4/6/12

Capítulo 50

Sugerencia Musical: One Day Soon - Glass Pear


María observa como Louis desaparece al torcer la esquina. Resopla casi en forma de bufido y clava su mirada en Ben. Todavía seguía pasándose las manos por el pelo y entornando una mirada perdida en el suelo.

-Tú. – pronuncia ella con un tono seco y casi inspirando desprecio. - ¿Qué habéis hecho entre los dos? Me tenéis harta con vuestros jueguecitos.

Ben traga saliva de forma algo tosca y la mira confuso, pero ella no pasaba por ahí. Habían herido a una de sus mejores amigas y no había mirada de cordero degollado que le sirviera.

María se le acerca de forma peligrosa y entrecierra los ojos, analizándolo a medida que daba un paso. Harry seguía ahí parado, intentando sacar conclusiones ante el poco corriente comportamiento de Louis.

-No te lo repetiré más veces. ¿Qué ha pasado?

Ben respira hondo y deja caer los brazos en un intento nulo de coger fuerzas.

-Ha sido mi culpa. Lo siento, de verdad, esto no tenía que haber salido así. Está todo mal, y es culpa mía. La quiero, tienes que creerme que la quiero. – le dice casi hablando a trompicones.

-Eso no me explica nada. ¿Qué es culpa tuya? – insiste ella.

-Le mentí. – Vacila un momento y devuelve la mirada al suelo. – En realidad no le mentí, la utilicé y no… No debí hacerlo, creía que era otra niña tonta de las que frecuenta Louis, pero me equivoqué con ella, es… distinta y acabé enamorándome de ella de verdad y Dios…

María parpadea incrédula.

-¿Qué has hecho qué? - se ríe irónicamente y se aleja unos pasos de él. - ¿Cómo…? ¿Cómo se te ocurre hacer eso? ¿Sabes como se debe sentir ella? Voy ahora mismo a buscarla.

Comienza a andar pero Harry la detiene.

-Louis ha ido a buscarla, déjalos. – dice con la mirada fría.

-Pues no es el más indicado para hablar con ella, y más si está como creo que está de ánimos. – Se gira hacia Ben y le mira deseando partirlo en dos. - ¡Eres idiota! ¿Y sabes lo peor? ¡Que lo sabía! ¡Sabía que no eras de fiar!
Ben frunce el ceño.

-Nunca me diste buena espina, tendría que haberla avisado. – dice de nuevo.

-Vamos, María… tranquila. – dice Harry cogiéndola suavemente por los hombros.

María suspira y mira dentro del local, donde Laura, Zayn y los demás siguen sentados como si nada.

-Vamos dentro. Seguro que se están preguntando que pasa. – dice María recomponiéndose.


Laura cruza las piernas y se reclina en el respaldo. Zayn no le ha quitado ojo en toda la noche. ¿Quizás debería hablar con ella, decirle algo? Tenía miedo de ser rechazado… por segunda vez.

-Voy a pedir una copa más. – dice ella, despreocupada. Se levanta elegante y se alisa el vestido.

Mientras camina hacia la barra sonríe triunfal. Todo estaba saliendo tal y como ella lo había pensado.

Se apoya con los codos encima del mármol azul de la barra y acaricia el cristal mientras espera a que aquella chica apareciese por la barra. A los pocos minutos, salió del almacén, mientras se hacía una trenza.

Laura sonrió y se inclinó con una sonrisa de oreja a oreja sobre el mostrador.

-Hola. – dice ella con tono seductor. - ¿cómo lo llevas?

-Bien, no puedo más. Y todavía me quedan un par de horas… - dice la muchacha terminando la frase con un suspiro.

-Estás preciosa, por cierto. – le dice Laura sin perder el tono. - ¿Podemos vernos cuando salgas?

La chica sonríe y asiente débilmente. Su tez morena se torna de un color rosado a la altura de las mejillas.

-¿Quiénes son? –dice con voz baja, mirando primero si no hay alguien esperando a ser atendido. Baja la guardia al comprobar que no, se merecía un descanso. – Ese chico… No te ha dejado de mirar desde que habéis llegado.

-Oh, unos amigos. Lo sé, es mi ex. Un capullo. – dice Laura haciendo un círculo con la mirada. – Tíos.

La chica se ríe.

-Mira, por ahí viene. A lo mejor viene a decirte algo. – dice ella escondiendo su sonrisilla.

-Me da igual. No quiero escucharle. – dice Laura volviéndose hacia la chica. No se lo había planteado así, pero los planes nunca salen a la perfección, y esa era una alternativa magnífica.

Zayn no había casi dado un paso, ya que intentaba disimular que no la veía, cuando de pronto Laura toma dulcemente el rostro de la morena y la besa con pasión.

De pronto él pierde toda la discreción que estaba usando y abre los ojos como platos. ¿Qué estaba haciendo? No se lo esperaba, se esperaba de todo menos eso.

Laura se aleja de ella y se miran algo confundidas.

-¡Qué estoy trabajando! – dice la muchacha todavía más roja, haciendo gestos con las manos.

Ambas sonríen y Laura se separa de la barra. Zayn todavía trata de comprender lo que acaba de ver.

-Vale, vale, ya te dejo trabajar. – dice dando un paso. Le guiña un ojos y avanza tranquilamente hasta donde está Zayn.
Este la mira incrédulo todavía.

-Eh, cuida que te van a entrar moscas. – le dice sonriendo de forma sarcástica. La chica, que desde detrás de la barra no ha podido evitar oírlo se ríe a carcajadas.


Trato de acelerar el paso mientras me limpio con las mangas las lágrimas que se desbordan por mis ojos. Me sentía como una mierda. Dos de las personas a las que más quería me habían traicionado de la peor forma que podrían haberlo hecho: utilizándome.

Noto un aire que parece haberse hecho más frío en los últimos minutos rozándome de forma casi violenta la cara. Me acerco los brazos al pecho y los cruzo para conservar mejor el calor.

De pronto comienzo a oír un ritmo que se repite, cada vez más cercano.

-¡Belén! – dice una voz jadeante. - ¡Por favor, espera!

Se perfectamente que es él, pero no quiero escucharle más. No quiero creer otra vez sus mentiras. Quería que desapareciese, que me dejara en paz; sin embargo conocía bastante bien a Louis, no iba a marcharse así porque sí.

-Lárgate. Tienes a una Nancy rubia en ese estúpido bar, vete con ella, ahora mismo le haces más falta que a mí. – digo con voz tosca sin parar de caminar.

Noto como se para, pero unos segundos después sigue caminando detrás de mí. Típico. Pasan los minutos, y cada vez el trayecto hasta mi casa se hace más corto, pero él no ha dejado de seguirme.

-¿¡Te importaría dejarme respirar por una vez en tu vida!? – le grito parándome en seco. Louis se para bruscamente y me mira, sin decir nada.

Suelto el aire que retenía casi formando un bufido y me quedo absorta unos segundos. Entonces, me cubro la cara con las manos y cierro los ojos. Todo esto no estaba pasando, era un mal sueño o algo parecido.

Todavía no he abierto los ojos, pero lo siento cerca de mí, y sus manos acarician de pronto mi hombro. No sé que hacer. Lo tenía a la distancia perfecta para romperle la nariz, sin embargo… no quería hacerlo.

¿Por qué después de todo no quería herirle? Después de todo lo que me había hecho, lo que había demostrado… Después de eso aún le seguía queriendo. Es patético.

Me trago las lágrimas con el afán de defender lo poco de orgullo que me quedaba. Le miro a los ojos, furiosa. Podría jurar que la sangre me hervía dentro de las venas.

-¿Por qué? – pronuncio sin apartarle la mirada. Ya no tenía miedo. Quería respuestas y no me iba a ir sin ellas. - ¿Te divierte todo esto? ¿Jugar con los sentimientos de las personas y cuando ya te has regocijado lo suficiente los tiras a un lado? ¿Cuántas han sido Louis? ¿Cuántas?

Louis suspira y me aparta la mirada. Ahora el que tenía miedo era él. Había descubierto algo de él, que por alguna razón no quería que descubriera. Pero, si no era más que otro de sus juegos, ¿de qué le servía?

-No es como crees, contigo es… distinto.

Arqueo una ceja y me cruzo de brazos.

-¿Distinto? ¿Y por qué iba a ser distinto? – digo poco convencida con su argumento. - ¿Sabes qué? No sé ni para qué pregunto. Si vas a escaquearte con evasivas, como haces siempre, mejor me voy a casa. Estoy cansada y quiero darme un baño.

No me había dado cuenta de ello hasta que al girarme, me encuentro con que mi portal está a apenas unos pasos de donde me encuentro. Sin hacer caso a los constantes intentos de Louis por decir algo.

Sonrío irónicamente al darme cuenta de que es tal como pensaba y sigo andando.

De pronto noto como me coge firmemente por la muñeca impidiéndome avanzar. Le dedico una de mis famosas miradas asesinas antes de que, casi con una precisión escalofriante me acercara a él, y cogiéndome por la cintura, me besa con una delicadeza y una pasión que no había sentido nunca.

En él se notaba la desesperación, por como me aferraba a él y hundía sus dedos en mi cintura, como si temiera que me escapara de nuevo. Aunque así hubiera sido, no podía negarme a aquello.

Algo en mí me negaba moverme, sólo rendirme a aquel beso. Algo que me enjaulaba, que me atrapaba y hacía todavía más vulnerable de lo que me sentía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario