María piensa que no le ha escuchado. Está ahí parado como una estatua sin articular palabra.
Se lleva la mano a la frente y se da media vuelta para irse. De pronto Harry parece que recupera la facultad de hablar.
-Yo…- hace una mueca de dolor y suspira. – Dios, no… no lo sabía, lo siento..
María hace caso omiso de lo que dice y se apresura a abrir la puerta. Para cuando quiere adentrarse en el portal, Harry la coge del brazo. Por alguna extraña razón se queda paralizada, algo le dice que se quede, que escuche, pero parece que su corazón grite que se largue de ahí.
Se gira y le mira, decepcionada.
-He sido un capullo, por favor, perdóname…- dice él acercándose a ella peligrosamente.
-Ya sabes lo que pienso de ti. – dice María librándose de la presión de su mano. – Y esto no cambia nada, de hecho lo empeora. No te creas que te voy a perdonar de buenas a primeras.
Harry retrocede un paso. María por fin más calmada vuelve a abrir la puerta, pero de nuevo, él vuelve a intervenir.
-¿¡Y qué se supone que tengo que hacer?! ¿¡Qué hago para que me perdones!? ¡Dímelo! Porque no tengo ni idea de por donde salir.
María le mira con ironía y sonríe con malicia.
-Tú solito te metiste en esto, prueba a salir tu solito también. – concluye pegando un portazo y subiendo las escaleras con rapidez.
Harry nota algo surgir de su interior, se le apodera. ¿Rabia? ¿Ira? Se supone que no le importaba tanto ella como para llegar a tal extremo.
Golpea una papelera con fuerza y vuelve a casa. Al llegar, cierra la puerta de golpe y ni siquiera saluda.
-Buenoooo, que buen rollito hay en esta casa… - digo yo apartando la vista del libro que estaba leyendo.
-¡Cállate! – grita soltando su abrigo en el sofá. Está cabreado de verdad, así que me callo y le miro pensando que será lo que le pase.
Cuando casi suelta uno de los tornillos de la puerta de semejante portazo, me levanto del sofá y le hago un gesto a mi madre para que no se preocupe. Abro un poco la puerta y me dejo notar mediante un carraspeo.
-¡Lárgate, joder! – espeta Harry lanzando un cuaderno a la puerta.
Lo esquivo con la puerta como escudo y abro los ojos sorprendida.
-Me llegas a dar y te lo comes, querido. – digo yo asomando la cabeza por la puerta. - ¿puedo entrar?
-No.
-Vale, genial. – digo entrando y cerrando la puerta detrás de mí.
Harry bufa y se gira para darme la espalda. Le miro pensativa.
-¿Qué ha pasado? ¿Quién es esta vez? ¿María? ¿Kristen?
-Ni siquiera me hablo con Kris ya. Creo que ha aprovechado para liarse con la media ciudad que le quedaba. – dice con tono sarcástico.
-Vale, entonces es María. No me ha contado nada… - digo, lo último con voz queda, frunciendo el ceño. María me lo contaba todo, pero por algún motivo se había olvidado de contarme aquello…
-Tss.
Sonrío con malicia, su reacción es la de un crío de 5 años.
-Vaaaaaaaamos, soy tu hermanita, me lo puedes contar. – dije zarandeándole el hombro. – además, piénsalo, soy su mejor amiga, a lo mejor puedo hablar con ella… y no sé…
Harry se da media vuelta interesado por lo último que había dicho. Se incorpora y suspira otra vez, tiene la mirada perdida por algún punto de la pared de su habitación.
-La verdad que es culpa mía. He sido un imbécil con ella, y ahora está enfadada conmigo. El otro día en la biblioteca intenté acercarme a ella, pero lo único que hice fue cagarla aún más. – dice preocupado. – No sé que puedo hacer para que me perdone.
Sonrío de medio lado al oír el tono de su voz, parece que está preocupado de verdad, le duele que ella esté así con él. Pobre hermanito mío.
-¿Erais vosotros los de los ruidos? – digo. De pronto un recuerdo fugaz pasa por mi mente, sí, ese.
Harry intenta esbozar una sonrisa y asiente suavemente. Sonrío y le froto la espalda. Me acurruco en su regazo y le cojo la mano.
-No te preocupes, yo lo hablaré con ella y la intentaré hacer entrar en razón.
-Gracias, mequetrefe… - dice un poco más calmado. – Por cierto. ¿Qué tal con Louis?
Esa pregunta me horroriza. De pronto me doy cuenta que tendría que reconocer que tenía razón desde el principio, y conociéndole, me echaría la bronca y seguidamente iría a buscar la cabeza de su amigo.
Esa imagen me hace estremecerme. ¿Después de todo lo que me había hecho, me importaba el hecho de que mi hermano le odiara por ello? Me odiaba a mi misma por ello, no quería sabes nada de él, sin embargo había dejado marca en mí…
-¿Belén? – insiste Harry al ver que no respondo.
-Es… es difícil… - contesto tartamudeando.
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