Todo empieza un sábado de mayo por la noche. No hay mucho que hacer, hasta que recibo un mensaje de María.
“Hemos quedado Laura, yo y algunos más para ir a la bolera, ¿Te apuntas?”
Sonrío y cojo el móvil para contestar.
“Por supuesto, en media hora estoy en tu casa.” Respondo.
Cojo lo primero que pillo, me visto, me arreglo un poco y cojo llaves, cartera y demás. Harry me mira mal desde el sofá, parece interesando.
-¿Dónde vas a estas horas hermanita? – pregunta levantando la ceja.
Mi madre asoma la cabeza desde la cocina al oírnos hablar, preparada para intervenir. Últimamente no hacíamos más que discutir.
-Ehm… María me ha dicho que si iba a dar una vuelta con ellas… ¿Y a ti qué más te da? - le digo recogiéndome el pelo en una simple coleta.
-Ya, seguro.
Hago un amago de tirarle algo, pero opto por pasar de él, no merece la pena. Me voy hasta la puerta y miro bien, por si me dejo algo.
-No llegues muy tarde.- me pide mi madre, que se ha salido al salón para tenernos vigilados. Tenía que estar harta, parecía que teníamos 5 años todavía.
-Y no te quiero ver por ahí, yo también pienso salir con mis amigos. – dice Harry sin apartar la mirada del televisor.
-No te preocupes, a mí tampoco me haría mucha gracia encontrarme con tu cara por la calle. – contesto sonriendo de forma irónica.
Cierro la puerta y subo la calle hasta llegar al portal de María. No vive muy lejos, sólo a dos manzanas de donde yo vivía. Hace frío para ser Marzo, me aprieto bien el abrigo y sigo andando un poco más deprisa.
Bienvenidos a Norwich, una ciudad del condado de Norfolk, al este de Inglaterra. Nos encontramos, como bien he dicho, a 4 de marzo de 2009.
Me nombre es Belén. Me mudé aquí con mi familia cuando sólo tenía 5 años y yo no recuerdo gran cosa de mi anterior vida, aunque tampoco era gran cosa. Llevo una vida de lo más normal, normal para una chica de 17 años.
Llego un poco tarde (como de costumbre, para que engañarnos), pero llego. Llamo al portero tres veces como siempre y la voz tranquila de su madre me anuncia que bajará en un minuto. Hacía bastante tiempo que conocía a María, de hecho fue de las primeras personas que conocí cuando llegué aquí, al igual que Laura. Desde entonces nos habíamos hecho muy buenas amigas.
Me apoyo en el mármol de la entrada, que está helado, y miro las escaleras esperando ver a alguien. Al fin María baja, seguida por Laura.
-Buenas señoritas. – saludo sonriente, hacía bastante que no las veía. Habíamos estado hasta arriba de exámenes en Febrero y a penas habíamos podido quedar.
Están muy guapas, Laura habla por teléfono.
-Dicen que están ya ahí. – anuncia, guardando el móvil en el bolsillo de sus vaqueros.
-Pues vamos, ¿no? – dice María, mirándonos.
Comenzamos a andar mientras me explican lo de la bolera. No sabía ni que existía; según ellas la habían abierto hacía bastante poco, así que habían decidido inspeccionar.
Al llegar, el olor a nuevo nos espera a la entrada. No había mucha gente, así que encontramos pronto a las demás. Estaban alrededor de una mesa de billar, comenzando una partida. Son chicas de clase, no tengo una relación muy cercana con ellas, pero son buenas chicas... la mayoría.
-Hola chicas, ¿Cómo lo lleváis? – dice Laura dejando sus cosas en una de las sillas.
-Bien, acabamos de empezar, ¿os unís? – propone una de ellas.
Aceptamos la oferta y pronto nos vemos involucradas en una partida de lo más interesante. Entre quejidos, improperios y gritos de vistoria, acabamos la primera partida. Con ganas de más, decidimos empezar otra.
Poco a poco, a medida que avanzaba la noche, la bolera se iba llenando. Las mesas se iban llenando, el sonido de los bolos se multiplicaba por momentos. Nunca llegas a saber quién entra y sale entre tanta gente…
No hay comentarios:
Publicar un comentario