Días después, como la calma que precede a la tempestad todo sigue tal cual había quedado desde entonces. Una telilla de nostalgia y tristeza cubría todo Norwich, como queriendo decir adiós al verano definitivamente.
Septiembre entraba con ganas, quedaban a penas tres semanas para empezar el curso y yo seguía, tumbada en la cama, el hilo de la sábana como si el tiempo no pasara. Y el reloj lo desmentía, eran las diez y cuarto de un sábado raro, nublado y muy raro.
-¿Estás despierta? – murmura una voz detrás de la puerta, antes de abrirse unos centímetros. Harry enfoca sus grandes ojos verdes para encontrarme con los brazos en alto y un ojo medio cerrado. Sonríe con un ápice de tristeza y abre un poco más la puerta. - ¿Se puede?
-Pasa. – murmuro incorporándome. – Nunca entras en mi cuarto, sólo para gritarme cosas… ¿Qué te pasa?
Harry se sienta en la cama con los hombros caídos y me despeina de repente.
-¿Es que no puede uno entrar a ver a su hermanita?
La sonrisa rota de mi hermano me da que pensar. De pronto me viene a la cabeza la situación que dejé a medias, aquellos dos se habían quedado solos cuando yo me fui en un arranque de ira. Ellos… y Louis.
Suspiro y me acerco a él aferrándome a las mantas. Harry no para de mirar al suelo.
-¿Qué pasa? Quiero decir… ¿qué pasó? – pregunto en voz baja
Harry sonríe sin mirarme, como buscando en sus memorias un momento que poder contar, algo que ocurrió de veras y no en su cabeza.
-Nada. – dice finalmente. – Está bien, tranquila, sólo estoy cansado.
-Sabes que a mí no me engañas. Sabrás mentir todo lo bien que quieras, pero a mí no me la das. – digo pegándole un suave puñetazo en el hombro.
-Estoy cansado, creo. – dice su voz parece temblar al final de la frase. – Cansado de todo.
Sonrío de forma compasiva y le abrazo.
-¿Te acuerdas cuando todavía estábamos en el instituto? Quiero decir, cuando tú, Liam y Louis todavía estabais en el instituto, cuando nosotras casi acabábamos de entrar ahí – digo mirándole. – Me acuerdo que estaba aterrorizada
Ambos nos reímos, y de pronto hay un breve silencio.
-También recuerdo que Louis y tú no hacíais más que meteros en líos, y Liam siempre tenía que sacaros de todas.
Harry ríe más alto esta vez y señala que alguna vez también había sido al revés.
-Pero, de lo que más me acuerdo es del brillo que tenía en la mirada cada vez que te veía aparecer por la puerta. – digo perdiendo la mirada en el cristal. Sonrío y miro la reacción de mi hermano.
-¿Q-quién? – dice en un hilo de voz. Sonrío y ladeo la cabeza.
-¿Quién va a ser, idiota? – me destapo un poco y me levanto de un respingo para llegar de un bote a la cómoda blanca que descansa en una esquina de mi habitación. Abro uno de los cajones y busco algo que quiero enseñarle, no tardo mucho en encontrarlo. Vuelvo a la cama con un libro entre las manos. Busco una de las páginas, y ahí estaba. – Míralos, parecemos tontos.
En la página aparecía una foto de los seis, Louis, Liam Harry, María, Laura y yo. Parecía una foto antigua, y lo era. Recuerdo que fueron unas vacaciones, en el jardín de Liam. En ella se apreciaba como todos nos agrupábamos torpemente para hacer la foto, mientras todos salíamos poniendo caras, sonriendo o mirando para otro lado, María parecía abstraída, como encandilada.
-Te estaba mirando. – digo de pronto señalándola. – Si después de todo lo que me ha contado sobre ti, después de esto -digo golpeando el dedo en la foto. – sigues diciendo que no te quiere, te apalearé hasta que ruegues por tu vida, ¿me oyes?
Harry no reaccionaba, estaba como ido, como si se le hubiera esfumado la capacidad de hablar. Sólo miraba la foto, como si acabara de descubrir un valioso tesoro, como si atara cabos mentalmente.
-¿Sabes de qué otra cosa me acuerdo muy bien? – Digo sonriendo de lado – Del baile de fin de curso.
De pronto levanta la cabeza del libro como un resorte y me mira con los ojos bien abiertos, casi da miedo.
-El baile… - repite en voz baja.
Asiento, él también lo recuerda.
-Cuando después de armarse de valor para pedirte un baile, tú te fuiste porque Kristen no hacía más que llamarte y no se te ocurrió otra cosa que decirle que al final de la fiesta bailarías con ella. – suspiro y bajo la mirada. – me rompió el corazón verla sentada en aquel banco, aun cuando ya se había ido todo el mundo. Creo que es algo que nunca ha olvidado, puede que te haya perdonado pero…
La cara de Harry parece una esquela. Está pálido y me mira horrorizado.
-¿Entonces…? ¿Crees que es por eso?
Niego con la cabeza y le miro.
-No creo que siga pensando en ello, pero inconscientemente, quizá crea que… bueno, que le vuelvas a dejar plantada en mitad de la fiesta, ¿sabes? Quizá no quiera confiar en ti al cien por cien, porque cree que le volverá a pasar lo mismo que aquella vez.
Harry respira hondo, como si le faltara el aire. No era la primera vez que lo pensaba, pero nunca había tenido el momento oportuno para decirle todo aquello, por una parte porque siempre había pensado que eran cosas mías.
-Por eso tú desconfiabas también de ella, porque estaba distante. Creías que era porque no te quería. Yo creo que tiene miedo. – le paso la mano por la espalda para reconfortarle. – Pero tranquilo.
-¿Cómo quieres que esté tranquilo? ¡Ni siquiera se me había pasado eso por la cabeza!
-¡Eh! Es sólo una suposición. – digo frunciendo el ceño. – Pero tengo una idea brillante.
Sonrío de oreja a oreja y Harry alza una ceja ante mi comentario.
-¿Qué idea?
24/10/12
19/10/12
Capítulo 64 parte I
-No me esperaba esto, la verdad. – comenta Zayn removiendo tranquilamente un café. Laura hace lo mismo con el suyo.
-Yo no me esperaba lo del otro día. Ya me contaron. – dice sin dejar su expresión sonriente y despreocupada que ocupa su rostro desde que entró en la cafetería. - ¿Pensabas contármelo o simplemente dejarlo pasar, como si nada?
Zayn suspira y se pasa la mano por el pelo tratando de buscar alguna respuesta a su pregunta. Sonríe tímidamente temiendo una contundente bofetada o algo por es estilo y clava el codo en la mesa.
-La verdad… que no contaba con que ocurriera. Fue espontáneo, no sé muy bien por qué lo hice. – murmura.
Laura sonríe y asiente con ápice sarcástico.
-Qué gracia, ¿pero sabes lo peor? Que lo sabía hacía mucho tiempo, pero por algún extraño motivo no quise creerlo, pero esto me demuestra que tendría que haber confiado en lo que me pareció ver. ¿Por qué has sido tan cobarde?
El gesto amable de Laura queda desterrado por uno que roza entre el desprecio y la decepción. Zayn se limita a mirar su café como si ahí fuese a encontrar algo que le ayudase a salir de aquella situación, pero Laura no parecía por la labor de dejar aquel tema sin zanjar.
-Laura, yo…
-No. Tú nada, estoy muy cansada de oír lo mismo. – un suspiro inaugura de nuevo el silencio, cortante y frío. - ¿desde… desde cuando?
Su tono cambia de inmediato, ahora suena más como una niña pequeña decepcionada.
-Supongo que desde aquello en el ascensor. Al principio no quería reconocerlo, fue algo que pasó sin más, pero… - vacila un segundo y observa el sobrecogedor gesto de Laura, que parece romperse un poquito más a cada palabra que él dice, pero es algo que tiene que hacer, por el bien de los dos. Cerrar y pasar página. – Bueno, creo que sentía algo más que un beso por ella. Pero está con Harry y le quiere muchísimo, está claro, eso no puedo cambiarlo. Con lo cual me intenté alejar de ella.
-¿Y todo este tiempo me utilizaste para olvidarla? – murmura Laura.
-No, no, en absoluto. Al revés, traté de alejarte de mí, de dejarte ver que no era la persona con la que te mereces estar. Laura, de todos los que se reparten esta situación, puedo decirte que el que peor se siente soy yo.
Esta vez las palabras de Zayn sonaban distinto. No era el de siempre, no era el Zayn que siempre gastaba bromas y nunca hablaba en serio. Este era el Zayn sincero, el Zayn que hablaba con el corazón en la mano. Y sus ojos empañados por las lágrimas lo corroboraban.
Una vez más, el silencio. Pesado sobre los hombros de los presentes en aquella mesa, abrumados por las cartas que acababan de ponerse sobre la mesa. Realmente era algo que ya Laura sabía, pero necesitaba escucharlo de su propia boca. Sólo por si acaso.
-En ese caso, creo que ya está. Así acaba. – dice Laura sonriendo, aunque su tono suena más bien triste y afligido.
Zayn sonríe sin elevar la mirada y tuerce la cabeza dándole la razón a la castaña. Aquello sí que era un momento incómodo donde los haya.
-De todas maneras… Seguimos siendo amigos, ¿no? – murmura Zayn con un ápice de esperanza en sus palabras.
Laura asiente y recoge sus cosas aprisa.
-¿Dónde vas?
-A casa, necesito estar sola un rato. Un buen rato. – dice mientras su voz queda eclipsada por el ruido de la silla al moverse. – Adiós , Zayn.
-Ya nos veremos. – pronuncia él mirándola con afecto. Laura asiente de nuevo y la campanita de la puerta anuncia su marcha del local, donde no parece haber ocurrido nada, donde no parece haber acontecido una ruptura, silenciosa pero dolorosa, todos han sido testigos de aquello, pero a nadie parece importarle lo más mínimo.
Continuará
-Yo no me esperaba lo del otro día. Ya me contaron. – dice sin dejar su expresión sonriente y despreocupada que ocupa su rostro desde que entró en la cafetería. - ¿Pensabas contármelo o simplemente dejarlo pasar, como si nada?
Zayn suspira y se pasa la mano por el pelo tratando de buscar alguna respuesta a su pregunta. Sonríe tímidamente temiendo una contundente bofetada o algo por es estilo y clava el codo en la mesa.
-La verdad… que no contaba con que ocurriera. Fue espontáneo, no sé muy bien por qué lo hice. – murmura.
Laura sonríe y asiente con ápice sarcástico.
-Qué gracia, ¿pero sabes lo peor? Que lo sabía hacía mucho tiempo, pero por algún extraño motivo no quise creerlo, pero esto me demuestra que tendría que haber confiado en lo que me pareció ver. ¿Por qué has sido tan cobarde?
El gesto amable de Laura queda desterrado por uno que roza entre el desprecio y la decepción. Zayn se limita a mirar su café como si ahí fuese a encontrar algo que le ayudase a salir de aquella situación, pero Laura no parecía por la labor de dejar aquel tema sin zanjar.
-Laura, yo…
-No. Tú nada, estoy muy cansada de oír lo mismo. – un suspiro inaugura de nuevo el silencio, cortante y frío. - ¿desde… desde cuando?
Su tono cambia de inmediato, ahora suena más como una niña pequeña decepcionada.
-Supongo que desde aquello en el ascensor. Al principio no quería reconocerlo, fue algo que pasó sin más, pero… - vacila un segundo y observa el sobrecogedor gesto de Laura, que parece romperse un poquito más a cada palabra que él dice, pero es algo que tiene que hacer, por el bien de los dos. Cerrar y pasar página. – Bueno, creo que sentía algo más que un beso por ella. Pero está con Harry y le quiere muchísimo, está claro, eso no puedo cambiarlo. Con lo cual me intenté alejar de ella.
-¿Y todo este tiempo me utilizaste para olvidarla? – murmura Laura.
-No, no, en absoluto. Al revés, traté de alejarte de mí, de dejarte ver que no era la persona con la que te mereces estar. Laura, de todos los que se reparten esta situación, puedo decirte que el que peor se siente soy yo.
Esta vez las palabras de Zayn sonaban distinto. No era el de siempre, no era el Zayn que siempre gastaba bromas y nunca hablaba en serio. Este era el Zayn sincero, el Zayn que hablaba con el corazón en la mano. Y sus ojos empañados por las lágrimas lo corroboraban.
Una vez más, el silencio. Pesado sobre los hombros de los presentes en aquella mesa, abrumados por las cartas que acababan de ponerse sobre la mesa. Realmente era algo que ya Laura sabía, pero necesitaba escucharlo de su propia boca. Sólo por si acaso.
-En ese caso, creo que ya está. Así acaba. – dice Laura sonriendo, aunque su tono suena más bien triste y afligido.
Zayn sonríe sin elevar la mirada y tuerce la cabeza dándole la razón a la castaña. Aquello sí que era un momento incómodo donde los haya.
-De todas maneras… Seguimos siendo amigos, ¿no? – murmura Zayn con un ápice de esperanza en sus palabras.
Laura asiente y recoge sus cosas aprisa.
-¿Dónde vas?
-A casa, necesito estar sola un rato. Un buen rato. – dice mientras su voz queda eclipsada por el ruido de la silla al moverse. – Adiós , Zayn.
-Ya nos veremos. – pronuncia él mirándola con afecto. Laura asiente de nuevo y la campanita de la puerta anuncia su marcha del local, donde no parece haber ocurrido nada, donde no parece haber acontecido una ruptura, silenciosa pero dolorosa, todos han sido testigos de aquello, pero a nadie parece importarle lo más mínimo.
Continuará
13/10/12
Capítulo 63
Era raro, pasar tanto tiempo con Niall. Además, me había presentado de improvisto y sin más él me había invitado a su casa. Sinceramente, le debía una.
Subo por las escaleras, todavía con la incomodidad en el cuerpo. Le miro y él me sigue sonriente por las escaleras. Al ser un primero, no hace falta coger el ascensor. Llegamos, y al abrir la puerta se respira un extraño y agradable olor a canela.
-¿Qué es eso que huele tan bien? – pregunto tomando aire profundamente.
Niall sonríe dulcemente y deja la leche en la encimera mientras se dirige a uno de los armarios de la cocina.
-Es una receta especial que preparaba mi madre, espera un poco. – dice sacando dos tazones enormes. Alzo una ceja y sonrío. ¿Me iba a preparar un tazón de leche? Ni que tuviera siete años… Aunque sinceramente no me parecía mal.
Habían pasado unos quince minutos, y había optado por sentarme en el sofá, aunque seguía mirando la estancia, nunca había estado ahí. Alzo la vista sorprendida por la proximidad de Niall, que lleva los dos tazones de antes, aunque esta vez humean.
-Vaya, esto si que es una sorpresa. – digo tomando uno de ellos. Echo un vistazo a su contenido con curiosidad, no sabía decir… - ¡Avena! ¡Avena con canela! Que rico…
Niall se ríe y me extiende una cuchara.
-Nada mejor para hablar que un tazón de avena calentita, ¿eh? –dice sentándose a mi lado y dando una profunda cucharada. Asiento y le imito. Está delicioso. - ¿Y bien? ¿De qué querías hablar?
De pronto se me evapora la sonrisa y la magia del momento se hace añicos. Ugh, por qué. Sabía que en algún momento tendría que sacar el tema, pero no quería hacerlo. Suspiro y me quedo mirando al suelo como si reluciera.
-¿Belén?
-Sí… el caso es que…
-Hmm, situación incómoda ¿eh? – dice recostándose. – Tranquila, no te juzgaré. – Le miro casi agradecida y esbozo una pequeña sonrisa. Después de meditar el principio unos minutos, me recuesto también en el amplio sillón y me paso la mano por el pelo. Niall no aparta la vista de mí.
-El caso es que tengo un dilema en la cabeza que no me deja vivir tranquila. Es como si… Como si todos quisieran decidir por mí, como si supieran lo que es mejor para mí. Pero, ¿qué saben ellos? – Digo al fin cerrando los ojos con fuerza.
-¿Cuál es ese dilema? – dice Niall. No había caído que él no sabía nada del tema de la carta.
-A ver, el otro día llegó una carta a casa, de la universidad de Edimburgo. – Niall se atraganta sonoramente y me mira sin parpadear.
-¿¡La universidad de Edimburgo!?
-N-no hagas eso, por favor. – digo arrugando la nariz con disgusto. Todos hacían lo mismo. – Como te decía, resultó que mi madre había mandado mi expediente ahí, para que al acabar el instituto, pues…
Niall hace un amago de hablar pero le corto con una sola mirada. Sabía lo que iba a decir, y no quería oírlo.
-La cosa es que todo el mundo dice “¡Dios mío, Belén! ¡Es una oportunidad que no puedes dejar escapar!” Pero… - suspiro de nuevo y miro a Niall. – No quiero. Porque escoger eso significa dejarlo todo aquí. A todos vosotros, mi vida… Todo. Y no podría hacerlo.
Niall parece preocupado. Suspira también y se vuelve a incorporar, me mira serio y un nudo se me forma en la garganta, conozco esa mirada. Era la misma que había empleado Harry para gritarme que tenía que largarme a esa universidad o que me llevaría a rastras hasta la estación.
-Bueno, la verdad que sí es un dilema bastante gordo. La verdad que sí… - dice Mirándome. Levanta la comisura de su boca, haciéndome sentir un poquito mejor. Era un comienzo bastante alentador. – Es cierto que sólo tú puedes decidir si vas o no, y lo que te digamos los demás en realidad no importa mucho, pero… Tienes que comprender a los demás, sobre todo a Harry. Eres su hermana pequeña, ¿Qué no haría por ti?
Sonrío con aire melancólico recordando hazañas de cuando éramos críos. Me hacía la vida imposible, pero cuando lloraba era él quien venía corriendo para ver qué me pasaba… Le miro y él continúa hablando, esta vez un poco menos serio.
-Además, es la universidad de Edimburgo, ahí no entra cualquiera. Es verdad también que es una oportunidad que no se presenta todos los días, y deberías pensar en tu futuro. – dice con tono burlón de padre y el dedo índice señalándome. Me río y el hace una pausa. – Pero claro… para ello tienes que hacer borrón y cuenta nueva. Nueva vida, nueva ciudad… pero, eh. Somos tus amigos, ¿Cómo nos íbamos a olvidar de ti?
-El tiempo. Eso lo dices ahora, pero ¿y cuando no podamos vernos en… meses? Aunque queramos, nunca volverá a ser lo mismo. Además, ¿cómo se lo digo a los demás? –le interrumpo preocupada.
-Si con los demás te refieres a Louis… - su deducción me pilla por sorpresa. Niall, sal de mi cabeza. – No le hagas caso. Si de verdad te quiere te apoyará sea cual sea tu decisión. Y por lo menos yo, prometo llamarte al menos una vez por semana, por si te mueres o algo. Y además, así podemos mover a esa panda de imbéciles que viven con el culo grapado a este pueblecillo. Los harás moverse un poco, y viajar de vez en cuando no está nada mal.
Sonrío y de pronto se hace el silencio. La mayoría de lo que acababa de decir era lo que necesitaba escuchar. Un empujoncito en la dirección correcta, no en mi decisión, si no en la de aclarar mi mente.
-¿De verdad lo crees? –digo en un hilo de voz. Niall asiente.
-Si no lo creyera no te lo diría. No tengo ninguna necesidad de mentirte. Todo saldrá bien, sea lo que sea lo que elijas.
Me incorporo de repente y dejando el tazón en la mesa, me lanzo al cuello de Niall rodeándolo fuerte con mis brazos.
-Gracias Niall.
Él se ríe y me frota la espalda.
-No tienes por qué darlas.
Definitivamente, le debía una.
Las casualidades estaban a la orden del día aquella tarde, y es que Zayn había salido a dar una vuelta por la ciudad cuando Laura, salía a buscar a Sam. Casualidades que ocurren cada equis tiempo, ambos encontraron sus miradas en uno de los miles de pasos de cebra que cruzaban sus caminos.
Laura mantiene la mirada firme a la par que Zayn la aparta como si no huebiera visto nada.
“Cobarde.” Piensa Laura mientras espera a que pase por su lado para llamar su atención.
-Hey. – dice sonriente. La reacción de la muchacha deja algo confuso a Zayn. Se esperaba un puñetazo, o una mirada de asco profundo, pero aquello le había pillado por sorpresa.
-H-hola. – le saluda con un hilo de voz. Para cuando quiere darse cuenta, se encuentra andando en el mismo sentido que la morena. Suponiendo que le vendría bien resolver unos cuantos temas abiertos, propone algo que descoloca esta vez a Laura. - ¿Te apetece un café, o algo?
Ella alza la ceja y asiente intrigada ante la propuesta.
María suspira por tercera vez mientras mira de reojo a Harry, que sigue de pie en mitad del salón.
Louis espera a escuchar la historia, algo intrigado y preocupado por el gesto que ambos muestran, ¿qué pasaba?
-Verás… El caso es que Belén tiene una decisión entre manos que le está causando un gran dilema… - comienza Harry. – la verdad es que…
-Han enviando una carta de la universidad de Edimburgo aceptándola en el próximo curso. – completa María mirándole con poca expresión.
El rostro de Louis se volvió inexpresivo al instante. A María le recordó a lo que ella había sentido hacía un momento. Las palabras intentaban salir, decir algo coherente, o algo simplemente, pero sentía como si le hubiesen cortado el oxígeno de golpe.
-Desde… ¿cuando? Por qué… No, no puede ser. – dice en voz baja.
Harry se acerca a él con gesto compasivo y le pone una mano en el hombro para intentar consolarlo. Pero eso no bastaba para él. No estaba triste, no era eso lo que sentía, sino una rabia que crecía a medida que pasaba el tiempo.
-¿Por qué no me había dicho nada? ¡Se supone que estábamos bien! – Louis aprieta el puño y mira a Harry sin saber como reaccionar.
-Relájate, Louis. Todavía no sabe que decidir, necesitaba tiempo… - dice María en mi defensa.
-¡Y yo que confiara en mí! -El silencio se apodera del resto de la conversación, que pronto se da por finalizada.
El amargo sabor a decepción fue lo único que quedó en la sala, a parte de la presencia de Harry y María.
-Creo que… me voy. No pinto nada aquí. – pronuncia en voz baja María mirando a Harry. Sin esperar respuesta alguna cruza la puerta, dejando a Harry sólo y algo abatido después de todo aquello.
Subo por las escaleras, todavía con la incomodidad en el cuerpo. Le miro y él me sigue sonriente por las escaleras. Al ser un primero, no hace falta coger el ascensor. Llegamos, y al abrir la puerta se respira un extraño y agradable olor a canela.
-¿Qué es eso que huele tan bien? – pregunto tomando aire profundamente.
Niall sonríe dulcemente y deja la leche en la encimera mientras se dirige a uno de los armarios de la cocina.
-Es una receta especial que preparaba mi madre, espera un poco. – dice sacando dos tazones enormes. Alzo una ceja y sonrío. ¿Me iba a preparar un tazón de leche? Ni que tuviera siete años… Aunque sinceramente no me parecía mal.
Habían pasado unos quince minutos, y había optado por sentarme en el sofá, aunque seguía mirando la estancia, nunca había estado ahí. Alzo la vista sorprendida por la proximidad de Niall, que lleva los dos tazones de antes, aunque esta vez humean.
-Vaya, esto si que es una sorpresa. – digo tomando uno de ellos. Echo un vistazo a su contenido con curiosidad, no sabía decir… - ¡Avena! ¡Avena con canela! Que rico…
Niall se ríe y me extiende una cuchara.
-Nada mejor para hablar que un tazón de avena calentita, ¿eh? –dice sentándose a mi lado y dando una profunda cucharada. Asiento y le imito. Está delicioso. - ¿Y bien? ¿De qué querías hablar?
De pronto se me evapora la sonrisa y la magia del momento se hace añicos. Ugh, por qué. Sabía que en algún momento tendría que sacar el tema, pero no quería hacerlo. Suspiro y me quedo mirando al suelo como si reluciera.
-¿Belén?
-Sí… el caso es que…
-Hmm, situación incómoda ¿eh? – dice recostándose. – Tranquila, no te juzgaré. – Le miro casi agradecida y esbozo una pequeña sonrisa. Después de meditar el principio unos minutos, me recuesto también en el amplio sillón y me paso la mano por el pelo. Niall no aparta la vista de mí.
-El caso es que tengo un dilema en la cabeza que no me deja vivir tranquila. Es como si… Como si todos quisieran decidir por mí, como si supieran lo que es mejor para mí. Pero, ¿qué saben ellos? – Digo al fin cerrando los ojos con fuerza.
-¿Cuál es ese dilema? – dice Niall. No había caído que él no sabía nada del tema de la carta.
-A ver, el otro día llegó una carta a casa, de la universidad de Edimburgo. – Niall se atraganta sonoramente y me mira sin parpadear.
-¿¡La universidad de Edimburgo!?
-N-no hagas eso, por favor. – digo arrugando la nariz con disgusto. Todos hacían lo mismo. – Como te decía, resultó que mi madre había mandado mi expediente ahí, para que al acabar el instituto, pues…
Niall hace un amago de hablar pero le corto con una sola mirada. Sabía lo que iba a decir, y no quería oírlo.
-La cosa es que todo el mundo dice “¡Dios mío, Belén! ¡Es una oportunidad que no puedes dejar escapar!” Pero… - suspiro de nuevo y miro a Niall. – No quiero. Porque escoger eso significa dejarlo todo aquí. A todos vosotros, mi vida… Todo. Y no podría hacerlo.
Niall parece preocupado. Suspira también y se vuelve a incorporar, me mira serio y un nudo se me forma en la garganta, conozco esa mirada. Era la misma que había empleado Harry para gritarme que tenía que largarme a esa universidad o que me llevaría a rastras hasta la estación.
-Bueno, la verdad que sí es un dilema bastante gordo. La verdad que sí… - dice Mirándome. Levanta la comisura de su boca, haciéndome sentir un poquito mejor. Era un comienzo bastante alentador. – Es cierto que sólo tú puedes decidir si vas o no, y lo que te digamos los demás en realidad no importa mucho, pero… Tienes que comprender a los demás, sobre todo a Harry. Eres su hermana pequeña, ¿Qué no haría por ti?
Sonrío con aire melancólico recordando hazañas de cuando éramos críos. Me hacía la vida imposible, pero cuando lloraba era él quien venía corriendo para ver qué me pasaba… Le miro y él continúa hablando, esta vez un poco menos serio.
-Además, es la universidad de Edimburgo, ahí no entra cualquiera. Es verdad también que es una oportunidad que no se presenta todos los días, y deberías pensar en tu futuro. – dice con tono burlón de padre y el dedo índice señalándome. Me río y el hace una pausa. – Pero claro… para ello tienes que hacer borrón y cuenta nueva. Nueva vida, nueva ciudad… pero, eh. Somos tus amigos, ¿Cómo nos íbamos a olvidar de ti?
-El tiempo. Eso lo dices ahora, pero ¿y cuando no podamos vernos en… meses? Aunque queramos, nunca volverá a ser lo mismo. Además, ¿cómo se lo digo a los demás? –le interrumpo preocupada.
-Si con los demás te refieres a Louis… - su deducción me pilla por sorpresa. Niall, sal de mi cabeza. – No le hagas caso. Si de verdad te quiere te apoyará sea cual sea tu decisión. Y por lo menos yo, prometo llamarte al menos una vez por semana, por si te mueres o algo. Y además, así podemos mover a esa panda de imbéciles que viven con el culo grapado a este pueblecillo. Los harás moverse un poco, y viajar de vez en cuando no está nada mal.
Sonrío y de pronto se hace el silencio. La mayoría de lo que acababa de decir era lo que necesitaba escuchar. Un empujoncito en la dirección correcta, no en mi decisión, si no en la de aclarar mi mente.
-¿De verdad lo crees? –digo en un hilo de voz. Niall asiente.
-Si no lo creyera no te lo diría. No tengo ninguna necesidad de mentirte. Todo saldrá bien, sea lo que sea lo que elijas.
Me incorporo de repente y dejando el tazón en la mesa, me lanzo al cuello de Niall rodeándolo fuerte con mis brazos.
-Gracias Niall.
Él se ríe y me frota la espalda.
-No tienes por qué darlas.
Definitivamente, le debía una.
Las casualidades estaban a la orden del día aquella tarde, y es que Zayn había salido a dar una vuelta por la ciudad cuando Laura, salía a buscar a Sam. Casualidades que ocurren cada equis tiempo, ambos encontraron sus miradas en uno de los miles de pasos de cebra que cruzaban sus caminos.
Laura mantiene la mirada firme a la par que Zayn la aparta como si no huebiera visto nada.
“Cobarde.” Piensa Laura mientras espera a que pase por su lado para llamar su atención.
-Hey. – dice sonriente. La reacción de la muchacha deja algo confuso a Zayn. Se esperaba un puñetazo, o una mirada de asco profundo, pero aquello le había pillado por sorpresa.
-H-hola. – le saluda con un hilo de voz. Para cuando quiere darse cuenta, se encuentra andando en el mismo sentido que la morena. Suponiendo que le vendría bien resolver unos cuantos temas abiertos, propone algo que descoloca esta vez a Laura. - ¿Te apetece un café, o algo?
Ella alza la ceja y asiente intrigada ante la propuesta.
María suspira por tercera vez mientras mira de reojo a Harry, que sigue de pie en mitad del salón.
Louis espera a escuchar la historia, algo intrigado y preocupado por el gesto que ambos muestran, ¿qué pasaba?
-Verás… El caso es que Belén tiene una decisión entre manos que le está causando un gran dilema… - comienza Harry. – la verdad es que…
-Han enviando una carta de la universidad de Edimburgo aceptándola en el próximo curso. – completa María mirándole con poca expresión.
El rostro de Louis se volvió inexpresivo al instante. A María le recordó a lo que ella había sentido hacía un momento. Las palabras intentaban salir, decir algo coherente, o algo simplemente, pero sentía como si le hubiesen cortado el oxígeno de golpe.
-Desde… ¿cuando? Por qué… No, no puede ser. – dice en voz baja.
Harry se acerca a él con gesto compasivo y le pone una mano en el hombro para intentar consolarlo. Pero eso no bastaba para él. No estaba triste, no era eso lo que sentía, sino una rabia que crecía a medida que pasaba el tiempo.
-¿Por qué no me había dicho nada? ¡Se supone que estábamos bien! – Louis aprieta el puño y mira a Harry sin saber como reaccionar.
-Relájate, Louis. Todavía no sabe que decidir, necesitaba tiempo… - dice María en mi defensa.
-¡Y yo que confiara en mí! -El silencio se apodera del resto de la conversación, que pronto se da por finalizada.
El amargo sabor a decepción fue lo único que quedó en la sala, a parte de la presencia de Harry y María.
-Creo que… me voy. No pinto nada aquí. – pronuncia en voz baja María mirando a Harry. Sin esperar respuesta alguna cruza la puerta, dejando a Harry sólo y algo abatido después de todo aquello.
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