Qué propio de mí, eso de pensar las cosas demasiado hasta que me duele la cabeza. No es que me sorprenda, me pasa todo el tiempo, pero aquella vez estaba explorando nuevos límites. Al llegar a casa, mi cerebro palpita como tratando de salir de mi cabeza desesperadamente, estoy tan cansada que me emociono sólo con ver el sofá.
-¡Cariño! ¿Cómo ha ido? – pregunta mi madre con dulzura.
Ladeo la cabeza y sonrío con pocas ganas. Es obvio que ha pasado algo, pero no tengo los ánimos como para hablar de ello. Suspiro y dejo el abrigo y la bufanda en su sitio, huyendo en el mínimo tiempo posible hasta mi habitación.
-¿Qué ha pasado? Tienes cara de ‘ha pasado algo pero no me apetece hablarlo’ – dice Harry en tono cálido desde la puerta. Ni siquiera me había dado cuenta de que había llegado hasta ahí.
-No empieces. – le digo mientras me deshago de los zapatos. – Por favor.
Harry suspira y entra dentro, maldito terco. Me mira fijamente mientras se apoya en la pared, con toda la tranquilidad del mundo. Por alguna razón, eso me hace gracia.
-¿De qué te ríes?
-¿Sinceramente? No lo sé, eres tú y tu estúpida actitud cuando estoy así. No sé por qué, pero me hace sentir mejor. Aunque no digas nada, ni yo diga nada. ¿Cómo lo haces?
-Magia de hermano mayor, ya sabes. – contesta guiñándome un ojo. - ¿Sabes? Sea lo que sea lo que hayas escrito en ese sobre, sea cual sea la respuesta estoy orgulloso de ti.
Aquello me pilla tan de sorpresa que no sé cómo reaccionar. Lo miro confusa y él se acerca para sentarse a mi lado.
-¿D-de veras? – contesto con gesto sorprendido. Harry asiente y sonríe dulcemente. Parece haberse dado cuenta de lo que realmente significa para mí su apoyo incondicional, como si se hubiese quitado la venda.
Sin pensármelo dos veces le doy un abrazo enorme y lo agarro fuerte. De repente mis ánimos suben como la espuma, aquel día había mejorado en más del cincuenta por ciento, y ya sabía cómo acabarlo. Me levanto de pronto y junto las manos, algo emocionada.
-Creo que ya sé que voy a hacer esta tarde. Y voy a necesitar tu ayuda, aunque no hace falta que vengas, pero sí que tengas el teléfono disponible.
-¿De qué estás hablando? – pregunta él levantando una ceja.
-¡Ya lo verás! – digo sonriéndole. – Me voy ahora mismo.
Harry me mira, pero no parece estar entusiasmado por mi idea, ¿qué le ha hecho que cambiara tan radicalmente de expresión? Es como si algo le rondara la cabeza. Me siento en el suelo para volver a ponerme los zapatos y le miro pensativa.
-¿Qué pasa? – le pregunto intrigada. Harry sonríe fugazmente y ladea la cabeza.
-No quería decírtelo ahora, viéndote tan contenta – su tono me preocupa. – Estuve… Bueno, traté de hablar con Louis, para hacerle entrar en razón, ya sabes.
Suelto el aire que contenía en mis pulmones y siento el peso de sus palabras en mi pecho, como un golpe seco. Hacía algunos días que no pensaba en aquello, pero justo en ese momento me vuelve a la cabeza la discusión que mantuvimos por teléfono, la manera en la que se enfadó, todo lo que dijo… Ni siquiera me acordaba.
-Dijo que necesitaba algo de tiempo para pensarlo todo, que estaba dolido y no sabía si podía confiar en ti después de eso.
-¿¡Después de qué?! ¿Después de tratar de decidir mi futuro por mí misma? ¡Tampoco es que él se preocupara mucho por preguntarme nada! –le espeto mosqueada. Harry suspira, sabía que era así cómo reaccionaría, pero ¿qué quería que le hiciera? No era justo, nada justo.
-Lo sé, se lo dije… Pero dale tiempo. Sabes cómo es, sabes que le cuesta abrirse y… - Harry parece empezar a arrepentirse de haber comenzado aquella conversación.
De pronto ambos nos hemos quedado callados. Suspiro y sigo atándome los cordones, como si aquello no hubiese pasado. No quería saber nada más, sobre todo si Louis iba a seguir comportándose como un crío.
-Déjalo, Harry. – comienzo poniéndome de pie. – Ya hablaremos de esto en otro momento…
Salgo a la calle y el aire se condensa en cuando respiro. Esperando que funcione, alargo la mano y llamo al piso de María.
-¿Sí? – contesta alguien.
-¿María?
-Sí, soy yo. ¿Quién es?
-Soy Belén, ¿puedes bajar?
-¿Qué haces aquí? Si me has mandado un mensaje o algo no me ha llegado nada.
-No te he mandado nada, era una sorpresa. – contesto. Oigo su risa y sonrío levemente.
-Está bien, dame cinco minutos.
El aparato hace un ruido seco y después silencio. De nuevo el tiempo avecina algo de lluvia, aunque lo raro no era que lloviera, lo raro allí era que no lo hiciera. Después de unos minutos, veo aparecer a María por la escalera, con ese peculiar paso que usa para bajar los escalones.
Sonrío y la saludo a través del cristal.
-Menudo susto me has dado, ¿qué sorpresa es esa? – pregunta, poniéndose bien la bufanda.
Sonrío con aire misterioso y la cojo del brazo. Tras un rato andando nos encontramos enfrente de donde quería llegar.
-¿Qué es esto? – pregunta con una ceja levantada.
-Vas a comprarte un vestido. – digo como si nada mientras abro la puerta. – Y no hay más preguntas. – Completo la frase antes de que pueda decir nada más. Ella resopla y pone los ojos en blanco.
Las campanitas nos dan la bienvenida una vez más, es como si no hubiera otra tienda en toda la ciudad, pero ¿qué le voy a hacer? Adoro esa tienda.
-¡Debbie! – saludo a la amable señora que una vez más sonríe al verme. - ¿Cómo va todo?
-Pues tirando, como todos. – dice saliendo de detrás del mostrador mientra se quita las gafas. - ¿Qué quieres de mí esta vez, pequeña?
-Necesita un vestido. – digo guiñándole un ojo. – Para… un momento especial. – Debbie ha parecido pillar la indirecta, y pone gesto sorprendido seguido de una sonrisa.
-Está bien, veré que tengo por ahí. – dice mientras se marcha al almacén.
-¿De qué va todo esto? – dice María una vez estamos solas. - ¿Un vestido? ¿Para qué iba a querer yo un vestido ahora? No tengo ninguna fiesta.
-Eso ya lo veremos. – le contesto arqueando una ceja.
Poco rato después aparece Debbie con un montón de vestidos apilados en su brazo.
-Podemos empezar por estos, ¿te parece? –dice sonriente.
Miro a María sonriente y ella se encoje de brazos.
-Está bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario