Me levanto por la mañana llena de fuerzas y ganas de empezar con todos los preparativos. Para mi sorpresa, alguien se ha levantado antes que yo.
-Buenos días. – dice Harry, bajito.
Sonrío y le doy un beso en la mejilla. Saco la leche y lleno un vaso.
-¿A qué ha venido eso?
-¿No te puedo dar un beso de buenos días? Qué borde eres.
Harry masculla algo y se levanta para recoger su desayuno. Me encojo de hombros mientras devoro una magdalena.
-¿Qué tal llevas la fiesta?
-¿Esa de la que tu no sabes nada de nada? Bien, sólo me quedan cuatro cosas. Ben va a venir dentro de un rato para ayudarme a acabarlo todo.
Harry frunce el ceño y me mira fijamente, como si le pareciese mal que Ben me ayudara (o más bien el simple hecho de que tuviera contacto con él) pero no dice nada.
Me encojo de hombros y suena el timbre. Abro la puerta sin decir nada y espero a que suba.
-Hola Ben. – le saludo sonriente.
Me devuelve la sonrisa de tal manera que se me erizan los pelos de la nuca. Noto la mirada de Harry clavada en nosotros. Me giro y le veo en posición desafiante, Ben trata de ignorarle.
-Bueno, ¿Por dónde empezamos? – dice intentando no encontrarse con los ojos de Harry.
-Podemos empezar por ahí si quieres, no queda casi nada… - de pronto vuelvo la mirada a Harry de nuevo. – Oye, ¿Te pasa algo?
Harry se encoge de hombros y se va a la cocina, sin embargo sigue sin quitarnos el ojo de encima.
Cuando por fin acabamos, todo está listo para la fiesta. Me quedo bastante contenta con el resultado, así que despido a Ben recordándole la hora del encuentro y cierro la puerta. De nuevo siento que me duele el cuello.
-¿Se puede saber que quieres? – digo girándome para encontrarme con la presencia de mi hermano.
-No me gusta. – dice sin más. Sujeta un vaso de algo que parece zumo por su color.
Arqueo las cejas, incrédula. No hay que ser muy listo para saber quién le había metido esas cosas en la cabeza.
-¿Sabes qué? Estoy harta. – digo mirándole fijamente. – Estoy harta de ti, y de en quien te has convertido. ¡No eres tú! ¿Ha sido él verdad?
-¿Qué estas diciendo? ¿Ha sido quién?
-¡Louis! ¡Es él quién te está metido todas esas paparruchadas en la cabeza! Como le tiene manía a Ben, ahora te ha convencido a ti también. Qué patético. Como con María, ¿verdad? Muy maduro por tu parte huir de los problemas de esa manera, pero para ti es lo más fácil ¿no? – estoy empezando a cabrearme, así que intento contener mi tono de voz.
Él parece sorprendido, he acertado, por lo menos en lo de Louis. Sé de sobras que no lo va a admitir, pero me sale una media sonrisa.
-No sabes lo que dices, de hecho no sabes lo que él me dice sobre Ben, sé cosas que tú no sabes. Pero ¿Sabes qué? Ya te darás cuenta de ellas tú solita. Y sobre lo de María… deberías dejar que las cosas llevaran su curso, por si no te habías dado cuenta estás siempre en medio de los dos.
Touché. Esa me ha dolido, y bastante. ¿Estoy siempre en medio? ¿Cómo se atreve a decir semejante cosa?
-¡Sólo pretendo ayudar! Y que yo recuerde te he salvado el culo más de una vez. – contesto con un alto nivel de irritación en mi voz. - ¿Cómo puedes ser así de desagradecido?
Comenzamos con los malos rollitos. Soy la primera que odia estas cosas, sino no estaría montando semejante tinglado para conseguir aclarar ciertos temas que nos separan.
Intento controlarme y en vez de seguir con la discusión entono un bufido sonoro me voy a mi cuarto a ahogar cuatro gritos, y empiezo a leer, con lo que consigo relajarme un poco. Esto no empezaba bien.
A las 7 de la tarde empieza todo. Saco mi vestido del armario y lo miro, sigue tan bonito como antes. Me lo pongo y le quito algunas arrugas de la falda. Me miro al espejo, está incompleto.
Voy al cajón y saco unos calcetines blancos que llegan hasta las rodillas, me coloco los zapatos negros y voy directa al baño. Ahí me pongo la diadema negra en el pelo con un voluminoso lazo a un lazo y observo el resultado. Mucho mejor.
Me maquillo lo justo y salgo a la calle. Una vez en el portal me doy cuenta del panorama que hay por fuera. Todo el mundo se ha vestido para la ocasión, los pequeños llevan atuendos de los más coloridos y las caras pintadas.
Casi todo el mundo me conoce en el barrio, así que me da un poco de corte salir, de todas formas tomo aire y salgo para buscar a María. Aunque llego 5 minutos tarde, ella está sobre avisada de que no suelo ser muy puntual.
Llego a su portal tras escuchar varios comentarios tanto de pequeños como de mayores, algunos me hacen sonrojarme.
-¿Está María? – pregunto por el telefonillo tras llamar a su piso.
-Hola Belén. – La madre de María me reconoce la voz. – Baja en un momento.
Espero en el mármol de la entrada observando todos los vestidos de los demás, algunos están de lo más conseguidos, aunque otros se nota que son para hacer el tonto.
-Hola. – me sorprende una voz detrás, casi me había olvidado que estaba esperándola. – Me gusta mucho como vas, aunque… ¿Alicia no era rubia?
Parpadeo un par de veces para asimilar lo que tengo delante. María tiene el pelo recogido con una horquilla atrás, un sombrerito verde con una pluma roja, a juego con su pelo.
El traje se reconoce a simple vista, una camiseta verde con las mangas desiguales que dejan ver uno de sus hombros, en la cintura lleva un cinturón con una daga de juguete. Debajo, unas mallas verdes algo más oscuras y unas botas marrones.
-¡Peter pan! ¿Cómo no lo he sabido antes? ¡Pues claro! – Sabía de sobra que era su película favorita desde hacía siglos, pero había estado demasiado atareada como para pararme a pensar en ello.
María sonríe y observa la calle atónita.
-Cuánta gente, ¿no? – dice. - ¿Vamos a por Laura?
Asiento y vamos dirección a su portal. Repito la operación con el portero automático de su casa y baja en pocos minutos. Esta vez me fijo en su atuendo antes de que salga, está ocupada con el móvil.
-Wow. – digo cuando sale.
Parece que María y yo tenemos una cara peculiar porque Laura se ríe y mueve la mano delante de nuestras caras perplejas para llamar nuestra atención.
-¿Qué pasa? – dice todavía con la sonrisa en la cara.
-¡Estás…fantástica! – dice María dando una vuelta a su alrededor.
Laura se sonroja un poco, pero María tiene toda la razón. Laura luce un modelito elegante y a la vez muy sexy. El look de vampira le favorece mucho. Lleva un vestido negro hasta las rodillas y unas botas hasta casi esa altura. Se ha maquillado con un tono bastante pálido, los labios los lleva cubiertos con un color rojo oscuro y la sombra de los ojos les da un aspecto tenebroso.
De pronto noto algo en el estómago. Me acuerdo del bolsillo que Debbie le había puesto y lo abro para encontrarme el móvil. Es un mensaje de Ben.
-La presa está en la madriguera. – dice. Está claro que está en lenguaje clave, aunque no habíamos establecido ninguno. Sonrío y miro el reloj, van a ser las seis y cuarto.
-¿Vamos yendo? – digo sonriendo. Ambas asientes y recorremos el camino hacia mi casa.
En mitad del recorrido nos paramos en un semáforo. Nos ponemos a hablar como si nada cuando veo el pánico retratado en el rostro de María, se ha puesto algo pálida y tiene los ojos muy abiertos clavados en algo que está detrás de mí. Me giro sobresaltada y encuentro a un hombre vestido informal con gafas de sol y una pistola en la mano.
Un escalofrío me recorre la nuca cuando recuerdo en que estamos en carnaval. El personaje me sonríe y yo me doy la vuelta, sin embargo a María no le ha quedado tan claro. Lentamente me dirige la mirada mientras Laura nos mira confusa.
-¿P-podemos ir por el otro… cruce? – dice tragando saliva.
En el momento que Laura se da cuenta de lo que ocurre trata de oprimir su risa mordiéndose la parte de dentro de la mejilla.
Mi parte retorcida del cerebro me dice que podría inventar que queda poco para que el semáforo cambiase de color, quedarme aquí y esperar su reacción, sin embargo se la ve tan asustada que me entran remordimientos.
-Claro. – digo intentando no reírme.
Cuando ya llegamos a la otra acera, no podemos soportarlo más y ambas estallamos en carcajadas ante la perpleja figura de María.
-¿Qué tiene tanta gracia? ¡Tenía un arma en la mano, creía que se iba a poner a pegar tiros de un momento a otro!
-María, ¿En serio no te has dado cuenta? ¡Era de mentira! ¡Estamos en carnaval! – dice Laura recomponiéndose.
María parece unir cabos sueltos y sus mejillas toman un color rosado. De pronto le entra la risa a ella también.
No de nuevo vibrar el móvil y lo miro.
-¿Dónde estáis? – Es Ben otra vez. Estamos a dos calles de mi casa y no sé como va a resultar esto. Tengo los nervios de acero y se me ha cortado la risa en seco.
-Belén, ¿Estás bien? – dice Laura, que ha dejado de reírse hace un rato.
-¿Eh? Sí, sí. ¿Vamos? – digo no muy convencida.
Una vez en el portal, llamo a la puerta y subimos hasta la puerta. La hora de la verdad, sé que más de uno se iba a tirar a degüello a mi yugular o como mínimo pedirán mi cabeza, pero… merecía la pena.
Respiro hondo y llamo dos veces a la puerta. Ben la abre y de pronto un silencio sepulcral se hace en la escalera. El bullicio que había habido hasta ahora dentro del pequeño apartamento se había acabado de golpe. Noto un escalofrío y espero a que alguien diga algo, para romper el hielo.
Me encanta D: ¿que pasara en la fiesta? Quiero que Belén salga con Lou :'( y enserio,me encanta,sigue :DDDDDDDDD
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