30/12/11

Capítulo 24

Alzo la vista y veo a un perfecto idiota parado ahí mismo contemplándome como si se le hubiera aparecido un ángel. Aparto la mirada, sus brillantes ojos azules me provocan escalofríos.

-¡No, no, no! – dice Niall recogiendo todas nuestras pertenencias. – Todo esto ahí, ¿es que no me escucháis cuando hablo?

Liam se echa a reír. Salgo de la burbuja y sigo a Niall, que va hablando como si no hubiera mañana.

Harry se queda a echar un vistazo a la decoración de la casa, la han dejado muy bien. Hay una bolsa con confeti, serpentinas y trompetillas, y al lado otra con gafas y diademas con el año escrito. Sonríe y mira de nuevo a su alrededor.

Louis comprende, al ver que este no le saluda, que ha llegado a sus oídos todo lo ocurrido. Siente como si le hubieran apretado 3 agujeritos el cinturón. Sí, definitivamente eran remordimientos.

-Harry, ¿qué tal? – saluda como si no hubiera pasando nada y le extiende la mano.

Pero él no responde, le mira esperando algo más que un triste saludo. Louis retrocede y mira al suelo.

-Mira, yo… no era mi intención.

-Ya has hecho bastante, ¿no crees? – le espeta de pronto. – Te lo dije, te lo repetí cientos de veces y aun así lo has terminado haciendo. ¿Quieres que te aplauda?

Louis siente un nudo en la garganta, no sabe que decir, no tiene un argumento al que agarrarse.

-De todas formas esto no va a quedar así. No sabes lo que es ver llorar a tu hermana porque un imbécil no sabe valorar lo que tiene. Te has lucido, tío.

Harry se adentra en la cocina e intenta calmarse un poco.

Mientras, Louis no sabe como actuar ni por donde salir. Está entre la espada y la pared, por un lado ni siquiera me digno a dirigirle la palabra, y ahora encima uno de sus mejores amigos se había cabreado con él.

Aunque no podía negar que tuviera sus motivos. Y bastante gordos.

Liam, Niall, Harry y yo estamos en la cocina tomando algo. María no se ha dejado ver todavía.

-No sé como lo hago, Liam, pero cada vez que vengo a tu casa acabo con la boca llena de pelos… - comenta Niall.

Todos los de la sala no podemos evitar pensar de forma perversa y estallamos en carcajadas.

-¡Eh! Desde luego… tan jóvenes y ya con la mente tan echa polvo. – se defiende mientras se le escapa una risilla.

-Creo que esto ya está. – dice Liam sacando la bandeja del horno. Tiene un olor delicioso.

Harry acerca el dedo para probar y le abofeteo la mano.

-Hasta la cena nada, mequetrefe. – le digo como si fuera su madre.

Casi era la hora de cenar, María no aparece por ningún lado, ¿Dónde se habrá metido?

Louis no para de lanzarme miraditas y de intentar llamar mi atención. Enciendo la tele para distraerme un poco. No sale otra que cosa que presentadores vestidos de gala con una copa de champán en la mano y el reloj del Big Ben de fondo.

-Woah, que bonito. – digo en voz baja. – me gustaría poder verlo por dentro…

-Sólo son maquinarias y engranajes, ¿para qué quieres verlo por dentro? – comenta Harry mirándome raro.

-¡Cállate!

De pronto se oyen tres toquecitos en la puerta. Sonrío y me giro, ya sé quién es. Louis abre la puerta y de ella aparece María, está deslumbrante

Me llevo las manos a la boca y reprimo un grito de sorpresa. Lleva un precioso vestido color burdeos con un lazo negro atado a la cintura. El vestido le deja enseñar un hombro, lleva solamente una manga, que cae hasta medio brazo.

-Dios. Mío. – digo alabando su atuendo. Desde luego estaba pensando en que me lo dejará algún día.

-¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué llevo? ¡Decid algo! – empieza ella mirándose entera.

Me levanto de un salto y comienzo a inspeccionarla como si no fuera real. María está nerviosa.

-Harry, ¿te importa dejar de babear? Le vas a mojar el sofá a Liam. – digo sin mirarle. – Te arrancaría el vestido ahora mismo, pero es demasiado bonito. Estás preciosa.

Le doy un fuerte abrazo y la guío hasta la habitación donde están todos los abrigos y al cual nos ha mandado Niall con la mirada fija.


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