-¿Qué es esto? – dice Harry alzando la mano en la que sujeta la carta firmemente.
Miro como se zarandea el papel intentando decir algo coherente. Pero sólo puedo mover la boca como un pececillo fuera del agua.
-Harry… No seas así con tu hermana. – Dice mi madre detrás de él. Le quita el papel de las manos con suavidad y me tranquiliza acariciándole el hombro. – Me ha dicho que lo pensará.
-¡A mí eso no me basta, mamá! – dice algo alterado. De pronto no me entero de nada. ¿Por qué estaba cabreado conmigo? ¡Me había enterado el mismo día que él! – Seguro que ha pensado que no irá porque tiene aquí sus amigos y su vida. No se da cuenta de la oportunidad que va a perder si no va ahí.
-¿Te importaría dejar de hablar de mí como si no estuviera delante? Además, ya soy bastante mayorcita como para tomar mis propias decisiones. Si me quiero quedar lo haré y punto. – digo algo ofendida.
-¡Eres sólo una cría, joder! Cómo vas a saber lo que es bueno para ti y lo que no. – respira hondo y se gira hacia mí. – Belén, piensa con la cabeza.
De repente me viene algo a la cabeza. Oh, sí. Sonrío de pura ironía y sonrío de medio lado.
-Oh, así que es eso, ¿no? Como el señor se volvió un rebelde y no quiso ir a la universidad y ahora se tiene que buscar la vida me tienes que obligar a mí a ir para que no me pase lo mismo que a ti. ¡Pues perdóname! ¡No sé como he sido tan tonta de querer disfrutar de mi juventud sólo un par de años más! – digo empezando a enfadarme. – Dejadme en paz.
-No te atrevas a hablarme así. – dice cogiéndome del brazo. Sus ojos reflejan una rabia que pone los pelos de punta. Me acabo de dar cuenta de las cosas que le he dicho, todo aquello era lo más cruel que había pronunciado en siglos, y lo veo reflejado en su mirada, le he hecho daño.
Me quedo quieta y parpadeo un par de veces tratando de estabilizarme. De pronto la culpa me invade. Harry me suelta el brazo con un gesto de desprecio y me cruzo de brazos como ademán protector.
No me gustan los silencios incómodos.
-L-lo siento. No quería decir eso. –digo en un hilo de voz. – Harry…
-Sabes que lo hago por ti. Porque soy tu hermano mayor y me preocupo por ti. No te lo diré más veces, ahora haz lo que te plazca. – dice sin ni siquiera mirarme. Muy bien, Belén, la has liado.
Suspiro exasperada y pienso en cómo contestarle, pero cuando me quiero dar cuenta, él ya se ha marchado, dejando nada más que el sordo sonido de un portazo. Mi madre me mira compasiva y hace un gesto para que me siente con ella a la mesa.
-Te has pasado un poco, ¿no crees? – dice apaciblemente.
Asiento y descanso la cabeza en la madera, que hace un sonido hueco al contacto con ella. La situación iba de mal en peor: no sólo tenía que tomar una de las decisiones más importantes que había tenido que tomar nunca, sino que tenía que lidiar con las reacciones de todas las personas que me rodeaban.
Liam abre la puerta del armarito de la cocina y coge el paquete de galletas más próximo. Todavía puede oírla canturrear desde el salón si hace oído. Sonríe y cierra de nuevo la puerta para volver con ella al salón.
Allie tararea una canción mientras escoge una de las miles de películas que tiene Liam en el cajón.
-Podemos ver esta. – dice ella enseñándole una de las que ha cogido. Liam asiente y sonríen a la par. Él se sienta en el sofá y Allie coloca el cd en el reproductor.
Después de un rato sin prestarle demasiada atención a lo que ocurría en la pantalla, Allie, que rodea a Liam con los brazos por la cintura, lo mira pensativa.
-Liam. – murmura. - ¿Puedo decirte algo?
-Claro.
-No me gusta tu amigo, ese tal Niall. – dice arrugando la nariz. Liam la mira alarmado y trata de asimilar el comentario lo mejor posible. – No me gusta la forma en la que me mira… ¿Le pasa algo conmigo?
-¡No! Para nada. Está bien. Quiero decir… No le pasa nada contigo, al revés, le gustas… P-para mí claro. O sea, que… - El cerebro de Liam comienza a colapsarse. A su novia no le gustaba su mejor amigo. Aquello iba a dar lugar a un conflicto comparable a la primera Guerra Mundial…
Continuará…
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