Días después, como la calma que precede a la tempestad todo sigue tal cual había quedado desde entonces. Una telilla de nostalgia y tristeza cubría todo Norwich, como queriendo decir adiós al verano definitivamente.
Septiembre entraba con ganas, quedaban a penas tres semanas para empezar el curso y yo seguía, tumbada en la cama, el hilo de la sábana como si el tiempo no pasara. Y el reloj lo desmentía, eran las diez y cuarto de un sábado raro, nublado y muy raro.
-¿Estás despierta? – murmura una voz detrás de la puerta, antes de abrirse unos centímetros. Harry enfoca sus grandes ojos verdes para encontrarme con los brazos en alto y un ojo medio cerrado. Sonríe con un ápice de tristeza y abre un poco más la puerta. - ¿Se puede?
-Pasa. – murmuro incorporándome. – Nunca entras en mi cuarto, sólo para gritarme cosas… ¿Qué te pasa?
Harry se sienta en la cama con los hombros caídos y me despeina de repente.
-¿Es que no puede uno entrar a ver a su hermanita?
La sonrisa rota de mi hermano me da que pensar. De pronto me viene a la cabeza la situación que dejé a medias, aquellos dos se habían quedado solos cuando yo me fui en un arranque de ira. Ellos… y Louis.
Suspiro y me acerco a él aferrándome a las mantas. Harry no para de mirar al suelo.
-¿Qué pasa? Quiero decir… ¿qué pasó? – pregunto en voz baja
Harry sonríe sin mirarme, como buscando en sus memorias un momento que poder contar, algo que ocurrió de veras y no en su cabeza.
-Nada. – dice finalmente. – Está bien, tranquila, sólo estoy cansado.
-Sabes que a mí no me engañas. Sabrás mentir todo lo bien que quieras, pero a mí no me la das. – digo pegándole un suave puñetazo en el hombro.
-Estoy cansado, creo. – dice su voz parece temblar al final de la frase. – Cansado de todo.
Sonrío de forma compasiva y le abrazo.
-¿Te acuerdas cuando todavía estábamos en el instituto? Quiero decir, cuando tú, Liam y Louis todavía estabais en el instituto, cuando nosotras casi acabábamos de entrar ahí – digo mirándole. – Me acuerdo que estaba aterrorizada
Ambos nos reímos, y de pronto hay un breve silencio.
-También recuerdo que Louis y tú no hacíais más que meteros en líos, y Liam siempre tenía que sacaros de todas.
Harry ríe más alto esta vez y señala que alguna vez también había sido al revés.
-Pero, de lo que más me acuerdo es del brillo que tenía en la mirada cada vez que te veía aparecer por la puerta. – digo perdiendo la mirada en el cristal. Sonrío y miro la reacción de mi hermano.
-¿Q-quién? – dice en un hilo de voz. Sonrío y ladeo la cabeza.
-¿Quién va a ser, idiota? – me destapo un poco y me levanto de un respingo para llegar de un bote a la cómoda blanca que descansa en una esquina de mi habitación. Abro uno de los cajones y busco algo que quiero enseñarle, no tardo mucho en encontrarlo. Vuelvo a la cama con un libro entre las manos. Busco una de las páginas, y ahí estaba. – Míralos, parecemos tontos.
En la página aparecía una foto de los seis, Louis, Liam Harry, María, Laura y yo. Parecía una foto antigua, y lo era. Recuerdo que fueron unas vacaciones, en el jardín de Liam. En ella se apreciaba como todos nos agrupábamos torpemente para hacer la foto, mientras todos salíamos poniendo caras, sonriendo o mirando para otro lado, María parecía abstraída, como encandilada.
-Te estaba mirando. – digo de pronto señalándola. – Si después de todo lo que me ha contado sobre ti, después de esto -digo golpeando el dedo en la foto. – sigues diciendo que no te quiere, te apalearé hasta que ruegues por tu vida, ¿me oyes?
Harry no reaccionaba, estaba como ido, como si se le hubiera esfumado la capacidad de hablar. Sólo miraba la foto, como si acabara de descubrir un valioso tesoro, como si atara cabos mentalmente.
-¿Sabes de qué otra cosa me acuerdo muy bien? – Digo sonriendo de lado – Del baile de fin de curso.
De pronto levanta la cabeza del libro como un resorte y me mira con los ojos bien abiertos, casi da miedo.
-El baile… - repite en voz baja.
Asiento, él también lo recuerda.
-Cuando después de armarse de valor para pedirte un baile, tú te fuiste porque Kristen no hacía más que llamarte y no se te ocurrió otra cosa que decirle que al final de la fiesta bailarías con ella. – suspiro y bajo la mirada. – me rompió el corazón verla sentada en aquel banco, aun cuando ya se había ido todo el mundo. Creo que es algo que nunca ha olvidado, puede que te haya perdonado pero…
La cara de Harry parece una esquela. Está pálido y me mira horrorizado.
-¿Entonces…? ¿Crees que es por eso?
Niego con la cabeza y le miro.
-No creo que siga pensando en ello, pero inconscientemente, quizá crea que… bueno, que le vuelvas a dejar plantada en mitad de la fiesta, ¿sabes? Quizá no quiera confiar en ti al cien por cien, porque cree que le volverá a pasar lo mismo que aquella vez.
Harry respira hondo, como si le faltara el aire. No era la primera vez que lo pensaba, pero nunca había tenido el momento oportuno para decirle todo aquello, por una parte porque siempre había pensado que eran cosas mías.
-Por eso tú desconfiabas también de ella, porque estaba distante. Creías que era porque no te quería. Yo creo que tiene miedo. – le paso la mano por la espalda para reconfortarle. – Pero tranquilo.
-¿Cómo quieres que esté tranquilo? ¡Ni siquiera se me había pasado eso por la cabeza!
-¡Eh! Es sólo una suposición. – digo frunciendo el ceño. – Pero tengo una idea brillante.
Sonrío de oreja a oreja y Harry alza una ceja ante mi comentario.
-¿Qué idea?
No hay comentarios:
Publicar un comentario