Son no más tarde de las ocho y media cuando salgo de la bañera. Parece que todo mi cuerpo se ha relajado y realmente tengo ganas de irme a la cama.
-Bee, ¿Puedo hablar contigo? – dice la voz de Harry
Le miro con pocas ganas y hago una mueca. La verdad que no tengo ganas de nada, sólo dormir. Me visto con lo primero que pillo y salgo al salón donde él me estaba esperando.
Me siento en el sofá y él se sienta en el sillón que hay en frente. Pongo la cabeza en el reposabrazos y le miro.
-Tienes poco tiempo, te aviso.
-¿por qué?
-Porque tengo sueño.
Esboza una sonrisa y empieza a hablar.
-Verás, es por lo de antes, no quiero que pienses eso… Sabes que me preocupo mucho por ti y por eso no quiero que te pase nada… Sabía que Louis era así y te lo avisé, y me sabe mal que hubieses caído en su trampa. Louis es así, si se fija en una chica la sigue hasta que la consigue y entonces pasa a la siguiente, he hablado muchas veces con el, pero…
-Entiendo…- digo con voz baja
-Hablaré con él cuando pueda, pero primero me gustaría que hablaras con María, de verdad que lo necesito arreglar de alguna forma… Aunque no me quiera nada más que como amigos, pero no puedo soportar la forma en la que me mira… a parte de que… - echa un vistazo al sofá y se sorprende al verme completamente dormida.
Sonríe de medio lado y me echa una manta por encima para que no coja frío. Me revuelve el pelo y se va.
-Ten. Te sentará bien. – Doug entra en su cuarto de nuevo y le ofrece una taza de lo que parece chocolate caliente.
María está encima de la cama con las rodillas en el pecho y los brazos cruzados. Le mira de reojo y al final la acepta, aunque no le apetece mucho por lo menos se preocupa por ella.
Sonríe a duras penas y le hace hueco. Doug se sienta y la mira.
-Cuéntame, ¿Qué ha pasado? ¿Es por ese chico…?
-Harry, sí. – contesta secamente. – No sé que pasa. Me toma, me deja, me judga. No sé que quiere exactamente, encima intenta hacerse la víctima, y la que sale perjudicada soy yo. – dice dando un sorbo a su taza.
Doug suspira y se queda pensativo.
-Yo tenía una vez una novia, Sophie se llamaba, que chica… - comienza, sonriendo. – estaba muy colado por ella, pero parecía que ella no mucho de mí. Discutíamos mucho, y siempre me dejaba un tiempo y luego volvía muy arrepentida.
-¿Y nunca le dijiste que no? – comenta María interesada.
-¿Cómo? Estaba tan enamorado que ni se me pasó por la cabeza negarle que volviera a mí. Hasta que un día me di cuenta de la realidad, de que no me quería y que al final el perjudicado era yo. – concluye bebiendo un trago.
-Entonces… quieres decir que tendría que…
-No quiero decir nada. Tienes que escuchar a tu corazón, a parte, según he visto esta tarde hace poco que os conocéis. Dale una oportunidad al chaval, supongo que estará hecho un lío, nos ha pasado a todos.
-Los tíos. Sois todos iguales. – suspira María.
Doug se echa a reír y le golpea dulcemente el hombro.
-Después de la tempestad siempre llega la calma, ya lo verás. – dice levantándose. – tu sólo espera un poco.
María se queda pensando en lo que su hermano le había dicho, quizás tuviera razón, quizás estuviera en las mismas que ella, quizás…
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