Alzo la vista y veo a un perfecto idiota parado ahí mismo contemplándome como si se le hubiera aparecido un ángel. Aparto la mirada, sus brillantes ojos azules me provocan escalofríos.
-¡No, no, no! – dice Niall recogiendo todas nuestras pertenencias. – Todo esto ahí, ¿es que no me escucháis cuando hablo?
Liam se echa a reír. Salgo de la burbuja y sigo a Niall, que va hablando como si no hubiera mañana.
Harry se queda a echar un vistazo a la decoración de la casa, la han dejado muy bien. Hay una bolsa con confeti, serpentinas y trompetillas, y al lado otra con gafas y diademas con el año escrito. Sonríe y mira de nuevo a su alrededor.
Louis comprende, al ver que este no le saluda, que ha llegado a sus oídos todo lo ocurrido. Siente como si le hubieran apretado 3 agujeritos el cinturón. Sí, definitivamente eran remordimientos.
-Harry, ¿qué tal? – saluda como si no hubiera pasando nada y le extiende la mano.
Pero él no responde, le mira esperando algo más que un triste saludo. Louis retrocede y mira al suelo.
-Mira, yo… no era mi intención.
-Ya has hecho bastante, ¿no crees? – le espeta de pronto. – Te lo dije, te lo repetí cientos de veces y aun así lo has terminado haciendo. ¿Quieres que te aplauda?
Louis siente un nudo en la garganta, no sabe que decir, no tiene un argumento al que agarrarse.
-De todas formas esto no va a quedar así. No sabes lo que es ver llorar a tu hermana porque un imbécil no sabe valorar lo que tiene. Te has lucido, tío.
Harry se adentra en la cocina e intenta calmarse un poco.
Mientras, Louis no sabe como actuar ni por donde salir. Está entre la espada y la pared, por un lado ni siquiera me digno a dirigirle la palabra, y ahora encima uno de sus mejores amigos se había cabreado con él.
Aunque no podía negar que tuviera sus motivos. Y bastante gordos.
Liam, Niall, Harry y yo estamos en la cocina tomando algo. María no se ha dejado ver todavía.
-No sé como lo hago, Liam, pero cada vez que vengo a tu casa acabo con la boca llena de pelos… - comenta Niall.
Todos los de la sala no podemos evitar pensar de forma perversa y estallamos en carcajadas.
-¡Eh! Desde luego… tan jóvenes y ya con la mente tan echa polvo. – se defiende mientras se le escapa una risilla.
-Creo que esto ya está. – dice Liam sacando la bandeja del horno. Tiene un olor delicioso.
Harry acerca el dedo para probar y le abofeteo la mano.
-Hasta la cena nada, mequetrefe. – le digo como si fuera su madre.
Casi era la hora de cenar, María no aparece por ningún lado, ¿Dónde se habrá metido?
Louis no para de lanzarme miraditas y de intentar llamar mi atención. Enciendo la tele para distraerme un poco. No sale otra que cosa que presentadores vestidos de gala con una copa de champán en la mano y el reloj del Big Ben de fondo.
-Woah, que bonito. – digo en voz baja. – me gustaría poder verlo por dentro…
-Sólo son maquinarias y engranajes, ¿para qué quieres verlo por dentro? – comenta Harry mirándome raro.
-¡Cállate!
De pronto se oyen tres toquecitos en la puerta. Sonrío y me giro, ya sé quién es. Louis abre la puerta y de ella aparece María, está deslumbrante
Me llevo las manos a la boca y reprimo un grito de sorpresa. Lleva un precioso vestido color burdeos con un lazo negro atado a la cintura. El vestido le deja enseñar un hombro, lleva solamente una manga, que cae hasta medio brazo.
-Dios. Mío. – digo alabando su atuendo. Desde luego estaba pensando en que me lo dejará algún día.
-¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué llevo? ¡Decid algo! – empieza ella mirándose entera.
Me levanto de un salto y comienzo a inspeccionarla como si no fuera real. María está nerviosa.
-Harry, ¿te importa dejar de babear? Le vas a mojar el sofá a Liam. – digo sin mirarle. – Te arrancaría el vestido ahora mismo, pero es demasiado bonito. Estás preciosa.
Le doy un fuerte abrazo y la guío hasta la habitación donde están todos los abrigos y al cual nos ha mandado Niall con la mirada fija.
30/12/11
Capítulo 23
24 y 25 de diciembre. Todos se habían reunido en familia para celebrarlo.
Harry no paraba de hablar de los propósitos de año nuevo mientras rodeaba la casa como si fuera un león enjaulado. Cuando ya los había repetido más de 3 veces, dejamos de escucharle.
El 25 fue un día muy tranquilo, los niños jugaban en la calle con toda la nieve que había caído por la noche y con sus juguetes nuevos que Papa Noel les había traído. En casa, nada fuera de lo normal, quizás algún que otro árbol de navidad medio roto de los años y las luces que lo adornaban, alguna que otra fundida, y las bolas y muñequitos que colgaban de él, también un poco desgastados.
Cenamos con toda la familia, aunque no fue algo muy divertido, nos pusimos al día. Acabé reventada y caí rendida en la cama cual Felipón.
Al día siguiente, recibo un mensaje de Niall. Habían preparado una fiestecilla de año nuevo. Le contesto, aunque no tenía muchas ganas de verle la cara a Louis, que acudiría gustosamente.
Ese día, recibo otro mensaje de Louis. Me quedo helada, no sabía simplemente si abrirlo. Lanzo el móvil sobre la cama y me voy de la habitación, no quiero saber absolutamente nada.
-Bee, es María, está abajo en el portal, no le ha hecho mucha gracia que le cogiera el recado, pero… - dice Harry sonriendo. – ha sido escuchar a mamá decir que era ella y… bueno… - se pasa la mano por la nuca tímidamente y planta la mirada en el suelo.
-Mira que eres bobo. – le digo revolviéndole el pelo. – Ahora bajo.
¿Por qué estaría en la puerta? No habíamos quedado ni nada…
Le abro la puerta y la espero en las escaleras con una chaqueta por encima. Ella sube un poco alterada, retuerce su gorro entre las manos, definitivamente está nerviosa.
-¿Qué pasa? ¿Estás bien? – le pregunto.
-H-hola… ¿Puedo hablar contigo? Es que…
Cojo las llaves que hay encima de la mesita a la entrada y cierro la puerta. Me siento en las primeras escaleras. Le hago un gesto para que se siente a mi lado.
-Verás… es que, bueno, iba por la calle esta donde está el parque en frente de mi casa, - comienza sentándose a mi lado. – y bueno, primero pensaba que no era él pero… sí, sí que era él y… Dios, lo siento…
-María, por Dios, suéltalo que me tienes con el corazón en un puño.
-Louis. – me dice con un gesto de preocupación. – E-estaba en el parque, con una chica que creo que conozco… Lara, se llama. De verdad que no tenía ni idea…
Harry tenía razón, cada dos días cambia. La última vez le había visto con Jade, una compañera de clase, ni siquiera la culpo por ello. Y de pronto ya tiene otra presa. Y desde luego que no hay otro adjetivo mejor que ‘presa’
Suspiro y aparto la mirada. Lo cierto es que ya lo sabía, pero María no. No le había dicho nada y me sentía bastante mal por ello. Era mi mejor amiga y ni siquiera sabía todo aquello.
-Bueno… - digo clavando la mirada en el suelo. – te va a sonar gracioso, pero ya lo sabía. Harry me lo avisó, y el otro día en la biblioteca… bueno, le vi besándose con Jade, y… bueno, d-discutimos el otro día en la pista, ni siquiera se dio cuenta de que estaba ahí…
Una gota resbala por mi nariz hasta estrellarse contra el suelo. Cuando me doy cuenta me incorporo, finjo una sonrisa y me seco las pequeñas gotas con la manga.
-¿Por qué no me dijiste nada? – dice María rodeándome con las brazos.
-Venga ya, ya tenías suficiente con lo del patán de mi hermano. – sonrío. – como para que te preocuparas por más cosas…
María suspira y apoya la cabeza entre las manos.
-Ni si quiera sé por qué me afecta de esta manera, no teníamos nada, sólo… sólo me dio un beso una vez, y desde entonces… Dios… -suspiro.
María pasa suavemente la mano por mi espalada y sonríe.
-Tíos. – dice con voz suave. – todos iguales.
Cuando dice eso me viene algo a la cabeza. La miro y abro la boca para hablar, pero estando así prefiero callarme, mejor en otro momento. Sonrío en vez de decir nada y vuelvo a mirar al suelo.
31 de diciembre. Niall no para de freírme a llamadas mientras me paso el rímel por las pestañas.
-¡Harry! ¡¿Pues coger el maldito teléfono y decirle a Niall por quincuagésima vez que faltan tres cuartos de hora para que lleguemos!? Me está poniendo histérica…
-Vaaaaaaaaaale, no te pongas así. – dice cogiéndolo. - ¿Niall?
Vuelvo a lo mío y me pongo mi vestido negro. Me encantaba ese vestido, tenía un poco de vuelo en la falda, cuello poco abierto y de media manga. Llevaba unas medias que llegaban más arriba de las rodillas, pero no eran enteras. Y para terminar unos zapatos de tacón negros con un pequeño lacito a un lado.
Llevo la melena suelta y ondulada a ambos lados, parece a ver crecido bastante desde que iba a 4º de eso, de hecho me llega casi hasta por debajo del pecho.
-¿Qué tal estoy? – le digo a Harry.
-Wow. – dice mirándome de arriba abajo. – Wow y eso que eres mi hermana, wow.
Me río y le doy en el hombro. Harry opta por unos pantalones vaqueros moderadamente ajustados, unas converse en negro y una camiseta blanca con uno de los botones desabrochados. Encima lleva una americana color granate que le sienta muy bien.
-¿Estamos listos, entonces? – pregunta echando mano de sus llaves.
-Listos. – digo cogiendo el bolso.
Nos ponemos los abrigos y vamos derechos a casa de Liam.
-Vamos a acabar teniendo que pagar pensión en esa casa. – comento de camino.
Harry se ríe y mira el móvil. Vamos con 5 minutos de retraso, Niall tiene que estar subiéndose por las paredes.
María había decidido ir directa a casa de Liam, no quería encontrarse tan pronto con Harry, no tenía muchas ganas de verle.
Al llegar llamo tres veces y Liam asoma su rizada melena por la puerta, también está muy elegante.
-Pasad, pasad. – dice dejándonos paso. - ¡Niall! ¡Ya están aquí!
-¡Menos mal! - dice irritado, parece fusilarnos con la mirada
Sonrío con un gesto de culpabilidad y dejo mi abrigo en el perchero.
-Vaya… - dice una voz al fondo de la sala.
Harry no paraba de hablar de los propósitos de año nuevo mientras rodeaba la casa como si fuera un león enjaulado. Cuando ya los había repetido más de 3 veces, dejamos de escucharle.
El 25 fue un día muy tranquilo, los niños jugaban en la calle con toda la nieve que había caído por la noche y con sus juguetes nuevos que Papa Noel les había traído. En casa, nada fuera de lo normal, quizás algún que otro árbol de navidad medio roto de los años y las luces que lo adornaban, alguna que otra fundida, y las bolas y muñequitos que colgaban de él, también un poco desgastados.
Cenamos con toda la familia, aunque no fue algo muy divertido, nos pusimos al día. Acabé reventada y caí rendida en la cama cual Felipón.
Al día siguiente, recibo un mensaje de Niall. Habían preparado una fiestecilla de año nuevo. Le contesto, aunque no tenía muchas ganas de verle la cara a Louis, que acudiría gustosamente.
Ese día, recibo otro mensaje de Louis. Me quedo helada, no sabía simplemente si abrirlo. Lanzo el móvil sobre la cama y me voy de la habitación, no quiero saber absolutamente nada.
-Bee, es María, está abajo en el portal, no le ha hecho mucha gracia que le cogiera el recado, pero… - dice Harry sonriendo. – ha sido escuchar a mamá decir que era ella y… bueno… - se pasa la mano por la nuca tímidamente y planta la mirada en el suelo.
-Mira que eres bobo. – le digo revolviéndole el pelo. – Ahora bajo.
¿Por qué estaría en la puerta? No habíamos quedado ni nada…
Le abro la puerta y la espero en las escaleras con una chaqueta por encima. Ella sube un poco alterada, retuerce su gorro entre las manos, definitivamente está nerviosa.
-¿Qué pasa? ¿Estás bien? – le pregunto.
-H-hola… ¿Puedo hablar contigo? Es que…
Cojo las llaves que hay encima de la mesita a la entrada y cierro la puerta. Me siento en las primeras escaleras. Le hago un gesto para que se siente a mi lado.
-Verás… es que, bueno, iba por la calle esta donde está el parque en frente de mi casa, - comienza sentándose a mi lado. – y bueno, primero pensaba que no era él pero… sí, sí que era él y… Dios, lo siento…
-María, por Dios, suéltalo que me tienes con el corazón en un puño.
-Louis. – me dice con un gesto de preocupación. – E-estaba en el parque, con una chica que creo que conozco… Lara, se llama. De verdad que no tenía ni idea…
Harry tenía razón, cada dos días cambia. La última vez le había visto con Jade, una compañera de clase, ni siquiera la culpo por ello. Y de pronto ya tiene otra presa. Y desde luego que no hay otro adjetivo mejor que ‘presa’
Suspiro y aparto la mirada. Lo cierto es que ya lo sabía, pero María no. No le había dicho nada y me sentía bastante mal por ello. Era mi mejor amiga y ni siquiera sabía todo aquello.
-Bueno… - digo clavando la mirada en el suelo. – te va a sonar gracioso, pero ya lo sabía. Harry me lo avisó, y el otro día en la biblioteca… bueno, le vi besándose con Jade, y… bueno, d-discutimos el otro día en la pista, ni siquiera se dio cuenta de que estaba ahí…
Una gota resbala por mi nariz hasta estrellarse contra el suelo. Cuando me doy cuenta me incorporo, finjo una sonrisa y me seco las pequeñas gotas con la manga.
-¿Por qué no me dijiste nada? – dice María rodeándome con las brazos.
-Venga ya, ya tenías suficiente con lo del patán de mi hermano. – sonrío. – como para que te preocuparas por más cosas…
María suspira y apoya la cabeza entre las manos.
-Ni si quiera sé por qué me afecta de esta manera, no teníamos nada, sólo… sólo me dio un beso una vez, y desde entonces… Dios… -suspiro.
María pasa suavemente la mano por mi espalada y sonríe.
-Tíos. – dice con voz suave. – todos iguales.
Cuando dice eso me viene algo a la cabeza. La miro y abro la boca para hablar, pero estando así prefiero callarme, mejor en otro momento. Sonrío en vez de decir nada y vuelvo a mirar al suelo.
31 de diciembre. Niall no para de freírme a llamadas mientras me paso el rímel por las pestañas.
-¡Harry! ¡¿Pues coger el maldito teléfono y decirle a Niall por quincuagésima vez que faltan tres cuartos de hora para que lleguemos!? Me está poniendo histérica…
-Vaaaaaaaaaale, no te pongas así. – dice cogiéndolo. - ¿Niall?
Vuelvo a lo mío y me pongo mi vestido negro. Me encantaba ese vestido, tenía un poco de vuelo en la falda, cuello poco abierto y de media manga. Llevaba unas medias que llegaban más arriba de las rodillas, pero no eran enteras. Y para terminar unos zapatos de tacón negros con un pequeño lacito a un lado.
Llevo la melena suelta y ondulada a ambos lados, parece a ver crecido bastante desde que iba a 4º de eso, de hecho me llega casi hasta por debajo del pecho.
-¿Qué tal estoy? – le digo a Harry.
-Wow. – dice mirándome de arriba abajo. – Wow y eso que eres mi hermana, wow.
Me río y le doy en el hombro. Harry opta por unos pantalones vaqueros moderadamente ajustados, unas converse en negro y una camiseta blanca con uno de los botones desabrochados. Encima lleva una americana color granate que le sienta muy bien.
-¿Estamos listos, entonces? – pregunta echando mano de sus llaves.
-Listos. – digo cogiendo el bolso.
Nos ponemos los abrigos y vamos derechos a casa de Liam.
-Vamos a acabar teniendo que pagar pensión en esa casa. – comento de camino.
Harry se ríe y mira el móvil. Vamos con 5 minutos de retraso, Niall tiene que estar subiéndose por las paredes.
María había decidido ir directa a casa de Liam, no quería encontrarse tan pronto con Harry, no tenía muchas ganas de verle.
Al llegar llamo tres veces y Liam asoma su rizada melena por la puerta, también está muy elegante.
-Pasad, pasad. – dice dejándonos paso. - ¡Niall! ¡Ya están aquí!
-¡Menos mal! - dice irritado, parece fusilarnos con la mirada
Sonrío con un gesto de culpabilidad y dejo mi abrigo en el perchero.
-Vaya… - dice una voz al fondo de la sala.
28/12/11
Capítulo 22
Son no más tarde de las ocho y media cuando salgo de la bañera. Parece que todo mi cuerpo se ha relajado y realmente tengo ganas de irme a la cama.
-Bee, ¿Puedo hablar contigo? – dice la voz de Harry
Le miro con pocas ganas y hago una mueca. La verdad que no tengo ganas de nada, sólo dormir. Me visto con lo primero que pillo y salgo al salón donde él me estaba esperando.
Me siento en el sofá y él se sienta en el sillón que hay en frente. Pongo la cabeza en el reposabrazos y le miro.
-Tienes poco tiempo, te aviso.
-¿por qué?
-Porque tengo sueño.
Esboza una sonrisa y empieza a hablar.
-Verás, es por lo de antes, no quiero que pienses eso… Sabes que me preocupo mucho por ti y por eso no quiero que te pase nada… Sabía que Louis era así y te lo avisé, y me sabe mal que hubieses caído en su trampa. Louis es así, si se fija en una chica la sigue hasta que la consigue y entonces pasa a la siguiente, he hablado muchas veces con el, pero…
-Entiendo…- digo con voz baja
-Hablaré con él cuando pueda, pero primero me gustaría que hablaras con María, de verdad que lo necesito arreglar de alguna forma… Aunque no me quiera nada más que como amigos, pero no puedo soportar la forma en la que me mira… a parte de que… - echa un vistazo al sofá y se sorprende al verme completamente dormida.
Sonríe de medio lado y me echa una manta por encima para que no coja frío. Me revuelve el pelo y se va.
-Ten. Te sentará bien. – Doug entra en su cuarto de nuevo y le ofrece una taza de lo que parece chocolate caliente.
María está encima de la cama con las rodillas en el pecho y los brazos cruzados. Le mira de reojo y al final la acepta, aunque no le apetece mucho por lo menos se preocupa por ella.
Sonríe a duras penas y le hace hueco. Doug se sienta y la mira.
-Cuéntame, ¿Qué ha pasado? ¿Es por ese chico…?
-Harry, sí. – contesta secamente. – No sé que pasa. Me toma, me deja, me judga. No sé que quiere exactamente, encima intenta hacerse la víctima, y la que sale perjudicada soy yo. – dice dando un sorbo a su taza.
Doug suspira y se queda pensativo.
-Yo tenía una vez una novia, Sophie se llamaba, que chica… - comienza, sonriendo. – estaba muy colado por ella, pero parecía que ella no mucho de mí. Discutíamos mucho, y siempre me dejaba un tiempo y luego volvía muy arrepentida.
-¿Y nunca le dijiste que no? – comenta María interesada.
-¿Cómo? Estaba tan enamorado que ni se me pasó por la cabeza negarle que volviera a mí. Hasta que un día me di cuenta de la realidad, de que no me quería y que al final el perjudicado era yo. – concluye bebiendo un trago.
-Entonces… quieres decir que tendría que…
-No quiero decir nada. Tienes que escuchar a tu corazón, a parte, según he visto esta tarde hace poco que os conocéis. Dale una oportunidad al chaval, supongo que estará hecho un lío, nos ha pasado a todos.
-Los tíos. Sois todos iguales. – suspira María.
Doug se echa a reír y le golpea dulcemente el hombro.
-Después de la tempestad siempre llega la calma, ya lo verás. – dice levantándose. – tu sólo espera un poco.
María se queda pensando en lo que su hermano le había dicho, quizás tuviera razón, quizás estuviera en las mismas que ella, quizás…
-Bee, ¿Puedo hablar contigo? – dice la voz de Harry
Le miro con pocas ganas y hago una mueca. La verdad que no tengo ganas de nada, sólo dormir. Me visto con lo primero que pillo y salgo al salón donde él me estaba esperando.
Me siento en el sofá y él se sienta en el sillón que hay en frente. Pongo la cabeza en el reposabrazos y le miro.
-Tienes poco tiempo, te aviso.
-¿por qué?
-Porque tengo sueño.
Esboza una sonrisa y empieza a hablar.
-Verás, es por lo de antes, no quiero que pienses eso… Sabes que me preocupo mucho por ti y por eso no quiero que te pase nada… Sabía que Louis era así y te lo avisé, y me sabe mal que hubieses caído en su trampa. Louis es así, si se fija en una chica la sigue hasta que la consigue y entonces pasa a la siguiente, he hablado muchas veces con el, pero…
-Entiendo…- digo con voz baja
-Hablaré con él cuando pueda, pero primero me gustaría que hablaras con María, de verdad que lo necesito arreglar de alguna forma… Aunque no me quiera nada más que como amigos, pero no puedo soportar la forma en la que me mira… a parte de que… - echa un vistazo al sofá y se sorprende al verme completamente dormida.
Sonríe de medio lado y me echa una manta por encima para que no coja frío. Me revuelve el pelo y se va.
-Ten. Te sentará bien. – Doug entra en su cuarto de nuevo y le ofrece una taza de lo que parece chocolate caliente.
María está encima de la cama con las rodillas en el pecho y los brazos cruzados. Le mira de reojo y al final la acepta, aunque no le apetece mucho por lo menos se preocupa por ella.
Sonríe a duras penas y le hace hueco. Doug se sienta y la mira.
-Cuéntame, ¿Qué ha pasado? ¿Es por ese chico…?
-Harry, sí. – contesta secamente. – No sé que pasa. Me toma, me deja, me judga. No sé que quiere exactamente, encima intenta hacerse la víctima, y la que sale perjudicada soy yo. – dice dando un sorbo a su taza.
Doug suspira y se queda pensativo.
-Yo tenía una vez una novia, Sophie se llamaba, que chica… - comienza, sonriendo. – estaba muy colado por ella, pero parecía que ella no mucho de mí. Discutíamos mucho, y siempre me dejaba un tiempo y luego volvía muy arrepentida.
-¿Y nunca le dijiste que no? – comenta María interesada.
-¿Cómo? Estaba tan enamorado que ni se me pasó por la cabeza negarle que volviera a mí. Hasta que un día me di cuenta de la realidad, de que no me quería y que al final el perjudicado era yo. – concluye bebiendo un trago.
-Entonces… quieres decir que tendría que…
-No quiero decir nada. Tienes que escuchar a tu corazón, a parte, según he visto esta tarde hace poco que os conocéis. Dale una oportunidad al chaval, supongo que estará hecho un lío, nos ha pasado a todos.
-Los tíos. Sois todos iguales. – suspira María.
Doug se echa a reír y le golpea dulcemente el hombro.
-Después de la tempestad siempre llega la calma, ya lo verás. – dice levantándose. – tu sólo espera un poco.
María se queda pensando en lo que su hermano le había dicho, quizás tuviera razón, quizás estuviera en las mismas que ella, quizás…
26/12/11
Capítulo 21
-¿Seguro que estás bien? No te veo muy convencida. – espeta Harry.
Me quedo callada. Quiero decirle que todo va bien, que no pasa nada, pero no me gusta mentir, y menos a él, siempre lo acaba descubriendo todo y es peor.
-Vale, pasa algo. ¿Qué es?
Me pongo nerviosa. ¿Qué le digo? ¿Qué tenía razón desde el principio? ¿Qué no debí colgarme tanto de él? No pude evitarlo, estaba predicho.
Todavía no he contestado y Harry espera una respuesta.
-Pues… - tartamudeo.
Harry respira profundamente y comienza con su discurso.
-¿Es lo que te dije, verdad? Otra vez. Le dije que tuviera cuidado, que era mi hermana, y ni siquiera eso. Le da lo mismo troncho que berza, ocho que ochenta. – dice como si fuera mi padre. - ¿Pues sabes qué? Me va a oír. Esto no se queda así.
De pronto siento una presión en el pecho. Oh, oh. Angustia. ¿Es por él, por Louis? Después de todo aún me preocupo por él.
-No, no… - comienzo con voz queda.
-¿No, qué?
-No le digas nada. Sería peor. Además, tampoco era nada serio… sólo… ni siquiera estábamos saliendo. – digo apartando la mirada.
-¡Me da igual! Siempre hace lo mismo. Las provoca, a todas, y cuando ya están enamoradas de él, pasa a la siguiente. Sinceramente me daba igual con todas las demás, pero tú no.
Su tono sonaba como si se lo tomara como algo personal. Era por cuestión de orgullo, como si le deshonrara que hubieran engañado así a su hermana. Algo así me ofende, la verdad.
-Para eso me sé defender yo solita, gracias. Si tu dignidad te importa más que yo, adelante, ves a partirle la cara, ya me da lo mismo. ¿Sabes? He conocido un chico esta tarde, pero no creo que te interese. – digo con tono sarcástico.
Me levanto y me marcho cerrando la puerta. Harry se queda ahí, casi no le da tiempo de reaccionar, parece boquear como un pececillo fuera del agua buscando algo que decir. Demasiado tarde.
Abro la puerta de mi cuarto y me siento en la cama con la cara entre las manos. Estoy de mal humor. Lo que me faltaba.
De repente me viene a la cabeza la sonrisa de aquel chico, del que había conocido en la pista de hielo. Ni siquiera tenía su número, ni su email, sólo sabía que se llamaba Ben y que tenía los ojos más bonitos que había visto.
Quizás después de los de… Louis.
Muevo la cabeza hacia los lados para alejar ese pensamiento de mi mente. No quería saber nada más de ese chico, me había decepcionado, creía que no era igual que los demás, que lo que decía mi hermano era simplemente un prototipo, una carcasa, pero me equivocaba. Y así había salido mal parada, como siempre, por confiarme demasiado.
Me desvisto y entro en la bañera. Me estremezco, el agua está muy caliente, pero se templa pasados unos minutos. Enciendo el equipo de música y la música comienza a fluir entre el vaho.
Coldplay me hace ponerme melancólica, como siempre. No puedo evitar soltar alguna lagrimilla, pero la limpio rápidamente, no quiero que ese sentimiento me invada.
María llega apagada a casa. Doug está preparándose algo de cenar.
-¿Quieres que te haga algo? – pregunta asomándose por la puerta de la cocina.
-No… no tengo hambre. – dice con la voz temblorosa.
Cierra la puerta de golpe y se sienta en la cama. Le tiemblan las manos. Será imbécil, como si el mundo girara a su alrededor. ¿Y encima le tenía que ir de buenas? Ni hablar. Que se las apañe, dudaba mucho que lograra hacerla cambiar de opinión.
No aguanta más y rompe a llorar en silencio, todavía ni siquiera se ha quitado el abrigo y lleva la bufanda en la mano.
Su hermano toca suavemente en la puerta y antes de que ella pudiera impedirle la entrada, este entra sonriente, pero su gesto cambia radicalmente al ver como una lágrima se precipitaba por su barbilla.
-Eh, hey ¿Qué ha pasado? – pregunta sentándose a su lado.
-N-nada… Sólo… Dios, yo que sé. – intenta explicar limpiándose una gota con la manga.
Doug la rodea con sus brazos intentando recomponerla y le besa la frente.
Me quedo callada. Quiero decirle que todo va bien, que no pasa nada, pero no me gusta mentir, y menos a él, siempre lo acaba descubriendo todo y es peor.
-Vale, pasa algo. ¿Qué es?
Me pongo nerviosa. ¿Qué le digo? ¿Qué tenía razón desde el principio? ¿Qué no debí colgarme tanto de él? No pude evitarlo, estaba predicho.
Todavía no he contestado y Harry espera una respuesta.
-Pues… - tartamudeo.
Harry respira profundamente y comienza con su discurso.
-¿Es lo que te dije, verdad? Otra vez. Le dije que tuviera cuidado, que era mi hermana, y ni siquiera eso. Le da lo mismo troncho que berza, ocho que ochenta. – dice como si fuera mi padre. - ¿Pues sabes qué? Me va a oír. Esto no se queda así.
De pronto siento una presión en el pecho. Oh, oh. Angustia. ¿Es por él, por Louis? Después de todo aún me preocupo por él.
-No, no… - comienzo con voz queda.
-¿No, qué?
-No le digas nada. Sería peor. Además, tampoco era nada serio… sólo… ni siquiera estábamos saliendo. – digo apartando la mirada.
-¡Me da igual! Siempre hace lo mismo. Las provoca, a todas, y cuando ya están enamoradas de él, pasa a la siguiente. Sinceramente me daba igual con todas las demás, pero tú no.
Su tono sonaba como si se lo tomara como algo personal. Era por cuestión de orgullo, como si le deshonrara que hubieran engañado así a su hermana. Algo así me ofende, la verdad.
-Para eso me sé defender yo solita, gracias. Si tu dignidad te importa más que yo, adelante, ves a partirle la cara, ya me da lo mismo. ¿Sabes? He conocido un chico esta tarde, pero no creo que te interese. – digo con tono sarcástico.
Me levanto y me marcho cerrando la puerta. Harry se queda ahí, casi no le da tiempo de reaccionar, parece boquear como un pececillo fuera del agua buscando algo que decir. Demasiado tarde.
Abro la puerta de mi cuarto y me siento en la cama con la cara entre las manos. Estoy de mal humor. Lo que me faltaba.
De repente me viene a la cabeza la sonrisa de aquel chico, del que había conocido en la pista de hielo. Ni siquiera tenía su número, ni su email, sólo sabía que se llamaba Ben y que tenía los ojos más bonitos que había visto.
Quizás después de los de… Louis.
Muevo la cabeza hacia los lados para alejar ese pensamiento de mi mente. No quería saber nada más de ese chico, me había decepcionado, creía que no era igual que los demás, que lo que decía mi hermano era simplemente un prototipo, una carcasa, pero me equivocaba. Y así había salido mal parada, como siempre, por confiarme demasiado.
Me desvisto y entro en la bañera. Me estremezco, el agua está muy caliente, pero se templa pasados unos minutos. Enciendo el equipo de música y la música comienza a fluir entre el vaho.
Coldplay me hace ponerme melancólica, como siempre. No puedo evitar soltar alguna lagrimilla, pero la limpio rápidamente, no quiero que ese sentimiento me invada.
María llega apagada a casa. Doug está preparándose algo de cenar.
-¿Quieres que te haga algo? – pregunta asomándose por la puerta de la cocina.
-No… no tengo hambre. – dice con la voz temblorosa.
Cierra la puerta de golpe y se sienta en la cama. Le tiemblan las manos. Será imbécil, como si el mundo girara a su alrededor. ¿Y encima le tenía que ir de buenas? Ni hablar. Que se las apañe, dudaba mucho que lograra hacerla cambiar de opinión.
No aguanta más y rompe a llorar en silencio, todavía ni siquiera se ha quitado el abrigo y lleva la bufanda en la mano.
Su hermano toca suavemente en la puerta y antes de que ella pudiera impedirle la entrada, este entra sonriente, pero su gesto cambia radicalmente al ver como una lágrima se precipitaba por su barbilla.
-Eh, hey ¿Qué ha pasado? – pregunta sentándose a su lado.
-N-nada… Sólo… Dios, yo que sé. – intenta explicar limpiándose una gota con la manga.
Doug la rodea con sus brazos intentando recomponerla y le besa la frente.
22/12/11
Capítulo 20, parte ll
María piensa que no le ha escuchado. Está ahí parado como una estatua sin articular palabra.
Se lleva la mano a la frente y se da media vuelta para irse. De pronto Harry parece que recupera la facultad de hablar.
-Yo…- hace una mueca de dolor y suspira. – Dios, no… no lo sabía, lo siento..
María hace caso omiso de lo que dice y se apresura a abrir la puerta. Para cuando quiere adentrarse en el portal, Harry la coge del brazo. Por alguna extraña razón se queda paralizada, algo le dice que se quede, que escuche, pero parece que su corazón grite que se largue de ahí.
Se gira y le mira, decepcionada.
-He sido un capullo, por favor, perdóname…- dice él acercándose a ella peligrosamente.
-Ya sabes lo que pienso de ti. – dice María librándose de la presión de su mano. – Y esto no cambia nada, de hecho lo empeora. No te creas que te voy a perdonar de buenas a primeras.
Harry retrocede un paso. María por fin más calmada vuelve a abrir la puerta, pero de nuevo, él vuelve a intervenir.
-¿¡Y qué se supone que tengo que hacer?! ¿¡Qué hago para que me perdones!? ¡Dímelo! Porque no tengo ni idea de por donde salir.
María le mira con ironía y sonríe con malicia.
-Tú solito te metiste en esto, prueba a salir tu solito también. – concluye pegando un portazo y subiendo las escaleras con rapidez.
Harry nota algo surgir de su interior, se le apodera. ¿Rabia? ¿Ira? Se supone que no le importaba tanto ella como para llegar a tal extremo.
Golpea una papelera con fuerza y vuelve a casa. Al llegar, cierra la puerta de golpe y ni siquiera saluda.
-Buenoooo, que buen rollito hay en esta casa… - digo yo apartando la vista del libro que estaba leyendo.
-¡Cállate! – grita soltando su abrigo en el sofá. Está cabreado de verdad, así que me callo y le miro pensando que será lo que le pase.
Cuando casi suelta uno de los tornillos de la puerta de semejante portazo, me levanto del sofá y le hago un gesto a mi madre para que no se preocupe. Abro un poco la puerta y me dejo notar mediante un carraspeo.
-¡Lárgate, joder! – espeta Harry lanzando un cuaderno a la puerta.
Lo esquivo con la puerta como escudo y abro los ojos sorprendida.
-Me llegas a dar y te lo comes, querido. – digo yo asomando la cabeza por la puerta. - ¿puedo entrar?
-No.
-Vale, genial. – digo entrando y cerrando la puerta detrás de mí.
Harry bufa y se gira para darme la espalda. Le miro pensativa.
-¿Qué ha pasado? ¿Quién es esta vez? ¿María? ¿Kristen?
-Ni siquiera me hablo con Kris ya. Creo que ha aprovechado para liarse con la media ciudad que le quedaba. – dice con tono sarcástico.
-Vale, entonces es María. No me ha contado nada… - digo, lo último con voz queda, frunciendo el ceño. María me lo contaba todo, pero por algún motivo se había olvidado de contarme aquello…
-Tss.
Sonrío con malicia, su reacción es la de un crío de 5 años.
-Vaaaaaaaamos, soy tu hermanita, me lo puedes contar. – dije zarandeándole el hombro. – además, piénsalo, soy su mejor amiga, a lo mejor puedo hablar con ella… y no sé…
Harry se da media vuelta interesado por lo último que había dicho. Se incorpora y suspira otra vez, tiene la mirada perdida por algún punto de la pared de su habitación.
-La verdad que es culpa mía. He sido un imbécil con ella, y ahora está enfadada conmigo. El otro día en la biblioteca intenté acercarme a ella, pero lo único que hice fue cagarla aún más. – dice preocupado. – No sé que puedo hacer para que me perdone.
Sonrío de medio lado al oír el tono de su voz, parece que está preocupado de verdad, le duele que ella esté así con él. Pobre hermanito mío.
-¿Erais vosotros los de los ruidos? – digo. De pronto un recuerdo fugaz pasa por mi mente, sí, ese.
Harry intenta esbozar una sonrisa y asiente suavemente. Sonrío y le froto la espalda. Me acurruco en su regazo y le cojo la mano.
-No te preocupes, yo lo hablaré con ella y la intentaré hacer entrar en razón.
-Gracias, mequetrefe… - dice un poco más calmado. – Por cierto. ¿Qué tal con Louis?
Esa pregunta me horroriza. De pronto me doy cuenta que tendría que reconocer que tenía razón desde el principio, y conociéndole, me echaría la bronca y seguidamente iría a buscar la cabeza de su amigo.
Esa imagen me hace estremecerme. ¿Después de todo lo que me había hecho, me importaba el hecho de que mi hermano le odiara por ello? Me odiaba a mi misma por ello, no quería sabes nada de él, sin embargo había dejado marca en mí…
-¿Belén? – insiste Harry al ver que no respondo.
-Es… es difícil… - contesto tartamudeando.
Se lleva la mano a la frente y se da media vuelta para irse. De pronto Harry parece que recupera la facultad de hablar.
-Yo…- hace una mueca de dolor y suspira. – Dios, no… no lo sabía, lo siento..
María hace caso omiso de lo que dice y se apresura a abrir la puerta. Para cuando quiere adentrarse en el portal, Harry la coge del brazo. Por alguna extraña razón se queda paralizada, algo le dice que se quede, que escuche, pero parece que su corazón grite que se largue de ahí.
Se gira y le mira, decepcionada.
-He sido un capullo, por favor, perdóname…- dice él acercándose a ella peligrosamente.
-Ya sabes lo que pienso de ti. – dice María librándose de la presión de su mano. – Y esto no cambia nada, de hecho lo empeora. No te creas que te voy a perdonar de buenas a primeras.
Harry retrocede un paso. María por fin más calmada vuelve a abrir la puerta, pero de nuevo, él vuelve a intervenir.
-¿¡Y qué se supone que tengo que hacer?! ¿¡Qué hago para que me perdones!? ¡Dímelo! Porque no tengo ni idea de por donde salir.
María le mira con ironía y sonríe con malicia.
-Tú solito te metiste en esto, prueba a salir tu solito también. – concluye pegando un portazo y subiendo las escaleras con rapidez.
Harry nota algo surgir de su interior, se le apodera. ¿Rabia? ¿Ira? Se supone que no le importaba tanto ella como para llegar a tal extremo.
Golpea una papelera con fuerza y vuelve a casa. Al llegar, cierra la puerta de golpe y ni siquiera saluda.
-Buenoooo, que buen rollito hay en esta casa… - digo yo apartando la vista del libro que estaba leyendo.
-¡Cállate! – grita soltando su abrigo en el sofá. Está cabreado de verdad, así que me callo y le miro pensando que será lo que le pase.
Cuando casi suelta uno de los tornillos de la puerta de semejante portazo, me levanto del sofá y le hago un gesto a mi madre para que no se preocupe. Abro un poco la puerta y me dejo notar mediante un carraspeo.
-¡Lárgate, joder! – espeta Harry lanzando un cuaderno a la puerta.
Lo esquivo con la puerta como escudo y abro los ojos sorprendida.
-Me llegas a dar y te lo comes, querido. – digo yo asomando la cabeza por la puerta. - ¿puedo entrar?
-No.
-Vale, genial. – digo entrando y cerrando la puerta detrás de mí.
Harry bufa y se gira para darme la espalda. Le miro pensativa.
-¿Qué ha pasado? ¿Quién es esta vez? ¿María? ¿Kristen?
-Ni siquiera me hablo con Kris ya. Creo que ha aprovechado para liarse con la media ciudad que le quedaba. – dice con tono sarcástico.
-Vale, entonces es María. No me ha contado nada… - digo, lo último con voz queda, frunciendo el ceño. María me lo contaba todo, pero por algún motivo se había olvidado de contarme aquello…
-Tss.
Sonrío con malicia, su reacción es la de un crío de 5 años.
-Vaaaaaaaamos, soy tu hermanita, me lo puedes contar. – dije zarandeándole el hombro. – además, piénsalo, soy su mejor amiga, a lo mejor puedo hablar con ella… y no sé…
Harry se da media vuelta interesado por lo último que había dicho. Se incorpora y suspira otra vez, tiene la mirada perdida por algún punto de la pared de su habitación.
-La verdad que es culpa mía. He sido un imbécil con ella, y ahora está enfadada conmigo. El otro día en la biblioteca intenté acercarme a ella, pero lo único que hice fue cagarla aún más. – dice preocupado. – No sé que puedo hacer para que me perdone.
Sonrío de medio lado al oír el tono de su voz, parece que está preocupado de verdad, le duele que ella esté así con él. Pobre hermanito mío.
-¿Erais vosotros los de los ruidos? – digo. De pronto un recuerdo fugaz pasa por mi mente, sí, ese.
Harry intenta esbozar una sonrisa y asiente suavemente. Sonrío y le froto la espalda. Me acurruco en su regazo y le cojo la mano.
-No te preocupes, yo lo hablaré con ella y la intentaré hacer entrar en razón.
-Gracias, mequetrefe… - dice un poco más calmado. – Por cierto. ¿Qué tal con Louis?
Esa pregunta me horroriza. De pronto me doy cuenta que tendría que reconocer que tenía razón desde el principio, y conociéndole, me echaría la bronca y seguidamente iría a buscar la cabeza de su amigo.
Esa imagen me hace estremecerme. ¿Después de todo lo que me había hecho, me importaba el hecho de que mi hermano le odiara por ello? Me odiaba a mi misma por ello, no quería sabes nada de él, sin embargo había dejado marca en mí…
-¿Belén? – insiste Harry al ver que no respondo.
-Es… es difícil… - contesto tartamudeando.
19/12/11
Capítulo 20, parte l
Vuelvo a la pista, donde hay la mitad de la gente que había cuando me marché. No hay ni rastro de los demás, parece que se han olvidado de mí, de ambos. Suspiro todavía con estragos para respirar y me limpio las lágrimas con la manga y me apoyo en la barandilla.
Por algún extraño motivo no puedo dejar de llorar, después de todo lo que le había dicho no podía dejar de darle vueltas al tema.
“Para ya, estúpida” me digo a mi misma. De nuevo suspiro. Ha comenzado a nevar. En otro momento me hubiese puesto como una cría pequeña a mirar hacia arriba y sonreír como si estuvieran cayendo billetes de 10 euros, sin embargo, me limito a mirarla indiferente, como si estuviera demasiado abstraída como para darme cuenta de que nieva.
-Perdona… ¿Estás bien? – escucho a una voz cerca de mí.
Dispuesta a golpearle en la cara, ya que había escuchado demasiadas veces esa frase por hoy y además de gente la que no me apetecía acordarme, levanto la mirada con los ojos plasmados en furia.
El chico retrocede unos centímetros un poco asustado. Al encontrarme con tan preciosos ojos parpadeo un par de veces y le miro intentando hallarle lo familiar. Su pelo rubio se mece al son del viento. Parece esperar una respuesta por mi parte, pero ni siquiera me acuerdo de la pregunta.
-¿Eh? Uh, lo siento, no… me he dado cuenta.
Él ríe y me aparta un mechón que me entorpece la vista. Sonrío débilmente pensando en la razón que le lleva a ser tan amable conmigo.
Me sonrojo y aparto la mirada, tanto azul intimida.
-E-estoy bien, sólo… bueno, cosas, ya sabes. – digo fingiendo una sonrisa.
-Ven. – dice él extendiendo la mano.
-Pero no tengo patines.
-Eso se soluciona pronto. – hace un gesto a lo lejos y un chico del puesto de patines le contesta. Al poco rato cruza la pista y trae unos patines.
-Aquí tenéis. – dice este dejándolos a mi lado.
-Gracias tío.
-De nada, Ben.
Sonrío y me pruebo los patines, me van un poco grandes, pero no me quejo.
-¿Vas bien? – me pregunta sonriente.
-Sí, creo. Soy un poco torpe, así que no te rías… Por cierto, encantada, Ben. – le digo dulcemente. – Me llamo Belén.
-Encantado de conocerte, Belén. – contesta guiñándome un ojo.
Puedo notar como se sonrojan mis mejillas e intento disimularlo entrando en la pista. Como en el reparto de dones falté el día que dieron los de destreza física, a los tres pasos resbalo y me caigo montando un estrépito en medio de la pista.
-Woah, eso ha tenido que doler. – exclama agachándose para ayudarme.
Le doy la mano y me levanto.
-La costumbre le quita gravedad al asunto. – contesto.
-Vamos a ver…
Me coge de las manos y hace que me deslice hasta estar enfrente de él.
-¿Confías en mí?
-Te conozco desde hace menos de media hora, pero que demonios, confío más en ti que en mí misma estando aquí…
Me gira para poder enseñarme y me coloca la mano en la cintura. No estoy acostumbrada a que se tomen tantas confianzas, pero en esos momentos me daba igual, era todo tan perfecto.
Se coloca sobre mi hombro, me saca casi una cabeza. Pone su mano en mi brazo y me mira. Puedo notar su aliento en el cuello, se me erizan los pelos del cuello como en acto de defensa.
-Dobla las rodillas… Así… y abre un poco las piernas. – dice con voz tenue.
Hago caso de sus indicaciones y entonces me suelta suavemente.
-Vamos, inténtalo.
Suspiro y doy un paso hacia delante. De momento todo bien, doy otro paso, otro más… ¿Estoy patinando? Suelto una pequeña carcajada y sigo hasta que consigo dar con la barandilla dos metros más allá.
Recupero el aliento y me giro.
-¿Has visto eso? – digo sonriente. - ¡Madre mía!
Ben se acerca a la barandilla con soltura y se para delante de mí.
-¡Muy bien! Vamos, dame la mano e intenta ir conmigo.
Le doy la mano, un tanto hipnotizada por sus ojos y sigo sus pasos. Me concentro en llevar el ritmo, pero de pronto pierdo el equilibrio y me caigo hacia delante. Ben llega a tiempo y me recoge.
Abro los ojos, los cuales había cerrado por el miedo y me encuentro con su denso jersey negro, huele de maravilla.
“Esto no puede estar pasando, es demasiado bonito…” Pienso algo extasiada por su perfume.
Ya habían tomado asiento en el bar. Harry seguía con la mirada las burbujitas de su cerveza como si estuvieran en una competición de vida o muerte.
Liam le pasó la mano por la frente, pero ni eso le hizo volver al mundo real. María apretó la mano de Doug y ambos se sonrieron. Siguieron hablando hasta que fuera parecía anochecer.
-Voy a llamar a Belén, no vaya a ser que le haya pasado algo… - dice Laura, móvil en mano.
-¡Ostras! ¿Y Louis? Chicos… ¿Sabéis si les ha pasado algo, entre ellos? Estaban muy raros… - dice Niall.
Todos se encogen de hombros, menos Harry que ni siquiera se entera de la conversación.
Cuando salieron del bar, llovía, como de costumbre, pero poco a poco la lluvia se convirtió en nieve.
-Mirad chicos… que bonito. – dijo Zayn mientras se le posaba un copo en la nariz. Laura se lo quitó dulcemente con la mano y le dio un beso. Ante la atenta mirada de todo el grupo.
-No puede ser. Tu y… ¡Oh dios! Esto se me avisa antes. – dice María. El grupo estalla en risas.
Cuando ya se han ido todos, sólo quedan María, Doug y Harry, como de costumbre, otro día hubiera estado yo, pero esta vez estaban solos ante el peligro.
-Te espero arriba, ¿vale? – dice Doug abriendo la puerta. María asiente y le ve marchar.
Ahora sólo quedaban ellos dos. Solos.
-A-adiós, Harry. – se despide María dudando entre si ignorarle o darle un abrazo para que se recupere, se le ve tan afligido que se le podría perdonar hasta un asesinato.
Harry la mira, sus palabras le resultan agridulces. Por una parte la abrazaría hasta dejarla sin respiración, pero por otra… simplemente no podía. Ni siquiera le había dicho lo de Doug y parecía que llevaban bastante juntos.
Aparta la mirada y saca las manos del bolsillo al fin.
-¿Por qué? – pronuncia como si estuviera a punto de llorar.
María se siente extraña.
-¿Por qué, qué?
-No me habías contado nada, ¿Y luego el malo soy yo? ¡Venga ya! Se ntoa que lleváis siglos juntos. ¿Ni siquiera te afectó un poquito lo nuestro? ¿Tan rápido se te pasó? No te creía así, la verdad.
María se encuentra atónita ante sus palabras. Cuando esta apunto de marcharse, ella reacciona.
-¡¡Es mi hermano!! ¿¡Ni siquiera has escuchado nada de lo que he dicho en toda la tarde, estabas demasiado ocupado creyéndote el centro del mundo?! ¡Oh, pues perdone, su majestad que haya enturbiado sus pensamientos! – chilla descontrolada.
Está ofendida. Había repetido como treinta veces que era su hermano y ni siquiera había apartado la mirada del suelo. Los dos se miraban, con sensaciones muy distintas, pero… ¿Y ahora qué?
Continuará…
Por algún extraño motivo no puedo dejar de llorar, después de todo lo que le había dicho no podía dejar de darle vueltas al tema.
“Para ya, estúpida” me digo a mi misma. De nuevo suspiro. Ha comenzado a nevar. En otro momento me hubiese puesto como una cría pequeña a mirar hacia arriba y sonreír como si estuvieran cayendo billetes de 10 euros, sin embargo, me limito a mirarla indiferente, como si estuviera demasiado abstraída como para darme cuenta de que nieva.
-Perdona… ¿Estás bien? – escucho a una voz cerca de mí.
Dispuesta a golpearle en la cara, ya que había escuchado demasiadas veces esa frase por hoy y además de gente la que no me apetecía acordarme, levanto la mirada con los ojos plasmados en furia.
El chico retrocede unos centímetros un poco asustado. Al encontrarme con tan preciosos ojos parpadeo un par de veces y le miro intentando hallarle lo familiar. Su pelo rubio se mece al son del viento. Parece esperar una respuesta por mi parte, pero ni siquiera me acuerdo de la pregunta.
-¿Eh? Uh, lo siento, no… me he dado cuenta.
Él ríe y me aparta un mechón que me entorpece la vista. Sonrío débilmente pensando en la razón que le lleva a ser tan amable conmigo.
Me sonrojo y aparto la mirada, tanto azul intimida.
-E-estoy bien, sólo… bueno, cosas, ya sabes. – digo fingiendo una sonrisa.
-Ven. – dice él extendiendo la mano.
-Pero no tengo patines.
-Eso se soluciona pronto. – hace un gesto a lo lejos y un chico del puesto de patines le contesta. Al poco rato cruza la pista y trae unos patines.
-Aquí tenéis. – dice este dejándolos a mi lado.
-Gracias tío.
-De nada, Ben.
Sonrío y me pruebo los patines, me van un poco grandes, pero no me quejo.
-¿Vas bien? – me pregunta sonriente.
-Sí, creo. Soy un poco torpe, así que no te rías… Por cierto, encantada, Ben. – le digo dulcemente. – Me llamo Belén.
-Encantado de conocerte, Belén. – contesta guiñándome un ojo.
Puedo notar como se sonrojan mis mejillas e intento disimularlo entrando en la pista. Como en el reparto de dones falté el día que dieron los de destreza física, a los tres pasos resbalo y me caigo montando un estrépito en medio de la pista.
-Woah, eso ha tenido que doler. – exclama agachándose para ayudarme.
Le doy la mano y me levanto.
-La costumbre le quita gravedad al asunto. – contesto.
-Vamos a ver…
Me coge de las manos y hace que me deslice hasta estar enfrente de él.
-¿Confías en mí?
-Te conozco desde hace menos de media hora, pero que demonios, confío más en ti que en mí misma estando aquí…
Me gira para poder enseñarme y me coloca la mano en la cintura. No estoy acostumbrada a que se tomen tantas confianzas, pero en esos momentos me daba igual, era todo tan perfecto.
Se coloca sobre mi hombro, me saca casi una cabeza. Pone su mano en mi brazo y me mira. Puedo notar su aliento en el cuello, se me erizan los pelos del cuello como en acto de defensa.
-Dobla las rodillas… Así… y abre un poco las piernas. – dice con voz tenue.
Hago caso de sus indicaciones y entonces me suelta suavemente.
-Vamos, inténtalo.
Suspiro y doy un paso hacia delante. De momento todo bien, doy otro paso, otro más… ¿Estoy patinando? Suelto una pequeña carcajada y sigo hasta que consigo dar con la barandilla dos metros más allá.
Recupero el aliento y me giro.
-¿Has visto eso? – digo sonriente. - ¡Madre mía!
Ben se acerca a la barandilla con soltura y se para delante de mí.
-¡Muy bien! Vamos, dame la mano e intenta ir conmigo.
Le doy la mano, un tanto hipnotizada por sus ojos y sigo sus pasos. Me concentro en llevar el ritmo, pero de pronto pierdo el equilibrio y me caigo hacia delante. Ben llega a tiempo y me recoge.
Abro los ojos, los cuales había cerrado por el miedo y me encuentro con su denso jersey negro, huele de maravilla.
“Esto no puede estar pasando, es demasiado bonito…” Pienso algo extasiada por su perfume.
Ya habían tomado asiento en el bar. Harry seguía con la mirada las burbujitas de su cerveza como si estuvieran en una competición de vida o muerte.
Liam le pasó la mano por la frente, pero ni eso le hizo volver al mundo real. María apretó la mano de Doug y ambos se sonrieron. Siguieron hablando hasta que fuera parecía anochecer.
-Voy a llamar a Belén, no vaya a ser que le haya pasado algo… - dice Laura, móvil en mano.
-¡Ostras! ¿Y Louis? Chicos… ¿Sabéis si les ha pasado algo, entre ellos? Estaban muy raros… - dice Niall.
Todos se encogen de hombros, menos Harry que ni siquiera se entera de la conversación.
Cuando salieron del bar, llovía, como de costumbre, pero poco a poco la lluvia se convirtió en nieve.
-Mirad chicos… que bonito. – dijo Zayn mientras se le posaba un copo en la nariz. Laura se lo quitó dulcemente con la mano y le dio un beso. Ante la atenta mirada de todo el grupo.
-No puede ser. Tu y… ¡Oh dios! Esto se me avisa antes. – dice María. El grupo estalla en risas.
Cuando ya se han ido todos, sólo quedan María, Doug y Harry, como de costumbre, otro día hubiera estado yo, pero esta vez estaban solos ante el peligro.
-Te espero arriba, ¿vale? – dice Doug abriendo la puerta. María asiente y le ve marchar.
Ahora sólo quedaban ellos dos. Solos.
-A-adiós, Harry. – se despide María dudando entre si ignorarle o darle un abrazo para que se recupere, se le ve tan afligido que se le podría perdonar hasta un asesinato.
Harry la mira, sus palabras le resultan agridulces. Por una parte la abrazaría hasta dejarla sin respiración, pero por otra… simplemente no podía. Ni siquiera le había dicho lo de Doug y parecía que llevaban bastante juntos.
Aparta la mirada y saca las manos del bolsillo al fin.
-¿Por qué? – pronuncia como si estuviera a punto de llorar.
María se siente extraña.
-¿Por qué, qué?
-No me habías contado nada, ¿Y luego el malo soy yo? ¡Venga ya! Se ntoa que lleváis siglos juntos. ¿Ni siquiera te afectó un poquito lo nuestro? ¿Tan rápido se te pasó? No te creía así, la verdad.
María se encuentra atónita ante sus palabras. Cuando esta apunto de marcharse, ella reacciona.
-¡¡Es mi hermano!! ¿¡Ni siquiera has escuchado nada de lo que he dicho en toda la tarde, estabas demasiado ocupado creyéndote el centro del mundo?! ¡Oh, pues perdone, su majestad que haya enturbiado sus pensamientos! – chilla descontrolada.
Está ofendida. Había repetido como treinta veces que era su hermano y ni siquiera había apartado la mirada del suelo. Los dos se miraban, con sensaciones muy distintas, pero… ¿Y ahora qué?
Continuará…
Capítulo 19
Cuando por fin me canso de huir me paro en una calle y respiro hondo. Sin darme cuenta he apresurado demasiado el paso y no sé donde estoy. Me siento en la acera y empiezo a dibujar cosas en una hoja congelada por el frío.
Todavía no comprendo muy bien el porqué de mi reacción, jamás me había pasado algo así. Siempre me había enfrentado a mis problemas, a mis miedos de cara, sin huir, pero sentía que no podía. Sólo quería salir de ahí y no verle. ¿Tanto daño le había hecho? Ni si quiera le conocía tan bien…
Oigo pasos cerca de mí y levanto la vista. Al verle delante de mí con aire enigmático y preocupado al mismo tiempo me levanto de golpe, dispuesta a seguir corriendo, pero mi yo de siempre me para los pies y me hace enfrentarle. Cara a cara.
No me atrevo a aguantarle la mirad así que miro a lo lejos, en un amago de imponerme ante él.
-¿Qué quieres? – le espeto con desprecio.
-Belén… ¿Estás bien? Te has ido tan… sin decir nada, cualquiera diría… - acerca la mano a mi cara y la aparto con desdén. -… que te pasa algo conmigo.
Louis frunce el ceño y me sigue mirando. Noto como me pican los ojos, se humedecen lentamente. No quiero llorar, no delante de él.
-¿Qué ha pasado? ¿Qué he hecho?
-¡¡Deja de hacer preguntas!! – le grito.
Él se queda paralizado, nunca me había visto así, y yo tampoco.
-No hagas como si no supieras lo que pasa. No te hagas el tonto. – las lágrimas se acumulan peligrosamente al borde de mis pestañas, amenazando con salir en cualquier momento.
-No… no lo entiendo… - dice completamente aturdido, está nervioso.
-Ah, claro, es cierto. Ni siquiera te diste cuenta de que estaba ahí. ¡Lo siento si no rompí a llorar en medio del pasillo! Tengo más dignidad que eso.
Por fin cae. Le había descubierto y ahora no sabía por donde salir.
-Pero yo…
-¿Pero yo qué? ¿Pero yo te quiero? ¿En serio? ¿A mí y a cuantas más? – le digo fríamente. Por fin me siento con fuerzas para mirarle a los ojos, ni siquiera me importa el hecho de que las lágrimas hace rato que corren libremente por mis mejillas.
Le tiembla la voz. Boquea como un pez fuera del agua, realmente quiere decir algo, defenderse, pero no tiene ningún sitio a donde agarrarse, su cuartada se cae por su propio peso.
-L-lo siento. – tartamudea.
-Y yo te creo. – le digo irónicamente.
Le miro de nuevo e intentando no perder el control le empujo y me voy por donde he venido.
María y Laura esperan preocupadas en el mismo sitio que cuando habían llegado.
-¿Estará bien? – pregunta María mirando a lo lejos.
-Ni idea… Pero ¿Qué le ha pasado? ¿Por qué le ha dado semejante arrebato? Sé que a veces le dan unos prontos muy extraños, pero nunca la había visto así… - dice Laura
Todo el mundo había ido a la inauguración de la pista. Parecía que toda la ciudad se hubiera juntado ahí. Incluso el resto de los chicos.
-Tíos, ¿habéis visto a Louis? Se fue hace un rato y no ha vuelto. – pregunta Harry mirando a lo lejos. De pronto su corazón se salta un latido. Un cabello pelirrojo se hace notar entre el resto de la pista, imposible confundirlo. Piensa en ir a saludarla, pero entonces recuerda lo ocurrido…
-Pues no lo sé, a lo mejor se ha parado a comprar algo o… Harry… ¿Me estás escuchando? – dice Liam intentando llamar la atención de su amigo que parece estar abstraído del mundo.
-¿Eh? Sí, sí, tienes razón…
Aunque no se acerca a decir nada, se queda observando, como si todo lo demás le importase demasiado poco para mirar hacia otro lado.
De pronto ve a alguien que se acerca a ella, un chico de pelo castaño que la trata con mucho cariño. Le da un abrazo y un beso, parece que se conoces hace mucho.
Les observa patinar, Laura va con ellos, pero a él sólo le importa ella. Sus ojos verdes brillan con una fuerza extraña al mirarla, parece que ardan de furia por ver a alguien que no sea él sujetándola, haciéndola reír. En vez de eso la había hecho llorar, le había hecho daño y no sabía como remediarlo.
Zayn se da cuenta de su presencia y se acerca raudo y veloz al encuentro con Laura que parece alegrarse mucho por verle. Él les hace un gesto a los demás para que se acerquen y Harry va con ellos a regañadientes. Le parece más prudente observar desde cierta distancia, todavía no sabía si era seguro acercarse a ella, podría arañarle en cualquier momento…
Harry parece ausentarse del grupo, los demás hablan entre ellos, hay presentaciones y demás, pero él sólo se fija en la escasa distancia que hay entre María y su ‘acompañante’
Él la observa y ella parece darse cuenta. Hay un encuentro de miradas, extraño, corto y largo a la vez. Parecían haberse dicho tanto entre ellos en apenas milésimas de segundo…
-¿Os apetece tomar algo? Conozco un sitio nuevo que han abierto por aquí. – propone Niall
-¡Claro! Vamos. – dice María cogiendo la mano del chico y sonriéndole.
A Harry le arde el pecho pero prefiere callarse.
-¿Estás bien, Harry? Estás muy callado… - dice Liam.
Todavía no comprendo muy bien el porqué de mi reacción, jamás me había pasado algo así. Siempre me había enfrentado a mis problemas, a mis miedos de cara, sin huir, pero sentía que no podía. Sólo quería salir de ahí y no verle. ¿Tanto daño le había hecho? Ni si quiera le conocía tan bien…
Oigo pasos cerca de mí y levanto la vista. Al verle delante de mí con aire enigmático y preocupado al mismo tiempo me levanto de golpe, dispuesta a seguir corriendo, pero mi yo de siempre me para los pies y me hace enfrentarle. Cara a cara.
No me atrevo a aguantarle la mirad así que miro a lo lejos, en un amago de imponerme ante él.
-¿Qué quieres? – le espeto con desprecio.
-Belén… ¿Estás bien? Te has ido tan… sin decir nada, cualquiera diría… - acerca la mano a mi cara y la aparto con desdén. -… que te pasa algo conmigo.
Louis frunce el ceño y me sigue mirando. Noto como me pican los ojos, se humedecen lentamente. No quiero llorar, no delante de él.
-¿Qué ha pasado? ¿Qué he hecho?
-¡¡Deja de hacer preguntas!! – le grito.
Él se queda paralizado, nunca me había visto así, y yo tampoco.
-No hagas como si no supieras lo que pasa. No te hagas el tonto. – las lágrimas se acumulan peligrosamente al borde de mis pestañas, amenazando con salir en cualquier momento.
-No… no lo entiendo… - dice completamente aturdido, está nervioso.
-Ah, claro, es cierto. Ni siquiera te diste cuenta de que estaba ahí. ¡Lo siento si no rompí a llorar en medio del pasillo! Tengo más dignidad que eso.
Por fin cae. Le había descubierto y ahora no sabía por donde salir.
-Pero yo…
-¿Pero yo qué? ¿Pero yo te quiero? ¿En serio? ¿A mí y a cuantas más? – le digo fríamente. Por fin me siento con fuerzas para mirarle a los ojos, ni siquiera me importa el hecho de que las lágrimas hace rato que corren libremente por mis mejillas.
Le tiembla la voz. Boquea como un pez fuera del agua, realmente quiere decir algo, defenderse, pero no tiene ningún sitio a donde agarrarse, su cuartada se cae por su propio peso.
-L-lo siento. – tartamudea.
-Y yo te creo. – le digo irónicamente.
Le miro de nuevo e intentando no perder el control le empujo y me voy por donde he venido.
María y Laura esperan preocupadas en el mismo sitio que cuando habían llegado.
-¿Estará bien? – pregunta María mirando a lo lejos.
-Ni idea… Pero ¿Qué le ha pasado? ¿Por qué le ha dado semejante arrebato? Sé que a veces le dan unos prontos muy extraños, pero nunca la había visto así… - dice Laura
Todo el mundo había ido a la inauguración de la pista. Parecía que toda la ciudad se hubiera juntado ahí. Incluso el resto de los chicos.
-Tíos, ¿habéis visto a Louis? Se fue hace un rato y no ha vuelto. – pregunta Harry mirando a lo lejos. De pronto su corazón se salta un latido. Un cabello pelirrojo se hace notar entre el resto de la pista, imposible confundirlo. Piensa en ir a saludarla, pero entonces recuerda lo ocurrido…
-Pues no lo sé, a lo mejor se ha parado a comprar algo o… Harry… ¿Me estás escuchando? – dice Liam intentando llamar la atención de su amigo que parece estar abstraído del mundo.
-¿Eh? Sí, sí, tienes razón…
Aunque no se acerca a decir nada, se queda observando, como si todo lo demás le importase demasiado poco para mirar hacia otro lado.
De pronto ve a alguien que se acerca a ella, un chico de pelo castaño que la trata con mucho cariño. Le da un abrazo y un beso, parece que se conoces hace mucho.
Les observa patinar, Laura va con ellos, pero a él sólo le importa ella. Sus ojos verdes brillan con una fuerza extraña al mirarla, parece que ardan de furia por ver a alguien que no sea él sujetándola, haciéndola reír. En vez de eso la había hecho llorar, le había hecho daño y no sabía como remediarlo.
Zayn se da cuenta de su presencia y se acerca raudo y veloz al encuentro con Laura que parece alegrarse mucho por verle. Él les hace un gesto a los demás para que se acerquen y Harry va con ellos a regañadientes. Le parece más prudente observar desde cierta distancia, todavía no sabía si era seguro acercarse a ella, podría arañarle en cualquier momento…
Harry parece ausentarse del grupo, los demás hablan entre ellos, hay presentaciones y demás, pero él sólo se fija en la escasa distancia que hay entre María y su ‘acompañante’
Él la observa y ella parece darse cuenta. Hay un encuentro de miradas, extraño, corto y largo a la vez. Parecían haberse dicho tanto entre ellos en apenas milésimas de segundo…
-¿Os apetece tomar algo? Conozco un sitio nuevo que han abierto por aquí. – propone Niall
-¡Claro! Vamos. – dice María cogiendo la mano del chico y sonriéndole.
A Harry le arde el pecho pero prefiere callarse.
-¿Estás bien, Harry? Estás muy callado… - dice Liam.
18/12/11
Capítulo 18
Cuando ya me parece bastante tarde, me levanto de la acera y camino lentamente a casa, pensando en una escusa para justificar mi aspecto. Quizá podría decir que me había caído en un charco, o que me había quedado fuera porque habían cerrado… no tenía muchas ganas de pensar, la verdad.
Todo me da vueltas, parece que me hayan metido una bofetada con una silla en mitad de la cara. Y todo por su puñetera culpa. Había visto como la besaba, de la misma forma que me había besado a mí. Como si lo hiciera todos los días. Simplemente un técnica, lo hacía automáticamente.
¿A caso le parecía divertido jugar con los sentimientos de los demás? Él ni siquiera me había visto parada en medio del pasillo mientras recogía los trocitos que me quedaban de lo que fue mi dignidad. Me había utilizado para su disfrute y eso no iba quedar así.
María abre súbitamente la puerta y su madre pega un respingo.
-¿E-estás bien, María? – pregunta un poco asustada.
Ella la fulmina con la mirada y va directamente a su cuarto, no tiene ganas de hablar con nadie. Bueno, quizá con Harry, pero para arrancarle la cabeza. ¿Cómo podía ser así con ella? Seguía sin comprenderlo. Bufa en medio del pasillo y cierra la puerta de un golpe.
-¿Sabes lo que le pasa? – murmura su madre.
Su padre se encoge de hombros y mira al final del pasillo.
María se tira en la cama indignada y cierra los ojos con fuerza. No quería hablar con nadie. Oye pasos por el pasillo, la puerta y algo que dejan caer al suelo. No quería hablar con nadie, repite de nuevo en su mente.
Oye como alguien se aproxima a su puerta y llama a la puerta de su cuarto. No quería hablar con nadie.
-María… - oye a su madre.
-¡No quiero hablar con nadie! - repite esta vez en voz alta.
Haciendo caso omiso al grito proveniente de dentro, la puerta se abre suavemente y deja ver a su madre. Detrás de ella aparece un chico, de pelo castaño y ojos azules. Este sonríe de oreja a oreja y adelanta hasta la puerta.
A María se le va toda señal de mal humor de la cara y se convierte en plena alegría.
-¿Esa es forma de recibir a tu hermano? – dice él con voz queda sin dejar de sonreír.
María salta de la cama y se agarra a su cuello farfullando algo al cuello de su sudadera. El chicho no para de reír y le besa en la cabeza. Su madre sonríe y se marcha por el pasillo.
-Ven, ven, ven. – le insiste María arrastrándole de la mano hasta su cuarto. Cierra la puerta y se sienta a su lado. ¡Dios mío, Doug! No sabes lo que te he echado de menos…
Dougie sonríe gentilmente y la abraza de nuevo.
-Ya estoy aquí, tranqui. – dice sonriente.
Al día siguiente, ya no había clase. Las vacaciones de navidad habían empezado y todo el mundo iba loco de un lado para otro comprando cosas para las fiestas tan esperadas.
-No me gustan las navidades. – espeta María con las manos metidas en los bolsillos.
-Oh, vamos. Son geniales. Las luces, la gente, el frío, ¡la nieve! – digo alegremente.
Ninguna de las dos le había contado lo que había pasado el día anterior. Preferimos hacer como si nada, pero la verdad que no estábamos necesariamente como aparentábamos. De todas formas, María estaba demasiado alegre por la vuelta a casa de su hermano como para estropearle el buen humor recordando tal cosa.
-Ya, sí, lo que tú digas. Mira, ahí viene Laura. – contesta cambiando sutilmente de tema.
-Hola chicas. – saluda ella.
-Hola. –contestamos al unísono.
-¿Listas para patinar?
-¿Es obligatorio contestar? – digo mirándola con duda.
María suelta una risita y nos ponemos en camino de la pista. Estaba muy bien, habían montado una en el centro de la ciudad y parecía que la hubieran traído expresamente de Nueva York, era idéntica a las de ahí.
Sonreí ante la presencia de tan enorme cúmulo de hielo y me apoyé en la barandilla.
-¿Vamos, vamos, vamos? – supliqué a lo niña de 5 años.
Laura me concedió la entrada con un gesto y sonrió entrando después de mi acompañada de María.
-¿Lo habéis visto? ¿¡No es geniaaa…¡AUCH!. – grité mientras caía al suelo. No me había dado cuenta de que me había adentrado en el hielo.
María y Laura estallaron en carcajadas.
Un chico que pasaba por ahí frena y se me acerca para ayudarme.
-¿Estás bien? – pregunta. Su sonrisa era como un rayo de sol. Pero de pronto me doy cuenta de quien es y aparto la mirada como un rayo.
Me levanto de un respingo y me voy de ahí ante la atónita mirada de María y Laura.
-Louis, ¿Sabes qué le pasa? – pregunta María
Este niega con la cabeza y sale detrás de mí a paso ligero.
Todo me da vueltas, parece que me hayan metido una bofetada con una silla en mitad de la cara. Y todo por su puñetera culpa. Había visto como la besaba, de la misma forma que me había besado a mí. Como si lo hiciera todos los días. Simplemente un técnica, lo hacía automáticamente.
¿A caso le parecía divertido jugar con los sentimientos de los demás? Él ni siquiera me había visto parada en medio del pasillo mientras recogía los trocitos que me quedaban de lo que fue mi dignidad. Me había utilizado para su disfrute y eso no iba quedar así.
María abre súbitamente la puerta y su madre pega un respingo.
-¿E-estás bien, María? – pregunta un poco asustada.
Ella la fulmina con la mirada y va directamente a su cuarto, no tiene ganas de hablar con nadie. Bueno, quizá con Harry, pero para arrancarle la cabeza. ¿Cómo podía ser así con ella? Seguía sin comprenderlo. Bufa en medio del pasillo y cierra la puerta de un golpe.
-¿Sabes lo que le pasa? – murmura su madre.
Su padre se encoge de hombros y mira al final del pasillo.
María se tira en la cama indignada y cierra los ojos con fuerza. No quería hablar con nadie. Oye pasos por el pasillo, la puerta y algo que dejan caer al suelo. No quería hablar con nadie, repite de nuevo en su mente.
Oye como alguien se aproxima a su puerta y llama a la puerta de su cuarto. No quería hablar con nadie.
-María… - oye a su madre.
-¡No quiero hablar con nadie! - repite esta vez en voz alta.
Haciendo caso omiso al grito proveniente de dentro, la puerta se abre suavemente y deja ver a su madre. Detrás de ella aparece un chico, de pelo castaño y ojos azules. Este sonríe de oreja a oreja y adelanta hasta la puerta.
A María se le va toda señal de mal humor de la cara y se convierte en plena alegría.
-¿Esa es forma de recibir a tu hermano? – dice él con voz queda sin dejar de sonreír.
María salta de la cama y se agarra a su cuello farfullando algo al cuello de su sudadera. El chicho no para de reír y le besa en la cabeza. Su madre sonríe y se marcha por el pasillo.
-Ven, ven, ven. – le insiste María arrastrándole de la mano hasta su cuarto. Cierra la puerta y se sienta a su lado. ¡Dios mío, Doug! No sabes lo que te he echado de menos…
Dougie sonríe gentilmente y la abraza de nuevo.
-Ya estoy aquí, tranqui. – dice sonriente.
Al día siguiente, ya no había clase. Las vacaciones de navidad habían empezado y todo el mundo iba loco de un lado para otro comprando cosas para las fiestas tan esperadas.
-No me gustan las navidades. – espeta María con las manos metidas en los bolsillos.
-Oh, vamos. Son geniales. Las luces, la gente, el frío, ¡la nieve! – digo alegremente.
Ninguna de las dos le había contado lo que había pasado el día anterior. Preferimos hacer como si nada, pero la verdad que no estábamos necesariamente como aparentábamos. De todas formas, María estaba demasiado alegre por la vuelta a casa de su hermano como para estropearle el buen humor recordando tal cosa.
-Ya, sí, lo que tú digas. Mira, ahí viene Laura. – contesta cambiando sutilmente de tema.
-Hola chicas. – saluda ella.
-Hola. –contestamos al unísono.
-¿Listas para patinar?
-¿Es obligatorio contestar? – digo mirándola con duda.
María suelta una risita y nos ponemos en camino de la pista. Estaba muy bien, habían montado una en el centro de la ciudad y parecía que la hubieran traído expresamente de Nueva York, era idéntica a las de ahí.
Sonreí ante la presencia de tan enorme cúmulo de hielo y me apoyé en la barandilla.
-¿Vamos, vamos, vamos? – supliqué a lo niña de 5 años.
Laura me concedió la entrada con un gesto y sonrió entrando después de mi acompañada de María.
-¿Lo habéis visto? ¿¡No es geniaaa…¡AUCH!. – grité mientras caía al suelo. No me había dado cuenta de que me había adentrado en el hielo.
María y Laura estallaron en carcajadas.
Un chico que pasaba por ahí frena y se me acerca para ayudarme.
-¿Estás bien? – pregunta. Su sonrisa era como un rayo de sol. Pero de pronto me doy cuenta de quien es y aparto la mirada como un rayo.
Me levanto de un respingo y me voy de ahí ante la atónita mirada de María y Laura.
-Louis, ¿Sabes qué le pasa? – pregunta María
Este niega con la cabeza y sale detrás de mí a paso ligero.
15/12/11
Capítulo 17
Son las 4 y media de la tarde. Mi madre está en la cocina, recogiendo, mi padre trabajando y Harry tranquilamente tirado en el sofá, sin ninguna intención de moverse.
Me acerco a él y le empujo suavemente para intentar moverle.
-Quita de encima mequetrefe, ya te he dicho que no voy a acompañarte a hacer ese dichoso trabajo. – dice él apartándome con la mano de mala gana.
Mi madre le mira de reojo. Se seca las manos y sale de la cocina.
-Dijiste que la ayudarías. – dice ella.
Harry salta de un respigo.
-¿¡Qué yo dije qué?!
-Y aunque no lo dijeras me da igual. Necesita tu ayuda, eras muy bueno haciendo trabajos cuando tenías su edad.
-Pero… ¡Mamá, que tiene dos años menos que yo! Se las puede apañar solita… - protesta de nuevo.
-Tienes diecinueve años y puedo echarte de casa cuando quiera, pero aun así te dejo quedarte aquí. Otro que también se las puede apañar solo… ¿no?
Se me escapa una risa.
-Tú te callas mocosa. – me reprende él con una mirada asesina. – Está bien, iré, pero… porque lo dice mamá, si no ahí te quedas.
Harry se va enfurruñado a su cuarto para cambiarse de ropa. Le levanto los pulgares a mi madre y ella sonríe. Todavía quedaba un cuarto de hora para que dieran las cinco y decido arreglarme y coger todo lo que me falta.
Una vez listos, Harry seguís de mal humor, pero daba lo mismo, había conseguido que viniera conmigo. Si os soy sincera, me importaba un bledo el trabajo, ni si quiera iba a terminarlo aquella tarde, pero podría ver el resultado de mezclar Sodio con agua en directo.
Ya me entendéis.
Con una sonrisa en la cara abro la puerta y dejo paso al enfurruñado de mi hermano que pasa delante de mí con cara de querer cometer un asesinato.
Sonrío de nuevo y me despido.
-¿Qué, hermanito? ¿Listo para ir a la biblioteca? – comento con aire feliz. – hace mucho que no voy por ahí, me pregunto que habrá sido de Mark…
-Me la suda Mark, que quieres que te diga. Con lo bien que estaría yo en casa, viendo la tele. – refunfuña él. – y además…
-¿Además qué? – le insisto para que conteste lo que sabía que estaba pensando.
Bufa y mira hacia otro lado. Es evidente que no quiere saber nada de mí.
Cuando llegamos al portal de María, su cara se vuelve blanca, blanca del susto. No esperaba a Harry, y yo lo sabía, pero soy así de retorcida.
-H-hola. Belén ¿Qué hace él aquí? – pregunta tragando saliva.
-Viene con nosotras, para ayudarnos con el trabajo.
-No creas que vengo por gusto. – contesta Harry rudamente mientras se adelanta.
María suspira con desdén y le sigue varios pasos por detrás, y yo la sigo. Poco después, debido al acelerado paso que llevaba Harry llegamos a la biblioteca, no había mucha gente un domingo por la tarde, además era la del barrio y ya nos conocían.
Entro en el edificio y como imagina estaba bastante vacío, excepto algún vecino y conocido, nada fuera de lo común. Incluso había una chica de mi clase haciendo el trabajo, Jade.
-Hey. – la saludo de pasada.
Los tres nos sentamos en una de las múltiples mesas vacías. Saco los libros y empiezo a escribir. Percibo las miraditas entre Harry y María incluso sin mirar.
María se levanta de pronto y como una exhalación desaparece al fondo de la sala. Parece buscar un libro en las estanterías, como no lo encuentra, se adentra entre los cientos y gigantescos estantes.
Harry no para de observarla. De pronto, y de nuevo haciéndome hacer un salto de tinta en el papel, este se levanta y va hacia el pasillo.
-¿Dónde vas? – le grito en susurros.
-A buscar un libro, a ti que te importa.
Pongo los ojos en blanco y vuelvo a mi papel.
Harry la busca entre los estantes, a parte de estar desiertos, parece un laberinto de libros. De pronto divisa su rojiza cabellera caer sobre las páginas de un libro.
Se la veía tan concentrada que ni se hubiera dado cuenta que Harry estaba detrás de ella intentando decirle algo, una palabra, un gesto un… algo.
De pronto y dejándose llevar por el descontrol Harry la coge por los hombros y le da la vuelta de pronto. María asustada, ahora un grito y suelta el libro de golpe, haciendo que este caiga al suelo haciendo un gran estruendo. El silencio se apodera de la situación a excepción de un leve eco que ha quedado resto de la caída del libro.
Me giro asustada y miro entre las estanterías, pero no hay rastro de ellos dos.
-Suéltame. – protesta María moviéndose entre sus manos.
Harry no estaba dispuesto a dejarla escapar, no otra vez más.
-María… yo… - comienza. Pero ella no le escuchaba, se limitaba a revolverse dispuesta a escapar de ahí como fuera. – por favor escúchame…
María le miró a los ojos, sus verdes y brillantes ojos verdes que relucían como un destello de sol. Ella no pudo evitarlo y dejó de resistirse a él. Relajó los hombros y suspiró dispuesta a escuchar.
-Sé que hice mal en dejarte así tan… de golpe. Estaba confundido por todo lo que había pasado con Kris, pero ya no me acuerdo de ella, de sus besos, de su sonrisa. - María emite una mueca de desprecio, sentía el tono en el que describía todo aquello. – ahora sólo puedo recordar la tuya. Estás en mi cabeza las 24 horas… déjame quererte… o al menos dime como puedo sacarte de ahí…
Pronunció las últimas palabras a escasos centímetros de ella. Sorprendentemente María aparta la cara y aprovechando la debilidad del chico lo separa de ella de un empujón.
Cuando por fin le ve con claridad le atesta una bofetada como nunca antes lo había hecho, de nuevo la sala se inundó de un profundo eco.
Me vuelvo a girar y esta vez me levanto para echar un vistazo. No habían vuelto en bastante rato y no podía evitar pensar que algo malo había pasado.
Paso bastantes estanterías, todas me parecen iguales. De pronto algo hace que me pare en seco. Siento una punzada en el pecho, como si me hubiesen atravesado con una lanza.
Era Louis. Estaba ahí, y no precisamente sólo. Muy bien acompañado, por lo que veo. Jade casi le impedía respirar por la fuerza con la que le atraía hacia él. De pronto se unieron en un apasionado beso.
Cierro los ojos para no ver el resto de la imagen, me niego. Ahogo un grito y me doy la vuelta, confundida. Las palabras de Harry resuenan en mi cabeza.
‘Te hará daño.’ Una y otra vez, una y otra vez. Tenía razón y no le había hecho caso, creía conocerle muy bien. Al encontrar la salida, recojo mis cosas con rabia y salgo por la puerta. El tiempo había cambiado radicalmente, llovía con debilidad, pero pronto arreció.
Completamente empapada, en mitad de la calle y completamente perdida, me siento en la acera y me cubro la cara con las manos. Necesitaba un poco de tiempo para pensar, sólo eso…
-¿Sabes, Harry? Te crees que puedes tener todo cuando te plazca, que me puedes manejar a tu antojo y te equivocas, no sabes cuanto. – Los ojos de María parecen humedecerse, no de tristeza, de rabia.
Harry toma aire para decir algo, pero ni siquiera le da tiempo a contestar.
-Como si fuera tu segunda opción, da igual, la ingenua de María siempre va a estar ahí, ¿No es así? ¡Pues no! ¡No te voy a dar el gusto! Así que la próxima vez – vacila para tomar aire, una lágrima se precipita desde sus pestañas, sin permiso de su consciencia y le resbala por la mejilla. – piensa un poco mejor a quién quieres, porque me da la sensación de que eliges como el puto culo.
Y ducho esto salió de ahí con la cabeza bien alta. Había cogido todo su orgullo y se lo había tirado a la cara. Por primera vez sentía que se había vaciado de culpa, estaba en paz consigo misma.
Me acerco a él y le empujo suavemente para intentar moverle.
-Quita de encima mequetrefe, ya te he dicho que no voy a acompañarte a hacer ese dichoso trabajo. – dice él apartándome con la mano de mala gana.
Mi madre le mira de reojo. Se seca las manos y sale de la cocina.
-Dijiste que la ayudarías. – dice ella.
Harry salta de un respigo.
-¿¡Qué yo dije qué?!
-Y aunque no lo dijeras me da igual. Necesita tu ayuda, eras muy bueno haciendo trabajos cuando tenías su edad.
-Pero… ¡Mamá, que tiene dos años menos que yo! Se las puede apañar solita… - protesta de nuevo.
-Tienes diecinueve años y puedo echarte de casa cuando quiera, pero aun así te dejo quedarte aquí. Otro que también se las puede apañar solo… ¿no?
Se me escapa una risa.
-Tú te callas mocosa. – me reprende él con una mirada asesina. – Está bien, iré, pero… porque lo dice mamá, si no ahí te quedas.
Harry se va enfurruñado a su cuarto para cambiarse de ropa. Le levanto los pulgares a mi madre y ella sonríe. Todavía quedaba un cuarto de hora para que dieran las cinco y decido arreglarme y coger todo lo que me falta.
Una vez listos, Harry seguís de mal humor, pero daba lo mismo, había conseguido que viniera conmigo. Si os soy sincera, me importaba un bledo el trabajo, ni si quiera iba a terminarlo aquella tarde, pero podría ver el resultado de mezclar Sodio con agua en directo.
Ya me entendéis.
Con una sonrisa en la cara abro la puerta y dejo paso al enfurruñado de mi hermano que pasa delante de mí con cara de querer cometer un asesinato.
Sonrío de nuevo y me despido.
-¿Qué, hermanito? ¿Listo para ir a la biblioteca? – comento con aire feliz. – hace mucho que no voy por ahí, me pregunto que habrá sido de Mark…
-Me la suda Mark, que quieres que te diga. Con lo bien que estaría yo en casa, viendo la tele. – refunfuña él. – y además…
-¿Además qué? – le insisto para que conteste lo que sabía que estaba pensando.
Bufa y mira hacia otro lado. Es evidente que no quiere saber nada de mí.
Cuando llegamos al portal de María, su cara se vuelve blanca, blanca del susto. No esperaba a Harry, y yo lo sabía, pero soy así de retorcida.
-H-hola. Belén ¿Qué hace él aquí? – pregunta tragando saliva.
-Viene con nosotras, para ayudarnos con el trabajo.
-No creas que vengo por gusto. – contesta Harry rudamente mientras se adelanta.
María suspira con desdén y le sigue varios pasos por detrás, y yo la sigo. Poco después, debido al acelerado paso que llevaba Harry llegamos a la biblioteca, no había mucha gente un domingo por la tarde, además era la del barrio y ya nos conocían.
Entro en el edificio y como imagina estaba bastante vacío, excepto algún vecino y conocido, nada fuera de lo común. Incluso había una chica de mi clase haciendo el trabajo, Jade.
-Hey. – la saludo de pasada.
Los tres nos sentamos en una de las múltiples mesas vacías. Saco los libros y empiezo a escribir. Percibo las miraditas entre Harry y María incluso sin mirar.
María se levanta de pronto y como una exhalación desaparece al fondo de la sala. Parece buscar un libro en las estanterías, como no lo encuentra, se adentra entre los cientos y gigantescos estantes.
Harry no para de observarla. De pronto, y de nuevo haciéndome hacer un salto de tinta en el papel, este se levanta y va hacia el pasillo.
-¿Dónde vas? – le grito en susurros.
-A buscar un libro, a ti que te importa.
Pongo los ojos en blanco y vuelvo a mi papel.
Harry la busca entre los estantes, a parte de estar desiertos, parece un laberinto de libros. De pronto divisa su rojiza cabellera caer sobre las páginas de un libro.
Se la veía tan concentrada que ni se hubiera dado cuenta que Harry estaba detrás de ella intentando decirle algo, una palabra, un gesto un… algo.
De pronto y dejándose llevar por el descontrol Harry la coge por los hombros y le da la vuelta de pronto. María asustada, ahora un grito y suelta el libro de golpe, haciendo que este caiga al suelo haciendo un gran estruendo. El silencio se apodera de la situación a excepción de un leve eco que ha quedado resto de la caída del libro.
Me giro asustada y miro entre las estanterías, pero no hay rastro de ellos dos.
-Suéltame. – protesta María moviéndose entre sus manos.
Harry no estaba dispuesto a dejarla escapar, no otra vez más.
-María… yo… - comienza. Pero ella no le escuchaba, se limitaba a revolverse dispuesta a escapar de ahí como fuera. – por favor escúchame…
María le miró a los ojos, sus verdes y brillantes ojos verdes que relucían como un destello de sol. Ella no pudo evitarlo y dejó de resistirse a él. Relajó los hombros y suspiró dispuesta a escuchar.
-Sé que hice mal en dejarte así tan… de golpe. Estaba confundido por todo lo que había pasado con Kris, pero ya no me acuerdo de ella, de sus besos, de su sonrisa. - María emite una mueca de desprecio, sentía el tono en el que describía todo aquello. – ahora sólo puedo recordar la tuya. Estás en mi cabeza las 24 horas… déjame quererte… o al menos dime como puedo sacarte de ahí…
Pronunció las últimas palabras a escasos centímetros de ella. Sorprendentemente María aparta la cara y aprovechando la debilidad del chico lo separa de ella de un empujón.
Cuando por fin le ve con claridad le atesta una bofetada como nunca antes lo había hecho, de nuevo la sala se inundó de un profundo eco.
Me vuelvo a girar y esta vez me levanto para echar un vistazo. No habían vuelto en bastante rato y no podía evitar pensar que algo malo había pasado.
Paso bastantes estanterías, todas me parecen iguales. De pronto algo hace que me pare en seco. Siento una punzada en el pecho, como si me hubiesen atravesado con una lanza.
Era Louis. Estaba ahí, y no precisamente sólo. Muy bien acompañado, por lo que veo. Jade casi le impedía respirar por la fuerza con la que le atraía hacia él. De pronto se unieron en un apasionado beso.
Cierro los ojos para no ver el resto de la imagen, me niego. Ahogo un grito y me doy la vuelta, confundida. Las palabras de Harry resuenan en mi cabeza.
‘Te hará daño.’ Una y otra vez, una y otra vez. Tenía razón y no le había hecho caso, creía conocerle muy bien. Al encontrar la salida, recojo mis cosas con rabia y salgo por la puerta. El tiempo había cambiado radicalmente, llovía con debilidad, pero pronto arreció.
Completamente empapada, en mitad de la calle y completamente perdida, me siento en la acera y me cubro la cara con las manos. Necesitaba un poco de tiempo para pensar, sólo eso…
-¿Sabes, Harry? Te crees que puedes tener todo cuando te plazca, que me puedes manejar a tu antojo y te equivocas, no sabes cuanto. – Los ojos de María parecen humedecerse, no de tristeza, de rabia.
Harry toma aire para decir algo, pero ni siquiera le da tiempo a contestar.
-Como si fuera tu segunda opción, da igual, la ingenua de María siempre va a estar ahí, ¿No es así? ¡Pues no! ¡No te voy a dar el gusto! Así que la próxima vez – vacila para tomar aire, una lágrima se precipita desde sus pestañas, sin permiso de su consciencia y le resbala por la mejilla. – piensa un poco mejor a quién quieres, porque me da la sensación de que eliges como el puto culo.
Y ducho esto salió de ahí con la cabeza bien alta. Había cogido todo su orgullo y se lo había tirado a la cara. Por primera vez sentía que se había vaciado de culpa, estaba en paz consigo misma.
Capítulo 16
Comienzo a reírme al terminar las escaleras y Louis se acabó por despertar.
-¿Pero que es todo este alboroto? – dice él casi precipitándose del sofá.
Sonrío pícaramente y cojo una taza que Liam había preparado para nosotros. Harry seguía durmiendo plácidamente ajeno a todo lo que pasaba abajo en ese mismo momento.
Cuando estábamos a punto de irnos, Harry baja las escaleras s trompicones.
-¡eh, eh, eh!
-¿Qué te pasa? – digo yo un poco asustada de la forma en la que se colocaba la camiseta por las prisas, estuvo varias veces cerca de la muerte al tropezar con un escalón.
-¿Ya os vais? ¿Y no me decís nada? – pregunta ofendido.
Levanto una ceja y le miro fijamente.
-Ah. – digo secamente. – Nos vamos, ¿contento?
Harry sonríe irónicamente y se pone el abrigo.
-A-adiós eh. – espeta Louis saludando a Harry, quien no les había saludado, ni hablado.
Harry sonríe y posa la mano en el marco de la puerta.
-Ya os veré después. – dice guiñándole un ojo.
Louis aparta la mirada, al ver la reacción de su amigo, y preguntándose porque su actitud le había parecido, en cierto punto, sexy.
Levanto una ceja preguntándome que acababa de pasar, pero suspiro y me acerco a la puerta.
-Que os vaya bien, chicos, ya nos veremos. – digo saliendo al jardín, hace bastante sol para ser casi navidad.
María saluda con la mano y hace lo mismo que yo.
Saludamos a Liam que nos sostiene amablemente la puerta y nos vamos por el camino de piedras amarilleado por el sol. Hace cierto grado de calor a la luz del sol aunque el brillo ciega un poco.
Llegamos a casa y dejamos a María en su portal. Harry parecía haberse quedado con algo más que decir, pero no se atrevió a decirlo, permaneció callado y pensativo todo el trayecto a casa. Ya nuestro piso le di una colleja al entrar, este me respondió con una fiera mirada de desprecio.
-¿Qué pasa contigo, mocosa? – dice mosqueado.
-Era para comprobar que no te había dado una embolia.
Se ríe irónicamente y me vuelve a mirar mal.
-No tiene gracia.
-No pretendía divertirle, su majestad. Sé que tienes algo en mente y me repatea no saber lo que es. Siempre sé lo que estás pensando. – Harry me mira sorprendido. – sí, siempre.
-No estaba pensando en nada. – comenta él dejando su abrigo en la percha y tumbándose en el sofá dispuesto a ver la televisión.
-Como si no te conociera. Por cierto, te agradecería que vinieras esta tarde a la biblioteca conmigo, tengo que buscar información para un trabajo.
-¿Y por qué tengo que ir yo? – protesta mirándome con cara de hermano mayor.
-Porque soy tu hermanita pequeña y mamá me ha dicho que me ayudes.
-Pues que vaya María. – insiste.
-Ya lo creo, ella también viene porque lo hace conmigo. Y tú también vienes y no hay más que hablar.
-No pienso ir.
-Pues se lo diré a mamá. – le espeto cual niña de cinco años.
Harry bufa cabreado y me lanza un cojín con mala leche, consigo esquivarlo debido a la experiencia que había ido cogiendo después de estar 17 años con él en casa.
-Nos vamos a las 5 de aquí, cari. – digo seguido de una risita entre malvada e irritable mientras desaparezco por el pasillo.
-¿Pero que es todo este alboroto? – dice él casi precipitándose del sofá.
Sonrío pícaramente y cojo una taza que Liam había preparado para nosotros. Harry seguía durmiendo plácidamente ajeno a todo lo que pasaba abajo en ese mismo momento.
Cuando estábamos a punto de irnos, Harry baja las escaleras s trompicones.
-¡eh, eh, eh!
-¿Qué te pasa? – digo yo un poco asustada de la forma en la que se colocaba la camiseta por las prisas, estuvo varias veces cerca de la muerte al tropezar con un escalón.
-¿Ya os vais? ¿Y no me decís nada? – pregunta ofendido.
Levanto una ceja y le miro fijamente.
-Ah. – digo secamente. – Nos vamos, ¿contento?
Harry sonríe irónicamente y se pone el abrigo.
-A-adiós eh. – espeta Louis saludando a Harry, quien no les había saludado, ni hablado.
Harry sonríe y posa la mano en el marco de la puerta.
-Ya os veré después. – dice guiñándole un ojo.
Louis aparta la mirada, al ver la reacción de su amigo, y preguntándose porque su actitud le había parecido, en cierto punto, sexy.
Levanto una ceja preguntándome que acababa de pasar, pero suspiro y me acerco a la puerta.
-Que os vaya bien, chicos, ya nos veremos. – digo saliendo al jardín, hace bastante sol para ser casi navidad.
María saluda con la mano y hace lo mismo que yo.
Saludamos a Liam que nos sostiene amablemente la puerta y nos vamos por el camino de piedras amarilleado por el sol. Hace cierto grado de calor a la luz del sol aunque el brillo ciega un poco.
Llegamos a casa y dejamos a María en su portal. Harry parecía haberse quedado con algo más que decir, pero no se atrevió a decirlo, permaneció callado y pensativo todo el trayecto a casa. Ya nuestro piso le di una colleja al entrar, este me respondió con una fiera mirada de desprecio.
-¿Qué pasa contigo, mocosa? – dice mosqueado.
-Era para comprobar que no te había dado una embolia.
Se ríe irónicamente y me vuelve a mirar mal.
-No tiene gracia.
-No pretendía divertirle, su majestad. Sé que tienes algo en mente y me repatea no saber lo que es. Siempre sé lo que estás pensando. – Harry me mira sorprendido. – sí, siempre.
-No estaba pensando en nada. – comenta él dejando su abrigo en la percha y tumbándose en el sofá dispuesto a ver la televisión.
-Como si no te conociera. Por cierto, te agradecería que vinieras esta tarde a la biblioteca conmigo, tengo que buscar información para un trabajo.
-¿Y por qué tengo que ir yo? – protesta mirándome con cara de hermano mayor.
-Porque soy tu hermanita pequeña y mamá me ha dicho que me ayudes.
-Pues que vaya María. – insiste.
-Ya lo creo, ella también viene porque lo hace conmigo. Y tú también vienes y no hay más que hablar.
-No pienso ir.
-Pues se lo diré a mamá. – le espeto cual niña de cinco años.
Harry bufa cabreado y me lanza un cojín con mala leche, consigo esquivarlo debido a la experiencia que había ido cogiendo después de estar 17 años con él en casa.
-Nos vamos a las 5 de aquí, cari. – digo seguido de una risita entre malvada e irritable mientras desaparezco por el pasillo.
14/12/11
Capítulo 15
Estoy junto a la puerta de la casa de Liam, era muy amplia y tenía un jardín precioso. Llamo al portal; de pronto me da un vuelco el corazón, Louis estaría ahí, y ni siquiera me acordaba que lo que había pasado ayer.
Liam me contesta con voz adormecida, me identifico y la puerta se abre con una ligera vibración. La empujo y me adentro en el jardín por el caminito de piedras, cuando llego a la puerta, Liam ya la ha abierto, se está refrotando los ojos.
-Buenos días. – saluda con voz baja. – Todavía siguen durmiendo, pasa, pero no hagas mucho ruido.
Me río suavemente y paso dentro, Louis está tumbado de malas maneras en el sofá, dormido como un tronco. Me da por reírme, pero sólo sonrío y paso al comedor. Niall está sentando en un taburete con una taza entre las manos.
De pronto noto una mirada cómplice entre los dos, aunque no le doy mucha importancia.
-Hey, ¿Qué tal anoche? – pregunto tomando asiento.
Niall se sonroja un poco y Liam sonríe.
-Bien, estuvimos viendo una película hasta tarde, y luego nos acostamos.
Asiento diciendo que me he enterado y miro a mí al rededor.
-¿Y María?
Liam boquea queriendo decir algo y se rasca la nuca.
-Creo que sigue durmiendo, está… arriba, con Harry.
Abro los ojos y me llevo la mano a la boca. Empiezo a gesticular con las manos intentando preguntar cómo habían acabado los dos juntos en la misma habitación, el resultado podría haber sido desastroso.
-Bueno… sabíamos que estabas mosqueados, así que dijimos ¿Y por qué no?
-¿Qué habéis hecho qué? – digo elevando el tono. Louis se revuelve en el sofá, pero ni siquiera se despierta.
Niall suelta una risa nerviosa. Me levanto y me acerco a las escaleras.
-¿Dónde vas? Creo que siguen durmiendo. – dice Niall
-A ver si se ha cometido un Harrycidio, quieras que no es mi hermano.
Arriba, en la habitación, los dos andaban plácidamente dormidos, ni siquiera se habían dado cuenta de mi llegada. A pesar de que la noche anterior habían dormido con tanta tensión en el ambiente que prácticamente se podía tocar, esa mañana parecía haberse hecho invisible.
Los dos parecían haberse caído en brazos de Morfeo y llegado un punto, los dos habían acabado uno muy cerca del otro, probablemente por la falta de calor.
María nota una motita de luz rozarle el párpado y frunce el ceño con desdén. Abre poco a poco los ojos y pierde la capacidad de respirar por un segundo en el momento que ve a Harry plácidamente dormido a escasos centímetros de ella.
Se aparta cuidadosamente y abre el edredón.
Todavía un poco confundida por ello, se viste y abre la puerta con cuidado. Pero lo que no es esperaba era encontrarse conmigo en mitad del pasillo custodiándolo como una samurái.
-¡¿Qué cojones…!? – espeta intentando bajarse a sí misma el volumen. - ¿Quieres matarme o algo?
No puedo aguantar más y comienzo a reírme. Su cara es un auténtico poema. Me tapo la boca con las manos intentando silenciar mi risa, pero aun así sigo riéndome.
-No tiene gracia. – continúa ella, poniéndose seria.
-Está bien, está bien, lo sieeeeeeeeento. – le digo intentando sofocar mis carcajadas. - ¿Vienes? Hay café recién hecho, y creo…
-¿Qué?
-Que tienes algo que contarme. – digo levantando una ceja.
María aparta la mirada y se sonroja levemente, lo que me hace sonreír sospechosamente. Me doy media vuelta y bajo las escaleras melodiosamente.
Liam me contesta con voz adormecida, me identifico y la puerta se abre con una ligera vibración. La empujo y me adentro en el jardín por el caminito de piedras, cuando llego a la puerta, Liam ya la ha abierto, se está refrotando los ojos.
-Buenos días. – saluda con voz baja. – Todavía siguen durmiendo, pasa, pero no hagas mucho ruido.
Me río suavemente y paso dentro, Louis está tumbado de malas maneras en el sofá, dormido como un tronco. Me da por reírme, pero sólo sonrío y paso al comedor. Niall está sentando en un taburete con una taza entre las manos.
De pronto noto una mirada cómplice entre los dos, aunque no le doy mucha importancia.
-Hey, ¿Qué tal anoche? – pregunto tomando asiento.
Niall se sonroja un poco y Liam sonríe.
-Bien, estuvimos viendo una película hasta tarde, y luego nos acostamos.
Asiento diciendo que me he enterado y miro a mí al rededor.
-¿Y María?
Liam boquea queriendo decir algo y se rasca la nuca.
-Creo que sigue durmiendo, está… arriba, con Harry.
Abro los ojos y me llevo la mano a la boca. Empiezo a gesticular con las manos intentando preguntar cómo habían acabado los dos juntos en la misma habitación, el resultado podría haber sido desastroso.
-Bueno… sabíamos que estabas mosqueados, así que dijimos ¿Y por qué no?
-¿Qué habéis hecho qué? – digo elevando el tono. Louis se revuelve en el sofá, pero ni siquiera se despierta.
Niall suelta una risa nerviosa. Me levanto y me acerco a las escaleras.
-¿Dónde vas? Creo que siguen durmiendo. – dice Niall
-A ver si se ha cometido un Harrycidio, quieras que no es mi hermano.
Arriba, en la habitación, los dos andaban plácidamente dormidos, ni siquiera se habían dado cuenta de mi llegada. A pesar de que la noche anterior habían dormido con tanta tensión en el ambiente que prácticamente se podía tocar, esa mañana parecía haberse hecho invisible.
Los dos parecían haberse caído en brazos de Morfeo y llegado un punto, los dos habían acabado uno muy cerca del otro, probablemente por la falta de calor.
María nota una motita de luz rozarle el párpado y frunce el ceño con desdén. Abre poco a poco los ojos y pierde la capacidad de respirar por un segundo en el momento que ve a Harry plácidamente dormido a escasos centímetros de ella.
Se aparta cuidadosamente y abre el edredón.
Todavía un poco confundida por ello, se viste y abre la puerta con cuidado. Pero lo que no es esperaba era encontrarse conmigo en mitad del pasillo custodiándolo como una samurái.
-¡¿Qué cojones…!? – espeta intentando bajarse a sí misma el volumen. - ¿Quieres matarme o algo?
No puedo aguantar más y comienzo a reírme. Su cara es un auténtico poema. Me tapo la boca con las manos intentando silenciar mi risa, pero aun así sigo riéndome.
-No tiene gracia. – continúa ella, poniéndose seria.
-Está bien, está bien, lo sieeeeeeeeento. – le digo intentando sofocar mis carcajadas. - ¿Vienes? Hay café recién hecho, y creo…
-¿Qué?
-Que tienes algo que contarme. – digo levantando una ceja.
María aparta la mirada y se sonroja levemente, lo que me hace sonreír sospechosamente. Me doy media vuelta y bajo las escaleras melodiosamente.
9/12/11
Capítulo 14
Llego a casa y dejo caer mis cosas en la cama. Mi madre me ha preguntado por mi hermano, y por alguna extraña razón me ha entrado la risa.
Abro el grifo de la bañera y apago la música que había puesto, ya no tengo ganas de escuchar, simplemente cerrar los ojos y pensar. No puedo evitar sonreír como una imbécil al acordarme de la manera en la que me había besado. Me tapo la cara con las manos y me hundo entre las burbujas.
Son las 2 y media de la mañana. Zayn y Laura ya se habían ido a la habitación, se les oía reírse desde abajo, donde Harry, Niall, Liam, Louis y María veían una película.
-Creo que me voy a ir a dormir ya… -masculla Niall.
Harry y María evitaban a toda costa el irse a dormir.
-Ehh… pero si es muy pronto todavía, además no ha acabado la película todavía, ¿No queréis ver el final? – dice Harry.
-Harry, es el señor de los anillos. El anillo se cae a la lava, golum muere y Frodo vuelve a casa. ¿Acaso no la has visto ya? – dice Louis entrecerrando los ojos.
Liam se levanta y le extiende la mano a Niall para levantarse.
-Buenas noches chicos. – dice Liam desde la puerta. Niall mueve la mano y se adentra en la habitación.
La puerta se cierra y Louis parece intimidar a ambos para que le dejaran dormir.
-¿Os importa si…? – comienza.
María suspira y se levanta.
-Buenas noches. – dice susurrando.
Se acerca a las escaleras y empieza a subirlas despacio. Harry la mira desde abajo, todavía tiene en mente la conversación que había escuchado antes.
¿Quién podría estar con ella? ¿Quién estaría besando esos labios que él tanto deseaba? ¿Deseaba? Se descubre a sí mismo con esos pensamientos en la cabeza.
Era él quien la había dejado, no podía apartarse a Kristen de la cabeza, pero la verdad era que esa última semana no había podido sacarse la forma tan dulce que tenía María de sonreír y como sus ojos brillaban cada vez que le dedicaban una mirada inocente.
Él aprieta el puño y sube las escaleras detrás de ella. Entra en la habitación y entorna la puerta. María está apunto de quitarse la ropa para ponerse el pijama y ambos se miran como idiotas.
-¡Date la vuelta! – le espeta María para que reaccionara.
Harry da un respingo y se da la vuelta obedeciendo dócil a la orden.
-Ya está. – dice ella.
Cuando él se da la vuelta, María ya está dentro de la cama con el edredón hasta las orejas y de espaldas a él.
Por lo visto no le hace mucha gracia estar ahí.
Harry suspira y se quita la ropa para ponerse el pijama. Se mete en la cama despacio y coge postura. Está bastante tenso, la mira, pero ella parece ignorarle olímpicamente.
De pronto una lucecita se ilumina en la mesita, un mensaje. María alarga la mano y coge el móvil para saber quién le escribe.
¿Y si era él? ¿Si era ese tal Dougie? Le daba igual, no tenía por qué entrometerse en sus asuntos, porque al fin y al cabo no estaban juntos.
María se ríe bajito y coloca el móvil debajo de la almohada.
Metiéndome en la cama cojo el móvil, pensando que todavía estarían despiertos y le mando un mensaje a María, espero unos minutos para ver si contesta, pero no ocurre nada. Me doy media vuelta y me duermo al cabo de poco rato.
Al día siguiente, parece que el sol nos iba a hacer compañía, por lo menos un rato. Se agradecía después de tantos días de lluvia y nubes.
Se acercaba la navidad, y aunque aún faltaban varias semanas, los técnicos comenzaban a poner las luces en las calles. A uno de ellos se le cae una llave inglesa desde la escalera y eso hace que me despierte.
Maldigo su existencia por un momento y me levanto. Estoy helada. Parece que no hay nadie en casa, mis padres habrán ido a ver a mi abuela y mi hermano… bueno mi hermano no sabía siquiera si seguiría vivo.
Salgo de la habitación y compruebo que no hay moros en la costa, desayunaría en casa de Liam, ya iba de camino hacia ahí.
Abro el grifo de la bañera y apago la música que había puesto, ya no tengo ganas de escuchar, simplemente cerrar los ojos y pensar. No puedo evitar sonreír como una imbécil al acordarme de la manera en la que me había besado. Me tapo la cara con las manos y me hundo entre las burbujas.
Son las 2 y media de la mañana. Zayn y Laura ya se habían ido a la habitación, se les oía reírse desde abajo, donde Harry, Niall, Liam, Louis y María veían una película.
-Creo que me voy a ir a dormir ya… -masculla Niall.
Harry y María evitaban a toda costa el irse a dormir.
-Ehh… pero si es muy pronto todavía, además no ha acabado la película todavía, ¿No queréis ver el final? – dice Harry.
-Harry, es el señor de los anillos. El anillo se cae a la lava, golum muere y Frodo vuelve a casa. ¿Acaso no la has visto ya? – dice Louis entrecerrando los ojos.
Liam se levanta y le extiende la mano a Niall para levantarse.
-Buenas noches chicos. – dice Liam desde la puerta. Niall mueve la mano y se adentra en la habitación.
La puerta se cierra y Louis parece intimidar a ambos para que le dejaran dormir.
-¿Os importa si…? – comienza.
María suspira y se levanta.
-Buenas noches. – dice susurrando.
Se acerca a las escaleras y empieza a subirlas despacio. Harry la mira desde abajo, todavía tiene en mente la conversación que había escuchado antes.
¿Quién podría estar con ella? ¿Quién estaría besando esos labios que él tanto deseaba? ¿Deseaba? Se descubre a sí mismo con esos pensamientos en la cabeza.
Era él quien la había dejado, no podía apartarse a Kristen de la cabeza, pero la verdad era que esa última semana no había podido sacarse la forma tan dulce que tenía María de sonreír y como sus ojos brillaban cada vez que le dedicaban una mirada inocente.
Él aprieta el puño y sube las escaleras detrás de ella. Entra en la habitación y entorna la puerta. María está apunto de quitarse la ropa para ponerse el pijama y ambos se miran como idiotas.
-¡Date la vuelta! – le espeta María para que reaccionara.
Harry da un respingo y se da la vuelta obedeciendo dócil a la orden.
-Ya está. – dice ella.
Cuando él se da la vuelta, María ya está dentro de la cama con el edredón hasta las orejas y de espaldas a él.
Por lo visto no le hace mucha gracia estar ahí.
Harry suspira y se quita la ropa para ponerse el pijama. Se mete en la cama despacio y coge postura. Está bastante tenso, la mira, pero ella parece ignorarle olímpicamente.
De pronto una lucecita se ilumina en la mesita, un mensaje. María alarga la mano y coge el móvil para saber quién le escribe.
¿Y si era él? ¿Si era ese tal Dougie? Le daba igual, no tenía por qué entrometerse en sus asuntos, porque al fin y al cabo no estaban juntos.
María se ríe bajito y coloca el móvil debajo de la almohada.
Metiéndome en la cama cojo el móvil, pensando que todavía estarían despiertos y le mando un mensaje a María, espero unos minutos para ver si contesta, pero no ocurre nada. Me doy media vuelta y me duermo al cabo de poco rato.
Al día siguiente, parece que el sol nos iba a hacer compañía, por lo menos un rato. Se agradecía después de tantos días de lluvia y nubes.
Se acercaba la navidad, y aunque aún faltaban varias semanas, los técnicos comenzaban a poner las luces en las calles. A uno de ellos se le cae una llave inglesa desde la escalera y eso hace que me despierte.
Maldigo su existencia por un momento y me levanto. Estoy helada. Parece que no hay nadie en casa, mis padres habrán ido a ver a mi abuela y mi hermano… bueno mi hermano no sabía siquiera si seguiría vivo.
Salgo de la habitación y compruebo que no hay moros en la costa, desayunaría en casa de Liam, ya iba de camino hacia ahí.
Capítulo 13
María al bajar las escaleras se encuentra un panorama no muy distinto del que había dejado al subir arriba, Liam le sonríe al verla.
Se sienta en uno de los sillones y comienza a mirar su teléfono. Harry baja unos segundos después con cara de pocos amigos, parece haberse cogido uno de sus conocidos, al menos por mí, berrinches.
Baja las escaleras con desdén, arrastrando los pies.
-¿Qué pasa Harry? – le espeta Niall un poco extrañado.
Harry apenas contesta, bufa a modo de respuesta y agarra uno de los vasos que este ha preparado. Niall se encoge de hombros y sale con algunos refrescos.
-Aquí tenéis chicos. – les ofrece.
Parece ya un poco tarde, hace rato que ha oscurecido y parece que nadie, como de costumbre, quiere irse a casa.
-Hey, ¿y si trasnochamos? – dice Liam aferrado con ganas a su almohada.
Algunos sonríen.
-¿Pero tus padres no van a venir? – le digo arqueando una ceja.
-No, mi madre me ha dejado un mensaje en el contestador diciendo que iban a tomar algo y que probablemente dormirían en casa de mi tía, ya que su casa les pilla más cerca de allí.
La mayoría parece conforme. No me agrada mucho la idea, estoy cansada, no había dormido nada la noche anterior y me apetecía meterme en mi cama.
Sonrío y suspiro.
-Bueno, entonces os dejo aquí, yo me voy a casa, estoy muy cansada para trasnochar. – digo incorporándome.
Cojo mi abrigo ante la atenta mirada de los demás.
-Venga, ¡quédate! – me pide María, la cual parece mostrarme un mensaje oculto en la mirada que me echa.
-De verdad, estoy cansada. – sonrío, cojo mis cosas y abro la puerta. - ¡Pasáoslo bien por mí!
María ahoga un grito de protesta y aprieta los labios al verme cerrar la puerta tras de mí. Esta sola ante el peligro, aunque estaba Laura, no parece estar muy presente en la sala. Suspira y mira a su alrededor buscando inconscientemente a Harry; al verse pensando en el intenta pensar en otra cosa.
Louis está bastante incómodo. Se levanta de golpe y coge su abrigo.
-¿Dónde vas? – pregunta Niall
Louis vacila por un segundo y responde con voz temblorosa.
-Voy a comprar algo de cena.
-Hay comida en la nev… - comienza Liam.
-¡Ahora vengo! – para cuando quieren darse cuenta, Louis ha salido por la puerta como una exhalación, ninguno se hace idea de que le pasa ni por qué le ha dado semejante siroco.
Mientras tanto, bajo en el ascensor resoplando como una cría de cinco años, necesito un baño largo y calentito con algo de música, Coldplay estaría bastante bien. Sonrío sólo de imaginarlo.
Salgo decidida, cogiendo el móvil sólo para comprobar de que nadie me ha solicitado en ningún momento de la tarde, y así es, nadie me quiere. Cuando salgo a la calle, el frío me cala, a pesar de que llevo el abrigo bien abrochado hasta arriba. Me estremezco y doy unos pasos.
De pronto oigo la puerta. Louis sale como una exhalación y se sorprende al verme ahí. Sonrío a medias y espero a que diga algo.
-¿Q-qué te pasa? ¿A que vienen tantas prisas? – pregunto al ver que no reacciona.
Parece nervioso. Se acerca a mí y mira al suelo.
-Yo…
Casi no me da tiempo a decir nada. Cuando pensaba decirle algo, él ya me había cogido la mejilla y me había callado con un beso.
Noto un escalofrío de arriba abajo. Ya no tenía frío, el calor de sus labios me adormece, pero se está tan bien.
Se separa de mí y parece que me despierto de un sueño. ¿Qué ha pasado? No me lo esperaba, pero en alguna parte de mi subconsciente lo deseaba.
Louis se muerde el labio inferior y retrocede. Comienza a hacer gestos y se ríe de puro nerviosismo. Cierra la puerta tras de sí y sube las escaleras con garbo.
Todavía no soy muy consciente de lo que acaba de pasar. ¿Eso era un beso? Sonrío al descubrir mis labios húmedos, volvía a tener frío.
Acurruco la cabeza entre los hombros y acelero el paso.
Mientras tanto en casa…
-Vosotros podéis dormir aquí. – señala Liam a Laura y Zayn, Liam sonríe disimuladamente. – y… Niall, tú puedes dormir conmigo, tengo que contarte algo, y será para largo, así que…
Harry y María se miran de reojo y notan como el corazón les late más deprisa. Sólo quedaban ellos dos y solamente quedaba una habitación.
-Pero… eso quiere decir, que ella y yo… - comienza Harry.
Liam asiente, convencido. María traga saliva sonoramente.
-Bueno, pues duermo en el sofá, tampoco me importa… - dice María.
-Louis duerme ahí, se lo pidió antes de irse.
Niall esboza una sonrisa. No les quedaba otra, era eso o dormir en el suelo, aunque a ambos les parecía mejor idea…
Se sienta en uno de los sillones y comienza a mirar su teléfono. Harry baja unos segundos después con cara de pocos amigos, parece haberse cogido uno de sus conocidos, al menos por mí, berrinches.
Baja las escaleras con desdén, arrastrando los pies.
-¿Qué pasa Harry? – le espeta Niall un poco extrañado.
Harry apenas contesta, bufa a modo de respuesta y agarra uno de los vasos que este ha preparado. Niall se encoge de hombros y sale con algunos refrescos.
-Aquí tenéis chicos. – les ofrece.
Parece ya un poco tarde, hace rato que ha oscurecido y parece que nadie, como de costumbre, quiere irse a casa.
-Hey, ¿y si trasnochamos? – dice Liam aferrado con ganas a su almohada.
Algunos sonríen.
-¿Pero tus padres no van a venir? – le digo arqueando una ceja.
-No, mi madre me ha dejado un mensaje en el contestador diciendo que iban a tomar algo y que probablemente dormirían en casa de mi tía, ya que su casa les pilla más cerca de allí.
La mayoría parece conforme. No me agrada mucho la idea, estoy cansada, no había dormido nada la noche anterior y me apetecía meterme en mi cama.
Sonrío y suspiro.
-Bueno, entonces os dejo aquí, yo me voy a casa, estoy muy cansada para trasnochar. – digo incorporándome.
Cojo mi abrigo ante la atenta mirada de los demás.
-Venga, ¡quédate! – me pide María, la cual parece mostrarme un mensaje oculto en la mirada que me echa.
-De verdad, estoy cansada. – sonrío, cojo mis cosas y abro la puerta. - ¡Pasáoslo bien por mí!
María ahoga un grito de protesta y aprieta los labios al verme cerrar la puerta tras de mí. Esta sola ante el peligro, aunque estaba Laura, no parece estar muy presente en la sala. Suspira y mira a su alrededor buscando inconscientemente a Harry; al verse pensando en el intenta pensar en otra cosa.
Louis está bastante incómodo. Se levanta de golpe y coge su abrigo.
-¿Dónde vas? – pregunta Niall
Louis vacila por un segundo y responde con voz temblorosa.
-Voy a comprar algo de cena.
-Hay comida en la nev… - comienza Liam.
-¡Ahora vengo! – para cuando quieren darse cuenta, Louis ha salido por la puerta como una exhalación, ninguno se hace idea de que le pasa ni por qué le ha dado semejante siroco.
Mientras tanto, bajo en el ascensor resoplando como una cría de cinco años, necesito un baño largo y calentito con algo de música, Coldplay estaría bastante bien. Sonrío sólo de imaginarlo.
Salgo decidida, cogiendo el móvil sólo para comprobar de que nadie me ha solicitado en ningún momento de la tarde, y así es, nadie me quiere. Cuando salgo a la calle, el frío me cala, a pesar de que llevo el abrigo bien abrochado hasta arriba. Me estremezco y doy unos pasos.
De pronto oigo la puerta. Louis sale como una exhalación y se sorprende al verme ahí. Sonrío a medias y espero a que diga algo.
-¿Q-qué te pasa? ¿A que vienen tantas prisas? – pregunto al ver que no reacciona.
Parece nervioso. Se acerca a mí y mira al suelo.
-Yo…
Casi no me da tiempo a decir nada. Cuando pensaba decirle algo, él ya me había cogido la mejilla y me había callado con un beso.
Noto un escalofrío de arriba abajo. Ya no tenía frío, el calor de sus labios me adormece, pero se está tan bien.
Se separa de mí y parece que me despierto de un sueño. ¿Qué ha pasado? No me lo esperaba, pero en alguna parte de mi subconsciente lo deseaba.
Louis se muerde el labio inferior y retrocede. Comienza a hacer gestos y se ríe de puro nerviosismo. Cierra la puerta tras de sí y sube las escaleras con garbo.
Todavía no soy muy consciente de lo que acaba de pasar. ¿Eso era un beso? Sonrío al descubrir mis labios húmedos, volvía a tener frío.
Acurruco la cabeza entre los hombros y acelero el paso.
Mientras tanto en casa…
-Vosotros podéis dormir aquí. – señala Liam a Laura y Zayn, Liam sonríe disimuladamente. – y… Niall, tú puedes dormir conmigo, tengo que contarte algo, y será para largo, así que…
Harry y María se miran de reojo y notan como el corazón les late más deprisa. Sólo quedaban ellos dos y solamente quedaba una habitación.
-Pero… eso quiere decir, que ella y yo… - comienza Harry.
Liam asiente, convencido. María traga saliva sonoramente.
-Bueno, pues duermo en el sofá, tampoco me importa… - dice María.
-Louis duerme ahí, se lo pidió antes de irse.
Niall esboza una sonrisa. No les quedaba otra, era eso o dormir en el suelo, aunque a ambos les parecía mejor idea…
1/12/11
Capítulo 12
Estoy bastante distraída durante la película, casi no me entero del argumento. Noto como Louis me mira intermitentemente y me pone bastante nerviosa. Mis pensamientos están desviados a la conversación que había tenido con Harry. ¿A qué se refería con lo de que acabaría haciéndome daño? Parecía un chico de lo más normal, pero eso me hacía desconfiar.
-¿Quieres? – Niall me ofrece de sus palomitas al verle algo abstraída del mundo.
-N-no gracias. – digo sonriente.
María sostiene su Coca-Cola entre las manos, se obliga a sí misma a mirar a la pantalla, aunque a veces desvíe la vista hacia Harry, que casualmente se ha sentado a su lado, a pesar de la pequeña disputa por coger un sitio distinto, a ninguno de los dos les apetecía estar tan cerca, pero Laura y Zayn se querían sentar juntos, así que era el que les había tocado.
Harry por su parte, parece imitar la técnica de María, a los dos se les ve muy incómodos.
Por fin termina la peli. No me he enterado de nada, absolutamente. Me he tomado ese tiempo para reflexionar, aunque ha sido en vano. Al salir, Harry y María se dispersan rápidamente, aunque algo en ellos les impide dejarse de lanzar miraditas.
En el momento que se encuentran con las miradas, intentan disimular a toda costa, lo cual produce mi risa.
-¿De qué te ríes? – me espeta molesta.
-Nada, nada.
María me mira con desdén y vuelve a mirar al suelo.
-Hey chicos, ¿Os apetece veniros a mi cada para acabar la velada? – propone Liam alegremente.
A todos les parece una buena idea, así que no tenemos otro remedio que ir con ellos.
Al llegar, me sorprende el tamaño de la casa, sus padres están en una cena de empresa, así que no llegarán hasta tarde. Todos empiezan a colocarse por el salón, poniéndose cómodos. Sobre todo Zayn y Laura que parecen que congenian perfectamente y no dejan de reírse.
Suspiro y me siento en el sofá, distraída del mundo. Oigo el tono de llamada de María y esta sale dispara hacia el piso de arriba. Louis se sienta a mi lado e intenta romper el hielo de la forma menos violenta posible, retengo la risa que me produce sus intentos, la mayoría en vano y miro a los demás.
María se cierra en una de las habitaciones y contesta al teléfono.
-¿Sí?
Harry se levanta y pregunta por el lavabo, Liam le señala el piso de arriba, y este sube inmediatamente.
Escucha las carcajadas de la chica detrás de la puerta y se detiene a escuchar.
-Oh, venga, tampoco vives tan lejos… Podrías venir a hacerme una visita, te hecho tanto de menos…
Harry se pega minuciosamente a la puerta e intenta escuchar mejor la conversación.
-¡Sí! Este fin de semana sería perfecto. ¿Vas a venir de verdad? ¡Bien! No sabes lo que me alegro, Doug, hace mucho que no te veo… Cuídate mucho, ¿Vale? – María parece muy encariñada. – No, yo te quiero más. No, ¡yo más! ¡Oh, mentira! Yo más y punto. – prosigue riéndose. – Adiós.
Harry parece inquieto y no sabe muy bien como asimilar esa conversación. ¿Qué significa eso? ¿A caso ya se había olvidado de él, ya había pasado página?
María sale de la habitación, lo cual hace tropezarse a Harry, que carraspea ante la situación.
-¿Qué haces aquí? – pregunta María molesta.
-Ehmm… yooo… estaba… ¡buscando el baño!, ¡Sí, eso! ¿Es esta habitación? Oh, sí. – se ríe como un bobalicón y entra. – que despistado soy…
María se aleja extrañada y baja las escaleras con cuidado.
-¿Quieres? – Niall me ofrece de sus palomitas al verle algo abstraída del mundo.
-N-no gracias. – digo sonriente.
María sostiene su Coca-Cola entre las manos, se obliga a sí misma a mirar a la pantalla, aunque a veces desvíe la vista hacia Harry, que casualmente se ha sentado a su lado, a pesar de la pequeña disputa por coger un sitio distinto, a ninguno de los dos les apetecía estar tan cerca, pero Laura y Zayn se querían sentar juntos, así que era el que les había tocado.
Harry por su parte, parece imitar la técnica de María, a los dos se les ve muy incómodos.
Por fin termina la peli. No me he enterado de nada, absolutamente. Me he tomado ese tiempo para reflexionar, aunque ha sido en vano. Al salir, Harry y María se dispersan rápidamente, aunque algo en ellos les impide dejarse de lanzar miraditas.
En el momento que se encuentran con las miradas, intentan disimular a toda costa, lo cual produce mi risa.
-¿De qué te ríes? – me espeta molesta.
-Nada, nada.
María me mira con desdén y vuelve a mirar al suelo.
-Hey chicos, ¿Os apetece veniros a mi cada para acabar la velada? – propone Liam alegremente.
A todos les parece una buena idea, así que no tenemos otro remedio que ir con ellos.
Al llegar, me sorprende el tamaño de la casa, sus padres están en una cena de empresa, así que no llegarán hasta tarde. Todos empiezan a colocarse por el salón, poniéndose cómodos. Sobre todo Zayn y Laura que parecen que congenian perfectamente y no dejan de reírse.
Suspiro y me siento en el sofá, distraída del mundo. Oigo el tono de llamada de María y esta sale dispara hacia el piso de arriba. Louis se sienta a mi lado e intenta romper el hielo de la forma menos violenta posible, retengo la risa que me produce sus intentos, la mayoría en vano y miro a los demás.
María se cierra en una de las habitaciones y contesta al teléfono.
-¿Sí?
Harry se levanta y pregunta por el lavabo, Liam le señala el piso de arriba, y este sube inmediatamente.
Escucha las carcajadas de la chica detrás de la puerta y se detiene a escuchar.
-Oh, venga, tampoco vives tan lejos… Podrías venir a hacerme una visita, te hecho tanto de menos…
Harry se pega minuciosamente a la puerta e intenta escuchar mejor la conversación.
-¡Sí! Este fin de semana sería perfecto. ¿Vas a venir de verdad? ¡Bien! No sabes lo que me alegro, Doug, hace mucho que no te veo… Cuídate mucho, ¿Vale? – María parece muy encariñada. – No, yo te quiero más. No, ¡yo más! ¡Oh, mentira! Yo más y punto. – prosigue riéndose. – Adiós.
Harry parece inquieto y no sabe muy bien como asimilar esa conversación. ¿Qué significa eso? ¿A caso ya se había olvidado de él, ya había pasado página?
María sale de la habitación, lo cual hace tropezarse a Harry, que carraspea ante la situación.
-¿Qué haces aquí? – pregunta María molesta.
-Ehmm… yooo… estaba… ¡buscando el baño!, ¡Sí, eso! ¿Es esta habitación? Oh, sí. – se ríe como un bobalicón y entra. – que despistado soy…
María se aleja extrañada y baja las escaleras con cuidado.
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