13/3/12

Capítulo 38

Un Louis empapado en agua y rabia arremetía contra mi hombro con fuerza y pasaba de largo. No iba a ser la segunda vez que lo hacía.

-¡Tú! ¡Pedazo de inútil! – le digo girándome con un gesto de pocos amigos.

Harry esperaba en la puerta con un gesto cansado y aturdido, algo me decía que había ido detrás de él. Pobre idiota.
Louis se para en seco. Ni siquiera se da la vuelta para mirarme y en cierto modo me duele que no sepa ni aguantarme la mirada.

-¿Se puede saber que coño te pasa conmigo?

Entonces se gira de golpe y se acerca a mí con un odio en la mirada que casi chirriaba en mis oídos.

-¿Se puede saber que pasa contigo? – susurra a escasos centímetros de mí agarrándome el hombro con fuerza. Siento que mis ojos empiezan a humedecerse.

-Me engañaste, Louis. ¿Cómo quieres que perdone eso? – le digo mirándole a los ojos. El azul de sus ojos brillaba con una extraña luz que conseguía ponerme los pelos de punta. – Simplemente conocí a alguien, lo siento que ese alguien fuera tu amigo, yo no lo sabía…

-Pero… ¡¿Por qué tenía que ser él?! ¡Te lo avisé! No es buena gente y te hará daño, quieras o no. Estoy harto de esto.

-¿Harto? ¡Todo esto lo empezaste tú! Si no hubiese pasado ahora mismo… - de pronto me doy cuenta de lo que iba a decir y me callo. ¿Estaríamos juntos? ¿De verdad? Sólo el imaginármelo me da escalofríos. – Estaba enamorada de ti, Louis, y todos lo sabían. Siempre me pasa lo mismo. Y todo porque soy una estúpida.

Al acabar la frase no puedo evitar que una de las lágrimas que contenía en mis ojos se escapara rodando por mi mejilla. Con los labios apretados de rabia irrumpo en la sala ante la atenta mirada de un atónito Louis y cojo mis cosas con poca delicadeza.

-Belén, espera… - murmura Harry al verme salir a toda prisa. No tenía ganas de mirar a ninguno a la cara.

-No te sale ni una bien, ¿eh? – le dice a Louis. – Me voy a casa.

-Harry, lo siento, no sabía que decir… - contesta él entrando detrás de él a la sala. Jade seguía ahí, y después del estruendo que había habido desde luego se había dado cuenta de su presencia.

-No es a mí a quien tienes que pedirle disculpas.

Como había hecho yo minutos atrás, Harry coge sus cosas y se marcha bajo la lluvia tapándose como puede con el abrigo.
Louis se queda en la sala, todo el mundo le mira, y él les lanza una mirada asesina y ninguno se atrevió a volver a levantar la vista.

Se deja caer en una silla y se da cuenta que alguien le mira, alguien que había hecho caso omiso de su advertencia.
Este levanta la mirada y ve a una sonriente Jade. Siempre le había parecido atractiva, de hecho la chica era muy guapa.

Louis intenta esquivar su insistente contacto visual, pero antes de que pudiera hacer nada, ella se había acercado a él para… saludar.

-Hola, Louis. – comienza ella con tono felino.

-Jade. – contesta él secamente.

-¿Haces algo esta tarde? Porque quizás podríamos… ya sabes. – dice con una sonrisa picarona.

-¿Sabes? En realidad, sí, tengo algo bastante importante que hacer. – contesta de nuevo, levantándose y haciendo a Jade a un lado. – Y no puede esperar.

Coge sus cosas y echa a correr por la puerta. Un impulso inesperado le lleva a correr por la calle sin importarle al agua que le calaba la ropa.

De pronto divisa una figura al final de la calle. Casi sin aliento me alcanza e intenta gritar mi nombre.

-¡Belén! – grita al fin.

Me giro y me aparto el pelo completamente mojado de la cara. Intentando distinguir quién era, aunque por la voz sabía perfectamente quién era.

-¿Qué haces aquí? – le digo avanzando en dirección contraria a él. – No tengo tiempo para más gilipolleces, me marcho a casa o cogeré una pulmonía, y tú deberías hacer lo mismo.

-No me voy a mover de aquí hasta que me digas algo.

Me quedo quieta y le miro. ¿Qué quería saber ahora?

-Lo que dijiste antes en la biblioteca… ¿Es cierto? ¿Estabas enamorada de mí? – dice mirándome con algo parecido a dulzura.

Suspiro e intento esquivar su mirada mirando a cada lado de la calle. No quería responderle, pero sabía que hasta que no se lo dijera no iba a mover un pie de ahí.

Asiento débilmente y alzo la cabeza para mirarle a los ojos.

-Sí. Es cierto. Y me odio a mí misma porque aún con todo lo sigo haciendo. Te sigo queriendo como entonces. Joder… ¿Por qué tiene que pasarme siempre esto a mí? – dolida al recordar lo último doy media vuelta y comienzo a caminar deprisa hacia casa.

La lluvia comienza a arreciar y la calle estaba desierta. Se acercaba primavera y un tiempo así era bastante normal.

No quería mirarle, no quería ni si quiera saber su reacción, simplemente quería llegar a casa, darme una ducha caliente y acurrucarme en la cama como si no fuera a salir de allí nunca jamás.


María estaba peinándose cuando de pronto llaman a la puerta.

-¡Mamá, abre tú, será Belén! – grita desde el cuarto de baño.

Oye la puerta cerrarse y la débil risa de su madre.

-¡Pasa! Estoy en el baño, salgo en un minuto. – sale al pasillo colocándose el flequillo. Abre los ojos como platos y se queda algo inmóvil. - ¿Qué cojones…?

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