Después de pasar una de las semanas más ajetreadas que nunca había vivido, tenía toda la semana siguiente para pensar en otras cosas: como en dormir o comer o tomar té o leer algún libro. Necesitaba descansar.
Es pronto, más de lo normal. Para ser un sábado me resulta extraño estar levantada siendo cerca de las ocho. No podía dormir, de hecho esa semana era una de las cosas que me faltaban por hacer. Nadie había puesto un pie en el suelo aquella mañana, todos duermen plácidamente.
Las ganas de hacer algo productivo aquel día brillaban por su ausencia. Me voy a por un té y vuelvo a la cocina, y para entonces, Harry ya ha aparecido.
-Buenos días. – dice algo dormido, pero con su sonrisa bien puesta en la cara.
-Buenos días. – le respondo. – Tengo temas pendientes contigo.
De pronto la sonrisa de Harry se vuelve en una burda imitación de una sonrisa piadosa.
-Esto… es… ¿Es por la sorpresa? Vamos hermanita… tampoco fue para tanto. –dice titubeando
Me acerco a él de forma violeta y me paro en seco.
-¡En la cara no! – dice tapándose con los brazos. Le pego una bofetada en uno de ellos y le miro enfadada.
-¡No seas mariquita! – le contesto. – Eres… eres… ¡ugh! Te mataba.
Después de soltar un disimulado suspiro, Harry se ríe.
-¿Qué tal, a todo esto? – pregunta arqueando una ceja. – Seguro que no estuvo tan mal. – Hace una corta pausa y vuelve a reírse. – Y por el color de tu cara me parece que no me equivoco.
-¡Cállate! – digo tapándome las mejillas. Estoy colorada como un tomate. – E-estuvo bien. Estuvimos dando una vuelta… Nada más.
Él me revuelve el pelo en vez de hacerme rabiar más, lo cual podría haber hecho hasta que se cansase, pero supongo que está demasiado feliz como para pensar en otras cosas…
Demasiado feliz. De pronto un cuestionario entero aparece en mi cabeza.
-Hablando de sorpresas. – digo arqueando una ceja. – Detalles. Quiero Detalles.
Se sienta en la mesa y me siento en frente de él. No puede evitar esbozar una sonrisa al hacer memoria.
-¡Vamos!
Me da con la servilleta en la cara y protesto, pero no dice nada más.
-He quedado con Sam. – dice Laura preparándose las cosas.
De prono una manada de chicas con los ojos como platos se apelotona en la puerta de su habitación.
-¿Qué has quedado con quién? – dice una de ellas
-Sois unas cotillas. Todas. – ríe Laura echándose el bolso al hombro.
-¡No nos vas a dejar así! ¡Dinos por lo menos quién es!
-Ohhh ya os digo yo que sí. ¡Hasta luego! – dice haciéndose paso hasta la puerta mientras las demás la miran con la boca abierta.
Niall seguía moviéndose esperando encontrar una postura cómoda en el sofá para ver la tele, pero no estaba bien de ninguna manera. Era su programa favorito, y solía verlo con Liam, pero ahora ya no le importaban esas cosas.
Mientras, Liam se tomaba su té mañanero y Allie pululaba por el piso en busca de algo que hacer esa mañana.
-¿Qué te parece si vamos al centro comercial? – dice ella sonriente.
Liam se gira con desgana.
-No, no tengo ganas…
Allie suspira y se acerca a él algo inquieta.
-¿Te pasa algo? Llevas unos días… apagado, distante. Y no quieres hacer nada. Me tienes preocupada.
Liam suspira y sonríe de forma forzada, dejando su taza en la mesa.
-No me pasa nada, de verdad. –dice. – Sólo estoy un poco cansado.
Allie suspira de nuevo y mira al suelo. Lleva varios días diciendo lo mismo y ya no funciona esa excusa, ella sabía que le pasaba algo, pero prefería que lo dijera él mismo.
-Tengo que ir a ver a Louis. Tiene que devolverme unos cds. – dice casi en un susurro.
Ella asiente en silencio mientras lo observa marcharse. El ruido de la puerta cerrándose finaliza la conversación tan extraña que habían mantenido.
No es que la casa de Louis esté tan lejos, pero ese trayecto fue el más largo. Sus pensamientos le acechaban como buitres sobrevolando un pequeño cordero malherido. Aquello le estaba volviendo loco por completo.
Al llegar, sube al segundo piso y llama discretamente.
-¡Liam! ¿Qué haces tú aquí? No te esperaba. – dice Louis. – Pasa, pasa…
-Lo sé, lo siento. Tenía que poner alguna escusa para salir de ese piso. – dice soltando el peso de sus hombros. - ¿Tienes algo de beber? Con alcohol a poder ser.
Louis suelta una carcajada y saca unos botellines de cerveza.
-Vamos, cuéntaselo al tío Louis. Aunque, ya que estamos… ¿Por qué no llamo a los demás? – sugiere alegremente.
Los ojos de Liam se abren como platos.
-Eh… Casi preferiría que no, de eso va el tema… más o menos. – dice dando un trago de su botella. – Va para largo, así que ponte cómodo…
No hay comentarios:
Publicar un comentario