Llego a casa, saludo y me voy directa a mi cuarto. Aterrizo con la cara en uno de los tropecientos cojines de mi cama.
Oigo el teléfono, mi madre lo coge, pero parece que no es para ella.
-Belén, es uno de los amigos de Harry, pero no ha vuelto todavía, ¿Podrías atenderle tú? – pregunta abriendo la puerta sin llamar.
Farfullo algo entre los cojines y extiendo la mano para coger el teléfono.
Me lo pongo en la oreja y escucho una voz que tararea A Hard Days Night. Sonrío y me coloco bien.
-¿Sí? – contesto de pronto.
-¿Eh? ¡Ah! Uh, ¿Belén? – murmura.
-Sí, servidora, ¿Con quién hablo?
Silencio.
-S-soy Louis, es que… bueno, quería hablar con Harry, ¿Está por ahí? – dice él un poco nervioso.
-No, no está. Está un poco… ocupado.
-Hm… Es que me he dejado la cartera y la necesito. ¿Podría ir a buscarla? De verdad que me urge bastante.
Me rio y sonrío.
-Claro, si quieres podemos quedar en ese parque que hay enfrente de la Estatua de Bécquer. Tienes 15 minutos.
Cuelgo repentinamente y voy al salón a burcar la cartera. Como si la hubiera llamado cual perro, la cartera apareció casi al instante. Le explique a mi madre el motivo de la salida y bajé en el ascensor.
Cuál fue mi sorpresa, que en el ascensor que subía, dentro iba Harry. Parecía sacado de un cuento de hadas, tenía la mirada de un niño que acaba de completar su colección favorita de cromos, o al que le acaban de comprar unas botas nuevas.
Me aguanto la risa y le exploto la burbuja:
-Hola, tórtolo.
Harry hace un ademán de traspiés y sale del ascensor mirándome raro.
-¿Dónde vas?
-A comprobar si has dejado viva a María. – bromeo
Harry se sonroja un poco y me mira con cara de ‘Ni puta gracia’
-Voy a darle esto a tu amigo Louis, se lo ha dejado. – concluyo enseñándosela.
-Hm, si quieres puedo ir yo.
-¿Ahora que me he vestido? Ni loca, adióooooooooos. – En cierto modo, lo había hecho porque me hacía ilusión verle esperándome.
Salgo del portal y hace bastante frío, pero de todas formas sigo adelante. Cuando giro la esquina, puedo ver el parque a lo lejos, sólo se oye aire, aire y columpios oxidados.
Me siento en uno de ellos y abro la cartera, me pica la curiosidad. Veo una foto de él cuando era crío, ¡qué cosa más mona!
Empiezo a tararear Mr. Blue Sky y me balanceo inconscientemente hacia delante y hacia detrás. Pasan los minutos y ahí no aparece nadie…
¿Y si se ha olvidado de mí? ¿Y si es alguna broma?
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