Cuando ya me parece bastante tarde, me levanto de la acera y camino lentamente a casa, pensando en una escusa para justificar mi aspecto. Quizá podría decir que me había caído en un charco, o que me había quedado fuera porque habían cerrado… no tenía muchas ganas de pensar, la verdad.
Todo me da vueltas, parece que me hayan metido una bofetada con una silla en mitad de la cara. Y todo por su puñetera culpa. Había visto como la besaba, de la misma forma que me había besado a mí. Como si lo hiciera todos los días. Simplemente un técnica, lo hacía automáticamente.
¿A caso le parecía divertido jugar con los sentimientos de los demás? Él ni siquiera me había visto parada en medio del pasillo mientras recogía los trocitos que me quedaban de lo que fue mi dignidad. Me había utilizado para su disfrute y eso no iba quedar así.
María abre súbitamente la puerta y su madre pega un respingo.
-¿E-estás bien, María? – pregunta un poco asustada.
Ella la fulmina con la mirada y va directamente a su cuarto, no tiene ganas de hablar con nadie. Bueno, quizá con Harry, pero para arrancarle la cabeza. ¿Cómo podía ser así con ella? Seguía sin comprenderlo. Bufa en medio del pasillo y cierra la puerta de un golpe.
-¿Sabes lo que le pasa? – murmura su madre.
Su padre se encoge de hombros y mira al final del pasillo.
María se tira en la cama indignada y cierra los ojos con fuerza. No quería hablar con nadie. Oye pasos por el pasillo, la puerta y algo que dejan caer al suelo. No quería hablar con nadie, repite de nuevo en su mente.
Oye como alguien se aproxima a su puerta y llama a la puerta de su cuarto. No quería hablar con nadie.
-María… - oye a su madre.
-¡No quiero hablar con nadie! - repite esta vez en voz alta.
Haciendo caso omiso al grito proveniente de dentro, la puerta se abre suavemente y deja ver a su madre. Detrás de ella aparece un chico, de pelo castaño y ojos azules. Este sonríe de oreja a oreja y adelanta hasta la puerta.
A María se le va toda señal de mal humor de la cara y se convierte en plena alegría.
-¿Esa es forma de recibir a tu hermano? – dice él con voz queda sin dejar de sonreír.
María salta de la cama y se agarra a su cuello farfullando algo al cuello de su sudadera. El chicho no para de reír y le besa en la cabeza. Su madre sonríe y se marcha por el pasillo.
-Ven, ven, ven. – le insiste María arrastrándole de la mano hasta su cuarto. Cierra la puerta y se sienta a su lado. ¡Dios mío, Doug! No sabes lo que te he echado de menos…
Dougie sonríe gentilmente y la abraza de nuevo.
-Ya estoy aquí, tranqui. – dice sonriente.
Al día siguiente, ya no había clase. Las vacaciones de navidad habían empezado y todo el mundo iba loco de un lado para otro comprando cosas para las fiestas tan esperadas.
-No me gustan las navidades. – espeta María con las manos metidas en los bolsillos.
-Oh, vamos. Son geniales. Las luces, la gente, el frío, ¡la nieve! – digo alegremente.
Ninguna de las dos le había contado lo que había pasado el día anterior. Preferimos hacer como si nada, pero la verdad que no estábamos necesariamente como aparentábamos. De todas formas, María estaba demasiado alegre por la vuelta a casa de su hermano como para estropearle el buen humor recordando tal cosa.
-Ya, sí, lo que tú digas. Mira, ahí viene Laura. – contesta cambiando sutilmente de tema.
-Hola chicas. – saluda ella.
-Hola. –contestamos al unísono.
-¿Listas para patinar?
-¿Es obligatorio contestar? – digo mirándola con duda.
María suelta una risita y nos ponemos en camino de la pista. Estaba muy bien, habían montado una en el centro de la ciudad y parecía que la hubieran traído expresamente de Nueva York, era idéntica a las de ahí.
Sonreí ante la presencia de tan enorme cúmulo de hielo y me apoyé en la barandilla.
-¿Vamos, vamos, vamos? – supliqué a lo niña de 5 años.
Laura me concedió la entrada con un gesto y sonrió entrando después de mi acompañada de María.
-¿Lo habéis visto? ¿¡No es geniaaa…¡AUCH!. – grité mientras caía al suelo. No me había dado cuenta de que me había adentrado en el hielo.
María y Laura estallaron en carcajadas.
Un chico que pasaba por ahí frena y se me acerca para ayudarme.
-¿Estás bien? – pregunta. Su sonrisa era como un rayo de sol. Pero de pronto me doy cuenta de quien es y aparto la mirada como un rayo.
Me levanto de un respingo y me voy de ahí ante la atónita mirada de María y Laura.
-Louis, ¿Sabes qué le pasa? – pregunta María
Este niega con la cabeza y sale detrás de mí a paso ligero.
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