28/9/12

Capítulo 62

María me mira algo cabizbaja y me entrega en silencio el papel que sostiene en la mano. Lo cojo suavemente y lo comienzo a leer para mí, con las dos primeras palabras ya sé de que se trata…

-Oh, por favor, otra vez con esto no… - digo llevándome la mano a la frente

Me siento en una de las sillas próximas a mí y dejo el papel en la mesa, mirándolo en absoluto silencio. María se acerca un paso y me contempla como si no supiera que hacer. Harry le pone la mano en el hombro y ambos se miran. Harry asiente y se acerca hasta mí, sentándose en la silla de en frente.

-No voy a insistir, sabes lo que pienso sobre esto. Pero sólo contéstame una cosa, ¿Por qué? Si fuera tú ya estaría haciendo las maletas.

Chasqueo la lengua y le miro, con rabia en los ojos.

-No lo entiendes ¿verdad? – digo en un hilo de voz. – Claro que no. Si me voy, lo pierdo todo. Lo que he vivido, mis amigos, los he de dejar atrás, ¿para qué, para llegar a un lugar donde no conozco a nadie en absoluto? Tienes que estar de broma.

María se acerca en silencio y apoya las manos suavemente en la mesa.

-Bueno, lo que yo creo… - dice casi en un murmuro. Harry y yo le miramos. – Creo que deberías ir.

-Venga ya, ¿Tú también? ¿Por qué me hacéis esto? ¡Dejadme decidir a mí, es mi vida! – me levanto

-¡Lo hacemos porque te queremos, Belén! ¡Porque pensamos que es lo mejor para ti! – dice María

Me quedo en silencio y arrugo la nariz con algo de impotencia. Desde luego que era una oportunidad de oro, pero… ¿No podía esperar un poco más? No quería… No podría dejarlo todo ahí, mi vida, empezar de cero… Sería demasiado para mí.

-¿Sabéis? No quiero hablar de ello.

-¡Nunca quieres hablar de ello! ¿Qué vas a hacer, rehuirlo para siempre? – dice Harry enfadado.

-¡Por lo menos hasta que pueda! – en ese momento cojo mi chaqueta y me dirijo a la puerta con la vena del cuello hinchada.

Al abrir la puerta, me encuentro de forma repentina con Louis, que casi se choca conmigo al ir a llamar. Le miro sin mucha expresión facial y paso de largo. Mientras, el muchacho me observa entre preocupado e intrigado. Hace un par de gestos y dirige la mirada a Harry y María que permanecen de pie en mitad del salón sin saber que hacer.

-¿Q-qué ha pasado? – pregunta con una ceja arqueada.

Harry suspira y María niega suavemente con la cabeza.

-Larga historia. – comenta Harry en un hilo de voz.

-Tengo tiempo de sobra.


Había pasado un rato bastante largo desde que había empezado a caminar y empezaba a tener algo de frío y sentir la soledad. Mi cabeza es un enjambre de abejas, no quiero pensar, no quiero decidir.

Quizás todo fuera más fácil si alguien lo hiciera por mí. No quería tener que decir sí o no. Quería quedarme y estar con los que quiera, donde quiero. Pero por otro lado estaba esa universidad, aquel prestigioso lugar dónde sólo te aceptan si vales la pena, y me habían dado la oportunidad, ¿cómo iba a dejarlo pasar? Tendría que estar loca.

No sé muy bien donde estoy, pero creo que me suena bastante esta calle. Definitivamente he estado antes. Y de pronto reconozco aquel lugar por el rubito despreocupado que sale por la puerta de uno de los edificios.

-Niall… - digo en un murmuro. Oh, querido subconsciente, a veces me sirves para algo. Sabía que Liam, Zayn y Laura iban a insistir en que me marchara. No tenía ni idea de cómo reaccionaría Louis, ni siquiera había pensado en mencionarle nada del asunto. Pero aquel chico… él a lo mejor tenía la solución.

Me acerco a él sin mucha idea de cómo abordarle en mitad de la calle.

-N-Niall… - le digo poniendo la mano en su hombro. El muchacho da un respingo y se gira sobresaltado.

-¡Belén! Menudo susto me has dado. – Dice él sonriendo. Me sonrojo un poco y sonrío también. - ¿Qué haces aquí?

-He pensado en llamarte, pero he caído en que no tengo tu teléfono. – digo suspirando. – Necesito tu ayuda… ¿Te pillo en un mal momento?

Niall frunce el ceño.

-¿Mi ayuda? ¿Para qué? – pregunta intrigado. – Sólo iba a por leche, para mi hermano. Puedes acompañarme si quieres.

Asiento en silencio y le sigo el paso. Tardamos unos minutos en romper el silencio, los dos hablamos a la vez y reímos torpemente.

-Tú primero. – dice él.

-No, no, tú primero.

-Ahora en serio, ¿Qué es eso en lo que te tengo que ayudar?

Respiro hondo y expiro con fuerza y me río de forma breve antes de mirarle sin saber por donde empezar. Cómo si fuera tan fácil explicar la mar de dudas que hervía en mi cabeza.

-Estoy hecha un auténtico lío. No es una decisión fácil, y puede que cambien las cosas, mucho. Por eso me asusta. – Digo mirando al suelo y hundiéndome en mi bufanda un poco más.

Niall ríe con ironía y me mira sonriente. Es curioso la tranquilidad que transmite este chico.

-Eso mismo pensaba yo antes de mudarme aquí. – dice mirando al frente. – Hace bastante frío, ¿no?

Sonrío y asiento. De pronto reparo en sus palabras, no sabía que Niall se había mudado aquí.

-Vine desde Irlanda, y me asustaba muchísimo marcharme de ahí, aunque claro yo era mucho más pequeño que tú ahora mismo. – dice contando los edificios. – Si no me equivoco hay una tiendecilla ahí, al torcer la esquina.

Asiento de nuevo, y estaba en lo cierto.

-Vuelvo en un santiamén. –dice entrando, las campanitas anuncian su llegada y la mujer que rige la tienda alza la cabeza y sonríe.

Miro a mi alrededor, estoy nerviosa. Llevo todo el día nerviosa. No queda mucho tiempo para que acabe el verano y tendré que tener algo pensado para entonces, pero… Oh, joder. ¿Por qué tenía que ser tan difícil decir si o no?

Niall me sorprende hablándome de que la leche entera tiene muchas más propiedades que la desnatada. ¿Cuánto tiempo llevaba hablando?

-Y… eso. Aunque es menos digestiva, está más rica. – dice con el brick en la mano, pero mi vista parece perdida allá por Narnia. - ¿Estás bien?

-S-sí, perdona. – digo cerrando un momento los ojos para recuperarme de mi ensimismamiento.

Volvemos hasta su casa, pero la conversación no avanza en el trayecto. Al llegar a su portal saca la las llaves y me mira.

-N-no quiero molestar. Seguro que tu hermano quiere tomarse la leche tranquilo.

-No está, llegará esta noche. Vamos, no seas tímida.

-¿De verdad? – digo frunciendo la nariz.

Niall abre la puerta y hace un gesto con la mano invitándome a entrar. Río y entro. Sé que estaba dispuesto a ayudarme, y era lo que realmente necesitaba.

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