4/4/12
Capítulo 42
Sugerencia musical: One of the brightest Stars - James Blunt
Miro a María perpleja y sonrío ante su extrema felicidad preguntándome en silencio cual será el motivo.
-¿Te acuerdas que te dije que mi hermano se iba? ¡Ha decidido quedarse una temporada más! Le he hecho admitir que me echaría de menos más que yo a él y dice que tampoco se está tan mal aquí, y que les está empezando a caer bien a los amigos de un amigo suyo que vive aquí, así que de momento se queda, aunque no sé por cuanto. – dice con un tono melódico.
-¡Cuánto me alegro! – digo sonriente. - ¿Quieres pasar? Hay té recién hecho.
-Me encantaría.
Al entrar el olor a café, a galletas y a té inunda la habitación. A mi madre le encanta desayunar, así que nunca nos falta de nada en la mesa a esas horas. Sobre todo dulces y tostadas con mermeladas de todas las clases.
De pronto Harry aparece con aire desinteresado y se peina el pelo con una mano y coge una rebanada de pan con la otra, sin decir nada. Ni siquiera se ha percatado de la presencia de María, y si se ha dado cuenta, no se ha molestado en saludar.
-B-buenos días. – digo insegura de su reacción.
-Buenos días. – ladra mientras mastica la tostada con ganas. Coge una taza de café y la remueve con ganas.
María me mira confusa. No sabe muy bien de que va el tema, pero no se esperaba la interpretación que Harry nos estaba dando esta mañana. Ni siquiera le había hecho nada, dentro de lo que cabe.
-¿Qué pasa? – pregunta ella con voz débil.
Él se encoge de hombros acabándose el desayuno y se coloca la chaqueta para salir.
-¿Dónde vas? – digo intentando tranquilizar a María con la mirada. Todavía no sabe lo que pasó dos noches atrás. Cada vez que lo recuerdo, más asco me dan los dos.
-A dar una vuelta, he quedado con Louis. – contesta secamente.
Me revuelve el pelo toscamente antes de irse y sin decir una palabra sale por la puerta entonando un leve portazo.
-Eh… ¿Alguien me puede explicar que acaba de pasar exactamente? – dice María algo incrédula por lo que acaba de pasar.
Carraspeo para evitar un silencio incómodo y la miro con cara de circunstancia, no sé por donde empezar, pero tendré que decirlo de todos modos, ya que Harry no iba a decir nada.
-Verás… Es como una especie de venganza, está dolido por lo que hiciste y se está comportando como un crío de seis años.
María entorna las cejas, como si le sonara a chiste.
-Y no sólo eso. El otro día él y Louis acabaron borrachos como cubas y acompañados por algunas señoritas que ni siquiera conocían. – digo algo molesta por mis propias palabras. Todavía no me creía el comportamiento que habían tenido.
María no contesta, no da crédito a mis palabras. Normal, cualquiera hubiese dicho que con lo dulce y cálido que estuvo con ella en cuanto se lo contó, que después se comporte de esta forma no es algo… corriente.
Nunca le había visto comportarse así. De hecho no es propio de él, y me suena que alguien ha metido el hocico en la situación.
-¿Sabes? Pero esto no se queda así. Voy a tener unas palabritas con alguien. – digo acabándome la taza de té y con la mirada fija en ella.
-Me pinchan ahora mismo y no me sale sangre. – dice María por fin. – Pero… ¿Por qué?
Ahoga un gemido de queja y empieza a juguetear con sus manos, sintiéndose culpable por lo ocurrido.
-Hey… - le murmuró. – No, no quiero que te sientas culpable por esto. Ni se te ocurra.
Demasiado tarde, las lágrimas se desbordan por sus ojos. Me siento impotente, así que la rodeo con mis brazos y trato de calmarla.
La mañana transcurre bastante tranquila y cuando miro el reloj me doy cuenta de que tengo que recoger el vestido de la tienda. María regresa a su casa con peor ánimo del que había venido, aunque todavía no sabe nada de la fiesta.
Suspiro aliviada al ver que no llego tarde, la tienda sigue con el cartelito de abierto colgado en el cristal y la amable mujer dobla con cuidado unos vestidos verdes detrás de él.
Entro haciendo tintinear las campanillas de la entrada y la miro sonriente. Al verme, me reconoce enseguida y sin decir nada va a paso ligero hacia el almacén.
-Hola. – me sobresalta una voz. Pego un estúpido saltito y se ríe. Esa peculiar risa aterciopelada.
-Hola, Ben.
-¿Vienes a por el vestido? – me pregunta colocando sus manos alrededor de mis hombros.
Asiento y veo a la mujercilla, que por lo que me ha contado Ben se llama Debbie, salir del almacén con una sonrisilla asomándole por las comisuras.
-¿Qué me traes? – le digo sin poder contener otra sonrisa.
-A ver si te gusta, estoy contenta de cómo ha quedado. – de pronto saca detrás de su espalda un precioso vestido azul cielo, hasta la rodilla con un delantalito de gasa blanca y un lacito negro, no muy pequeño en la cintura. Las mangas son abombadas y el cuello de barco.
Me quedo tan asombrada por el resultado que tengo llevarme la mano a la boca. Es realmente bonito.
-Vamos, pruébatelo. – me anima Ben observando atónito el vestido
Al minuto salgo del probador y veo el asombro dibujado en sus caras.
-¿Qué pasa? – pregunto buscando un espejo como loca.
-Estás de escándalo. – musita Ben
Me sonrojo levemente y encuentro el espejo. No me reconozco frente el espejo. La verdad que es muy bonito. Sonrío alagada y felicito a Debbie por su trabajo, con semejante vestido, la fiesta no podía salir mal.
Le pago lo que cuesta aquella maravilla y salgo más feliz que unas pascuas. Oigo de nuevo las campanillas y me giro.
-¡Eh! ¿Y mi café? – dice Ben con una sonrisa.
-¡Todavía estás trabajando! – le digo metros más adelante.
-¡Debbie me deja salir pronto! – dice haciéndome un gesto con el que me comunica que sale enseguida.
Un minuto después vuelve a salir con la chaqueta puesta y mirando el móvil.
-¿Y eso? Todavía te queda media hora de jornada.
-La haré mañana, tú eres un plan más entretenido.
Me río y paso por casa a dejar el vestido. No me acordaba lo bien que lo pasaba con Ben cuando quedábamos. Es un chico muy gracioso y siempre estoy riéndome cuando estoy con el, es muy agradable tenerlo cerca, pero… ¿De verdad siento algo por él? Desde luego no tenía ni punto de comparación con lo que sentía por Louis.
-¿Esa no es Laura? – pienso para mí misma. Sería la primera en enterarse de la fiesta. De pronto sonrío. Se me ha ocurrido la idea perfecta para juntarlos.
-¡Soy un genio! – digo sin querer en voz alta. Ben me mira raro. – P-perdón. Me tengo que ir, tengo una cosa que hacer. ¿Te llamo otro día? Me lo he pasado muy bien hoy.
Ben se levanta y coge sus cosas.
-Claro, cuando quieras. Yo también me lo he pasado muy bien.
De pronto surge un momento incómodo. Muy incómodo. ¿Le beso? ¿Le doy dos besos o un abrazo? Siento que me pesa la presión cuando el me da un dulce beso en la frente. Suspiro aliviada y me fijo en lo bien que huele, podría ser mi hermano por la forma en la que me rodea con sus brazos, me hace sentir tan segura..
-¿No tenías que irte? – dice al ver que hundo la cabeza en su pecho, no quiero despegarme de él.
-¿Eh? Oh… sí… ¿Me puedes acompañar? – Lo sé, pero no quiero que se vaya todavía, me hace demasiada falta para no sentirme tan sola.
Asiente y me ofrece la mano contoneando los dedos como si me incitara a que se la estrujase. Sonrío y la tomo.
-Bueno, ¿Qué quieres hacer?
-Engañar a unos palurdos para juntarlos en un mismo sitio. – digo sin más.
Asiente aturdido y me acompaña a casa. No hay nadie, con lo cual podemos instalarnos ahí sin problemas.
-¿Por dónde quieres empezar? – dice sentándose en el sofá.
-Cocacolas, y después hablamos.
-Me parece bien. – contesta sonriente. Siempre tiene una sonrisa que dedicarme, es tan dulce.
Después de estar cavilando planes durante algún rato, decidimos pasar a la acción, íbamos a empezar a concretar fechas, lugares y horas, todo tenía que salir milimétrico o acabaríamos, o más bien yo acabaría en un lío.
-¿María? – digo con el teléfono en altavoz. – Mira que tenía pensado quedar para carnaval, las tres. Laura, tú y yo. ¿Qué te parece?
-Ah, bueno. Por mí genial. ¿Viene alguien más? – pregunta algo aturdida.
Ben me hace una señal para que diga que no lo sé todavía, pero que es probable que no.
-Ni idea, pero no creo que venga nadie más, estos tienen planes ya. – digo, mintiendo más bien mal.
-Genial, pues se lo diré a Laura. Nos vemos entonces.
Fantástico, una menos. Repetimos el proceso con los otros, diciéndoles que es una fiesta para Harry, ya que no pudimos hacer nada especial para su cumple.
Ninguno pone demasiadas pegas. A Harry le convencería en cuanto llegara a casa. Choco los cinco con Ben en acto de satisfacción y me río.
-Por fin. – digo recostándome en el sofá.
Parecía imposible, pero lo había conseguido, había logrado reunirlos a todos. Pero todavía no podía cantar victoria, pues quedaba lo más importante: que llegara el día de la verdad.
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