Sonrío y me levanto del todo con las pilas repentinamente recargadas.
-Te lo cuento por el camino. Vístete, no tenemos tiempo que perder.
-¿Por el camino, a dónde?
-¡Deja de preguntar y hazme caso por una vez! – digo cogiéndole del brazo y haciéndole levantar de malas maneras.
-Vale, vale. No te pongas así, pequeña gruñona.
Sonrío todavía con el ceño algo fruncido y le hago aspavientos para que salga de la habitación. Me visto con lo primero que pillo y salgo al pasillo para encontrármelo en el pasillo esperando
-Qué velocidad. ¡Vámonos pues! – digo cogiéndole de la mano y dándole un tirón hasta la puerta. Harry se tropieza pero mantiene el ritmo.
Ah, la calle. Realmente el día era extraño, pero adoraba aquel tiempo. A Harry no parece gustarle demasiado, por la cara que pone. Lo ignoro y me pongo en marcha hacia donde sólo yo sé.
-¿Cuándo vas a contarme dónde vamos? Y lo más importante, ¿para qué?
Me río con un ápice de malicia y le cojo del brazo.
-Querido hermanito mío, estás a punto de descubrirlo. –digo señalando un edificio blanco, no muy alto, que parece haber pasado muchos años a la intemperie. Bajo las ventanas, un letrero verde, mal pintado y algo viejo al igual que la puerta y el letrero de abierto.
-Es… Es una…tienda de ropa. De ropa a medida.
-Jo, tú solito, que bien. – digo haciendo un homenaje a la más grande de las ironías
–Vamos, no te quedes ahí.
Al llegar, abro la puerta de inmediato y las campanillas me recuerdan a aquel día…
Sacudo la cabeza y me inmiscuyo dentro de la pequeña salita que emana un aroma a canela y a máquina de coser. Sonrío al instante al reconocer a la señora mayor que al escuchar la campanilla echa la mirada por encima de las gafas.
-Buenos días. – digo con tono melodioso. No estaba muy segura si se acordaba de mí.
-¡Querida! – exclama de pronto. – Cuanto tiempo, pasa, pasa. ¿Quién es este apuesto caballero.
-Oh… ¿se acuerda de mí? – pregunto algo sorprendida. Hacía bastante que había pasado por ahí. – Es… es mi hermano, Harry.
-¡Claro que me acuerdo de ti! La pequeña Alicia. – dice sonriente. – No hay mucha gente que se pase por aquí, y de los pocos que entran me acuerdo de la mayoría, ¡tampoco estoy tan mayor! – ríe colocándose las gafas mientras se acerca. - ¿Qué os trae por aquí?
-Necesitamos un traje. –digo de sopetón, lo cual hace que Harry emita un gruñido de sorpresa. – Bueno, necesita.
Ambos me miran en silencio con la sorpresa pintada en la cara.
-Bien, vamos a ver que tengo por ahí… - dice mientras se adentra en el almacén tras una cortina de piedrecitas.
Al darme la vuelta, la mirada asesina de Harry me sorprende.
-¿Un traje? – dice Harry arqueando una ceja
Asiento sonriente y saco un papel del bolsillo de mi chaqueta, ya dicen que vale más una imagen que mil palabras. Harry toma con cuidado la foto y la mira como si volviera de pronto al pasado.
-Es del baile… - dice sin apartar la vista de la foto. De pronto parece atar cabos sueltos. - ¿Quieres qué…?
Asiento enérgicamente y sonrío todavía más ampliamente, parece que lo ha cogido a la primera. De pronto Harry sonríe también y se me acerca de forma repentina rodeándome con sus brazos y apretándome contra su pecho con la fuerza de un oso.
-Eres un maldito genio, enana. – dice dándome un beso en la cabeza. Trato de separarme, me falta el oxigeno.
-Vale, vale, ya lo sé. – digo riéndome, volviendo a respirar. – No hace falta que me deis las gracias. Menos mal que os aprecio… ¿eh?
En ese preciso momento aparece Debbie, la dependienta, con lo que parecen unos cuantos trajes. Muy bonitos.
-¡Vaya! Que maravilla – digo fascinada. –Vamos, métete ahí dentro.
Harry se lleva la mano a la frente como si fuera un soldadito y a ambos nos entra la risa tonta.
Uno tras otro los trajes van pasando por el probador y posteriormente por el criterio de las dos damas que estábamos en la sala, cuando de pronto…
-Vaya… - dejo escapar casi sin darme cuenta en cuanto Harry sale del probador. – Mírate…
Debbie sonríe complacida y se lleva las manos entrelazadas al pecho.
-¿Qué pasa? ¿os gusta? – dice Harry dando una vuelta.
Quién iba a decir que aquel color azul marino, con aquella camisa blanca tan simple y es corbata granate le iba a quedar tan bien. Mi hermano parecía un completo caballero.
Asiento en silencio y vuelvo la mirada hacia Debbie, que sigue igual de sonriente.
-Nos lo quedamos. – digo de pronto ajustándole la corbata. – cámbiate, tenemos más cosas que hacer.
Harry vuelve a asentir firmemente imitando a militar y vuelvo a reírme. De pronto mi móvil comienza a sonar, lo saco del bolsillo con calma, pero al ver quién es el que llama, las manos me empiezan a temblar.
Le hago un gesto a Debbie, y salgo de la tienda, intentando mantener la calma.
-¿Sí? – digo alegremente. Pero sólo se oye una respiración agitada.
-¿Belén? ¿Puedo hablar contigo? –dice la firme voz de Louis
-C-claro… ¿Qué pasa?
-¿Qué que pasa? ¡Sabes muy bien lo que pasa! – exclama algo agitado. Empiezo a preocuparme, de veras no tengo ni idea de lo que está hablando. Se le escucha respirar hondo y segundos después continua hablando, un poco más calmado, espero… - Belén, ¿por qué no me lo dijiste?
De pronto noto como mi corazón se para en seco y vuelve a latir con fuerza al momento provocándome un profundo pinchazo en el pecho. No podía ser. No se lo había dicho, a no ser qué…
Entonces lo recuerdo. Cuando me fui, Louis estaba ahí, y Harry y María también. Mierda, mierda, mierda.
-Louis, yo… - tomo aire y reorganizo mis pensamientos lo más rápido que puedo. – Todavía no tenía nada pensado, no quería que nadie lo supiera y…
-Joder, pensaba que confiabas en mí. Podría haberte ayudado, pero preferiste ocultármelo ¿no? Genial… - dice. Por su tono parece muy decepcionado, y eso me parte en dos.
-Y confío en ti, pero… Louis, por favor, entiéndelo. Necesitaba tiempo para pensarlo yo sola. No podía ir anunciándolo por ahí porque sabía perfectamente que todos os pondríais a gritarme lo estupenda que es esa oportunidad para mí… Pero es una decisión mía
-Estupendo entonces. Que te vaya bien en Edimburgo, a ti a tus queridas decisiones. – dice como última frase, después, sólo unos cortos pitidos rompen el silencio que rebota en mis oídos.
No sé como reaccionar, no sé ni siquiera muy bien lo que ha pasado. ¿Qué había hecho mal? ¿Por qué se ponía así conmigo por semejante cosa?
Veo a Harry que me saluda por la puerta con una bolsa en la mano y mi chaqueta en otra. Me acerco, tomando aire y abro la puerta con sosiego.
-¿Qué hacías? – dice poniéndose su chaqueta.
-Hablar por teléfono. ¿Nos vamos?
Le miro algo distante. El ánimo se ha ido de mi cuerpo de cuajo y eso que hacía a penas unos minutos estaba como si nada…
-¿Te encuentras bien? – pregunta Harry colocándose bien la camiseta.
-¿Eh? S-sí… Estoy bien.
-Venga ya, es imposible que en un minuto hayas pasado de estar contenta a no decir ni una palabra. No te pega. ¿Quién era?
-Nadie. – digo en tono cortante. – Ya está, Harry, no me agobies. No quiero hablar de ello.
Harry suspira exasperado y se da la vuelta para coger la chaqueta.
-Sabes que te seguiré preguntando todo el camino hasta que me lo digas. – dice revolviéndome el pelo por tercera vez en el día. – Y además vivo en la misma casa que tú, así que prepárate.
Suspiro y vuelvo a dejar el teléfono en el bolsillo. Una vez fuera, el sol se asoma entre las nubes como si tuviera vergüenza de dejarse ver. Pero ya no tengo ganas de ver al sol, ni al sol ni a nadie.
-Vamos, dime que ha pasado.
-Déjalo ya, ¿quieres?
Y la conversación termina ahí, ni siquiera me digno a mirarle a la cara antes de seguir andando.
Asdfghjkl
ResponderEliminarQue buena eres joder *-*
Me ha encantaaaaaaaaaaaaaaaaado! Pobre Louis, estoy un poco de su parte, la verdad... Jajajajajjaja
Espero el siguienteeeeeeeeee!
Te quiero <3