María sube las escaleras con una mueca entre satisfacción y felicidad. Más que andar parece que flote. Antes de abrir la puerta suelta un agudo suspiro y vuelve a entornar esa sonrisilla de tonta.
La abre con mucho cuidado y se encuentra a su Hermano viendo la tele completamente a oscuras con un voluminoso bol de palomitas con mantequilla.
-H-hola. – saluda ella tragando saliva. Llega tarde, muy tarde.
-Creía que habías dicho a las 2. – dice su hermano levantando una ceja.
-Lo séee y lo siento… - dice María. – pero…
Entra y deja las llaves que producen un suave tintineo al rozar con la mesita de mármol. Se ríe levemente y se quita el abrigo. De pronto todo le parece tan bonito…
-María, ¿Estás bien? – Doug le hablaba con un tono bastante lento, como si pensara que había fumado porros y por eso se encontraba en ese estado.
Ella asiente sonriente y se desploma en el sofá haciendo temblar las palomitas. Su hermano la mira con aire enigmático y levanta de nuevo una de sus cejas.
-¿Es…?
-Sí. Estuvimos hablando y… - de pronto le entra la risa floja.
Doug se ríe también.
-Desde luego, como eres. – dice revolviéndole el pelo. – Me alegro.
Vacila un instante y la vuelve a mirar esta vez con el gesto más serio. Se lleva un puñado de palomitas a la boca y levanta el dedo, amenazador.
-Por cierto, dile, que como vuelvas a casa otra vez como el otro día hablaré yo con él personalmente, ¿de acuerdo?
María sonríe levemente y le roba unas cuantas palomitas del bol.
A la mañana siguiente todo el mundo sufre un terrible dolor de cabeza. El champán causa estragos.
-Buenos días… - musito mientras entro en la cocina y me sirvo un poco de leche fría. Aunque la verdad, no me entra nada en el estómago.
Harry parece estar más fresco que una rosa. Me ve y sonríe.
-Buenos días hija. – saluda mi madre sonriente.
Me desplomo sobre una de las sillas del comedor y miro por la ventana. Están comenzando a quitar las luces en las calles, los niños las miran con tristeza, pero con esperanza de que vuelvan al año que viene. Ha nevado toda la noche y eso les compensa.
Salgo un momento al balcón a tomar un poco el aire, me vendrá bien para el dolor de cabeza. Son cerca de las dos.
Harry no para de dar vueltas por la casa cogiendo cosas de todas partes.
-¿Qué haces? – le pregunto cerrando la ventana.
Sonríe enigmático y se abrocha los botones que le quedan. Da una vuelta con los brazos abiertos y vuelve a la posición inicial esperando que diga algo. Pero a mi me sale cara de interrogación.
-He invitado a comer a María. – dice con aire triunfal.
Abro los ojos sorprendida y sonrío.
-¿En serio? Y luego la invito yo y no quiere… - digo poniendo morritos. Me río y le doy en el brazo de camino a la puerta. – No la cagues.
Harry sonríe de medio lado. De verdad le preocupa fastidiarlo todo, le ha costado mucho llegar hasta ahí y ahora lo podía joder todo con cualquier cosa. Sabía que tenía razón.
-Lo intentaré. – contesta con los ojos brillantes.
Me vuelvo a lo mío y me meto en mi cuarto. No sé que hacer ahora mismo así que me meto en la cama y cojo el portátil para mirar algunas cosas.
-Adiós. – dice Harry sonriendo desde la puerta. Está muy guapo.
-Adiós caballero. Que se lo pase usted bien. – bromeo.
Harry suspira nervioso y se va. Le tiemblan las manos y tiene un nudo en la garganta, parece un niño de 13 años a punto de declararse a la chica más guapa de su clase.
María está en el portal, Blackberry en mano y enredándose el pelo con el dedo y tarareando una canción de All Time Low. Ella no parecía tan nerviosa, de hecho ni siquiera se había vestido formal para su cita con Harry.
Harry llega al portal y toca el cristal con los nudillos, al ver que ella está sentada dentro en las escaleras. Sonríe y se levanta de un respingo, se arregla un poco y abre la puerta, de pronto está un poco nerviosa.
-H-hola. – saluda intentando disimular lo nervioso que está. - ¿cómo has pasado la noche?
De pronto el ambiente se hace incómodo, ninguno sabe como saludar, si dando dos besos o… bueno, como si fueran lo que se supone que eran. Aunque no habían dicho nada todavía. En realidad… ¿Qué eran?
María se ríe levemente y al ver que el chico no reacciona le da un pequeño beso en la mejilla y le mira.
-¿A dónde me llevas?
-Es por aquí.
Cuando parecía que la iba a llevar a Escocia a comer, Harry se para en seco delante de la puerta de un restaurante, parece nuevo. Abre la puerta y la deja pasar. Hay música de ambiente y parece como salido de los años 20.
María parpadea de incredulidad. Parecía otra cosa por fuera.
Cogen una mesa y empiezan a comer, de momento todo va bien. Harry se relaja un poco para variar. Pero de pronto ve algo. Más bien a alguien. Alguien que era la única persona que no quería ver en ese preciso momento, pero ahí estaba.
¿Qué iba a hacer ahora?
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