Comienzo a reírme al terminar las escaleras y Louis se acabó por despertar.
-¿Pero que es todo este alboroto? – dice él casi precipitándose del sofá.
Sonrío pícaramente y cojo una taza que Liam había preparado para nosotros. Harry seguía durmiendo plácidamente ajeno a todo lo que pasaba abajo en ese mismo momento.
Cuando estábamos a punto de irnos, Harry baja las escaleras s trompicones.
-¡eh, eh, eh!
-¿Qué te pasa? – digo yo un poco asustada de la forma en la que se colocaba la camiseta por las prisas, estuvo varias veces cerca de la muerte al tropezar con un escalón.
-¿Ya os vais? ¿Y no me decís nada? – pregunta ofendido.
Levanto una ceja y le miro fijamente.
-Ah. – digo secamente. – Nos vamos, ¿contento?
Harry sonríe irónicamente y se pone el abrigo.
-A-adiós eh. – espeta Louis saludando a Harry, quien no les había saludado, ni hablado.
Harry sonríe y posa la mano en el marco de la puerta.
-Ya os veré después. – dice guiñándole un ojo.
Louis aparta la mirada, al ver la reacción de su amigo, y preguntándose porque su actitud le había parecido, en cierto punto, sexy.
Levanto una ceja preguntándome que acababa de pasar, pero suspiro y me acerco a la puerta.
-Que os vaya bien, chicos, ya nos veremos. – digo saliendo al jardín, hace bastante sol para ser casi navidad.
María saluda con la mano y hace lo mismo que yo.
Saludamos a Liam que nos sostiene amablemente la puerta y nos vamos por el camino de piedras amarilleado por el sol. Hace cierto grado de calor a la luz del sol aunque el brillo ciega un poco.
Llegamos a casa y dejamos a María en su portal. Harry parecía haberse quedado con algo más que decir, pero no se atrevió a decirlo, permaneció callado y pensativo todo el trayecto a casa. Ya nuestro piso le di una colleja al entrar, este me respondió con una fiera mirada de desprecio.
-¿Qué pasa contigo, mocosa? – dice mosqueado.
-Era para comprobar que no te había dado una embolia.
Se ríe irónicamente y me vuelve a mirar mal.
-No tiene gracia.
-No pretendía divertirle, su majestad. Sé que tienes algo en mente y me repatea no saber lo que es. Siempre sé lo que estás pensando. – Harry me mira sorprendido. – sí, siempre.
-No estaba pensando en nada. – comenta él dejando su abrigo en la percha y tumbándose en el sofá dispuesto a ver la televisión.
-Como si no te conociera. Por cierto, te agradecería que vinieras esta tarde a la biblioteca conmigo, tengo que buscar información para un trabajo.
-¿Y por qué tengo que ir yo? – protesta mirándome con cara de hermano mayor.
-Porque soy tu hermanita pequeña y mamá me ha dicho que me ayudes.
-Pues que vaya María. – insiste.
-Ya lo creo, ella también viene porque lo hace conmigo. Y tú también vienes y no hay más que hablar.
-No pienso ir.
-Pues se lo diré a mamá. – le espeto cual niña de cinco años.
Harry bufa cabreado y me lanza un cojín con mala leche, consigo esquivarlo debido a la experiencia que había ido cogiendo después de estar 17 años con él en casa.
-Nos vamos a las 5 de aquí, cari. – digo seguido de una risita entre malvada e irritable mientras desaparezco por el pasillo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario