23/7/12

Capítulo 53

Después de que salgan los títulos de la película miro la hora y pego un respingo. No me había dado cuenta lo tarde que era. Todos se habían ido a dormir, menos Harry, que todavía no había vuelto.

Estoy a punto de irme a la cama cuando oigo 3 golpecitos en la puerta. Arqueo una ceja y me acerco a mirar por la mirilla. La estampa me sorprende tanto que abro de inmediato con los ojos casi desencajados.

-¿¡Qué mierda ha pasado?! ¿Estás bien? ¿Quién ha sido? – digo al ver a Harry con la cara medio ensangrentada y balbuceando cosas sin sentido. – Ha vuelto a beber, ¿verdad?

María asiente con los ojos vidriosos aguantando a Harry a duras penas.

-Ven, siéntate aquí. ¿Te lo dije o no? – le digo a Harry. Lo único que consigo es que se ría en mi cara. – Perfecto. No hay cosa peor que un idiota borracho.

Entre las dos conseguimos que Harry se tenga en el sofá. Suspiro y me siento en uno de los reposabrazos, mirándole la herida de la nariz.

-¿Qué ha pasado?

-Pues, estábamos en la bolera jugando al billar, hablando, ya sabes, tomando algo… Y se le fue la mano con las copas, estaba nervioso, no sé por qué y empezó a beber como si se le fuera a vida en ello. Le dijo algo a Zayn, él le trató de tranquilizar y Harry le pegó, y bueno… Zayn se la devolvió y acabó así. En resumidas cuentas, que son gilipollas.

Vuelvo a suspirar y ruedo los ojos.

-Tíos tenían que ser. ¿Tú estás bien? ¿Están los demás bien? – pregunto. De pronto me fijo en que la pelirroja no ha soltado la mano de Harry en ningún momento. Pobrecilla.

Asiente mirándole con gesto de preocupación. Doy una palmada en mi pierna y me levanto tarareando una melodía.

-Voy a por el botiquín.

Vuelvo en un santiamén y me encuentro todo como estaba. Empiezo a curarle la herida, y Harry no para de moverse.

-Estate quieto, maldita sea. – le reprocho al darle con el algodón en un ojo. Harry vuelve a quejarse y mira a María sin mucha precisión.

-Lo siento… - susurra a duras penas.

-Ya lo sentirás mañana, muchachote. Verás que resaca te espera. – digo con una sonrisa de oreja a oreja, esperando que María se ría. Pero no es así, al revés, está compungida y temblando, con los ojos vidriosos.

-¿Estás… bien? – le pregunto algo preocupada.

-Sí, sí. Es sólo que… - cierra los ojos un momento y se ríe sin ganas. – Da lo mismo, es una tontería. Y bueno, creo que tengo que irme o mi hermano llamará a la policía, le dije que estaría en casa a las dos y media y son casi las tres y cuarto.

Frunzo el ceño y me levanto. La miro a los ojos y ella trata de demostrarme que está bien sonriendo como si nada.

-Es tarde, estoy cansada. Sólo eso, ha sido un día raro. Hablamos mañana ¿vale? Descansa. Y asegúrate que este idiota está bien. – dice dándome un abrazo.

-Está bien, pero prométeme que mañana hablaremos, ¿vale? – suspiro y le cojo la mano. – Por lo menos te vas sabiendo que él mañana estará peor que tú. Igual escondo los ibuprofenos como venganza…

María se ríe por primera vez en toda la noche y me mira.

-Ya veremos mañana. Buenas noches. - dice acercándose a la puerta.

-Buenas noches. – le digo sonriendo.

Una vez el suave sonido de la puerta cerrándose nos ha dejado a solas me vuelvo con brusquedad hacia Harry en cual me mira algo asustado.

-¿¡En que mierda estabas pensando!? – le grito con voz baja. - ¿¡Es que se te va la cabeza!?

Harry hace un gesto para que baje la voz. Me llevo la mano a la cabeza y le señalo su habitación.

-Tú y yo ya hablaremos mañana. Ahora vete a dormir.

-Pero…

-He dicho que te vayas. No te quiero ver. – le reprocho.

Se levanta a duras penas y me mira con rabia contenida al pasar por mi lado. Se apoya en la pared para andar a lo largo del pasillo. Una vez en su habitación descanso la cabeza en el marco de la puerta.

-Y nada de tonterías. No empieces a romper cosas como haces siempre que te pones así.

-¿Te crees que me apetece ponerme a romper cosas? No gracias, ahora quiero dormir.

-Falta te hace. – digo suspirando mientras me alejo hasta mi cuarto.

Me dejo caer sobre el colchón y descubro que lo había echado en falta más de lo que pensaba. Mañana sería otro día.


Tras una larga noche de fundirme en los brazos de Morfeo me levanto con sigilo y echo un vistazo por la ventana. Son las once y media de la mañana, y hacia tiempo que no dormía tan bien.

Salgo y me encuentro a mi madre desayunando.

-Buenos días. – murmuro frotándome los ojos. - ¿Y Harry? – pregunto al no ver señales de él. Mi padre sonríe y sacude la cabeza y mi madre suspira exasperada.

-Si consigues levantarlo tú… - dice señalando su habitación.

Arqueo una ceja y sonrío. Aquello sí que era todo un reto. Mi hermano con resaca era algo… difícil de despertar. Lo mejor que te podía pasar era salir con un ojo morado.

Me acerco con cautela hasta la puerta y tomo aire antes de abrir la puerta de golpe y gritar:

-¡HARRY DESPIERTA QUE ES MUY TARDE! ¡VAMOS, VAMOS, VAMOS! – digo mientras me tiro de golpe encima del colchón y lo achucho.

Harry me mira con los ojos desorbitados y comienza a pegarme hasta que entre grititos ridículos me levanto mientras me río.

-Si tuviera fuerzas te juro que morirías estrangulada por mis propias manos. – gruñe y se deja caer sobre la almohada con las manos en la cabeza.

-Te jodes. Tú solito te lo buscaste. – digo con sorna. – ahora levántate que se te van a juntar las horas.

Coge un cojín y me lo lanza a la cabeza pero falla. Salgo de su cuarto riéndome y desayuno algo.

Harry sale de su cuarto un rato después hecho un erizo. Se lleva la mano a los ojos en cuanto ve la luz y protesta. Se deja caer en la silla y apoya la cabeza en los brazos.

-Pedazo de idiota. – murmuro llevándole algo de café y un ibuprofeno. – Qué conste que no tendría que darte esto. Por idiota.

-¡Eh! – protesta de nuevo llevándose la pastilla a la boca.

-¿Cómo llevas la herida? – digo sentándome a su lado en la mesa y dándole un sorbo al café.

Harry se encoge de hombros y se lleva la mano a la nariz. Hace una mueca de dolor y chasquea la lengua con desagrado. No puedo evitar reírme al ver que al arrugar la nariz se hace aún más daño.

-¿Y qué vas a hacer? – digo de repente.

-¿Hacer de qué?

-Para arreglar lo de ayer. Metiste la pata hasta el fondo y querido mío – le digo dándole una palmadita en la espalda mientras me levanto. – Vas a tener que emplear tu nefasta imaginación a fondo.

Harry me mira con cara de pánico. Me encojo de hombros y me alejo dando el último sorbo que queda del café.


Laura se coloca sus llamativos calcetines color verde fosforito y sale de su cuarto al oír el estridente sonido del antiguo timbre de la puerta. Odiaba ese chirrido del demonio, pero era agradable tener visita… o no.

Sale a la puerta y se apaña un moño improvisado.

-¿Quién es? – dice esperando que alguna de las chicas le conteste.

-¡Es María! – dice una de ellas desde la entrada.

Cruza el salón y sonríe ampliamente.

-¡Caray! – exclama al ver el flamante nuevo aspecto que tiene. – Estás… diferente.

María se ríe y asiente enérgicamente.

-¿Te gusta? Quería algo nuevo y dije… Tengo que hacerlo.

Laura se acerca para echarle un vistazo.

-Me gusta el color. – afirma al observar los colores burdeos y los destellos en azul y morado oscuro que rebosan en su media melenita. – Y el recogido. – dice refiriéndose a la trenza de raíz que le recoge el flequillo a un lado.

Las chicas revolotean por la habitación fijándose en el nuevo peinado.

-¿A que me queda bien? – dice María. Todas asienten y sonríen casi al mismo tiempo.

-Bueno, dime, ¿qué te trae por aquí? – dice Laura invitándola a pasar.

María carraspea y se sienta en una de las sillas.

-Venía a preguntarte… qué tal está Zayn. – vacila un momento. - ¡Y tú! Claro está.

Laura sonríe y se mira las manos.

-Bueno, no salió tan mal parado como Harry. ¿Llegasteis bien?

María asiente y le invita a continuar con su narración de lo ocurrido el día anterior.

-Y le acompañé a casa. Te dije que teníamos que hablar nosotros dos ¿no? – toma aire y prosigue. – Pues no pude. No soy capaz.

-Pero, ¿Por qué? – dice María. De pronto se fija en que sus compañeras se han apiñado en las sillas para escuchar mejor, ya ni siquiera tratan de disimular, aunque a Laura no parece importarle mucho.

-Porque no. Me pongo nerviosa y me quedo en blanco. Me oigo el corazón latir en los oídos y me desconcentro, me pienso mil veces lo que tengo que decir, pero no puedo. – suspira y se apoya en la palma de su mano. - ¿Sabes lo peor? Qué además creo que me quedé pillada de la chica del bar. Era tan mona…

María se ríe al igual que las chicas que las acompañan.

-Siempre puedes quedar con ella, a ver si surge algo… - sugiere una de ellas. Laura se encoge de hombros y las mira.

-Puede ser. Hey, ¿qué hacéis ahí paradas todas? ¡Vamos, vamos! –inquiere ella haciendo gestos con las manos. – ¿Sabes algo de los demás? ¿Cómo está Belén?

María ve marcharse a las chicas con gestos de decepción en el rostro a lo cual sonríe y vuelve a mirar a Laura.

-Bueno, yo he quedado con ella esta tarde para… Hablar, ya sabes. – dice arrugando un poco la nariz. – De los demás no sé nada.

Ambas supiran casi a la vez.

-Bueno, tengo que irme. Mi hermano se ha empeñado en llevarme a comer por ahí, porque sí. Hermanos. – dice poniendo los ojos en blanco.

Laura se ríe y le mira.

-Nosotras también tenemos que hablar. Las tres, más bien. – dice, y María asiente. – Pero ahora lárgate, que llegarás tarde y me echarás la culpa a mí, ¡vete, vete!

Ambas acaban en el pasillo entre risas y se sonríen mutuamente.

-Cuídate.
-Lo mismo digo.

20/7/12

Capítulo 52

María sonríe, tratando de no mostrar la compasión que siente por él. Se le ve tan ido, tan… poco él. Le pone la mano en la barbilla y le levanta la mirada, obligando a clavar sus enormes ojos marrones en los iguales de ella. Por un momento, él sonríe, pero al momento vuelve a mostrarse abatido.

-Eh, mírame. – le insiste ella. – Todo estará bien al final. Si no está bien, entonces es que no es el final, ¿vale? Dale tiempo a esto. Ya me aconsejaste tú una vez y, aunque no soy igual de buena que tú dando consejos, creo que te lo debo.

-Gracias. – dice él sonriendo de medio lado. – Aunque cambia más bien poco, pero por lo menos lo intentas.

-Vamos, te invito a algo. – sugiere la pelirroja ladeando la cabeza hacia la barra.

Harry siente hervir la sangre. ¿Qué coño le pasaba últimamente? No era normal en él, y normalmente no era consciente de lo celoso y posesivo que podía conseguir ser, pero llegados a ese punto, hasta él mismo se daba cuenta.

Nota el crujir de la lata bajo la fuerza que ejerce, cuando una voz tras de él le disuade un poco.

-¿Qué haces? – dice Niall sentándose a su lado en el sofá colocado cerca de la mesa de billar. Harry niega con la cabeza y clava la mirada en el oscuro parqué del lugar.
Niall suspira y se estira en el cómodo asiento dando un sorbo despreocupado a su lata de cerveza.

-Es otra vez por ella, ¿no? – comenta como quien se pone a hablar del tiempo.

Harry saca tímidamente la cabeza de sus manos y le mira con curiosidad. Nunca le había dicho nada sobre el tema, sin embargo él había reparado en ello. A veces le sorprendía Niall, de tal manera que no le quedaba otra que reírse de pura ironía.

Se recuesta sobre el respaldo y arqueando una ceja da un trago a su lata. Asiente lentamente y pierde la mirada en algún punto lejano de la habitación. Él mismo se percataba de lo pesado que podía llegar a ser con el tema. Una y otra vez. Él mismo estaba cansado, pero ¿cómo podía solucionarlo?

-Se me pasará. – comenta de pronto echando otro vistazo a la barra. Ahí seguían los dos, Zayn parecía un poco más animado que antes.

La misma escena era observada desde la mesa de billar, en la cual Laura apoyaba la cabeza en el palo, sin caer en la cuenta de que hacía más de medio minuto que le tocaba jugar.

-¡Laura! – le chilla Liam inclinándose sobre la mesa. - ¿Estás entre nosotros o…?

-¿Eh? Perdón, estoy, estoy. –dice carraspeando un poco y preparando el tiro. Al golpear la bola, esta va directa al agujero, sin tocar ni una sola de las bolas rayadas que se suponía que tenía que meter. Chasquea la lengua con desagrado y deja el palo sobre la mesa. – Creo que hoy no es mi día. Seguid vosotros.

Louis, Niall y Allie se encogieron de hombros y continuaron con el juego, mientras ella se dirigía a paso ligero hasta donde se encontraban María y Zayn.

Al llegar a la barra deja caer sus codos sobre la madera envejecida provocando un ruido sordo, acompañado de un suspiro. María se gira y Zayn la mira algo desconcertado. Con las manos juntas detrás de la cabeza, incapaz de levantarla, masculla desde ahí:

-Hola.

María sonríe y reposa su cabeza en la palma de la mano.

-¿Qué os pasa hoy a todos? ¿Es la luna, el tiempo?

Laura sonríe y se asoma dejando ver sus ojos cansados a través de algunos mechones que le cubren el rostro. Apoya la barbilla en sus antebrazos y de nuevo dirige la mirada a ambos.

-¿qué hacéis? – dice.

-Hablar, y tomar una cocacola, ¿quieres una? – dice Zayn señalando su vaso burbujeante.

Ella asiente y al instante él le pide un vaso con hielo. Lo observa y da un trago. María comienza a sentirse un poco incómoda y de pronto cae en lo que Laura le está queriendo decir, sin decir nada.

-Ehm… Voy a jugar un rato al billar. Os dejo aquí. – dice carraspeando.

Laura se aguanta la sonrisa y le guiña un ojo a modo de agradecimiento. Zayn la mira con algo de anhelo mientras se marcha, lo que causa que a Laura le de una punzada de nostalgia por dentro. Cuando él la miraba a ella así. ¿Todavía sentiría la mismo por ella? Ya no tenía nada claro.

-Bueno. – suspira Laura. – Creo que tenemos que hablar.


Harry experimenta una aceleración razonable de los latidos de su corazón a medida que la pelirroja se acerca a él. Actúa de forma natural, actúa de forma natural.

-Hola. – saluda ella sentándose a su lado.

-H-hola. – contesta él, y aunque no quiere, suena tosco y borde. – Voy a por una copa, ¿quieres algo?

María niega con la cabeza, algo aturdida. Se encoge de hombros al mismo tiempo que lo ve alejarse hasta la barra. Ahí, ante la atenta mirada de Laura y Zayn, pide una copa.

La noche avanza y da la sensación de que no iba a acabar nunca, al igual que los viajes de Harry a la barra. En el último de ellos había ido haciendo eses hasta ahí.

-Harry… - murmura Zayn.

Él se gira y gruñe algo mientras espera a que la camarera, la cual se resiste a ponerle otra copa más, le traiga lo que ha pedido.

-Creo que deberías parar. Ya has bebido suficiente.

-Oh, ya veo… - murmura con voz temblorosa. – No tienes suficiente con quitarme a mi chica que también me tienes que decir lo que tengo que hacer ¿eh? No te cansas nunca.
Zayn baja la mirada y le pone la mano en el hombro.

-Menuda cogorza que llevas… Vamos, te acompaño a casa. – dice amablemente. Pero Harry se revela y le aparta la mano bruscamente, sus ojos, algo vidriosos, chispean de rabia.

-No me voy a ninguna parte contigo. – le espeta.

Zayn, en un ademán de tranquilizarle le vuelve a poner la mano en el hombro, como si no hubiese vivido algo así antes… Definitivamente no sabía lo que hacía.

De pronto, un movimiento brusco y Zayn acaba en el suelo, con la nariz sangrando.

María se ha levantado de un respingo, al igual que Laura y todos los presentes en el lugar presencian aquella escenita.

-Ah no… esto sí que no. – dice él levantándose. Le había tocado su punto débil, por ahí no iba a pasar. Aunque ahora el que no sabía lo que hacía era él.

Se acerca de forma peligrosa y le propina un puñetazo que hace que Harry pierda el equilibrio y se desplome sobre la barra armando un escándalo que hace sobresaltarse a casi todos los presentes.

-¡Harry! – grita María yendo junto a él. Mira a Zayn. No, no está cabreada, algo mucho peor. Su mirada muestra una fuerte sensación de desprecio y decepción, por ambas partes. - ¿Estáis mal de la cabeza?

-¿¡Pero se puede saber que os pasa!? – dice Laura observando a Zayn después de colocarle un brazo delante para contener cualquier intento de golpear de nuevo a Harry, quién le mira desde uno de los taburetes entre confuso y furioso.

La respiración de Zayn se relaja al ver la expresión desconsolada de María. De pronto se da cuenta de la estampa que los rodea: Todo el mundo en tensión y con caras de espanto, mudos por lo que acaba de ocurrir. Siente que se marea y decide sentarse.

-¿Qué tal si nos vamos? – propone Liam con serenidad, señalando la puerta. – Ya ha habido bastante fiesta por hoy, ¿No creéis?

Zayn y Harry bajan la cabeza. Poco a poco, y después de que Niall y Louis hubiesen pedido más de 10 veces disculpas a la propietaria, salen sin hacer a penas ruido.

Definitivamente, suficiente fiesta por hoy.