-Qué raro todo esto, ¿no? Quiero decir, lo de que Ben y Belén se conozcan, lo del beso, lo de que sea nuevo a…
-Por favor, ¿Puedes hablar de otra cosa? – dice Louis frunciendo el ceño.
Harry suspira y mira también al cielo. Hoy se ven muchas constelaciones completas, muy raro para la época que es. No hay ninguna nube a pesar de que llovió hace unos días.
De pronto una estrella parece querer moverse de donde esta y da un salto dejando una cola de destellos hasta perderse entre el azul marino del cielo.
-¿Has visto eso? – dice Harry señalándola con el dedo.
Louis asiente y le mira. De nuevo ha conseguido sacarle una sonrisa. No importaba cuando, como ni donde. Si él estaba mal, Harry siempre le sacaba una sonrisa. Para algo están los mejores amigos.
-Vamos dentro, hace frío aquí. – dice Harry después de un largo silencio.
-¿Sabes? No tengo muchas ganas de volver. ¿Me puedes traer el abrigo? Creo que voy a dar una vuelta. – contesta Louis incorporándose.
Harry se levanta también y suspira.
-Está bien.
Harry entra dentro. María, Laura y yo estamos sentadas en el sofá viendo la tele. En la cocina se oye descorchar una botella. Le miro, un poco preocupada, no sé que ha sido de Louis y la verdad que me siento un poco mal después de todo.
Harry me mira indiferente y coge la chaqueta de Louis. Desvía la mirada a María y para su sorpresa esta le sonríe y siente enrojecer las mejillas. Se da media vuelta nervioso y sale fuera para darle la chaqueta.
-Cuídate y no hagas tonterías. – dice Harry tendiéndole su abrigo.
-Oh venga, no voy a…
-Te conozco desde hace mucho, no me vengas con esas porque ya me lo has dicho muchas veces y luego tengo que ir a buscarte a las 5 de la mañana a algún bar de las afueras. Por favor.
Louis se ríe débilmente y aparta la mirada al suelo. Asiente y le mira con un gesto agradecido. Harry asiente también y le ve marchar.
Harry vuelve a entrar en la casa y se queda de pie al lado del sofá, parece esperar algo con impaciencia. Carraspea suavemente y me mira de reojo.
-Eeeeeeeh… ¡Laura! ¿Vienes un momento a la cocina que tengo sed? – digo como si nada, aunque no me apetece mucho ir a donde estaba Ben.
-¡Claro, vamos! – dice ella llevándome la corriente.
Laura y yo nos levantamos de un respingo y nos escaqueamos a la cocina. Ben está ahí, sentado en una de las banquetas leyendo un libro, como si nada. Me tranquiliza tanto simplemente el verlo, parece tan… feliz con tan sólo un libro.
-Ejem. – carraspea Laura.
Ben parpadea un par de veces y nos mira como si fuera un niño de 6 años que acabara de despertarse de la siesta. Sonrío débilmente y me apoyo en la encimera.
-¿Qué pasa? – dice él mirándonos confundido.
-Nada, charla amorosa, ya sabes… - contesta Laura.
-Oh. – dice Ben como si no se enterara mucho. – ya veo.
Se hace el silencio en la habitación. Es bastante incómodo, pero después de lo que había pasado no sé ni que decir…
-H-hola, ¿Pu-puedo… hablar contigo? – dice Harry tartamudeando.
María suspira profundamente intentando calmarse, le tiemblan las manos. Sonríe dulcemente y asiente.
-¿Te apetece ir fuera? – dice ella arreglándose el vestido.
-Está bien. Por cierto… hoy estás preciosa. Quiero decir… no menos que otros días, que siempre estás muy guapa, pero hoy, pues… eh… mejor me callo. – comienza Harry con torpeza.
María se ríe y abre la puerta. Ambos se sientan en la puerta sin decir nada, esperando que alguno de ellos diga algo para comenzar la conversación.
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