice con tono enigmático.

Abro los ojos de sorpresa y me sonrojo levemente. ¿Qué tendría en mente? La verdad que la manera en la que había sonreído al decirlo me traía loca.

-Ah… Eh… Vale, genial. – contesto soltando el aire.

Ben da un paso hacia delante y me roba un beso, fugaz pero con pasión. Me quedo un poco atontada después. Le despido con la mano y mientras se va, se gira un segundo y me guiña un ojo sólo como él sabe.

Suspiro como una idiota y entro en el portal. Necesito descansar un poco.



Harry se despierta de una larga siesta. Parpadea unas cuantas veces y se frota los ojos. María está plácidamente dormida en uno de los sillones. Laura y Zayn se han marchado. Es hora de irse a casa.

-Hey… hey… - susurra Harry moviendo suavemente uno de los hombros de María. Ella arruga la nariz y abre los ojos poco a poco.

-¿eh? ¿Dónde estoy? – pregunta con voz gangosa.

Harry sonríe y le ayuda a incorporarse. Todavía sigue dormida, se queda parada unos segundos y resopla como si fuera una cría de 5 años.

Harry vuelve a sonreír y le da un golpe en la nariz con el dedo. María se levanta al fin.

-¿Qué hora es?

-Las cuatro.

De pronto se le pasa el sueño y coge sus cosas con apuro.

-Les dije a las dos. Llego dos horas tarde. En casa para siempre, ha sido un placer conocerte, Harry, sacaré mi pelo por la ventana para que vengas a verme algún día… - dice María con un tono entre preocupado y cómico.

-No seas exagerada. – dice empujándola por la puerta. – llegamos en 10 minutos.

Una vez en el portal, la despedida es lo único que queda. Era raro despedirse de él cariñosamente, lo había deseado otras veces, pero siempre que había estado ahí, se habían peleado como panteras.

-Bueno… ¿te veo mañana? ¿te apetece desayunar?

-No creo que desayune mañana, sinceramente.

-Bueno, entonces te invitó a comer. - le propone con una media sonrisa.

-Me parece bien. – dice ella ladeando la cabeza.

Harry se acerca a ella, intentando aparentar que sabe lo que hace. La coge por la cintura y la besa dulcemente. Se sentía tan bien…

-Hasta mañana. – susurra él muy cerca de ella.

-Hasta mañana. – contesta ella en el mismo tono.



Harry sube a casa y cierra la puerta con cautela. Le miro desde el sofá con cara de ‘Hola. Y sí, sigo despierta.’

-Hey. – dice en voz baja.

-Me voy ya a dormir. Era sólo para comprobar que volvías. – contesto sonriendo.

Me voy andando por el pasillo y me ajusto el moño que me había hecho. Casi a punto de cerrar la puerta Harry la intercepta con la mano.

-Por cierto. – comienza. – Gracias.

Me da un beso en la frente y se mete en su cuarto de sopetón. Sonrío satisfecha y después de cerrar la puerta y me tumbo en la cama. Dormir era lo único que se me pasaba la cabeza, no hay tiempo de pensar en nada.


5/1/12

Capítulo 28

María suspira anhelando que Harry dijera algo, pero este tenía un nudo en la garganta demasiado grande para empezar a hablar.
Harry se pasa la mano por el pelo y clava la mirada en el suelo pidiendo a gritos silenciosos que este le ayudara. No sabía ni que decir para empezar. Demasiadas cosas que decir y no tener un principio no es muy buena señal.

-Verás… - comenzó no muy seguro.

María le mira interesada, con un brillo de esperanza en los ojos.

-Bueno, sé que me porté fatal contigo y quería disculparme. No sé que te habrá dicho Belén pero me legro que hayas decidido escucharme.

Harry esboza una sonrisa y María le imita.

-Eh…

María se ríe suavemente al ver lo perdido que anda el pobre. Le sigue mirando con ternura, lo que hace que Harry se ponga nervioso y se relaje a la vez. Sentía un maremoto de sensaciones en ese momento y parecía que en su estómago estuvieran dando un concierto de Blink-182.

-Sobre lo de Kristen, me he dado cuenta de que fui un imbécil en esperar volver a tener algo con ella, y no me di cuenta de lo que tenía delante… - hace una pausa para cogerle la mano y María enrojece suavemente y aparta la mirada. – creía que ella me quería, y al ver que no me correspondía pensé que contigo me podría olvidar de ella, pero al principio no fue así, la tenía en mente siempre, supongo que después de tanto tiempo con ella…

María comienza a sentirse incómoda, le estaba haciendo recordar todo lo que había intentado ignorar desde entonces.

Abre la boca para decir algo para decir algo pero se calla para seguir escuchando.

-Pero después de lo que pasó en la biblioteca, y después de pasar tanto tiempo sin ti, me d cuenta de cuanto te necesitaba junto a mí, me haces tanto bien… Nunca había estado tan feliz como cuando estoy contigo. Todo este tiempo, todos estos días que no me dirigías la palabra, ni siquiera una mirada, me sentía… vacío… - aparta la mirada como si el mero hecho de recordarlo le hiciera daño.

María le mira de nuevo con un gesto de ternura que le envuelve la cara, era tan dulce… Se da cuenta que tengo razón, que no lo dice por decir, que de verdad lo siente.

-He estado muchas noches sin dormir, pensando en que podría decirte para hacerte cambiar de opinión, que podría hacer para que me perdonaras... Cuando me dijiste aquello de que no me querías ver más, sentí como el mundo se me venía encima, y no quiero… no quiero volverte a perder, María… - dice con la voz temblorosa. Siente que si tiene que continuar hablando romperá a llorar.

Aprieta los labios para controlar la manada de lágrimas que le viene encima y la mira con desesperación. “Por favor, di algo… algo bueno…” piensa.

María intenta decir algo, pero no le salen las palabras. Le mira conmovida y le acaricia la mejilla limpiando una de las lágrimas que ha derramado.

-Harry… - susurra.

Le coloca las manos en la nuca obligándole a acercarse a ella y le besa con pasión. Harry cierra los ojos, dejando escapar toda la rabia y tristeza contenida en forma de lágrimas. María sonríe y le mira a escasos milímetros de él.

-Prométeme que nunca más te vas a ir de mi lado. Dilo. – dice

-Lo prometo. Lo prometo, de verdad. – contesta él, y la abraza con fuerza como si quisiera convencerla de ello. El champán seguía cayendo en las copas y juraría que estaba un poco más feliz que hacía varios minutos.

No podíamos parar de reír, como si hubiéramos inhalado una botella enorme de gas de la risa.

-Voy a acabar llorando. – dice Laura pasándose el dedo por el ojo. – vale ya de champán que tengo que llegar a casa. ¿Queréis ver la tele?

-Buah, que manera de beber… estáis mal de la cabeza. – contesto dejando la copa en la encimera. – vamos a ver que echan.

Ben asiente todavía sonriendo un poco y salimos de la cocina. Harry y María están en el sofá, ella descansa la cabeza en el hombro de él mientras este le acaricia el brazo que queda descubierto por el vestido.

Me llevo las manos a la boca y doy unos saltitos.

-¿Veis eso? – digo con voz baja señalándolos. – Lo he hecho yo, bueno, no todo, pero he contribuido en gran parte.

Laura se vuelve a reír de manera escandalosa y hace que ambos se giren de repente.

-Creía que os habíais ido. – dice Harry.

-Bueno, Niall y Liam están arriba y Zayn ha ido a por algo de picar, no sé por qué le entra hambre a estas horas… - dice Laura mirando el reloj.

Al rato Laura se queda completamente dormida. Ben y yo estamos en uno de los sofás mirando la tele y Harry y María siguen en la misma posición que antes, salvo porque María parece haberse acurrucado en el pecho de él.

La puerta se abre de improvisto y Zayn aparece con dos bolsas llenas de cosas, parece que hubiera atracado un banco.

-¡¿Alguien tiene hambreeeeeeee!? –grita como si no fueran las 2 de la mañana.

-¡SHHHHHHHHH! – le espetamos los que quedamos despiertos.

Zayn baja las bolsas y echa un vistazo al sofá. Laura está tan mona dormida… Se percata de unos de que uno de sus rizos le tapa la cara. Se acerca a ella con sigilo y se lo retira de la cara con delicadeza. Laura frunce el ceño y resopla. Zayn sonríe y se gira hacia nosotros.

-Bueno, ¿Alguien tiene hambre? – dice esta vez con la voz queda.

Harry niega con la cabeza, y María está tan dormida que ni se molesta en contestar. Ben y yo nos miramos y negamos también.

-Vale, pues meteré algo en la nevera… ¿Y Liam y Niall?

Señalo el piso de arriba y el ladea la cabeza.

-Yo creo que me tendría que ir a casa ya… - digo mirando a Harry. No parece muy por la labor.

-Iré luego, no quiero despertarla… - dice Harry acariciándole el pelo.

Sonrío dulcemente y me levanto del sofá.

-Si quieres… te acompaño, yo creo que me voy también. – dice Ben sonriente.

Asiento un poco sonrojada y voy a por mis cosas. Miro el móvil, son las 3 menos cuarto. Mis padres no nos habían puesto hora, supongo que ya estarían dormidos.

Abro la puerta con cautela y busco a Ben con la mirada.

-¿Vamos? – le digo de nuevo con voz tenue.

Él asiente y se despide con la mano de los demás.

-Cuídamela, ¿eh? – le advierto a Harry mirándole fijamente.

Sonríe y la mira con dulzura. Suspiro y me abrocho el abrigo, parece que refresca un poco.

Veo una estrella brillante que de repente hace un recorrido corto y se evapora en medio del firmamento. Cierro los ojos y pido un deseo. Ojalá se cumpla.

No os puedo decir que es, si no, no se cumpliría…

Continuará…

3/1/12

Capítulo 27

-Qué raro todo esto, ¿no? Quiero decir, lo de que Ben y Belén se conozcan, lo del beso, lo de que sea nuevo a…

-Por favor, ¿Puedes hablar de otra cosa? – dice Louis frunciendo el ceño.

Harry suspira y mira también al cielo. Hoy se ven muchas constelaciones completas, muy raro para la época que es. No hay ninguna nube a pesar de que llovió hace unos días.

De pronto una estrella parece querer moverse de donde esta y da un salto dejando una cola de destellos hasta perderse entre el azul marino del cielo.

-¿Has visto eso? – dice Harry señalándola con el dedo.

Louis asiente y le mira. De nuevo ha conseguido sacarle una sonrisa. No importaba cuando, como ni donde. Si él estaba mal, Harry siempre le sacaba una sonrisa. Para algo están los mejores amigos.

-Vamos dentro, hace frío aquí. – dice Harry después de un largo silencio.

-¿Sabes? No tengo muchas ganas de volver. ¿Me puedes traer el abrigo? Creo que voy a dar una vuelta. – contesta Louis incorporándose.

Harry se levanta también y suspira.

-Está bien.

Harry entra dentro. María, Laura y yo estamos sentadas en el sofá viendo la tele. En la cocina se oye descorchar una botella. Le miro, un poco preocupada, no sé que ha sido de Louis y la verdad que me siento un poco mal después de todo.

Harry me mira indiferente y coge la chaqueta de Louis. Desvía la mirada a María y para su sorpresa esta le sonríe y siente enrojecer las mejillas. Se da media vuelta nervioso y sale fuera para darle la chaqueta.

-Cuídate y no hagas tonterías. – dice Harry tendiéndole su abrigo.

-Oh venga, no voy a…

-Te conozco desde hace mucho, no me vengas con esas porque ya me lo has dicho muchas veces y luego tengo que ir a buscarte a las 5 de la mañana a algún bar de las afueras. Por favor.

Louis se ríe débilmente y aparta la mirada al suelo. Asiente y le mira con un gesto agradecido. Harry asiente también y le ve marchar.

Harry vuelve a entrar en la casa y se queda de pie al lado del sofá, parece esperar algo con impaciencia. Carraspea suavemente y me mira de reojo.

-Eeeeeeeh… ¡Laura! ¿Vienes un momento a la cocina que tengo sed? – digo como si nada, aunque no me apetece mucho ir a donde estaba Ben.

-¡Claro, vamos! – dice ella llevándome la corriente.

Laura y yo nos levantamos de un respingo y nos escaqueamos a la cocina. Ben está ahí, sentado en una de las banquetas leyendo un libro, como si nada. Me tranquiliza tanto simplemente el verlo, parece tan… feliz con tan sólo un libro.

-Ejem. – carraspea Laura.

Ben parpadea un par de veces y nos mira como si fuera un niño de 6 años que acabara de despertarse de la siesta. Sonrío débilmente y me apoyo en la encimera.

-¿Qué pasa? – dice él mirándonos confundido.

-Nada, charla amorosa, ya sabes… - contesta Laura.

-Oh. – dice Ben como si no se enterara mucho. – ya veo.

Se hace el silencio en la habitación. Es bastante incómodo, pero después de lo que había pasado no sé ni que decir…


-H-hola, ¿Pu-puedo… hablar contigo? – dice Harry tartamudeando.

María suspira profundamente intentando calmarse, le tiemblan las manos. Sonríe dulcemente y asiente.

-¿Te apetece ir fuera? – dice ella arreglándose el vestido.

-Está bien. Por cierto… hoy estás preciosa. Quiero decir… no menos que otros días, que siempre estás muy guapa, pero hoy, pues… eh… mejor me callo. – comienza Harry con torpeza.

María se ríe y abre la puerta. Ambos se sientan en la puerta sin decir nada, esperando que alguno de ellos diga algo para comenzar la conversación.

1/1/12

Capítulo 26

Sus ojos se posan sobre mi persona y no puedo evitar apartar la mirada de la puerta mientras trago saliva.

-¡Ben, tío! ¿Dónde estabas? – dice Louis dándole un abrazo.

-Nada, dando una vuelta, atando unos cuantos cabos, ya sabes… Oye… - se acerca a la mesa y me señala. - ¿Belén?

Levanto la vista y le miro, está mirándome pensativo pero a la vez sonriente, definitivamente se alegra de verme y desde luego que se acuerda. Tierra trágame. Ahora resulta que Louis y él eran amigos, fantástico.

-Hola, Ben. – digo sonriente intentando mantener la mirada.

-¡Ya decía yo! – sonríe y me da dos besos. – no sabía que os conocíais.

-No, ni yo. – dice Louis blanco como el yeso. - ¿Desde cuando…?

-Nos conocimos en la pista de hielo el otro día… No se le daba muy bien y bueno, le ayudé un poco. – contesta mirándome. Le devuelvo la mirada y me guiña un ojo. Siento como me arden las mejillas.

¿Qué me está pasando? ¿A caso me está pasando lo mismo con aquel chico? No quería llevarme otra vez una desilusión.

-Ya veo. – contesta Louis secamente. – Bueno, os presento.

Louis me asesina con la mirada. Aunque no le vea puedo sentir sus ojos clavados en mi como puñales.

“Que se joda.” Pienso, reprimiendo mis ganas de decirlo en voz alta.

-Aquel es Niall, Liam, María, Laura, Zayn, y él es Harry.

-Encantado. – contesta mientras se arregla el pelo.

Intento reprimir un suspiro y me muerdo las comisuras. Otra vez no. María me observa como si intentara contactar conmigo de forma telepática. Parece chillar histérica por dentro, pero en vez de eso, persigue una aceituna de su ensalada con el tenedor, sin prestarle mucha atención.

Me lanza una mirada que interpreto por un “Ya hablaremos de esto luego.”

Suelto un largo suspiro y permanezco callada toda la cena. Si no tenía bastante con las acechantes miradas de Louis, ahora tenía que soportar las de casi toda la mesa, quienes se preguntaban como había pasado esto.

-Hey chicos, ya queda poco para la media noche. – dice Liam subiendo el volumen de la tele.

Son cerca de las doce. Todo el mundo se prepara para el nuevo año. Sólo unos minutos más.

-¡eh eh eh! – exclama Niall. – dicen que hay que empezar el año con algo rojo, ¿dónde he puesto la cinta?

-La tengo yo. – dice Liam sujetándola en alto mientras sonríe. – Ven que te la ate.

Niall se acerca sonriente y le tiende la mano. Este se la ata con cuidado y le hace un lazo como nudo.

-Ahí tienes. Ya puedes sobrevivir al año nuevo.

Ambos se ríen y se unen al grupo. Estamos sentados en el sofá alrededor de la tele esperando a que suenen las campanadas.
Los presentadores anuncian el comienzo de la cuenta atrás. Allá va, el Big Ben toca los últimos segundos del año. 3, 2, 1…

-¡¡Feliz año nuevo!!

Todos nos ponemos en pie. De repente noto que alguien me tira de la cintura. Ni siquiera me da tiempo a parpadear cuando noto el roce de unos cálidos labios. Quiero despegarme, apartarme e irme, pero no puedo. Y ahora que lo pienso tampoco quiero.

Todos en la sala han dejado de gritar. Se han quedado demasiado atónitos con la situación. Louis siente como si le hubieran atestado un mazazo en el estómago. Traga saliva bruscamente y se marcha. Harry sale detrás de él.

Separo un poco los talones del suelo. El estómago me da vueltas e incluso puedo notar las cosquillas que se producen en la punta de los dedos. Me agarro a su camisa para no perder el equilibrio.

Cuando siento que no puedo respirar me aparto poco a poco y parpadeo unas cuantas veces para enfocarle. Ben me mira con ternura.

-Ah, eh… esto… - tartamudeo dando un paso atrás.

Ben se pasa la mano por el pelo, nervioso.

-V-voy a por una botella de champán para celebrarlo. – dice escaqueándose a la cocina.

María y Laura me miran como si no supieran realmente lo que ha pasado. No me lo esperaba. Sinceramente creía que iba a ser Louis quien protagonizara esa escena… a todo esto, ¿Dónde había ido?

-¿Belén? ¿Estás bien? – dice Laura poniéndome una mano en el hombro.

Todavía sigo con la mirada perdida y con una sonrisa de gilipollas pintada en la cara.

-Como no va a estar bien, ¿Tú lo has visto? – dice María.

Laura le da un leve codazo y se ríen.


Louis se ha sentado en las escaleras del porche, con la mirada perdida en las estrellas. Nuevo año, Nueva vida, dicen. Suspira y hunde la cabeza entre los brazos reprimiendo las ganas de golpear algo con fuerza.

Ni siquiera se ha dado cuenta que Harry se ha sentado a su lado. Este pone una mano en su hombro y entonces se percata de que está ahí.

-Hola. – dice con voz queda.

Louis ladea la cabeza a modo de saludo y mira al suelo.

-¿Estás bien?

-Sí. Eso creo.

Capítulo 25

Meto a María en la habitación y cierro la puerta con pestillo. Me apoyo en la puerta y la miro.

-¿Q-qué pasa? – dice sentándose en la cama.

-Nada. – digo sonriente. – Bueno, en realidad sí. Tengo que hablar contigo.

-Oh. – dice ella mirándome un poco preocupada. – Por cierto, a mí también me gusta tu vestido.

Sonrío y me siento a su lado. Ella me sigue con la mirada y espera a que diga algo. Sabe que no me pongo así por nada.
Suspiro y empiezo a enredar las manos. Ni si quiera sé por donde empezar.

-A ver como te lo digo… - comienzo. – Una vez que empiece ya me sale todo, pero… Sabes que no se me dan muy bien estas cosas.

-Belén, me estás poniendo histérica. Suéltalo, ya. – me espeta con tono desafiante.

Me sorprendo del tono que usa y suspiro de nuevo. Allá voy.

-Verás, el otro día… Estuve hablando con Harry… - comienzo, pero casi no había abierto la boca cuando María comenzaba a sentirse incómoda.

-Tú también no, por favor… - dice en voz baja apartándose un poco.

Le cojo la mano y la obligo a mirarme.

-Escúchame. – le digo. – soy la primera que saldría ahí y le partiría la cara. Y eso que es mi hermano. Pero tengo que admitir que… La forma con la que te mira, nunca le he visto mirar a nadie así. Tiene un brillo especial en los ojos. Se pone nervioso cada vez que digo tu nombre… - sonrío y noto como las manos de María pierden algo de tensión.

-Me pidió que hablara contigo, que lo quiere arreglar, que no soporta que estés así con él. – continuo.

-Sí, claro, ¿así de fácil? – me interrumpe molesta.

-No es eso. Fue la forma en la que lo dijo. Parecía como… - suspiro de nuevo y la miro. – como si fuera a romper a llorar en cualquier momento. Tenía la voz gangosa, no paraba de moverse, no sé si me entiendes...

María me mira con un gesto de querer comprenderlo. En algún lugar de su corazón todavía ardía alguna llama por él, sólo que la eclipsaba toda la guerra que se está llevando a cabo entre la mente y el corazón. Demasiadas cosas en las que pensar.

-Vamos, es un completo memo. No sabe ni donde pisa, necesita a alguien como tú para guiarlo, está más perdido que una brújula en una lavadora.

María suelta una pequeña carcajada e intenta mantener la compostura de nuevo.

-Dale otra oportunidad, sólo una. Si la vuelve a cagar me ocuparé yo misma. – concluyo crujiendo los nudillos.

Sonríe y mira al suelo.

-¡Eh! ¿Qué pasa ahí dentro? – dice una voz en la puerta, golpeándola con fuerza. - ¡La cena se enfría!

-Un momento. – contestamos al unísono.

La miro con un gesto casi rozando la súplica y asiente débilmente.

-E-está bien, vale. Tienes razón, todos nos podemos equivocar alguna vez… Quizá me pasé un poco. – me dice sonriendo de medio lado.

Esbozo una alegre sonrisa y la abrazo. Me levanto y le extiendo la mano. María la coge y se levanta.

-¿Y ahora que hago? – pregunta nerviosa.

-Tú actúa normal, cómete el mundo. – le digo riéndome.

Se ríe y abro la puerta. Para cuando salimos, tenemos a 6 cabezas pegadas en la puerta que tropiezan al abrirse. Se hace un silencio incómodo.

-¿Tienes hambre, María? – dice Zayn

-Bueno… ¿Por?

-No, como te vas a comer el mundo… - contesta.

Abro la boca y emito un sonido de sorpresa.

-¡Estabais escuchando! ¿Y vosotros cuando habéis llegado? – digo señalando a Laura y Zayn.

-Hace un momento, hemos visto que estaban todos pegados a la puerta y nos hemos unido. – confiesa Laura. Todos la asesinan con la mirada por haberse chivado.

-Parecéis críos… Bueno, ¿Dónde está esa cena? Yo sí que tengo un hambre…

Nos echamos a reír y nos acercamos a la mesa. Harry parece un poco distante. ¿Habría escuchado todo lo que habíamos dicho?
Justo cuando estamos a punto de sentarnos llaman a la puerta.

-¡Por fin! Creía que no iba a venir. – dice Louis.

El corazón me empieza a latir a un ritmo distinto, se acelera por algún motivo. ¿Quién sería?

Louis se acerca a la puerta y la abre. Al ver quien aparece mi cara acoge un gesto de sorpresa, y sobre todo de miedo. Se me congela la sangre. Recuerdo que es necesario respirar para poder vivir y continúo la inspiración de aire, aunque con bastante dificultad.

-Lo sé, llego tarde, pero traigo vino como recompensa. – dice.