Son las 4 y media de la tarde. Mi madre está en la cocina, recogiendo, mi padre trabajando y Harry tranquilamente tirado en el sofá, sin ninguna intención de moverse.
Me acerco a él y le empujo suavemente para intentar moverle.
-Quita de encima mequetrefe, ya te he dicho que no voy a acompañarte a hacer ese dichoso trabajo. – dice él apartándome con la mano de mala gana.
Mi madre le mira de reojo. Se seca las manos y sale de la cocina.
-Dijiste que la ayudarías. – dice ella.
Harry salta de un respigo.
-¿¡Qué yo dije qué?!
-Y aunque no lo dijeras me da igual. Necesita tu ayuda, eras muy bueno haciendo trabajos cuando tenías su edad.
-Pero… ¡Mamá, que tiene dos años menos que yo! Se las puede apañar solita… - protesta de nuevo.
-Tienes diecinueve años y puedo echarte de casa cuando quiera, pero aun así te dejo quedarte aquí. Otro que también se las puede apañar solo… ¿no?
Se me escapa una risa.
-Tú te callas mocosa. – me reprende él con una mirada asesina. – Está bien, iré, pero… porque lo dice mamá, si no ahí te quedas.
Harry se va enfurruñado a su cuarto para cambiarse de ropa. Le levanto los pulgares a mi madre y ella sonríe. Todavía quedaba un cuarto de hora para que dieran las cinco y decido arreglarme y coger todo lo que me falta.
Una vez listos, Harry seguís de mal humor, pero daba lo mismo, había conseguido que viniera conmigo. Si os soy sincera, me importaba un bledo el trabajo, ni si quiera iba a terminarlo aquella tarde, pero podría ver el resultado de mezclar Sodio con agua en directo.
Ya me entendéis.
Con una sonrisa en la cara abro la puerta y dejo paso al enfurruñado de mi hermano que pasa delante de mí con cara de querer cometer un asesinato.
Sonrío de nuevo y me despido.
-¿Qué, hermanito? ¿Listo para ir a la biblioteca? – comento con aire feliz. – hace mucho que no voy por ahí, me pregunto que habrá sido de Mark…
-Me la suda Mark, que quieres que te diga. Con lo bien que estaría yo en casa, viendo la tele. – refunfuña él. – y además…
-¿Además qué? – le insisto para que conteste lo que sabía que estaba pensando.
Bufa y mira hacia otro lado. Es evidente que no quiere saber nada de mí.
Cuando llegamos al portal de María, su cara se vuelve blanca, blanca del susto. No esperaba a Harry, y yo lo sabía, pero soy así de retorcida.
-H-hola. Belén ¿Qué hace él aquí? – pregunta tragando saliva.
-Viene con nosotras, para ayudarnos con el trabajo.
-No creas que vengo por gusto. – contesta Harry rudamente mientras se adelanta.
María suspira con desdén y le sigue varios pasos por detrás, y yo la sigo. Poco después, debido al acelerado paso que llevaba Harry llegamos a la biblioteca, no había mucha gente un domingo por la tarde, además era la del barrio y ya nos conocían.
Entro en el edificio y como imagina estaba bastante vacío, excepto algún vecino y conocido, nada fuera de lo común. Incluso había una chica de mi clase haciendo el trabajo, Jade.
-Hey. – la saludo de pasada.
Los tres nos sentamos en una de las múltiples mesas vacías. Saco los libros y empiezo a escribir. Percibo las miraditas entre Harry y María incluso sin mirar.
María se levanta de pronto y como una exhalación desaparece al fondo de la sala. Parece buscar un libro en las estanterías, como no lo encuentra, se adentra entre los cientos y gigantescos estantes.
Harry no para de observarla. De pronto, y de nuevo haciéndome hacer un salto de tinta en el papel, este se levanta y va hacia el pasillo.
-¿Dónde vas? – le grito en susurros.
-A buscar un libro, a ti que te importa.
Pongo los ojos en blanco y vuelvo a mi papel.
Harry la busca entre los estantes, a parte de estar desiertos, parece un laberinto de libros. De pronto divisa su rojiza cabellera caer sobre las páginas de un libro.
Se la veía tan concentrada que ni se hubiera dado cuenta que Harry estaba detrás de ella intentando decirle algo, una palabra, un gesto un… algo.
De pronto y dejándose llevar por el descontrol Harry la coge por los hombros y le da la vuelta de pronto. María asustada, ahora un grito y suelta el libro de golpe, haciendo que este caiga al suelo haciendo un gran estruendo. El silencio se apodera de la situación a excepción de un leve eco que ha quedado resto de la caída del libro.
Me giro asustada y miro entre las estanterías, pero no hay rastro de ellos dos.
-Suéltame. – protesta María moviéndose entre sus manos.
Harry no estaba dispuesto a dejarla escapar, no otra vez más.
-María… yo… - comienza. Pero ella no le escuchaba, se limitaba a revolverse dispuesta a escapar de ahí como fuera. – por favor escúchame…
María le miró a los ojos, sus verdes y brillantes ojos verdes que relucían como un destello de sol. Ella no pudo evitarlo y dejó de resistirse a él. Relajó los hombros y suspiró dispuesta a escuchar.
-Sé que hice mal en dejarte así tan… de golpe. Estaba confundido por todo lo que había pasado con Kris, pero ya no me acuerdo de ella, de sus besos, de su sonrisa. - María emite una mueca de desprecio, sentía el tono en el que describía todo aquello. – ahora sólo puedo recordar la tuya. Estás en mi cabeza las 24 horas… déjame quererte… o al menos dime como puedo sacarte de ahí…
Pronunció las últimas palabras a escasos centímetros de ella. Sorprendentemente María aparta la cara y aprovechando la debilidad del chico lo separa de ella de un empujón.
Cuando por fin le ve con claridad le atesta una bofetada como nunca antes lo había hecho, de nuevo la sala se inundó de un profundo eco.
Me vuelvo a girar y esta vez me levanto para echar un vistazo. No habían vuelto en bastante rato y no podía evitar pensar que algo malo había pasado.
Paso bastantes estanterías, todas me parecen iguales. De pronto algo hace que me pare en seco. Siento una punzada en el pecho, como si me hubiesen atravesado con una lanza.
Era Louis. Estaba ahí, y no precisamente sólo. Muy bien acompañado, por lo que veo. Jade casi le impedía respirar por la fuerza con la que le atraía hacia él. De pronto se unieron en un apasionado beso.
Cierro los ojos para no ver el resto de la imagen, me niego. Ahogo un grito y me doy la vuelta, confundida. Las palabras de Harry resuenan en mi cabeza.
‘Te hará daño.’ Una y otra vez, una y otra vez. Tenía razón y no le había hecho caso, creía conocerle muy bien. Al encontrar la salida, recojo mis cosas con rabia y salgo por la puerta. El tiempo había cambiado radicalmente, llovía con debilidad, pero pronto arreció.
Completamente empapada, en mitad de la calle y completamente perdida, me siento en la acera y me cubro la cara con las manos. Necesitaba un poco de tiempo para pensar, sólo eso…
-¿Sabes, Harry? Te crees que puedes tener todo cuando te plazca, que me puedes manejar a tu antojo y te equivocas, no sabes cuanto. – Los ojos de María parecen humedecerse, no de tristeza, de rabia.
Harry toma aire para decir algo, pero ni siquiera le da tiempo a contestar.
-Como si fuera tu segunda opción, da igual, la ingenua de María siempre va a estar ahí, ¿No es así? ¡Pues no! ¡No te voy a dar el gusto! Así que la próxima vez – vacila para tomar aire, una lágrima se precipita desde sus pestañas, sin permiso de su consciencia y le resbala por la mejilla. – piensa un poco mejor a quién quieres, porque me da la sensación de que eliges como el puto culo.
Y ducho esto salió de ahí con la cabeza bien alta. Había cogido todo su orgullo y se lo había tirado a la cara. Por primera vez sentía que se había vaciado de culpa, estaba en paz consigo misma.
Uy la Jade esa que guarra, que se pone a besar a Louis en una biblioteca pública, soy yo la bibliotecaria y la echo por desatar su lujuria en el templo sagrado de los libros.
ResponderEliminarVoy a leer el siguiente, no hagas mucho caso a lo que comento hahaha.