Aquel lunes por la mañana llovía a mares. Y por si eso fuera poco, teníamos que volver a clase.
Me levanto al oír al despertador emitir estridentes sonidos una y otra vez y me voy al salón. Parezco una maquina en control remoto, todavía no se muy bien lo que hago cuando me encuentro saliendo por la puerta.
Abro el paraguas y me lanzo a la calle con el paso más ligero que puedo. Casi no había empezado el día y ya notaba aquella pesadez sobre los hombros. Quizás era por la lluvia.
Louis amanece temprano, con un café calentito en las manos se para un momento en la ventana para observar las gotas recorrer los marcos de los cristales. Suspira sonoramente y se poner en marcha.
Hace frío, y la biblioteca le pilla un poco lejos de casa. Tenía toda la mañana ocupada, tenía que recorrer varios sitios antes de volver a casa y uno era…
Al llegar al instituto, no hay nadie. Los días de lluvia no suele quedarse nadie en el patio, a excepción de alguno que otro que espera a un amigo.
-Buenos días. – saludo a una chica que lleva su capucha bien puesta.
Me responde con una sonrisa y entro dentro del edificio y me lo encuentro abarrotado de gente hasta arriba. Suspiro al ver que vuelvo a la rutina y miro de reojo a los fluorescentes que centellean con esa característica luz azul de siempre.
Algo resignada me dirijo a mi clase. Al entrar me encuentro a María hecha una bola en la silla, muy cerca del radiador, parece que nadie se ha levantado muy feliz hoy.
-Buenos días. – digo con voz queda. La lluvia golpea los cristales.
-Hola. – contesta secamente, mirándome con la vista perdida.
Sonrío a medias y me siento en mi silla, hacía mucho que no volvíamos por ahí, y sólo quedaban algunos meses pasa acabar el curso. Le prometí a María que sería el verano de nuestra vida.
La gente comienza a entrar en clase, pero Laura no aparece. De pronto toca el timbre y se oyes puertas lejanas cerrándose. La profesora de literatura acaba de entrar por la puerta y está apunto de cerrarla cuando Laura la intercepta con unos reflejos casi sobrenaturales.
-Lo siento, me he dormido. – dice con media sonrisa.
La profesora chasquea la legua y la deja pasar. Dedica una mirada a toda la clase y justo al llegar a María, baja la vista y se sienta con gesto abatido.
Era un día raro, muy raro.
-¡Louis! – grita Harry desde la puerta.
Acude al foco de la voz sin levantar la cabeza del suelo y al llegar debajo del porche de la biblioteca se sacude el pelo, que llevaba completamente mojado.
-Estás empapado, ¿No se te ha ocurrido coger un paraguas? – dice Harry al ver el estado de su amigo.
Louis se encoge de hombros y entra dentro como si le importara un comino el mojar toda la entrada. La señora de la limpieza se queda horrorizada al verles entrar mientras Harry la mira con gesto de disculpa.
Empuja la puerta de la sala con ímpetu y fusila con la mirada a todo aquel que se atreve a mirarle debido al estruendo que ha causado. Todos ellos bajan la mirada de vuelta a sus apuntes como si nada hubiera pasado.
-Cálmate un poco, ¿quieres? – le susurra Harry.
-No me digas lo que tengo que hacer.
Harry aparta la mano de su hombro y retrocede. Anda unos pasos detrás de él, parece, y es bastante obvio, que está de muy mal humor. ¿Qué habría pasado para que estuviera así?
Se sientan en una de las mesas que ha quedado medio vacía después de que un grupito de universitarias se fuera a por su almuerzo de media mañana y sacan los libros, Louis con una característica fuerza que levanta un estruendo por toda la sala.
-Como sigas así nos echarán. – comenta Harry empezándose a mosquear.
Louis resopla y comienza a escribir. Tenía pinta de ser una de las mañanas más largas de todo enero.
Cerca de las doce del mediodía me asomo por la ventana al divisar un resquicio de sol por la ventana, casi sin avisar, una sonrisa se dibuja en mi rostro.
-Eh, parece que ha parado de llover, y además está saliendo el sol.
-Como si eso cambiase muchas cosas. – dice María con tono cansado.
Bajo de la silla en la que me había subido y la miro. Parece no haber dormido en toda la noche por su aspecto, tiene las ojeras marcadas y no muy buen color.
-Deberías hablar con ella.
María suspira y mira a la puerta con anhelo.
-Como si me fuera a escuchar.
Suena el timbre y la clase acaba. Tengo que salir a hacer unas cuantas cosas, así que le pido los apuntes a María para el final del día y que se invente algo por mí para encubrir mi ausencia. Me faltan varios libros y además… Tenía que pensar.
-Francés y biología. – dice María mirando el horario. – No te preocupes, yo te cubro.
Fuerza una sonrisa y vuelve a guardar su cuaderno en la mochila, que se echa a la espalda.
-Gracias, te debo una. –antes de irme, debía decir algo más. – Ah, y sigo pensando que deberías hablar con ella.
La miro durante unos instantes y justo al salir por la puerta, Laura entra en busca de algunos cuadernos que había dejado olvidados.
Sonrío de medio lado al ver la cara de María, entre esperanzada y asustada. Levanto los pulgares en señal de ánimo y me marcho por el pasillo.
Pasan unos segundos hasta que una de las dos hace un movimiento. Laura le aparta la mirada triste que le había dedicado hace apenas un momento y coge aprisa sus apuntes.
-Laura. – dice María no muy convencida al ver que ella se marchaba. - ¿Puedo hablar contigo?
-Tenemos clase.
-Quedan todavía 15 minutos de descanso, sólo quería dejar algo claro.
Parece que Laura tenga ganas de contribuir así que suspira hondo y asiente. María, poco preparada para la respuesta intenta buscar un principio que suene lo más coherente posible.
Se pasa la mano por la frente con algo de resignación mientras Laura espera impaciente alguna que otra respuesta.
-Mira, sé lo que hice y tú también, de eso no hay ninguna duda, pero no fue como tú crees. Surgió, así sin más. Zayn te quiere y eso no lo voy a cambiar yo, de hecho está fatal y no quiere perderte,… y yo tampoco. – María observa el gesto indiferente de Laura y siente un pinchazo en el pecho, ¿A caso no había hecho efecto? Había sacado su mejor baza.
Laura suspira y cierra los ojos.
-¿Algo más? – dice lo más alto que puede entonar.
María no sabe que contestar. ¿Qué más podía añadir?
-Yo… Lo siento mucho, Laura, de verdad. Por favor, perdóname.
-Está bien. – dice dándose la vuelta. – pensaré en ello, pero no des por seguro que te perdone.
Coge sus cosas y se marcha. María está algo confundida, no muy segura de si ha conseguido algo, o ha hecho algún progreso. Por lo menos había hablado con ella y le había dado una oportunidad para expresarse.
Después de caminar durante al menos 10 minutos llego a la biblioteca. Necesito unos cuantos libros para terminar algunos trabajos que habían mandado para fin de trimestre. Entro y saludo a la secretaria y como de costumbre me devuelve una sonrisa.
Entro en la sala y me deslizo hasta el pasillo de filosofía con un papelito en la mano con todos los títulos escritos deprisa y corriendo.
Louis respira hondo y descansa el boli en la mesa por unos minutos, comienza a ver borroso entre tanto apunte. De pronto comienza a investigar la sala como si intentara encontrar algo más interesante que Física.
Concentra su atención en una muchacha que juega con el lápiz y su moño. Le suena, y mucho.
De repente cae en la cuenta de quién es. Jade. Aquella chica con la que…
-Voy a tomar un poco el aire. – dice empujando la silla.
Harry lo mira algo confundido y se encoge de hombros. Sale por el pasillo para evitar que esta le vea y sin darse cuenta se choca con alguien y un montón de libros cae al suelo formulando de nuevo otro estruendo que hace que algunos de los presentes se giren y chisten para hacerles callar.
La cosa no va a mejor cuando se da cuenta de quién es esa persona…
27/2/12
8/2/12
Capítulo 35
Llego a casa sintiendo una mezcla entre cansancio, enfado y decepción. Cierro la puerta con desgana y me encuentro a Harry pegado a la ventana con las manos en los bolsillos traseros del pantalón mirando de un lado a otro.
Cierro los ojos y suspiro. Tenía que decirle algo. De pronto, se percata de mi presencia y me mira con expectación esperando a que dijera algo.
-¡Belén! ¿La has encontrado? ¿Le ha pasado algo? ¿Por qué no me has llamado?
-Está bien. Sólo… tenía el móvil apagado, sólo eso. Vete a dormir. – digo con voz queda.
Harry se queda pasmado, me mira con sorpresa mientras me alejo por el pasillo y cierro la puerta de mi cuarto. Baja los hombros y se queda algo confundido por unos minutos. ¿Qué quería decir con eso?
A la mañana siguiente, todo parece en orden. De hecho da la sensación que nada ha ocurrido en absoluto.
Apenas eran las 9 de la mañana cuando asomo la cabeza para ver si hay alguien despierto, como imaginaba, todos siguen durmiendo. Aprovecho para tener algo de paz a solas.
Cojo la leche de la nevera y echo un poco en una taza y sin calentarla me siento en el alfeizar de la ventana a para contemplar la vista. Quedaban pocos días para que comenzaran de nuevo las clases, además tenía que ir pensando en buscarme un trabajo, alquilarme un piso…
Cosas que iban con la edad.
Doy un sorbo de la taza y miro a lo lejos. El sol se pone lentamente, está apunto de dejarse ver por completo, las nubes se tiñen de un color rojizo y azul.
-Hola hija. – saluda la dulce voz de mi madre con aire somnoliento.
Sonrío y alzo la cabeza a modo de saludo y sigo contemplando la vista.
-No es normal que madrugues tanto. ¿Has dormido bien?
-Sí, me he despertado sin más y no me podía volver a dormir, sólo eso… - en verdad no mentía en absoluto, aunque hacía más de una semana que me pasaba lo mismo. Todo desde que me pasó aquello con Louis.
No dejaba de darle vueltas y me costaba conciliar el sueño. Y por si fuera poco, aquella noche le había añadido lo de Ben y lo de… María.
Me levanto repentinamente y cojo el teléfono. Dos nuevos mensajes, ambos de ella. Parecía algo arrepentida y tenía que hablar con ella.
-“Te veo a las 11 en el café al lado de tu casa.”
Lo guardo en el bolsillo y abro silenciosamente la puerta de Harry, parece plácidamente dormido.
-No estoy durmiendo, si te lo estabas preguntando. – dice con la voz ronca.
Sonrío de medio lado y entro. Me siento en un lado y ladeo su costado intentado que me haga caso.
-Es tarde. – digo, a pesar de que no llegan a las 10 de la mañana.
-Mentira. Y aunque fuese tarde tampoco me iba a levantar. Déjame dormir.
Resoplo sonoramente y me vuelvo a levantar.
-He quedado con María, por si te interesa. Aunque, bueno, veo que prefieres dormir, ya te contaré. Adióoooos. – digo cerrando la puerta.
Harry se gira bruscamente apartando todas las mantas, pero ya no estaba ahí. Golpea el edredón con fuerza y se vuelve a adentrar en todo el amasijo de capas que tenía encima.
Miro el móvil y me vuelvo a ajustar los guantes, hacía un sol radiante, pero el frío seguía bastante más que presente. Suspiro dejando un rastro de vaho delante de mí y entro en la cafetería en la que habíamos quedado.
Me siento en una de las mesas y cojo un periódico. El rojizo cabello de María no tarda en aparecer por la puerta. Su rostro refleja algo de angustia y se sienta a mi lado con inquietud.
-H-hola. – dice con la voz temblorosa. – Aquí estoy.
Bajo en periódico y la miro. Sonrío débilmente para tranquilizarla y lo dejo encima de la mesa.
-¿Qué quieres tomar?
-Un café estaría bien. No he pegado ojo.
En el fondo me siento algo culpable, pero tiene que ser así. Tengo que hablar con ella muy seriamente.
-Dos cafés con leche, por favor. – le indico a la camarera.
Las dos permanecemos en silencio deseosas que alguna de las dos diga algo. Todavía no sé por donde empezar.
-Bueno, ¿Para qué me has traído aquí? – dice riéndose débilmente al final para suavizar la conversación.
-Me debes una explicación. – le digo dando un sorbo a la taza.
María mira nerviosa hacia ambos lados y le da vueltas a su café, parece querer marearlo o algo por el estilo.
-No sé por donde empezar.
-¿Qué tal con por qué te liaste con Zayn? – digo con un tono algo borde.
Suelta la cucharilla de golpe y cierra los ojos. Nunca le ha gustado que le gritara, pero no puedo evitar sulfurarme al recordar la cara de preocupación de Harry cuando me contó que no le cogía el teléfono. Harry estaba profundamente enamorado de ella y ella, según pensaba, también.
Aunque con esto he de admitir que estoy sorprendida. No me lo hubiera esperado de ella. No sólo ha hecho daño a Harry, sino también a Laura.
-Belén… Sabes que no fue… no fue planeado, surgió así como así, supongo que fue la situación… Yo no… - dice apretando las manos alrededor de sus rodillas.
-Pero… ¿Por qué? No lo entiendo. Creí que te gustaba Harry, de hecho me pediste que te consiguiera una cita con él. ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha cambiado? Y por si no fuera poco, también está Laura… Sabías que estaba con Zayn, y…
-¡Para un momento, joder! Déjame que te lo explique, ¿no? Deja de echarme las cosas en cara. Se perfectamente todo lo que he hecho y no puedo parar de darle vueltas. Me duele la cabeza de tanto pensar en ello
Tiene los ojos vidriosos. Quizás había sido demasiado dura con ella. De nuevo respiro hondo y la miro a los ojos.
-Mira, no te estoy echando nada en cara, simplemente, no lo entiendo… No comprendo por qué ha ocurrido… Además, soy una de tus mejores amigas, ¿Por qué no me lo habías contado?
-¡Porque sabía que ocurriría esto! ¡Que me echarías la bronca, me culparías por ello! ¿Sabes lo que es tener que guardármelo todo? Siempre me juzgan por todo lo que hago y estoy cansada, se supone que los amigos se apoyan en las buenas y en las malas, pero… Sabía que esto pasaría, por eso lo dejé pasar.
De pronto noto una presión en el pecho. Remordimiento. ¿Y si tenía razón? Todos nos podemos equivocar y ni si quiera le había dado la oportunidad de explicarse…
-L-lo siento… tienes razón. Perdóname, no lo había pensado, estaba… - suspiro y la miro. Es raro, parece que sonríe.
Sonrío también y de pronto me entran ganas de reírme. Después de algunos minutos acabamos riéndonos sin motivo aparente.
-No importa, yo también me hubiera puesto así.
-Oh, ven aquí, idiota. – le digo dándole un gran abrazo.
No soportaba enfadarme con ella. Sentía que me faltaba algo, es como si me enfadara conmigo misma. Ahora estaba bien, ahora estaba lista para que me contara su versión de lo ocurrido.
-Bueno, cuéntamelo todo.
Cierro los ojos y suspiro. Tenía que decirle algo. De pronto, se percata de mi presencia y me mira con expectación esperando a que dijera algo.
-¡Belén! ¿La has encontrado? ¿Le ha pasado algo? ¿Por qué no me has llamado?
-Está bien. Sólo… tenía el móvil apagado, sólo eso. Vete a dormir. – digo con voz queda.
Harry se queda pasmado, me mira con sorpresa mientras me alejo por el pasillo y cierro la puerta de mi cuarto. Baja los hombros y se queda algo confundido por unos minutos. ¿Qué quería decir con eso?
A la mañana siguiente, todo parece en orden. De hecho da la sensación que nada ha ocurrido en absoluto.
Apenas eran las 9 de la mañana cuando asomo la cabeza para ver si hay alguien despierto, como imaginaba, todos siguen durmiendo. Aprovecho para tener algo de paz a solas.
Cojo la leche de la nevera y echo un poco en una taza y sin calentarla me siento en el alfeizar de la ventana a para contemplar la vista. Quedaban pocos días para que comenzaran de nuevo las clases, además tenía que ir pensando en buscarme un trabajo, alquilarme un piso…
Cosas que iban con la edad.
Doy un sorbo de la taza y miro a lo lejos. El sol se pone lentamente, está apunto de dejarse ver por completo, las nubes se tiñen de un color rojizo y azul.
-Hola hija. – saluda la dulce voz de mi madre con aire somnoliento.
Sonrío y alzo la cabeza a modo de saludo y sigo contemplando la vista.
-No es normal que madrugues tanto. ¿Has dormido bien?
-Sí, me he despertado sin más y no me podía volver a dormir, sólo eso… - en verdad no mentía en absoluto, aunque hacía más de una semana que me pasaba lo mismo. Todo desde que me pasó aquello con Louis.
No dejaba de darle vueltas y me costaba conciliar el sueño. Y por si fuera poco, aquella noche le había añadido lo de Ben y lo de… María.
Me levanto repentinamente y cojo el teléfono. Dos nuevos mensajes, ambos de ella. Parecía algo arrepentida y tenía que hablar con ella.
-“Te veo a las 11 en el café al lado de tu casa.”
Lo guardo en el bolsillo y abro silenciosamente la puerta de Harry, parece plácidamente dormido.
-No estoy durmiendo, si te lo estabas preguntando. – dice con la voz ronca.
Sonrío de medio lado y entro. Me siento en un lado y ladeo su costado intentado que me haga caso.
-Es tarde. – digo, a pesar de que no llegan a las 10 de la mañana.
-Mentira. Y aunque fuese tarde tampoco me iba a levantar. Déjame dormir.
Resoplo sonoramente y me vuelvo a levantar.
-He quedado con María, por si te interesa. Aunque, bueno, veo que prefieres dormir, ya te contaré. Adióoooos. – digo cerrando la puerta.
Harry se gira bruscamente apartando todas las mantas, pero ya no estaba ahí. Golpea el edredón con fuerza y se vuelve a adentrar en todo el amasijo de capas que tenía encima.
Miro el móvil y me vuelvo a ajustar los guantes, hacía un sol radiante, pero el frío seguía bastante más que presente. Suspiro dejando un rastro de vaho delante de mí y entro en la cafetería en la que habíamos quedado.
Me siento en una de las mesas y cojo un periódico. El rojizo cabello de María no tarda en aparecer por la puerta. Su rostro refleja algo de angustia y se sienta a mi lado con inquietud.
-H-hola. – dice con la voz temblorosa. – Aquí estoy.
Bajo en periódico y la miro. Sonrío débilmente para tranquilizarla y lo dejo encima de la mesa.
-¿Qué quieres tomar?
-Un café estaría bien. No he pegado ojo.
En el fondo me siento algo culpable, pero tiene que ser así. Tengo que hablar con ella muy seriamente.
-Dos cafés con leche, por favor. – le indico a la camarera.
Las dos permanecemos en silencio deseosas que alguna de las dos diga algo. Todavía no sé por donde empezar.
-Bueno, ¿Para qué me has traído aquí? – dice riéndose débilmente al final para suavizar la conversación.
-Me debes una explicación. – le digo dando un sorbo a la taza.
María mira nerviosa hacia ambos lados y le da vueltas a su café, parece querer marearlo o algo por el estilo.
-No sé por donde empezar.
-¿Qué tal con por qué te liaste con Zayn? – digo con un tono algo borde.
Suelta la cucharilla de golpe y cierra los ojos. Nunca le ha gustado que le gritara, pero no puedo evitar sulfurarme al recordar la cara de preocupación de Harry cuando me contó que no le cogía el teléfono. Harry estaba profundamente enamorado de ella y ella, según pensaba, también.
Aunque con esto he de admitir que estoy sorprendida. No me lo hubiera esperado de ella. No sólo ha hecho daño a Harry, sino también a Laura.
-Belén… Sabes que no fue… no fue planeado, surgió así como así, supongo que fue la situación… Yo no… - dice apretando las manos alrededor de sus rodillas.
-Pero… ¿Por qué? No lo entiendo. Creí que te gustaba Harry, de hecho me pediste que te consiguiera una cita con él. ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha cambiado? Y por si no fuera poco, también está Laura… Sabías que estaba con Zayn, y…
-¡Para un momento, joder! Déjame que te lo explique, ¿no? Deja de echarme las cosas en cara. Se perfectamente todo lo que he hecho y no puedo parar de darle vueltas. Me duele la cabeza de tanto pensar en ello
Tiene los ojos vidriosos. Quizás había sido demasiado dura con ella. De nuevo respiro hondo y la miro a los ojos.
-Mira, no te estoy echando nada en cara, simplemente, no lo entiendo… No comprendo por qué ha ocurrido… Además, soy una de tus mejores amigas, ¿Por qué no me lo habías contado?
-¡Porque sabía que ocurriría esto! ¡Que me echarías la bronca, me culparías por ello! ¿Sabes lo que es tener que guardármelo todo? Siempre me juzgan por todo lo que hago y estoy cansada, se supone que los amigos se apoyan en las buenas y en las malas, pero… Sabía que esto pasaría, por eso lo dejé pasar.
De pronto noto una presión en el pecho. Remordimiento. ¿Y si tenía razón? Todos nos podemos equivocar y ni si quiera le había dado la oportunidad de explicarse…
-L-lo siento… tienes razón. Perdóname, no lo había pensado, estaba… - suspiro y la miro. Es raro, parece que sonríe.
Sonrío también y de pronto me entran ganas de reírme. Después de algunos minutos acabamos riéndonos sin motivo aparente.
-No importa, yo también me hubiera puesto así.
-Oh, ven aquí, idiota. – le digo dándole un gran abrazo.
No soportaba enfadarme con ella. Sentía que me faltaba algo, es como si me enfadara conmigo misma. Ahora estaba bien, ahora estaba lista para que me contara su versión de lo ocurrido.
-Bueno, cuéntamelo todo.
5/2/12
Capítulo 34 parte ll
Laura cierra la puerta detrás de sí dejando a una manada de marujas asomadas, casi pillándole los dedos con ella.
Me mira algo preocupada y saca el teléfono para marcar el número de Zayn, de nuevo, comunica. Al igual que el de María.
Bajo por la escalera algunos pisos cuando de pronto escucho una carcajada. Al principio pienso que es de algún piso, pero a parte de que en la mayoría viven abuelos jubilados y personas las cuales antes morirían que reírse miro a mí alrededor. Viene de más cerca.
-Tengo frío. – dice María recogiendo las rodillas en los brazos.
De pronto Zayn la mira y sonríe. Se incorpora y se siente más cerca de ella, pasando uno de sus brazos por los hombros de María. La sacude dulcemente y la mira.
-¿Mejor? – dice él sonriente.
María le devuelve la sonrisa y asiente. De pronto se da cuenta de que está a gusto, muy a gusto entre sus brazos… Y él no ha apartado la mirada de ella.
-¿Qué? ¿Qué…? – apenas puede acabar la frase pues él la ha callado con un beso. Al principio algo débil pero con creciente pasión.
María siente un escalofrío que le recorre la espina dorsal y retrocede unos centímetros sin apartar los labios de los suyos. Jamás había sentido algo así. Ni siquiera cuando Harry la besaba…
Zayn la besa con tanta fuerza que apenas puede sostenerse y tiene que aferrarse a su jersey para no perder el equilibrio. Cuando apenas pueden respirar se separan lentamente y se miran como si no fueran conscientes de donde estaban, y de hecho no lo eran.
La puerta del ascensor se había abierto, Laura sabía de memoria como desbloquearla puesto que le había ocurrido cientos de veces desde que vivía ahí.
Laura y yo observábamos pasmadas la escena, ninguno se atrevía a decir nada.
Zayn boquea, con la intención de decir algo como si fuera un pececillo fuera del agua al ver su cara. Una lágrima le cruzaba el rostro de arriba abajo conteniéndose una oleada de maldiciones contra ambos.
Da un paso atrás mordiéndose el labio y se va corriendo entrando en casa y dejando paso a un sonoro portazo. Cierro los ojos y suelto el aire. ¿Qué coño había pasado?
-Belén, por favor, lo puedo explicar… no… - empieza María intentando ponerse en pie.
-Déjalo. Sinceramente, no quiero oírlo… - digo mirándola con gesto amargo. ¿Qué le iba a decir yo ahora a Harry? – iros a casa. Mañana hablaremos de esto…
Bajo el resto de las escaleras hasta el piso de abajo pensando en algo que decirle a Harry al llegar a casa. ¿Debía decirle la verdad para romperle el corazón? ¿O contarle una mentira piadosa y que se enterara por ella? Tenía la cabeza hecha un lío…
Continuará.
Me mira algo preocupada y saca el teléfono para marcar el número de Zayn, de nuevo, comunica. Al igual que el de María.
Bajo por la escalera algunos pisos cuando de pronto escucho una carcajada. Al principio pienso que es de algún piso, pero a parte de que en la mayoría viven abuelos jubilados y personas las cuales antes morirían que reírse miro a mí alrededor. Viene de más cerca.
-Tengo frío. – dice María recogiendo las rodillas en los brazos.
De pronto Zayn la mira y sonríe. Se incorpora y se siente más cerca de ella, pasando uno de sus brazos por los hombros de María. La sacude dulcemente y la mira.
-¿Mejor? – dice él sonriente.
María le devuelve la sonrisa y asiente. De pronto se da cuenta de que está a gusto, muy a gusto entre sus brazos… Y él no ha apartado la mirada de ella.
-¿Qué? ¿Qué…? – apenas puede acabar la frase pues él la ha callado con un beso. Al principio algo débil pero con creciente pasión.
María siente un escalofrío que le recorre la espina dorsal y retrocede unos centímetros sin apartar los labios de los suyos. Jamás había sentido algo así. Ni siquiera cuando Harry la besaba…
Zayn la besa con tanta fuerza que apenas puede sostenerse y tiene que aferrarse a su jersey para no perder el equilibrio. Cuando apenas pueden respirar se separan lentamente y se miran como si no fueran conscientes de donde estaban, y de hecho no lo eran.
La puerta del ascensor se había abierto, Laura sabía de memoria como desbloquearla puesto que le había ocurrido cientos de veces desde que vivía ahí.
Laura y yo observábamos pasmadas la escena, ninguno se atrevía a decir nada.
Zayn boquea, con la intención de decir algo como si fuera un pececillo fuera del agua al ver su cara. Una lágrima le cruzaba el rostro de arriba abajo conteniéndose una oleada de maldiciones contra ambos.
Da un paso atrás mordiéndose el labio y se va corriendo entrando en casa y dejando paso a un sonoro portazo. Cierro los ojos y suelto el aire. ¿Qué coño había pasado?
-Belén, por favor, lo puedo explicar… no… - empieza María intentando ponerse en pie.
-Déjalo. Sinceramente, no quiero oírlo… - digo mirándola con gesto amargo. ¿Qué le iba a decir yo ahora a Harry? – iros a casa. Mañana hablaremos de esto…
Bajo el resto de las escaleras hasta el piso de abajo pensando en algo que decirle a Harry al llegar a casa. ¿Debía decirle la verdad para romperle el corazón? ¿O contarle una mentira piadosa y que se enterara por ella? Tenía la cabeza hecha un lío…
Continuará.
4/2/12
Capítulo 34 parte l
Camino a casa de María, cojo el teléfono y marco su número por quinta vez consecutiva. De pronto me da señal. Me paro en seco y espero a que me lo coja.
-¡Belén! E-…Puedes… Aqu-… No… t-te…. Cobertu…
Es todo lo que consigo oír antes de que el teléfono comience a emitir ruidos raros antes de colgar.
Miro el teléfono y lo guardo en el bolsillo. Cuando llego, llamo y pregunto por ella. Ha ido a casa de Laura.
-Nada. Se ha cortado… - dice María apoyando la cabeza en la pared.
-¿Y qué hacemos? – dice la voz de Zayn cruzado de brazos en la pared de enfrente.
*Media hora antes…*
María camina a paso rápido a casa de Laura, no podía esperar a contárselo. Sabía que yo tenía una cita con Ben, así que me lo contaría todo luego, si no lo había hecho ya Harry…
Laura vive en un apartamento con algunos compañeros de la universidad. Llama al portero y la voz de una de sus compañeras le grita estridentemente.
-¿Síiiiiiiiiiii?
-H-hola, ¿Está Laura? – pregunta mirando al portero como si este fuera una persona.
-Sí, un momentito, puedes pasar dentro, ahora le digo que baje. – dice colgando.
La puerta vibra abriéndose y María entra en el portal. Se sienta en las escaleras y espera pacientemente.
Unos minutos después aparece Zayn por la puerta, sabía que hacía poco se había mudado con ellas porque sus padres habían tenido que mudarse por temas de trabajo y él, que ya era mayorcito, había decidido quedarse y Laura le había ofrecido una habitación que había quedado libre desde que uno de los compañeros se fue a América.
-Hola. ¿Qué haces ahí? – pregunta Zayn sonriente mirando a María.
-Hola. – saluda ella devolviéndola la sonrisa. – No sé, no les gusta mucho que suba cuando está todo el mundo en casa.
Zayn mueve la cabeza haciendo un gesto de comprender y se acerca al ascensor. El piso estaba en un séptimo piso y no había ganas de ir andando por las escaleras.
-Ven. Si subes conmigo no te dirán nada. Son un poco raritas. – dice riéndose.
María asiente y se levanta un poco temerosa. No le caían demasiado bien las compañeras que tenía Laura. Eran algo estúpidas y muy melindrosas, por eso siempre hablaba con Laura en el rellano, porque a parte de eso eran bastante cotillas.
Zayn y María entran en el ascensor y marcan el séptimo piso.
Se hace el silencio en aquella caja de apenas dos metros cuadrados, cuando de pronto…
Todo se para en seco emitiendo un ruido metálico que ambos no parece gustarles. Las luces se apagan y un pitido proveniente de un diminuto altavoz cerca de los botones comienza a sonar.
-Oh, oh. – dice Zayn.
-¿Qué has hecho? ¿Qué ha pasado? – comienza María asustada.
-¡Yo no he hecho nada! Se ha debido de quedar atascado…
-Llamaré a Laura para que nos baje a busc…Mierda.
-¿Qué pasa?
-No hay cobertura. Típico de los ascensores. ¿Qué hacemos ahora?
*Media hora después…*
María desiste y se sienta en el suelo echando la cabeza hacia delante. Su melena pelirroja le cubre la frente. Resopla y algunos de los mechones se mueven débilmente.
-¿Estás bien? – dice Zayn sentándose también.
-Sí. Pero no me gustan los sitios cerrados, y menos si son pequeños.
Zayn se ríe y mira al techo.
-¿De que te ríes? No tiene gracia. – le replica ella Molesta.
-No me reía de eso. Me estaba acordando de una cosa.
María le mira levantando una ceja y Zayn niega con la cabeza apartando el tema. De nuevo silencio. Los dos esperaban a que viniera alguien a sacarlos de ahí, y cuanto antes, mejor.
De pronto Zayn comienza a mirar a todos lados.
-Un momento… - dice poniéndose en pie.
-¿Qué? – pregunta María apoyando su mejilla en la palma de la mano y mirándole con cierta desgana.
-Siempre hay un botón para emergencias para estos casos, ¿No? Tiene que estar por aquí. Déjame tu móvil, que no veo nada.
María se levanta y alumbra el panel con el móvil. Así era, había un botón que parecía tener algo parecido a ‘en caso de emergencia’ escrito. El ascensor era muy viejo y las letras se habían borrado.
Zayn lo pulsa esperanzado y de pronto las luces vuelven.
-¡Mira! – dice riéndose.
María levanta una ceja y se contiene las ganas de aplaudir sarcásticamente.
-Muy bien genio, pero ¿A caso nos hemos movido? – apunta cruzándose de brazos.
Zayn baja los hombros e intenta abrir la puerta. Nada. Está bloqueada y el ascensor está en el mismo punto en el que se había quedado.
-Por lo menos tenemos luz. – comenta Zayn haciendo una mueca parecida a una sonrisa.
María se ríe de pura inercia y vuelve a sacar el móvil, tenían para un rato…
Llamo frenéticamente al portero y espero la respuesta de Laura.
-Pasa. – contesta una voz cansada.
Me encojo de hombros y abro la puerta. Llamo al ascensor pero parece estar fuera de servicio. Malditos edificios antiguos…
Subo los 7 pisos andando y llamo a la puerta casi sin aliento.
-Belén, ¿qué pasa? ¿Qué haces aquí? ¿Has… subido andando? – pregunta Laura dejándome pasar.
-¿Está aquí María? – pregunto tomando algo de aire primero.
-No. ¿Has visto tú a Zayn? Hace un rato que dijo que vendría a verme.
-¡Belén! E-…Puedes… Aqu-… No… t-te…. Cobertu…
Es todo lo que consigo oír antes de que el teléfono comience a emitir ruidos raros antes de colgar.
Miro el teléfono y lo guardo en el bolsillo. Cuando llego, llamo y pregunto por ella. Ha ido a casa de Laura.
-Nada. Se ha cortado… - dice María apoyando la cabeza en la pared.
-¿Y qué hacemos? – dice la voz de Zayn cruzado de brazos en la pared de enfrente.
*Media hora antes…*
María camina a paso rápido a casa de Laura, no podía esperar a contárselo. Sabía que yo tenía una cita con Ben, así que me lo contaría todo luego, si no lo había hecho ya Harry…
Laura vive en un apartamento con algunos compañeros de la universidad. Llama al portero y la voz de una de sus compañeras le grita estridentemente.
-¿Síiiiiiiiiiii?
-H-hola, ¿Está Laura? – pregunta mirando al portero como si este fuera una persona.
-Sí, un momentito, puedes pasar dentro, ahora le digo que baje. – dice colgando.
La puerta vibra abriéndose y María entra en el portal. Se sienta en las escaleras y espera pacientemente.
Unos minutos después aparece Zayn por la puerta, sabía que hacía poco se había mudado con ellas porque sus padres habían tenido que mudarse por temas de trabajo y él, que ya era mayorcito, había decidido quedarse y Laura le había ofrecido una habitación que había quedado libre desde que uno de los compañeros se fue a América.
-Hola. ¿Qué haces ahí? – pregunta Zayn sonriente mirando a María.
-Hola. – saluda ella devolviéndola la sonrisa. – No sé, no les gusta mucho que suba cuando está todo el mundo en casa.
Zayn mueve la cabeza haciendo un gesto de comprender y se acerca al ascensor. El piso estaba en un séptimo piso y no había ganas de ir andando por las escaleras.
-Ven. Si subes conmigo no te dirán nada. Son un poco raritas. – dice riéndose.
María asiente y se levanta un poco temerosa. No le caían demasiado bien las compañeras que tenía Laura. Eran algo estúpidas y muy melindrosas, por eso siempre hablaba con Laura en el rellano, porque a parte de eso eran bastante cotillas.
Zayn y María entran en el ascensor y marcan el séptimo piso.
Se hace el silencio en aquella caja de apenas dos metros cuadrados, cuando de pronto…
Todo se para en seco emitiendo un ruido metálico que ambos no parece gustarles. Las luces se apagan y un pitido proveniente de un diminuto altavoz cerca de los botones comienza a sonar.
-Oh, oh. – dice Zayn.
-¿Qué has hecho? ¿Qué ha pasado? – comienza María asustada.
-¡Yo no he hecho nada! Se ha debido de quedar atascado…
-Llamaré a Laura para que nos baje a busc…Mierda.
-¿Qué pasa?
-No hay cobertura. Típico de los ascensores. ¿Qué hacemos ahora?
*Media hora después…*
María desiste y se sienta en el suelo echando la cabeza hacia delante. Su melena pelirroja le cubre la frente. Resopla y algunos de los mechones se mueven débilmente.
-¿Estás bien? – dice Zayn sentándose también.
-Sí. Pero no me gustan los sitios cerrados, y menos si son pequeños.
Zayn se ríe y mira al techo.
-¿De que te ríes? No tiene gracia. – le replica ella Molesta.
-No me reía de eso. Me estaba acordando de una cosa.
María le mira levantando una ceja y Zayn niega con la cabeza apartando el tema. De nuevo silencio. Los dos esperaban a que viniera alguien a sacarlos de ahí, y cuanto antes, mejor.
De pronto Zayn comienza a mirar a todos lados.
-Un momento… - dice poniéndose en pie.
-¿Qué? – pregunta María apoyando su mejilla en la palma de la mano y mirándole con cierta desgana.
-Siempre hay un botón para emergencias para estos casos, ¿No? Tiene que estar por aquí. Déjame tu móvil, que no veo nada.
María se levanta y alumbra el panel con el móvil. Así era, había un botón que parecía tener algo parecido a ‘en caso de emergencia’ escrito. El ascensor era muy viejo y las letras se habían borrado.
Zayn lo pulsa esperanzado y de pronto las luces vuelven.
-¡Mira! – dice riéndose.
María levanta una ceja y se contiene las ganas de aplaudir sarcásticamente.
-Muy bien genio, pero ¿A caso nos hemos movido? – apunta cruzándose de brazos.
Zayn baja los hombros e intenta abrir la puerta. Nada. Está bloqueada y el ascensor está en el mismo punto en el que se había quedado.
-Por lo menos tenemos luz. – comenta Zayn haciendo una mueca parecida a una sonrisa.
María se ríe de pura inercia y vuelve a sacar el móvil, tenían para un rato…
Llamo frenéticamente al portero y espero la respuesta de Laura.
-Pasa. – contesta una voz cansada.
Me encojo de hombros y abro la puerta. Llamo al ascensor pero parece estar fuera de servicio. Malditos edificios antiguos…
Subo los 7 pisos andando y llamo a la puerta casi sin aliento.
-Belén, ¿qué pasa? ¿Qué haces aquí? ¿Has… subido andando? – pregunta Laura dejándome pasar.
-¿Está aquí María? – pregunto tomando algo de aire primero.
-No. ¿Has visto tú a Zayn? Hace un rato que dijo que vendría a verme.
1/2/12
Capítulo 33
Ben sonríe al verme tan callada y trato de disimularlo devolviéndosela. No tengo ganas de mover un músculo y todo por culpa de Louis.
No consigo quitármelo de la cabeza, por más que evito pensar en ello, más difícil me es apartar la imagen de sus ojos vidriosos de la memoria… Mierda. Esto no estaba planeado así.
-Bee… ¿Estás bien? Estás muy… ausente, ¿Ha pasado algo con… Louis? – dice con gesto preocupado.
Niego con la cabeza, intentando mantenerle la mirada, pero acabo mirando al suelo. Quiero aparentar que estoy bien, pero creo que es demasiado tarde. Ben me coge de la mano y me levanta la cara para obligarme a mirarle. Después de unos tensos segundos, me besa.
Pensando que así me olvidaría de él me aferro a su nuca y le sigo la corriente. Pero aun así no puedo. Es demasiado. No quiero utilizarle para olvidarme de un imbécil como Louis.
-Ben… Ben. – le susurro separándome de él con desgana. Ben parece no hacerme caso. Chasca la lengua y me agarra violentamente de la cintura y me acerca a él.
Aquellos ojos… Tan pronto me habían parecido azules como ahora me parecían de un color hielo, tan cortante y frío… Casi daban miedo.
-Es él, ¿verdad? – dice a apenas unos centímetros de mí. De nuevo aparto la mirada. No soporto la presión de sus ojos sobre mí. Pero sabía que no me podía quedar callada. - ¡Contéstame! Por favor…
Ben parece algo fuera de sí. En un principio hubiera pensado que aquello eran celos, pero parecía que iba un poco más lejos.
-Ben. Me haces daño. – le digo intentando liberarme de la presión que ejerce sobre mis muñecas.
De pronto me suelta como si le hubiese dado una descarga y me mira algo distante. Me siento algo mal, el chico sólo me había preguntado, pero… ¿Por qué se comportaba de ese modo?
-Está bien… - dice respirando hondo. - ¿Qué es lo que quieres?
-Me quiero ir a casa. Eso es lo que quiero. – digo algo incómoda. La situación se había vuelto algo violenta y Ben comenzaba a asustarme. Además, apenas tenía ganas de ir a ningún lado…
Ben cierra los ojos y libera el aire que había contenido. Parece algo decepcionado, pero se limita a asentir y a sonreír. Siento como otro trocito de corazón se me hace a ñicos.
El camino de vuelta se vuelve más incómodo todavía. Ben no ha hablado en todo el camino pero parece pensativo. Le miro de vez en cuando pero no me atrevo a decirle nada…
En uno de mis miradas de reojo me encuentro con los suyos. Estos parecen haber vuelto a lucir aquel azul tan profundo. Suspiro algo aliviada y hago un gesto que se parece a una sonrisa.
Ben se acerca un poco.
Al llegar a casa todo parece ralentizarse. Ben está algo nervioso y me mira con cara de circunstancia.
-Bueno, ya nos veremos. – digo intentando escabullirme. Doy un paso hacia el portal y le doy la espalda, pero entonces noto algo que me impide avanzar. Me giro y le veo agarrándome dulcemente de la mano como aquel crío pequeño que ha perdido a su madre en un supermercado.
Sonrío, esta vez de verdad y doy un paso hacia él. Lo único que me sale es abrazarle. Ben parece agradecerlo, se hunde en mi hombro y me atrae hacia él con delicadeza, como si no me quisiera soltar nunca.
-No ha pasado nada, te lo prometo, sólo es que no me encuentro bien. – le murmuro rozando mis labios con su mejilla.
Él se ríe levemente y me mira más confiado. Había sido algo raro, pero ahora me sentía muy bien entre sus brazos. Aunque el recuerdo de Louis me atormentaba todavía.
Le beso con dulzura y entonces entro en el portal. No puedo evitar mirar atrás para verle entornar una sonrisa de idiota. Siento como se me erizan los pelos de la nuca y sonrío también.
Abro la puerta con calma, casi flotando y busco presencia en la casa. De pronto oigo un estruendo en la cocina. Entro algo asustada y miro dentro.
Harry había desparramado todo un juego entero de cacerolas y sartenes por el suelo y juraba en hebreo sobre ellas.
-H-hola. – digo intentando frenar su encarecida batalla con una de las cacerolas.
Me mira algo desconcertado y parpadea varias veces como si no supiera muy bien donde se encontraba.
-¿Estás bien? – le pregunto preocupándome.
-No, no estoy bien. - contesta con las voz temblorosa
-¿Qué ha pasado?
-María. No hago más que llamarla y no me coge el teléfono. He ido a buscarla a casa pensando que no tendría batería, pero me han dicho que tampoco está ahí. No tengo ni idea de donde está.
Abro los ojos de sorpresa y saco el teléfono. María siempre contesta al teléfono.
-Bueno… cálmate, a lo mejor ha salido a… dar una vuelta o a comprar algo, no te pongas así…
-¡No, no me calmo! Sabes que María siempre lo coge, y si no devuelve las llamadas, siempre. No es normal. ¿Y si le ha pasado algo? Y…
-¡Harry! – le grito sujetándole por los hombros. Cuando empieza a dar vueltas me pone muy nerviosa. – Voy a llamar a su casa a ver a donde ha ido y la iré a buscar. Tranquilízate.
Harry me mira nervioso y se pasa la mano por el pelo.
-Te llamaré si sé algo de ella.
Cojo mis llaves y salgo de casa de nuevo. La verdad que Harry llevaba mucha razón, nunca salía sin su móvil de casa y rara vez lo llevaba apagado. Me estaba empezando a preocupar.
No consigo quitármelo de la cabeza, por más que evito pensar en ello, más difícil me es apartar la imagen de sus ojos vidriosos de la memoria… Mierda. Esto no estaba planeado así.
-Bee… ¿Estás bien? Estás muy… ausente, ¿Ha pasado algo con… Louis? – dice con gesto preocupado.
Niego con la cabeza, intentando mantenerle la mirada, pero acabo mirando al suelo. Quiero aparentar que estoy bien, pero creo que es demasiado tarde. Ben me coge de la mano y me levanta la cara para obligarme a mirarle. Después de unos tensos segundos, me besa.
Pensando que así me olvidaría de él me aferro a su nuca y le sigo la corriente. Pero aun así no puedo. Es demasiado. No quiero utilizarle para olvidarme de un imbécil como Louis.
-Ben… Ben. – le susurro separándome de él con desgana. Ben parece no hacerme caso. Chasca la lengua y me agarra violentamente de la cintura y me acerca a él.
Aquellos ojos… Tan pronto me habían parecido azules como ahora me parecían de un color hielo, tan cortante y frío… Casi daban miedo.
-Es él, ¿verdad? – dice a apenas unos centímetros de mí. De nuevo aparto la mirada. No soporto la presión de sus ojos sobre mí. Pero sabía que no me podía quedar callada. - ¡Contéstame! Por favor…
Ben parece algo fuera de sí. En un principio hubiera pensado que aquello eran celos, pero parecía que iba un poco más lejos.
-Ben. Me haces daño. – le digo intentando liberarme de la presión que ejerce sobre mis muñecas.
De pronto me suelta como si le hubiese dado una descarga y me mira algo distante. Me siento algo mal, el chico sólo me había preguntado, pero… ¿Por qué se comportaba de ese modo?
-Está bien… - dice respirando hondo. - ¿Qué es lo que quieres?
-Me quiero ir a casa. Eso es lo que quiero. – digo algo incómoda. La situación se había vuelto algo violenta y Ben comenzaba a asustarme. Además, apenas tenía ganas de ir a ningún lado…
Ben cierra los ojos y libera el aire que había contenido. Parece algo decepcionado, pero se limita a asentir y a sonreír. Siento como otro trocito de corazón se me hace a ñicos.
El camino de vuelta se vuelve más incómodo todavía. Ben no ha hablado en todo el camino pero parece pensativo. Le miro de vez en cuando pero no me atrevo a decirle nada…
En uno de mis miradas de reojo me encuentro con los suyos. Estos parecen haber vuelto a lucir aquel azul tan profundo. Suspiro algo aliviada y hago un gesto que se parece a una sonrisa.
Ben se acerca un poco.
Al llegar a casa todo parece ralentizarse. Ben está algo nervioso y me mira con cara de circunstancia.
-Bueno, ya nos veremos. – digo intentando escabullirme. Doy un paso hacia el portal y le doy la espalda, pero entonces noto algo que me impide avanzar. Me giro y le veo agarrándome dulcemente de la mano como aquel crío pequeño que ha perdido a su madre en un supermercado.
Sonrío, esta vez de verdad y doy un paso hacia él. Lo único que me sale es abrazarle. Ben parece agradecerlo, se hunde en mi hombro y me atrae hacia él con delicadeza, como si no me quisiera soltar nunca.
-No ha pasado nada, te lo prometo, sólo es que no me encuentro bien. – le murmuro rozando mis labios con su mejilla.
Él se ríe levemente y me mira más confiado. Había sido algo raro, pero ahora me sentía muy bien entre sus brazos. Aunque el recuerdo de Louis me atormentaba todavía.
Le beso con dulzura y entonces entro en el portal. No puedo evitar mirar atrás para verle entornar una sonrisa de idiota. Siento como se me erizan los pelos de la nuca y sonrío también.
Abro la puerta con calma, casi flotando y busco presencia en la casa. De pronto oigo un estruendo en la cocina. Entro algo asustada y miro dentro.
Harry había desparramado todo un juego entero de cacerolas y sartenes por el suelo y juraba en hebreo sobre ellas.
-H-hola. – digo intentando frenar su encarecida batalla con una de las cacerolas.
Me mira algo desconcertado y parpadea varias veces como si no supiera muy bien donde se encontraba.
-¿Estás bien? – le pregunto preocupándome.
-No, no estoy bien. - contesta con las voz temblorosa
-¿Qué ha pasado?
-María. No hago más que llamarla y no me coge el teléfono. He ido a buscarla a casa pensando que no tendría batería, pero me han dicho que tampoco está ahí. No tengo ni idea de donde está.
Abro los ojos de sorpresa y saco el teléfono. María siempre contesta al teléfono.
-Bueno… cálmate, a lo mejor ha salido a… dar una vuelta o a comprar algo, no te pongas así…
-¡No, no me calmo! Sabes que María siempre lo coge, y si no devuelve las llamadas, siempre. No es normal. ¿Y si le ha pasado algo? Y…
-¡Harry! – le grito sujetándole por los hombros. Cuando empieza a dar vueltas me pone muy nerviosa. – Voy a llamar a su casa a ver a donde ha ido y la iré a buscar. Tranquilízate.
Harry me mira nervioso y se pasa la mano por el pelo.
-Te llamaré si sé algo de ella.
Cojo mis llaves y salgo de casa de nuevo. La verdad que Harry llevaba mucha razón, nunca salía sin su móvil de casa y rara vez lo llevaba apagado. Me estaba empezando a preocupar.
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