Después de que salgan los títulos de la película miro la hora y pego un respingo. No me había dado cuenta lo tarde que era. Todos se habían ido a dormir, menos Harry, que todavía no había vuelto.
Estoy a punto de irme a la cama cuando oigo 3 golpecitos en la puerta. Arqueo una ceja y me acerco a mirar por la mirilla. La estampa me sorprende tanto que abro de inmediato con los ojos casi desencajados.
-¿¡Qué mierda ha pasado?! ¿Estás bien? ¿Quién ha sido? – digo al ver a Harry con la cara medio ensangrentada y balbuceando cosas sin sentido. – Ha vuelto a beber, ¿verdad?
María asiente con los ojos vidriosos aguantando a Harry a duras penas.
-Ven, siéntate aquí. ¿Te lo dije o no? – le digo a Harry. Lo único que consigo es que se ría en mi cara. – Perfecto. No hay cosa peor que un idiota borracho.
Entre las dos conseguimos que Harry se tenga en el sofá. Suspiro y me siento en uno de los reposabrazos, mirándole la herida de la nariz.
-¿Qué ha pasado?
-Pues, estábamos en la bolera jugando al billar, hablando, ya sabes, tomando algo… Y se le fue la mano con las copas, estaba nervioso, no sé por qué y empezó a beber como si se le fuera a vida en ello. Le dijo algo a Zayn, él le trató de tranquilizar y Harry le pegó, y bueno… Zayn se la devolvió y acabó así. En resumidas cuentas, que son gilipollas.
Vuelvo a suspirar y ruedo los ojos.
-Tíos tenían que ser. ¿Tú estás bien? ¿Están los demás bien? – pregunto. De pronto me fijo en que la pelirroja no ha soltado la mano de Harry en ningún momento. Pobrecilla.
Asiente mirándole con gesto de preocupación. Doy una palmada en mi pierna y me levanto tarareando una melodía.
-Voy a por el botiquín.
Vuelvo en un santiamén y me encuentro todo como estaba. Empiezo a curarle la herida, y Harry no para de moverse.
-Estate quieto, maldita sea. – le reprocho al darle con el algodón en un ojo. Harry vuelve a quejarse y mira a María sin mucha precisión.
-Lo siento… - susurra a duras penas.
-Ya lo sentirás mañana, muchachote. Verás que resaca te espera. – digo con una sonrisa de oreja a oreja, esperando que María se ría. Pero no es así, al revés, está compungida y temblando, con los ojos vidriosos.
-¿Estás… bien? – le pregunto algo preocupada.
-Sí, sí. Es sólo que… - cierra los ojos un momento y se ríe sin ganas. – Da lo mismo, es una tontería. Y bueno, creo que tengo que irme o mi hermano llamará a la policía, le dije que estaría en casa a las dos y media y son casi las tres y cuarto.
Frunzo el ceño y me levanto. La miro a los ojos y ella trata de demostrarme que está bien sonriendo como si nada.
-Es tarde, estoy cansada. Sólo eso, ha sido un día raro. Hablamos mañana ¿vale? Descansa. Y asegúrate que este idiota está bien. – dice dándome un abrazo.
-Está bien, pero prométeme que mañana hablaremos, ¿vale? – suspiro y le cojo la mano. – Por lo menos te vas sabiendo que él mañana estará peor que tú. Igual escondo los ibuprofenos como venganza…
María se ríe por primera vez en toda la noche y me mira.
-Ya veremos mañana. Buenas noches. - dice acercándose a la puerta.
-Buenas noches. – le digo sonriendo.
Una vez el suave sonido de la puerta cerrándose nos ha dejado a solas me vuelvo con brusquedad hacia Harry en cual me mira algo asustado.
-¿¡En que mierda estabas pensando!? – le grito con voz baja. - ¿¡Es que se te va la cabeza!?
Harry hace un gesto para que baje la voz. Me llevo la mano a la cabeza y le señalo su habitación.
-Tú y yo ya hablaremos mañana. Ahora vete a dormir.
-Pero…
-He dicho que te vayas. No te quiero ver. – le reprocho.
Se levanta a duras penas y me mira con rabia contenida al pasar por mi lado. Se apoya en la pared para andar a lo largo del pasillo. Una vez en su habitación descanso la cabeza en el marco de la puerta.
-Y nada de tonterías. No empieces a romper cosas como haces siempre que te pones así.
-¿Te crees que me apetece ponerme a romper cosas? No gracias, ahora quiero dormir.
-Falta te hace. – digo suspirando mientras me alejo hasta mi cuarto.
Me dejo caer sobre el colchón y descubro que lo había echado en falta más de lo que pensaba. Mañana sería otro día.
Tras una larga noche de fundirme en los brazos de Morfeo me levanto con sigilo y echo un vistazo por la ventana. Son las once y media de la mañana, y hacia tiempo que no dormía tan bien.
Salgo y me encuentro a mi madre desayunando.
-Buenos días. – murmuro frotándome los ojos. - ¿Y Harry? – pregunto al no ver señales de él. Mi padre sonríe y sacude la cabeza y mi madre suspira exasperada.
-Si consigues levantarlo tú… - dice señalando su habitación.
Arqueo una ceja y sonrío. Aquello sí que era todo un reto. Mi hermano con resaca era algo… difícil de despertar. Lo mejor que te podía pasar era salir con un ojo morado.
Me acerco con cautela hasta la puerta y tomo aire antes de abrir la puerta de golpe y gritar:
-¡HARRY DESPIERTA QUE ES MUY TARDE! ¡VAMOS, VAMOS, VAMOS! – digo mientras me tiro de golpe encima del colchón y lo achucho.
Harry me mira con los ojos desorbitados y comienza a pegarme hasta que entre grititos ridículos me levanto mientras me río.
-Si tuviera fuerzas te juro que morirías estrangulada por mis propias manos. – gruñe y se deja caer sobre la almohada con las manos en la cabeza.
-Te jodes. Tú solito te lo buscaste. – digo con sorna. – ahora levántate que se te van a juntar las horas.
Coge un cojín y me lo lanza a la cabeza pero falla. Salgo de su cuarto riéndome y desayuno algo.
Harry sale de su cuarto un rato después hecho un erizo. Se lleva la mano a los ojos en cuanto ve la luz y protesta. Se deja caer en la silla y apoya la cabeza en los brazos.
-Pedazo de idiota. – murmuro llevándole algo de café y un ibuprofeno. – Qué conste que no tendría que darte esto. Por idiota.
-¡Eh! – protesta de nuevo llevándose la pastilla a la boca.
-¿Cómo llevas la herida? – digo sentándome a su lado en la mesa y dándole un sorbo al café.
Harry se encoge de hombros y se lleva la mano a la nariz. Hace una mueca de dolor y chasquea la lengua con desagrado. No puedo evitar reírme al ver que al arrugar la nariz se hace aún más daño.
-¿Y qué vas a hacer? – digo de repente.
-¿Hacer de qué?
-Para arreglar lo de ayer. Metiste la pata hasta el fondo y querido mío – le digo dándole una palmadita en la espalda mientras me levanto. – Vas a tener que emplear tu nefasta imaginación a fondo.
Harry me mira con cara de pánico. Me encojo de hombros y me alejo dando el último sorbo que queda del café.
Laura se coloca sus llamativos calcetines color verde fosforito y sale de su cuarto al oír el estridente sonido del antiguo timbre de la puerta. Odiaba ese chirrido del demonio, pero era agradable tener visita… o no.
Sale a la puerta y se apaña un moño improvisado.
-¿Quién es? – dice esperando que alguna de las chicas le conteste.
-¡Es María! – dice una de ellas desde la entrada.
Cruza el salón y sonríe ampliamente.
-¡Caray! – exclama al ver el flamante nuevo aspecto que tiene. – Estás… diferente.
María se ríe y asiente enérgicamente.
-¿Te gusta? Quería algo nuevo y dije… Tengo que hacerlo.
Laura se acerca para echarle un vistazo.
-Me gusta el color. – afirma al observar los colores burdeos y los destellos en azul y morado oscuro que rebosan en su media melenita. – Y el recogido. – dice refiriéndose a la trenza de raíz que le recoge el flequillo a un lado.
Las chicas revolotean por la habitación fijándose en el nuevo peinado.
-¿A que me queda bien? – dice María. Todas asienten y sonríen casi al mismo tiempo.
-Bueno, dime, ¿qué te trae por aquí? – dice Laura invitándola a pasar.
María carraspea y se sienta en una de las sillas.
-Venía a preguntarte… qué tal está Zayn. – vacila un momento. - ¡Y tú! Claro está.
Laura sonríe y se mira las manos.
-Bueno, no salió tan mal parado como Harry. ¿Llegasteis bien?
María asiente y le invita a continuar con su narración de lo ocurrido el día anterior.
-Y le acompañé a casa. Te dije que teníamos que hablar nosotros dos ¿no? – toma aire y prosigue. – Pues no pude. No soy capaz.
-Pero, ¿Por qué? – dice María. De pronto se fija en que sus compañeras se han apiñado en las sillas para escuchar mejor, ya ni siquiera tratan de disimular, aunque a Laura no parece importarle mucho.
-Porque no. Me pongo nerviosa y me quedo en blanco. Me oigo el corazón latir en los oídos y me desconcentro, me pienso mil veces lo que tengo que decir, pero no puedo. – suspira y se apoya en la palma de su mano. - ¿Sabes lo peor? Qué además creo que me quedé pillada de la chica del bar. Era tan mona…
María se ríe al igual que las chicas que las acompañan.
-Siempre puedes quedar con ella, a ver si surge algo… - sugiere una de ellas. Laura se encoge de hombros y las mira.
-Puede ser. Hey, ¿qué hacéis ahí paradas todas? ¡Vamos, vamos! –inquiere ella haciendo gestos con las manos. – ¿Sabes algo de los demás? ¿Cómo está Belén?
María ve marcharse a las chicas con gestos de decepción en el rostro a lo cual sonríe y vuelve a mirar a Laura.
-Bueno, yo he quedado con ella esta tarde para… Hablar, ya sabes. – dice arrugando un poco la nariz. – De los demás no sé nada.
Ambas supiran casi a la vez.
-Bueno, tengo que irme. Mi hermano se ha empeñado en llevarme a comer por ahí, porque sí. Hermanos. – dice poniendo los ojos en blanco.
Laura se ríe y le mira.
-Nosotras también tenemos que hablar. Las tres, más bien. – dice, y María asiente. – Pero ahora lárgate, que llegarás tarde y me echarás la culpa a mí, ¡vete, vete!
Ambas acaban en el pasillo entre risas y se sonríen mutuamente.
-Cuídate.
-Lo mismo digo.
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