19/12/11

Capítulo 20, parte l

Vuelvo a la pista, donde hay la mitad de la gente que había cuando me marché. No hay ni rastro de los demás, parece que se han olvidado de mí, de ambos. Suspiro todavía con estragos para respirar y me limpio las lágrimas con la manga y me apoyo en la barandilla.

Por algún extraño motivo no puedo dejar de llorar, después de todo lo que le había dicho no podía dejar de darle vueltas al tema.

“Para ya, estúpida” me digo a mi misma. De nuevo suspiro. Ha comenzado a nevar. En otro momento me hubiese puesto como una cría pequeña a mirar hacia arriba y sonreír como si estuvieran cayendo billetes de 10 euros, sin embargo, me limito a mirarla indiferente, como si estuviera demasiado abstraída como para darme cuenta de que nieva.

-Perdona… ¿Estás bien? – escucho a una voz cerca de mí.

Dispuesta a golpearle en la cara, ya que había escuchado demasiadas veces esa frase por hoy y además de gente la que no me apetecía acordarme, levanto la mirada con los ojos plasmados en furia.

El chico retrocede unos centímetros un poco asustado. Al encontrarme con tan preciosos ojos parpadeo un par de veces y le miro intentando hallarle lo familiar. Su pelo rubio se mece al son del viento. Parece esperar una respuesta por mi parte, pero ni siquiera me acuerdo de la pregunta.

-¿Eh? Uh, lo siento, no… me he dado cuenta.

Él ríe y me aparta un mechón que me entorpece la vista. Sonrío débilmente pensando en la razón que le lleva a ser tan amable conmigo.

Me sonrojo y aparto la mirada, tanto azul intimida.

-E-estoy bien, sólo… bueno, cosas, ya sabes. – digo fingiendo una sonrisa.

-Ven. – dice él extendiendo la mano.

-Pero no tengo patines.

-Eso se soluciona pronto. – hace un gesto a lo lejos y un chico del puesto de patines le contesta. Al poco rato cruza la pista y trae unos patines.

-Aquí tenéis. – dice este dejándolos a mi lado.

-Gracias tío.

-De nada, Ben.

Sonrío y me pruebo los patines, me van un poco grandes, pero no me quejo.

-¿Vas bien? – me pregunta sonriente.

-Sí, creo. Soy un poco torpe, así que no te rías… Por cierto, encantada, Ben. – le digo dulcemente. – Me llamo Belén.

-Encantado de conocerte, Belén. – contesta guiñándome un ojo.

Puedo notar como se sonrojan mis mejillas e intento disimularlo entrando en la pista. Como en el reparto de dones falté el día que dieron los de destreza física, a los tres pasos resbalo y me caigo montando un estrépito en medio de la pista.

-Woah, eso ha tenido que doler. – exclama agachándose para ayudarme.

Le doy la mano y me levanto.

-La costumbre le quita gravedad al asunto. – contesto.

-Vamos a ver…

Me coge de las manos y hace que me deslice hasta estar enfrente de él.

-¿Confías en mí?

-Te conozco desde hace menos de media hora, pero que demonios, confío más en ti que en mí misma estando aquí…

Me gira para poder enseñarme y me coloca la mano en la cintura. No estoy acostumbrada a que se tomen tantas confianzas, pero en esos momentos me daba igual, era todo tan perfecto.

Se coloca sobre mi hombro, me saca casi una cabeza. Pone su mano en mi brazo y me mira. Puedo notar su aliento en el cuello, se me erizan los pelos del cuello como en acto de defensa.

-Dobla las rodillas… Así… y abre un poco las piernas. – dice con voz tenue.

Hago caso de sus indicaciones y entonces me suelta suavemente.

-Vamos, inténtalo.

Suspiro y doy un paso hacia delante. De momento todo bien, doy otro paso, otro más… ¿Estoy patinando? Suelto una pequeña carcajada y sigo hasta que consigo dar con la barandilla dos metros más allá.

Recupero el aliento y me giro.

-¿Has visto eso? – digo sonriente. - ¡Madre mía!

Ben se acerca a la barandilla con soltura y se para delante de mí.

-¡Muy bien! Vamos, dame la mano e intenta ir conmigo.

Le doy la mano, un tanto hipnotizada por sus ojos y sigo sus pasos. Me concentro en llevar el ritmo, pero de pronto pierdo el equilibrio y me caigo hacia delante. Ben llega a tiempo y me recoge.

Abro los ojos, los cuales había cerrado por el miedo y me encuentro con su denso jersey negro, huele de maravilla.

“Esto no puede estar pasando, es demasiado bonito…” Pienso algo extasiada por su perfume.


Ya habían tomado asiento en el bar. Harry seguía con la mirada las burbujitas de su cerveza como si estuvieran en una competición de vida o muerte.

Liam le pasó la mano por la frente, pero ni eso le hizo volver al mundo real. María apretó la mano de Doug y ambos se sonrieron. Siguieron hablando hasta que fuera parecía anochecer.

-Voy a llamar a Belén, no vaya a ser que le haya pasado algo… - dice Laura, móvil en mano.

-¡Ostras! ¿Y Louis? Chicos… ¿Sabéis si les ha pasado algo, entre ellos? Estaban muy raros… - dice Niall.

Todos se encogen de hombros, menos Harry que ni siquiera se entera de la conversación.

Cuando salieron del bar, llovía, como de costumbre, pero poco a poco la lluvia se convirtió en nieve.

-Mirad chicos… que bonito. – dijo Zayn mientras se le posaba un copo en la nariz. Laura se lo quitó dulcemente con la mano y le dio un beso. Ante la atenta mirada de todo el grupo.

-No puede ser. Tu y… ¡Oh dios! Esto se me avisa antes. – dice María. El grupo estalla en risas.

Cuando ya se han ido todos, sólo quedan María, Doug y Harry, como de costumbre, otro día hubiera estado yo, pero esta vez estaban solos ante el peligro.

-Te espero arriba, ¿vale? – dice Doug abriendo la puerta. María asiente y le ve marchar.

Ahora sólo quedaban ellos dos. Solos.

-A-adiós, Harry. – se despide María dudando entre si ignorarle o darle un abrazo para que se recupere, se le ve tan afligido que se le podría perdonar hasta un asesinato.

Harry la mira, sus palabras le resultan agridulces. Por una parte la abrazaría hasta dejarla sin respiración, pero por otra… simplemente no podía. Ni siquiera le había dicho lo de Doug y parecía que llevaban bastante juntos.
Aparta la mirada y saca las manos del bolsillo al fin.

-¿Por qué? – pronuncia como si estuviera a punto de llorar.

María se siente extraña.

-¿Por qué, qué?

-No me habías contado nada, ¿Y luego el malo soy yo? ¡Venga ya! Se ntoa que lleváis siglos juntos. ¿Ni siquiera te afectó un poquito lo nuestro? ¿Tan rápido se te pasó? No te creía así, la verdad.

María se encuentra atónita ante sus palabras. Cuando esta apunto de marcharse, ella reacciona.

-¡¡Es mi hermano!! ¿¡Ni siquiera has escuchado nada de lo que he dicho en toda la tarde, estabas demasiado ocupado creyéndote el centro del mundo?! ¡Oh, pues perdone, su majestad que haya enturbiado sus pensamientos! – chilla descontrolada.

Está ofendida. Había repetido como treinta veces que era su hermano y ni siquiera había apartado la mirada del suelo. Los dos se miraban, con sensaciones muy distintas, pero… ¿Y ahora qué?

Continuará…

1 comentario:

  1. Ay, qué fuerte, ahora aparece el Yogurín camuflado con el nombre de Ben para entrometerse entre Belén y Louis... Qué impaciente! Sí son sólo dos años! hahaha ily ^^

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