28/9/12

Capítulo 62

María me mira algo cabizbaja y me entrega en silencio el papel que sostiene en la mano. Lo cojo suavemente y lo comienzo a leer para mí, con las dos primeras palabras ya sé de que se trata…

-Oh, por favor, otra vez con esto no… - digo llevándome la mano a la frente

Me siento en una de las sillas próximas a mí y dejo el papel en la mesa, mirándolo en absoluto silencio. María se acerca un paso y me contempla como si no supiera que hacer. Harry le pone la mano en el hombro y ambos se miran. Harry asiente y se acerca hasta mí, sentándose en la silla de en frente.

-No voy a insistir, sabes lo que pienso sobre esto. Pero sólo contéstame una cosa, ¿Por qué? Si fuera tú ya estaría haciendo las maletas.

Chasqueo la lengua y le miro, con rabia en los ojos.

-No lo entiendes ¿verdad? – digo en un hilo de voz. – Claro que no. Si me voy, lo pierdo todo. Lo que he vivido, mis amigos, los he de dejar atrás, ¿para qué, para llegar a un lugar donde no conozco a nadie en absoluto? Tienes que estar de broma.

María se acerca en silencio y apoya las manos suavemente en la mesa.

-Bueno, lo que yo creo… - dice casi en un murmuro. Harry y yo le miramos. – Creo que deberías ir.

-Venga ya, ¿Tú también? ¿Por qué me hacéis esto? ¡Dejadme decidir a mí, es mi vida! – me levanto

-¡Lo hacemos porque te queremos, Belén! ¡Porque pensamos que es lo mejor para ti! – dice María

Me quedo en silencio y arrugo la nariz con algo de impotencia. Desde luego que era una oportunidad de oro, pero… ¿No podía esperar un poco más? No quería… No podría dejarlo todo ahí, mi vida, empezar de cero… Sería demasiado para mí.

-¿Sabéis? No quiero hablar de ello.

-¡Nunca quieres hablar de ello! ¿Qué vas a hacer, rehuirlo para siempre? – dice Harry enfadado.

-¡Por lo menos hasta que pueda! – en ese momento cojo mi chaqueta y me dirijo a la puerta con la vena del cuello hinchada.

Al abrir la puerta, me encuentro de forma repentina con Louis, que casi se choca conmigo al ir a llamar. Le miro sin mucha expresión facial y paso de largo. Mientras, el muchacho me observa entre preocupado e intrigado. Hace un par de gestos y dirige la mirada a Harry y María que permanecen de pie en mitad del salón sin saber que hacer.

-¿Q-qué ha pasado? – pregunta con una ceja arqueada.

Harry suspira y María niega suavemente con la cabeza.

-Larga historia. – comenta Harry en un hilo de voz.

-Tengo tiempo de sobra.


Había pasado un rato bastante largo desde que había empezado a caminar y empezaba a tener algo de frío y sentir la soledad. Mi cabeza es un enjambre de abejas, no quiero pensar, no quiero decidir.

Quizás todo fuera más fácil si alguien lo hiciera por mí. No quería tener que decir sí o no. Quería quedarme y estar con los que quiera, donde quiero. Pero por otro lado estaba esa universidad, aquel prestigioso lugar dónde sólo te aceptan si vales la pena, y me habían dado la oportunidad, ¿cómo iba a dejarlo pasar? Tendría que estar loca.

No sé muy bien donde estoy, pero creo que me suena bastante esta calle. Definitivamente he estado antes. Y de pronto reconozco aquel lugar por el rubito despreocupado que sale por la puerta de uno de los edificios.

-Niall… - digo en un murmuro. Oh, querido subconsciente, a veces me sirves para algo. Sabía que Liam, Zayn y Laura iban a insistir en que me marchara. No tenía ni idea de cómo reaccionaría Louis, ni siquiera había pensado en mencionarle nada del asunto. Pero aquel chico… él a lo mejor tenía la solución.

Me acerco a él sin mucha idea de cómo abordarle en mitad de la calle.

-N-Niall… - le digo poniendo la mano en su hombro. El muchacho da un respingo y se gira sobresaltado.

-¡Belén! Menudo susto me has dado. – Dice él sonriendo. Me sonrojo un poco y sonrío también. - ¿Qué haces aquí?

-He pensado en llamarte, pero he caído en que no tengo tu teléfono. – digo suspirando. – Necesito tu ayuda… ¿Te pillo en un mal momento?

Niall frunce el ceño.

-¿Mi ayuda? ¿Para qué? – pregunta intrigado. – Sólo iba a por leche, para mi hermano. Puedes acompañarme si quieres.

Asiento en silencio y le sigo el paso. Tardamos unos minutos en romper el silencio, los dos hablamos a la vez y reímos torpemente.

-Tú primero. – dice él.

-No, no, tú primero.

-Ahora en serio, ¿Qué es eso en lo que te tengo que ayudar?

Respiro hondo y expiro con fuerza y me río de forma breve antes de mirarle sin saber por donde empezar. Cómo si fuera tan fácil explicar la mar de dudas que hervía en mi cabeza.

-Estoy hecha un auténtico lío. No es una decisión fácil, y puede que cambien las cosas, mucho. Por eso me asusta. – Digo mirando al suelo y hundiéndome en mi bufanda un poco más.

Niall ríe con ironía y me mira sonriente. Es curioso la tranquilidad que transmite este chico.

-Eso mismo pensaba yo antes de mudarme aquí. – dice mirando al frente. – Hace bastante frío, ¿no?

Sonrío y asiento. De pronto reparo en sus palabras, no sabía que Niall se había mudado aquí.

-Vine desde Irlanda, y me asustaba muchísimo marcharme de ahí, aunque claro yo era mucho más pequeño que tú ahora mismo. – dice contando los edificios. – Si no me equivoco hay una tiendecilla ahí, al torcer la esquina.

Asiento de nuevo, y estaba en lo cierto.

-Vuelvo en un santiamén. –dice entrando, las campanitas anuncian su llegada y la mujer que rige la tienda alza la cabeza y sonríe.

Miro a mi alrededor, estoy nerviosa. Llevo todo el día nerviosa. No queda mucho tiempo para que acabe el verano y tendré que tener algo pensado para entonces, pero… Oh, joder. ¿Por qué tenía que ser tan difícil decir si o no?

Niall me sorprende hablándome de que la leche entera tiene muchas más propiedades que la desnatada. ¿Cuánto tiempo llevaba hablando?

-Y… eso. Aunque es menos digestiva, está más rica. – dice con el brick en la mano, pero mi vista parece perdida allá por Narnia. - ¿Estás bien?

-S-sí, perdona. – digo cerrando un momento los ojos para recuperarme de mi ensimismamiento.

Volvemos hasta su casa, pero la conversación no avanza en el trayecto. Al llegar a su portal saca la las llaves y me mira.

-N-no quiero molestar. Seguro que tu hermano quiere tomarse la leche tranquilo.

-No está, llegará esta noche. Vamos, no seas tímida.

-¿De verdad? – digo frunciendo la nariz.

Niall abre la puerta y hace un gesto con la mano invitándome a entrar. Río y entro. Sé que estaba dispuesto a ayudarme, y era lo que realmente necesitaba.

13/9/12

Capítulo 61

Cruzo la esquina tras un rato andando y llamo como siempre 3 veces al telefonillo de la casa de María. Su madre me deja pasar y en lo que tardo en subir los dos pisos de escaleras, María me está esperando ya apoyada en el marco de la puerta.

-Dime que no vienes a hablarme de tu hermano.

Tuerzo el gesto y río disimulando mis intenciones.

-No, que va…

María frunce el ceño y me deja pasar mostrando una pequeña sonrisa.

Cierra la puerta y tras saludar a sus padres me voy directa a su habitación. Me siento en su cama y espero a que vuelva. Cuando lo hace, trae consigo unos vasos de cocacola.

-¿Y bien? – dice María arqueando la ceja.

-Estoy harta de estar de un lado para otro por vuestras movidas, eso lo primero. – le digo sin reparos seguido de un pequeño sorbo al vaso. María abre los ojos y sigue escuchando. – Segundo, ¿por qué lo hiciste?

María deja el vaso en la mesilla y me mira con cara de pocos amigos mientras se sienta a mi lado.

-¿Por qué soy yo siempre? ¡Yo no hice nada! ¡Zayn se me tiró encima! – La sinceridad se refleja en sus palabras. Dejo de beber y presto atención. – Comenzó a decirme que se había enamorado de mí, que desde que le besé no podía pensar en otra cosa… No lo entiendo.

Mi mandíbula se descuelga del susto. ¿¡Qué Zayn le había dicho qué!? Me esperaba algo más suave, algo como “Fue algo inesperado” pero que Zayn le declarara sus sentimientos así de sopetón no entraba entre mis posibilidades.

-Me caigo muerta. – digo en un hilillo de voz. - ¿Y se te echó encima, sin más?
María asiente y se lleva una meno a la cabeza. Aprieta los ojos con fuerza y pierde la mirada en el estampado del edredón.

-Y Harry lo vio todo. Pero es como siempre, como un crío pequeño. Se cabrea y no me deja que le explique nada, siempre es lo mismo y estoy muy cansada, Belén…

Suspiro y la miro preocupada. El gesto de ambos está desgastado por la preocupación. Es evidente que se quieren, tanto que les hace sufrir. Llamadme metomentodo, pero era hora de tomar cartas en el asunto.

Sonrío de forma inesperada y me levanto con brío de la cama haciendo sobresaltar a María.

-¿Te vas ya?

-Tengo unas cuantas cosillas que hacer. Tendrás noticias mías pronto. – le doy un beso en la mejilla y le revuelvo el pelo. - ¡Pórtate bien!

Después de despedirme salgo de su casa, luciendo una flamante sonrisa. Bajo las escaleras casi marcando un ritmo y salgo a la calle. Me sorprende que la temperatura sea tan fresca. Se acercaba el otoño y las hojas de los árboles comenzaban a teñirse de ocre.


Pasan los días, como minutos muertos de reloj. La cosa sigue igual, mismos problemas, mismas caras, mismos gestos…

Liam bosteza frente al cristal esperando la llegada de Allie. Quién le iba a decir que un día durmiendo hasta tan tarde le iba a sentar tan bien. Al levantar se había encontrado con una nota manuscrita en la nevera en la que Allie le decía que llegaría tarde a comer.

Decidido a preparar algo para comer, se aparta un poco de la ventana, pero de pronto la ve aparecer, y no sola. Un chico, alto y rubio la acompaña. Liam agudiza la vista, parecen estar muy juntos. Parpadea un momento tratando de asimilar, seguramente sería un amigo…

Al subir, Allie le saluda como si nada, pero Liam la mira como si acabara de asesinar a alguien a sangre fría.

-¿Te pasa algo, cielo? – dice ella frunciendo el ceño.

-¿Quién era él? – pronuncia Liam sin expresión alguna.


María llega hasta la puerta de mi casa, por algún motivo, algo la trae ahí. Quizás la intriga con la que me despedí hacía unos días. Llama suavemente con los nudillos y Harry abre la puerta sin muchas ganas.

Ambos mantienen una silenciosa conversación con la mirada mientras me acerco aguantándome la risa por detrás.

-¿Algo más que decir? – digo conteniendo la sonrisa. Harry se aparta de la puerta mirándome con una mezcla de odio y desprecio.

-Perdón… - murmuro. - ¿Cómo tú por aquí?

María aparta la mirada de mi hermano y parpadea para entender algo que acabo de decir y que no ha oído del todo bien.

-Eh… He venido para dar una vueltecilla. Si quieres, claro. – dice sonriente.

Sonrío y la dejo pasar.

-Voy a ponerme algo decente, espérame aquí. – digo desapareciendo a lo largo del pasillo.

La tensión se forma repentinamente en el ambiente cuando Harry y María se percatan de que se han quedado a solas. Pero Harry tiene cosas que decir.

-María…

-Harry, no voy a hablar contigo.- dice María de pronto. – Ya no. Te he dado demasiadas oportunidades. Me he cansado ya.

-No venía a hablarte de eso. Es algo que tienes que saber, no es sobre mí ni sobre nosotros. – dice poniéndose serio.

María relaja los hombros y frunce el ceño.

-¿A qué te refieres?

-Es sobre Belén… Deberías ver esto. – Se acerca a la cómoda y coge uno de los papeles que se encuentran encima, se lo extiende casi sin mantener contacto visual con ella.

María comienza a leer y su rostro parece ensombrecer con cada línea.

-¿Q-qué es esto? Quiere decir qué… - Murmura María. Su voz parece triste.

-Tenemos que apoyarla, hacer que vaya. Es una oportunidad única y si no la acepta luego será demasiado tarde para volver a atrás.

-Pero… Esto es de hace tiempo… ¿Por qué no me dijo nada?

-No se lo ha dicho a nadie. No quiere hablar de ello.

Salgo de la habitación poniéndome bien la chaqueta para encontrarme con que me asaltan dos miradas, ambas con destellos de preocupación.

-¿Q-qué pasa? – digo en voz baja.

10/9/12

Capítulo 60

A pesar de mi mirada asesina, ninguno deja de reírse. Resoplo y continúo andando. Niall me alcanza y seguimos caminando por la calle casi desierta. Los pasos absorben poco a poco la falta de conversación.

-Esta es. – dice Zayn sonriente señalando uno de los edificios blancos impolutos.

Los que quedamos nos giramos esperando a que se despida, y así lo hace con todos menos con una de nosotros. María se queda quita ante la mirada del muchacho, que parece indeciso.

-¿Puedo hablar contigo un segundo? – dice de pronto, en voz no muy alta.

María se gira hacia nosotros. Los músculos de Harry se ha puesto tensos y aparta la mirada. La miro con cara de circunstancia y suspiro. Ella se vuelve a hacía Zayn y sonríe no muy convencida.

-No veo por qué no.

Miro a Harry, que parece no gustarle mucho el plan. Saco la mano del bolsillo de mi chaqueta y le golpeo en el brazo, sacándole del ensañamiento que lleva en la cabeza.

-Para ya, ¿quieres? – le digo. Niall nos mira sin saber muy bien de lo que hablamos. Harry gruñe y mira al suelo, aparentando que no le importa en absoluto.
María parece un poco incómoda ante sus palabras, pero no consigo escuchar nada. De pronto algo ocurre, un movimiento brusco, Zayn sujeta el rostro de ella y ocurre lo que me temía.

Todos nos quedamos sorprendidos ante la intrépida acción del muchacho, y nada más pensar en ello, se me ocurre volver la mirada hacia Harry. Su cara se ha vuelto pálida, está paralizado. Cierra el puño con fuerza y aprieta los párpados intentando negar algo que acaba de ver.

María se separa de golpe de los brazos de Zayn, alejándose de sus labios con brusquedad. Aquello también la había dejado algo desconcertada, todo había pasado demasiado rápido para evitarlo, y el daño ya estaba hecho.

-¿Qué haces? – dice María apartándose de Zayn. Él parece algo decepcionado con la reacción.

-L-lo siento, pensé que…

-¡Pues pensaste mal! – protesta irritada. Fija su mirada directamente en Harry, quién todavía sigue inmóvil, como una estatua.

Da un paso, y negando con la cabeza débilmente y las manos encerradas en los bolsillos echa a andar en dirección contraria.

-Harry… - susurro sin conseguir su atención.

María chasquea la lengua y le observa alejarse. Por mi cara deduce que es ridículo seguirle, ahora que estaba cabreado no se dignaría a pronuncia ni una sola palabra ni aunque le pagaran, pero… ¿Por qué tenía que ir ella detrás de él a pedirle perdón? ¿Perdón por qué?

El ambiente se vuelve denso y difícil de asimilar.

-Déjale… - digo rompiendo el profundo silencio. – Mañana estará mejor y se podrá hablar con él. No te preocupes…

María tiene la mirada clavada en el suelo. Zayn trata de decir algo para suavizar la situación, pero cierra la boca al segundo.

-Creo que me voy a ir ya. Ya he metido la pata bastante por hoy. – murmura mientras se adentra en el portal. María le dedica una mirada nostálgica y echa a andar. Al pasar por nuestro lado ni siquiera dice nada.

Niall y yo nos miramos, confundidos.

-¿Me he perdido algo? – dice él acercándose a mí.

-Una historia muy larga, creo que será mejor que nos vayamos a casa… esto está muy caldeado. – digo enganchándole del brazo.

Niall se encoge de hombros y me sigue el paso. Pronto la calle queda de nuevo en calma… hasta la mañana siguiente.

Nada más despertarme puedo notar el mal humor de Harry impregnar todo el salón.

-B-buenos días. – digo asomándome a la cocina. Me asusto sólo con ver la cara de perro de mi hermano. Alerta: mejor no acercarse mucho.

Me preparo algo para desayunar y me siento en la mesa en la que ya se había aposentado él, con los codos clavados en la madera como vigas.

-¿Q-qué tal? ¿Todavía…? – me mira como si con cada palabra estuviera firmando mi sentencia de muerte y aquello me hace parar. – V-vale…

Suspiro y doy un sorbo a mi taza.

-¿Sabes? No. No me voy a callar. Me da igual que estés de morros. ¿Se puede saber que te pasa? ¡María no tuvo la culpa de lo de anoche!

-¡Déjame tranquilo! – grita alzando la cabeza por primera vez en el día. - ¿TE crees que no lo sé? ¡Pero eso no cambia nada de lo que siento! ¡Me siento traicionado, decepcionado, hundido…! Y sobre todo me siento impotente. No sé que cojones hacer para solucionar nada. Soy un inútil. Por eso María no me quiere, porque no sé hacer nada. – dice frunciendo el ceño.

No sé que responder. Me ha dejado callada, no sabía nada de aquello. Creía que eran sólo celos… pero mi pobre hermanito lo estaba pasando mal de verdad. Sus ojeras desvelaban su noche en vela. De pronto me siento fatal, lo había juzgado mal.

-Eh, eh… - susurro cogiéndole la mano. Él la aparta, al igual que la mirada.

Tengo que hablar con María, tenía que explicarle aquello o no volvería a dormir bien en la vida.

8/9/12

Capítulo 59

Y la noche empezaba, la cosa se empezaba a animar. Me empiezo a soltar, a reír más. Hacía tiempo que no pasaba tiempo con las chicas, y era reconfortante sentir un ambiente tan agradable.

-¿A caso nos vamos a quedar aquí? – Suelta de pronto Yvonne con las manos en la cadera y la mirada viva. – Deberíamos expandirnos.

-¿Qué quieres decir con eso? – dice Julie apartando la mirada de la ventana.

-¡Salir a la calle, joder! - repite en voz alta.

-¡Claro, salgamos por ahí! Seguro que encontramos algo divertido que hacer – respalda Roxy.

Las demás se encogen de hombros. No es mala idea que nos de un poco el aire. Aquella noche tenía demasiada buena pinta poco para pasarla entera metidas en aquel pisito.

-Por mí bien. – digo con una sonrisa maliciosa en la cara.

-Vamos a portarnos mal. – concluye Laura colocándose la chaqueta con un gesto de muñeca mientras alza una ceja.

Todas lucimos enormes sonrisas y en seguida le imitamos con nuestras prendas de abrigo. A pesar de que corre una fría brisa en la calle, la energía que desprendemos nos hacía olvidarnos completamente.


-Me aburro. – balbucea Liam dándole vueltas a la botella en la mano, despanzurrado en el sofá. Ninguno tiene cara de estar pasándoselo muy bien.

-Tu plan no está dando mucho resultado. – interviene Louis mirando a Harry con los ojos entrecerrados. Este pone los ojos en blanco y suspira. – Aunque el mío tampoco…
Los cinco chicos se miran entre sí, esperando que alguno de ellos tenga la brillante idea que les salve la noche. Pero no hay ninguna reacción, ninguna bombillita encendiéndose, simplemente se ven, sentados con la mirada perdida en la descolorida alfombra del salón. Era deprimente.

-No soporto esto. – dice Niall levantándose de su asiento con brusquedad.

Todos se giran para observarle con atención. Está guardando sus cosas y colocándose la cazadora.

-¿Os vais a quedar ahí? Me voy a la calle a ver si hay más movimiento que aquí. Si queréis seguir aquí apolillándoos, vosotros mismos.

De pronto un movimiento masivo de todos los presentes hace un estrepitoso ruido cubra toda la estancia. En menos de cinco segundos, como si de una maniobra militar se tratase, todos parecen formar una fila de uno junto a la puerta, esperando que Niall de la salida.

Niall se echa a reír y abre la puerta haciendo un gesto para que pasen los demás.
Ambos lados de aquella pequeña guerrilla entre sexos habíamos optado por abandonar el guateque y salir a conquistar las diminutas calles de Norwich.

A pesar del frío que toma consistencia, la gente abarrota las calles, llenándolas de la vida y la alegría necesarias para dar pie a una noche de fiesta. Las chicas y yo hacía un buen rato que andábamos, pasando por bares, pubs y demás, pero como más de una temíamos hacía tiempo, acabamos en el mismo sitio de siempre.

Aquel bar lucía con una luz cálida, y el verde de la fachada resaltaba el dorado de las letras, adornadas por algunos detalles con pintura del mismo color. A su lado, unas pequeñas lámparas, similares a las farolas, alumbraban el pequeño trocito de acera, en las que dos barriles te invitaban entrar a tomar algo.

-Así que aquí estamos. – murmuro mirando el título con una sonrisa irónica. – Parece que nos llame y todo, ¿eh?

Algunas risas acompañan mi comentario, y nos agrupamos delante del local.
-No me importa quedarme aquí, la verdad. – dice María, y un coro de “A mí tampoco” le respaldan de pronto. Nos reímos casi al instante y damos un paso al frente, dispuestas a entrar en el recinto.

La campanita de la puerta suena con gracia desde lo alto, dándonos la bienvenida. El camarero sonríe y nos saluda. Tomamos asiento en una de las mesas vacías y pronto nos atienden. Pocos minutos después, ya estamos riéndonos frente a nuestros vasos llenos. Era agradable estar ahí, es cierto.

-¿Alguna sabe algo de los chicos? – dice Laura llamando la atención de la mesa. Todas nos encojemos de hombros y nos quedamos en silencio. – No importa, seguro que lo estamos pasando mejor que ellos.

Una agradable música de fondo, no muy alta, acompaña nuestra conversación, hasta que algo nos llama la atención. No hace falta estar muy atento para darse cuenta de ello.
-¿Coincidencia? No lo creo. – dice Sam riéndose.

-¿Qué hacen aquí? – dice María frunciendo el ceño con intriga.

-Vaya, vaya… - digo cruzándome de brazos y sonriendo. – Parece que el guateque no les ha ido tan bien como creían. No sé por qué, pero me lo imaginaba.

El bar no es excesivamente grande, así que rápidamente cruzamos miradas.
Sorprendidos, algunos enmarcan una tímida sonrisa, retirando los vasos de la barra y acercándose como panteras hasta la mesa. Otros, como Harry, se quedan confusos ante su soledad en la barra, y se sobresaltan al ver el pelotón que se ha formado en la mesa del fondo.

-Señoritas… - susurra con tono aterciopelado Zayn.

Todas le miramos, mientras los demás se unen. Ninguno dice nada, pero mi regocijo es tal que no puedo contenerme.

-Sabía que no aguantaríais tanto tiempo sin nosotras, somos irresistibles. – digo echándonos flores gratuitamente. Las chicas ríen mientras yo sigo en mis trece sin apartar la mirada de ellos.

-No te quieras tanto, hermanita. – dice Harry de pronto adhiriéndose al grupo. – Tampoco os echábamos tanto de menos… Aunque sí un poco.

-¡Ajá! Lo admites. Belén 1, Harry 0. He ahí, tengo testigos por si en un futuro cercano lo niegas, hermano. ¿Por qué no os sentáis? – digo de pronto, sonriente.
Los chicos se las apañan para sentarse en la mesa, que a pesar de ser bastante grande, apenas puede dejarnos sitio a todos.

-De todas maneras, ¿Qué ha sido de tu contrataque? – apunta Harry dando un trago de su vaso. Abro los ojos y bebo de mi vaso para darme tiempo a pensar.

-Pueees, pensamos que los guateques no son lo nuestro y que este sitio es de lo mejor de la zona.

Nos reímos y seguimos bebiendo. La noche avanza y la luna parece brillar más que nunca. Parece que el tiempo vuela cuando lo pasas bien, porque cuando miro la hora, casi son las dos de la mañana.

-Chicos, son casi las dos. Deberíamos ir desalojando. – digo intentando no parecer una aguafiestas.

-La verdad que estoy algo cansada. – dice Sam.

-Y yo tengo que madrugar mañana. – dice Niall pasándose la mano por el pelo.

Todos deciden que ya basta por hoy. Había sido una velada de lo más agradable, pero nos habíamos agotado más de lo que pensábamos. Aunque teníamos los listones muy altos, había cavado siendo una noche sin fiesta y sin desfases… ni resacas.

Al salir, se forman varios grupos, trazamos una ruta para acompañar a la gente a casa. Aquello no era precisamente muy grande, así que no tardamos en dejar a la mitad.

De pronto sólo quedamos Louis, Harry, Niall, Zayn, María y yo. Y la casa de Louis está a la vuelta de la esquina. Estaba nerviosa, no sabía que decir, ni que hacer. ¿Debería darle un beso y decirle buenas noches? ¿O sólo saludarle? Dios, la verdad que aquello me traía más de un quebradero de cabeza, el no saber lo que había entre nosotros me desconcertaba mucho.

-Bueno, hemos llegado. – dice Louis.

Me quedo inmóvil y sonrío como una idiota, esperando a que acaben de despedirse.
-Buenas noches. – murmuro torpemente. Él me sonríe de vuelta y me da un pequeño beso en la mejilla.

-Buenas noches. – me dice mirándome a los ojos. Y luego se va y me siento imbécil.

Las risillas de María y Harry son evidentes, y es algo que me irrita. La puerta cierra la situación con un portazo y les miro acurrucándome entre mi bufanda.

-Oh, callaros ya.

3/9/12

Capítulo 58 parte II

El ruido de las latas abriéndose predomina en el salón del humilde piso de Louis. Conforme avanza la noche, la fiesta se empieza a animar, aunque los vecinos no estén muy por la labor.

Mientras, Laura recibe una llamada de teléfono.

-¿Sí? – dice mientras sujeta dulcemente la mano de Sam.

-¡Laura! Soy María. –dice su voz al otro lado del aparato. – Mira, estamos aquí en casa de Belén. Te hago un resumen rápido: Harry ha ido a casa de Louis y resulta que están haciendo una fiesta, y nosotras queríamos hacer otra mejor que la suya, pero… Sólo somos dos y hemos acabado comiendo palomitas y viendo pelis en pijama.

La risa de Laura resuena de forma brusca en el oído de María que se aparta del teléfono con el ceño fruncido.

-¿Me lo estás diciendo en serio? –dice Laura incrédula.

-Sí… - murmura María con voz inocente.

-Esperadme ahí. Llegaré con refuerzos. Arreglaros, aunque sea… quitaros el pijama y poneros algo decente. – dice entre risas.

María sonríe ampliamente y cuelga el teléfono.

-Que empiece la fiesta. – dice María agarrándome fuertemente del brazo y obligándome a levantar. No entiendo nada, pero me dejo llevar por el pasillo hasta mi habitación.


Zayn baja un poco la música y se deja caer sutilmente en el sofá.

-Tíos. – dice de pronto. Louis abre otra cerveza y le mira. Liam y Harry están sentados a su lado. Mientras, Niall se gira desde su taburete para escucharle. – Estoy rayado.

Louis se echa a reír, pero de pronto calla. El silencio, más la dulce música que lo acaricia, fundiéndose con él, abarrota la estancia. Todos se miran pensativos.

-Seguro que es por tías. – dice Niall dando un trago a su botella. – Siempre es lo mismo.

Asienten en silencio y dan un trago a sus bebidas.

-A mí me pasa un poco lo mismo. – dice Louis de pronto, con la mirada fija en el suelo.

-Eh, eh. Vamos, chicos. – dice de pronto Harry. - ¿A que vienen esas caras tan largas? ¿A caso es ahora momento de ponerse así por eso?

Todos le miran con el mismo entusiasmo con el que una vaca mira un tren.

-Vamos a hacer una cosa. –propone él levantándose del sofá acaparando las miradas de todos. Sonríe con malicia y se acerca para subir la música. – Noche sin chicas.

Todos se miran entre sí y sonríen triunfales. Estaría bien, por una noche tampoco estaba mal liarla un poco ¿no?


Después de enfundarnos en ropa de calle, sencilla y cómoda la puerta empieza a temblar debido al continuo zarandeo de la persona detrás de ella.

-¡Ya va, ya va! – grito colocándome el jersey negro fino por encima de la camiseta de los Beatles. Abro la puerta todavía un poco conmocionada y me encuentro con 6 personas completamente sonrientes en el rellano, cargadas con bolsas. – Pero qué…

Laura sonríe, y su tropa hace lo mismo. Está acompañada por la chica morena del bar y sus espléndidas compañeras de piso, que por lo visto se llaman Roxy, una adorable rubita de pelo corto, que es un terremoto; Yvonne, morena, pálida y con muchísimo carácter; Julia, soñadora, risueña y empollona y Kim, una chica sencilla, de pelo castaño y con aspecto inocente.

Todavía sigo sin entender como semejantes chicas, tan opuestas entre sí, pueden llegar a convivir en 80 metros cuadrados sin volverse locas.

-¿Qué… hacéis? – digo con un hilo de voz ante tantas miradas de entusiasmo.

-Solucionaros la noche. – afirma Laura convencida. - ¿Es que María no te ha contado nada?

Miro a María por encima del hombro con los ojos entrecerrados. Ella se ríe como puede y se acerca.

-¿Qué es esto chicas? – dice ella todavía sonriendo. – Laura… Dijiste que traías refuerzos. Pensé que eran… más palomitas o alguna peli del videoclub… No más gente.

-¿Crees que vamos a dejar que la chupipandi de tu novio monte una fiesta mejor que la nuestra? – dice arqueando una ceja. – Con nosotras aquí eso no va a pasar, ni en sueños.

María y yo nos quedamos perplejas mientras las demás sonríen triunfales. Se hacen paso para entrar y empiezan a revolverlo todo.

-¡Eh, eh! – grito yo al ver como apartan la mesa del salón. – Más cuidado, que es de cristal…

Pero el cuidado brilla por su ausencia. Un rato más tarde, la cosa está lista.

-Bueno. – dice Laura con las manos en las caderas. – Empecemos.

Nos sentamos en la moqueta en círculo y comenzamos a charlar, pero de pronto el tema se tuerce y toma una dirección que pocos queremos tomar…

-¿Qué tal con Zayn? – pregunta María en un tono bajito. Sam se muestra alerta.
Laura esboza una sonrisa triste y se encoge de hombros.

-No. – dice de repente Sam. – No, esto si que no. Basta de tíos, basta de movidas. Es nuestra noche y nuestra fiesta. ¿Vamos a permitir que una panda de garulos nos fastidien la diversión?

Todas parecen con las ganas renovadas. Sam sonríe firme y confiada.

-Todas a una. – dice manteniendo su palma boca a bajo en mitad del círculo. Las demás la imitamos y nos miramos esperando escuchar el grito de guerra. - ¡Chicas al poder!

-¡Chicas al poder! – gritamos todas levantando los brazos al mismo tiempo entre risas. Aquello tenía realmente muy buena pinta…