8/4/12

Capítulo 43, parte I

Todavía con el plan en la cabeza y dudando seriamente de su eficacia, doy media vuelta en la cama y consigo conciliar el sueño por lo menos durante unas horas.

Queda un día. Tengo ese día para organizarlo todo y nada más levantarme ya tengo los nervios a flor de piel. Ben acordó conmigo en pasarse cuando acabara el turno para echarme una mano, y la verdad que no me vendría nada mal.

-¿Qué haces? – dice mi madre desde el sofá al verme pulular a un ritmo frenético de un lado a otro de la casa transportando toda clase de adornos.

-Es para esta noche, la fiesta.

-Ah, sí. – se lo conté en cuanto llegó a casa y le pareció una idea magnífica, así que nos dejará la casa libre para que hagamos lo que queramos, aunque siempre con el dedito levantado me había advertido que tuviéramos cuidado. - ¿Se lo has dicho a tu hermano?

Me quedo parada un momento y repaso los actos que había hecho la noche anterior después de que Ben se marchara. No, no se lo había dicho.

Justo cuando empiezo a pensar en como convencerlo Harry asoma su malhumorado jeto por la puerta de su habitación.

-¿A qué viene tanto jaleo, si se puede saber? – dice frunciendo el ceño.

Sonrío nerviosa y tartamudeo.

-N-no te lo puedo decir. – miento mordiéndome el labio y mirando a mi madre en busca de algo de ayuda.

Harry arquea una ceja y se acerca con sigilo como si estuviera pensando algo. De pronto se da cuenta de todos los abalorios que cuelgan de la pared.

-¿Qué planeas? – dice mirándome.

-Es una fiesta.

-¿Para qué?

¿Se lo digo? Quizá así sería más fácil. Sólo tendría que decirle que se hiciera el sorprendido y así me aseguraría su asistencia a la fiesta. Vacilo un momento y suspiro como si me decepcionara tener que decirlo. Va a ser el numerito de mi vida.

-Se supone que no te puedo decir nada… - chasque la lengua y miro al suelo. – Es por tu cumple, los chicos pensaron en hacerte una fiesta porque en febrero tuvieron muchos exámenes y no pudieron hacer nada, así que aprovechan carnaval para… hacer esto.

Harry no parece sorprendido aunque después de un rato aguantándome la mirada se ríe y asiente.

-Pero tú no sabes nada, ¿Vale? Se supone que es cosa de ellos y es sorpresa, así que intenta parecer sorprendido cuando entres… o algo. – le digo volviendo a los adornos.

-Y si es cosa de los chicos, ¿Qué haces tú montándolo todo?

Trago saliva y me giro riéndome, tomándome esos segundos para pensar rápidamente en algo.

-Bueno, es nuestra casa, sería raro que estuvieran ellos montándolo, ¿no? – No es muy convincente, pero servirá.

Asiente no muy convencido y va a la cocina a por un vaso de zumo. Suspiro y Ben llega a tiempo para ayudarme con el resto de trajines.

Sigo sin ningún sobresalto hasta el día siguiente. Me pongo en marcha desde primera hora, todo tiene que quedar perfecto.

Lo primero, llamo a María.

-¡Buenos días!

-Que alegrías llevas, ¿no? ¿Qué tienes en mente? – sabe de sobra que tengo algo rondándome en la cabeza.

-Esta tarde, a las 5 y media en mi casa. ¿Te paso a buscar?

-Vale, así vamos a por las bebidas. – dice riéndose.

-Te veo ahí pues. ¡Hasta luego! – cuelgo tan feliz y sigo citando al resto de la gente.

Quedo con los chicos a las 6 en casa, como he quedado con María a las 5 y pico y nos encontraremos con Laura de camino, no creo que se encuentren. He asegurado a cada uno que no irá aquella persona que le incomoda, aunque sea una mentira como un templo.

Si me descubrían, lo que al final iba a resultar inevitable, podían ocurrir dos cosas: O que hubiera un enfado general, lo cual era bastante probable o que acabáramos arreglando las cosas… lo cual me mantenía con esperanzas.

Continuará…

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