Sugerencia musical: A Thousand Years - Christina Perri
Me hundo algo más si es posible entre los almohadones del sofá y suspiro. Un trueno hace que me sobresalte. Miro el reloj, todavía es algo pronto, Harry había salido por la mañana y todavía no había vuelto.
Rondan casi las diez. Mis padres han salido y estoy sola en casa. Aburrido. Me levanto y me preparo algo de comer, el aburrimiento me da hambre.
De pronto oigo un ruido proveniente de mi habitación.
Un nuevo mensaje.
-“Hey, acuérdate que hemos quedado a las once.”
No pone de quien es, ni si quiera se de quién es el número. Pero no hace falta que el que había escrito aquello diera su nombre para que se me dibujara una estúpida sonrisa en la cara.
Miro de nuevo el reloj calculando el tiempo que tengo. De pronto la puerta se cierra de un golpe y una melodía tatareada se acerca por el pasillo.
-¡Buenas noches, enana! – dice melodiosamente
Levanto una ceja y sonrío. Parece muy contento.
-Buenas noches, Don Juan. – le digo con aire enigmático. - ¿Cómo ha ido la tarde?
Se sienta arrojando las cosas encima de la cama y me mira con una sonrisa de medio lado.
-No me puedo quejar, ha ido bien. – dice con tono prepotente.
Le miro fijamente y comienza a reír
-Vale, sí, ha ido fantástico. Lo admito, me lo he pasado genial.
Me río también y le revuelvo el pelo.
-Me alegro hermanito. La verdad que te lo mereces. – le digo sonriendo.
De pronto mi teléfono vuelve a avisar de un mensaje. Antes de que pueda alcanzarlo, Harry lo ha interceptado para leerlo. Odio cuando hace eso. Resoplo e intento quitárselo de las manos.
-¡Ohh…! ¿Así que estás ocupada? Habérmelo dicho… - dice levantando una ceja. – No sabía que tenías una cita.
-No es una cita. – digo sonrojándome un poco. Sé perfectamente que no tiene ni pies ni cabeza, pero todavía no tenía muy claro lo que sentía por Ben. – Es… bueno, sólo hemos quedado para, no sé, dar una vuelta…
Le quito el teléfono y se ríe. Se acerca a la ventana y suspira.
-Pues no sé que vuelta vais a dar, con la que va a caer…
-¿Ahora eres predictor del tiempo o qué? – le contesto sacándole la lengua.
Me voy a mi cuarto, tengo poco tiempo para prepararme. Puedo sentir como el estómago me da vueltas como una lavadora centrifugando. Respiro hondo y abro el armario con ciertas dudas. Al final pillo lo primero que pillo.
Una vez vestida y arreglada, aunque con algunas dudas, cojo mis cosas e ignorando los continuos comentarios de Harry como ‘La enana tiene una cita’ y ‘Mírala, si parecía tonta cuando la adoptamos’, salgo de casa y bajo rápidamente las escaleras.
Salgo y avanzo lo más rápido que puedo. Me acurruco dentro de la bufanda y miro al suelo. Al llegar, ahí no hay nadie. La pista está cerrada y la calle desierta. De nuevo me acurruco en busca de calor y miro de un lado a otro. Miro el reloj, todavía es algo pronto.
Me siento en un banco cerca de ahí y espero con algo de inquietud. ¿Y si se había echado atrás? No quería empezar con aquello del “Y si…”
Con los codos apoyados en las rodillas dejo caer la barbilla entre mis manos y comienzo a preocuparme. Han pasado casi 10 minutos desde la hora en la que habíamos quedado. Y para colmo ha empezado a chispear.
Resoplo en un intento de calmarme y me levanto para echar un vistazo a la calle, solamente hay algunas personas que caminan rápidamente al refugio de algún portal.
De pronto fijo la mirada en uno de ellos. ¿Por qué me suena tanto? Siento que el pelo de la nuca se me eriza bajo la bufanda y me estremezco. Trato de evitar su mirada pero ya me ha visto.
-¡Joder! – murmuro para mis adentros.
Sus ojos azules me recorren de arriba abajo como si quisiera borrarme del mapa con el simple hecho de mirarme. Puedo notar su desprecio sin mirarle a los ojos.
-Tú por aquí. – dice dejando caer las palabras.
Me giro algo incómoda y le miro con un gesto preocupado. Él sonríe irónicamente y se para enfrente de mí.
Todavía no sé que decir, y aunque quisiera no podría. Siento como la lluvia arrecia y me va calando rápidamente, pero no es lo más importante ahora.
-¿Qué…? ¿Qué haces aquí? – consigo decir al fin.
Louis aparta la mirada.
-Dar una vuelta, nada más. Supongo que tú habrás quedado con… Ben. – Noto el resentimiento en su voz y el corazón se me encoge.
Asiento tímidamente y vuelvo a mirar a ambos lados de la calle, pero no hay señales de él.
-No te esfuerces, no va a venir. – dice como si fuera lo más obvio del mundo. – Nunca aparece. Es así, debería habértelo dicho antes.
Tuerzo el gesto y le miro extrañada. ¿Cómo que no iba a venir? ¿Por qué me estaba diciendo eso? De pronto él me devuelve la mirada.
Se acerca unos pasos y trago saliva, estoy empezando a impacientarme, necesito una respuesta.
-¿Por qué dices eso? Sólo llega tarde, le puede…pasar a cualquiera. – digo intentando autoconvencerme.
Louis se ríe levemente. El silencio se vuelve raro, muy raro. Ninguno de los dos se atreve a decir una palabra, aunque apenas puedo escucharle. Los latidos de mi corazón acelerándose taponan mis oídos, además la lluvia comienza a precipitarse con fuerza.
-¿Sabes? Me voy, paso de estar perdiendo el tiempo. – dice con voz tenue.
-Espera. – digo casi implorando.
¿Por qué le había dicho eso? Ni siquiera pensaba en decirle nada, había salido como si fuera un reflejo. Me muerdo el labio algo arrepentida de haberle dicho nada y él me mira confundido.
De pronto distingo a alguien entre la espesa lluvia. Creí que no iba a aparecer. Sonrío de pura inercia y Louis se gira para ver el motivo de mi sonrisa.
Ben corre hacia nosotros sujetando un enorme paraguas negro y con la chaqueta hasta arriba.
-H-hola. – dice disminuyendo el ritmo.
-Llegas tarde. – le espeto. Estoy molesta, pero en el fondo sé que no estoy enfadada, por lo menos ha aparecido. Louis parece estar atónito.
-Lo sé, lo siento mucho. – mira su reloj y abre los ojos sorprendido. - ¡Dios! ¿Cuánto llevas esperando?
-Algo más de media hora. – digo sonriendo de medio lado.
Louis parece incómodo. De pronto Ben se da cuenta de que está delante de nosotros y le mira sin expresión alguna, con cierta indiferencia.
Louis parece intentar aparentar lo mismo. Indiferencia, como si aquello no le importara en absoluto, sin embargo refleja cierta nostalgia en la mirada, algo que me rompe por dentro.
-Hola, Ben. – dice de pronto.
Ben asiente a modo de saludo y de nuevo lo único que se oye es la lluvia golpear violentamente el suelo. Puedo sentir la tensión en el ambiente.
-Belén, nos… ¿vamos? – dice Ben intentando escabullirse de la situación.
Asiento débilmente y doy un paso adelante. Dejando atrás a un Louis, empapado, sólo y algo triste. Puedo oír su respiración acelerada al pasar a su lado. Antes de desaparecer de nuevo entre las calles vuelvo a oír su voz.
-Belén. – dice como si se le llenara la boca al pronunciar mi nombre. – Si te hace daño, recuerda que ya te lo avisé.
Tengo un pequeño y a la vez intenso impulso de darle un abrazo, pero en vez de eso le miro con cierta melancolía, como si me doliera su estado. Pero más de dolían sus mentiras. Aparto la vista y sigo andando.
Todavía con el corazón en un puño, miro atrás, pero Louis ya parece haberse desvanecido. Ben me coge la mano en un intento de subirme el ánimo, pero aquella noche nada podía hacerme sentir buena persona.