Y la noche empezaba, la cosa se empezaba a animar. Me empiezo a soltar, a reír más. Hacía tiempo que no pasaba tiempo con las chicas, y era reconfortante sentir un ambiente tan agradable.
-¿A caso nos vamos a quedar aquí? – Suelta de pronto Yvonne con las manos en la cadera y la mirada viva. – Deberíamos expandirnos.
-¿Qué quieres decir con eso? – dice Julie apartando la mirada de la ventana.
-¡Salir a la calle, joder! - repite en voz alta.
-¡Claro, salgamos por ahí! Seguro que encontramos algo divertido que hacer – respalda Roxy.
Las demás se encogen de hombros. No es mala idea que nos de un poco el aire. Aquella noche tenía demasiada buena pinta poco para pasarla entera metidas en aquel pisito.
-Por mí bien. – digo con una sonrisa maliciosa en la cara.
-Vamos a portarnos mal. – concluye Laura colocándose la chaqueta con un gesto de muñeca mientras alza una ceja.
Todas lucimos enormes sonrisas y en seguida le imitamos con nuestras prendas de abrigo. A pesar de que corre una fría brisa en la calle, la energía que desprendemos nos hacía olvidarnos completamente.
-Me aburro. – balbucea Liam dándole vueltas a la botella en la mano, despanzurrado en el sofá. Ninguno tiene cara de estar pasándoselo muy bien.
-Tu plan no está dando mucho resultado. – interviene Louis mirando a Harry con los ojos entrecerrados. Este pone los ojos en blanco y suspira. – Aunque el mío tampoco…
Los cinco chicos se miran entre sí, esperando que alguno de ellos tenga la brillante idea que les salve la noche. Pero no hay ninguna reacción, ninguna bombillita encendiéndose, simplemente se ven, sentados con la mirada perdida en la descolorida alfombra del salón. Era deprimente.
-No soporto esto. – dice Niall levantándose de su asiento con brusquedad.
Todos se giran para observarle con atención. Está guardando sus cosas y colocándose la cazadora.
-¿Os vais a quedar ahí? Me voy a la calle a ver si hay más movimiento que aquí. Si queréis seguir aquí apolillándoos, vosotros mismos.
De pronto un movimiento masivo de todos los presentes hace un estrepitoso ruido cubra toda la estancia. En menos de cinco segundos, como si de una maniobra militar se tratase, todos parecen formar una fila de uno junto a la puerta, esperando que Niall de la salida.
Niall se echa a reír y abre la puerta haciendo un gesto para que pasen los demás.
Ambos lados de aquella pequeña guerrilla entre sexos habíamos optado por abandonar el guateque y salir a conquistar las diminutas calles de Norwich.
A pesar del frío que toma consistencia, la gente abarrota las calles, llenándolas de la vida y la alegría necesarias para dar pie a una noche de fiesta. Las chicas y yo hacía un buen rato que andábamos, pasando por bares, pubs y demás, pero como más de una temíamos hacía tiempo, acabamos en el mismo sitio de siempre.
Aquel bar lucía con una luz cálida, y el verde de la fachada resaltaba el dorado de las letras, adornadas por algunos detalles con pintura del mismo color. A su lado, unas pequeñas lámparas, similares a las farolas, alumbraban el pequeño trocito de acera, en las que dos barriles te invitaban entrar a tomar algo.
-Así que aquí estamos. – murmuro mirando el título con una sonrisa irónica. – Parece que nos llame y todo, ¿eh?
Algunas risas acompañan mi comentario, y nos agrupamos delante del local.
-No me importa quedarme aquí, la verdad. – dice María, y un coro de “A mí tampoco” le respaldan de pronto. Nos reímos casi al instante y damos un paso al frente, dispuestas a entrar en el recinto.
La campanita de la puerta suena con gracia desde lo alto, dándonos la bienvenida. El camarero sonríe y nos saluda. Tomamos asiento en una de las mesas vacías y pronto nos atienden. Pocos minutos después, ya estamos riéndonos frente a nuestros vasos llenos. Era agradable estar ahí, es cierto.
-¿Alguna sabe algo de los chicos? – dice Laura llamando la atención de la mesa. Todas nos encojemos de hombros y nos quedamos en silencio. – No importa, seguro que lo estamos pasando mejor que ellos.
Una agradable música de fondo, no muy alta, acompaña nuestra conversación, hasta que algo nos llama la atención. No hace falta estar muy atento para darse cuenta de ello.
-¿Coincidencia? No lo creo. – dice Sam riéndose.
-¿Qué hacen aquí? – dice María frunciendo el ceño con intriga.
-Vaya, vaya… - digo cruzándome de brazos y sonriendo. – Parece que el guateque no les ha ido tan bien como creían. No sé por qué, pero me lo imaginaba.
El bar no es excesivamente grande, así que rápidamente cruzamos miradas.
Sorprendidos, algunos enmarcan una tímida sonrisa, retirando los vasos de la barra y acercándose como panteras hasta la mesa. Otros, como Harry, se quedan confusos ante su soledad en la barra, y se sobresaltan al ver el pelotón que se ha formado en la mesa del fondo.
-Señoritas… - susurra con tono aterciopelado Zayn.
Todas le miramos, mientras los demás se unen. Ninguno dice nada, pero mi regocijo es tal que no puedo contenerme.
-Sabía que no aguantaríais tanto tiempo sin nosotras, somos irresistibles. – digo echándonos flores gratuitamente. Las chicas ríen mientras yo sigo en mis trece sin apartar la mirada de ellos.
-No te quieras tanto, hermanita. – dice Harry de pronto adhiriéndose al grupo. – Tampoco os echábamos tanto de menos… Aunque sí un poco.
-¡Ajá! Lo admites. Belén 1, Harry 0. He ahí, tengo testigos por si en un futuro cercano lo niegas, hermano. ¿Por qué no os sentáis? – digo de pronto, sonriente.
Los chicos se las apañan para sentarse en la mesa, que a pesar de ser bastante grande, apenas puede dejarnos sitio a todos.
-De todas maneras, ¿Qué ha sido de tu contrataque? – apunta Harry dando un trago de su vaso. Abro los ojos y bebo de mi vaso para darme tiempo a pensar.
-Pueees, pensamos que los guateques no son lo nuestro y que este sitio es de lo mejor de la zona.
Nos reímos y seguimos bebiendo. La noche avanza y la luna parece brillar más que nunca. Parece que el tiempo vuela cuando lo pasas bien, porque cuando miro la hora, casi son las dos de la mañana.
-Chicos, son casi las dos. Deberíamos ir desalojando. – digo intentando no parecer una aguafiestas.
-La verdad que estoy algo cansada. – dice Sam.
-Y yo tengo que madrugar mañana. – dice Niall pasándose la mano por el pelo.
Todos deciden que ya basta por hoy. Había sido una velada de lo más agradable, pero nos habíamos agotado más de lo que pensábamos. Aunque teníamos los listones muy altos, había cavado siendo una noche sin fiesta y sin desfases… ni resacas.
Al salir, se forman varios grupos, trazamos una ruta para acompañar a la gente a casa. Aquello no era precisamente muy grande, así que no tardamos en dejar a la mitad.
De pronto sólo quedamos Louis, Harry, Niall, Zayn, María y yo. Y la casa de Louis está a la vuelta de la esquina. Estaba nerviosa, no sabía que decir, ni que hacer. ¿Debería darle un beso y decirle buenas noches? ¿O sólo saludarle? Dios, la verdad que aquello me traía más de un quebradero de cabeza, el no saber lo que había entre nosotros me desconcertaba mucho.
-Bueno, hemos llegado. – dice Louis.
Me quedo inmóvil y sonrío como una idiota, esperando a que acaben de despedirse.
-Buenas noches. – murmuro torpemente. Él me sonríe de vuelta y me da un pequeño beso en la mejilla.
-Buenas noches. – me dice mirándome a los ojos. Y luego se va y me siento imbécil.
Las risillas de María y Harry son evidentes, y es algo que me irrita. La puerta cierra la situación con un portazo y les miro acurrucándome entre mi bufanda.
-Oh, callaros ya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario