18/5/12

Capítulo 48

El tiempo pasaba y apenas quedaban 3 semanas para que acabara el curso. Desde el incidente de la fiesta, ninguno había dicho palabra.

Entre exámenes y escusas tontas para no cruzarse, el panorama estaba peor que al principio, aun así no caía sobre mi conciencia, al revés, estaban bastante limpia.

Gracias a la fiesta, se habían aclarado muchas cosas, y desde luego que nos hacía falta. Lo que pasaría a continuación… Ni yo lo sabía.

Me recojo el pelo en un simple moño, y después de abrocharme la chaqueta, cojo la mochila y cierro sin hacer ruido.

A pesar de que me había convencido a mí misma para no darle más vueltas al tema, todavía tenía en la cabeza la imagen de aquellos dos, estúpidos. Estúpidos todos. ¿Por qué le daba tanta importancia?

Quizá era porque… Sacudo la cabeza y me pongo los cascos, si no me daba prisa, llegaría tarde. Cuando me quiero dar cuenta, ya estoy en la puerta de aquel viejo edificio casi en ruinas que suelo llamar instituto.

Tengo que lidiar con todas esas personas que buenamente soporto como puedo y que en la vida me gustaría volverme a encontrar, así que paso lo más rápidamente por el pasillo hasta llegar a mi clase donde me derrumbo en el pupitre y deposito sin mucho cuidado mi cabeza contra la mesa.

Me hayo medio muerta y abatida contra una tabla de madera, siendo contemplada por varios de mis compañeros que andan algo atónitos con mi entrada, ni siquiera me molesto en saludar.

-Buenos días, gentuza. – dice una voz familiar. – Y Belén.

-Serán buenos para ti. – farfullo entre mi pelo.

Oigo una risa y asomo mi rostro para reconocerla. Es María. Se sienta a mi lado y deja su cartera en el suelo con cuidado, después saca los libros.

-¿Un mal día? – dice con voz tranquila.

Asiento débilmente. De pronto un estrépito se oye en mitad del pasillo. Alzo la cabeza un momento, para conseguir ver algo y entonces la veo entrar. Laura, que tiene el pelo alborotado y los papeles de la carpeta completamente desordenados. Todavía se oye alguna risa a fuera.

-¿Qué ha pasado? – digo mirándola.

Suspira sonoramente y emite un gruñido. Deja caer la carpeta en la mesa y se coloca el pelo.

-Me he caído. - dice con voz de ultratumba haciendo una dramática pausa. - Iba corriendo porque pensaba que iba tarde y me he tropezado.

Trato de aguantarme la risa lo mejor que puedo, pero María no me ayuda. Al final las dos rompemos a reír con ganas mientras Laura sonríe irónicamente.

Después de unas cuantas horas viendo el tiempo pasar y prestando atención muy pocas veces el timbre suena y la gente sale como si le quemara el culo en la silla.

-Han quedado todos para ir a tomar algo esta tarde, ¿venis? – dice María ajustándose la mochila al hombro.

A Laura se le dibuja una sonrisa en el rostro, una sonrisa satisfactoria.

-Claro. – dice con tono misterioso. – No faltaré.

Ambas nos quedamos mirándola.

-¿Tú, Belén?

-Eh… - vacilo un momento y suspiro. – Bueno, sí. Supongo que me vendrá bien tomar el aire.

María aplaude como una cría y sonríe. Nos coge a ambas de los brazos y nos arrastra fuera. El sol brilla con fuerza y obliga a más de uno a quitarse la chaqueta. Apetece salir, tomar el poquito sol que hacía. No es muy común ver el la luz del sol por aquí, así que cuando sale, la gente se asoma para aprovecharlo al máximo, y ni Louis ni nadie iba a impedirme disfrutarlo.

Llego a casa después de recorrer unas cuantas calles de vuelta a casa y cierro la puerta de un portazo acompañado de un sonoro bufido. Nada más dejar las llaves comienzo a oír un tarareo desde la cocina.

-¿Hola? – digo adentrándome en la casa.

-¡Buenas! Mamá y papá se han ido a hacer unos recados, así que estamos solos. He hecho algo de comer, sírvete tú misma. – Me dice, y sonríe ampliamente.

Le miro, arqueo las cejas y me encojo de hombros, mientras él sigue canturreando hasta el salón no sin antes despeinarme como de costumbre. Como algo y salgo de nuevo al salón.

-¿Cómo habéis quedado? – pregunto, acabando el último bocado.

-A las 6 en el café de la esquina, sólo vamos a estar ahí un rato. ¿Vas a venir?

-Supongo. – digo. No me doy cuenta pero me quedo pensativa, con la mirada perdida. - ¿Quiénes van?

Harry levanta la ceja y sonríe con malicia. Estoy apunto de estrellar el plato con su cabeza, pero sonrío lo más falsamente que puedo y le miro, insistente.

-¿Por qué lo quieres saber? – dice aún con la ceja levantada.

Me encojo de hombros y me levanto dirección a la cocina para dejar el plato. Una vez en la cocina, me asomo y entorno la mirada.

-Para que te enteres no es por él. Me la suda su nueva novia y sus planes, si te soy sincera. Si no sabe tener el culo quieto no es mi problema, ya es mayorcito para saber lo que hace. – suelto de carrerilla. Creo que no me había quedado tan ancha desde hacía tiempo.

Harry me mira, sorprendido por el cúmulo de palabras que acabo de soltar.

-Tranquila, no iba a decirte nada. – se defiende.

Bufo y me adentro en mi habitación. Después de remolonear de lo lindo un par de horas, empiezo a prepararme, no quedaba mucho para irnos.


Las chicas se arremolinan en el respaldo del sofá ante en constante canturreo de Laura.

-Eh, ¿Por qué estás tan contenta? – dice una de ellas. Las demás asienten.

-¿Qué pasa, no puedo estar de buen humor? – dice cogiendo su zumo y sonriendo de medio lado.

-Sí… pero, ¿Qué ha pasado?… ¿Qué tramas, Laurita? – Algunas de ellas se ríen como tontas por lo bajo.

Laura se ríe, como si esperara al momento cumbre para desvelarlo todo. No iba a destripar el final con tan poco juego.

-Ya lo veréis.

De pronto una de ellas ahoga un gritillo y la mira con los ojos como platos.

-Es… ¿Tu venganza? La de… ¡Hala! ¡Dínoslo! Por favoooooooooor.

De nuevo un coro de súplicas acompaña al comentario de la chica. No las podía dejar así, pero un brillo de malicia en los ojos de Laura, parecía prometer que así sería. Ni una palabra más.

-Se siente, tendréis que esperar. – dice antes de romper a reír cual malvado.


-¡Ya voy, ya voy! – repito por cuarta vez ante las constantes percusiones de Harry en la puerta del baño. Me estaba poniendo nerviosa.

-Llevas ahí dentro media hora, date prisa o llegaremos tarde.

-¡Qué sí, pesado!

Abro la puerta cinco minutos después y mi hermanito, vestido de forma muy casual me espera con cara de no muy buenas pulgas.

-Ya. Tienes 3 minutos. Ni uno más ni uno menos.

Le bufo y entro en mi habitación a por mis cosas. Después de revisar que lo llevo todo, me aseguro de estar bien arreglada y salgo por el pasillo como alma que lleva el diablo.

Cuando me quiero dar cuenta, casi he llegado al portal, donde está María, haciendo sombra con las manos en el cristal para poder ver mejor, al verme bajar, sonríe.

La saludo con la mano y abro.

-Qué pronto llegas. – le digo.

-Me aburría y he venido, todavía queda un cuarto de hora.

-¿¡Lo ves!? Te dije que nos sobraba tiempo. – le replico a Harry con cara asesina.

Él chista y me mira de reojo. Al ver a María sonríe de oreja a oreja y le besa la cabeza. Ella arruga la nariz y se pega a él. Ante la escenita, ruedo la vista y abro la puerta para salir a la calle. El aire es muy agradable, después de tantos días de frío, se agradecía algo de calor.

No sé muy bien donde voy, pero de vez en cuando Harry me indica hacia donde girar. Al llegar, me sorprendo, no me lo imaginaba así.

Suspiro y entorno una media sonrisa antes de mirar hacia atrás. Siguen tan acaramelados como antes, me limito a carraspear de forma exagerada para indicar que hemos llegado.

-Es este, ¿no? – digo mirando a Harry

Él asiente mientras rodea a María por los hombros. Miro dentro pero no veo a nadie conocido.

-Mira, ahí vienen los demás. – apunta maría señalando un grupito de gente que se acerca.

Echo un vistazo a los que vienen. ¿Dónde estaba Laura? Quizás llegaba un poco tarde, aunque no era una cosa muy corriente en ella.

De pronto me fijo en algo de lo que no había percatado. Rubia de bote, vestido ajustado, tacones, pote. Creo que me sonaba esa chica que se colgaba de forma repelente del cuello de Louis, que parecía muy satisfecho.

Intento no vomitar ahí mismo y saludo con una gesto falso e hipócrita. También me fijo en otra cosa. Una chica morena, con el pelo rizado, bajita y sonriente coge de la mano a Liam, eso si que no me lo esperaba, ¿A caso sería de la calaña de esa tal Rachel?

Fuera lo que fuese, me dejo llevar dentro del bar por la fuerza bruta de Niall que me empuja por la espalda hasta la puerta.
No quería entrar, me entraba repulsión de simplemente pensar en tener que compartir el oxígeno con tal personaje, pero aun así… entro.

Nos sentamos en una mesa, apartada del barullo de la entrada y rodeada de sillones de color granate. Sigo echando un vistazo al panorama. Zayn está muy callado desde que llegó, sólo ha hablado lo mínimo para saludar y poco más, supongo que sería por…Laura.
Todavía no había llegado.

Casi no había acabado de pensar donde se había metido cuando una despampanante Laura aparece delante del grupo y sonríe.

-Hola, siento llegar tan tarde, me he entretenido un momento en la entrada, resulta que el chico que está en la barra es un viejo amigo, que coincidencia, ¿no? – dice riéndose. Toma asiento y nos mira.

La noche pasa sin mucho jaleo, o por lo menos no consigo enterarme de mucho, simplemente no puedo quitar la vista de encima de aquellos dos. De pronto alguien llama mi atención.

-Los vas a atravesar a este paso. – dice una voz en tono muy bajito, noto dos manos hundirse en mis hombros y me sobresalto. Ojos color gris, pelo rubio. Me han faltado décimas de segundo para saltarle al cuello ahí mismo.

Por algún extraño motivo, no digo nada, sólo lo miro fijamente y sin pensarlo dos veces, lo agarro de la camisa y lo acerco a mí, besándole.

El resto de grupo calla por un momento y se oyen algunas risas. No me importa, tenía que hacerlo y punto. Ben sonríe con ganas y se sienta a mi lado algo sorprendido.

Siento como la cabeza me daba vueltas. ¿Qué me estaba pasando ahora?


No hay comentarios:

Publicar un comentario