Ben sonríe al verme tan callada y trato de disimularlo devolviéndosela. No tengo ganas de mover un músculo y todo por culpa de Louis.
No consigo quitármelo de la cabeza, por más que evito pensar en ello, más difícil me es apartar la imagen de sus ojos vidriosos de la memoria… Mierda. Esto no estaba planeado así.
-Bee… ¿Estás bien? Estás muy… ausente, ¿Ha pasado algo con… Louis? – dice con gesto preocupado.
Niego con la cabeza, intentando mantenerle la mirada, pero acabo mirando al suelo. Quiero aparentar que estoy bien, pero creo que es demasiado tarde. Ben me coge de la mano y me levanta la cara para obligarme a mirarle. Después de unos tensos segundos, me besa.
Pensando que así me olvidaría de él me aferro a su nuca y le sigo la corriente. Pero aun así no puedo. Es demasiado. No quiero utilizarle para olvidarme de un imbécil como Louis.
-Ben… Ben. – le susurro separándome de él con desgana. Ben parece no hacerme caso. Chasca la lengua y me agarra violentamente de la cintura y me acerca a él.
Aquellos ojos… Tan pronto me habían parecido azules como ahora me parecían de un color hielo, tan cortante y frío… Casi daban miedo.
-Es él, ¿verdad? – dice a apenas unos centímetros de mí. De nuevo aparto la mirada. No soporto la presión de sus ojos sobre mí. Pero sabía que no me podía quedar callada. - ¡Contéstame! Por favor…
Ben parece algo fuera de sí. En un principio hubiera pensado que aquello eran celos, pero parecía que iba un poco más lejos.
-Ben. Me haces daño. – le digo intentando liberarme de la presión que ejerce sobre mis muñecas.
De pronto me suelta como si le hubiese dado una descarga y me mira algo distante. Me siento algo mal, el chico sólo me había preguntado, pero… ¿Por qué se comportaba de ese modo?
-Está bien… - dice respirando hondo. - ¿Qué es lo que quieres?
-Me quiero ir a casa. Eso es lo que quiero. – digo algo incómoda. La situación se había vuelto algo violenta y Ben comenzaba a asustarme. Además, apenas tenía ganas de ir a ningún lado…
Ben cierra los ojos y libera el aire que había contenido. Parece algo decepcionado, pero se limita a asentir y a sonreír. Siento como otro trocito de corazón se me hace a ñicos.
El camino de vuelta se vuelve más incómodo todavía. Ben no ha hablado en todo el camino pero parece pensativo. Le miro de vez en cuando pero no me atrevo a decirle nada…
En uno de mis miradas de reojo me encuentro con los suyos. Estos parecen haber vuelto a lucir aquel azul tan profundo. Suspiro algo aliviada y hago un gesto que se parece a una sonrisa.
Ben se acerca un poco.
Al llegar a casa todo parece ralentizarse. Ben está algo nervioso y me mira con cara de circunstancia.
-Bueno, ya nos veremos. – digo intentando escabullirme. Doy un paso hacia el portal y le doy la espalda, pero entonces noto algo que me impide avanzar. Me giro y le veo agarrándome dulcemente de la mano como aquel crío pequeño que ha perdido a su madre en un supermercado.
Sonrío, esta vez de verdad y doy un paso hacia él. Lo único que me sale es abrazarle. Ben parece agradecerlo, se hunde en mi hombro y me atrae hacia él con delicadeza, como si no me quisiera soltar nunca.
-No ha pasado nada, te lo prometo, sólo es que no me encuentro bien. – le murmuro rozando mis labios con su mejilla.
Él se ríe levemente y me mira más confiado. Había sido algo raro, pero ahora me sentía muy bien entre sus brazos. Aunque el recuerdo de Louis me atormentaba todavía.
Le beso con dulzura y entonces entro en el portal. No puedo evitar mirar atrás para verle entornar una sonrisa de idiota. Siento como se me erizan los pelos de la nuca y sonrío también.
Abro la puerta con calma, casi flotando y busco presencia en la casa. De pronto oigo un estruendo en la cocina. Entro algo asustada y miro dentro.
Harry había desparramado todo un juego entero de cacerolas y sartenes por el suelo y juraba en hebreo sobre ellas.
-H-hola. – digo intentando frenar su encarecida batalla con una de las cacerolas.
Me mira algo desconcertado y parpadea varias veces como si no supiera muy bien donde se encontraba.
-¿Estás bien? – le pregunto preocupándome.
-No, no estoy bien. - contesta con las voz temblorosa
-¿Qué ha pasado?
-María. No hago más que llamarla y no me coge el teléfono. He ido a buscarla a casa pensando que no tendría batería, pero me han dicho que tampoco está ahí. No tengo ni idea de donde está.
Abro los ojos de sorpresa y saco el teléfono. María siempre contesta al teléfono.
-Bueno… cálmate, a lo mejor ha salido a… dar una vuelta o a comprar algo, no te pongas así…
-¡No, no me calmo! Sabes que María siempre lo coge, y si no devuelve las llamadas, siempre. No es normal. ¿Y si le ha pasado algo? Y…
-¡Harry! – le grito sujetándole por los hombros. Cuando empieza a dar vueltas me pone muy nerviosa. – Voy a llamar a su casa a ver a donde ha ido y la iré a buscar. Tranquilízate.
Harry me mira nervioso y se pasa la mano por el pelo.
-Te llamaré si sé algo de ella.
Cojo mis llaves y salgo de casa de nuevo. La verdad que Harry llevaba mucha razón, nunca salía sin su móvil de casa y rara vez lo llevaba apagado. Me estaba empezando a preocupar.
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